Turquía: cómo fracasar en un golpe de estado

La población apoya a Erdogan

Me pareció interesante este artículo del New York Times: Turkey Was an Unlikely Victim of an Unlikely Coup, por Max Fisher y Amanda Taub. No tanto por lo que dice sobre Turquía; desde mi posteo en la madrugada del intento, los medios internacionales dieron mucha información. No. Lo que considero útil es como un medio sofisticado de la Potencia Hegemónica -el NYT es el diario que lee la élite política yanqui- detalla los requisitos para un golpe exitoso.

En el blog ya he recomendado los clásicos: Curzio Malaparte, Edward Luttwak. Pero siempre es necesario actualizarse. (Aclaro: la traducción es del NYT)

“Si el intento de golpe de Estado en Turquía fue una sorpresa, hay una buena razón para ello: lo que ocurrió contradice décadas de investigación acerca de cómo, cuándo y por qué suceden los golpes de Estado.

El levantamiento de la noche del viernes parecía discrepar enormemente de los patrones usuales. Los politólogos que estudian los golpes de Estado dicen que Turquía tenía un riesgo mínimo de sufrir uno.

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, reiteró su apoyo al gobierno de Turquía y, como otros observadores, expresó su desconcierto. “Nos sorprendió a todos, incluyendo a la población de Turquía”, manifestó Kerry, y agregó: “Tengo que decir que no parece que sea un evento muy bien planeado o ejecutado”.

La diferencia entre la insurrección en Turquía y otros golpes de Estado ayuda a explicar por qué fracasó este intento, pero también subraya la cantidad de preguntas que quedan sin respuesta.

Un país sin riesgos

Los golpes de Estado no solo suceden porque existen conspiradores, sino también por determinados factores estructurales. Los politólogos han identificado ciertas pautas de predicción a partir de tendencias económicas, de libertades políticas y de salud pública.

Jay Ulfelder, quien se dedica a hacer proyecciones políticas, ha desarrollado un modelo matemático que sintetiza esta información para predecir el nivel de riesgo de golpe de Estado de un país.

Según la investigación de Ulfelder, realizada en conjunto con el Early Warning Project, Turquía era un candidato “muy poco probable” a un golpe de Estado, de acuerdo con lo que escribió vía correo electrónico. Tenía solo un 2,5 % de probabilidades de un intento de golpe de Estado. Estaba en un rango en el que podía considerarse un país estable. Los países en riesgo por lo general tienen elevadas tasas de mortalidad infantil —una medida de pobreza— y economías con un mal desempeño. La economía turca ha estado creciendo y la tasa de mortalidad infantil ha disminuido rápidamente.

Ulfelder también encontró que un país tiene menos probabilidades de enfrentar un golpe de Estado cuando hay un conflicto armado en Estados vecinos, quizá debido a un efecto de unidad interna.

Aunque Turquía tenga un historial de golpes de Estado, el país ha cambiado mucho desde el último, en 1997, y Ulfelder destacó que lo más importante es que había pasado casi 20 años sin un evento de estas características.

Otro factor crucial es lo que los expertos llaman fragmentación de la élite: si hay división entre los grupos poderosos —funcionarios electos, líderes empresariales, generales, jueces, etcétera—, la competencia por los recursos y el control terminarán en un golpe.

Hasta ahora, no hay señales de que hubiera una división tal en Turquía. La economía en crecimiento hace que las élites busquen mantener el statu quo. Y a pesar de que las instituciones del Estado son imperfectas y los índices de corrupción podrían ser menores, esos factores pueden hacer que las élites compitan por los recursos, pero no al grado de causar una crisis.

Tampoco hay una polarización social como las que suelen aprovechar las élites para llevar a cabo un golpe de Estado. Aunque el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, puede ser una figura política que cause tensión, no vemos ese tipo de divisiones profundas —con grupos de la sociedad civil que hagan campaña en contra del Estado— que esperaríamos antes de un golpe de Estado.

Cómo no hacer un golpe de Estado

Según las investigaciones, lograr que un golpe de Estado sea exitoso es como hornear un pastel: hay una receta y si te saltas pasos o dejas de usar ciertos ingredientes, casi con certeza fracasas. Los conspiradores turcos no siguieron la receta.

