Repito algo acerca de los movimientos sociales

ctep

Tenía algunas ideas para compartir con ustedes sobre el enfrentamiento entre los sectores más orgánicos de la militancia kirchnerista (simplificando: La Cámpora) y la dirigencia sindical. Y también sobre otro tema menos parroquial: la corrupción y el Estado. Pero no están elaborados, y no quiero acostarme muy tarde. Este lunes es un día ocupado para mí.

Entonces se me ocurrió que no estoy obligado, como los medios, a decir siempre algo que pase como nuevo. Hace algo más de tres meses subí un material sobre los movimientos sociales -uno de grupos más importantes, para ser precisos- y creo que vale la pena repetirlo. Voy a programarlo para que aparezca a las 9:00 de la mañana.

No hubo grandes cambios en esa realidad, por cierto -las conversaciones con el sindicalismo ya estaban iniciadas- pero sí se hicieron más visibles a la Argentina más o menos próspera, a partir de la marcha del viernes. Todos somos también como nos ven los otros.

Además me da para agregar algo a las observaciones que entonces puse al final del posteo. Porque las pujas políticas están más cerca.

Juan Grabois es un militante social. Es decir, es alguien que trabaja con los sectores más humildes -eso significa hoy los que no tienen, no pueden conseguir trabajo formal- para ayudarlos a organizarse. Se distingue de los que lo hacen desde “arriba”, acercando recursos o soluciones -esas son las redes de “punteros”- y de los que lo hacen desde una propuesta política.

J. G. se ha hecho bastante conocido porque, católico, ha sido nombrado por el Papa Francisco consultor del Consejo Pontificio de Justicia y Paz. Eso ha dado repercusión a lo que dice y lo que escribe. Hasta La Nación publicó hace un mes su lúcido y emotivo Tierra, techo y trabajo. Pero Grabois está en esto desde principios de este siglo. Contribuyó a armar el Movimiento de Trabajadores Excluidos, Barrios de Pie, y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). A pesar de todo eso, conserva bastante claridad sobre las fuerzas y debilidades de su práctica, y de dónde vienen. Lo pueden comprobar leyendo este texto suyo. Luego, agrego un comentario mío muy breve.

(Ah, en esa última frase, el “a pesar” no es una ironía gratuita ¿Cuántos militantes políticos, sinceros, apasionados, pueden hablar de las limitaciones de su práctica?)

“Democracia y movimientos populares

Durante los noventa, la resistencia popular al neoliberalismo se vio atravesada por un debate sobre el poder y el Estado. Eran tiempos de la “crisis de representatividad”: la democracia se había vuelto meramente formal y la política institucionalizada no representaba a nadie. Toda discusión estaba teñida del espíritu de época y era difícil salir de una lógica privatizadora que buscaba en las microrelaciones la respuesta a los grandes problemas sociales.

En este contexto, el autonomismo de Tony Negri y sus derivados criollos se convirtió en una de las máscaras ideológicas de una militancia social sin un proyecto histórico definido. Permitía combinar el ataque típicamente neoliberal a los partidos e instituciones públicas con una crítica al imperialismo y el sistema capitalista propia de las tradiciones populares y de izquierda. En el mismo sentido, la generalización de la autogestión como modalidad de resistencia económica -hijas no deseadas del Consenso de Washington y su economía de exclusión- alentaba la ilusión de que nuestras precarias unidades productivas “sin patrón” eran la prefiguración de una nueva sociedad y podrían crecer sin Estado ni Capital. Así, colocamos muchas veces la diferenciación entre la lucha reivindicativa de base y la política superestructural al nivel de una contradicción irresoluble.

Naturalmente, estos debates teóricos eran cosa de microclimas, pero en el pueblo pobre había arraigado un verdadero rechazo a la política, identificada con la corrupción, el oportunismo y la deshonestidad, mientras que la lucha social y el trabajo autogestionado tenía cierta mística de entrega y genuinidad. Las “unidades básicas” del conurbano, con escasas excepciones, habían dejado de ser espacios de discusión doctrinaria para transformarse en la famosa “cáscara vacía”. Fueron los movimientos populares quienes visibilizaron a los descamisados del presente con nuevos y disruptivos métodos de lucha que suscitaban el rechazo generalizado de los políticos profesionales.

