La larga guerra de Clarín

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En el blog de Abel es raro encontrar un video que no sea de música. Es un rasgo mío: me resulta más cómodo leer que escuchar. Pero este reportaje a Martín Sivak… casi 30 minutos de charla muy jugosa serían un texto demasiado largo. Especialmente para los que lo leen en celulares.

Igual, para los que tienen poco tiempo, aquí está el resumen de Fernando Rosso. Está, junto al video, en La Izquierda Diario y bajan línea, claro, pero ponen todos los hechos relevantes. Después, mi inevitable reflexión.

… A lo largo de su itinerario, Clarín practicó mucho más un “periodismo del orden” que un periodismo de guerra; y el “periodismo independiente” fue absolutamente dependiente de todos los gobiernos y de su interés empresarial, más allá de la narrativa del Grupo.

En sus orígenes, Clarín recibe beneficios estatales, créditos, ayuda y papel de parte de Perón y el primer peronismo; el enorme predio que ocupa la redacción se lo concede Arturo Frondizi; Papel Prensa lo obtiene gracias a la dictadura; la posibilidad de entrar en la radio (adquiriendo Radio Mitre) la consigue gracias a la interesada “vista gorda” de Raúl Alfonsín; el ingreso a la TV y a Canal 13: Menem lo hizo; con la Alianza tiene una relación obscena y especialmente con su niño mimado: Carlos “Chacho” Álvarez; la Ley de Quiebras que salvó a Clarín es un regalo de Eduardo Duhalde (y de todos los partidos tradicionales que la votaron, incluida la representante de Santa Cruz Cristina Kirchner), la Ley de Bienes Culturales (una segunda salvación) es un obsequio de Néstor Kirchner, complementado cuando habilita la fusión de Cablevisión y Multicanal, horas antes de dejar el sillón de Rivadavia. En el presente, en los inicios de la era Macri, ya logró habilitación para avanzar en su expansión irrefrenable.

El Grupo es un fiel representante de la fantasmal “burguesía nacional”, dependiente y prebendaria del Estado al que esquilma en función de sus intereses privados y nada “nacionales”, con la especificidad de que Clarín siempre logró presentarlos, en palabras de Sivak, como el “interés general”. Como Techint, con la diferencia de que los tubos sin costura no hacen agenda.

… En un extenso diálogo, repasamos a Clarín antes, durante y después del primer peronismo; su rol bajo la Revolución Fusiladora y hasta en el famoso caso Satanowsky magistralmente narrado por Rodolfo Walsh; la función del desarrollismo todo terreno en la orientación del medio, la historia completa de Papel Prensa y su ubicación frente a la dictadura, incluida la intrincada cuestión de los hijos irregularmente adoptados por Ernestina Herrera de Noble; los mitos y realidades de la relación con Alfonsín y las llamativas semejanzas con la “batalla” perdida del kirchnerismo; el despliegue bajo el reinado neoliberal; el apoyo a la Alianza y al progresismo que votó “con la gorrita de Clarín”; la empatía con el kirchnerismo de los orígenes y el “acompañamiento” a Macri en el presente. La entrevista se condimenta con la historia de “los malditos” (entre ellos Carlos Salvador Bilardo y el misterioso caso del “suicidado” Mario Krasnov)“.

El troskismo se diferencia del peronismo, entre otras cosas, por la valoración filosófica de la “burguesía nacional”. Ellos no la valoran. Eso sí, hay que decir que los que nos hemos peleado más en estos 70 años con burgueses nacionales fuimos nosotros, simplemente porque estuvimos en el gobierno.

Ahora, el hecho que hay que tener en cuenta es que las grandes empresas periodísticas modernas son instrumentos. Su fin no es necesariamente obtener beneficios para sí mismas -cada vez es más difícil en ese negocio, porque cada vez se compran, proporcionalmente, menos diarios. Su razón de ser es conseguir ventajas y proteger intereses de los grupos económicos a que pertenecen. Para el Grupo Clarín, por ejemplo, su “vaca lechera” ha sido por largo tiempo Cablevisión, y su estrategia actual contempla la expansión en las telecomunicaciones. El asunto ha sido analizado por Martín Becerra en notas subidas al blog, la más reciente aquí.

El diario Clarín entonces ha sido ciertamente un arma eficaz para el Grupo, a lo largo de todos estos años. Sospecho que ha sido especialmente destructivo contra el gobierno de Cristina Kirchner precisamente porque este se obsesionó con esa pelea (sin tener los mecanismos de presión de los que dispone un gobierno autoritario). Pero este es un tema demasiado complejo para disponer en un párrafo superficial. Tiene que ver con la lucha por la conciencia del sector que ambos disputaban, las clases medias argentinas.

