Argentina Nuclear, 2016 – XVI y XVII

Otros dos capítulos cortos. Éstos mayormente de una década idealizada: los ´60 (Hello, Bob).

Épocas fáciles de idealizar: ¿por qué la plácida sonrisa del Tío Sam?

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En 1957 Dwight Eisenhower crea simultáneamente el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la política “Átomos para la Paz”.

Para entender la plácida sonrisa con que el Departamento de Estado veía nuestro despliegue nuclear entre 1950 y 1967, no alcanza con su benevolencia hacia “La Libertadora” de Rojas o con la simpatía que tuvo después por “La revolución argentina” de Onganía. Nuevamente, hurtaré de Hurtado. Detrás había una política sagaz, pero hoy impensable y olvidada.

“…El programa Átomos para la Paz, promovido por el presidente norteamericano Eisenhower desde fines de 1953, fue decisivo. Programa polivalente, concebido como instrumento de lo que Eisenhower llamó “guerra psicológica”, Átomos para la Paz se propuso, entre otros objetivos, que la industria norteamericana fuera la primera en establecer vínculos comerciales con los estadios iniciales de los programas nucleares de los países en desarrollo. Como explica Medhurst (1997: 588), “una vez establecida, la tecnología norteamericana sería difícil, sino imposible, de sustituir”.

Sigue Hurtado, ahora citando a “Jorjón” Sábato: “La Argentina se integró al programa Átomos para la Paz y el 29 de julio de 1955 firmó un acuerdo de cooperación con los Estados Unidos -idéntico al firmado por otros 25 países entre 1955 y 1961- el cual sostenía que este país suministraría el uranio enriquecido para los futuros reactores de investigación argentinos. El objetivo del programa nuclear argentino durante estos años era la instalación de reactores de investigación y el acceso a toda la ayuda técnica y financiera extranjera que fuera posible.”.

El artículo completo de Hurtado se encuentra en Revista iberoamericana de ciencia tecnología y sociedad, versión On-line ISSN 1850-0013, vol.7 no.21 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./dic. 2013. Vale la pena.

Si necesitamos a Rafael Grossi en el OIEA es porque hoy la situación es MUY distinta.

Cuando le vendimos tecnología nuclear argentina a Alemania Federal

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Cuando un científico y un militar hacen equipo… Arriba, el físico Bob Oppenheimer y el general de brigada ingeniero Leslie Groves en el cráter de Trinity, la primera bomba A de la historia. Al centro, el metalurgista “Jorjón” Sábato y abajo el contralmirante Pedro Iraolagoitía, interesados en NO hacer una bomba.  

En 1958, 6 años antes que la República Federal Alemana inaugurara su primer reactor nuclear, la CNEA puso crítico el RA-1 en el Centro Atómico Constituyentes, diseño y fabricación 100% nacional, incluido el núcleo (aunque no el uranio enriquecido al 90% del mismo). Era una copia fiel del Argonaut del Argonne National Laboratory de Chicago, al cual, con el beneplácito de Eisenhower, nuestros reactoristas habían tenido acceso pleno.

En la lucha de prestigios atómicos ya desatada en el Cono Sur, Brasil nos había ganado por un año en poner crítico otro Argonaut. Pero el de ellos había sido comprado “llave en mano” y sin cambiarle ni un tornillo, propiamente sacado de una cajita, como se regocijaba en criticar “la mafia del Jorjón”. Y Alemania todavía no pintaba en el escenario nuclear.

Nuestro Argonaut era “Nac & Pop”: había sido hecho por un total de 67 empresas argentinas a las que Sábato se empeñaba en comprometer en el Programa Nuclear, habilitándolas –a través de una institución que menciono después- a un nivel de calidad en materiales y tolerancias al que jamás habrían accedido por su cuenta. Subrayo esto: lo único importado del nuestro era el uranio 235 enriquecido al 93%, suministrado por los EEUU. Pero incluso la aleación uranio-aluminio y la fabricación de las placas del núcleo las había resuelto el grupo de combustibles de la CNEA.

En esta obra preliminar, Sábato buscó agrupar un “pool” de PyMES y grandes contratistas para llevarlos a “calificación nuclear”, capaces de fungir de proveedores: el SATI, o Servicio de Asistencia Técnica a la Industria. Lo fundó en 1961 con la Asociación de Industriales Metalúrgicos y su propio Departamento de Metalurgia, y un planteo de reclutamiento astuto.

La idea era primero resolver con investigación y desarrollo CNEA los problemas concretos que trajeran los industriales, muy al modo de las asesorías del recién creado Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), aunque con “hard” y “soft” más potentes. Y es que la metalurgia de la CNEA incorporaba la física cuántica y herramientas de cálculo muy sofisticadas: podían explicar y predecir el comportamiento físico-químico de aleaciones experimentales en condiciones extremas. Esto apuntaba más arriba que el nivel de ingeniería corriente en la industria criolla de los ’50, todavía copiona y sustitutiva.

La intención real del Jorjón era “evangelizante”: Como dice Hurtado, el resolverle problemas concretos a las metalúrgicas “haría posible difundir nuevos métodos de producción, el uso de nuevos metales, materias primas, máquinas e instrumentos, desarrollar mejores métodos de control de calidad, adecuarse a las características propias del mercado local”  y “…preparar a la industria del país para la profunda transformación tecnológica que se producirá en los próximos años”. En buen criollo, eso era formar industriales capaces de hacer tecnología avanzada que fuera apartando al país de su vocación de vendedor de naturaleza cruda: Sábato quería sustituir exportaciones, no importaciones.

Como “proof of concept” preliminar, al año de funcionar el RA-1, tocó el timbre Alemania Occidental. Quería el “know-how” de cómo hacer elementos combustibles de aleación aluminio-uranio. La CNEA disimuló la sorpresa, tragó saliva y se lo vendió.

Quién iba a pronosticar que sólo 9 años más tarde los alemanes nos tocarían el timbre para vendernos una central de potencia. Y de yapa, una no testada, un perfecto prototipo. Que no es lo mismo que un prototipo perfecto. No existen.

3 respuestas a Argentina Nuclear, 2016 – XVI y XVII

  1. Capitán Yáñez dice:

    Mi siempre muy estimado blogger no más en jefe… una de las escenas más impresionantes que ví en el cine fue un diálogo inolvidable -no por el diálogo en sí sino por los actores- entre Brando y Pacino (huelga dar los nombres) en El Padrino, un juego de gestos “faciales” verdaderamente monumental, pues los dos están sentados y apenas se mueven. En algún momento Corleone padre pregunta por su nieto y Corleone hijo responde “lee comics”. Con una de esas sonrisas que sólo Brando pudo hacer frente a una cámara retruca: “así que lee comics… ¿eh?”.
    Habría que revivir a Brando para que frente a una cámara dijera “así que Átomos para la Paz… ¿eh?”
    Sólo Marlon Brando sería capaz de explicitar en un gesto y pocas palabras el ancestral cinismo anglosajón que los yanquis heredaron y transformaron en religión.
    Ahí andan la Hilaria y el Donald “debatiendo” para afirmar el aserto.

  2. Alcides Acevedo dice:

    Qué malvados los norteamericanos… el primer reactor que construyó Argentina era copia del Argonaut ¿ingeniería inversa? no, los norteamericanos permitieron acceder al diseño, ahá… encima nos proveyeron del inestimable uranio al 90% para que funcione el reactor, y todo con el mezquino propósito de esclavizarnos con su tecnología… mamita.

    Por supuesto le vendimos tecnología nuclear y metalurgia a los pobres alemanes que estaban en bolas al respecto ¿cuántos especialista nucleares y en metalurgia había en Argentina por aquel tiempo? los contamos con los dedos de la mano, incluso Sábato era autodidacta… pero bueno…

    Y si fuera cierto que la tecnología nuclear necesariamente promueve un “derrame” que nos podía convertir en potencia mundial no se entiende por qué Rusia, que tiene un montón de tecnología nuclear y espacial, vive de las materias primas ¿cómo lo explican?

  3. Gracias, gracias, gracias. Habría quehacer un video con estas cuestiones para los colegios secundarios. Ay!!

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