Inversamente, recuerdo que por entonces era necesario reafirmar una y otra vez que uno no pertenecía a ningún partido para militar en movimientos de desocupados, cartoneros o empresas recuperadas. “Al pueblo unido lo cagan los partidos” era una consigna bastante generalizada en las asambleas barriales. Personalmente, sentía un rechazo visceral a “los políticos” que aún no se me quita del todo, pese a que intelectualmente concebía la antipolítica como dispositivo del Capital que necesita Estados, partidos, religiones, liderazgos débiles para arrasarlo todo… pero teníamos tanta bronca por la catástrofe social con la que se inició el nuevo milenio que deseábamos “que se vayan todos” sin reflexionar qué vendría después.

Los procesos políticos latinoamericanos que algunos llaman pos-neoliberales, aunque heterogéneos en su profundidad, marcaron un quiebre con esta lógica y volvieron a poner al Estado como un espacio de disputa donde los pueblos, con su voto, podían pujar por la justicia social y enfrentar el imperialismo. No dejo de pensar que sin aquella rebeldía que los precedió -algo ingenua pero rebosante de solidaridad gratuita- esos procesos no hubieran sido posibles.

Cuando finalmente llegaron (gobiernos que los tomaron en cuenta), muchos militantes sociales, como un péndulo que pasa de un extremo a otro, dieron “el salto a la política” sin elaborar correctamente el duelo con su praxis anterior. La mayoría se estroló y quedó relegado a la marginalidad. Algunos movimientos se transformaron en meras plataformas que subordinaban las aspiraciones concretas de los compañeros a proyectos de poder de núcleos dirigenciales pseudo-pragmáticos. Otros no escucharon como sonaba la nueva música y quedaron neutralizados en la irrelevancia. En general, no pudimos construir un paradigma sano de interacción entre lo político y lo social donde la especificidad de cada plano de militancia no se viviera como contradicción pero tampoco una subsunción destructiva.

Nuestras democracias no son una maravilla y el fetichismo del Estado es una desviación tan grave como el autonomismo importado. La política tradicional sigue signada por el carrerismo individualista, la corrupción es un cáncer que la carcome y los políticos, en general, pertenecen a una clase desarraigada, ajena al sufrimiento del pueblo pobre, objetivamente excluido del poder institucional. Mientras las clases medias y altas acceden a cargos públicos, los de abajo en general deben conformarse con que los representen otros “más preparados”. Recuerdo que en una movilización por presupuesto para la integración urbana de las villas nos preguntábamos frente a la legislatura porteña porqué 6 de sus 60 diputados no son villeros si en la capital son el 10% de la población: “¿qué tal un “cupo villero” para democratizar nuestras instituciones?”, fue la propuesta. En cualquier caso, basta echar un vistazo al congreso, los ministerios o tribunales para comprender que allí prácticamente no hay lugar para ellos.

Con todo, un pueblo que como el nuestro sufrió la represión de una dictadura asesina o la sumisión al coloniaje de gobiernos debilitados, sabe que sus instituciones democráticas están lejos de ser meramente decorativas, mucho menos una dictadura encubierta. Tal vez por eso nos indignamos cuando con una virulencia extrema una minoría privilegiada que ejerce deshonrosa y arbitrariamente el poder mediático intenta convencernos de lo contrario. Las garantías constitucionales, la participación institucional y la disputa electoral, instrumentos de una democracia aún débil e incompleta, son conquistas populares que debemos ejercer, reivindicar y defender.

¿Cómo conciliar entonces esta contradicción aparente entre la crítica a la democracia liberal y la defensa de sus instituciones? El pensamiento popular de Nuestra América ofrece algunas pistas para orientarnos en este dilema. El peronismo, por ejemplo, lejos del estatismo que tirios y troyanos le adjudican, ofreció un modelo participativo denominado “democracia popular” donde las Organizaciones Libres del Pueblo tenían un rol fundamental en la construcción de la Nueva Argentina. El justicialismo no sólo le dio a los cabecitas participación en el poder institucional, creó uno de los mecanismos más importantes de democracia directa y participativa que hoy tenemos: las paritarias, instancia donde los trabajadores organizados en sindicatos se convierten en legisladores sin necesidad de ser diputados. Las convenciones colectivas de trabajo son normas de orden público, verdaderas leyes de aplicación obligatoria y los obreros protagonizan su diseño, ejecución y control.

