La segunda guerra de Clarín

polakovic1313

En un momento que las fuerzas políticas ya empiezan a encarar las batallas electorales del año que viene -ver aquí y aquí, por ejemplo- con estrategias ya anticipadas en este blog (y en otros sitios), conviene echar un vistazo al Partido Mediático.

La frase es una alusión al viejo “partido militar”, pero quiero ser preciso. No corresponde englobar a Clarín con La Nación, aunque en estos años hayan sido aliados, con Página 12, en postura enfrentada, o con el vérsatil Ámbito. El diario que fundó Roberto Noble es la herramienta comunicacional y política de un grupo económico de nuestro país. Muy importante, entre los de origen nacional; algo menos, si se toman en cuenta los transnacionales.

El hecho es que Clarín es un actor político clave, con una estrategia propia. Y está en medio de una reestructuración, que -algo menos conocido- provoca “sordos ruidos”. Y no está claro si será exitosa. Quiero compartir con ustedes una nota que subió hace tres semanas a su blog Martín Becerra, uno de los que más conoce de medios entre nosotros. Allí se anticipa, y juzga con alguna dureza, la transformación del diario que iba a empezar el 20 de octubre.

Ya habrán visto la nueva cara de Clarín (salvo los K de corazón puro, que no lo leen jamás). Se me ocurre entonces que eso permitirá evaluar mejor este artículo. Ahora no tengo tiempo, pero les prometo seguir con el tema.

Tras el anuncio de escisión en el grupo Clarín (ver “Separarse para expandirse” y “La posguerra tan ansiada“) se produce un temblor en el diario Clarín. Su público verá una de sus manifestaciones en menos de dos semanas. ¿La fecha? el 20 de octubre.

Ese día el diario Clarín saldrá con nuevo diseño, que no es sólo gráfico sino conceptual. Esto explica una parte de la sorpresa y el malestar que hoy se respira en la redacción de calle Tacuarí 1846. ¿Qué cambia? Varias cuestiones:

La conducción del diario (los “Ricardos” Kirschbaum y Roa) piensa en un destinatario ABC1 como eje de las modificaciones. Su hipótesis es que el diario papel generalista está acabado y en consecuencia que el futuro del diario papel está en el nicho del segmento sociocultural y económico situado en el vértice de la pirámide social.

Que Kirschbaum & Roa sean los mentores del rediseño y dejen afuera a la flamante e hipermasculina “Mesa Central” ya es sugestivo, por estar ambos formados y comprometidos con (y ser productos de) la etapa del desarrollo de empresas periodísticas que ahora definen como acabada.

La “gestión del cambio”, un mantra de la literatura empresarial, es cuanto menos precaria en este caso donde la improvisación y la desatención de variables esenciales del “cambio” son manifiestas. Por ejemplo, la “Mesa Central” de la redacción fue anunciada un domingo (14/8) y a los pocos días su integración variaría, ya que a uno de sus integrantes lo echaron del diario (!). La articulación de esa “Mesa Central” es compleja, la vieja guardia colocó algunos allegados como estrategia de control y quienes hasta hace poco trabajaban en otros medios y fueron contratados por Clarín con promesa de protagonismo tienen limitaciones para intervenir en el proceso en curso.

Con el nuevo rediseño del diario Clarín (que el 16/10 Kirschbaum narró acá) desaparecen los suplementos Sí!, Mujer y Ollas y Sartenes. La sección “Medios” que salía los viernes deja de publicarse. En tanto, iEco sufre un cambio de piel.

La conducción del diario decidió también crear una sección que podría llamarse “Vamos” y que absorbería parte de Sociedad y Espectáculos con un estilo descontracturado que toma como ejemplo al suplemento “Sábado” de La Nación (pero sería diaria). El malestar en la redacción se sublima con humor: la nueva y aún nonata sección “Vamos” ya fue rebautizada como “¿Adónde vamos?” (o “¿adónde carajo vamos?”). (Nota de Abel: finalmente fue Spot)

El cierre de suplementos que, paradójicamente, bien podrían sostener la aspiración de interpelar desde el papel al segmento ABC1 se complementa con el ajuste en la extensión de la propuesta cultural, Ñ (acaban de sacarle cuatro páginas). Este suplemento/semanario a su vez tendrá que lidiar con la superposición temática que la conducción del diario prevé con “Vamos”.

