Consumo y política

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Como ya me habrán leído muchas veces, pienso que un blog no es un buen lugar para seguir la coyuntura. Pasa que la coyuntura nos sigue a nosotros. Y es más vital, más verde -decía Goethe- que las grises teorías. Hoy a la noche llega a Buenos Aires Cristina Kirchner, y contribuye a destruir la idea que la política es eso que hacen los políticos con actos y declaraciones.

De todos modos, analizar la realidad, y pensar más allá de los hechos del día es necesario, si queremos ser dueños de una parte al menos de nuestro destino. Y como es sábado, aún los que vayan a Aeroparque a recibirla tendrán tiempo para esta nota, no muy larga, de José Natanson, que habla sobre política, y de peronismo, kirchnerismo, macrismo, en esta etapa de la modernidad, hegemonizada por el consumo.

(Tengo que advertirles que, para mí, el primer párrafo es una simplificación de la historia casi tan exagerada como la del marxismo convencional. Pero el resto es valioso y afilado).

Hasta fines del siglo XVIII, la mayor parte de la población vivía en unidades de producción, sean minifundios campesinos o grandes propiedades, capaces de generar casi todo lo que consumían, con excedentes mínimos que se intercambiaban en los mercados locales. La Revolución Industrial, causa y consecuencia de todo tipo de transformaciones tecnológicas, económicas y sociales, amplió de manera exponencial la disponibilidad de bienes y servicios, creando un segmento intermedio, que antes sencillamente no existía, entre la suntuosidad de la aristocracia y el consumo de supervivencia del resto de la sociedad. Con el carbón y el vapor primero y la electricidad después, con el sistema factoría en un comienzo y luego con el fordismo, los productos se transformaron en mercancías en sentido capitalista clásico, objetos creados en serie para un comprador anónimo que los adquiría en el mercado. Nacía la sociedad de consumo.

En tanto práctica social, el consumo ocupó un lugar relativamente marginal en el desván de las ciencias sociales hasta que los estudios pioneros de Pierre Bourdieu demostraron su alcance y profundidad, el modo en que los patrones de ciertos grupos privilegiados –lo que hoy llamaríamos “el gusto”– se imponen como la pauta legítima del resto de la sociedad.

Esto explicaría por ejemplo que los sectores populares a menudo destinen parte de sus salarios a compras que están por encima de sus posibilidades, algo que enfurece a muchos progresistas escandalizados por el gasto en zapatillas o celulares que no son zapatillas o celulares sino verdaderas marcas sociales, casi una inversión en estatus. Y se produce también un movimiento en sentido inverso, que es la incorporación al catálogo de estilos de las clases medias modas originadas en los sectores más pobres, como los jeans caídos que usan los jóvenes blancos de los colleges estadounidenses y cuyo origen es la prohibición de utilizar cinturón en las cárceles de la comunidad negra. O, en Argentina, la incorporación de la música tropical al repertorio de las fiestas de Barrio Norte y hasta el surgimiento de bandas de “cumbia cheta” tipo Agapornis.

Pero no nos desviemos. Lo que quiero plantear aquí es que, desde su irrupción hace más de dos siglos, el consumo ha ido ganando centralidad en la vida social, a punto tal que, según Zygmunt Bauman, es el mismo sujeto el que se transforma en objeto de consumo, una especie de promotor de sí mismo a la hora de presentarse a una entrevista laboral, preparar el papeleo para la inmigración selectiva al primer mundo u ofrecer su “intimidad estilizada” en las redes sociales.

Por eso el consumo no debería ser visto como el síntoma de una alienación absoluta impuesta por un capitalismo todopoderoso a un hombre inerme, como sostiene el marxismo de caricatura, pero tampoco como la elección de un individuo libre, racional y plenamente informado, como creen los liberales. El consumo es comprar, pero también exhibir, desear y soñar. Es una forma de decir quiénes somos y quiénes no queremos ser. Es un factor que, desigualmente repartido por la estructura social, funciona como una vía de afirmación identitaria, un potente vehículo aspiracional y una forma de construir una relación simbólica con el mundo, que va de la vida cotidiana a la economía y de ahí, claro, a la política.