Los movimientos tenemos mucho que aportar en la construcción de una democracia verdadera y podemos hacerlo desde nuestra propia cultura organizativa impulsando, por ejemplo, mecanismos similares a los descriptos pero adaptados a las nuevas realidades. Podemos co-gestionar las políticas públicas populares desde una posición de sana independencia frente al Estado. No todos tenemos que ser candidatos a algo para influir en el proceso histórico y “hacer política”. Qué triste es ver buenos militantes sociales convertidos en malos funcionarios o concejales mediocres. Qué bien le hace a la democracia el constante aguijón de organizaciones que luchan desde abajo por tierra, techo y trabajo… en una sociedad estructuralmente injusta, el repiqueteo de los tambores de protesta de los pobres organizados pueden marcar el compás con el que el proceso político avance hacia mayores niveles de dignidad. El Estado puede intentar silenciarlos o ser su caja de resonancia”.

Dije unas cuantas veces en el blog que los movimientos sociales eran los sindicatos de los que no tienen trabajo formal. Por supuesto, es una analogía imperfecta. Pero el punto es que en el mundo que viene, y en el que ya estamos, van a tener cada vez más protagonismo. Hasta la CGT -sus dirigentes son el bastión más sólido del conservadorismo cultural- tiene claro que va a ser necesario coordinar con ellos.

Porque el trabajo formal, por sí mismo, ya incorpora a los que lo tienen en los sectores medios, y cada vez es más difícil de conseguir. Es un proceso de décadas -si ya hace 50 años que Dennis Gabor lo advertía- pero, por todo el esfuerzo más o menos torpe de los Estados, y la sarasa de los organismos internacionales, es necesaria la organización y la lucha de los movimientos sociales para que se vayan consiguiendo, paso a paso, algunas cosas. Esa es la historia del movimiento obrero, después de todo.

Una nueva observación, política: Queda claro en lo que dice Juan Grabois, y en la práctica de la CTEP, la impronta del pensamiento y la experiencia del peronismo. Y también la decisión de no participar en las peleas políticas actuales. Eso lo hicieron explícito en la marcha del viernes.

Ahora, yo veo ahí, más que una contradicción, una dificultad grave. El Papa Francisco ha dicho que la política es / debe ser “una de las formas más altas de la caridad” (Es una frase de Pío XI, y un tema tradicional de la filosofía católica). Pero va de suyo que la iglesia no quiere quedar comprometida con la puja por el poder -que está en la naturaleza de la política, después de todo- y menos asumir derrotas electorales.

Es natural que en la CTEP tampoco quieran meterse en ese barro, aunque manche los zapatos menos que el que tienen que pisar muchos de los trabajadores de la economía informal. Y vale la decisión de pelear por los derechos de los desprotegidos sin candidatearse a cargos en el Estado. Pero ¿quieren y pueden permanecer neutrales en la puja por conducir ese Estado, la herramienta de poder más importante en la que las mayorías tienen peso?

14 respuestas a Repito algo acerca de los movimientos sociales

  1. ariel dice:

    La pretensión de Pérsico o Grabois de asimilarse a la CGT es un pasable éxito de Macri. Con el fracaso kirchnerista, ellos podrían haber caído en la tentación antisistema. Tomaron otro camino: ser, como suele decir Julio María Sanguinetti, un costo del sistema. El viernes se vacunaron contra cualquier revolución subiéndose al palco de “Mr. Cloro” Lingeri y el “Centauro” Rodríguez, para quienes la lucha contra la pobreza empieza por casa. Un desafío para el intachable Grabois, quien supone que “el campo popular debe purgarse del cáncer de la corrupción”.

    Coincido plenamente con la columna de La Nacion de Pagni.

