Es para Durán Barba que lo mira por TV

marzo 27, 2016

plaza de mayo

En un estilo muy blog de Abel, empiezo con una aclaración para evitar malos entendidos. Es que tenemos tanta facilidad para entender mal…

El título no es un cuestionamiento a un distinguido profesional. Es cierto que uno tiene importantes diferencias de opinión con Jaime Durán Barba, pero sería absurdo negar que ha hecho un excelente trabajo para su cliente, el ingeniero Macri, ahora Presidente. En un plano más general, el percibió, antes y con mayor claridad que otros, la existencia de una masa numerosa de votantes, en determinadas ocasiones mayoritaria, que no se sentía identificada con los discursos políticos. Con ninguno de ellos. Que podía ser convocada con un mensaje… hedonista, que no planteara confrontaciones. En todo caso, una más sutil: con los políticos, a los que se mostraba ajenos, y con los que se aprovechaban de la política (Que los hay, los hay).

Por supuesto, muchos pensadores han escrito sobre la anomia de la sociedad moderna, la «modernidad líquida». Pero una cosa es la discusión intelectual, y muy otra trazar una campaña electoral. Don Jaime la hizo bien.

¿Por qué entonces el título? Bueno, uno de los planteos que me inclino a hacer a la tesis Durán Barba, es que es válida solamente cuando la sociedad no enfrenta una crisis. Y cuando la mayoría -aunque esté descontenta (estado natural del ser humano)- encuentra que su situación económica no le despierta inquietud. (¿Se entiende?: el descontento puede surgir de expectativas no cumplidas o de comparaciones; la inquietud, de creer que su situación actual puede desmejorar).

Hay algo irónico en esto: el gobierno de Cristina Kirchner, que se esforzó en mantener el nivel de empleo y de consumo, aún a costa de algunos desequilibrios, se aferró a un discurso confrontativo, que procuraba convencer a las mayorías de los peligros que la acechaban. Puede decirse que tenía razón, en sus términos: el peligro era la victoria de Macri. Pero fue esa política la que, simplificando mucho, contribuyó a hacerla posible… En los términos que planteaba Durán Barba.

Pero este no es el punto del posteo. Las tesis contrafácticas («Qué habría pasado si…») son indemostrables. Las políticas de ajuste -el «sinceramiento» y los despidos- que está llevando adelante el gobierno Macri pueden cambiar por completo el clima social en el futuro. Mas, hasta ahora, las protestas por la economía han sido sectoriales.

Lo que me parece necesario prestar atención es a las manifestaciones que hubo en prácticamente todas las ciudades argentinas este jueves 24 de marzo. No voy a hacer un análisis político detallado. Basta con algunos hechos evidentes: casi no hubo infraestructura logística (transportes colectivos); las organizaciones de derechos humanos, el peronismo -hasta donde pudieron apreciar variados interlocutores, la columna más importante de ese origen en la Plaza de Mayo fue la de La Cámpora- y los partidos de izquierda, en ese orden, mostraron una presencia orgánica de militantes muy numerosa.

Y el dato principal: la gran mayoría de los participantes fueron «sueltos». Es decir, no estaban encuadrados por ninguna organización ni mostraban pertenencia política. Esto no contradice la percepción de Durán Barba: los que se manifiestan nunca son la mayoría de una sociedad. Es obvio.

Tampoco desmiente un hecho fundamental: las protestas que obligan a cambiar el curso de una sociedad son las que movilizan a sectores sociales definidos, con objetivos concretos y, eventualmente, una conducción política.

Lo que sí hace es hacernos ver que una parte de los argentinos hoy se moviliza en torno a un símbolo, la memoria de algo ocurrido hace 40 años -y antes y después de esa fecha, pero sintetizado en ese aniversario. Que todavía símbolos y valores tienen capacidad de sumar emociones y de mover voluntades, especialmente entre los jóvenes. El que crea que eso no es importante porque no se refleja como mayoría en las encuestas, no tiene idea de la política, ni de la dinámica social.


