Otra mirada sobre los Estados Unidos de Trump

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Página 12 es un diario interesante, y en algunos aspectos único en la América del Sur. En el resto del continente no hay, me decía mi amigo Fernández Baraibar, un público de clase media progre lo bastante numeroso para sostener un periódico que salga todos los días. Supongo que es por eso mismo que lo cito poco en el blog: sus debates son interesantes y a menudo valiosos, pero se dirigen a gente que piensa más o menos lo mismo, y tiene valores parecidos. Es un pedazo limitado de la realidad.

Igual, tiene columnistas agudos, y notas valiosas. Esta es una, aunque esté en ese formato que menciono. Y pienso que, aunque habla de las causas de la derrota de los Demócratas yanquis, algo de lo que dice nos sirve para comprender una más cercana. (Me dicen que Cristina Kirchner habría recomendado esta nota. Es una señal interesante).

Por mucho que me apene disentir con mi viejo amigo Ariel Dorfman, debo cuestionar su artículo acerca de las recientes elecciones en los Estados Unidos publicado en Página 12 el 10 de noviembre con el título de “América se revela”. Como grito de angustia de un partisano comprometido, lo que escribió Ariel es comprensible. Él mismo dice que está afligido y, como instancia terapéutica para llegar a un acuerdo con su dolor, su cri de coeur puede tener algún sentido. Es una respuesta que se ha generalizado desde el 8, cuando Donald Trump ganó las elecciones.

Ese tipo de respuestas impulsadas por la emoción buscó desesperadamente explicaciones a lo aparentemente inexplicable en el racismo de Trump y sus votantes, la xenofobia, la misoginia, la homofobia y el antisemitismo. Estas “explicaciones” hacen foco en los pecados de Trump. Pero como explicaciones son parciales, en el mejor de los casos, y en el peor no son convincentes. Al continuar repitiendo esos lugares comunes o, a lo sumo, esas medias verdades que sustentan el propio sentido de rectitud moral, muchos simpatizantes y militantes del Partido Demócrata caen en el peligro de eludir un compromiso crítico serio, que permita comprender las fuerzas que llevaron a la victoria de Trump. Me parece que lo primero que debe hacer el simpatizante de un partido que pierde una elección tan catastróficamente como lo ha hecho el demócrata, es mirarse en el espejo. Y, sin embargo, el Partido Demócrata apenas es mencionado por Ariel, que no habla en absoluto de su candidata escogida.

Durante los últimos cuarenta años, lo que se conoce en los Estados Unidos como la “América media” (Middle America), básicamente trabajadores y clase media baja, ha visto sus salarios estancados y sus empleos degradados o destruidos, sin seguro médico ni jubilación, especialmente en el sector de servicios. Este proyecto neoliberal tuvo en su centro el crecimiento exponencial del sector financiero encarnado en Wall Street. Fue un proyecto bipartidista que aumentó en intensidad desde los años noventa con la desaparición de la más mínima regulación de ese sector y el crecimiento de los acuerdos internacionales de libre comercio. Sus víctimas pueden verse (aunque rara vez son reconocidas por las elites liberales de los medios) en las comunidades destrozadas y en las esperanzas amputadas de lo que los estadounidenses llaman “el corazón del país” (the heartland). Allí la drogadicción es desenfrenada, y la depresión y el alcoholismo se apoderaron del territorio. Desde 1980, el único grupo demográfico de la población estadounidense cuya tasa de mortalidad aumentó es el de la clase trabajadora blanca de más de cuarenta años, concentrado en lo que despectivamente se llama “flyover country”, el país sobre el que se pasa en avión. Cada vez más estadounidenses de clase trabajadora coinciden con el gran comediante George Carlin cuando dijo, sobre el sueño americano del que Ariel habla con tanta nostalgia: “Se llama sueño americano porque para creer en él tenés que estar dormido”.

Si bien este ha sido un proyecto bipartidista, en el último cuarto de siglo quedó asociado cada vez más con el Partido Demócrata, que ocupó la Casa Blanca durante 16 de los últimos 24 años. Y es un proyecto personificado en una sola familia: los Clinton. En muchos sentidos, sus efectos devastadores se han intensificado desde la crisis de 2008. Después, cuando asumió, Barack Obama simplemente eligió rescatar a Wall Street y al sector financiero y abandonar a la América media y pobre. Millones de estos estadounidenses perdieron sus hogares en 2008 y no recibieron ni un centavo de ayuda del gobierno de Obama, mientras que miles de millones de dólares fueron destinados a rescatar a los bancos. Obama entregó a los nominados por Wall Street el liderazgo de su equipo económico. El sector financiero supo cosechar las recompensas: desde 2010, el 97 por ciento de las ganancias de la economía norteamericana fue al 1 por ciento superior de la pirámide de ingresos. Mientras que el mercado de valores creció exponencialmente, la América media apenas se ha recuperado del desplome de 2008.