Además se incorpora Ignacio Zuleta (ex Ámbito Financiero) como columnista dominical con un panorama de rosca política. Este es otro síntoma de falta de timing, porque el periodismo de rosca política es de nicho, para “gente como uno”, es decir, sobrepolitizada, lo que aumenta la autorreferencialidad y el riesgo de endogamia que es uno de los factores que influyen en la llamada “crisis del periodismo” y que provocan mayor desinterés en sus producciones. Lo extraño es que Clarín, el diario más vendido en la Argentina y uno de los más grandes de América Latina, se ampute la representación policlasista que signó buena parte de su historia. Pero como dice Marcos Mundstock de Les Luthiers, “allá ellos”.

Otra novedad: los domingos Osvaldo Pepe, quien hace dos meses estaba de salida, tendrá a su cargo la publicación de una entrevista larga, al estilo de las que hace Jorge Fontevecchia en Perfil.

En el medio del rediseño, en el diario Clarín hay una oferta de “retiros voluntarios” que suma incertidumbre y malestar en la redacción y está relacionada con el proceso de ajuste en el grupo al escindirse entre sus unidades de medios, productoras de contenidos (Grupo Clarín) y las de transporte y distribución de datos y señales (Cablevisión Holding). Los “retiros voluntarios” se desarrollan con dosis menores de despidos directos.

¿Cuál es el tamaño de redacción pretendido por el plan de “retiros voluntarios” de Clarín? ¿Depende de ese plan la prolongación de la jefatura bifronte Kirschbaum/Roa? ¿El número pretendido de “retiros voluntarios” influirá en el anunciado relevo del viejo generalato que condujo el “periodismo de guerra” que ejerció la empresa entre 2008 y fines de 2015 (coincidente con casi completos los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner como presidenta, en respuesta al enfrentamiento también alentado desde el gobierno)?

En fin, tormentoso presente el de Clarín, con una reorganización corporativa, un rediseño conceptual y un ajuste de su redacción en simultáneo. Como dice Christian Schwarz, sería interesante saber qué consultora asesora en la reestructuración organizativa y periodística. Hoy hay editores a cargo de nuevas secciones sin redactores a cargo, incertidumbre sobre la continuidad laboral, jefes sin mando y mandos cuyas jefaturas se suponían, en la redacción, agotadas.

Tras esas referencias sobre los cambios que atraviesa y presentará en público el diario Clarín el 16/10, mi opinión general en este video:

10 respuestas a La segunda guerra de Clarín

  1. Eugenia dice:

    “Vamos” me hace acordar al slogan del GCBA “Vamos Buenos Aires”. Y Zuleta no es un consultor ligado al PRO? El Grupo está haciendo explícito su macrismo.

  2. Charli brown dice:

    Soy k de corazon puro. Gracias por la data.

  3. claudia dice:

    Muy interesante… “va a estar linda Buenos Aires” cuando se pisen el poncho entre matreros al robarse periodistas y perder matices específicos. Estas experiencias de reingeniería empresarial suelen terminar deshilachadas (y con los autores del cambio, tomándose el raje tras el fracaso, no sin antes argumentar que la tarea tenía tiempo de aplicación y fecha de finalización concreta).
    Ahora bien, Clarín “cultivó” sentidos comunes, como bien se apunta, desde plataforma policlasista. ¿Dónde irán a descansar sus odios las doñasrosas extensas si el diario deriva en ininteligible y selecto?
    En fin, desde ya, les deseo oportuno y sonado fracaso. Quizás, lo que no pudo el Kirchnerismo para con ellos, se lo terminen infligiendo a sí mismos, por aburrimiento caníbal. Porque uno de los duelos más difíciles (y a veces irresoluble) es del de perder el objetivo de batalla. No sé si la posguerra sea el mejor o más cómodo estadío para personajes tan siniestros. Saludos.

    • Raúl C. dice:

      Así es, Claudia. Pierden el objetivo.
      Quizá por eso continúan ‘tratando de derrocar a Cristina’, como dijo Edgardo Mocca, a 1 año de que dejó el gobierno.

