Nobel para Dylan: los tiempos están cambiando. Pero no tanto

bob-dylan

Empiezo con lo primero que pensé: esta vez la Academia sueca la pegó. Después de distinguirse más por los grandes a los que no eligió, que por los esforzados artesanos, y sus aún más esforzados traductores, a los que premia por sus adecuadas posturas políticas la mayor parte de las veces.

Bob Dylan es un grande. Y es cierto que -como leí en el tuit de un amigo, mala persona, como todos los tuiteros brillantes- sus letras son mejores que su voz, así que el Nobel de Literatura corresponde.

Pero hay algo que estaba dando vueltas en mi cabeza, y al fin lo encontré: estos suecos académicos ¿no habrán visto la película “El ciudadano ilustre”, la escena del discurso que da Oscar Martínez al recibir el Nobel de Literatura? Y, después de mandarse algunas botellas de aquavit, decidieron darle una lección a ese sudaca insolente?

Entonces, quiero compartir con ustedes unas frases de algo que escribió hace poco Juan Becerra, un escritor que no se propone ganar el Nobel. Hizo una crítica de la película, pero también dice algo sobre los premios. Agrego mi comentario sobre éste de Dylan al final:

En 1964, Jean Paul Sartre rechazó el Premio Nobel de Literatura después de haber intuido que lo iba a recibir y de pedirle a esa extraña mafia de suecos con cuello palomita que no se gastaran en concedérselo. El desaire se explica menos por la militancia de Sartre en el PC francés (un sólido star system de los ‘60) que por detectar que se lo iban a dar a pesar de ser comunista, es decir que el premio más occidental del mundo lo iba a utilizar de bandera ecuménica para lavar sus trapos sucios.

Lo que Sartre lee en esa maniobra -no se le iba a escapar esa revelación de entrelíneas justo a él, gran lector de Flaubert, Genet, Marx y el Ser- es que ya en 1964 el Premio Nobel de Literatura era un Premio Nobel de la Paz y que la perilla que lo activaba era la de la corrección política y las leyes de la compensación ideológica.

Casi treinta años antes del desplante de Sartre, Jean Cocteau escribió en Opium – Diario de una desintoxicación: “X rechaza una condecoración. ¿De qué sirve rechazarla si la obra la acepta? La única cosa de la cual uno puede enorgullecerse es de haber hecho su obra de un modo tal que a nadie pueda ocurrírsele darle una recompensa oficial por su trabajo”.

César Aira recreó esa idea cuando dijo que lo peor de un premio no era aceptarlo sino merecerlo. Aira: ¿no es acaso su fantasma el que se agita en El ciudadano ilustre, la película de Mariano Cohn y Gastón Duprat? Si bien la literatura de Daniel Mantovani (Oscar Martínez) se deduce como un desprendimiento de cierta escuela naturalista -territorio que Aira no pisaría ni borracho-, lo que tiene de airana la película es que Salas, el pueblo imaginario donde sucede la historia (que en la realidad geográfica se corresponde con Navarro) podría ser Coronel Pringles, el pago de Aira. También, y aún cuando no haya ninguna posibilidad de palpar hoy la materialidad del futuro, la sospecha de que Aira podría ser algún día Premio Nobel de Literatura como lo vaticinó Carlos Fuentes, aunque sería un hecho inédito que se le concediera el cetro de rey de las letras a alguien que nunca se gastó en dar señales políticas aptas para todo público.

Lo cierto es que en El ciudadano ilustre, el discurso de Daniel Mantovani cuando recibe el Nobel de Literatura es un homenaje a la resistencia ambigua de Sartre (Cocteau también tiene su mancha de tuco en el traje: fue miembro de la Academia Francesa). Digamos que lo acepta por la vía del desprecio. Somete a la humillación a las autoridades que lo ensalzan, les dice en la cara quién es él y quiénes son ellos, pero recibe la consagración. Es el primer acto que vemos de Mantovani y se encuadra en el cinismo porque al rechazo ideológico del premio le sucede su aceptación material. La máquina de pisar brotes de maniqueísmo comandada por Cohn y Duprat ya encendió la chispa de la combustión“.

¿Se dan cuenta de porqué me acordé de la película, y de esta crítica? El premio a Dylan es una cachetada al viejo snobismo de “litterateurs” del que aún un grande como Borges no estaría libre. Pero la obra de Dylan es un monumento a la corrección política, aunque -seamos justos- él fue uno de los constructores de la versión actual, no un tímido seguidor.

Y lo que no cambia es la más poderosa tradición del Nobel: se premia a los viejos. Por eso, quiero que le hagamos un desagravio: escuchemos a Bob en The times, they are changin´, hace 52 años.

11 respuestas a Nobel para Dylan: los tiempos están cambiando. Pero no tanto

  1. ram dice:

    Bueno, como uno definitivamente no es tan serio como la academia sueca, apenas puede esbozar una sonrisa con este Nobel a la “Literatura” de Bob Dylan, vamos, que si le dieron el premio por la Paz a obama y kissinger….. al ex muchachito de la voz de rallador podían premiarlo por Física, Química, Medicina, por cualquier cosa estaba bien, bah!