Consumo & peronismo original

La legitimidad política tiene explicaciones múltiples, que pueden ir de la conservación de un cierto orden social, la lucha contra un enemigo externo o la adhesión a un líder providencial, entre varias dimensiones no necesariamente excluyentes. Entre ellas, el acceso al consumo se ha ido convirtiendo en una de las principales, como parte de un fenómeno global que se vive en Argentina de manera particularmente intensa. Por la influencia de la inmigración europea, por el impulso igualitarista propiciado por la educación pública o por el acceso relativamente temprano a los derechos sociales, lo cierto es que en Argentina el consumo es uno de los ejes fundamentales de cualquier proceso de acumulación de poder.

Fue así con el primer peronismo, que con sus políticas de pleno empleo, salarios altos y vacaciones pagas contribuyó a crear la novedosa figura del “consumidor obrero”, reflejada por ejemplo en el boom de la venta de heladeras SIAM, que investigaciones posteriores comprobaron como un hito familiar en la memoria emotiva de las clases populares, o los cambios en la publicidad de la época, que incorporó a los avisos los códigos de señas utilizados por los trabajadores para pedir bebidas en los bares y cafés de barrio y considerados una grasada por las clases medias.

Aunque más espasmódicamente, el consumo siguió desempeñando un papel central en la vida política. Los primeros años de la dictadura, con el ingreso masivo de productos importados gracias a la apertura de Martínez de Hoz, y del alfonsinismo, con la estabilización y el crecimiento de inicios del Plan Austral, propiciaron aumentos transitorios del consumo que fortalecieron a los respectivos gobiernos, aunque el salto más grande, distinto a todos los demás, se produjo sin dudas durante el menemismo, cuando tres condiciones hasta entonces esquivas –inflación controlada, dólar barato, poder político fuerte– se combinaron con un momento bisagra en la historia mundial, signado por la globalización y el neoliberalismo.

Durante su largo ciclo en el poder, el menemismo no sólo produjo una enorme expansión del consumo sino que incorporó una serie de rasgos del primer mundo que transformarían para siempre la vida cotidiana, la fisonomía de las ciudades y la identidad social de los argentinos. De los servicios bancarios a la informática, de la tecnología inalámbrica a la medicina prepaga, de los countries a los vuelos baratos, las innovaciones de los 90 marcaron un cambio que no fue sólo de escala: los derechos del consumidor fueron elevados a rango constitucional con la reforma del 94.

Consumo & kirchnerismo

Y luego el kirchnerismo, responsable del segundo gran boom de consumo de nuestra historia. En este caso, a diferencia de los 90, el impulso no pasó tanto por la incorporación de bienes y servicios hasta entonces restringidísimos o directamente inexistentes sino por la expansión a vastos sectores sociales de productos ya disponibles. Así, por ejemplo, los hogares con microondas pasaron del 7 por ciento durante el menemismo al 45 en la actualidad, las casas con computadora aumentaron del 8 al 57 y las familias con televisor del 93 al 97. En muchos casos hubo una sustitución de modelos viejos por otros más nuevos: el porcentaje de hogares con lavarropas no automático se redujo del 38 al 23, pero aquellos con modelos automáticos pasaron del 32 al 65, y lo mismo con la heladera con frezzer, que saltó del 37 al 76. En algunos rubros el aumento fue tan asombroso como constante entre uno y otro ciclo político: las cajas de ahorro pasaron de 5 millones antes del menemismo a 16 millones a fines de los 90 y 32 millones en la actualidad, en tanto las tarjetas de crédito saltaron de 5 a más de 20 millones.