      • claudia dice:

        Coincido, Raúl. El único objetivo que mantienen es la persecución implacable a Cristina. Ladran, Sancho… ¿verdad? De la misma manera que los cacareadores del “mi límite es…” hacen idéntico foco hidrofóbico en agrupaciones que no resultaron tan zombies tras la derrota; el discursito de Villa Palito desencadenó reuniones repentinamente amigables entre quienes se repelían antes de esta alocución (en inteligible castellano y no en argot bizantino tan del gusto de muchas vertientes peronistas).
        Mocca es un tipo brillante y secundo esa percepción respecto del derrocamiento fantástico que no fue pero aún puede ser en el universo alterno que muchos frecuentan. Pero en otros casos, hay veces en que la pifia llevado por el vehementismo. Como cuando infirió que la concurrencia en una misma semana de “laudatos” y la urgente vocación cafetera del FR, constataba una pretensión de “correr por izquierda al oficialismo” (¿cuá?). Algo que, a mi criterio, no fue más que mero reflejo defensivo del boinazo de Atlanta, por ejemplo.
        Por supuesto, nadie es tan ingenuo respecto de Clarin. Si se debilitan unas unidades de negocios, se abren otras mucho más pingües y estratégicas. Aunque ya sería tiempo de blanquear que esa corporación dejó de ser puramente “nacional” en virtud de algunos socios controlantes fuereños. Saludos.

  4. Gilbert Hérail dice:

    La “emergencia” Clarín creo yo que está relacionada con el ingreso de La Nación con canal propio anunciada para este mes.

  5. Esther dice:

    Mmm… No creo ser un “kirchnerista de corazón puro” pero nunca abro la página de Clarín. Me guío por una razón bien pragmática: si hay algo interesante que leer allí, ya me lo dirá Abel o alguno de los otros blogueros o comentaristas.

    Lo peor es que, como siempre, son los trabajadores los que la pasan mal.

    Excelente el video de Les Luthiers, ☺☺☺ y muy apropiado para el desorden de tanto cambio desorganizado…

    Suplemento “Mujer y Ollas y Sartenes”. Ese título es políticamente incorrecto en estos momentos. Muy políticamente incorrecto. Me parece lógico que lo eliminen.

    Esperable,también, que poden Ñ.

    «Lo extraño es que Clarín, el diario más vendido en la Argentina y uno de los más grandes de América Latina, se ampute la representación policlasista que signó buena parte de su historia.»

    No sé, no lo veo así, y no lo veo así justamente por un párrafo previo:

    «La conducción del diario (los “Ricardos” Kirschbaum y Roa) piensa en un destinatario ABC1 como eje de las modificaciones. Su hipótesis es que el diario papel generalista está acabado y en consecuencia que el futuro del diario papel está en el nicho del segmento sociocultural y económico situado en el vértice de la pirámide social.»

    Se están jugando al portal virtual como la estrategia de atracción policlasista. La página www no es la versión digital del diario en papel sino un portal de noticias.

    Digo, el sitio www de Página 12 es la versión digital del diario en papel. Atrae sólo a quienes quieren leer los artículos de Página. El formato es el del diario impreso, más una columna de “últimas noticias” y una para los suplementos. Salvo la publicidad (muy molesta, pero supongo que la necesitan…) no hay videos ni música, las imágenes son escasas y también el color. Más aún: no tienen abierto el sitio a comentarios.
    (¡Ojalá lo mantengan así, en nombre de todos los dioses, profetas, chamanes y santos de todas las religiones!)

    La página www de Clarín es el clásico portal de noticias, antiestético y conformado por un revoltijo de títulos enormes, videos, fotografías, es colorinche y ruidosa, plagada de “lo más visto” y chusmeríos y más chusmeríos. No guarda relación con un diario impreso, de hecho, hay que estrujarse la neurona para averiguar qué noticia corresponde al diario de hoy y qué no.

    Este tipo de portal apunta a un público sumamente variado, porque presenta una suerte de “horizontalidad”: al ojo, impacta simultáneamente una noticia política y cómo fue el encuentro íntimo entre Susana y Al Pacino, todo en la misma línea, sin tener que usar el cursor y a la misma distancia de un clic.

    Sí, apunta a un público variado, no sólo al que lee con detenimiento las opiniones económicas o políticas. Para el que no las lee, es suficiente con mirar de pasada los títulos… Incluso, quizás, sin detenerse en ellos, sólo dejando que esos títulos se maceren por sí mismos en su subconsciente.