Los golpes de Estado exitosos parecen realizarse como “coreografías” escribió Naunihal Singh, un profesor en el Air War College, en su libro Seizing Power, que analiza por qué los golpes de Estado tienen éxito o fracasan.

Según esta teoría, los golpes de Estado funcionan cuando los líderes pueden convencer a otros oficiales y soldados de que su éxito está asegurado, y convierten la unión en un acto de interés propio.

Los conspiradores por lo general logran esto en una serie de pasos predecibles. El peso de los militares detrás del golpe se deja ver con una gran demostración de fuerza. Un anuncio público por uno o más oficiales de alto rango prueba que hay apoyo de la élite. Asimismo, los conspiradores tienden a controlar los medios de comunicación y el flujo de información que llega a la población, y sofocan cualquier transmisión que pudiera socavar la sensación de un éxito inevitable e incontrovertible.

Los golpes de Estado que tuvieron éxito en Turquía, en los que las instituciones políticas y militares eran muy sólidas, siguieron un modelo “institucional de golpe”, según Brian Klaas, de la London School of Economics.

En un golpe de Estado institucional el ejército está unificado y usa todo su poder para forzar el control total del gobierno, como lo hicieron los militares turcos en 1980 (y en Argentina en 1966 y 1976. Nota del bloguero). Con un escenario así, la coreografía es muy sencilla: toda la coordinación de la élite militar se da incluso antes de que empiece el golpe de Estado y así las otras élites no tienen más opción que cooperar.

Cuando el levantamiento solo involucra a una facción militar, menciona Klaas, el juego de confianza puede requerir que se detenga a los líderes más importantes o que se fuerce a un militar con mayor experiencia a que declare públicamente que el golpe ha triunfado para que se cree una percepción de éxito incluso antes de que cualquiera descifre qué está pasando.

En esta ocasión, los militares disidentes turcos intentaron realizar solo algunos de estos pasos, y no tuvieron éxito en ninguno de ellos.

Los rebeldes, para mostrar su fuerza, desplegaron tanques y jets en Estambul y Ankara, pero no fue suficiente para intimidar al resto del Ejército, que al final se impuso. Más importante aún es que no hubo una cara pública del golpe de Estado que demostrara el apoyo de la élite o que estableciera un plan claro.

Los insurgentes también intentaron controlar los medios de comunicación, pero fallaron. El presidente Erdogan usó la aplicación FaceTime para llamar a un canal de televisión, un movimiento extraño en el que el mandatario se arriesgó a parecer débil, pero que minó el momentum de los conspiradores y le permitió convocar a la población para que saliera a las calles y mostrara su oposición al golpe.

Tanto el servicio telefónico como el de internet mantuvieron sus operaciones, así el gobierno pudo comunicarse a través de redes sociales y ayudó a que las protestas a su favor se expandieran; de esta manera, el sentido de inevitabilidad del golpe de Estado fue socavado.

Preguntas sin respuesta

Las protestas de los simpatizantes del gobierno —y la ausencia de grupos de gente a favor del golpe— también pudieron ser determinantes para el fracaso del levantamiento. Con frecuencia los golpes estallan e incluso se coordinan con movimientos ya existentes para mostrar que hay un apoyo amplio a las élites opositoras.

Los líderes turcos del golpe de 1997, por ejemplo, trabajaron con grupos de la sociedad civil y otros que se oponían al gobierno. El golpe militar en Egipto en 2013 sucedió en medio de protestas masivas en contra del gobierno.

Los líderes del intento de golpe de este fin de semana parecían carecer de aliados. No hubo un grupo de la sociedad civil ni partidos políticos que emitieran posturas a favor de la insurrección ni tampoco había élites que los apoyaran.

En retrospectiva, el golpe parecía tan condenado al fracaso que solo surgen más preguntas. Aún no está claro qué provocó el intento, quién lo lideró y por qué pensaron que tenían suficientes posibilidades de éxito como para arriesgar sus vidas.

Si tomamos a la historia como guía, la explicación más simple para el fracaso es la falta de planeamiento y su propia incapacidad.

