Los fallos de la justicia

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Recién leía en el estimulante blog del amigo Artemio un listado de linchamientos y “castigos extralegales” en Bolivia que se tomó el trabajo de reunir. Motivado, supongo, por el notorio caso en 1° término. De esa lista quise copiar solamente -después les digo porqué- estos tres que se referían a casos de justicia, o injusticia, por mano propia:

Murió ministro boliviano apaleado por mineros

JUEZ APALEADO POR LA POBLACIÓN RURAL DE CHULUMANI …

Nada nuevo en esto. En la mayoría de las comunidades rurales bolivianas existe una poderosa tradición de juzgamientos y castigos llevados adelante en forma colectiva. Y tienen motivos, de siglos, para desconfiar de la “justicia oficial”. Hemos leído en los medios, en fechas recientes, del linchamiento de alcaldes acusados de corrupción. Y en la esforzada diáspora boliviana en Argentina, suele pasar que un grupo de vecinos no se molesta en denunciar a un ladrón sino que lo muelen a golpes (Tendrán también razones para dudar de la eficacia de las denuncias policiales). Cualquiera que rastree en los medios puede hacer una lista mucho más larga.

También en Argentina tenemos linchamientos. Hace unos tres años hubo ruido mediático con el tema. En el blog comentamos el tema aquí y aquí y aquí. Igual, es necesario tener claro que son de distinta naturaleza. Las diferencias más importantes no están en las distintas tradiciones legales y culturales; está en que entre nosotros no existen los lazos familiares extensos que se encuentran, por ejemplo, en el ayllu de quechuas y aymarás. Aquí las grupos linchadores sólo están unidos por la violencia de ese momento, el miedo o el odio. Allá tampoco se puede hacer una pintura idílica, eh. Un grupo humano puede ser solidario en la codicia. Eso es el motivo de los mineros que lincharon al ministro, según el gobierno de Evo.

En cualquier caso, como hombres y mujeres racionales debemos rechazar esas prácticas, tengan raíces culturales o no. Nos decimos que el proceso legal, desarrollado en Occidente desde sus remotas raíces en Roma, sin duda es muy imperfecto. Y puede ser hipócrita. Pero es mejor que la violencia desatada, una forma de venganza primitiva (aunque la Constitución de Bolivia los reconoce, con límites).

Y sin embargo… ayer apareció en Página 12 un artículo de Soledad Vallejos que hablaba, justamente, de “Un fallo que puede sanar”. Decía:

CONDENARON A LOS ACUSADOS DEL CASO F. M., UNA TESTIGO DEL CASO VERÓN

La justicia tucumana condenó a 17 años de prisión a Daniela Natalia Milhein y Andrés Alejandro González, tras hallarlos culpables de secuestrar y obligar a prostituirse a F. M., la joven de 16 años que en su cautiverio conoció a Marita Verón y dio cuenta de ello en el juicio correspondiente … Milhein y González, quienes ya fueron condenados como coautores del secuestro y la desaparición de la hija de Susana Trimarco, continuarán en libertad, porque la sentencia aún no está firme“.  (completo aquí)

La nota de S. V. se extiende, y nos permite apreciar, aunque sea desde demasiado lejos, el sufrimiento y el coraje de esa piba, que ahora tiene 30 años, y de su madre. Y la porquería que son los que se dedican a ese negocio… y sus clientes.

Pero esa nota también inspiró a un corresponsal del blog, Juan Carlos Lafosse, que escribió:

En el artículo “Un fallo que puede sanar”, por Soledad Vallejos figura que “Milhein y González, quienes ya fueron condenados como coautores del secuestro y la desaparición de la hija de Susana Trimarco, continuarán en libertad, porque la sentencia aún no está firme.
 .
No entiendo que significa que “no está firme”, ya que en el caso de Marita Verón fue la Corte Suprema de Justicia de Tucumán quién los condenó.  No imagino una instancia por encima ni mucho menos que estos criminales estén libres..
 .
Según Wikipedia “La causa llegó finalmente a la Corte Suprema de Justicia de Tucumán, en diciembre de 2013 se expidió revocando el fallo absolutorio y condenando a todos los imputados. La sentencia final fue el 8 de abril de 2014; José Fernando “Chenga” Gómez, Gonzalo José “Chenguita” Gómez, Mariana Natalia Bustos, Juan Humberto Derobertis, Cinthia Paola Gaitán, Carlos Luna, Daniela Natalia Milhein, Alejandro González, Domingo Pascual Andrada y María Azucena Márquez; con penas entre 15 y 22 años de prisión”.
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Comparar este caso con el de Milagro Sala estremece: ¡ésta es la justicia que tenemos!
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Se me ocurrió entonces subir estas historias tan distintas. Ahora, en general no vacilo en pontificar desde mi blog. Para qué lo tengo si no. Pero al final de este posteo, no sé qué decir. La venganza, personal o social, no es admisible; salvo en sociedades donde todos se conocen, es una expresión de sadismo irresponsable. Y aún en comunidades pequeñas, lleva a largas cadenas de derramiento de sangre. La mano dura… siempre termina aplicándose a los débiles y a los excluidos. El “debido proceso”… Lafosse nos muestra un ejemplo de cómo funciona. Uno entre muchos.
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2 respuestas a Los fallos de la justicia

  1. Politico Aficionado dice:

    IVSTITIA REGNORUM FUNDAMENTUM. ¿No le parece?

    • Juan Carlos dice:

      ¿O esta “justicia” es el reflejo de la sociedad? Una sociedad donde la solidaridad no existe para quienes los demás son – como mínimo – competidores.
      La virtud de la justicia en su sentido positivo es la base de la sociedad. Reducida a su aspecto negativo aparece la vergonzosa, corrupta y burocrática corporación que tenemos.

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