    Es cierto que “público variado” no es sinónimo de “policlasista”, para nada. Pero es una diferencia que, entiendo, no es importante para Clarín.

    Un abrazo,
    Esther

  6. Daniel Eduardo Arias dice:

    Cuando en 1997 me fui de Clarín, lo hice para no tener que soportar la humillación de que me rajaran.

    La alerta me la dio la llegada de un consultor que entendía tanto de periodismo como yo de capar paramecios. Este perfumado pelotudo nos explicó, desde su encorbatada magnificencia Gucci, que no nos calentáramos más por chequear doblemente la información y otras zarandajas tilingas, como la ortografía o la sintaxis. Nos dijos que fuérmos pragmáticos como los jefes de la sección electrodomésticos de un hiper tipo Walmart. No hace falta dar calidades o garantías Electrolux, si todo el mundo está comprando cosas chinas que se rompen.

    Ahí me dije: “Aquí murió el periodismo científico. Estoy al cuete como bocina de avión. Mejor me voy”, y me fui. A Perfil, que fue como comprar un boleto en el Titanic: viaje lujoso pero cortito. A dos meses de salir a la calle, el diario cerró. Hoy es una revista de fin de semana con formato de diario.

    Pero me fui a tiempo. No bien cerró Perfil 1.0, Clarín echó a la calle a 37 profesores de letras que formaban su fuerza de correctores, gente que sudaba la gota gorda para darle cierta claridad gramatical y calidad ortográfica al efluente periodiístico crudo que producía una redacción cada vez más llena de treintañeros mal formados, peor pagos y con contratos basura.

    Luego echó al 40% de la redacción.

    Hoy Clarín reserva sus 3 correctores sobrevivientes para la tapa. El resto del diario en papel puede estar escrito en japonés, y eso no despeina a sus jefes, dueños y tampoco a los decrecientes lectores.

    La estrategia de posguerra de Roa/Kirschbaum asume una división muy clara entre entres asuntos que hasta hace un tiempo corrían juntos: influencia política, publicidad para el sector ABC1, y entretenimiento. No sé si es totalmente errada.

    Puedo creer que con su torpeza habitual, más típica de un Ministerio de la Información que de una empresa periodística, Clarín puede autodestriparse y en medio de su interminable pelea contra sí mismo, enredarse las patas con sus propios intestinos. No son únicamente los partidos políticos los que pierden su energía y filo en internas sanguinarias.

    La influencia política Clarín tratará de recluirla en el menguante diario de papel, que le resulta imprescindible a los mayores de ’40 que, ya sea por exceso de información o hipermetropía inicipiente, se niegan a leer en tablets el indescifrable merengue cholulo en que va deviniendo el portal.

    Clarín trata de parecerse a La Nación, salvo por el formato tabloid, porque quiere robarle el segmento de lectores ABC1 de papel. En parte para seguir instalando la agenda periodistica nacional: “Existen los temas que damos nosotros, el resto de los temas no. Y el que quiere silencio, que lo compre”.

    El Gran Diario Argentino (abreviado, el GDA) tiene una confianza suprema en su capacidad de inhibición de noticias inconvenientes o indiferentes a sus propios fines, o a los de sus avisantes, o a los de sus “protegidos”. ya sean gobernas u empresas muy corsarios. Eso puede costarle caro. O no.

    Se verá.

    El otro motivo por el cual Kirschbaum y Roa insisten en dirigir el diario de papel es porque, justamente por el poder adquisitivo de sus lectores, son el segmento publicatario más caro. Hace décadas que sueñan con robarse a los lectores de La Nación. Hace décadas que no pueden. En la Argentina, la gente se aferra a fielmente a su diario desde la adolescencia a la tumba. Es alguan cuestión identitaria, como el ser hincha de un club. Por lo mismo, Clarín no pierde el sueño por perder lectores. La gente que no lee, cada vez más, prefiere mirar TN aunque le taladre la cabeza con 5 noticias diarias, o huevear por el amorfo portal de noticias.

    Lo que es patente es que La Nación hace años que viene tratando de parecerse a Clarín, para que ese robo de lectores no suceda. Y lo hace impunemente, apoyada en un nuevo público que hereda la crisis de la educación argentina durante y después de El Proceso, y cuyos problemas de lectoescritura, comprensión de textos y cumplimiento mínimo de códigos de convivencia, evidenciados en las réplicas de los lectores de la edición online, le permite al viejo diario de Mitre estar escrito cada vez más por brutos y para brutos.