  2. Eugenia mem dice:

    Es super interesante lo que escribe Grabois. El otro dia justo me estaban comentando sobre el auge del autonomismo de Toni Negri durante la crisis del 2001 en nuestro país -el viene a nuestro país y un monton de compañeros van a escucharlo, había una fascinación con Toni Negri-. Pero su pensamiento puede llevar a premisas verdaderamente ridículas como que no hay mayorias que valgan si no se construye el consenso, lo cual me contaban llevaba en Asambleas de 300 personas a que se postergara un tema porque quizas había una que no estaba de acuerdo, es decir, no había consenso. El verticalismo del peronismo no parece muy compatible con esta perspectiva teorica que marcaba el microclima de aquellos días. No resulta tan sorprendente el lamento por los compañeros que “transformaron sus movimientos en plataformas subordinando las aspiraciones concretas de los compañeros a proyectos de poder de nucleos dirigenciales pseudo-pragmaticos” ni lo que de eso se deduce: la propuesta de “co-gestionar las políticas publicas populares desde una posición de sana independencia frente al Estado”… Partamos de que cualquiera que conduzca ese Estado lo hara en un marco que mantendrá las principales orientaciones que a ellos los hace ser precarizados porque este contingente humano de los precarizados ya estaba mal con Cristina, mas alla de que ahora estén definitivamente peor. En ese sentido difiero con algo que escribió Abel en otro post sobre que seguramente los asistentes a la marcha votarian a Cristina si la encontraran en alguna boleta. Es decir, es probable que lo hagan pero no es algo mecanico: no hubieron referencias explicitas a Cristina en la marcha y es probable que no las haya en ninguna marcha futura de este colectivo.

  3. claudia dice:

    No creo en las neutralidades. La mera interacción con el Estado o las centrales trabajadoras, bastante bien definidos ideológicamente, uno y otras, pone en contacto con gente alineada que tiene objetivos políticos. Y no está mal que los tengan y menos mal está que se interactúe con ellos en lo cotidiano. Pero si finalmente logran torcerte el brazo y exigirte que participes de una reversión un tanto arbitraria del pasado reciente de tu país, tu neutralidad, entonces, se tomó vacaciones. Y ya estás haciendo politica, qué tanto.
    La Iglesia tampoco es neutral: tiene un discurso siempre político; en su arco de acciones está el tocar intereses (positiva o negativamente), como dilecta intérprete del imaginario local y mundial que es. Así que podemos seguir jugando a la generalidad cristiana del Papa Francisco… o tratar de comprender el imaginario político de Jorge Bergoglio y en qué coincide con los intereses actuales de la Iglesia para con Sudamérica.
    Resumiendo: nadie ha logrado jamás experimentar la epifánica neutralidad.
    En tu oportuno y anterior post sobre Grabois, muchos coincidimos con sus legítimas aspiraciones de cupo villero para cargos de responsabilidad gubernamental y legislativa. Posiciones que la grey política no ofrendará, así como así, si no estás dentro participando de sus grandezas y mezquindades (es reflejo corporativo esencial: hacerte participar de sus pactos internos). Por eso fracasaron algunas agrupaciones sociales cuando fueron más lejos de la representación legislativa de sus intereses al solicitar la creación y manejo de un Ministerio a medida de esas problemáticas.
    Así que es tiempo de admitir que la proximidad con la política demuele neutralidades. Y que ésta no socializa su poder a menos que formes parte de ella (lo que no desdibuja la originalidad del abordaje social del que se parte el movimiento social ni su legitimidad aunque sí lo condiciona).
    Ahora bien… ¿cuán sólida resultará la alianza de las centrales de trabajadores formales y aquéllas que nuclean a informales y caídos del sistema, habida cuenta del tradicional celo burocrático e indiscutido status histórico de las primeras?¿Puede la Iglesia respaldar suficientemente a las segundas, como para vertebrarlas a igual altura que las primeras? Es más, ¿respetan las centrales obreras tradicionales a la Iglesia, más allá de lo declamativo y de la coincidencia fugaz en un documento conjunto?¿La consideran un actor con derechos en el campo sindical? Saludos.

