Del Encuentro Nacional de Mujeres

(Este texto ya fue subido hoy en el blog de Artemio. Su publicación aquí es, entonces, simplemente una forma de solidaridad con lo que dice).

mujeres

Hay una parte de lo que sucede en los Encuentros Nacionales de Mujeres que nunca se cuenta. Me pregunto si no se enuncia porque es políticamente incorrecto hablar de eso; si es que en realidad es un relato secundario; si queda velado porque son hechos aislados y de un grupo marginal; o si en verdad resulta prioridad hablar de la avanzada violenta de la policía que es lamentable, preocupante y repudiable. Quizás sea un poco de todo. Pero al final, hay una parte de lo que sucede en estos encuentros que sigue sin contarse. En los medios de comunicación masivos, progresistas y entreguistas, siempre sale la misma noticia: un grupo de militantes feministas se enfrenta a militantes religiosos que rodean la catedral del lugar y la policía reprime. Es tan conocida y reiterada la escena que hasta una podría llegar a sospechar (sin justificar la violencia institucional, claro está) de la intencionalidad de las/los protagonistas.

Con amargura, esta vez tampoco fue la excepción.

Sin embargo, insisto en que hay dos cosas que quedarán ocultas para siempre. En primer lugar, nadie va a mencionar las prácticas despóticas de una fracción, de una fracción, de una fracción de la izquierda intransigente que no va a discutir, que impide que queden plasmadas las disidencias que sí existen entre las participantes y que sólo le preocupa que en el documento final diga lo que ellas quieren que diga. Con fines ilustrativos, en uno de los talleres de organización barrial, un grupo de militantes se opuso a que el documento final exigiera la libertad de Milagro Sala. En uno de aborto legal, se decidió omitir en la relatoría la posición disidente de un grupo de religiosas que habían participado. En un taller de sexualidad, la coordinara quiso echar a dos adolescentes que se acercaron a preguntar qué era la bisexualidad. Seguramente fueron hechos excepcionales, pero para la próxima habrá que prestar más atención porque la expulsión nunca puede ser el propósito de encontrarse.

Lo mismo pasó con las paredes de Rosario que quedaron pintadas con proclamas que no fueron debatidas, que no representan a la mayoría y que no promueven un avance en la lucha de las mujeres para alcanzar la demorada igualdad: “aborto y me divierto”; “la heterosexualidad es el opio del pueblo. Castración”; “la vida es corta, hacete torta”; “chucha con chucha, es la lucha”; “cuando comía carne, pensaba como mi papá”; “abortá por si te sale rati”; “machete al machote”; “muerte al macho”; “ni mujer, ni bonita, lesbiana feminista”. Esto también es violencia, genera rechazo y, para peor, resulta ser la acción de una minoría noticiable.

Nada bueno sale del odio. Ese no es el camino para exigir la igualdad, la justicia y la democratización en el espacio doméstico y en la arena pública. Esa no es la forma de sumar a más mujeres y hombres a pensar la desigualdad reinante. Estas prácticas de una minoría enardecida, también merecen el repudio de la mayoría que participa para construir más ciudadanía para las mujeres.

En segundo lugar, y más lamentable aún, nadie va a hablar de los enriquecedores debates que dieron las miles de mujeres que se encontraron para pensar(se) con otras sobre su lugar en la vida pública, en las organizaciones sindicales, en los barrios donde viven y militan, en la actividad artística y cultural, en el poder político, en las escuelas y las universidades, en sus organizaciones de base, en sus partidos políticos y en sus casas. Nadie va a escribir sobre las estrategias que se dieron las trabajadoras para exigir una guardería en el lugar de trabajo o para pelear un lugar en la lista de delegados; tampoco van a hablar de las hojas y hojas de apuntes con experiencias exitosas para resolver los problemas que comparten muchos barrios humildes; nadie va a contar las emociones que se juegan cada vez que alguna relata un triunfo o una derrota; tampoco van a publicar sobre los litros de mate compartidos, los pastelitos y las tortas fritas caseras que giran en ronda; ningún diario va a mencionar las listas de teléfonos y mails para seguir en contacto a pesar de la distancia; menos que menos van a mencionar la potencia y el impulso que se genera al encontrarse para seguir haciendo al volver.