En estas elecciones de 2016, el Partido Demócrata y su candidata Hillary Clinton fueron los favoritos de Wall Street y de las elites estadounidenses. Pat Cadell, uno de los muy pocos encuestadores que trató de investigar qué estaba pasando más allá de la burbuja mediática del Beltway (la autopista que circunvala Washington DC), encontró que el 87 por ciento de su muestra estaba de acuerdo con la afirmación de que Estados Unidos estaba dirigido por una alianza de políticos, lobbyistas e intereses monetarios. El 65 por ciento pensaba que las elites ganarían si Hillary Clinton fuese elegida. La mayoría pensaba que las élites perderían si ganaba Trump.

En el relato de Ariel, la victoria de Trump representa la victoria final del lado oscuro de los Estados Unidos. La derrota definitiva de lo que Lincoln llamó “los mejores ángeles de nuestra naturaleza”. Esa derrota, sin embargo, no debería llamarnos la atención. Los signos estaban allí: de la rampante injusticia social y económica al complejo carcelario-industrial racista, que afecta desproporcionadamente a las comunidades de color. Del presupuesto militar monstruosamente inflado, que sostiene el intento de Estados Unidos de mantener su hegemonía imperial alrededor del globo, a la muerte y destrucción de los pueblos de lo que solía llamarse el Tercer Mundo, los signos estaban allí. Trump puede ser un islamofóbico y un anti-inmigrante. Pero hasta ahora no causó la muerte de varios cientos de miles de musulmanes en todo el mundo como si lo hicieron Obama y Clinton. Tampoco deportó, todavía, más de dos millones y medio de inmigrantes como sí lo concretó Obama, causando estragos y sembrando temor en las comunidades hispanas.

Yo, como Ariel, he vivido en los Estados Unidos por mucho tiempo. Soy ciudadano estadounidense. Mi familia estadounidense está compuesta por mi esposa, nuestros hijos y el extenso clan ítalo-americano que generosamente me abrazó cuando me casé. Son gente de clase trabajadora. Mi suegro fue un obrero de salario bajo en la industria textil. Mi suegra una costurera. Sus hijos cumplieron con el sueño americano atenuado: una casa, un automóvil y un trabajo sindical con previsión social. Fueron casi siempre votantes del Partido Demócrata. En el transcurso de los años hemos estado en desacuerdo sobre distintos temas pero siempre siguieron siendo un baño importante de realidad para mí, que lo miraba todo desde el confortable y aislado balcón de la academia.

En esta elección, dos de ellos mantuvieron sus lealtades políticas residuales y a regañadientes votaron a Clinton. Básicamente porque ella no era Trump. Otro, un demócrata de larga data, miembro de un sindicato, sí votó por Trump. No es racista. Pasó su vida trabajando con afroamericanos. Ellos son sus vecinos de barrio. También dio clases para estudiantes negros en las escuelas públicas de Filadelfia. Votó por Obama en 2008 pero quedó profundamente decepcionado porque no cumplió con su promesa de cambiar el país.

¿Dónde encaja mi cuñado en la narrativa de mi viejo amigo Ariel? Aparentemente, si aceptamos lo que Ariel dice, mi cuñado estaría ahora más allá de la frontera de la decencia. Pertenecería al lado oscuro de la naturaleza estadounidense. Hillary Clinton despectivamente llamó a los votantes de Trump “una canasta de deplorables” y Ariel reitera ese anatema, condenándolos con palabras como “irredimibles”, que toma directamente de Clinton. El texto de Ariel los excomulga de la sociedad decente, los expulsa fuera del universo de tolerancia multicultural que nosotros, como izquierdistas liberales que somos, deseamos construir. Debo confesar que esas palabras, cuando las escribió él, me impactaron de un modo que no lo hicieron cuando fueron pronunciadas por Hillary Clinton, con frondosos antecedentes de desprecio por la gente común. ¿Quién tiene derecho a condenar a alguien como “irredimible”? Más concretamente, ¿qué estrategia de izquierda progresista puede concebirse o imaginarse, una vez que se condena a 60 millones de personas a la perdición? ¿Incluimos también a sus hijos en esta categoría,  en cuyo caso tendríamos que dar por perdido a un número todavía más grande de nuestra gente? Los anatemas funcionan distinguiendo condenados de salvados, necios de virtuosos. Entonces, como mi suegro Gino, yo preguntaría: ¿quién nos hizo Papa? Si insistimos simplemente en reafirmar nuestra propia virtud, ¿podemos seguir aspirando a una mirada crítica y dura de las fuerzas que nos llevaron a esta coyuntura desastrosa?

Nada de esto es romantizar a los estadounidenses de clase trabajadora y de clase media baja que votaron por Trump. ¿Hay un elemento importante de racismo, intolerancia y xenofobia en el resultado de las elecciones de la semana pasada? Por supuesto: esos elementos son tan de los Estados Unidos como el pastel de manzanas. Y florecerán especialmente en épocas de crisis económica y social y de guerras extranjeras, mientras la gente busque chivos expiatorios. Es imposible hablar de raza y clase por separado en los Estados Unidos o en cualquier otro lugar. ¿Pero debemos creer que hay 60 millones de racistas y proto-fascistas? ¿Entonces por qué muchos de ellos votaron dos veces a Obama?