Lo central, en todo caso, es que los valores sociales también fueron cambiando: la explosión de tarjetas de crédito supuso por ejemplo el debilitamiento del ideal inmigrante de la austeridad puritana y la legitimización del “vivir a plazo”, antes considerada una posición social vergozante. Este nuevo clima fue reflejado en series, libros (Vivir afuera de Fogwill, por ejemplo) y por supuesto en los videos de Peter Capusotto, el gran intérprete de la década kirchnerista, con su banda Con-Sumo, que proponía “dejar de pensar, porque pensar es entrenar la tristeza, y salir a gastar”. Y lo detectó la publicidad, con la arquetípica pareja del Banco Galicia: Marcos, que cuida las cuentas, y Claudia, compradora compulsiva. Como escribió Alejandro Sehtman, no deja de ser sintomático que Paola Barrientos, la actriz que protagoniza la campaña, se haya convertido en una ferviente defensora de Cristina Kirchner, mientras que todos imaginamos a Claudia votando al PRO. El kirchnerismo, que al final de su década había construido un aparato de poder fenomenal, terminó derrotado por el voto popular: había conquistado a la actriz pero se había olvidado del personaje.

Macrismo & consumo

El consumo, decíamos, es más que comprar cosas. El consumidor se politiza cuando busca en las góndolas productos con la etiqueta de “comercio justo” o cuando, transformado en una especie de comprador-militante, reclama los precios cuidados (incluso la secta insólita de los veganos defiende una actitud vagamente política de respeto a los derechos humanos de las gallinas y los camarones). Y al tiempo que el consumo se politiza, el ciudadano se comporta cada vez más como un consumidor vigilante: en lugar de guiarse por viejas tradiciones ideológicas o valores familiares heredados, actúa, según la definición de Pierre Rosanvallon, como un “comprador exigente”, como alguien que mira, compara y recién después elige, y que puede por lo tanto votar a un partido un año y a otro al siguiente, a una fuerza política para presidente y a otra para gobernador. Lo sabe bien Jaime Durán Barba, que en la campaña electoral le recomendó a Mauricio Macri apostar a este elector emancipado y descartar las alianzas supuestamente esenciales para la victoria, como la articulación con un sector del peronismo en la provincia de Buenos Aires, para construir una oferta PRO pura, que al final terminó ganando.

Pero el consumo cae. Según la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas, medidas en cantidades, disminuyeron un 4,8 por ciento en el primer cuatrimestre. El fin de semana largo de junio registró una ocupación hotelera del 40 por ciento, muy por debajo del promedio del año anterior, en un patrón que se repite en prácticamente todos los rubros, incluso alimentos. Y en este sentido no deja de resultar paradójico que el macrismo, con su fe en el mercado y la sobrerrepresentación del sector privado en su gabinete, haya entendido con singular perspicacia el modo de funcionamiento de la política en términos de oferta y demanda, pero al mismo tiempo olvide la importancia del consumo como organizador de las expectativas sociales y fuente esencial de legitimidad política.

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22 Responses to Consumo y política

  1. claudia dice:

    Muy buen post (que me ayuda a amenizar el insomnio que padezco desde hace 7 meses, desde la campaña).
    Es un análisis fino, muy del estilo Natanson. Por supuesto, es una de tantas posibilidades caleidoscópicas. Porque convengamos que es casi imposible no tentarse con reduccionismos (en este caso, la mirada antropológica centrada en el eje consumo/consumidor/consumido). Fenómeno real, cómo no. Pero que no explica la totalidad de los actos de un sujeto social, sobre el cual convergen también pulsiones conscientes e inconscientes de distinto tenor. Como siempre digo, algunos conceptos de tan redondos, enamoran. El asunto es no casarnos con ellos sin haber firmado un prenupcial.
    Aquí copio otra mirada, la del brillante Teodoro Boot. Su artículo atañe tanto a la posibilidad de autocrítica como a la concepción de qué clase política es la que observamos y de si ésta puede no sólo introspeccionarse sino hacerse cargo de la transformación que ya no puede seguir postergándose. Pero hay esperanza al final del artículo. Por vía de la simple evocación de nuestro pasado, ése que todos guardamos más allá de nuestro rol de consumidores. Saludos.

    http://pajarorojo.com.ar/?p=25561

  2. Rodrigo dice:

    Me parecen siempre lúcidos, acuerde o no, los artículos de José Natanson. Este no es la excepción. ¡Gracias por subirlo estimado!