Nadie cuenta eso que nunca se cuenta cuando termina un Encuentro Nacional de Mujeres. Y hasta una podría sospechar que hay gato encerrado, que hay una fuerza que opera para que así sea, porque ¿cómo puede ser que siempre sea la misma tapa de diario? ¿cómo nos pasa que nunca es noticia que 70 mil mujeres de todo el país se congregaron para discutir, reflexionar, apasionarse, contar experiencias, plantear preguntas, diseñar estrategias y difundir información valiosa?

Espero que el año que viene no tengamos que volver a repudiar la violencia policial, ni a lamentar heridas. Espero que podamos dedicarnos a hablar de estas cosas. Pero que contemos la historia entera, sin idealizar un espacio en donde se dan disputas de sentido, de forma y de contenido. Las nuevas mayorías se construyen así: señalando los avances, pero también los límites que hay al encontrarse para pensar un proyecto general que nos incluya con justicia e igualdad a todos y a todas.

Manuela Hoya, militante de la JPBA La Cámpora La Plata.
Foto: Paula Di Carlo, militante de la JPBA La Càmpora La Plata.

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16 respuestas a Del Encuentro Nacional de Mujeres

  1. espero esclarecedores comentarios (claudia, please!) xq con las notas del página/rosario12, quedé tan confundida como ellos (les pasó igual con la marcha por seguridad).

    confusiones donde pescaron los “socialistas” y el pro, ahora unidos por la inefable gendarme mayor.

    coincido en que es lamentable (sin el “más”) que sólo se difunda la represión a las “provocaciones” (¿hubo algo más que pintadas? pedir pena de muerte, como hacen los blumberg’s, nunca será provocación).

    pero para informarse está la prensa alternativa.

    • claudia dice:

      Como vos, Analía, yo también quedé pagando frente a los hechos de Rosario, imposibilitada de certezas, desde Bs.As. (donde ahora resido). Porque la batahola no permitía demarcaciones ni causas-efectos tan terminantes. De lo reprobable y desmedida de la represión gubernamental, no guardo dudas, pues si alguien tira balas de goma al rostro con la posibilidad de arrancarle un ojo a un manifestante, estamos hablando de ausencia total de racionalidad en los efectivos y de cero liderazgo institucional sobre ellos. En cuanto a intencionalidades represivas,si bien la provincia viene de suscribir horrendos acuerdos con Nación y eso ya predispone al retroceso paleolítico, no puedo descontar que lo aleatorio metiera la pata en esos disturbios porque no siempre la Historia se escribe desde lo causal sino que a veces el azar más absurdo la reescribe.
      Como viví allí y me tocó presenciar varios de esos encuentros, te diré que la ciudad al principio se relame con la promesa de consumos comerciales abiertos por ese Congreso y luego se espanta cuando las huestes femeninas confrontan con los rosarinos medios, bastante más tranquis que el marketing libertario que se vende de la ciudad, por lo cual, convalido que las autoridades entran en pánico y habitualmente, el encuentro termina en caos, por una mezcla de prejuicios locales y desmesuras importadas. Saludos.

  2. claudia dice:

