La carta de Francisco

7 de agosto

(foto tomada del blog de Oscar Cuervo)

Hoy las organizaciones sociales marcharon a la Plaza de Mayo, desde San Cayetano. Las acompañaron gremios y políticos, pero creo que lo más importante es que en la Plaza estuvieron unas 100 mil almas (la vieja expresión rusa resulta aquí apropiada) pidiendo por Techo, Tierra y Trabajo.

Los medios -no tenían otro remedio- le dieron espacio. Para una crónica adecuada, vean la de Gabriel Fernández en La Señal Medios.

Les había anticipado esta madrugada que, en mi opinión, la clave de esta marcha residía en si aportaba a que los desocupados y los que trabajan “en negro”, con changas o en las tareas que administran los municipios, lograran ser sujetos sociales, y no sólo “beneficiarios”. O víctimas. Creo que ha sido, por sí misma y por las circunstancias, un buen paso adelante.

También los medios se han encargado de divulgar -con buena o mala leche, según sus agendas- el rol del Papa actual en el estímulo y el apoyo a estos movimientos. Como en el caso, más mundano, del documento de la CGT, me parece conveniente subir al blog el texto completo de la carta de Francisco, que fue muy citada, parcialmente.

Como señaló un comentarista en esa ocasión, son sólo palabras. Pero las palabras pueden ser importantes, según quién las pronuncia. Y, sobre todo, quiénes las escuchan.

Mons. José María Arancedo

Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

Querido hermano:

Dentro de pocos días celebramos la fiesta de San Cayetano. Por medio tuyo quiero hacer llegar mi saludo y bendición a tantos hombres y mujeres que se congregarán en los diversos templos del país dedicados al Santo para pedir pan y trabajo o para agradecer el hecho de que no les falte.

Recuerdo conmovido los 7 de agosto en Buenos Aires. La Misa en el Santuario de Liniers y luego el recorrido de la cola de la gente hasta el Estadio de Velez. Saludar, escuchar, acompañar la fe de ese pueblo sencillo… y tantas veces, ante la angustia de hombres y mujeres que quieren y buscan trabajo y no encuentran …, sólo atinaba a un apretón de manos, una caricia, mirar esos ojos humedecidos de dolor, y llorar dentro. Llorar sí, porque es duro cruzar tu vida con un padre de familia que quiere trabajar y no tiene posibilidad de lograrlo.

A San Cayetano pedimos pan y trabajo. El pan es más fácil conseguirlo porque siempre hay alguna persona o institución buena que te lo acerca, al menos en Argentina donde nuestro pueblo es tan solidario. Hay lugares en el mundo que ni esa posibilidad tienen. Pero trabajo es tan difícil lograrlo, sobre todo cuando seguimos viviendo momentos en los cuales los índices de desocupación son significativamente altos. El pan te soluciona una parte del problema, pero a medias, porque ese pan no es el que ganás con tu trabajo. Una cosa es tener pan para comer en casa y otra es llevarlo a casa como fruto del trabajo. Y esto es lo que confiere dignidad.

Cuando pedimos trabajo estamos pidiendo poder sentir dignidad; y en esta celebración de San Cayetano pedimos esa dignidad que nos confiere el trabajo; poder llevar el pan a casa. Trabajo, esa T (que junto con las otras dos T: Techo y Tierra) está en el entramado básico de los Derechos Humanos; y cuando pedimos trabajo para llevar el pan a casa estamos pidiendo dignidad.

La sabiduría de nuestro pueblo usa un dicho para calificar a quien, pudiendo trabajar no lo hace: “Ese vive de arriba”. Y nuestra gente menosprecia a quienes “viven de arriba”, porque arteramente atisban en ellos una cierta falta de dignidad.

Querido Arancedo: que en esta fiesta de San Cayetano todos los Obispos sepamos acompañar a nuestros hermanos que piden pan y trabajo. Y lo hagamos con cariño, cercanía y oración, y pidamos también para nosotros esa gracia: que nunca nos falte trabajo, ese trabajo al que nos envía el Señor y que nos confiere dignidad.

Por favor, no te olvides de rezar por mí. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Fraternalmente, Francisco.+

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Una respuesta a La carta de Francisco

  1. julio dice:

    En este mundo consumista,
    el que se maneja austeramente y produce algo,
    es millonario;
    el autofinancimiento de la CGT y la iglesia,
    más algunas sabias inversiones (con sustentable producción),
    más la doctrina (justicialista y cristiana),
    toman carácter de instituciones eternas, y,
    si a esto le sumas Hombres sensatos (como Bergoglio y Schmidt);
    cuando digan carnaval, apretemos el pomo.
    En todos lados se cocina con agua,
    el imaginario popular es uno solo.

    Saludos muchachos.

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