  3. Mónica dice:

    excelente post. En cierto sentido me recordó esta frase que recogí de la entrevista a Raúl “Tintabrava” Castro cantante-autor-murga Falta y Resto: “creo que el momento de bajar línea ya pasó. es un momento donde hay que ideologizar porque las grandes carencias que han tenido los intentos progresistas en todo el continente han sido la desideologización de los mismos movimientos. se ha transformado todo en tratar de de llenar el carrito del supermercado” -completa, se puede escuchar acá http://radiocut.fm/audiocut/entrevista-carlos-polimeni-a-raul-tintabrava-castro-cantante-autor-murga-falta-y-resto/#f=search&l=result

  4. David (idu) dice:

    Es muy interesante el tema del consumo.

    Pareciera que dependiese exclusivamente de una “política”, o sea que puede llevarse para arriba o para abajo mediante una decisión del Príncipe, como diría Maquiavelo.

    La realidad, como siempre, se empeña en ser muy rebelde.

    Claro que la explosión de tarifas iba a bajar el consumo ¿O qué esperábamos, seguir eternamente con tarifas totalmente desconectadas de sus costos de producción?

    Porque si decisiones políticas se tratase, bastaría conque los gobernantes de países pobres firmasen resoluciones promoviendo el “consumo”, ¡y se acabó la pobreza!

    Todo “subsidio” sea a los ricos o a los pobres, o a todos, los paga alguien. Que no es precisamente el gobernante sino el contribuyente.

    Así, el pobre que utiliza gas en garrafa carísimo, pagaba (paga)de su bolsillo el gas “barato” de los usuarios más acomodadas.

    Pagando, entre otras cosas un IVA, de los más altos del mundo.

    El Impuesto a las ganancias lo pagan las clases medias en mucho mayor proporción que los ricos. A la inversa que en Chile, nuestro ejemplo vecino “de derecha”.

    El núcleo del asunto, a mi modo de ver, es que el “consumo” como motor de crecimiento es de efectos acotados. La verdad “verdadera” es la generación de riqueza.

    Que generalmente son los sectores más vilipendiados por el infantilismo nac & pop:

    Los “agrogarcas”
    Los “grupos concentrados”.

    Y luego vienen las verdaderas generadoras de riqueza: las PYMES, (estas sí son buenas, y muy nobles), eternas defendidas por los discursos de todos los políticos y gobernantes,

    Discursos hipócritas, acompañados por una presión recaudatoria impositiva implacable.

    Pero recién en este gobierno reaccionario, neoliberal y videlista parece que hay alguna idea de tomar los pagos del confiscatorio “impuesto al cheque” (ese invento cavallista “por única vez”) a cuenta de Ganancias.

    ¡Cosas veredes, Sancho!

  5. Casiopea dice:

    Buen artículo, pero el tema del consumo es más complicado que eso. El consumo es “aspiracional”, cierto, pero la tecnología lo hace cada vez más barato y accesible. Hubo un tiempo, no hace mucho, en que las pantallas planas eran “cosa de ricos”, lo mismo que los celulares y las computadoras, ya no. Pero la tecnología es deflacionaria porque para abaratarse necesita robotizarse y expulsa del mercado de trabajo a muchos compradores. Por eso el consumo no es por sí solo lo que va a sostener una economía, so pena de que ocurra lo que nos ocurre siempre a nosotros, que terminamos consumiendo “obligados” productos caros de tecnología superada. Esto no es nuevo, claro, basta ver las feroces rebeliones de campesinos medievales cada vez que aparecía una herramienta agrícola nueva. Pero ahora ocurre mucho más rápido, varias veces en la vida de una misma persona. Hay que educar muy bien a los chicos…

  6. Silenoz dice:

    Redescubrió la pólvora don Natanson… no nos dimos cuenta:¡¡¡“es el consumo estúpido”!!!…
    Y sí claaa…. ¿qué esperaba? ¿cuál es la novedad? ¿a qué nos referimos o cuán lejos está cuando decimos “es la economía estúpido”?