    • ricardo j.m. dice:

      la solidez de esa alianza depende del exito del neoliberalismo o como quieran llamarlo en curso, es funcional a este en toda su dimension.

      esta probado , cuando viene alguien y crea trabajo y se ocupa de ejercer el poder desde el estado en base a la necesidades del pueblo todos estos mmss dejan de tener sentido.

      fueron una buena experiencia. no lo dudo. en su momento .cuando en el futuro no habia opciones sobre la mesa pero hoy son una parte de la estrategia y tactica de negacion de que es posible vivir en otro pais como otra economia donde tenes un monton de cosas por las cuales organizarte y peticionar pero todas implicando un avance en las mejoras de la calidad de vida y no esta payasada que termina en un pan dulce.

      • claudia dice:

        Quizás haya que ser algo más prudente a la hora de evaluar el surgimiento y continuidad de los movimientos sociales, ricardo… su supervivencia a lo largo de las décadas dice claramente que su razón de ser no es meramente circunstancial, que sintonizan con algo más profundo que una coyuntura. Tal vez porque representan otra forma de pensamiento y sensibilidad, moldeada desde esa creatividad urgente aplicada al encare de conflictos. Algo así como un pragmatismo humanista hiper enfocado. Y, probablemente, sea ese pensamiento tan enfocado en la proximidad, el que quizás les impida observar con más detenimiento el cuadro completo en el que están inmersos, no permitiéndoles sopesar el grado de alianzas que, para seducirlos, les ofrece la política. En fin, es el destino de los movimientos sociales que, por derecha o por izquierda, los fustiguemos cuando hagan elecciones de parceros.
        Pero sí te acuerdo que despegan rápido crecimiento o se contraen, en la medida de que existan o no políticas sociales llevadas adelante por una determinada administración gubernamental. Saludos.

      • claudia dice:

        No es una sorpresa que la política reconozca valor creativo en los movimientos sociales e intente dos vías de acción para con ellos : capturar a los agentes más destacados, asimilándolos, o restringir/degradar el campo de acción de esas agrupaciones. Por su carácter eminentemente asambleario, los MS tienen destino de choque con los modos de la política que repele, mayormente, esas dinámicas transversales. Así que, más tarde o temprano, se encuentran en la obligación indeseada de elegir cómo y con quién continuar, tras los primeros y resonantes logros. En ese sentido, la Iglesia – la madre de las instituciones políticas – concurre en esta Argentina volátil a ofrecerles cobijo (o a controlarlos, según se mire), en la certeza de que éstos poseen comprobada capilaridad como para convertirse en certero termómetro popular.
        Así que los movimientos sociales enfrentan permanentes disyuntivas: o se reconvierten en ONG domesticada, o se insertan en las burocracias estatales o persisten en la fidelidad al movimientismo asambleario y con ello llaman a sospecha de todos los actores del escenario social, Su éxito es también, paradójicamente, su condena porque los apremia a mutación.Saludos.

      • Mariano T. dice:

        Sea cual sea la causa del alto empleo cuando hay, veo que la persistencia de los desocupados estructurales (que en la estadística muchos figuran como que “no buscaron trabajo los últimos 30 días”), aún con alto empleo (2011 o 2015) habla de un problema que no se esta abordando en su esencia. Y marca la diferencia entre las centrales obreras y los MMSS. Lenin hubiese dicho proletariado y lumpen.
        No creo que la solución sea meramente asistencial. Tampoco las cooperativas a las que nadie renuncia porque haya conseguido otro trabajo. Las cooperativas deberían ser soluciones “de tránsito temporal” entre la desocupación y un empleo

  4. ricardo j.m. dice:

    es notable no revindicar desde los mmss las politicas social k, lo que plantea claramente que son orgas dirigenciales que abrevan en la catastrofe social y solo les importa mantener un status quo que les de a esos dirigentes visibilidad y control de los recursos miserables que les regala la patronal en gobierno.

    las dirigencias parasitas de estas orgas no revindican al kiechnerismo porque el kirchenrismo les vacio las bases y estas ya no los nececitaron para vivir la humillacion disfrazada de lucha que implicaba la lluvia de arroz fideos y pate.

