A 50 años del vuelo de los cóndores

condor12

Hoy se cumplió medio siglo. El 28 de setiembre de 1966 un grupo de muchachos argentinos se apoderó de un avión y lo hizo descender en las Islas Malvinas. Fue sólo un gesto, no se derramó una gota de sangre, y -hay que reconocerlo- no avanzó la recuperación de esas islas. Como señalan algunos que no se destacan por precuparse por esa recuperación.

Yo quiero recordarlo, porque ese gesto -yo era joven- me hizo sentir el sabor del heroísmo. No es un gusto de moda. A los que se interesan, les propongo leer una crónica muy personal que escribí hace justo diez años, y una más detallada que escribió Roberto Bardini. Releyéndola, veo que también sirven para apreciar qué distintas eran las Malvinas y la Argentina hace sólo 50 años. Pero lo que me parece importante es que muestra que, como decía otro compañero, hay cosas que no se compran ni se venden. Una es el patriotismo.

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2 respuestas a A 50 años del vuelo de los cóndores

  1. claudia dice:

    Bonito recuerdo. La crónica de Bardini conmueve por la síntesis de hechos y significaciones de época. Y tu homenaje a quienes despertaron tu interés en la política es un gesto de gratitud muy honesto.
    Pero convengamos en que, si bien extrañamos los heroísmos de una época en donde abundaban las causas para intervenir en la Historia, ciertos arrojos no resisten más filiación que una rampante inconsciencia. Quizás, gran parte de las “valentías” – no todas, claro – traten mayormente de eso: una pizca de inconsciencia y otra de megalomanía; un cierto cóctel afrodisíaco que en pasados algo flojos de información estratégica fue admisible, pero que hoy con más información acerca de los intereses visibles en juego, nadie podría permitirse sin evaluar los costos de una hidalguía destemplada.
    Y vaya un ejemplo: en noviembre de 2013, para el Día de la Tradición, un odontólogo treslomense de apellido Castillo que vive en Bahía Blanca (esa ciudad con tanta tela verdeoliva para cortar), esbozó un plan entre patriotero y turístico-deportivo para llegarse a Malvinas. Ocho personas cubriendo el trayecto por mar entre Puerto deseado y Puerto Argentino, 755 km del itinerario, en dos semi-rígidos de 14 metros de largo y 500 caballos de fuerza, 24 horas de navegación estimadas. Proyecto de trasnoche que, por supuesto, partiría rebelde y sin el aval – tristemente reglamentario – de la Embajada Inglesa en Bs.As. y con una motivación menos heroica que la reseñada por Bardini y vos: “Ninguno de los 8 conoce Malvinas y tampoco hemos hecho viajes tan largos. Esperemos que el clima acompañe porque el viento es constante y se levanta mucho oleaje”.
    Una se queda pensando en que la gesta repleta de sentidos de ayer puede derivar, con patética liviandad, en la farsa de hoy. Y la verdad es que algo así da prurito por el rango de imprevisibilidades que una barrabasada puede abrir. Afortunadamente, la travesía odonto-farsesca pifó. Y digo afortunadamente porque habríamos tenido el incidente diplomático a punto de caramelo para la pérdida absoluta de todo lo actuado (bien, mal o regular) por varias Cancillerías consecutivas. Es la desgracia de no trasmutar hechos pasados en aprendizaje. Y parte de la culpa, creo, la tienen quienes silencian en los textos y la memoria popular, esas experiencias. Saludos.

    • claudia dice:

      Y para que no haya suspicacias, reconozco que misma suerte de farsa y riesgo diplomático (ya no latente), corrió la embarcación La Sanmartiniana, evacuada en aguas argentinas ante desperfectos (y probable falta de experiencia de piloteo de las corrientes australes), la que fuera contratada por una serie de agrupaciones afines al gobierno en 2015 para emprender una azarosa y claramente mal diseñada campaña de concientización de soberanía náutica. Embarcación que recaló finalmente vacía y a la deriva en aguas consideradas propias por la Coronoa Británica, no sin antes haber protagonizado un episodio aéreo en ocasión de su rastreo por parte de aeronave argentina en aguas en evidente conflicto. Lo dicho: antes de actuar, hay que preguntarse por alcances, consecuencias y profundidad de objetivos.

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