El mito de la decadencia argentina

marzo 26, 2016
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Esta nota ha sido posteada ayer en el muy visitado blog de Artemio López. Estrictamente, no sería necesario reproducirla aquí.
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Pero… sucede que el mito de la decadencia argentina está profundamente instalado como «conocimiento objetivo». No sólo en los medios del mundo desarrollado -de donde se adquiere lo que se da por cierto en el mundo «emergente», salvo donde aparatos ideológicos instalan un relato, igualmente sesgado. Lo más grave, para nosotros, es que una parte muy numerosa de nuestra población está convencida de él. Hasta forma parte de su identidad. Y lo repite como un credo en cada oportunidad que puede.
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Este artículo es largo, con muchos números y algunas tablas. En un feriado largo, se supone, hay tiempo para leer. En cualquier caso, recomiendo volcarlo a Word e imprimirlo (lo he emprolijado con esa intención). No es para convencer a los decadentistas, por Dios! Ya leerán los comentarios de ese palo. La idea es que los argentinos que asumimos nuestra identidad tengamos claro que sí, Argentina se ha desarrollado -en todo el sentido del término- por debajo de sus posibilidades. Y cuáles fueron las decisiones equivocadas que causaron eso. Decisiones que vamos a repetir, si no las entendemos.
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«El mito sobre la Argentina rica de la “Belle Epoque” ha sido revivido una vez más por The New York Times y el semanario británico The Economist para criticar la supuesta decadencia actual. El mito descansa sobre un dato. A principios del siglo XX, el Producto Interno Bruto (PIB) nacional se situaba entre los diez más altos del planeta. El corolario usual de este dato esgrimido tanto en el país como en el extranjero es que todo se arruinó con el peronismo.
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En la página web de Economonitor, que dirige el célebre Nouriel Roubini, el economista argentino Eugenio Díaz Bonilla, del IFPI de Washington (International Food Policy Institute), usó los datos del proyecto Maddison –la mejor fuente para la comparación global histórica de distintas naciones– para comparar el desarrollo argentino con el de Estados Unidos, Australia, Europa y el resto de América latina. Este es su estudio, originalmente publicado en idioma inglés, acá.
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El 15 de febrero The Economist publicó un artículo interesante sobre Argentina: «La tragedia de Argentina. Un siglo de decadencia «, con el subtítulo,» Hace cien años Argentina era el futuro. ¿Qué salió mal? «
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Como es habitual en esa revista, es un artículo muy bien escrito. Pero no es, en mi opinión, una interpretación precisa de la historia de Argentina. (Tuve la oportunidad de debatir la comparación errónea entre la Argentina y los EE.UU. con Alan Beattie en este blog).
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El artículo de The Economist es mucho más matizado, pero mantiene un punto de vista común: que la historia de la Argentina es un largo descenso desde que era un país muy importante en el comienzo de la década de 1900 a los tiempos actuales menos prometedores.
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La narrativa de The Economist concluye con una sugerencia: «Ningún otro país llegó tan cerca de unirse al mundo rico, sólo para volver a caer. Entender por qué es el primer paso para un futuro mejor «.
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La «caída de cien años» es un mito perdurable en la Argentina, sobre todo en el caso de  la minoría que parece añorar los tiempos en los que la Argentina era un país agrario con una democracia muy restringida o sin democracia en absoluto. Por lo tanto, es de hecho crucial para las perspectivas de futuro de la Argentina tener un correcto diagnóstico de la evolución económica del país durante el siglo pasado y tratar de identificar las razones.
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A continuación voy a tratar de demostrar que en lugar  de una «disminución de un siglo», lo que caracteriza la evolución económica de Argentina en comparación con otros países es que sufrió un profundo colapso económico desde mediados de la década de 1970 hasta finales de la década de 1980 (en lo que sigue, los datos son del Proyecto de Maddison).
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Este cambio estructural en la evolución del PIB per cápita (PIBpc) en Argentina de hecho se puede atribuir a las condiciones internas en ese país. Pero aparte de eso, no hay mucha diferencia en la evolución de la Argentina, en comparación con, por ejemplo, Australia, o Uruguay, dos países mencionados por The Economist, que o bien no han sufrido el » siglo de decadencia » y / o han tenido mejores políticas económicas e institucionales que Argentina.
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Es cierto que otros países como Corea o España, que tenían PIBpc muy inferiores a la Argentina durante gran parte del siglo 20 y superaron a Argentina por un amplio margen desde 1970 (agregado nuestro: hasta la mega crisis de la eurozona hoy) .
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Pero también es cierto que si la Argentina hubiera evitado la fuerte caída de mediados de la década de 1970 y mantenido la proporción del PIBpc de Estados Unidos que prevalecía antes de ese quiebre estructural, el país habría tenido ahora un ingreso per cápita superior a todos los países de América Latina y muchos países europeos como Portugal, la República Checa, Hungría y Polonia.
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Y si se hubiera mantenido la tendencia de crecimiento lineal que existió desde 1960 hasta mediados de la década de 1970 estaría ahora más o menos al nivel de Nueva Zelanda o superior al de España, según los datos del Proyecto Maddison. En otras palabras, si la Argentina hubiera evitado la tragedia real que se inició a mediados de la década de 1970 (con la última dictadura de la que se cumplieron 40 años), sería ahora un país desarrollado.
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Por lo tanto, lo que hay que explicar que no son «cien años de descenso». El colapso fue a mediados de 1970. En lo que sigue voy a presentar los datos que muestran el cambio estructural de 1970 y hacer algunos comentarios acerca de las cuestiones relacionadas con dicha ruptura, pero la discusión acerca de lo que considero las razones más profundas del colapso excede esta nota.
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La siguiente tabla muestra el valor del PIB per cápita (en dólares de 1990, calculada por el Proyecto Maddison) de Argentina desde 1880 hasta 2010. Allí, se puede ver más claramente el descenso desde mediados de la década de 1970 hasta la baja del 1989- 1990.
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Si, como se argumentó antes, Argentina habría mantenido la sección lineal de crecimiento tendencial de la década de 1960 sin el colapso a mediados de la década de 1970, el país habría tenido un PIB pc aproximadamente 60% mayor que el existente en 2010, colocando a la Argentina en el (menor rango del) grupo de países desarrollados.
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Por supuesto, lo que cuenta no es sólo el nivel absoluto de PIBpc  también el relativo, es decir, cuánto ha crecido Argentina en comparación con otros países.
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La tabla siguiente muestra la relación entre el PIBpc en términos de PPA para Australia, doce países europeos (Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, (el Centro-Norte de) Italia, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza, Reino Unido) y Argentina, en comparación con los EE.UU.. Los datos van de 1900 a 2010. Hay cinco fases diferentes en la evolución del PIBpc de Argentina en comparación con los EE.UU. y otros países y regiones.
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En la primera fase, de 1900 a finales de la década de 1930, Argentina oscila entre el 60-80% del PIB pc de los EE.UU., comparable con el grupo europeo (promedio de 67% para Argentina y 69% para los países europeos), pero claramente por debajo de Australia, que se mueve entre el 80% y hasta más del 100% de PIBpc de EE.UU. durante los años en que los ingresos de Australia eran más grandes que los de los de ese país (el promedio del período fue de 91%).
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En la Fase II, desde el final de la década de 1930 y mediados de la década de 1940 los tres países y grupos de países se redujeron como porcentaje de PIBpc de EE.UU., ya que este último país duplicó el tamaño de su economía entre 1938 y 1944 como resultado de la expansión económica vinculada a la producción industrial de la Segunda Guerra Mundial (un promedio de crecimiento anual de más del 12%). En el caso de los países europeos la disminución del ratio es también debido al impacto negativo de la Segunda Guerra Mundial. Aunque los EE.UU. devolvió algunos de los beneficios económicos de la expansión en tiempo de guerra durante la recesión de la posguerra inmediata, se mantuvo en un nivel más elevado; y su economía ampliada explica la disminución relativa de Australia y Argentina, y no algo que hizo uno u otro país internamente.
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En la fase III entre 1945 y 1975 (periodo que en la Argentina se inicia con el primer gobierno del presidente Perón y termina con el golpe militar que acabó con el tercer gobierno del Partido Justicialista), Australia y Argentina se amesetaron, y bajaron ambos países respecto al fuerte aumento de la economía de Estados Unidos: Australia bajó de un 91% de PIBpc de EE.UU., en promedio, en la Fase I al 77% en la Fase III y Argentina del 67% al 49%. Australia ha mantenido en gran parte ese nivel hasta ahora (con pequeñas variaciones), mientras que Argentina se quedó en el nuevo nivel sólo hasta mediados de la década de 1970, cuando ocurrió la caída profunda , que está en el núcleo del mito de los «cien años de declive».
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Los países europeos, por el contrario, ayudados por los esfuerzos de reconstrucción de guerra históricos (en relación con el Plan Marshall financiado por Estados Unidos) alcanzaron el 74% del PIB pc de Estados Unidos, similar a los niveles de la era pre-Primera Guerra Mundial (y muy por encima del anterior promedio para el período 1900-1938).
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Sin embargo, Australia y Argentina, que no contaban con un apoyo estadounidense similar como Europa, se quedaron, como se ha señalado, en el nuevo y más bajo nivel de meseta. Por lo tanto, las comparaciones de la disminución relativa de la Argentina (y Australia) en contra de los países de Europa occidental no es una tragedia interna de los dos primeros países, sino un triunfo de la estrategia de reconstrucción de la posguerra del lado capitalista y democrático de ese continente.
