Tristeza (suramericana) não tem fim

tristeza

Leía el jueves esta crónica, y además de las reflexiones obvias -que probablemente compartimos la mayoría de los lectores y yo- me inspiró algunos pensamientos geopolíticos. La copio (es breve) y después les comento.

Temer ya tiene los votos para reemplazar a Dilma hasta 2018

Desde ahora y hasta el 25 de agosto, todo lo que se diga sobre el proceso de impeachment contra Dilma Rousseff será anecdótico y reiterativo. La votación del miércoles por la madrugada en el Senado demostró que el interino Michel Temer tiene el Congreso de su lado, al menos para garantizar que lo confirmen como jefe del Ejecutivo brasileño. Para el último día del juicio, que podrá ser nuevamente adelantado -esta vez para el 23 de agosto –, el dueño provisorio del Poder tendrá como mínimo los 54 votos requeridos para desplazar de una vez a la presidenta brasileña. Apenas un milagro, de aquellos que solo existen en la imaginación o los deseos, lograría dar vuelta el resultado y eximir a Dilma de una condena, basada apenas en presuntos delitos.

Una vez que Temer esté firme en el puesto, él tendrá oportunidad de emprender un viaje programado para septiembre a China. De allí el apuro que tiene la corte de aliados para apurar los trámites del juicio. La gira tiene como primera excusa la cumbre de jefe de Estado del G-20; y en segundo lugar busca, según el propio presidente provisional, afianzar las relaciones comerciales con el gigante asiático. Para lo que seguro le servirá es para estrechar las manos de otros gobernantes sin sentirse ahora como un actor coadyuvante. Irá en calidad de estrella protagónica.

Pero no es sólo una cuestión de imagen y de política internacional lo que provoca tanta prisa en el núcleo de funcionarios (por ahora, todos temporales) que lo rodea. Según el analista político brasileño Andrés Berrocal, que mantiene una columna semanal en la revista Carta Capital, que Temer se afirme en el Ejecutivo significa “un blindaje de las investigaciones que están enfocadas en su participación en el financiamiento ilegal de las campañas del Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB)”. Las denuncias provienen nada menos que de la delación premiada a la que se acogió Marcelo Odebrecht, dueño del holding empresario homónimo. Trascendió, también, que Temer “influyó para nombrar un directivo de Petrobras, hoy preso por corrupción”. Lo cierto es que esta vez la letra de la Constitución protegerá un político, que fue “electo” para el cargo por los parlamentarios aliados. Prevista para proteger a los gobernantes de intentos de golpe de Estado basados en “delitos” pasados, la carta magna brasileña establece que a un presidente sólo se lo puede juzgar por hechos ocurridos durante su mandato. Nunca antes.

… En esta trama política, la más novelesca de las ocurridas en los últimos 30 años, no sólo Temer se juega su destino en los próximos dos años. En la misma situación se encuentran sus principales colaboradores, aquellos que operaron para alzarlo a la máxima jerarquía brasileñas. Son los casos, por ejemplo, de los senadores Romeo Jucá y Renan Calheiros, este último titular de la Cámara Alta. Ambos quedaron involucrados en negocios turbios con Petrobras. Jucá llegó a ser nombrado por Temer como ministro de Planificación. Pero las denuncias en su contra lo obligaron a salir algunos días después. Claro que no fue investigado, porque el senador retornó a su banca y hoy dirige el PMDB, partido del propio presidente provisorio“.

Una de las reflexiones obvias surge del hecho que las acusaciones de corrupción contra el PT fueron el motor principal de las (gigantescas) manifestaciones que acosaron a su gobierno y crearon el contexto político para el “golpe blanco” contra Dilma. Muestra cómo pueden ser un arma política poderosa, pero con dos limitaciones: 1) Funcionan cuando hay un sector numeroso de la población que ya está definido contra el gobierno, y éste está débil. Y 2) Son eficaces por un plazo corto. Al tiempo, suena una versión de Los Orozco “Yo los conozco Son todos chorros…”.

También es evidente, a poco que se piense en el asunto -la misma periodista, Eleonora Gosman, lo señala- que este será un gobierno débil. Aunque forma parte de la remake “neoliberal” en marcha en la región, va a estar sujeto al chantaje de sus socios descontentos en el Parlamente, de los medios, o de miembros ambiciosos del Poder Judicial. Esas revelaciones no son casuales.

Por encima de la coyuntura, lo que me parece ver es la decadencia de la clase política brasileña, que por dos siglos ha sido la más lúcida de la América Latina. En este caso, el término “clase” es un poco más apropiado que entre nosotros, por ejemplo. Allí no hubo en el siglo pasado el equivalente de los procesos democratizadores que llevaron adelante primero el radicalismo irigoyenista y el peronismo después. Con sus enfrentamientos políticos y a veces hasta ideológicos profundos, mantuvo una mayor cohesión de clase que en cualquier otro de nuestros países, hasta la irrupción del PT (lo que contribuye a explicar el rechazo de esas élites a una experiencia popular que fue más prudente que casi todas, también).

El dato es que -nos guste o no, y a muchos argentinos los irritaba- la dirigencia brasileña llevó adelante, desde que José Bonifacio logró que Pedro I se quedase de este lado del océano cuando la corte volvió a Portugal, un proyecto de Gran Nación. Mantuvieron la unidad de la América que hablaba portugués, mientras la que hablaba castellano se fragmentaba en una veintena de repúblicas.

Aún el ciclo de la dictadura militar que comenzó en 1964, cruel y represora, implementó una fase decisiva de la industrialización brasileña. Fue a partir de entonces que su PBI empezó a dejar muy atrás el nuestro. Los militares argentinos, después de 1955… No hace falta extenderse, no?

Uno supone que Itamaraty, y otros sectores del Estado brasileño, siguen siendo lo que eran. Pero es visible que su clase política ha perdido el rumbo, y la legendaria capacidad lusitana para los arreglos. La imagen que Brasil tenía hasta hace no mucho, en el tiempo de Lula -y la imagen de un país en el exterior es parte de su “poder blando”- se ha desmoronado.

Este blog repite entonces uno de sus llamamientos habituales: el peronismo y el P.T., que, deteriorados como están, siguen siendo las fuerzas políticas con vocación de poder en sus respectivos países, deben fortalecer sus vínculos, y construir espacios de pensamiento en común. Todos los países suramericanos tienen identidad e importancia, pero si no hay “densidad nacional” y acuerdos razonables entre Brasil y Argentina, la América del Sur tiene destino de patio trasero. De los Estados Unidos. O de China.

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3 respuestas a Tristeza (suramericana) não tem fim

  1. Dolorosa, tanta lucidez.

  2. Politico Aficionado dice:

    Coincido con Daniel Arias, una nota verdaderamente iluminadora.

  3. Juan José Salinas dice:

    En un todo de acuerdo.

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