El punto que me interesa destacar al final es que podemos pensar en el diario Clarín y su concentración de medios satélites como en un dinosaurio: Grande y fuerte, y condenado a la extinción. Los periódicos marcan agenda… todavía. Pero cada vez menos gente los compra. Y en Internet -en Argentina casi la mitad de los ciudadanos menores de 35 años ya se informan por ahí- tienen que competir con miríadas de emisores distintos. En el mundo digital, rigen otras reglas. Y Clarín no ha mostrado hasta ahora talento para la adaptación. Hasta La Nación lo hace mejor.

Este es un fenómeno mundial, por supuesto, que si tengo tiempo trataré de analizar (para mi agencia, claro). Hace pocos días Michael Golden, del New York Times, nada menos, blanqueó: “Somos una compañía de medios digitales que saca un diario“.

Por supuesto, es necesario comprender que el cambio en los medios y en las reglas no significa que la comunicación se “democratiza”, cualquiera sea el significado que se le quiera dar a eso, en forma automática. La extinción de los dinosaurios abre el camino a otros predadores. Hará falta estudiar, en serio, la nueva ecología.

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2 respuestas a La larga guerra de Clarín

  1. Daniel Eduardo Arias dice:

    Por ahora es cierto -¿durará?- que un multimedios que cierra su diario de papel pierde tracción en el mundo digital. Se han medido bajones del 30% y más por ciento entre seguidores de un diario digital cuando éste liquida su edición impresa.

    El invento de Gutenberg todavía sigue añadiendo un valor misterioso de credibilidad. Quizás eso sucede porque es un soporte tecnológico de bajo costo, descartable, y que por eso no compite con los contenidos por la atención del consumidor. Ésta se focaliza más en el mensaje, no en el medio. No es lo mismo perder un diario que una tablet.

    Tal vez el futuro genere algún “game changer” tecnológico, la pantalla flexible e interactiva de muy bajo precio que uno pueda doblar y guardar en un bolsillo, y recargar de información en “la nube”. A mayor precio y mayor complejidad operativa de ese pendorcho, seguirá compitiendo por la atención del lector con cierta desventaja frente al simple y tonto papel impreso.

    Pero hay otro misterio más, no sé si sociológico o enraizado en algún lugar del sistema perceptual. En estudios de performance en examen hechos con doble ciego, los estudiantes universitarios que leen exactamente los mismos textos en pantallas o pantallitas sacan puntajes menores que los que lo hacen de papel impreso, ya se trate de libros o revistas. Las diferencias son también de hasta el 30%. Por alguna causa, lo leído en papel ENTRA MÁS.

    Donde las pantallas fijas o portátiles reinan sin competencia, sin embargo, es en la transmisión de imágenes, videos y sonido. Ya no hay diarios digitales hechos únicamente de texto e imagen fija.

    El Coco David Blaustein y Ari Lijalad hicieron un documental memorable de cuatro capítulos en la TV pública, allá por 2013, al que vale la pena dedicarle las tres horas que dura. Son simultáneamente una clase de historia, de periodismo y de política.

    Resulta un poco optimista, sin embargo, como que fue hecho en medio de una guerra que todavía no se había perdido. Y como todos los documentales de Blaustein, hay una calidad de fotografía, guión, sonido, musicalización y compaginación impresionantes, entrevistas impactantes, y revelaciones que sorprenden a los que creen que ya no los sorprende nada.

    Esta producción espléndida fue muy poco meneada, incluso por el propio kirchnerismo, pese a que la financió. Bueno, por algo ganó Clarín. Veánlo antes de que Magnetto lo descubra y lo haga borrar.

    Abel: sobre dinosaurios, acepto la comparación. Clarín es un terópodo, ese orden de predadores bípedos que incluían desde los pequeños ornitomímidos ágiles, homeotérmicos y bastante inteligentes, hasta a los tiranosáuridos, pasando por los raptores de todo tipo.

    Los terópodos siguen vivos. Son el actual orden Aves. Si comiste pollo, comiste dinosaurio. Pero si hablamos de la múltiple descendencia evolutiva del dinosaurio Clarín, estoy de acuerdo con vos en que se tratará de animales que se lo comen a uno.

  2. Marcelo dice:

    En el mundo que nos vio nacer -al menos a Abel, a mi y a otros asiduos participantes- controlar el presente garantizaba el futuro. La creencia más difundida era que si andabas bien hoy con lo que hacías y como lo hacías, era probable que en el futuro te fuera igual de bien o mejor.
    Era la época en donde “la única verdad es la realidad” y donde “mejor que decir es hacer y mejor que prometer es cumplir”.
    Pero desde que los constructores de realidades se apropiaron de todas las formas concebibles de pensar “lo que pasa”, la felicidad se mudó al futuro y desde allí, controla el presente.
    Quizá por eso alguien te puede decir -sin ponerse colorado- que es irresponsable querer cambiar la heladera y salir de vacaciones todos los años, y aún así, ser el más votado en las elecciones.
    La burbuja blindada desde donde se diseña el futuro es el enemigo más poderoso que ha conocido la humanidad. Clarín tributa en Buenos Aires, pero tiene domicilio allá.

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