Ahora deben plantearse preguntas cruciales: ¿sigue siendo el Partido Demócrata un vehículo viable para aquellos que persiguen una justicia social, económica y racial en los Estados Unidos? Si es así, ¿qué cambios debe realizar para alcanzar ese potencial? ¿Cuál sería el programa de un Partido Demócrata así reinventado? ¿Tendría la forma de una versión ampliada del movimiento de Bernie Sanders? Si no, ¿cuál es la alternativa? ¿Un tercer partido? Dado el duopolio antidemocrático que domina el sistema político de los Estados Unidos y su anticuada naturaleza no democrática, ¿cómo podría ser eficaz? En el corto plazo, ¿cómo se puede organizar la resistencia a Trump y cómo podemos evitar canalizar esa resistencia hacia otro demócrata del establishment en 2020? Éstas son cuestiones urgentes, particularmente en vista del probable impacto que la desilusión con Trump pueda tener en sus votantes si no logra concretar sus promesas de campaña. Ocupar el estrado moral y esperar que el electorado entre en razones y vote por otro  demócrata “civilizado” de la elite política, sería una estrategia desastrosa tanto si se fracasara como si se triunfara.

En lugar de concluir con las sabias palabras de un afroamericano que reafirma que, a pesar de todo, debemos ser pacientes porque Estados Unidos es un gran país, preferiría invocar las palabras de un judío perteneciente a una familia de portugueses exiliados en Holanda, Baruch Spinoza:  “No llorar, no indignarse. Comprender”.

El autor es Daniel James. Historiador nacido en Londres. Autor de Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina, 1946-1976 y Doña María. Historia de vida, memoria e identidad política.

13 respuestas a Otra mirada sobre los Estados Unidos de Trump

  1. victorlustig dice:

    Sabe Abel, tengo algunos amigos en el Midwest (flyover country por excelencia) y, despues de la eleccion le escribi a uno diciendo supongo que estaras contento.
    Me contesto,
    Man, are you right. We have hope for a good government again
    Wasp, baby boomer, master en Ivy League

    y, quizas es la gente casada de sarasa progre de discurso, como dice el historiador

    • Casiopea dice:

      Va a haber mucha tela para cortar, pero semejante terremoto sólo puede ser multifactorial. No es sólo la soberbia de Hillary o el desdén hacia un sector importante de votantes, o el cansancio con un discurso que por ser tan “lindo” resulta más amargo cuando la realidad lo contradice, el hartazgo con las elites que Hillary representa o lo que sea. Es un poco de cada una de esas cosas en una masa crítica de personas que terminaron votando por Trump o quedándose en su casa.
      Trump captó bastantes más votos negros, hispanos y de mujeres que Romney la vez pasada. Con eso solamente le quitó un argumento muy importante a la campaña “antiTrump”. Ahora vamos a ver a quién decepciona, y cómo le va en dos años. Mientras tanto, hace dos semanas se pronosticaba guerra civil en el partido republicano después de la derrota de Trump. Ahora los que se están amasijando mal son los demócratas. Y la izquierda “auténtica” escupe fuego….

  2. Rogelio dice:

    Estimado Abel:

    Lo más interesante de la nota quizás sea la referencia final a Spinoza: “No llorar, no indignarse. Comprender”.

    En rigor, el autor atribuye una proporción demasiado alta y exclusiva del triunfo de Trump a “la clase trabajadora blanca” cuando hoy ya sabemos que también lo votaron importantes contingentes Hispanos, Afroamericanos y aún Musulmanes.
    Y acaba preguntando: “¿cómo se puede organizar la resistencia a Trump?” si bien lo justifica “en vista del probable impacto que la desilusión con Trump pueda tener en sus votantes si no logra concretar sus promesas de campaña”.

    Evoluciones convergentes y de alcance global
    Mi impresión es que el triunfo de Trump así como la evolución interna en USA y sus efectos sobre la situación internacional, obedecen a factores más orgánicos y estructurales.
    Entre esos factores no son ajenos los planes de un estrato de dirigencia global que está situado por encima de la élite bipartidista yanqui.
    Así lo comenté acá hace un par de meses en sintonía con una afirmación incluída en el encabezamiento de un post previo, refiriéndose a las conspiraciones para poner en marcha un gobierno mundial:
    “Algunos de sus ministerios están funcionando desde hace rato” nos decía Abel, véase https://goo.gl/QD5gSp primer párrafo.

    Como referencias mencioné reiteradamente la acción del G20 y el paquete de Reformas 2010 a las cuotas y gobierno del FMI => https://goo.gl/8qjxHq
    También mencioné diversos fenómenos de convergencia en la región euro-asiática y Asia central.

    A esta altura, con criterio integrativo, tampoco podemos pasar por alto algunos acontecimientos que ocurren en el plano religioso.
    Por ejemplo, no podemos perder de vista el significado del encuentro en 2015 de Francisco con Kyril de Rusia en La Habana, después de 10 siglos de cisma.
    O la visita de Francisco para conmemorar con los luteranos en Suecia los 5 siglos desde la reforma de Lutero.