9 respuestas a Turquía: cómo fracasar en un golpe de estado

  1. […] subí esta nota, donde el New York Times nos cuenta, más en pena que en ira, la incompetencia de los golpistas […]

  2. Daniel Eduardo Arias dice:

    Viví un mes en Turquía en 1989 como punta de lanza de prensa del equipo diplomático del embajador Adolfo Saracho, que intentó asociar a ese país para co-fabricar y vender la central nuclear compacta CAREM. El negocio ya estaba cerrado, con el apoyo total de los socialdemócratas kemalistas laicos (el partido más fuerte entonces), los conservadores laicos (el 2do partido), los conservadores religiosos (el 3er partido, hoy a cargo del país a través de Erdogan), las FFAA (en los hechos, el 4to partido) y los servicios de seguridad (el 5to). La prensa, ya dominada por el Hurriyet, un multimedios equivalente a Clarín, apoyaba también. Ese negocio no se hizo porque luego lo saboteó Menem, a pedido de “La Embajada”. De otro modo, ya habríamos vendido entre 15 y 20 de esas plantas,, unidades de entre 25 y 150 mega, y estaríamos construyendo algún derivado de alta potencia (600 mega, o así) aquí en la Argentina.

    Lo que comprobé prima facie respecto de las FFAA fue que eran un reducto laico rabioso en un país que, por el intercambio creciente de petróleo saudí con alimentos (¡e incluso agua!) turcos, empezaba un lento proceso de re-islamización a contramano de sus 70 años de historia anteriores. La guita saudí se hacía ver en la rapidísima construcción de mezquitas en ciudades y aldeas, en que por primera vez el Hurriyet (veleta como Clarín ante los cambios) abordaba temas religiosos que le parecían francamente estúpidos al turco con grado universitario (¿Se debe nadar en Ramadán? Sí, pero sin tragar agua), en la todavia rara pero creciente cantidad de mujeres disfrazadas de pingüino, con chador a la iraní, en las calles, y en la aparición de chicas tocadas con velo (pero cara descubierta) en las universidades públicas, ferozmente resistida por los estudiantes y el cuerpo de profesores. Los muezzines de las ciudades de provincia ya se atrevían a despertarte a gritos, con sus altoparlantes, si te alojabas en un hotel de provincias (no así en Estambul y menos aún en Ánkara).

    Pero en las FFAA un oficial que se atreviera a casarse por mezquita era rápidamente liquidado en sus posibilidades de ascenso, y mandado a los peores cargos o destinos. Eso, si no lo echaban. En cada aldea vos veías la tremenda presencia del sistema educativo federal turco, con los estudiantes de primaria uniformados de trajecito negro y las pibas, de jumper del mismo color, yendo a clase mixta. Y esa enseñanza seguía siendo laica y obligatoria. Y cuando en Turquía el estado dice “obligatorio” no está jodiendo. También notabas, en esas aldeas, que 1920 y Kemal Attatürk y el laicismo seguían siendo implantes culturales forzados: al mediodía podías ver a los pequeños terratenientes y campesinos fumando sus narguiles y atusándose los bigotes en los cafés, mientras saliendo nomás de las aldeas veías a sus mujeres, ataviadas casi ilegalmente a la antigua, y deslomándose en los campos bajo el rayo de sol.

    La novedad, sin embargo, eran los servicios: ya estaban copados por una runfla islamista que quería volver a implantar la religión obligatoria en las escuelas, la segregación de sexos, el uso del Corán como base de la legislación civil, y toda la letra al respecto que les bajaban sus nuevos entrenadores y financistas. Que eran árabes saudíes.

    Lo que pasó desde entonces, con el lento e imparable advenimiento al poder real del partido de Erdogan, fue el desmontaje parte por parte de todo el poder civil y militar de los socialdemócratas y la cooptación de los consevadores laicos. La educación pública se islamizó, las universidades se llenaron de mujeres con velos, y el bastión kemalista de las FFAA, muy entrenadas y con armamento modernísimo, fue lentamente cercado y disuelto por un poder de fuego superior: el de las policías. La cantidad de blindados y helicópteros artillados que hoy están en manos de la cana turca, además de la multiplicación de sus efectivos, le permitiría enfrentarse con el Ejército Y GANAR.

    Es más, las FFAA vieron con desesperación cómo perdían su representación parlamentaria, y cómo Erdogan les iba sacando el control de las poderosas fuerzas de seguridad (la Prefectura y la Gendarmería) “para subordinarlas al poder civil”, es decir en su caso el del partido conservador religioso.