    Ningún colectivo puede excluirse de las contradicciones que, a gran escala, atraviesan nuestra sociedad. Menos una reunión de 70.000 almas. En otros blogs asomó idéntica crítica al Encuentro, idéntica perplejidad por sus revulsiones, escarmientos y silencios.
    La general condena a la política, tan en boga, surge de asignarle la culpa sobre todo mal argentino, estimulando en los colectivos diversos la fantasía de que existen territorios incontaminados adonde lo político no mete baza. Una creencia de que la política no incide en esas realidades y que, quien la frecuente, reporta a universo alterno al reclamo puntual. Y es desde esa pretensión de asepsia imposible que se vertebran las veladuras. El caso de Milagro Sala es tristemente emblemático; su actuación social y política parece contaminarla e imposibilitar que se la perciba como humanidad, como víctima y como mujer. Porque Milagro pasa a reportar excluyentemente al colectivo “políticos” o “militantes”.De la misma manera, otro colectivo, el de las madres de las víctimas de inseguridad, rechaza en su acto a esas otras madres cuyos hijos fueron idénticamente victimados en situación de inseguridad, pero a escala estatal, mayor y sistematizada en dantesca operatoria.
    Este no poder reconocer al Otro como participando, más no sea, de una proporción de la problemática que reúne, es una falla insignia de una población que declama senderos intermedios pero que se siente más cómoda, en realidad, en los extremos, repeliéndole el territorio de las intersecciones. Manuela apunta, magistralmente, a nuestra propia violencia interna – POR CASUALIDAD, FEMENINA – que inclina a la imposición graffitera, actitudinal o discursiva, cuando el acuerdo social aparece complicado o demasiado mediato para validar paciencias.
    Cuando en varias oportunidades supe decir que desconfiaba de las potestades excluyentes de ciertos colectivos en tanto decididos por el reduccionismo, me cayeron todas las furias encima. Por ejemplo, porque no gusto de caracterizar la violencia como exclusivamente de género al entenderla dedicada, siempre, a toda clase y color de vulnerables. Son estas clasificaciones, en realidad, visiones intemperantes tildan de sectarios a los demás sin percibir, dentro de sí, su propia vocación excluyente. Saludos.

  3. Julio dice:

    ..chucha con chucha
    es la lucha;
    ni los guachiturros sintieron tamaña inspiración.

    …portaba una genética amanecida,
    su desenvolvimiento maravilló a todo ser que la conoció,
    hasta el paso del tiempo la elevó en belleza,
    fue la mujer que encantó al sol y lo hizo atardecer,
    ¡oh, patria Tehuelche,  Guaraní y criolla!
    ¡oh, república Argentina!
    ¡oh, doctrina justicialista!

    saludos muchachos.

  4. Pablo Etchevehere (sin parentezco con Luis el de la rural) dice:

    Existen dos tipos de lesbianismo. El social o festivo y el militante. este ultimo es anti masculino feminista extremo y muy agresivo.

  5. Capitán Yáñez dice:

    ¿Se permite en este blog una insultante incorrección política?
    La “raza” y el “género” me tienen los h… por el piso.

    • claudia dice:

      Capitán, aplaudo su sinceridad. Me pasa igual. En verdad, el país está que arde, con las personas cayéndose por las cornisas, sin distingo de forma y color; no da para discusiones bizantinas (aunque convengo que el texto de esta piba Manuela es muy honesto y, anticipo, le va a granjear seguro aquelarre). Saludos.

      • ricardo j.m. dice:

        es que discutir en un marco de ” mundo de hombres ” cuando es un mundo de clases es ridiculo, es pedirle al dueño que afloje la correa pero seguir atado

  6. Mariano T. dice:

    En Mar del Plata el año pasado fue casi lo mismo. Mi hija fue con un grupo de la facultad a un taller, el primer día bien, el segundo volvió espantada “Estan todas relocas”. Y en el cierre vinieron los incidentes. Parecen lo que antes eran los fans de los Redonditos, de todo menos cerebro.
    Y reprimieron los socialistas, no los macristas

  7. victorlustig dice:

    la duda es por que desde una posicion de genero, etc, mezclan la politica las redactoras, maxime teniendo en cuenta la posicion de CFK frente al aborto y las andanzas de Ottavis (ese, de la misma posicion politica y en el mismo lugar ideologico) con el genero opuesto.
    si hubieran firmado con su nombre nomas, mezclar La Campora ahi? suena a panfleto y no a reflexion.
    No se, visto desde afuera subirse a la tribuna, decir cosas lindas y militar en un lugar donde las posiciones no son las mismas, que se yo

  8. […] y a otras recientes. Esta sí la han hecho mujeres, militantes de esta causa. Recomiendo este texto, escrito con nobleza. En estas marchas aparece a menudo un sectarismo de signo inverso, que rechaza […]

  9. “Ese no es el camino para exigir la igualdad, la justicia y la democratización en el espacio doméstico y en la arena pública. ”

    En eso tiene razón el autor: pintar las paredes no es “exigir” el espacio público, sino salir a tomarlo de hecho.

