Una estrategia para Trump

teg

Ahora que el Donald es oficialmente el candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, me parece que puede ser de interés analizar cuál sería una estrategia “nacional” adecuada para una administración que adoptase la actitud que Trump proclama en su campaña: “América Primero: Los extranjeros que se vayan al demonio“.

Los lectores recordarán que mi evaluación es que D. T. no será elegido Presidente este noviembre. Menos aún creo que EE.UU. abandone la condición de garante militar del actual sistema global, que tanto ha favorecido a sus élites. Como tampoco el Imperio inglés iba a abandonar ese rol en los años previos a la Primera Guerra Mundial, aunque los little englanders, los nacionalistas británicos, denunciaran los costos.

Pero ya lo dijo el politólogo Pedro Navaja: la vida te da sorpresas… En cualquier caso, vale la pena escuchar a voces prestigiosas de la academia, que allí es parte del establishment, planteando una reducción del intervencionismo de las últimas décadas, más allá de los retiros moderadísimos que implementa Obama. No se trata de progres ni de liberals, por Dios. Son académicos prestigiosos, de la escuela realista y de sesgo conservador.

John Mearsheimer es profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago y Stephen Walt profesor de relaciones internacionales en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Pero se han hecho conocidos como los autores de The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy, un libro cuyo mensaje central es que la alianza entre EE.UU. e Israel es el resultado de un intenso trabajo de lobby de parte de Israel, y perjudica más que favorece los intereses estadounidenses. Un libro polémico, como se darán cuenta.

Ahora han publicado en el número de Julio-Agosto de Foreign Policy, la propuesta para una nueva “Gran Estrategia” para los Estados Unidos: The Case for Offshore Balancing. A los que dominan el inglés, les recomiendo el original. Como estos días cumplo 23 años de matrimonio, no tengo mucho tiempo para traducir, pero les acerco esta crítica de Fredes Luis Castro, de la Universidad de Buenos Aires, que publicó mi amigo Fernando Del Corro. Es una buena descripción, con un sesgo indignado (parece que no pertenece a la escuela realista).

“Un equilibrio realista

Mearsheimer y Walt estiman que el cansancio expresado por la mayoría de los estadounidenses por los problemas del resto del mundo está más que justificado, como también la exigencia de un reordenamiento de esfuerzos y recursos para atender los asuntos internos. Responsabilizan por esto a una extensa serie de intervenciones contraproducentes, fomentadas por la “gran estrategia de hegemonía liberal” puesta en práctica por administraciones de demócratas y republicanos.

El déficit nuclear de la estrategia cuestionada pasa por su pretensión de cincelar un orden mundial que asegure la existencia de gobiernos democráticos, libremercadistas y deferentes de los derechos humanos. Lo que debe hacer Washington, explican, es dejar de lado dichas ambiciones “para concentrarse en lo que realmente importa”: mantener su dominio en el hemisferio occidental y contener potenciales hegemones en las geografías en las que verdaderamente juega el interés nacional.

En la consideración de Mearsheimer y Walt las regiones que merecen, llegado el caso, la inversión de sangre y recursos norteamericanos son Europa, el Noreste asiático y el Golfo Pérsico. En ellas corresponde a los Estados Unidos operar para posicionar un equilibrio de poder que asegure distracciones suficientes a Rusia, Irán y China, como para desalentarlos de injerencias en el hemisferio occidental. Registremos que con todos los problemas que padece, estos intelectuales piensan en Rusia como potencia relevante de Europa (sobre ella y China dicen: “the most powerful state […] for now”).

Son muchos más precisos con el interés en el Golfo Pérsico. En este supuesto el objetivo es bloquear el ascenso de un hegemón susceptible de interferir con el suministro de petróleo a los surtidores de su territorio. La preocupación en este caso posee un carácter especial: lo que especialmente importa no es el ascenso de un nuevo hegemón, sino de uno que trastorne los flujos del combustible que alimenta la economía de su país (israelíes y saudíes, tomar nota).