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Hasta ahora se ha demostrado que entre 1900 y 1975, es decir, en tres cuartas partes de los «cien años de declive,» tanto Australia como Argentina se han movido en términos generales en paralelo. Por supuesto, Australia, que tiene alrededor de la mitad de la población de Argentina y está dotado de más recursos naturales que este último país, fue siempre superior en el PIB pc a pesar de lo que el movimiento relativo comparado refleja. Si la Argentina estaba en declive respecto a USA , a continuación, Australia estaba disminuyendo también.  Pero, en cualquier caso, se debió al único y sin precedentes salto en la economía de Estados Unidos y no debido a que ambos países habían cambiado sus trayectorias de crecimiento anteriores.
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La tabla siguiente presenta otra vista de la misma evolución: se muestra el PIBpc de Argentina y Australia como porcentajes de los EE.UU. y luego los puntos porcentuales (pps) perdidos por ambos países durante los períodos indicados en comparación con el período entre 1900 y 1938. La parte inferior para la Argentina en 1989-1990 también se incluye en la tabla.
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Está claro que ambos países perdieron varios puntos porcentuales después de que el PIBpc de los EE.UU. se duplicó en la década de 1940: por ejemplo, en el periodo 1945-1975, la participación de Australia con respecto al PIBpc de los EE.UU. fue de casi 16 puntos porcentuales más baja en comparación con el período de pre-Segunda Guerra Mundial y la participación de Argentina perdió algo más de 18 puntos porcentuales.
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Aunque está claro que entre la Segunda Guerra Mundial y mediados de la década de 1970 Argentina hizo algo peor que Australia en comparación con los EE.UU. (una diferencia de alrededor de 2 puntos porcentuales), es apenas un pequeño bache que no justifica hablar de «decadencia» y puede ser explicado por un mejor rendimiento económico de Australia durante el período temprano de la guerra.
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Ese país, mejor posicionado en la economía internacional y alineado claramente con los ganadores de la Segunda guerra Mundial, creció a casi el doble de la tasa de Argentina entre 1938 y 1944. Sin embargo, entre 1945 y 1975 ambos países crecieron a la misma tasa (un crecimiento anual del 1,9% PIBpc).
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El problema para Argentina ocurre en la Fase IV, desde mediados de la década de 1970 hasta el final de 1989 a 1990, cuando el país perdió una cuota adicional de unos 20 pps (cayendo al 28% de PIBpc de EE.UU. en 1989-1990). Por otra parte, Australia, básicamente, mantuvo su participación en torno al 76% del PIBpc de los Estados Unidos  en 1945-1975 y en 1975-1989. Por lo tanto, fue durante este período de mediados de los años setenta ( con el inicio de la última dictadura)  cuando el cambio estructural que colocó Argentina en un nivel comparativo mucho más bajo se llevó a cabo. Esta es la «tragedia decadentista» que necesita ser entendida, y que es muy diferente del mito de «cien años de decadencia».
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El declive comenzó con la fractura de la sociedad después de la muerte de Perón en 1974, pero fue el golpe militar subsiguiente de marzo de 1976, con el objetivo de acabar con el Partido Justicialista y sus seguidores (una «solución final» para la Argentina, si va), con muerte y exilios de  un número significativo de argentinos (que entre otras cosas vació la base relativamente bien construida de científicos, principalmente en universidades públicas), comenzó a desmantelar la base fabril que se suponía sustentaba al Partido Peronista – su leal base de mano de obra obrera-, generó la explosión de endeudamiento que llevó a la crisis de la deuda de 1980, y dilapidó una gran cantidad de recursos fiscales en diferentes aventuras militares (incluyendo la invasión equivocada de las Malvinas, lo que generó también perdidas de vidas ).
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El Partido Radical, con el presidente Alfonsín, ganó las elecciones en 1983 e hizo un trabajo muy bueno en la restauración de las instituciones democráticas (incluidos los juicios y el encarcelamiento de los líderes militares responsables de la tragedia de la década de 1970. sin precedentes). Sin embargo, esa administración estaba en problemas por la muy debilitada y altamente endeudada economía heredada del gobierno dictatorial anterior, tuvo que lidiar con un ejército indisciplinado (con varias intentonas en los años 1980 y 1990, hasta que los golpistas fueron finalmente derrotados durante el gobierno de Menem), y estuvo bajo la presión de una fuerza de trabajo que esperaba mejoras en sus condiciones de vida después de una década de compresión de los salarios en manos delos militares, y sufrió adicionalmente el colapso de los precios de los productos básicos a mediados de la década de 1980.
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La Fase IV terminó con la crisis de hiperinflación 1989, que obligó al presidente Alfonsín a dejar su Presidencia varios meses antes.
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Durante la fase V, que se inicia en 1990, la economía de Argentina comenzó a crecer de nuevo, aunque no sin decepciones, como la crisis generada por el tipo de cambio fijo 1peso-1dolar, y el actual período de estancamiento, a partir sobre todo del año 2012 (no se muestra en la Lista de éxitos), y también se ha visto afectada por la manipulación de las estadísticas de inflación desde principios de 2007. La amplia victoria electoral de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2011 crearon la situación , no inusual,  de un gobierno que tras un triunfo político enorme no sólo no se enfrentó a los problemas que necesitaban atención (empezando por la inflación y los subsidios a la energía), sino que agregó más errores de política, en particular durante los últimos dos años.
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Aún así, durante el periodo 1990-2010 el PIBpc de Argentina creció a un promedio del 2,2%, incluso tomando en cuenta el colapso después de la finalización del Plan de Convertibilidad. Este período reciente (bajo gobierno kirchnerista) ha demostrado el mejor desempeño de crecimiento desde la «época de oro» entre 1880 a 1900 (3,2%), y ha sido claramente superior al desempeño entre 1990 y 2010 de los EE.UU. (1,3%), esos doce países europeos (1,3% ), Australia (1,9%), Brasil (1,3%) y México (1,3%), a pesar de que ha sido peor que el de Chile (3,8%) y Uruguay (2,8%), sólo para dar algunos puntos de comparación.
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En consecuencia, como muestra el cuadro 1, Argentina, en 2010, había recuperado casi 6 puntos porcentuales en este período en comparación con el PIBpc Estados Unidos, debido a una combinación de crecimiento más rápido y la desaceleración económica actual en los EE.UU..
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La siguiente tabla muestra Argentina en comparación con Australia, como antes, pero con la adición de Uruguay.
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La disminución relativamente paralela de Argentina y Uruguay (un país que The Economist considera, no sin razón, que tuvo mejores políticas económicas e institucionales que Argentina) debe abrir marcas graves de interrogación para algunas de las explicaciones que se ofrecen sobre las razones de la disminución relativa de la Argentina.
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Podría agregar otros gráficos similares con diferentes países, pero la historia del colapso en la década del 70 no cambia.
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En resumen: el problema de la Argentina no es de cien años de deterioro, sino que pueda curar las heridas políticas, sociales y económicas del golpe militar de mediados de 1970. Algunos dirán que mucho tiempo ha pasado de utilizar ese evento como punto de referencia. Sin embargo, se tardó alrededor de un siglo entre la Guerra Civil de Estados Unidos y de la década de 1960, cuando algunos de los elementos más notorios de la discriminación contra las minorías se abordaron. La curación de las heridas históricas puede tardar décadas o incluso siglos.
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En cualquier caso, los gobiernos democráticos desde 1983 primero pusieron un piso a la caída y luego, con subidas y bajadas, con éxitos y también errores, han colocado al país en una trayectoria ascendente de nuevo. … En una década más o menos, la Argentina puede ser un país desarrollado, contando con sus recursos humanos y naturales. Un primer paso sería seguir las políticas que permitan volver a la relación con el PIBpc de los Estados Unidos que prevaleció entre 1945-1975. Pero para hacer eso, sería prudente descartar el mito de cien años de declive, con su anhelo de una era de oro de Argentina que nunca tuvo.
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Fuera de la Argentina, el mito sirve para estructurar la percepción errónea de cuentos morales agradables, como el presentado por The Economist, dando la idea de un país de gran potencial que es llevado por mal camino por el hecho de que sus propios ciudadanos eligen constantemente gobiernos «populistas». Este punto de vista conduce a la sugerencia inútil e irrelevante ofrecida por The Economist sobre que los argentinos deben cambiar y aprender a soportar el dolor ( «los propios argentinos también deben cambiar … persuadir a la población a abrazar el concepto de que el dolor es necesario y será difícil».
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No solo es una sugerencia irrelevante, sino que también peligrosa. La idea que el problema de la Argentina ha sido que gran parte de sus ciudadanos eligieron consistentemente gobiernos «populistas», era un principio central de la » solución final «que el golpe militar de 1976 trató de implementar.
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Ahora que en sus propias formas ruidosas (y también con más errores que los que la mayoría de nosotros desearía), los argentinos están tratando de sanar esa herida abierta a mediados de los años 70, sería útil si todos los ciudadanos nativos y  los extranjeros bien intencionados (y creo firmemente que The Economist es parte de este último grupo) se deshagan de una vez por todas del mito de la «decadencia centenaria», y los argentinos se puedan dedicarse a completar el trabajo de convertirse en un país desarrollado, tarea que sufrió un trágico golpe el fatídico 24 de marzo de 1976.
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Eugenio Díaz-Bonilla