    La mayoría de los hombres ha llegado a aceptar que las mujeres peleemos por nuestros derechos, pero les sigue resultando inaceptable que los ejerzamos.

    “Esa no es la forma de sumar a más mujeres y hombres a pensar la desigualdad reinante.”

    Pintar paredes no es un intento de sumar personas, es una forma de denuncia.

    A muchísimas mujeres cuando van a denunciar la violencia les dicen “que esa no es la manera de resolverlo”. Se lo dicen las mismas personas que deberían tomar la denuncia y hacer algo al respecto.

    La denuncia ya quedó por escrito en las paredes. ¿Van a tomar esa denuncia, y hacer algo al respecto?

    ¿O van a repetir el mismo mecanismo que garantiza nuestras muertes, una y otra vez?

    • Mariano T. dice:

      Pintar paredes es vandalismo. No es ejercer ningún derecho porque el derecho al vandalismo no existe. Solo denota la diferencia entre participantes psicológicamente equilibradas y las energúmenas.
      Como forma de denuncia es esteril, porque la opinión pública se centra en el hecho del vandalismo, y no en las frases escritas, de hecho si pensara sobre ellas se indignaría más contra las que las escribieron. O sea que al “respecto”, lo más razonable es tomar la denuncia y poner las multas correspondientes.
      Es muy cierto lo de los que no toman las denuncias. Aunque para solucionar eso (y ya esta cambiando) es mucho más útil es la denuncia caso por caso que la denuncia genérica.
      En nuestra legislación ya casi no quedan, por suerte, diferencias entre varones y mujeres, la más notoria hoy por hoy es la edad de jubilación.

      • “Pintar paredes es vandalismo. No es ejercer ningún derecho porque el derecho al vandalismo no existe. ”

        Eso lo establecen quienes dominan el espacio público, no fue un acuerdo social ni democrático.

        “Solo denota la diferencia entre participantes psicológicamente equilibradas y las energúmenas”

        Esto sólo demuestra que insultás y patologizás a las mujeres que no te gusta cómo se comportan.

        “Como forma de denuncia es esteril, porque la opinión pública se centra en el hecho del vandalismo, y no en las frases escritas”

        Primero: hablá por vos, no por la “opinión pública” que no es una persona ni se mantiene siempre igual.

        Segundo: será una forma estéril pero más esteril es denunciar en las comisarías.

        “Es muy cierto lo de los que no toman las denuncias. Aunque para solucionar eso (y ya esta cambiando) es mucho más útil es la denuncia caso por caso que la denuncia genérica.”

        Caso por caso, nos van matando. Caso por caso, cuando logramos que nos tomen la denuncia no nos dan la orden de restricción. Cuando logramos que nos la den, no pasa nada si no la cumplen.

        Y todo ese tiempo tienen los violentos para matarnos.

        Y los boludos como vos, para llenarse la boca de preocupación por las paredes y su prioridad ante las vidas d elas mujeres.

        Vos sos parte del problema, chabón. Date cuenta.

      • Mariano T. dice:

        Ningún Cabildo o iglesia pintarrajeada va a salvar una sola mujer. Denunciar cada caso de indiferencia policial con nombre y apellido puede salvar muchas.
        Lamentablemente las energúmenas como vos terminan ensuciando(literalmente) los esfuerzos y la militancia de miles de mujeres racionales. Para el próximo encuentro nacional de mujeres, les va a resultar encontrar plaza más dificil que para un recital de La Renga.
        Y es vandalismo, es un acuerdo social y democrático plasmado en las leyes, que los espacios públicos y de culto no son para que un grupito de subnormales exprese su ira, con la excusa de crímenes, pero en realidad causada por taras psicológicas individuales.

      • Y los energúmenos como vos, que se preocupan por las paredes pintadas y tienen muchas ideas pero sólo las comentan en internet, ¿a cuántas mujeres están salvando exactamente?

        Seguís patologizando y hablando de “racionalidad” como si fuera razonable tu resentimiento.

        El mundo ya cambió, y si no querés ponerte al día al menos no andes ventilando tu ignorancia y fanatismo buenista por todos lados. Es un papelón.

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