    A mi la nota me deja una apreciación negativa del autor con respecto al consumo –cosa que me rompe un poco las talope debo reconocer-.

    Reconociendo algún prejuicio de mi parte, quizás sea ese reflejo típico del intelectual ¿orgánico? progre iniciado o con influencias tempranas en el marxismo y que todavía anda yirando y cuando puede, mecha este tipo de “tendenciosidad”, connotándolo negativamente y acercándose –siendo funcional en algunas ocasiones- al ideal reaccionario típico del conservador que promulga éticas y conductas que casi nunca lleva a la práctica, que promueve para los demás pero nunca para sí….

    Un claro ejemplo de sentido común propalado a la mersada y que esta toma y redefine de la manera más vulgar, son dichos como el del expulsado de la huerta terapéutica de por acá arriba cuando te tira cualunqueadas como:
    ” el “consumo” como motor de crecimiento es de efectos acotados. La verdad “verdadera” es la generación de riqueza.”

    Típico pensamiento barnizado de Ilustración Enciclopedista promovido por la “superestructura” vía, por ej., la tesis del “empleado medio”, (viniendo del epistemólogo Davidenko, con semejante nivel de confusión conceptual y de sinapsis, no es de extrañar que no entienda por qué los gobiernos que hacen lo que él considera correcto “a la final” lo terminan fundiendo.. ja ja…)

    El consumo ES El generador de riqueza ya que la guita bien habida o productiva es la que proviene de la producción y su posterior realización –venta- para así después transformarse en riqueza y la acumulación de riqueza no genera “per sé” mejoras en el nivel de vida general.

    Con respecto a la maldición del consumo, creo pertinente entender algunas cosas:

    1) El consumo privado referido a gasto en bienes “suntuarios”, a crédito entre otros por fuera de lo estrictamente necesario para “reproducir la fuerza de o factor trabajo” (intento expresarlo en términos maso marxistas para que los ofos opas con master en la sierra Maestra lo entiendan) son uno de los tres componentes autónomos de la demanda que más inciden en el crecimiento. Las exportaciones inclusive son consumos que hacen otros mercados internos y no es casual que los países industrializados tengan mejores niveles de vida produciendo/vendiendo los medios –principalmente- para producir chirimbolos 3.0 suntuarios, por fuera del alcance del “empleado medio” según algunos y no aquellos que se dedican al morfi

    2) Si el consumo no fuera el motor del crecimiento y se siguiera la lógica calvinista, su austeridad virtuosa y to’o eso, el resultado sería sociedades tipo amish, no es que sean intrínsecamente malas ni mucho menos, solo notar que NO parece ser el ideal de la (gran) mayoría, una suerte de lo que se denomina como economía en estado reintegrativo que ni siquiera los clásicos (Smith, Ricardo, Marx et al) suponían normal, de equilibrio o algo así

    3) Hay que entender que el citado -como hoyoroso por algunos- “consumo” es un devenir histórico que refleja los distintos estadios por los cuales atraviesa la sociedad, los distintos ciclos económicos afectan el consumo tanto en la depresión como en el auge