Macri y los EE.UU.

marzo 26, 2016

unclesamwantsyou

Concluida la visita del Presidente Obama, me parece un buen momento para evaluar la actitud del gobierno y de diversos sectores influyentes de los EE.UU. hacia la administración Macri.

Como todos los temas complejos, hay muchos enfoques posibles, y no se puede estar seguro que uno tiene todos los datos. Pero es un asunto muy importante para todos nosotros, aunque reconocerlo lastime un poco nuestro orgullo. Así que conviene que nos esforcemos.

Los medios masivas oficialistas han publicado muchas páginas, en general con un sesgo chupamedias hacia Obama y, un poco menos, hacia Macri. Los activos colegas de Néstornautas han preparado un buen resumen, desde el punto de vista nac&pop, de las razones de Obama. Se me ocurrió que podía ser útil agregar un pantallazo de medios estadounidenses.

El influyente New York Times dice que Obama es el primer presidente norteamericano que sostuvo un diálogo de alto nivel con un líder argentino en 20 años, y que anunció una nueva era de colaboración entre EE.UU. y Argentina. Los temas prioritarios, siempre según el N.Y.T., son defensa, seguridad, energía y cambio climático. Incluyó en esta nota un bonito video de los pasos de tango de Barack y Michelle.

Ese video fue también el punto central de notas, tanto en The Guardian (inglés) como en el Miami Herald.

En una nota un poco más concreta, el Wall Street Journal informa que Macri fue el primer jefe de Estado suramericano en alinearse con la postura de los EE.UU. sobre Venezuela, y denunciar los abusos de los derechos humanos allí. El W.S.J. también dice ahí que el comercio entre los dos países está en un nivel mínimo, y que Obama tratará de crear nuevas oportunidades (para sus exportadores, of course).

Y un cable de la Associated Press, publicado por el N.Y.T. informa que Macri, al contrario de su predecesora Cristina Fernández, trata de crear un clima «inversor friendly».

Con un enfoque más amplio, el New York Times informa por separado que la intención es afirmar un deslizamiento hacia el centro derecha en la América del Sur. Recuerda que el último presidente en visitar ahí fue George W. Bush, frustrado por la entonces vigente ola izquierdista. Y agrega discretamente que Obama puede estar tratando de afirmar la posición de EE.UU. en la región, donde China ha ganado espacio.

Lo mismo señala en otra nota el Wall Street Journal: Macri es «un nuevo aliado». Como este cable de Reuters -publicado por el N.Y.T.- que dice que Obama aplaude al nuevo líder de centro-derecha, que apura las reformas necesarias.

Lo mismo afirma, of course, el Financial Times, que lo sintetiza: «Obama resetea las relaciones con Argentina».

Eso sí, no hay que perder de vista que un sector progresista, con un discurso reivindicativo de los derechos humanos -lo que ellos llaman «liberal»- es también parte del «establishment» norteamericano. Así, este otro cable de Associated Press recuerda que la visita coincide con el 40° aniversario de un golpe que inició una represión brutal que dejó unos 30 mil «desaparecidos». Y que Obama prometió desclasificar documentos que podrían echar luz en las atrocidades de ese tiempo.

Esta otra nota del Wall Street Journal menciona que el entonces Secretario de Estado, Henry Kissinger, «apareció aprobando» las tácticas de la represión. Y el New York Times  publica una nota del periodista argentino Uki Goñi que habla, con detalles, de la «larga sombra de la dictadura».

Ahora, lo más interesante en esta vena lo trae a mi atención el amigo Eddie, nuestro corresponsal en Georgia: una nota «editorial invitada», nuevamente del N.Y. Times!, de Gastón Chillier and Ernesto Semán,  del C.E.L.S. que cuestiona el apoyo de Obama a Macri, a partir de lo que ha hecho este gobierno en sus primeros 100 días. Empieza mencionando a Milagro Sala, una activista social encarcelada por un aliado de Macri, «a la que Obama no visitaría». «Su caso ha merecido la atención del Papa Francisco, las Naciones Unidas y Amnesty International, pero no de la Casa Blanca».

También vale la pena fijarnos en esta otra nota de miembros del C.E.L.S., Manuel Tufró and Paula Litvachky. Aparece en un medio mucho menos masivo, Open Democracy, pero con repercusión, porque trata de un tema que interesa mucho allí (y aquí): «la guerra contra las drogas». Apunta que el gobierno de Macri remueve a Argentina del grupo de países que cuestionan la efectividad de esa «guerra». Y que, al abrir la posibilidad de la intervención militar, hace posible el escenario de violencia y corrupción que se ve en México y Centroamérica.

Hasta aquí, este breve repaso. Que, sospecho, puede ser útil solamente para los estudiosos. Los opinadores argentos no cambiarán (no cambiaremos) nuestras opiniones previas. Cabe entonces que les acerque la mía: Conocer la posición que tome el gobierno yanqui, y sus diversas agencias, es muy importante -por supuesto- para trazarnos políticas viables (en el oficialismo y en la oposición). Como así saber quienes tienen capacidad de lobby. Pero no debemos pensar que es un factor decisivo. Ni tampoco es una realidad de largo plazo.