    Si sumás el poder de combate de los servicios, la Prefectura, la Gendarmería y la cana, las FFAA están militarmente en el horno, en el caso de que se arme una podrida en serio.

    Pero la batalla que terminó la semana pasada se viene ganando desde mucho antes en un campo más decisivo: el cultural-político.

    En este campo, creo que a Erdogan el juego le viene saliendo muy bien por tres causas. La primera, sin duda, es la frustración de la burguesía industrial, financiera y mediática turca ante el hecho de que la Unión Europea les viene negando membrecía societaria desde 1963, cuando se llamaba Mercado Común Europeo y estaba menos integrado.

    Turquía siempre quiso hacer valer sus cartas militares ante Europa, y recrutar en su causa a los EEUU: como miembro de la OTAN, era el puntal de contención de la URSS en Medio Oriente y el Asia Central. ¿Cómo no le iban a dar membrecía en la UE? Desde los ’90 que la diplomacia turca se fue quedando sin cartas para lograr el acceso societario, y la rabia de la dirigencia turca contra Europa se expresa en su creciente rechazo hacia “los valores laicos” que Kemal Attatürk copió de Alemania y logró implantar por la fuerza en su sociedad.

    La segunda carta por la cual Erdogan logró re-islamizar sin gran oposición a su país es que la europeización que logró Attatürk nunca penetró demasiado en el campo, y como en el resto del planeta, la población campesina (y muy religiosa) emigra constantemente hacia las ciudades, que es donde se construye el PBI real de Turquía. Que si en los ’80 crecía al 6,5% anual sin dramas, hoy sigue al 4,5%, sin enterarse mucho de si en el resto del planeta reinan Goldmann Sachs, el Bundesbank o el FMI decretando que todo el mundo se ajuste el cinturón y que se desaten los perros de la recesión. Cómo hacen los turcos para lograr esto tal vez merezca mejor análisis que el que puedo dar yo, o destinar a este comentario, pero lo logran.

    En 1989 manejé 3500 km. por el país, atravesé las principales capitales de provincias costeras y también de la estepa de Anatolia (bastante parecida a la patagónica, pero con aldeas y mezquitas). Y jamás vi una villamiseria. Los arrabales de los laburantes, en los 2dos cinturones urbanos, estaban hechos de casas de ladrillo, sin revoque pero con agua, luz, gas y calles en cuadrícula y con vereda. No solamente veías que había guita: veías gobierno. Delincuencia, sólo de guante blanco y la que permitiera el acuerdo entre partidos que se detestaban entre sí. En la calle reinaba la cana, y nadie quería líos con la cana.

    Había un no sé qué en Turquía que te recordaba a la Argentina pujante, educada y pacata de los ’50 y los ’60.

    Este crecimiento, que se mantuvo durante todo el lento, insidioso e imparable proceso de re-islamización cultural del país, no se detuvo nunca. De modo que la deriva del país desde una democracia formal hacia una teocracia apenas disimulada jamás fue en serio por las élites: siempre ganaron plata. Y ésta venía más del comercio turco hacia el Este islámico que de la maquila con Europa: era notable, ya en el 88, como los textiles turcos de alta calidad se vendían en Italia a 10 veces el precio original. Notable, pero humillante para los turcos.

    Y creo que acabo de describir la tercera carta por la cual Erdogan ganó la batalla cultural y política. Turquía ya no espera obtener prácticamente nada de Europa. La occidentalización impuesta por Attatürk nunca caló hondo, salvo entre los militares y universitarios, y los conservadores religiosos la fueron limando sin grandes problemas.

    No lo puedo demostrar, pero sospecho que Erdogan provocó este golpe destinado a fracasar para terminar con los últimos reductos de laicismo dentro de las FFAA.

    • Raúl C. dice:

      Muchas gracias por la información. Muy interesante.