    no revindican el calendario de vacunas, no revindican la lucha coordinada y efectiva contra el dengue, no revindican la reduccion de la tasa de mortalidad en el primar año de vida casi a cero o mejor dicho a cero en lo que respecta a presupuestos de salud, no revindican el programa argentina sonrie( claro para otmar supoersopas y comer pate no se necesitan dientes) no revindican el presupuesto del 6% de educacion y que hoy reducido a la mitad por decreto del rey nadie hace mencion entre los disque grandes luchadores sociales.

    es la diferencia entre peticionar al amo y luchar por lo que es nuestro.

    ni hablar de los remedios para los viejos y para los sidasicos, etc etc.

    nostros la verdadera y unica oposicion tenemos una solucion para todos esos problemas que hoy los lleva de nuevo a los pobres a ser insumo de jetones.

    la verdad es un chiste si estan miceli, votante pro, alderete que marchaba con el famosos campo, el centauro , barrionuevo.

    pero bueno cuando los de verdad se den cuenta que los estan usando para limpiarle el culo al patron pueden venir con nosotros que la patria es grande.

    por dios hicieron una marcha un viernes jajajajaja y al congreso

  5. ricardo j.m. dice:

    una mencion para el silencio de todos sobre el animemonos y vayan de persico navarro y la cofradia de kioskeros, porque no se cual es la lectura de decir que se va a pudrir todo , como si esos dos gordos sobrealimentados tuvieran con que, ah claro tienen un monton de pobres para que le pongan la cabeza a los palazos

  6. Marcelo dice:

    El tema que desvela al Compañero Gravois es de vieja data.
    Los más veteranos y memoriosos recordarán el mismo debate dentro del Movimiento Vilero Peronista con el Negro Fernández y Ojedita a la cabeza.
    Mucha agua corrió desde entonces y según veo, si se formaron cuadros de base o no o las razones y sinrazones de no contar con una representación “genuina” es algo que sigue vivito y coleando.
    Claro que ahora es mucho más complicado el asunto, porque si antes la lucha era contra el arrastre migratorio del interior rural, la ignorancia y el conformismo, ahora tenés que explicarle a un pibe fisurado de 14 años que es mejor aprender con algún tío el oficio de albañil por 150 pesos la jornada, que porronear con los muchachos, cargar un bufoso y vender porquerías o cuidar un “quiosco” por 1000 al día.
    En ese sentido, entiendo a los que con intenciones santas prefirieron sostener el financiamiento de sus centros de contención -aunque provenga de Macri/Vidal- basta de salvar a uno entre 500. Incluso hasta entiendo a los muchachos de Emilio y el Chino, ya que “…aparato que se desfinancia, termina desbandando sus referentes para el lado de donde viene la plata” (Chino dixit).
    Lo que también entiendo es que las razones y principios que se arguyen son los mismos que motivan a los “barones del conurbano”.
    Ambos son conscientes de la fragilidad de sus organizaciones y de sus devaluados fundamentos. En el fondo, mantener los sellos de goma solo alimenta a los dirigentes hábiles en conseguirse espacios para timbearlos. De hecho, más de uno ha jugado fuerte en alguna mesa de “póker político” amenazando con “dejar los perros sueltos”.
    Hay un japonés que jura que se puede vivir sin dinero y que con 90 yardas cuadradas es posible alimentar a una familia de 5 personas. No sé si tiene algo de real su prédica, pero aunque así fuera ¿Ese es el objetivo autogestionario de Gravois, Emilio y el Chino?…porque si lo fuera, estoy seguro que no es el de sus “bases”.
    Veremos cómo se las arregla la burocracia para encontrarle un espacio a quienes les quieren vender que se puede competir con Ducilo fabricando bolsitas de nylon, con Duffy haciendo pañales o cortinas con sachet de leche.
    Parece ácido, pero provengo de un “termo” donde hay cosas innegociables y donde hasta el principio sagrado de “La organización vence al tiempo” encuentra sus límites. Sino pregúntenle a Vandor, Materita y otras aves libertarias…

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