Tengamos presente el caso de Menem: Quiso ser, sin responsabilidad (no era lo suyo) pero con audacia y decisión «el mejor alumno». Y lo consiguió: aliado extra-OTAN, un puesto en el G20, hasta la exención de visa para los argentinos que ahora trata de conseguir, nuevamente, la canciller Malcorra. Pero cuando en el 2001 el modelo económico de Menem se derrumbaba, la Argentina no consiguió una mínima solidaridad de parte del Tesoro yanqui. Y, antes de eso, cuando Menem fue imputado por los jueces… el respaldo también brilló por su ausencia.


Música para estas pascuas – Mozart

marzo 25, 2016

No hice una encuesta, pero mi impresión es que la mayoría de los lectores del blog no tienen un compromiso religioso importante (lo mismo que la mayoría de la Argentina urbana y clase mediera, más allá de adscripciones formales). Aparece, sí, algún comentarista ateo ferviente, pero para esa convicción también se requiere más fe de la que yo, por ejemplo, tengo.

Eso sí, siempre me ha parecido que, entre otras cosas, algunas piezas de música -como estos 20 minutos de Mozart, Eine kleine Nachtmusik, Una pequeña serenata nocturna- son un argumento fuerte de la existencia de un Dios. No es inconcebible, claro, que la indeterminación cuántica, a través de eones, y después la selección natural, en miles de millones de años, las hayan producido. El punto es que tuvieran la capacidad de hacerlo.


Los tutores y los apoyos del Proceso

marzo 24, 2016

reconstruccion retrato (1)

Encontré entre los comentarios de estos días en el blog referencias a la responsabilidad de los EE.UU. en el golpe de 1976 -por supuesto; hasta en los medios se menciona- y respuestas que aludían al apoyo que tuvo de la Unión Soviética.

Me parece un tema que vale la pena tocar. Nos dice algo de nuestra historia, y, más importante, nos advierte como son las cosas en el mundo real (siento que a los argentinos nos cuesta salir de la nube de los relatos). No estoy contestando a esos «comentaristas» -con nobles excepciones, no leen de los posteos más que el título, y repiten obsesivamente sus pequeñas certezas (o consignas programadas, si es que hay gente bastante idiota para pagar comentarios en blogs).

Mi idea es hacer un esbozo, muy breve, del tema, que puede ser ampliado o corregido por los que se interesen. Hay mucha bibliografía, y material en Internet.

En el plano de la política internacional -no en el de la local, ojo- ese golpe puede ser visto como un episodio de la Guerra Fría. Porque las Fuerzas Armadas argentinas eran aliados muy menores, pero muy concientizados, del bando que encabezaban los EE.UU. y sus aliados de la NATO. Desde principios de la década anterior -los ‘ 60- todos los ejércitos latinoamericanos y sus servicios de información -salvo, hasta cierto punto, los mexicanos- eran, en la práctica, piezas en la estrategia norteamericana destinada a impedir -a cualquier costo (el costo lo pagábamos nosotros, claro)- la instalación en el continente de otro gobierno que, como el de Cuba, estuviera en la esfera de influencia de la Unión Soviética.

En ese marco, militares argentinos fueron entrenados por asesores norteamericanos en las técnicas de infiltración, captura, tortura, terror y asesinato empleadas, por ejemplo, en el Programa Phoenix en Vietnam. El origen más lejano era la «guerra contrarrevolucionaria» que el ejército francés desarrolló en Indochina y en Argelia. Por afinidades ideológicas y culturales, los asesores franceses (en tortura) tuvieron vínculos más cercanos.

Del otro lado, muchos de los cuadros de la guerrilla, que proporcionaron el motivo/pretexto del golpe -el que lo justificaba, en la estrategia descripta más arriba- habían recibido entrenamiento en Cuba, y contaban con algún apoyo logístico de países del Comecon, en particular la entonces Checoeslovaquia. Era parte de la fantasía del Che Guevara «Dos, tres, muchos Vietnam en América Latina«. No hay ninguna indicación que la URSS haya depositado mucha fe en eso, pero cualquier cosa que incomodara a los EE.UU. le servía.

Entonces, es absurdo negar que EE.UU. apoyó ese golpe, contribuyó a su metodología, y ayudó a su coordinación con gobiernos similares del continente. Es público desde hace años que el Secretario de Estado Henry Kissinger, el asesor más influyente de Nixon y Ford, hizo llegar a la junta militar en Buenos Aires la indicación «Lo que tengan que hacer, háganlo rápido«.

Probablemente el Dr. K no esperaba que sus interlocutores quedaran tan «enganchados» en las matanzas… Porque el marco internacional había empezado a cambiar, muy lentamente. En la Conferencia de Helsinki en 1975 se habían llegado a acuerdos que santificaban las fronteras europeas, vieja aspiración de la URSS. Se desactivaba la Guerra Fría en Europa. Pero… al mismo tiempo se planteaba por primera vez en una conferencia internacional que los firmantes vigilarían el cumplimiento de los derechos humanos. En la práctica, funcionó como una presión sobre el bloque soviético.

Los disidentes del comunismo argentino que se identificaron con el maoísmo -el PCR- afirmaban que la Unión Soviética tenía entonces agentes y amigos en el ejército argentino. Que había un bando «pro ruso» en el golpe. No tengo certezas. El hecho comprobable es que, cuando en noviembre de 1976 James Carter fue elegido Presidente de los EE.UU., empezó a tomar la bandera de los «derechos humanos». Paulatinamente, él y su Secretaria del área, Patricia Derian, se convirtieron en espinas para el gobierno militar argentino. Y salvaron algunas vidas, hay que decirlo.

El Partido Comunista local había mirado el golpe con cierta benevolencia. Insistía que había «militares moderados» -Videla y Viola, por ejemplo- que servían de barrera a los «halcones pinochetistas» (hay que decir que el PC pagó con muertos y torturados este error, y que años después hizo una autocrítica muy profunda). Puede haber sido una indicación de la URSS -de la que eran fieles seguidores- porque ya en ese tiempo Pinochet cultivaba algunos vínculos con China (Chile siempre tan geopolítico), o simplemente su vieja hostilidad al peronismo y su absoluta desconfianza de la guerrilla local. Quizás lo único que compartía con las fracciones del troskismo (excepto el PRT-ERP, claro): la consideraban «aventurerismo pequeño burgués» (cruel pero cierto, también hay que decirlo).

En todo caso, la Unión Soviética, sus satélites europeos y Cuba se convirtieron en los únicos apoyos del gobierno del Proceso en los foros internacionales. Que EE.UU. planteara una condena a la Argentina por violaciones a los derechos humanos y que el bloque «socialista» votara en contra, terminó siendo un espectáculo habitual en las Naciones Unidas.