    Finalmente, insistí reiteradamente en los cambios del sistema monetario internacional que culminaron el 1° de octubre pasado con la incorporación de la moneda china a la canasta de monedas sobre la que se apoyan los DEGs (o SDRs) como moneda internacional del FMI.
    Y finalmente me pareció que no era excesivo afirmar que estábamos ante el final del sistema monetario surgido de la Segunda Guerra Mundial basado en ventajas exhorbitantes al dólar USA que ahora es sustituido poco a poco por un nuevo sistema monetario multilateral, en una dirección que habían anticipado muchos, entre ellos nuestro conocido Hélio Jaguaribe.
    Como demostración sostuve además que el BCRA argentino tiene constituidas más de un tercio de sus reservas en RMB (renmimbi chino) desde el gobierno de CFK.
    Recuerdo que estas opiniones provocaron el escándalo de un devoto “progre” de los “verdes” como es el apreciado Silenoz.

    A todo esto – y como ejemplos no exhaustivos – le podemos sumar algunos acontecimientos recientes de cierto relieve:
    – el abierto desaire del presidente de Filipinas Duterte a Obama, sabiendo que se trata del principal aliado de USA en el Pacífico;
    – la pérdida de interés en el TPP que en el pasado impulsó Obama en naciones como Australia y Vietnam, las que ya han iniciado negociaciones de sendos convenios comerciales con China que, excluída antes del TPP, hoy lanza su propia iniciativa en la reunión de la APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation) que se está llevando adelante en Lima => https://goo.gl/EzKVxY
    – la importancia creciente de la iniciativa “Nueva Ruta de la Seda” – véase https://goo.gl/OJitXk – que ahora alcanza a nuestra región sudamericana en la misma reunión de Lima.

    En fin, nos parece que toda esta serie de acontecimientos estructurales también tienen relación con el triunfo de Trump.

    ¿Y nosotros?
    Habida cuenta del pobre desempeño de nuestra dirigencia en materia de relaciones exteriores es necesario augurar que se activen nuestras alertas porque quizás las distracciones de los responsables formales serán difíciles de enmendar.

    Saludos

  3. Raúl C. dice:

    Ya había leído la nota. Es muy interesante, y cuestiona bien a Dorfman.

    Uno de los problemas de Dorfman es que -como tantas veces se suele hacer- da cátedra sobre cuál sería ‘la verdadera esencia del pueblo de EE. UU.’.
    Pura literatura, no avalada por los números (la elección fue prácticamente un empate, desempatado por el Colegio Electoral, y Trump sacó menos votos que los dos candidatos republicanos derrotados ante Obama).

    Pero James también tira algo que no veo reflejado en los números: habla de que los demócratas ‘perdieron catastróficamente’. Pasa por alto el empate numérico (y una pequeña ventaja para Clinton). Salvo que se refiera a la ‘pérdida catastrófica’ de los demócratas… versus las elecciones demócratas anteriores.

  4. José dice:

    ” lo primero que debe hacer el simpatizante de un partido que pierde una elección tan catastróficamente como lo ha hecho el demócrata, es mirarse en el espejo” Cof Cof

    “Hillary Clinton despectivamente llamó a los votantes de Trump “una canasta de deplorables” y Ariel reitera ese anatema, condenándolos con palabras como “irredimibles”, que toma directamente de Clinton. El texto de Ariel los excomulga de la sociedad decente, los expulsa fuera del universo de tolerancia multicultural que nosotros, como izquierdistas liberales que somos, deseamos construir.” Cof Cof Cof

  5. Silenoz dice:

    ¡Oiga oiga don Rogelio!… su afrenta no solo amerita una respuesta por fuera del hilo de su comentario sino que además, oblígome a citarlo con sus padrinos. Por que yo puedo aceptar que me vituperen con lo que se les ocurra (créame si le confieso que encima tengo más puteadas que Castrilli) pero eso de tildarme de ”apreciado”… “is tu mach” como diría cierta mujer en campaña…. Y para que no dude de mi honorabilidad, le anticipo que el arma que elegiré será un mosquetto ( ja ja ja …)

    Sabe lo que pasa don Rogelio, yo veo un entusiasmo entre juvenil y romántico con esa idea de la pronta emergencia de un multisectorialsmo que implica una declinación de la hegemonía yanqui.

    Todo lo que te comenté por acá, allí y acullá son consecuencias del poder del “hegemón”, un concepto en el cual abundaré no sin antes comentarte que, a mi entender, ese entusiasmo citado arriba está fundando en pensamientos teóricos “Metalistas”, errados no por viejos sino porque no explican el funcionamiento del sistema monetario actual, a cielo abierto partir de la crisis del ’30 y, sobretodo, tras el abandono del patrón oro por USA.

