El sindicalismo y la experiencia kirchnerista

santoro

Un reciente posteo -apenas una noticia, en realidad- sobre (el comienzo de) un proceso de unidad de la CGT -un hecho objetivamente importante en las relaciones de fuerza en la sociedad, por lo menos más que la unidad o no de un bloque de diputados provinciales- y las reacciones negativas de algunos comentaristas, me dejaron pensando. Más significativa todavía ha sido la falta de repercusión en el mundo político del tema. Como al gran Holmes, lo que me llama la atención es lo que no hizo el perro en la noche.

Sobre las relaciones entre el sindicalismo y el peronismo, el sindicalismo y la política, ya he escrito en el blog. En estos días, como me pasa con otros temas, no tengo el tiempo para darle un tratamiento serio. Por eso, recordé que había leído un artículo sobre el tema, en Panamá Revista, de Ana Natalucci, investigadora del Conicet, y lo vuelco aquí.

(Lo edité mínimamente. Como sé que la licenciada Natalucci a veces lee el blog, calculo que me corregirá si me equivoqué en algo. De todos modos, no puedo evitarlo, hago observaciones al final).

(Este artículo trata sobre) la recuperación del estatuto de sujeto político que había perdido el sindicalismo al ritmo de la desindustrialización y de la desindicalización del peronismo. ¿Qué características adquirió la dinámica sindical en el kirchnerismo? ¿Cómo pensar este proceso de reposicionamiento de los sindicatos como articuladores de demandas obreras y que, a su vez, les permitió formular demandas de intervención y participación política? ¿De qué manera se articularon sus expectativas políticas en relación con la estrategia económica neodesarrollista?

Desde 2003, el kirchnerismo incentivó un proceso de revitalización acotado y orientado a la restitución del poder de negociación corporativo en el marco de su estrategia neodesarrollista. Esto despertó expectativas en algunos nucleamientos sindicales que pensaron que era posible recuperar su estatuto de sujeto político, reflejada en la idea de columna vertebral del movimiento. De esta manera, se produjo una tensión entre lo corporativo y lo político: entre la intención del kirchnerismo -cuya idea era ofrecer sólo un espacio de contención en términos políticos y de presión en lo económico- y la de algunas fracciones del sindicalismo que bregaban por participación en el sistema político.

Los obstáculos se vincularon al neodesarrollismo pero también a las características de la coalición de gobierno y del propio peronismo en su versión desindicalizada. Al respecto, se plantearán las oportunidades económicas y políticas y los obstáculos que presentó cada una. Los casos paradigmáticos para abordar este problema son la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista (CNSP) y la Juventud Sindical (JS), debido su insistencia en torno a la politización del actor sindical.

Sin dudas, la oportunidad económica para el resurgimiento del actor sindical se gestó en la etapa de posconvertibilidad a partir del impulso de la estrategia neodesarrollista. Sintéticamente, en la Argentina kirchnerista esa estrategia se sintetizaba en dos consignas: la reconstrucción de un capitalismo nacional y un modelo de crecimiento con inclusión social. Para su implementación, el gobierno se apoyó tanto en un sector de la Unión Industrial Argentina (UIA) -en especial en el Movimiento Industrial Nacional (MIN)- como en el movimiento obrero organizado nucleado en la CGT rebelde (conducida por Moyano). Aquella articulación fue efectiva entre 2003 y 2008; el enfrentamiento con las patronales agropecuarias ese año y la crisis económica internacional de 2009 dieron indicios acerca de su agotamiento, observado no sólo en las variables económicas, sino también en las alianzas que lo sustentaba.

La oportunidad política la constituyó el propio kirchnerismo al incentivar el proceso de revitalización para las organizaciones sindicales, cuya intención principal se orientaba a la restitución del poder de negociación corporativo en el marco de la estrategia neodesarrollista. En su libro con Torcuato Di Tella, Kirchner afirmó que el rol de los empresarios era maximizar la ganancia mientras que los dirigentes gremiales debía representar a los trabajadores en la puja distributiva. Sin embargo, en el devenir de este proceso se generaron expectativas de parte de algunos nucleamientos sindicales relacionadas con recuperar su estatuto de sujeto político, es decir volver a ser la columna vertebral del movimiento.