A Carter lo sucedió Reagan -todo lo opuesto que puede ser un presidente estadounidense de otro- y la Guerra Fría se volvió a calentar por la invasión soviética a Afganistán. Pero ya los lazos comerciales con la URSS eran muy fuertes -esto sí era el aspecto cívico-militar- y Argentina fue el país que rompió el bloqueo que intentó imponer EE.UU., vendiéndole trigo a los rusos.

Aquí… el Proceso termina en Galtieri, que intentó recomponer la relación con EE.UU., y creyó que lo había conseguido cuando militares argentinos fueron a su vez tutores antiguerrilleros en América Central… Suponer que eso le permitiría desembarcar en Malvinas sin consecuencias, indica que nuestras jefaturas militares, además de asesinos, eran estúpidos.

Este incompleto relato histórico sólo sirve para refrescar la lección que debíamos haber aprendido de George Canning hace casi dos siglos: las Potencias no tienen ni amigos ni enemigos permanentes. Tienen intereses.

Quiero subrayar otra cosa, para que no nos confundamos: estas técnicas de tortura y terror que enseñaron los norteamericanos, que ahora están empleando en otras regiones del globo, las usan con extranjeros. Tal vez, para una moral abstracta, no hace diferencia. Pero la moral abstracta es para filósofos santos. La tragedia y el horror de lo que pasó en Argentina es que fueron empleadas por argentinos contra sus propios compatriotas.


Este 24 de marzo se marcha

marzo 24, 2016

Giorgio-de-Chirico

Todos los 24 de marzo, desde hace más de tres décadas, se marcha. También desde entonces, casi todos los años, se discute si se debe hacer una sola marcha, o varias, según las distintas identidades políticas (discusión que se da en cada una de las ciudades en que se hace). Dije muchas veces en el blog que el repudio a ese episodio de la historia argentina es el consenso en que se construyó nuestro sistema democrático actual, de la misma forma que el antifascismo, más o menos sincero, fue el cimiento de la política europea durante el medio siglo posterior a la 2da. Guerra.

Ahora, en lo que transcurre en estas marchas hay algo que trasciende las convenciones y aún las identidades políticas. Además de los militantes de los diversos partidos y de las organizaciones de derechos humanos -que, sin ser partidos, en Argentina se parecen bastante- muchos jóvenes, que no vivieron esa dictadura ni adscriben a un determinado «relato», sienten natural el manifestarse y marchar. Por encima de los distintos motivos que tengan para protestar -no faltan- ven ahí un símbolo de lo que no quieren. Tienen razón.

Eso sí, conviene tener claro que los que marchan y van a las manifestaciones, son una minoría de la sociedad. Salvando las distancias, como los que van a misa para Pascua. La mayoría… aprovecha el feriado largo. Es humano, y no le quita representatividad a esa minoría, que expresa valores compartidos.

Por supuesto -siempre es así- la que da el tono son las minorías más pequeñas, las que tienen su propia agenda política o social. De ahí esas discusiones, donde se plantea que debería haber una sola marcha. Pero nadie quiere abandonar su agenda y su identidad.

Todo esto es obvio y se repite. Este año, hoy, es especial. No por los 40 años, esa «superstición decimal». En parte -pequeña, aunque ocupará mucho las consignas y la repercusión mediática- por la presencia de Obama. Mucho más, porque ha llegado Macri al gobierno, y sus muchísimos opositores todavía no lo asimilaron. Y este gobierno no se lo hace fácil. Principalmente, con las medidas que ha tomado. Gran parte de los sectores medios, de donde procede la mayoría de los que marchan, ya las siente en su bolsillo, esa víscera sensible.

Pero creo que lo más enfurece a los que marchan es su estilo, y sus valores – o su ausencia. Salvando distancias, creo que el rechazo de los opositores es tan absoluto al macrismo como el que otra parte de la sociedad sentía por el kirchnerismo. Irónicamente, es una batalla cultural, en esas dos «minorías intensas».

Estas reflexiones nocturnas tienen un trasfondo político. Veo que las consignas de la militancia peronista, de la izquierda dura, de los movimientos sociales más numerosos no se diferencian, aunque sus identidades y sus agendas están tan separadas como siempre. Es inevitable -no hay ni sombra de una estrategia común- pero tiene su costo. Los aleja de la mayoría de la sociedad, no sólo de los que apoyan, aún con reservas, a este gobierno, sino de los que ya la inflación y el temor al desempleo los pone en contra, pero no están, ni de lejos, con ánimo de enfrentamiento. Al menos, todavía.

Bueno, la historia sigue mañana. Del pasado, que es prólogo, hace un año subí una reflexión al blog sobre el 24 de marzo, que resumía muchas cosas que escribí a propósito de este aniversario. Si les interesa, está aquí.


Macri no es la dictadura. Es Menem

marzo 23, 2016

oabamatango

Tengamos claro, ustedes y yo, una cosa. Cuando pongo un título, trato que refleje lo que voy a postear, y también que sacuda al que lo lee, que haga que me dé lo que más cuesta lograr en este tiempo tan posmoderno: su atención. En la publicidad se gastan millones y se queman cerebros para conseguirlo. Este blog es sólo un hobby, pero mi ego me obliga a esforzarme en lo mismo.

Entonces, después del título, lo aclaro: Carlos Menem y Mauricio Macri son muy distintos porque nacieron y se formaron en mundos distintos. Más importante, en lo humano, son distintos. Uno, un seductor, nacido de inmigrantes sirios en La Rioja; el otro, rígido e introvertido, hijo de inmigrante italiano, en Buenos Aires… Se puede seguir horas marcando diferencias. Noto algún parecido: una dureza, cierta insensibilidad. Pero no se llega a presidente sin una coraza, de todos modos.

La verdad profunda (creo) de lo que pongo en el título me surgió de lo que veía hoy, en pantallazos, de la recepción a Obama. Nada especial de su parte: el programa del visitante fue el menú standard de la visita a un país extranjero, tan convencional como una banda de rock que viene de gira y se pone la camiseta de la selección argentina (En ese sentido, un punto para el Mauricio: Barack tuvo que hacer como si bailara tango; a Bush sr. no se le pidió eso).

Pero los argentinos que le hacían claque, la fascinación con que se lo seguía en los medios, toda la nube de famosos, y los valores reflejados… era la Argentina que conocimos en los ’90. Ojo: no es que la Argentina K era taaan diferente: el cholulaje no faltó, por cierto. Pero en esos años se trató de dar una imagen de lo nacional, de lo propio. Aquí, se lo mostraba al visitante para ver cómo le parecía.

Macri no es la dictadura, aunque se coree la consigna. Hay ajustes, despidos y brutalidad policial, en cantidades mayores que las que se permiten a un gobierno populista, y algún preso político, pero los que han vivido dictaduras saben de la diferencia. Y, para precisar lo del título, él, como Menem, es la figura que una parte de nosotros pide para poder expresarse como es. Digamos que una porción de la sociedad argentina, y de la forma de ser colectiva, es menemista. O macrista.