    • Silenoz dice:

      METALISMO
      Teniendo en cuenta el funcionamiento –casi o totalmente – ficticio del sistema monetario bajo el patrón oro, Schumpeter decía que el dinero debía cumplir su función de medio de cambio para evitar la denominada “doble coincidencia” (¿qué carajo e’ esto loco? en una economía de trueque si el zapatero necesitaba camisas y el “camisero” no necesitaba zapatos “sou” no se podía efectuar la transacción, el dinero resuelve esa doble coincidencia).

      Al efecto entonces de maximizar esos trueques los agentes debían stockear el “commodity” “más transable” lo que, por el uso y las costumbres más determinadas externalidades y to’o eso, a través del tiempo, lo transformaba en “EL medio de cambio”

      Una vez establecido “EL medio de cambio” los agentes lo adoptaban como reserva de valor y unidad de cuenta.

      En este punto la confianza era la condición medular de dicho medio, por eso el “Príncipe” no debe tener control sobre la emisión monetaria para evitar que éste, a través y por su poder político, se le ocurra sobre imprimir y devaluar la moneda. (Igual que las metas de inflación actuales donde se pide “independencia de los bancos centrales” respecto al poder político por que los gobernantes de hoy –reyes de ayer- tienen la costumbre “populista” de eternizarse en el poder por medio de medidas económicas “populistas”… ¿se entiende desde donde y cuando viene el sover cro?)

      Como en esa época la tan mentada independencia de los bancos centrales NO existía, la única forma era pegando la cotización del dinero a algún metal considerado valioso, la idea era sacar la ingerencia del estado en la determinación del valor de la misma

      De todo lo anterior se deriva la necesidad que la política monetaria está totalmente separada de la fiscal para no comprometer el valor de “EL medio de cambio”.

      En el caso que hubiera una perdida de confianza”, los agentes cambiarían de moneda buscando aquella que satisfaga los requisitos citados “ut supra”, “sou” la hegemonía no recae en el poder del estado sino en su situación macroeconómica que evita “corridas cambiarias” Algo así como “flai tu cuoliti a otras monedas” y NO a otro país.

      Los análisis actuales en los cuales se funda esa debilidad de los yanquis y, consecuentemente del dólar, provienen de este pensamiento:
      a) los actuales desequilibrios macro
      b) la amplísima discrecionalidad de la FED dándole a la “maquinita Yellen-iana”
      c) la emergencia de otras monedas (en su momento el euro ahora el reminbì)

      Todo esto estarían dando signos inequívocos de una pronta pérdida de hegemonía de la primer potencia mundial basados en una creciente debilidad de su moneda por CUESTIONES MACRO y SIN PRESTAR DEMASIADA ATENCIÓN AL PODER GEOPOLÍTICO del estado yanqui

      La pregunta pertinente es si este paradigma funciona de la manera indicada, veamos:
      1) USA pasó la prueba ácida más que satisfactoriamente cuando abandonó en patrón oro. Es más, desde allí ha acrecentado aún más su poder
      2) Recientemente con sus antológicos QE…. a mi entender no han minado el “poder del dólar”
      3) Desde hace 40 años su situación macro no para de agravarse
      4) La escalada inflacionaria tras crisis del petróleo no minó la confianza en su moneda
      5) Las guerras tampoco..

      ¿Y entonces por donde viene el coso?

    • Silenoz dice:

      EL HEGEMÓN”

      A partir de mediados del S XIX el sistema monetario abandonó de hecho esa convertibilidad a algún metal precioso, lo que permitió la expansión de los estados, la finalidad de los BC eran financiar la expansión del capitalismo y el “agrandamiento de la nación” interviniendo en la actividad económica a pesar del verso y camuflaje liberal. Con la introducción del “fiat money” –funcional a esa expansión- se pasó a CREER EN EL PODER DEL ESTADO antes que en la confianza en los mercados

      O sea el dinero es el resultado de relaciones históricas específicas

      La propiedad del dinero es consecuencia de la garantía del estado sobre la solvencia de sus BC cuando deban de cumplir sus deudas en la moneda que esa misma entidad emite. Y esto es así por que no hay riesgo de default ya que los BC siempre pueden comprar bonos al gobierno y monetizar la deuda.

      Este mecanismo es el que hace que los BC emitan títulos libres de riesgo. Y aunque parezca desfachatado y con algunas reservas, esto es así hasta para una economía pequeña, emergente y débil como la nuestra: una de las razones por la cual los bancos e inversores extranjeros compran LEBACS es por que el BC NO TIENE LIMITACIONES EN PAGAR LOS PESOS QUE SEAN, por que los emite.

      Por supuesto, en nuestro caso este quilombo puede traer serias consecuencias, para aquellos que piensan en una futura emisión de pagadios para posponer el muerto de vencimientos de LEBACS, esto podrá tener una ocurrencia si, por ejemplo, la autoridad económica sospecha que tantos papeles vencidos y sin renovar generarán una masa de pesotes que se convertirán en dólares metiendo una presión insostenible en las reservas. Pero en este caso el problema NO SON LA FALTA DE PAGO DE PESOS que emite el BC SINO LA IMPOSIBILIDAD DE DOLARIZALOS. ¿se entiende?

      Volviendo al punto, el poder de la moneda viene de la garantía de que los BC emitan activos financieros libres de riesgo que faciliten el funcionamiento de los mercados financieros.

      Ahora bien, todos los países cuentan hoy con la característica citada pero resulta que uno solo es el hegemón ¿cuál o cuales serían esas condiciones que detenta USA?

      Y esta condición es el poder de coerción (rosqueando o los cañonazos) sobre otros países , Es más, el “hegemón” cuenta con la posibilidad concreta de estimular una expansión de la demanda mundial en base al crédito en su moneda.
      El “hegemón” determina el valor del morfi y el petróleo (entre otras commodities) en su propia moneda
      Algunos de los ìtems que te cité en este comentario, refieren a ese poder geopolítico del “hegemón”.

      En definitiva el poder geopolítico del hegemón es lo que hace que su moneda sea considerado como reserva de valor y unidad de cambio permitiéndole emitir títulos libres de riesgo (los bonos) en la moneda que emite, casi sin ningún tipo de restricción y, por si fuera poco, tiene poder crucial como fuente de demanda global

      La novedad del dólar es que por primera vez en la historia la reserva de valor coincide con la moneda que emite un país y su BC siempre puede comprar activos en dicha moneda y financiar así a su gobierno. En consecuencia los yanquis no sufren de restricciones en su balanza de pagos (como a nosotros o la misma China) y, a pesar de sus grandes déficits, sin embargo siguen emitiendo activos libres de riesgo y que sirven de acumulación global a pesar de los elevados déficits

      Vayamos a un ejemplo vernáculo hacia fines del siglo XIX en nuestro país con respecto a su majestad británica: como estábamos endeudado en libras esterlinas y éstas estaban garantizada por el Banco de Inglaterra, la libra entonces era, por antonomasia, la principal moneda de reserva

      Hoy “cambiemos” libra por dólar…….. ¿se’gual o no?

      Desde este pálido punto de vista y resumiendo, el tema es quién será el nuevo “hegemón”, recordemos que para llegar a imponer su sistema monetario como dominante (o desplazar al actual) antes deberá tener la suficiente potencia para:

      1- Ejercer coerción a otros países
      2- Emitir activos financieros libre de riesgo de default
      3- Promover, estimular la demanda global vía el crédito en su moneda

      Desde un punto de vista biológico, seguramente el imperio caerá, pero no nos apresuremos con signos que, en el mejor de los casos y por el momento, son débiles…. no olvidar que, hace un tiempo, el euro también habría de poner en jaque al “dólar”… y no pasó……

      Saludos y lo espero en el Campo de Marte ( ja ja ja…)

    • Rogelio dice:

      Estimadísimo Silenoz:

      Obviamente que la única posibilidad de que la cultura evolucione y aprendamos todos un poco es encontrar ámbitos donde plantear un diálogo al que cada uno aporte sus perspectivas particulares, su experiencia específica e incluso sus propios intereses. Y esté dispuesto a someterlos a debate escuchando e intentando comprender e integrar la perspectiva de los otros (que siempre es enriquecedora).
      El blog de Abel es un espacio social donde es posible cultivar un debate de ese tipo.

      Lo anterior es lo que aproximadamente manifestarán mis padrinos cuando respondan a su citación: que no hay nada personal.

      Ahora bien…. dicho esto le pido que reconozca que mi “entusiasmo juvenil y romántico” en la emergencia de un mundo multipolar queda empalidecido por su condición de “fundamentalist believer” en la omnipotencia eterna del “hegemón” 😉

      Le pido que lea mi comentario a Horacio.

      Por mi parte, voy a releer sus comentarios y ampliaré.

      Un saludo cordial

  6. Horacio dice:

    Rogelio: aprovecho para contestarle acá a otro comentario suyo (el del post “Los nacionalismos que vuelven”). La caída de la participación del PBI de Argentina en el total de Sudamérica no data de hace 30 años, es un proceso de decadencia más largo, que pronto va a cumplir un siglo. Hacia la Primera Guerra Mundial, el PBI de nuestro país superaba al del resto de los países de Sudamérica sumados, incluyendo Brasil. En muchos otros indicadores, el “poder” de la Argentina aventajaba al de sus vecinos. Soy de la idea que en gran medida, nuestros problemas (por ejemplo, para alcanzar o mantener cierto nivel de desarrollo, o para asegurar una mínima estabilidad política o macroeconómica) se originan en una defectuosa inserción en el sistema internacional.
    He visto que ha mencionado reiteradas veces la inclusión del renminbi en la canasta de divisas de los DEG del FMI. Creo que es un hecho importante, pero no lo magnificaría. La moneda china se está internacionalizando, y la composición de nuestras reservas, como usted bien señala, lo prueba. No sabía por ejemplo que en China ya hay emisiones bursátiles en DEG. ¿Sabía usted que en el comercio bilateral entre China y los países africanos, más de la mitad del intercambio comercial se cancela en renminbi? Y de seguro recordará que en el mega-acuerdo firmado entre Rusia y China para la provisión de gas, los pagos también se realizarían en renminbi. Son ciertos hitos hacia una cierta desdolarización del sistema internacional, pero yo no estaría tan seguro de que dicho proceso vaya a concluir exitosamente, o al menos en un plazo breve. Al fin y al cabo, los DEG también están compuestos por el euro, la libra y el yen, además del dólar (que representa 40% de su valor), y la hegemonía monetaria del dólar se sostiene en el movimiento transnacional de capitales y la exportación/importación de rentas financieras, más que en el intercambio de bienes. Sí, ya sé, matizando, hay cuatro bancos chinos (ICBC, Bank of China, China Construction Bnak y Agricultural Bank of China) que son los más grandes del mundo por total de activos, capitalización bursátil, facturación o ganancias, lo cual habla de cierto control compartido del sistema financiero. No quiero profundizar mucho, pero comparto su apreciación. Sólo que moderaría el optimismo (yo también quisiera ser más optimista, pero hace un par de décadas atrás el mundo enfrentó un escenario parecido y los resultados terminaron siendo otros).
    Creo que en lo que hace a la elección de Trump, si EEUU efectivamente termina adoptando una postura más aislacionista, se abrirá una oportunidad (que probablemente será muy conflictiva) para configurar nuevas reglas de juego. El realismo siempre ha sostenido que los vacíos de poder invitan a nuevos aspirantes. Si China logra posicionarse como líder en ciertas áreas, por ejemplo en comercio multilateral, dependerá de que sus socios la acompañen. En esta construcción nuestro país debería desempeñar un rol, aprovechando al máximo su capacidad y sus recursos, reconociendo sus limitaciones, y definiendo sus prioridades. Sí, la política exterior es una de las fallas más constantes de nuestro país, con todos los gobiernos, pero supongo que el actual no necesitará mucho tiempo para caer en la cuenta de los riesgos de apostar a un modelo caduco (igual habrá que ver que termina haciendo Trump).

    Silenoz: hay un autor, Gilpin, con aportes a lo que se denomina “economía política internacional”, que estudia esa relación entre el “hegemón”, los “derechos de señorío” derivados de su hegemonía monetaria, y el orden económico internacional. Es interesante porque, al igual que usted, intenta establecer vínculos entre la geopolítica y el sistema monetario. Frente a los que se ilusionan con un mundo multipolar (ilusión que yo quisiera que sea realidad), yo temo un “contraataque imperial” como el que EEUU ensayó, acertadamente, en los 80′. Creo que la clave, y tal vez la diferencia, en la actualidad, pasa por los requisitos que usted enumera al final. Uno es el poder de coerción. A pesar de que se suele hablar de las “derrotas” miliares de EEUU (Vietnam, Irak, Afganistán), distinto sería el caso si ese país se comprometiera a un uso en gran escala del poder militar para boicotear cualquier tentativa de minar su poder. Ahora, visto desde el otro lado, está la cuestión de proveer crédito y liquidez para estimular la demanda global. Por ejemplo, China no sólo está llevando adelante un proceso integral y calculado para internacionalizar su moneda, también produce mercancías en cantidad suficiente para que este dinero pueda efectivizarse en intercambios. ¿Qué ocurriría si Trump reedita la política de tasas altas de Reagan, para succionar capital del resto del mundo, incluidas las economías emergentes? ¿Hasta que punto esas mismas potencias emergentes y sus socios no podrían plantear una alternativa, como de hecho ya hacen en otros ámbitos, en el marco de una gobernanza global mucho más institucionalizada?
    Son especulaciones, pero valorando lo que Abel suele recordar respecto a qué es conveniente para nosotros, y en función de lo que ya escribí, es manifiesta la dirección a la que creo que deberíamos apuntar: sumar nuestros esfuerzos a la configuración de nuevos patrones de interacción globales (no diría la “creación de un nuevo orden mundial”), que configuren un nuevo equilibrio de poder “más democrático”.

    • Silenoz dice:

      Creo que lo que realmente importa en toda esta cosa del “hegemón” es que el poder del estado (en esta caso yanqui) es el que determina la fortaleza de su moneda a través de su “prestador de última instancia” (la FED) que emite activos financieros libres de riesgo de default, lo cual le confiere su característica de reserva de valor. Fíjese que muchos compran oro al sólo efecto de poder comprar más…. ¡¡dólares!!

      Esta visión (que se inspira en el cartalismo y las finanzas funcionales de Abba Lerner) discute con buenos argumentos aquellos que piensan que la fortaleza del dólar se remite a la situación macroeconómica de USA abrevando en el metalismo.

      Respecto a la coerción no pasa por los cañonazos únicamente, por ejemplo y sin ir más lejos, en el posteo reciente sobre energía nuclear claramente se enuncian los “aprietes” a franceses y tantos otros sin tirar un mísero tiro.

      El “hegemón” tuvo la suficiente potencia de coerción en su momento para “obligar” a los árabes a que coticen el crudo en dólares, el mantenimiento de ese “rosqueo” hizo que en el 2014 (creo) ante la baja exponencial del crudo pasando a valer la mitad en pocas semanas, sin embargo “uasaps” mediante los yanquis convencieron a los árabes en mantener el bombeo cuando la reacción natural debería haber sido la de frenar la extracción y liquidar inventarios para forzar una suba del mismo. Y, lo importante, esta coyuntura puso en serios aprietos a Rusia

      ¿qué otro país posee en una situación de coerción cercana a la anterior y ponerle un freno a un país como Rusia?

      Y como bien cita en su comentario, probablemente las guerras perdidas sólo sean un velo en cuanto al verdadero objetivo de las mismas.

      Comparto que lo que nos conviene es un orden multilateral y todo el mundo estaría de acuerdo en ello, excepto los yanquis. La posición anterior es la que blande cualquiera que no tenga la sartén por el mango, el tema es que si se da una situación de vacío de poder (como sucedió al finalizar la WWII) muy probablemente alguien intente ocupe ese lugar vacante de “hegemón” y termine haciendo lo que antes criticaba, convirtiéndose en un nuevo imperio……

      Y para finalizar, la estrategia china con su renmimbí, busca, entre otras cuestiones, sortear su condición de emergente debido a su vulnerabilidad en la restricción en la balanza de pagos a pesar de sus grandes números. Si se quiere ser un hegemón o aspirante a ello, no alcanza con apilar reservas en dólares sino hacer que SU moneda se considere como reserva de valor. Pero para ello necesita antes, que sus exportaciones e importaciones se facturen mayoritariamente en renmimbí que es lo que pasa hoy con el dólar.

      Probablemente lo consigan, por lo menos le están dedicando su tiempo y con toda la paciencia del mundo de acuerdo a su milenaria parsimonia

    • Rogelio dice:

      Estimado Horacio:

      Aprecio su minucioso comentario y sus referencias a mis intervenciones previas.

      1. Participación relativa de Argentina en el PBI de Sudamérica

      Es muy probable que la caída de nuestra cuota de participación haya comenzado antes, tal como usted dice. Ocurre que a fin de poner en números nuestra evolución, nos pareció que 3 décadas constituyen un plazo suficiente como para que ningún argentino contemporáneo – sean cuales fueren sus colores políticos – pueda argumentar que es ajeno al caso.
      Habida cuenta que en 1983 recuperamos el estado de derecho, consideramos que tenía sentido tomarlo como año base.

      Con el mismo criterio estamos elaborando otros 3 cuadros comparativos:
      – niveles de pobreza
      – proporción del Gasto Público / PIB
      – inflación acumulada

      Quizás sea un abordaje apropiado para “aminorar la grieta” dando unos pasos más allá de un maniqueísmo que nos condena al estancamiento en un estado casi infantil, del que se benefician unos pocos aprovechados acostumbrados a sustituir la evaluación razonable de resultados por la inducción de un clima de culebrón centrado en el intercambio perpetuo de reproches.

      Tal como manifesté antes de ahora, aprecio las propuestas, observaciones y críticas que se hagan al enfoque y a los instrumentos elegidos para concretarlo.

      2. Sistema monetario multilateral

      No es mi intención magnificar la inclusión del Renmimbi en la canasta de monedas del FMI. En algún lugar he leído que la transición que se ha iniciado tiene como horizonte el año 2030, lo cual indica que no habrá cambios súbitos ni espectaculares.
      Por otra parte, si reitero mis referencias a la cuestión no es porque esté convencido que será favorable para nosotros. Justamente, creo que también es una cuestión a evaluar.

      Con respeto a la emisión de bonos denominados en DEG en el mercado chino le acerco como referencia la publicación del Banco Mundial de 12/08 pasado: “World Bank Approved as the First SDR Bond Issuer in China” => https://goo.gl/9Ho5Lw

      Con respecto a lo que hará Trump, mi impresión es que el entendimiento y la coordinación que existe en el más alto nivel es muy grande.
      Como evidencia le invito a dar una leída rápida a la declaración final de la “16° Ronda de Diálogo Estratégico y Económico conjunto USA-China” realizada en junio pasado.
      En especial, señalo los dos párrafos finales:
      – Ambos países celebran la entrada en vigencia de la Reforma 2010 a la cuotas y el gobierno del FMI;
      – Ambos países apoyan la decisión del FMI de incluir el Renminbi en la canasta de monedas DEG;
      – Ambos países apoyan la intención del FMI de examinar el uso ampliado de los DEG.
      Completo => https://goo.gl/izKrmy

      Mi apreciación es que Trump intentará profundizar el entendimiento y la coordinación con China: por ej. la suba de tasas de la FED será una política coordinada por sus efectos recíprocos. En la actualidad hay quienes creen que la FED está más cerca de la QE4 que de elevar las tasas de interés.

      Ojo, tampoco afirmo que esta evolución de los acontecimientos sea necesariamente favorable para nosotros, argentinos y sudamericanos.
      Justamente mi insistencia en mencionar estos fenómenos tiene la intención de evidenciarlos e invitar a su análisis, tal como usted ha hecho con propiedad.

      Saludos cordiales

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