Ahora bien ¿qué implicaba esa tensión y propósito de reconstituirse como la columna vertebral durante el kirchnerismo? ¿Era posible en el marco de un peronismo desindicalizado luego de los cambios producidos en los ochenta y los noventa? Es decir, la revitalización o no del actor sindical no puede atribuirse excluyentemente a las limitaciones estructurales, sino que ciertas cuestiones políticas presentaron algunos obstáculos. Uno de ellos se relacionaba con un peronismo partidario, sin la vigencia del 33% y en competencia con dirigentes territoriales y políticos. ¿Qué posibilidades de éxito tenía un proceso de revitalización ampliado, que excediera la restitución de su poder en la puja distributiva? ¿Qué forma adoptó esa tensión entre lo corporativo/ político en cuanto a los conflictos alrededor de la distribución del ingreso y la participación en la política?

Entender el movimiento obrero y su relación con el kirchnerismo supone considerar que no se trataba de un actor compacto, sino que en principio había tres tendencias: los “gordos”, los independientes y el MTA. Siguiendo a Schipani (2012), los dos primeros -nucleados desde 2012 en la CGT Alsina- tienen una concepción corporativa del movimiento obrero, esto es, un grupo de interés orientado a conseguir mejoras salariales y laborales. Mientras que el MTA -dividido entre la CGT Alsina y Azopardo- aspiraba a recuperar el estatuto político de los sindicatos, la “resindicalización del peronismo”.

En este marco, el 18 de septiembre de 2009, el MTA (Moyano y sus aliados) lanzó la CNSP, en cuya declaración fundacional manifestó su interés de crear una “corriente político sindical que contribuya a la reorganización del Movimiento Nacional y Popular, la garantía de políticas de Estado y la determinación de una agenda construida por los argentinos y para los argentinos”. El kirchnerismo constituía el proceso por el cual se habían recuperado los derechos cercenados anteriormente y la posibilidad política de reposicionamiento de las organizaciones sindicales. Actos como el del 30 de abril de 2009 o el de River del 17 de octubre de 2010 demostraban su capacidad de movilización y convocatoria, sobre la que esperaban reconstruir la legitimidad social. Con este impulso, a fines de 2009 se creó la Juventud Sindical de la Corriente, como organización política más que de jóvenes agremiados.

Como se mencionó, ese proceso de politización tuvo dos obstáculos. El primero está relacionado con el modelo neodesarrollista, con las alianzas que suponía y con la visión que el kirchnerismo tenía de ese proceso. La presentación del proyecto de ley de “Reparto de las utilidades empresarias entre los trabajadores” en 2010 por la CGT constituye una muestra significativa de dicho obstáculo. Haciendo una muy breve recapitulación, el proyecto lo presentó el abogado de la CGT y diputado nacional Héctor Recalde. El principal efecto del proyecto era que los trabajadores podrían ver los balances, conocer la estructura de costos y participar de las decisiones que tomara el Directorio de cada empresa. Las cámaras empresariales pusieron el grito en el cielo ya que entendían que permitiría el avance del poder sindical. Si bien algunos dirigentes kirchneristas, entre ellos el mismo Kirchner, manifestaron su apoyo, la discusión del proyecto fue postergada reiteradamente.

En el discurso del acto en River, Moyano interpeló a los presentes en carácter de trabajadores a “dejar de ser un instrumento de presión para ser un instrumento de poder” en pos de “concientizar políticamente a los trabajadores para tener a un trabajador en la Casa de Gobierno”. Asimismo, reclamó la aprobación del proyecto de repartición de ganancias. Así reforzaba su doble posición: como representante de esos trabajadores que tenían derecho sobre las ganancias que contribuían a generar y la politización de las organizaciones sindicales a las que pertenecían. A continuación CFK apeló a mantener la relación de cooperación entre sindicatos, empresarios y Estado, aclarando que ya había un trabajador en la Casa Rosada ya que ella trabajaba desde joven. Ese discurso fue interpretado por algunos sectores como un desafío a la conducción política; lectura que se profundizaría luego del fallecimiento de Kirchner. De hecho, tanto CFK como el entonces ministro de trabajo Carlos Tomada jugaron un rol imprescindible en la ruptura de la CGT en mayo de 2012. Es cierto también que esta se erigió sobre diferentes concepciones que tenían los alineamientos respecto de los reclamos de demandas sectoriales y de su relación con el gobierno y el peronismo.

Esta ruptura fue decisiva para la disolución de la CNSP y de la JS, que tenían sentido en el marco de una construcción movimentista, esto es, en la construcción de un lineamiento propio dentro de un espacio que suponían contenedor, con el que interactuaban y coordinaban acciones con otras organizaciones. Como es sabido, las organizaciones sindicales no cuentan con el estatuto jurídico para presentarse en elecciones, por lo que sus apuestas electorales debieron canalizar en otros espacios políticos.

Una de las conclusiones que se desprende de esta exposición es que la aspiración sindical reunía la posibilidad de recuperar su función como articulador de demandas obreras -y opinar consecuentemente en el rumbo del modelo económico- y de participación política bajo una estrategia heterónoma con la esperanza de resindicalizar el peronismo -a partir de su involucramiento en los procesos de toma de decisiones y ocupación de cargos ejecutivos y legislativos.

La imposibilidad de perseguir esta estrategia debe atribuirse a errores propios del nucleamiento sindical, pero fundamentalmente a cómo entendían los protagonistas el proceso de fortalecimiento sindical y sus consecuencias. Es decir, dirigentes kirchneristas (Kirchner y fundamentalmente CFK) lo pensaban en términos de poder construir un contrapeso al sector empresarial en el marco del modelo neodesarrollista, de modo de compensar la puja distributiva, sin restituir por esto la gravitación política al actor sindical. Esto implicaba que pudieran vetar algunas iniciativas empresariales pero no hacer propuestas que modificaran la correlación de fuerzas -como el proyecto de reparto de ganancias. No obstante las tensiones entre el kirchnerismo y el moyanismo, este mantuvo su expectativa del salto a la política. Las aspiraciones recreadas durante el kirchnerismo no se extinguieron por su ruptura con aquel. En todo caso, optaron por acuerdos con otras élites políticas, como el espacio de De Narváez o el Frente Renovador.

Más allá de los resultados, desde las organizaciones sindicales -y contra lo que indicaría el sentido común- ha primado un esfuerzo por superar el corporativismo y poder dar cuenta de esa doble representación de demandas obreras y políticas. En este punto, el límite lo puso el kirchnerismo, esto es, no estaba dispuesto a restituirle a las organizaciones sindicales su reclamado estatuto de sujeto político, la desindicalización del peronismo ocurrida en los ochenta era irreversible.

Podríamos decir que esta historia de alguna manera está terminada. En parte la disolución de la estrategia movimentista incidió en los resultados negativos para el kirchnerismo tanto en las elecciones de 2013 como en las de 2015. Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre un proceso en curso donde esta lectura sí tiene un aporte para hacer, se trata de lo que se llama “la normalización del PJ”. Es decir, en mayo vencen los mandatos de las actuales autoridades. Diferentes espacios kirchneristas están convocando a una afiliación masiva para disputar en las internas partidarias y así evitar la “derechización del PJ”. Por su lado, desde el Frente Renovador se ha convocado a algunos dirigentes y gobernadores, con el objetivo de desarticular al kirchnerismo.

De un lado o del otro, lo que está ausente es la voz del sindicalismo. Aunque es cierto que gremios como UPCN o SUTERH tienen un peso importante en el distrito Capital, el sindicalismo como actor político -y en vistas a sus esfuerzos de los últimos años- no ha sido ni convocado ni ha plasmado alguna acción al respecto. ¿Hay posibilidades de rearticular una estrategia que le devuelva cierto poder partidario al sindicalismo? ¿Qué piensa la CGT u otros nucleamientos sindicales respecto de esa normalización? Hoy no tenemos las respuestas, aunque deberíamos observar el devenir; en parte por su rol histórico y por la clase trabajadora como sujeto político del peronismo“.

Puedo dar testimonio personal de la impresionante recuperación en afiliados y en poder económico que la etapa kirchnerista significó para los sindicatos industriales y del transporte. En los otros rubros de actividad, fue menor, pero también muy significativa.

¿Por qué entonces no existe un vínculo político estrecho entre el kirchnerismo como corriente política en el seno del peronismo y los sindicatos? ¿Con casi ninguno?

La licenciada Natalucci -graduada en Ciencias Sociales, después de todo- pone el énfasis en el modelo kirchnerista. Es un factor, claro, pero no me inclino a considerarlo decisivo. Después de todo, el peronismo fundacional tampoco fue un laborismo, o un “tradeunionismo”, como se decía entonces.

Supongo que por mi deformación profesional (anterior), tiendo a ver la clave en la política. Ante todo, hay un elemento muy básico: entre los liderazgos verticales, “plebiscitarios”, y los poderes intermedios, institucionalizados, existe una tensión y una desconfianza mutua inevitables. Ya Aristóteles lo analizó. Y nuestra historia nos muestra que el mismo Perón no tuvo siempre una relación armoniosa con el sindicalismo.

Pero eso no impidió que las organizaciones sindicales desarrollaran un vínculo no exclusivo pero poderoso con Perón y el peronismo. Y después de 1955 fueran la clave de supervivencia.

En el caso del kirchnerismo, existe otro factor: muchísimos de sus cuadros, y la mayor parte de su “etos”, se nutre de la incorporación de jóvenes de los sectores medios y de la reincorporación de veteranos, también de los sectores medios que se habían alejado con el Frepaso en rechazo al menemismo. “Sectores medios” es un término muy impreciso -he repetido muchas veces en el blog que la mayoría larga de la población argentina puede considerarse de clase media- pero en este caso se identifican con un dato claro: no están sindicalizados. O su vinculación con el gremio es el uso de la obra social.

El hecho es que la gran mayoría de los dirigentes sindicales, aún los más críticos de las deformaciones burocráticas y que defienden el rol del Estado en la economía, se sienten maltratados por Cristina Fernández. Y están, más o menos públicamente, alejados de cualquier conducción suya.

También debo decir que, en mi opinión, esa dirigencia, y el sindicalismo en su conjunto, es responsable de esta situación. Porque no han sabido hacer política. La CNSP y la JSP que acertadamente menciona Natalucci como intentos, no pasaron de tales. No han sabido construir liderazgos políticos válidos para la sociedad, ni elaborar programas que atrajeran a alguien más fuera de sus afiliados.

Saúl Ubaldini, 30 años atrás, fue la última figura convocante que surgió del sindicalismo. Y aún en su caso, su carrera política posterior fue un fracaso. A mi entender, esto tiene que ver con el hecho que las organizaciones con una poderosa vida interna no son las más adecuadas para formar líderes “hacia afuera” (¿teléfono para La Cámpora?).

Como siempre, la realidad dirá la última palabra. El desafío de Macri y su gobierno de los CEOs ¿obligará al sindicalismo a defender sus estructuras desde la política? El que viva lo verá.

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2 Responses to El sindicalismo y la experiencia kirchnerista

  1. Rogelio dice:

    Abel, tiene sentido comentar que el título de la imagen es “”El descamisado gigante irrumpe en un jardín cultivado” de Daniel Santoro => http://goo.gl/gqqfIU
    Saludos

  2. José Mercado dice:

    También quisiera referirme a la pintura de Santoro: los bustos de adelante son de Borges y de Victoria Ocampo, ¿alguien reconoce los otros dos? Leí por ahí Bioy Casares y Silvina Ocampo pero no pueden ser.

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