    El “problema” que presentan para ciertas mentes “bien-pensantes”, es que los picos o alzas de los ciclos económicos generan cambios en los hábitos de consumo y cuanto mayor sea la duración de los mismos, esos nuevos “hábitos” se arraigan, pasándose a considerar de esta forma, como “normales”, “honrosos”, “mínimo aceptable”, “decoroso” y, por qué no, como “derechos”. Quizás la ortodoxia entienda por qué los salarios nominales son muy poco o casi nada flexibles a la baja y de donde viene la “litigiosidad” laboral

    La evolución histórica del bienestar de la familia media que, para no irnos demasiado atrás, evolucionó del horno a leña a la cocina a gas/microondas, de la barra de hielo al freezer, de la radio a válvulas al plasma, del carro a caballo al Ford Fiesta, ir de visita un fin de semana a un pariente al mojarse las patas 15 días en las Toninas o en Villa C. Paz, no debe verse como algo culposo y generador de vidas licenciosas…. que se yo digo… ofcors los excesos son malos… dicen bahhhh….

    Los marxistas tienen razón cuando se habla de lucha de la clases, al final de cuentas sólo se trata de la víscera más sensible, plusvalía choreada ponele, pero lo que algunos “dogmáticos” o de “caricatura” no pueden reconocer es que no existe esa “conciencia de clase” tradicional. Y, de existir, quizás deba redefinirse como conciencia de clase “burguesa”. Será por esto que no escandaliza como debiera el choreo de “guante blanco”… pertenecer tiene sus privilegios.. no cualquiera….

    En d’fenitiva, me parece que los significados de la SIAM y sus reencarnaciones evolutivas, las “marcas sociales” y las letras de la banda “Con-Sumo” son aristas de algo mucho más profundo, denso, fuerte dentro de lo enunciado como “organizador de las expectativas sociales”, más allá de los problemas patológicos que estas aristas pueden llegar a producir en algunos, en el fondo nos referimos a la búsqueda de una calidad o forma de vida deseada independientemente que se considere, vaya a saber por quién, óptima o no, dando “ legitimidad política” a quien te la concede o acerca.. y sí, claro “as iushual”….

    • David (idu) dice:

      Cramba, Sile:

      Luego de despedazar argumentalmente mis torpes razonamientos epistemológicos debidos a inexorables fallas de sinapsis neuronales, terminás diciendo… ¡lo mismo que yo!

      O sea que solo puede haber “consumo” de bienes previamente “producidos”, mediante “guita bien habida” obviamente, y que se expresa de modo curioso en esta frase:

      ———————-
      El consumo ES El generador de riqueza ya que la guita bien habida o productiva es la que proviene de la producción y su posterior realización –venta- para así después transformarse en riqueza y la acumulación de riqueza no genera “per sé” mejoras en el nivel de vida general.
      ———————-

      Curioso razonamiento al vesre:

      Me recuerda el Teorema de la Inversión de la Condicionalidad de Bayes, del cual podríamos enunciar este corolario:

      La generación de riqueza sería el consumo final, y la producción provino de “la nada”, ya que el resultado económico fue “acumulado” por “alguien” (seguramente muuuuuyyyyy malo)

      ¡Un estudiante de lógica formal ahí, please!

      • guillermo p dice:

        Idus:
        Su problema de discernimiento y que pretende que Sile se contradice es haberse quedado 2 siglos atrás. La ley de Say es justamente lo que Ud. propone. Algo así como el problema del huevo y la gallina. Y en esos términos ya no es posible discutir economía polítca.

      • David (idu) dice:

        Preguntale a Say, qué fue primero: el Mercedes Benz o la rueda…

    • qué bueno tener aquí a alguien que existe no sólo para pensar.
      gracias silenoz por el humor en tiempos de crisis.

      • guillermo p dice:

        PD Idus: me maravilló su libre asociación (más propia de un psicoanalista) con el teorema de Bayes. y que:
        dado su ejemplo de corolario,
        y la no pertinencia de Bayes en eso,
        podemos inferir que no lo entiende.

        No será lógica formal pero se parece a proposicional.