«Macri frena Atucha III, suma tensión con China…»

marzo 23, 2016

invap

Este es un artículo que leí recién en La Política Online -portal de noticias, chismes y operaciones- y, aunque está escrito en forma sensacionalista e imprecisa (he leído notas más profesionales en LPO, Fidanza), el tema es lo bastante importante -hace a nuestro desarrollo tecnológico y nuestro posicionamiento internacional – para decidir subirlo.

Porque el blog tiene amigos en la comunidad científica, algunos que conocen bien INVAP, y entre los estudiosos de la política internacional, y apuesto que ampliarán la información. En todo caso, los alertará. Les aviso que agregué en negrita algunas observaciones que no pude resistirme, y un breve comentario al final.

«Mauricio Macri puso bajo la lupa el acuerdo entre Argentina y China al que llegó el gobierno de Cristina Kirchner para la construcción de la cuarta central nuclear, Atucha III, que quedó así en stand by al menos hasta el año que viene.

La definición del Gobierno, expuesta por el subsecretario de Energía Atómica, Julián Gadano, coincide con una inclinación amistosa hacia Estados Unidos que empieza a ensayar la gestión PRO. Los (norte)americanos son rivales de China en materia de energía nuclear. Los asiáticos buscan hacer pie en el continente y por eso quieren bajar al país también en el área de represas hidroeléctricas, otro proyecto que el Presidente amagó detener.

Mientras fuentes del sector energético especulan sobre el lobby americano en el desarrollo nuclear argentino, el Gobierno nacional derriba a un buque chino (los buques se hunden, estimado) en las aguas costeras de Chubut. No son hechos aislados, y en las relaciones diplomáticas no pasan desapercibidos. Beijing le expresó a Susana Malcorra «gran preocupación» por el episodio y le exigió que tome medidas para prevenir nuevos incidentes  (¿y si no pescan en nuestras aguas? Lamento que haya sido un buque chino, pero conviene mostrar que Argentina puede hacerlo. Es un mensaje para todos).

Hay más piezas que se acomodan solas (solas, solas, no) en el rompecabezas. Barack Obama no viene de vacaciones a la Argentina. Volará justamente a Río Negro para conocer la planta del INVAP, empresa de tecnología aplicada centrada fundamentalmente en las áreas nuclear, espacial y de defensa.

Argentina tiene tres centrales en funcionamiento, Atucha I, la central de Embalse, Atucha II y la cuarta que viene en camino, a construirse en el complejo nuclear de Lima, de Zárate.

Una comparación para tomar dimensiones del caso: Estados Unidos es potencia mundial con 104 centrales; China tiene 26 centrales funcionando; mientras Francia sorprende con su chico territorio y población con relación a las 58 centrales que tiene.

“La llegada de los chinos le está generando urticarias al capitalismo amigo del Presidente”, declaró una fuente del sector, que conoce el paño desde la primera construcción de Atucha. “Están con los pelos erizados, pero sería una tontería decirle no a los chinos”, agregó.

… Por lo pronto, Gadano anunció que el Gobierno no avanzará en la obra de Atucha III y se defendió de los futuros despidos en las centrales de Zárate. En el medio está la empresa Nucleoeléctrica S. A, que opera sobre las centrales y esta semana cambió a sus autoridades. 

En rigor, el acuerdo con China está verde y se trata en principio de un entendimiento marco. Faltan detalles de costos, inversión, tasas, bancos, qué tipo de tecnología se utilizaría, si será de uno o dos módulos, y cuáles son las condiciones chinas para financiar el proyecto.

“Hay una oferta china, con un financiamiento conveniente. Es posible siempre y cuando sea de uranio natural y agua pesada”, explicó a LPO Agustín Arbor González, titular de la Asociación de Profesionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Actividad Nuclear. “Esto es beneficioso porque absorbe a una planta productora de agua pesada, en Neuquén, y también tenés asegurada la participación de industriales argentinos nucleados en Adimra, que aportarían componentes de industria nacional”, siguió González.

Sin embargo, el titular del gremio de trabajadores nucleares advirtió que “los chinos estarían condicionando la inversión de esta cuarta central a la construcción de una quinta central, esta sí con tecnología puramente china de uranio enriquecido”.

La cuarta central, Atucha III, en cambio, está prevista para cubrir 750 megawats y con tecnología CANDU, que es canadiense pero se fabrica en Argentina y es la que se usa en la central de Embalse. Esta fue una de las condiciones puestas por Julio de Vido en el acuerdo al que llegó el gobierno kirchnerista.

Sin embargo, ahora Macri, escéptico, pidió rever el proyecto y cerró toda posibilidad de avanzar este año. Es más, Gadano detalló que está el decreto de expropiación del terreno donde se construiría la central, pero aún no fue comprado ni está la plata para hacerlo. La empresa Nucleoeléctrica ni siquiera tiene solicitada la licencia de construcción.

Mientras tanto, sobrevuela también incertidumbre sobre cuál será el destino de Atucha I, que está llegando a su fin de vida útil, según explicaron fuentes del sector. Juan José Aranguren (si se queda) estudia si le va a mantener o la van a desmantelar, para funciones de investigación.

Cabe recordar que Estados Unidos ya había presionado a la Argentina en la era menemista para dar de baja el sistema balístico denominado Cóndor. La desactivación de este proyecto fue uno de los gestos que terminaron por consolidar la relación del ex presidente con el país del norte, en marco de las relaciones carnales.

Otro dato relevante fue el revuelo que causó el año pasado cuando se conoció la colaboración argentina en el desarrollo del plan nuclear iraní«.

(Esto último es lo más alevoso de la nota. «La colaboración argentina en el desarrollo del plan nuclear iraní» empieza en 1973!, cuando gobernaban aquí Cámpora, Lastiri y Perón y ahí el Sha, y continuó, con toda clase de controles internacionales, hasta 1997. Era conocida por todos los que están en los temas nuclear o de seguridad).

Los puntos centrales de esta nota, en lo que hace a la no prioridad por parte del gobierno de Macri en el desarrollo nuclear, repiten lo que con más diplomacia y mejor onda informa aquí Página 12, en esta nota sobre la política nuclear.

Lo que me llama la atención es que el empresario argentino que más se ha destacado, desde hace años, en desarrollar negocios con China es… Franco Macri. Es cierto que Mauricio y su equipo están desesperados por inversiones yanquis (que no serán importantes en ningún caso, me temo). Don Franco no sería la primer figura conocida con problemas filiales. Julio César, Felipe II, una larga lista de emperadores bizantinos…


Obama en Argentina ¿Qué onda?

marzo 22, 2016

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Con el Presidente Obama volando a Buenos Aires, es natural que los argentinos nos preguntemos qué significado, bueno o malo, tiene su visita. La respuesta es: muy poco, de ninguna de las dos cosas (sólo hay un área, creo, en la que debemos estar alertas. La señalo al final). La misma respuesta les cabe a los estadounidenses, sólo que probablemente ellos no se hagan la pregunta.