Describen su oferta como “una gran estrategia realista y con fines limitados”, que habilita el uso recursos diplomáticos y económicos para evitar conflictos y prevenir guerras, pero que de ninguna manera justifica la coerción militar para promover metas desconectadas de sus intereses nacionales. Para no dejar lugar a dudas, redactan con frialdad: “Ni tampoco es objetivo del equilibrio offshore detener genocidios”. Estados Unidos debe prestar distintos tipos de colaboración a sus aliados, pero delega en ellos, como “primera línea de defensa”, cumplir con el rol policial inmediato de sus vecindades.

Un repliegue doméstico

Estos realistas doctrinarios aducen que su propuesta permitirá que mayores recursos se inviertan en la casa norteamericana, para beneplácito de una ciudadanía con demandas insatisfechas en buena medida como resultado del destino bélico de tantos recursos presupuestarios. Por otro lado, menos intervenciones militares reducirán otras amenazas.

Sugieren que la presencia militar estadounidense, invencible como es en enfrentamientos convencionales, conmina a organizar formas irregulares de resistencia y combate, como son las modalidades terroristas, al tiempo que fortalecen los ánimos antiamericanos, por interpretar muchos pueblos que son violentados sus derechos soberanos. El respeto por las soberanías de otros estados forma parte del combo estratégico de Mearsheimer y Walt, al menos (o en mayor medida) en el radio que escapa a lo que denominan hemisferio occidental.

El soberanismo estatal y consecuente repliegue que propugnan tienen para ellos una larga tradición que permitió a su patria en el siglo XIX construir un Estado poderoso, para luego desarrollar una primacía continental. En el siglo XX actuaron coercitivamente cuando fue imperativamente necesario, pero de ordinario dejaron que otros actores (por caso, ingleses, saudíes y el Sha de Irán) “hagan el trabajo”. No por eruditos carecen de picardía estos estrategas imperiales, y recuerdan que si Estados Unidos salió fortalecido de ambas conflagraciones mundiales fue por haber participado tardíamente. A modo de moraleja, alientan a tener en cuenta que en las contiendas entre grandes potencias, la que mejor sale parada es la que más sabe dilatar su “solidaria” intervención.

Alertan sobre las funestas consecuencias de promover la democracia a punta de cañón, una insensatez que lejos de haber sumado adhesiones extranjeras a los valores liberales concluyó por comprometer las libertades en casa y degradar la imagen internacional de un país que vigila masivamente a sus ciudadanos, tortura prisioneros y selecciona blancos para asesinar. En este punto se verifica una diferencia nada menor con el candidato Trump, que llegó a justificar el uso de la tortura a terroristas tras los atentados de Bruselas.

Del imperialismo delegativo al Imperio delegante

Mearsheimer y Walt rechazan la idea de un aislamiento en la “Fortaleza Americana”, mucho menos postulan una estrategia que descarte a los Estados Unidos como el único superpoder del mundo. Apuntan a una (no tan) nueva división internacional del trabajo imperial, mediante la cual se transite de una  excesiva concentración de responsabilidades en el “Ejecutivo” imperial a una delegación de funciones en los países aliados. Dicho de otra manera: una institucionalización subordinada de los Estados nación aliados como principales garantes (especialmente) policiales del status quo. Los estrategas del imperio reinterpretaron a Guillermo O’Donnell.

En dicho ejercicio resisten parcialmente la tesitura de Madeleine Albright, que aseveraba la condición de nación indispensable de Norteamérica, para sustituirla por una indispensabilidad selectiva, reservada para el continente asiático en el que deben aplicarse los mayores esfuerzos para impedir que se materialice una hegemonía china.

Europa debe ser dejada en manos de los europeos, aún si esto incrementa las chances de algún conflicto como el de Ucrania. Afirman que los rusos tienen derecho a contar con su propio patio trasero y juzgan como erróneo el despliegue de la OTAN sobre sus espacios limítrofes. Aconsejan dar luz verde para que los rusos se hagan cargo de la cuestión Siria, al tiempo que exhortan a que los gobiernos de Medio Oriente hagan lo propio con el Estado Islámico. Creen, finalmente, en el mantenimiento de las buenas relaciones con Irán…por ahora.