      • David (idu) dice:

        Así es, Guillermo P:

        La libre asociación no solo es útil para el psicoanálisis, sino también para inventar, crear, descubrir, enunciar leyes, etc.

        Si sigo así (libreasociando), tal vez algún día entienda el teorema de Bayes, sobre el cual hice una tesis en el posgrado.

    • Norberto dice:

      Quien haya jugado al rugby entiende personas como Natanson, por su analogía con los ingleses, que inventaron sus reglas en el viejo College y luego gracias a los referees, colonials en exacto sentido que el de algunos periodistas piensan, se dedicaron sistemáticamente a romperlas en su beneficio mientras aquellos cobraban las faltas reales o ficticias a los rivales de sus equipos y hacían la vista gorda en beneficio del equipo del país origen del deporte.
      Nunca menos y abrazos

      • claudia dice:

        Siempre se puede ser funcional al Poder. La diferencia (menor o mayor de acuerdo a la profundidad de los resultados finales), es si el servicio se realiza voluntaria o involuntariamente.

    • Silenoz dice:

      Siguiendo con los cambios de “hábitos de consumo” en las alzas de los ciclos que dependiendo de su duración se transforman en “derechos adquiridos” (inclusive, algunos de ellos comienzan a formar parte de los “rasgos culturales”) circunscripto a nuestro devenir histórico vernáculo, cuando sobrevienen las “restauraciones” -como la llevada a cabo por la asociación ilícita de tilingos gobernantes actual- con sus medidas correctivas tendientes a restablecer de una “virtud” perdida por el “consumismo exacerbado e insustentable de los gobiernos populistas”, indefectiblemente conducen a un aumento de la litigiosidad por que todas ese medidas socavan “hábitos” que se consideran “ganados”, “honrosos”, “decorosos”, “normales”, etc.

      El efecto valorado como de mejora producidos en el bienestar, el tiempo transcurrido y el hecho que son compartidos, aceptados y poco discutidos por una relativa mayoría de la población, genera como consecuencia una mayor capacidad de resistencia del “empleado medio” en su lucha contra la pérdida de dichos “derechos”.

      Resistencia más/menos furibunda frente a la amenaza y/o pérdida de la posibilidad adquirida, internalizada y compartida socialmente de renovar el autito, irse a mojar las patas 15 días porái, el asadito de los domingos, pasar del ventilador al aire o del plasma al smart tv, y que no se remite estricta o directamente a lo “dinerario” como la gratuidad de la universidad por ej.

      En definitiva, cambios en la forma de vida que, por esas cosas del destino, fueran propiciadas por el primer radicalismo, el peronismo fundante en su versión 1.0 y, más tarde, en su relativa “última versión estable” 3.0. generó y reflota un polo antitético y profundamente cuestionador respecto al opuesto “de equilibrio o normal” impuesto por la generación del ‘80

      Polos tan enfrentados y, en cierta forma, irreconciliables; cuya mayor visibilidad se produce en la fase del “stop” (dentro de las cíclicas situaciones de “stop&go”) y que impiden el cierre del círculo “dialéctico hegeliano”, se dificulta la posibilidad de síntesis cuando los polos enfrentados se niegan mutuamente o cuando la salida superadora implica la claudicación total, la reducción a cenizas del adversario, si es que este tipo de salida filosófica es posible…… digo que se ió…. tema espinoso pa’ mi esto de la “filosofía” pero buehhh frente a la resistencia manifiesta de la toldería por “apropiarse y socializar” los “medios de producción” revolución mediante….

      PD1: ya que estamos y siguiendo con el “bullying 2.0”, yo creo que Davidenko adolece de un cuadro de “spaltung” agudo no debidamente tratado ja ja…

      PD2:Y si ‘ña Ana Lía (con todo respeto ehhhh..) le agradezco y de eso se trata… lo digo principalmente por lo del humor que es lo que “menos mal” me sale me pa’…. ja ja…
      Ya lo dijo el compañero Cayo Sempronio Graco (o ¿era Lucio Cornelio Sila…? buehhh “nevermaind”) “non calentarum largum vivirum”

      • David (idu) dice:

        Agradezco sinceramente, y de todo corazón, el interés de los cumpas por mi salud mental.