    Las reestructuraciones internas, achicamientos de planta, despidos duros y puros y grandes “jubilaciones anticipadas” para terminar con los suplementos culturales están a la orden del día en ambos diarios desde hace cinco o seis años. La sociedad conjunta en Papel Prensa ya no determina tanto “affectio societatis” entre el GDA y “La tribuna de opinión”, o que se cumpla a rajatablas el pacto secreto de no sacarse periodistas de primera línea entre sí.

    Lo interesante es que en la lucha creciente por retener a lectores con cada vez más plata y menos cultura, ambos diarios de papel se copian el uno al otro hasta el modo de escupir, como habría dicho Borges. Y en eso también hay riesgos.

    Clarín prácticamente destruye el suplemento Ñ, mientras La Nación echa a casi toda su planta del exitoso ADN, y pone este suplemento bajo dirección de un diseñador gráfico. Y en esto hay riesgos: Buenos Aires sigue siendo la única ciudad latinoamericana donde conviven casi 400 librerías de papel, bancadas por un público que todavía ojea las mesas para ver qué se lleva. OK, parte de este público, acaso el 50%, compra bazofia de autoayuda, pero el resto de los compradores son la envidia de los escritores sudacas y españoles. Y el pobre lector de calidad está frito si espera algún consejo por parte de los dos suplementos de los dos grandes diarios.

    La reflexión de Esther es muy atinada: Página 12 online no difiere radicalmente de su versión en papel, mientras que las los portales amorfos en que se van transformando las versiones online de Clarín y La Nación se parecen cada vez menos al producto vendido en quiscos, cuya calidad está también a la baja en ambos casos. Guatemala o Guatepeor.

    Página 12, en cambio, sigue manteniendo “la estructura H” nacida en los ’90, cuando los redactores y editores trabajaban simultáneamente para las versiones impresa y online, que no diferían en nada. Lo hace porque el costo de distribuir papel en un diario que alcanza a tener influencia nacional en un país de 2,7 millones de km2 es prohibitivo. Y sin idealizar el producto, que a veces es monótonamente predecible e incluye mucha sarasa incomprensible escrita por plumas Nac & Pop pero confusas, creo que este diario apuesta a quedarse y lo está logrando contra viento y marea. No desaparecerá fácilmente. Siempre tendrá algún padrino. Espero.

    Creo que en cambio los medios grandes se han quedado compitiendo por una Argentina culturalmente residual, post-procesista y post-menemista. Y en ello también hay riesgos.

    Los hay porque sospecho que el país no es ni la mitad de pelotudo de lo que creen quienes dirigen ambos medios, que no tienen pudor alguno en retener alguna credibilidad.

    La supervivencia obstinada de Página 12, si bien es posible gracias al salvavidas del SUTERH, es un indicador de que los dos grandes multimedios se pierden, a fuerza de mentir por omisión y por acto de un modo tan flagrante, un mercado que existe, que no es marginal y que los rechaza. La persistencia sin salvavidas y en formato de fin de semana de Tiempo Argentino, diario controlable sólo por atentados contra la redacción, sugiere lo mismo. Hay lectores que todavía aspiran a informarse, no a aturdirse.

    Lo que es más claro de todo este proceso es que las patronales de ambos grandes multimedios, ya con parte de sus acciones vendidas a otros multimedios del exterior, sabe que la plata real se hace hoy como “carrier” de información más que como generador de contenidos. La parte del grupo Clarín que se queda como cablera y ISP (proveedor de internet) + lo que manotearon de telefonía celular y de licencias de TV es la que tiene la porción del león, midiendo las cosas en plata.

    Si miramos la cosa desde la integración vertical del negocio, Clarín y La Nación viven ya en un mundo perfecto: generan la información que les conviene, inhiben la publación y distribución de la que no les conviene o resulta indiferente, y ya está. Controlan todo. Y cobran en todos lados.

    Y mi pálpito es que se equivocan, porque el país -sin querer idealizarlo, (después de todo, llegó al dislate de tener que elegir entre el Motonauta Inundado y el Mau y eligió al más Mau), sigue siendo menos tonto de lo que se cree.

    O eso espero.

  7. Mariano T. dice:

    A mi el papel me parece una batalla perdida

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