Un nuevo modelo de trabajo. Y de sociedad

monumento-al-trabajo

Alberto “Pepe” Robles, Director de Investigaciones del Instituto del Mundo del Trabajo “Julio Godio”, acercó a algunas agrupaciones políticas -que compartimos la convicción que la política no puede estar separada de la acción sindical- este trabajo. Lo copio aquí un sábado, en dos partes, porque me parece importante que tengan tiempo para leerlo.

Es que permite ordenar, con acceso a datos de diversas fuentes, lo que está pasando en términos de un cambio de modelo. Un cambio en las prioridades del Estado y de la sociedad. Y detalla lo que ya se ha hecho en esa dirección, lo que se pretende hacer y lo que no se puede hacer (aún).

Chilenizando el mercado de trabajo en Argentina

7 de febrero de 2016

Cambiemos y el cambio de modelo

Cambiemos ha iniciado en Argentina un proceso de chilenización de su mercado de trabajo, paradójicamente justo en el momento que Chile intenta despinochetizar su mercado de trabajo, desmontando el cepo laboral rígidamente implantado por Pinochet, que hizo de ese país el más desigual entre los de su grado de desarrollo económico. Dicho de otro modo, el modelo chileno-pinochetista permitió maximizar las ganancias de los grandes grupos económicos, con el mínimo de distribución de las misma con el resto de la población. Lo que se dice el paraíso de los inversores.

El mercado de trabajo en Argentina, en la última década, tuvo como característica central la rigidez de la variable desocupación. El gobierno orientó toda su política a disminuir la desocupación y evitar a toda costa que aumentara. Esta política fue parte a su vez de una política regional inclusiva establecida por el Mercosur en 2004 con la Estrategia Mercosur para el Empleo Decente, que decidió poner el empleo en el centro de la economía.

Para ello el gobierno kirchnerista utilizó toda una batería de políticas: promoción del mercado interno, políticas activas (REPRO, subsidios, etc.), aumento del empleo público, planes sociales, ingreso familiar mínimo garantizado (AUH, amplia cobertura de jubilaciones), regularización de inmigrantes, reducción de la presión para ingresar al mercado de trabajo (capacitación, planes sociales, etc.)

A su vez, el salario se mantuvo relativamente alto, como consecuencia del bajo desempleo, y con el apoyo de una ingeniería orientada a mantener un relativamente alto (en términos latinoamericanos) salario mínimo vital y móvil establecido de manera tripartita, paritarias anuales por rama nacional y sindicatos fortalecidos con una enorme expansión de la base de delegados, que pasó de veinte mil en 2002 a casi cien mil en 2015.

Con este modelo de desocupación baja, planes sociales y salario relativamente alto para la región, la variable del mercado fue entonces la inflación. Y también en alguna medida la inversión privada luego de la gran crisis global iniciada en 2008, porque el capital, sobre todo el especulativo, está más dispuesto a invertir cuando hay grandes ganancias, y menos cuando las ganancias son más limitadas. Una mayor distribución de la renta con el trabajo, obviamente reduce la ganancia del capital, sobre todo en términos latinoamericanos, la región con mayor desigualdad distributiva del mundo.

Cambiemos, haciendo honor a su nombre y a su promesa electoral, ha cambiado todo esto. En primer lugar la desocupación. Flexibilizar el nivel de empleo, es decir permitir que la desocupación aumente o disminuya sin intervención del Estado, es el centro de la política macrista. En el modelo kirchnerista, el nivel de empleo (junto al nivel de consumo interno) había sido establecida como una variable que no podía ser “ajustada”. El macrismo busca reestablecer el nivel de empleo como variable de ajuste básica.

Es lo que se puede ver claramente en los despidos masivos en el Estado. Durante el kirchnerismo, el Estado nacional y todas las provincias y la Ciudad de Buenos Aires, habían adoptado una “política de país desarrollado” ante el empleo público y el rol del Estado. En los países desarrollados el porcentaje del empleo público sobre el total de los trabajadores supera ampliamente al de América Latina.

Un estudio serio sobre el empleo público en los países desarrollados puede encontrarse en el trabajo Panorama de las Administraciones Públicas 2013 (pag. 169 y ss), realizado por el Instituto Nacional de Administración Pública de la OCDE en 2014. Allí se establece que el promedio de los países de la OCDE es del 16% de total de la PEA (población económicamente activa), con varios países -sobre todo los nórdicos- por encima del 20%: Noruega (30%), Dinamarca (30%), Suecia (25%), Finlandia (23%), Francia (23%). Estados Unidos tiene 15%.

¿Cuánto empleo público tiene la Argentina? Si se le pregunta a una persona sólo informada por televisión, tiende a pensar que en la Argentina el empleo público supera al empleo privado, es decir es más del 50% del total. Los datos reales son otros. Según el Ministerio de Trabajo, en 2013 en Argentina había 2,675 millones de trabajadores estatales. Según FIEL los empleados públicos a fin de 2015 fueron 3,487 millones (FIEL incluye a los trabajadores provinciales y municipales de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que según el instituto no están incluidos en los datos del MTSS). Por otra parte, según el Banco Mundial, la PEA (Población Económicamente Activa) en 2013 era 19,277 millones y en 2015 debió haber superado los 19,700 millones.

Por lo tanto según el MTSS en 2013 los empleados públicos en Argentina era el 13,8%, y según FIEL los empleados públicos al finalizar 2015 eran 17,7%. Argentina por lo tanto tiene una cantidad de empleados públicos que están dentro del rango promedio de la OCDE.

EmpleoPublico-PEA-OCDE.png

Es importante decir que en el mismo trabajo, la OCDE alerta contra la tendencia de algunas políticas para reducir el empleo público, señalando que las misma afectan precisamente a los servicios que presta el Estado, cuya demanda es cada vez mayor por parte de los ciudadanos: “Reducciones significativas en el empleo público son difíciles de sostener a largo plazo, ya que las demandas de los ciudadanos crecen”.

En Argentina el empleo público se había reducido mucho, luego de las privatizaciones y despidos de los años ‘90, al punto que en algunos sectores del Estado prácticamente no había personal, como pasó por ejemplo en el sector de Policía del trabajo del Ministerio de Trabajo. Por lo tanto también es cierto que a partir de 2003 y sobre todo a partir de la crisis de 2008, el empleo estatal creció más que el empleo privado. Ante la caída mundial de la creación de empleo privado, el aumento del empleo público en un Estado que había sido vaciado, debe considerarse una política sana y legítima para preservar los niveles de empleo de la población, que debería ser el fin primordial del Estado.

Por otra parte cuando el Gobierno utiliza el argumento de que los despidos en el Estado se deben a que los trabajadores y trabajadoras despedidos/as militan supuestamente en el “kirchnerismo”, se comete una discriminación ideológica en abierta violación de los derechos humanos, que en Argentina sólo se había visto en las dictaduras autodenominadas Revolución Libertadora y Proceso de Reorganización Nacional.

Es obvio que se está instalando un nuevo modelo. “Modelo” quiere decir, justamente, que todo se relaciona con todo. Que para que haya consumo interno, tiene que haber bajo desempleo y salarios lo más alto posible. Que para que haya bajo desempleo y al mismo tiempo salarios altos, tiene que haber un Estado presente y sindicatos fuertes. Que para que haya un Estado presente tiene que haber una importante recaudación de impuestos.

Un nuevo modelo tiene una nueva lógica. La lógica del nuevo modelo es básicamente “que los números cierren”, principalmente los números de las ganancias de los inversores privados en América Latina -que son los más altos del mundo- y los números que establece el Fondo Monetario Internacional en materia de déficit público e inflación.

El empleo (salarios y desocupación) entonces deja de estar en el centro y se convierte en una variable que puede ser libremente ajustada por el mercado “para que los números cierren”. Así de simple.

¿Qué pueden tocar y qué no pueden (aún)?

(Continuará)

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3 respuestas a Un nuevo modelo de trabajo. Y de sociedad

  1. David (idu) dice:

    Viendo los países que nos “acompañan” en el nivel de empleo público, debiéramos tener servicios ídem similares a:

    Reino Unido, Luxemburgo, Canadá, Bélgica, Irlanda, Israel, Eslovenia, Australia, EEUU, Italia…

    Tamo’en el Primer Mundo, tamo’

  2. Mariano T. dice:

    Despidos masivos en el sector público? Bebió Robles?
    Aparentemente no llegan a 10.000, cuánto es sobre el total?
    Los calificaría de masivos desde 100 o 200.000. Esto es solo un cambio cosmético, enfocado en ñoquis y militantes.
    La discriminación política es totalmente adecuada en empleados de menos de 4 años de antigüedad. Durante estos años, hubo declaraciones respecto de que los empleados de planta tiene que estar consustanciados con el “proyecto”. Y así se hizo. Si hubo discriminación ideológica para contratarlos, esta perfecta la discriminación opuesta para echarlos a la calle. El “proyecto” es otro, y hay que hacerle lugar a los nuevos, y sacarse de encima a los consustanciados con el proyecto anterior, al menos los menos antiguos. Con el estado psicológico actual de los camporitas, sabotaje sería lo más liviano que se puede esperar.
    Yo echaría al 99% de los ingresados desde Septiembre de 2015, al 90% de los ingresados el resto del año, al 70% de los ingresados en 2014, y al 50% de los ingresados en 2013, en todas y cada una de las reparticiones excluyendo de la limpieza docentes, profesionales de la salud y científicos serios.
    Y después cubriría un % de las vacantes logradas.
    Por otro lado, el % parece ser menos a lo que puso Silenoz en el cuadrito hace unos días. Con el 19% nos meteríamos casi en el pelotón escandinavo, que tienen muchas más empresas públicas.
    Esta medida no tiene, por si misma, impacto en el desempleo, no da el número.
    Tampoco me parece bien el empleo público como combate al desempleo, prefiero las cooperativas, que se pueden transformar en algo útil.
    MAntener la dotación actual es una carga muy pesada sobre los hombros del resto de los argentinos, ni hablar de incrementarla, sobre todo si el sector privado esta menos floreciente.

  3. […] que se menciona poco. Una crítica desde el punto de vista de los trabajadores, como la que subí aquí y aquí, es también de esperar, aunque los devotos de “la nueva síntesis económica” […]

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