        Lo del “spaltung” me dejó preocupado.

        Lo veré con mi psiquiatra (abandoné a mi analista).

        Saludos.

  7. victorlustig dice:

    notable la divinizacion del consumo, sin tener en cuenta dos cosas

    a) Bienes de capital produciendo los bienes de consumo o
    b) dolares para importarlos

    y, en paises como el nuestro donde toda la industria es armado o terminacion de bienes de consumo (excluyo TdF, en gral desarmado estampillado y armado), donde los aviones son catalogados como importaciones industriales, solo se puede estimular el consumo gastando los stocks, primero de capacidad ociosa, luego de hs extras (hasta donde ganacias lo permitia), despues de dolarios.

    pero bueno, es lo que hay

    PS fabricacion de bienes capital, hay, pero en gral importa semiarmados y termina

    en fin

    • Norberto dice:

      Me gustaría saber dónde está la base para decir que una aeronave comercial no es un bien de capital, y por lo tanto una importación industrial.
      Nunca menos y abrazos

      • victorlustig dice:

        es una eterna discusion, pero, salvo servicios no producen terceros bienes
        podes arguir que un camion tampoco, pero, en el caso de un avion, y, siempre tengo en cuenta que un año (no se si en los 70s u 80s) pusieron que importabamos bienes de capital, el 80% eran los 747
        pero bueno, el resto es discutible nomas

        de todas formas Norberto, salvo el combustible ( su produccion necesita aditivos importados) y los sanguchitos, el resto es importado, ya que, debe ser aprobado como bien sabes por la FAA (no es la Fueza Aerea, vos lo sabes, muchos, no), o no es asi?

    • Silenoz dice:

      Bueno.. bueno.. a no desfallecer.. yo siempre atiendo a mi clientela ja ja…

      La “divinizacion” es reconocer el motor sustentable, genuino, no ficticio ponele del capitalismo … los desvíos que los curen los sicólogos, siquiátras, grupos de autoayuda, huertas terapéuticas.. que se ió

      Bienes de capital para fabricar…… bienes de consumo o finales que “consumen” los…… “cristianos” y, a futuro, “consumirán” los ….. ¿robots? ja ja…

      ” gastando los stocks, primero de capacidad ociosa, luego de hs extras (hasta donde ganacias lo permitia)”
      resumen confuso, epítome del pensamiento ortodoxo que los neoliberalotes NO conscientes regurgitan sin pensar….

      Esto supone recursos escasos -finitos- en una realidad en donde sobra de todo hasta los recursos no renovables, la capacidad ociosa es un estado deseado de los empresarios y las hs extras buscan satisacer ¿qué?.. lo que se demanda o consume….. ¿stock – flujos la especialida’ del rentista porotero?

      No debería ser tan difícil para los “capataces eficientes” ehhh…. ja ja…

      Saludos

      • victorlustig dice:

        cierto che, es la declinacion secular, que el mago Galluccio rompio,

        y de los robots, lee algo nuevo, pero, volviendo al tema anterior
        NO FUE ASI?

        Si sobraba de todo, por que el cepo, total, sobraba de todo, ponele, si sobraba de todo, por que las DJAI? si, como vos decis, sobraba de todo

        siga siga

  8. David (idu) dice:

    Entiendo que Fontevecchia sea una mala palabra en estos ámbitos.

    Pero me gustaría que los amigos blogueros aprendan, como yo hoy, por qué los humanos cocinamos la comida, y eso nos diferenció definitivamente de otros animales.

    Y otras cosas que también se están estudiando hoy en día.

    http://www.perfil.com/columnistas/Bicentenario-y-pobrismo-20160703-0002.html

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