    • Abel B. dice:

      Como ve, ram, no estamos de acuerdo en la valoración de Dylan (no Thomas). Pero a lo mejor podemos encontrarnos a mitad de camino con Irvine Welsh, el autor de Trainspotting, que dijo: “Soy fan de Dylan, pero este es un mal pensado premio nostalgia arrancado de las próstatas rancias de hippies seniles”

      • ram dice:

        El Nobel a Dylan, tiene olorcito a tontería, que muy probablemente Dylan no se merezca porque, para empezar, cualquier “valoración” de ese estilo ya fue, quizás hubiera significado algo hace 50 años, ahora ya soplaron demasiados vientos….. no fuí ni soy fan de Dylan, tal vez entre lo bueno del tipo es que hubo y hay tantas versiones de su laburo que “alimentó” a todos, o casi todos. Ahí hay mucho más premio que en un Nobel medio inexplicable, o sí, un Nobel “hippie senil”.

  2. Graciela Dominguez dice:

    Me parece q los que pisamos brotes de legitimidad somos nosotrxs si le seguimos dando bola a premios q decimos q no son relevantes en ningun sentido…

  3. adrián savino dice:

    Se lo dieron por su versión “correcta”, seguramente, y no por cosa como esto. Saludos!

  4. Daniel Eduardo Arias dice:

    Creo que las causas por las que un escriba se liga un Nobel en literatura son variadas y no siempre explicables.

    Que se premie a un creador de lo que hoy -pero no en los ’60- era corrección política está bien. En ciencias duras a veces le caen con el Nobel a tipos que inventaron paradigmas hace 40 o 50 años, y justamente porque siguen vigentes. Pónganle, Carlo Rubbia con la Standard Picture de las partículas subatómicas, que en realidad no inventó él, pero se terminó de consagrar en el CERN bajo su dirección.

    Otras veces con ese premio la caen a otro tipo trascartón de haber reinventado éste la pólvora, como le pasó a los creadores de esa nueva forma de agregación del carbono, los fullerenos, todavía una solución en busca de problemas. Nobel al toque.

    No discuto uno ni otro modo de ligarse un Nóbel.

    Me parece que lo de Dylan no era literatura, al menos no de un modo directo, pero ayudó a bastante gente a entender el modo en que ésta trataba de entender el mundo de los ’60. Eso vale. No sé si un Nobel, pero vale.

    Muy bueno lo de la mancha de tuco de Cocteau. Sin duda, ser un miembro de la Académie Francaise es impresentable, pero viene con un sueldo de lo más paquete. Yo agarraría viaje.

    Tampoco me negaría a un Nóbel, pero no sé muy bien de qué.

  5. Cine Braille dice:

    Borges ya bardeaba al Nobel en Crítica, 21 de setiembre de ¡1932! Parece que Manuel Gálvez mandó carta reclamando el Nobel, y Borges se burla. “Ese documento, en su lógico afán de ser colectivo, reclutó algunas firmas universitarias: ya tan desconocidas aquí que en Estocolmo las pueden ignorar hasta el punto de creer que son famosas. Además, el sensacionalismo geográfico es una de las tradiciones del premio Nobel. Sin duda, Benavente y Echegaray fueron agraciados por el solo prestigio de la música de Bizet; el bengalí Tagore debió su lucrativa apoteosis a la circunstancia natural de ser bengalí, y Sienkiewicz era satisfactoriamente polaco. Esa versatilidad significa que antes o después del Juicio Final los suecos nos decretarán a los argentinos un escritor equivalente a George Bernard Shaw, y que ese oficializado escritor puede ser un Gálvez. Todo país será glorificado a su tiempo”.
    Esto está en Textos Recobrados, 1931-1955.
    Saludos.

  6. Oscar Cuervo dice:

    El premio Nobel no importa nada. Dylan es el gran artista vivo y los que comentan este post se ve que no conocen la obra inmensa de Dylan, y piensan que fue un hippie de los 60. No tienen idea de los discos que sacó desde Time out of mind, probablemente el mejor de su carrera. Pero en un blog hay que opinar de cualquier cosa sin saber. Está bien.

  7. Capitán Yáñez dice:

    El compañero Zimmerman es una rara avis artística. No es un músico que escribe letras sino un poeta que pone música. Y con la peculiaridad de que la música que le pone a sus poesías admite con sorprendente naturalidad lánguidas versiones (las suyas), rockeadas algo más fuertes (James Taylor y Carly Simon en la mentada Los tiempos están cambiando) y rock cuasi duro (los Gun´s & Roses en Golpeando las puertas del cielo, para mi gusto lo mejor que hicieron Axl y los suyos).
    A la pasada, hoy escuché por radio a alguien -no sé quien… fue a la pasada- decir que “está bueno que le den el Nobel de literatura a un poeta, porque los poetas son una especie en extinción”.
    En cualquier caso… “la respuesta, amigo, está en el soplido del viento”.

  8. vale dice:

    me gusta dylan, pero como creo que la poesía tiene que ver con la identidad y las raíces ( aunque parezca cursi), yo le daría el nobel a estas si alguien le diera la posibilidad a la argentina de competir..si de poesía se trata…aunque es absurdo suponer que la poesía se haga para competir.
    …y hay tantas otras nuestras con capacidad de hacerme temblar la sangre que me resultan más significativas….ojo que la elegida por la academia sueca me encanta.

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