    • Casiopea dice:

      Muy interesante tu comentario, Daniel. Me parecía estar ahí y nunca estuve en Turquía. Anda circulando mucho la teoría del autogolpe, pero hay demasiados vectores en este asunto como para poder afirmarlo. Entre ayer y hoy les bajaron el hacha a como 50 mil profesores universitarios, jueces, maestros de escuela y demás. Gane quien gane, pierde la democracia ¿no? Porque aun suponiendo que el golpe haya sido auténtico, no creo que los insurrectos se hubiesen comportado de manera diferente de haber ganado.
      Pero falta mucho por saber y alguien, no se sabe bien quién, está empeñado en que Wikileaks no pueda divulgar su catarata de e-mails

      http://www.zerohedge.com/news/2016-07-20/wikileaks-about-expose-turkish-coup-someone-trying-silence-them

      Erdogan es el estilo de hombre fuerte que cierra el acceso a la Internet estratégicamente para que no se diga que es un dictador (aunque muchos lo dicen igual). Pero en el fervor del golpe o autogolpe usó twitter, whatsapp, iphone etc. ¿Podrá retrotraer el control de la información al statu quo ante? Lo dudo. A mí me parece que esto de Turquía recién empieza. Si es verdad lo que decís, puede llegar a haber una guerra civil, y si eso ocurre vamos a recordar el éxodo sirio como “aquellos buenos tiempos”.

    • Teodorico dice:

      Excelente comentario. Una pregunta ¿viste la película “Mustang”?

      No soy un experto en Turquía, pero viví tres años en un país árabe de los considerados “abiertos y modernos”, el alumno favorito de los programas de tv turísticos.

      Viví en primera persona como un país que “ayer nomás” parecía el de sociedad más laica, se empezó a islamizar con una velocidad sorprendente, perceptible incluso para el breve período en el que estuve.

      La película Mustang me dejó la impresión de que Turquía también vive lo que ahora están pasando los países que hasta hace poco aspiraban a ser “Europa del Sur”. Un estado con instituciones más o menos laicas (o al menos con FFAA que se encargaban de mantener esto) en las grandes ciudades de clase media, pero un interior todavía alejado de esta modernidad y que un día llegó a la ciudad y empezó a cuestionarla en pos de viejos valores tradicionales [de poder].

      Acá sí viéndolo como extranjero, no comparto la visión (aparentemente acertada pero demasiado simplista) de las clases medias europeizadas locales: “erámos un país que marchaba hacia la modernidad y un día alguna gente se volvió estúpida (por que sí) y echó todo a perder.” Inversiones saudíes, emiratíes y qateríes mediante, lo que antes eran mitos de la gente de ciudad, se empezó a hacer visible. Y empezó a molestar en cuanto se volvió “mi vecino”, que para colmo reclama.

      A todo esto se suma la presión de haberse vendido durante muchos años como modernos, y el peso de querer demostrar que siguen siendo así, aún cuando las manchas de humedad son cada vez más visibles. A pesar de vender telenovelas donde quieran demostrar lo contrario.

    • Esther dice:

      Copio a Casiopea, Daniel: al leer tu comentario me pareció estar en Turquía sin haber estado nunca allí.

      Gracias.

      Esther

    • Mariano T. dice:

      Muy bueno, Daniel. Eso es entender un país.
      La teocracia es el peor régimen posible, lo lamento por los turcos buenos(que en esa opción, son siempre los laicos).
      Demuestra, sin embargo, que el proceso virtuoso occidental de ir desembarazándose de la religión, que llevó siglos de luchas, avances y retrocesos, no puede implantarse de golpe y desde arriba, aún después de persistir 100 años en el esfuerzo.
      Ojalá que los kurdos logren su nación.

  3. David (idu) dice:

    Las “probabilidades de golpe” del 2,5% y demás análisis expresados por “especialistas”, causan un poco de pudor.

    En Egipto echaron y encarcelaron a Mubarak hace un par de años, y vino la “primavera árabe”.

    Luego los militares echaron al que echó a Mubarak, y ahora gobierna la facción de Mubarak, con otro nombre.

    El mundo de los golpes de estado, tiene estas cosas impredecibles.

    Y el poder de los ejércitos es el que a fin de cuentas define la cosa.

    Un poco más lejos de esa geografía y del tiempo, en Argentina 1955, el golpe contra Perón fracasó en junio y triunfó en septiembre.

    Lo ideal es opinar con el diario del lunes.

    Saludos.

  4. victorlustig dice:

    Taleb: en 1826 el sultan hizo lo mismo con los Jenizaros, incitar a revuelta, y despues, pum

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: