Aportes al lenguaje del nacionalismo argento

 

mito

El reciente posteo en que toqué -muy por encima, todavía- el tema de los nacionalismos, me hizo ver que los argentinos nos hemos quedado sin un lenguaje adecuado para hablar de la identidad nacional.

El viejo nacionalismo tenía un discurso catolicón “de derechas” e hispanófilo. Todavía podía servir hasta mediados del siglo pasado, equilibrado por el pragmatismo y la picardía de un Perón, por ejemplo, pero ya ni un Daniel Santoro de las letras lo podría reciclar ahora. Además, la increíble sucesión de errores y horrores políticos que cometieron después esos viejos nacionalistas… Olvídenlo.

A partir de la irrupción del peronismo y de un nacionalismo popular, plumas talentosas como la de un Abelardo Ramos, por ejemplo, le dieron un nuevo lenguaje. “Las masas y las lanzas…” Todavía es un placer leerlo, mas su realpolitik no es la de este siglo. Treinta años después, una camada entonces joven, como la dupla de Ortega Peña y Duhalde, Felipe Varela contra el imperio británico, hicieron otro aggiornamiento. Pero nada atrasa tanto como las actualizaciones viejas.

Pensaba en esto, cuando recibí uno de los escritos de Marcelo Padilla. Hace tiempo que no subo nada de él, porque está muy furioso con las variantes del pejotismo mendocino. No es que yo tenga una opinión buena de ellas -salvo por algunos viejos amigos y amigas- pero… es lo que hay. El basismo nunca me convenció, porque nunca construyó poder.

Igual, es un poeta. Y esto, que no tiene nada que ver con la realpolitik, ni siquiera con la política, habla de la Argentina. Puede ser, como digo arriba, un aporte para hablar de la identidad nacional.

Es un país largo y, por tramos, ancho. Desde arriba hacia abajo se angosta para cerrar su territorio en unos islotes desperdigados en el mar del sur, en el hielo que no deja abrir las bocas más que para respirar y comer.

Superpoblado en las ciudades, desarraigado en las montañas y los llanos. Rutas infinitas como serpientes camufladas. Costumbres y culturas ensambladas, dioses impuestos y santos paganos, celebraciones de masas anónimas que juegan a la escondida poniéndole velas a seres terrestres. Inmenso y rústico en sus caparazones provinciales.

Desconocido. Visitado. Re-visitado. Moldeado por las excavaciones y las erosiones infatigables de los días planetarios. Los vientos, las aguas, la cercanía del sol y la pos-rivera que se hace mar en el atlántico. Geografía radical. Pueblos itinerantes, penitentes, sagrados en sus bajos instintos letánicos. Una sociedad extendida hacia las puntas de las estrellas. Gente de bien, bien de gente de mal. Y una moralidad críptica que reprime los colores de la propia diversidad maldita engendrada.

Una sociedad no asumida de sí. Que se boicotea por verse crecer por momentos. Más cínicos los de arriba del edificio, jorobados los de los pisos bajos. Y en ese medio flotante, nosotros, la clase media ancha de este país con su angustia. La del “debe ser así” porque si no… vomita los platos de sus propios hijos. Una angustia seminal. Con ilustrados y opacos. Estar ahí, en ese medio, desencaja cualquier aspiración de quietud. Voyeristas por naturaleza impropia. Fotógrafos del otro, pensadores por el otro, presumidos de un caudal de saberes único. Catastróficos. Diletantes. Biempensantes. Diluidos en domingos pro suicidas. Estar ahí, en el síntoma. Elogio del resentimiento y pisoteo. Matar por dolor, matar. Armados de impaciencia. Un ocaso. Abstractos y prácticos. Esa lucha.

3 respuestas a Aportes al lenguaje del nacionalismo argento

  1. guido dice:

    Como comentario a al post anterior, en realidad, me quedo con esta frase: “En la era de capitalismo post industrial las elecciones se ganan por las aspiraciones de pertenecer y no de ser todos iguales” que me indica que la ya conocida ambigüedad del término “nacionalismo” hace difícil usarla en un análisis de algunos cambios electorales en otros países. Precisamente es el rasgo igualitario (al menos simbólicamente) donde estuvo la fuerza del nacionalismo (al margen de lo que significara para los grupos que tuviesen la mala suerte de quedar fuera de los límites imaginarios que el nacionalismo dominante definiera como legítimo). ¿Este presunto reverdecer no se parecerá más a un “comunitarismo de mayorías”? Mayorías que adoptan un discurso victimizante más o menos abiertamente traficado de otros comunitarismos de grupos pequeños que denuncian (reales o supuestas) mortificaciones varias. Más un multiculturalismo aumentado (la adopción de una ideología similar a la de minorías ideologizadas de pequeños grupos) que una reacción al multiculturalismo liberal.

    Desligado de su impronta igualitaria, reducido a reacción paranoica y fantasías de la edad de oro, además, este nuevo “nacionalismo” difícilmente sea contradictorio con la globalización, esto es, la circulación de capitales sin control social de ningún tipo. Más bien, podría favorecerla sin ningún problema.

  2. Daniel Eduardo Arias dice:

    Qué pluma la del caballero… ¿Escribió algo de narrativa, o tiene algún libro de poesía?

    Un escritor de la gran siete. Único comentario posible.

  3. Abel B. dice:

    Estimados:

    Daniel: Marcelo Padilla es un poeta, y escribe. Algo, poco, subí al blog https://abelfer.wordpress.com/2015/09/05/un-poema-para-un-sabado/ ; te recomiendo también Macri no visita a Merceditas , que muestra que la diatriba política también puede ser poesía entre nosotros. En el Buscador del blog encontrarás.

    Guido: Tus aportes siempre son jugosos. Y la distinción que hacés entre “nacionalismo” tal como lo entendemos a partir de la Revolución Francesa y un “comunitarismo de mayorías” es aguda y fructífera.
    Pero… en lugar de una separación, te sugiero ver un abanico: en un extremo los “Iguales” de Esparta, en el otro, el concepto que alumbró esa Revolución: la ciudadanía, que abarcaba a todos los hombres libres (claro, enseguida empezaron a separar: los esclavos, no; las mujeres, tampoco; los que no hablaban bien el francés,…).
    Y la cohesión necesita un enemigo.
    Da para muchos posteos ¿Puedo esperar uno tuyo?

    Abrazos

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