Este juicio no lleva ninguna animosidad con el Barack. Ni con Michelle y su familia. Una visita presidencial es un gesto diplomático de cierta espectacularidad, especialmente si viene de la Hiper Potencia y metrópolis espiritual de la clase más próspera. Potencia que además tiene inclinación por la espectacularidad (las visitas recientes de los Jefes de Estado de Francia y de Italia no tuvieron ni remotamente esa repercusión mediática).

Ahora, en lo que le importa al gobierno: Tuvo una gran desilusión (cuidadosamente disimulada) con las visitas de Hollande y de Renzi, que no trajeron una mísera inversión, por ahora. Se aferra a la esperanza que lleguen con Obama. Lamento decir que no veo chances. Si yo fuera un inversor, y me plantearan inmovilizar un capital importante en un país que está en medio de un ajuste y cuyo principal socio comercial tiene la economía en caída libre… también preferiría esperar.

Igualmente me parece innecesario que la canciller Malcorra anuncie que no se firmará en esta ocasión un Tratado de Libre Comercio con los EE.UU. Por supuesto que no. Aunque la Argentina dijera, como una heroína en viejos folletines «Haga de mí lo que quiera«, un país serio -los EE.UU. lo son- no firma un TLC o tratado de envergadura similar, sin, como mínimo, dos años de negociaciones. Ni siquiera el anuncio de la intención sería factible para Obama en el medio de la campaña electoral ahí, salvo que corra el riesgo de poner nerviosa a Hillary. (Los TLC despiertan mucha resistencia, también allí).

Para los argentinos de a pie… el gran cholulaje nacional consumirá todas las noticias y fotos de la visita. Los cholulos más importantes tratarán de estar en las reuniones (bah, en las fotos) que haya, y ensayarán frases en inglés.

En la mayoría, no percibo grandes expectativas, lo que muestra su realismo. Ahora, hay una circunstancia que da una carga especial a la visita, en esta oportunidad: Este jueves, pasado mañana, se cumplen 40 años del último, y más sanguinario, golpe. En cuyo origen y características los EE.UU. algo tuvieron que ver.

El repudio explícito a ese golpe de parte de todas las fuerzas políticas y de todos los sectores -con mayor o menor sinceridad, según los casos- es la base en que se apoya la política argentina en los últimos 30 años. Como el antifascismo fue el punto común -hoy deshilachado- de Europa después de la guerra.

Todos los años ha habido marchas importantes, muy numerosas, por encima de las convocatorias que hicieron en esas ocasiones sectores del peronismo y la izquierda. Este año promete ser aún mayor, por la circunstancia política local -a pesar de cierto desgaste que se ha notado en los últimos actos de protesta. Este tema lo trasciende todo, en las emociones de mucha gente que no tiene militancia política convencional.

No es oportuna la visita de Obama en este momento (lo que muestra que no es lo bastante importante para obligarlo a un cambio en su agenda). Considerando los sentimientos de buena parte de los manifestantes, supongo que se quemarán algunas banderas norteamericanas. Eso también dará para fotos. Una tontería, pero no la veo evitable. A pesar que seguramente Obama o su oficina de prensa recordarán el rol del Presidente Carter y de Patricia Derian.

¿Hay algo concreto que debe preocupar a los argentinos en esta visita? Sí. Se firmarán una multitud de acuerdos, que ambos gobiernos presentarán como «un gran paso adelante en la colaboración entre los dos países». En realidad, serán refritos de otros anteriores. Argentina ha coincidido con EE.UU. en los últimos 30 años, y especialmente en los últimos 12 (vean las votaciones en la ONU) en derechos humanos, terrorismo, seguridad, energía nuclear, reforma de organismos multilaterales,… La única diferencia grave (para nosotros) fue sobre fondos buitres. Lo de Irán fue una mala lectura de los tiempos (por nuestra parte). Si esperábamos doce meses, aún nuestros servicios de «inteligencia» habrían estado actualizados.

El punto son los acuerdos que se firmarán sobre seguridad y anti terrorismo. Argentina ya colabora desde hace rato con los Estados Unidos en esas áreas. Pero, con el impacto de los atentados en Bruselas, es muy factible una sobreactuación. Y nuestra ministro de Seguridad, Patricia Bullrich, muestra desde que militaba junto al Canca Gullo en el ala izquierda de la Juventud Peronista en los ´80, y en todas sus reencarnaciones posteriores, capacidad de trabajo, hambre de poder y cierto descuido por el marco general. Sugiero que legisladores y periodistas estén alerta.


El odio que vemos. En Mendoza, por ejemplo

marzo 22, 2016

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Según discretos emisarios, el Papa Francisco está preocupado por el revanchismo. Y en ese sentido hace llegar algunas advertencias. Es valioso, y se agradece. Pero, aunque uno vacile en corregirle un término a un papa, tengo que decir que lo de revanchismo no me parece adecuado. En los doce años K, como en general en los treinta y dos de democracia, existen personas que, por razones justas o injustas, sienten que tienen deudas personales a cobrar. Pero son pocos, comparados con el registro histórico anterior.

Lo que encuentro es mucha gente con odio, y una impunidad para manifestarlo. Esto es evidente en el mundo digital – vean los «comentarios» en los foros de los medios – pero ahí es relativamente inofensivo. Lo peligroso es cuando pasa en el mundo real. Y en los últimos tiempos esto se está viendo, especialmente fuera del «mostrador de Dios», la Capital Federal.

Recién recibo un mail de Marcelo Padilla, poeta, peronista «envenenado» pero no orgánico, periodista, infrecuente colaborador del blog que me hace llegar la foto de arriba y esta nota de Zepa:

«En la madrugada de hoy, 22 de marzo, cerca de las 2:30, el sociólogo y escritor Marcelo Padilla sufrió un sospechoso robo en su casa, mientras dormía con sus hijos.

Los delincuentes forzaron la reja de una ventana, ingresaron a la vivienda y se llevaron algunos bienes.

Padilla, cronista de nuestro medio, comunicó lo sucedido en su cuenta de Facebook: “mi barrio es tranquilo y alquilo hace casi dos años una casa vieja que tiene rejas. No me enteré desde que vivo aquí de ningún robo en la cuadra (aunque sé que puede pasarle a cualquiera) pero anoche me reventaron la reja y la ventana y me robaron cuando dormía con mis hijos”.

Además del robo, quienes irrumpieron en el hogar se ocuparon de dejar un mensaje: rayaron e hicieron unos orificios sobre un retrato de Eva Perón que posee el escritor.

Padilla vinculó el hecho con su posicionamiento político frente al gobierno de Alfredo Cornejo. “Responsabilizo al Gobernador de la provincia por este hecho, justamente porque vengo denunciando sus políticas de persecución y ajuste, porque vengo reclamando me paguen lo que me deben en el Canal Acequia. Porque participo en la marchas en apoyo a los docentes y despedidos del estado y difundo los reclamos de los trabajadores en Mendoza”, señaló en su perfil de Facebook.

Desde ZEPA expresamos solidaridad con nuestro compañero y exigimos a la justicia el esclarecimiento de lo sucedido y la identificación de los responsables«.


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