En definitiva, para un Imperio que carece de amigos permanentes, todo es por ahora.

Una omisión y una respuesta

Es estruendoso el silencio del manifiesto de John Mearsheimer y Stephen Walt en relación al lugar o destino de Latinoamérica o cualquiera de sus países en el diseño por ellos formulado. Pocas veces una omisión informó tanto.

Descartada Europa del hemisferio occidental, y enfatizando que para los autores la prioridad de Estados Unidos es preservar su primacía en este hemisferio, se desprende que es en nuestros territorios donde pueden y deben cumplir acabadamente con todas sus atribuciones, sin necesidad de intermediaciones ni de tanta cortesía por las soberanías estatales (cancillerías latinoamericanas, tomar nota, por favor).

Son notables las similitudes del menú aquí descripto con la oferta electoral de Donald Trump, en orden a un desentendimiento de problemáticas foráneas ajenas al interés nacional, a una mayor responsabilización militar a cargo de los estados europeos, a un realista relacionamiento con países como Rusia y a uno petrolíferamente interesado con Irán y el Medio Oriente. También coinciden en redireccionar recursos contra la reemergencia de China.

.
Existen antecedentes de propuestas de retraimiento imperial por parte de académicos e intelectuales sumamente destacados en el gran país del norte, como Barry Posen o Ian Bremmer. Este último publicó en mayo del año pasado una obra que conmovió el debate de la política exterior norteamericana, por ser un sujeto con influencia que trasciende lo académico para penetrar en el ámbito de los decisores públicos.

En un artículo publicado en The American Interest Thomas Wright, luego de reconocer ese dato nada menor, provocaba a Bremmer de la siguiente manera: “La pregunta que Bremmer no puede responder es por qué motivo, si tan descontento está el público americano con una política exterior activa, sigue votando a los candidatos que la promueven”.

El arrollador triunfo de Trump en la primaria del partido republicano ahorra a Bremmer el trabajo de responder a Wright. El Donald tiene quién le escriba, pero también quiénes lo voten”.

Anuncios

4 respuestas a Una estrategia para Trump

  1. Charrua dice:

    No estoy muy seguro de que el anaranjado entienda de estrategia o le interese. Por lo que dicen, cualquier cosa que no sea hablar de si mismo le aburre muchisimo después de unos minutos.
    Creo que lo que le gusta de gente como Putin, Saddam o Kim Jong Un (toda gente a la que ha elogiado) es justamente la exhibición de fuerza y poder, el lado narcisista del asunto.
    Algunos creen posible controlarlo o manejarlo (como quizá estos dos personajes). No me parece muy viable. Uno puede imaginar estrategias que coincidan con lo que él dijo, pero estás hablando de un tipo impulsivo, que se contradice constantemente, rencoroso cuando se siente tocado en su inmenso ego, que se aburre fácil, que no admite no saber algo…
    Creo que una administración Trump simplemente no tendría ninguna estrategia coherente y sería todo al compás de cómo se despertó, más o menos como ha funcionado su organización hasta hoy.

  2. CV dice:

    “de la escuela realista y de sesgo conservador.”

    Más bien diría que para el realismo (estructural) la ideología predominante en los distintos países es irrelevante para el análisis de su política internacional.

    “Es estruendoso el silencio del manifiesto de John Mearsheimer y Stephen Walt en relación al lugar o destino de Latinoamérica o cualquiera de sus países en el diseño por ellos formulado. Pocas veces una omisión informó tanto.”

    En el video que posteé abajo Walt se refiere (brevemente) a Latinoamérica (más específicamente, a México y a Brasil).

    Saludos!

  3. […] post muy interesante de Abel B. Fernández en su blog Pensando en voz alta. Tengo claro que a Europa y Rusia le conviene un triunfo electoral de Trump (lo creo posible), y […]

  4. Tina dice:

    Abel, buena reflexión de Michael Moore con 5 razones de porqué ganará Trump. http://michaelmoore.com/trumpwillwin/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: