Los votos de los perdedores. En el Norte, eh

1931

Surfeando blogs no “del palo”, encontré esta columna de Martín Wolf, que tradujo y publicó El Cronista (un buen diario del establishment, con malas traducciones. La corregí algo).

Wolf es editor asociado y columnista económico principal del Financial Times. Así que ya sabemos en qué equipo juega. Pero tiene esa lucidez de algunos ingleses para entender los declives de los imperios: la han estudiado en buenas universidades, y han visto la del propio. Aquí está hablando del Atlántico Norte, los EE.UU. más la Unión Europea.

Además, creo que vale la pena que tomemos nota de estos problemas de los gringos. Los nuestros son diferentes, pero los seres humanos somos parecidos. Puede advertir a los K más fervientes que -si el gobierno de Macri choca con los arrecifes, de una inflación mayor al 50 % anual, por ejemplo- no está garantizado que el pueblo vote a un Frente para la Victoria depurado de los feos y malos pejotistas.

Los perdedores también votan. Eso es la democracia, y está bien que sea así. Si se sienten lo suficientemente engañados y humillados, votarán a Donald Trump, el candidato a la nominación presidencial del Partido Republicano en EE.UU.; a Marine Le Pen del Frente Nacional en Francia; o a Nigel Farage del Partido de la Independencia del Reino Unido. Hay quienes se dejan seducir, —en particular los de la clase obrera local,– por los cantos de sirena de los políticos que combinan el nacionalismo de la extrema derecha, el estatismo de la extrema izquierda y el autoritarismo de ambas.

Por encima de todo, los perdedores se oponen a las élites que dominan la vida económica y cultural de sus países: a los reunidos el mes pasado en Davos para el Foro Económico Mundial. Las potenciales consecuencias son aterradoras. Las élites tienen que preparar respuestas inteligentes. Pero puede que ya sea demasiado tarde para hacerlo. 

Los proyectos de la élite derechista se han centrado durante mucho tiempo en bajar los impuestos; en la inmigración sin trabas; en la globalización; en la reducción de los costosos ‘programas de ayuda social‘; en los mercados laborales desregulados; y en la maximización del valor de las tenencias de los accionistas.

Por su parte, los proyectos de la élite izquierdista se han centrado en la inmigración sin trabas (de nuevo); en el multiculturalismo; en el laicismo; en la diversidad; en la libertad de abortar; y en la igualdad de raza y de género. Los libertarios adoptan las causas de las élites de ambos lados; es por eso que constituyen una pequeña minoría.

Mientras tanto, las élites se han desprendido de las lealtades y de las preocupaciones nacionales y formaron en su lugar una super élite global. No es difícil comprender por qué muchas personas comunes están ofendidas. Estas personas son perdedoras, al menos relativamente; no comparten los beneficios en forma igualitaria. Se sienten usadas y abusadas. Después de la crisis financiera y de la lenta recuperación del nivel de vida, consideran que las élites son incompetentes y depredadoras. Lo que sorprende no es que muchas estén enojadas, sino más bien que muchas no lo estén.

Branko Milanovic, ex funcionario del Banco Mundial, ha demostrado que sólo dos sectores de la población global recibieron aumentos prácticamente inexistentes en sus ingresos reales entre 1988 y 2008: los cinco percentiles más pobres en la distribución del ingreso mundial y los que estaban entre el percentil 75 y el percentil 90. Esa porción incluye la mayor parte de la población de los países de altos ingresos.

Del mismo modo, un estudio realizado por el Economic Policy Institute en Washington demuestra que la remuneración de los trabajadores comunes se ha quedado muy por detrás del aumento de productividad desde mediados de la década de 1970. Las explicaciones son una mezcla compleja de factores: la innovación tecnológica, el libre comercio, los cambios en la conducción empresaria y la liberalización financiera. Pero el hecho es indiscutible. En EE.UU. –pero, en menor medida, también en otros países de altos ingresos– los frutos del crecimiento se concentran en la parte superior de la población.

Por último, la proporción de inmigrantes en las poblaciones ha aumentado considerablemente. Es difícil argumentar que esto ha traído grandes beneficios económicos, sociales y culturales a la mayor parte de la población. Pero indudablemente ha beneficiado a los más pudientes, incluyendo a las empresas.

La izquierda “respetable” ha ido perdiendo cada vez más el respaldo de las clases trabajadoras del país, a pesar que apoya las prestaciones sociales que pudieran considerarse extremadamente valiosas para ellas. Esto parece ser especialmente cierto en EE.UU., en donde los factores raciales y culturales han sido sobre todo importantes.

La ‘estrategia sureña‘ del ex presidente republicano estadounidense Richard Nixon –destinada a atraer el apoyo de las personas de raza blanca en el sur– dio resultados políticos. Pero la estrategia central de la élite de su partido: –explotar el enojo de la clase media (en particular de los hombres) por los cambios culturales o vinculados a la raza y género– está produciendo resultados indeseables.

El enfoque en la reducción de impuestos y en la desregulación ofrece poco consuelo a la gran mayoría de la base del partido. Los ideólogos republicanos se quejan de que Trump no es un verdadero conservador. Ése es precisamente el punto. Él es un populista. Al igual que los otros principales candidatos, propone recortes de impuestos inaplicables. De hecho, la noción de que los republicanos se oponen a los déficits fiscales parece absurda. Pero, esencialmente, Trump es proteccionista en asuntos comerciales y hostil a la inmigración. Estas posiciones atraen a sus seguidores, ya que ellos entienden que tienen un activo valioso: su ciudadanía. Y ellos no quieren compartirla con innumerables extraños. Lo mismo sucede con los seguidores de Le Pen o Farage.

Los populistas nacionalistas no deben ganar. Ya conocemos esa historia y sabemos lo mal que termina. En el caso de EE.UU., el resultado tendría graves implicancias a nivel mundial. EE.UU. fue el fundador de nuestro orden liberal global y sigue siendo su garante. El mundo desesperadamente necesita un liderazgo estadounidense bien informado. Y Trump no puede ofrecerlo. Los resultados podrían ser catastróficos.

Sin embargo, incluso si se evita tal resultado este año, ya se advirtió a las élites. Los de la derecha asumen grandes riesgos cultivando la rabia popular como manera de asegurar la reducción de impuestos, al mismo tiempo que apoyan el aumento de la inmigración y regulaciones más débiles. Las élites de la izquierda también asumen riesgos si no advierten que están sacrificando los intereses y valores de una gran cantidad de ciudadanos en dificultades financieras en favor del relativismo cultural y el laxo control de las fronteras.

Los países occidentales son democracias. Esos Estados todavía brindan los fundamentos jurídicos e institucionales del orden económico mundial. Si las élites occidentales menosprecian las preocupaciones de las mayorías, éstas retirarán su aprobación de los proyectos de la élite. En EE.UU., las élites derechistas, después de haber sembrado viento, están cosechando un torbellino. Pero esto ha ocurrido sólo porque las élites izquierdistas han perdido la lealtad de grandes porciones de la clase media del país.

No menos importante es el hecho de que la democracia significa un gobierno de todos los ciudadanos. Si no se protegen los derechos de los residentes, y todavía más los de ciudadanos, este peligroso resentimiento crecerá. De hecho, eso ya ha ocurrido en demasiados lugares“.

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16 Responses to Los votos de los perdedores. En el Norte, eh

  1. oski dice:

    Tuve oportunidad de leer un articulo con argumentos parecidos,pero que en este caso se aplicaba a la figura de Sanders,considerado un anti sistema y que captaba la voluntad e insatisfacción de los ciudadanos jóvenes blancos tanto hombres como mujeres.En este caso lo consideraba también un peligro.¿Sera cierto el peligro o solo un reflejo conservador por mantener el statu quo?

  2. Jose G. dice:

    Muy interesante la nota Abel. El “big picture” que no debemos perder de vista nunca. Yo veo que el unico dirigente que habla de esto (mal, pero habla) es Moreno.

  3. Capitán Yáñez dice:

    Y en criollo: “desaparecida la amenaza comunista los miembros de la élite capitalista (los ganadores) hemos desatado nuestra angurria y los perdedores empezan a avivarse de que esa angurria no tiene límites. Habría que tirarles algún huesito para que no jodan demasiado. Eso sí: ni hablar de populismos o cosa parecida. Trump es malo, por ahora voten a la Hillary, la mujer del que desreguló nuestros “mercados” y nos permitió atascarnos de dineros”
    La invocación a la democracia por estos canallas es lisa y llanamente una burla más del legendario cinismo anglosajón.
    Ese muchacho Trump empieza a caerme simpático. No porque lo sea… sino porque parece empezar a preocupar en serio a “las gentes de bien” (huelga aclarar quienes son tales “gentes”).

    • Leandro dice:

      La clave de esta nota es si los “perdedores” realmente son “perdedores” como pasa en el norte, donde a amplias mayorias los estan recagando desde hace rato y sin embargo todavia consiguen convencerlos de que no es asi, y como describe la nota, siguen las elites buscando la forma de manipularlos para que sigan creyendo que llueve cuando los mean, o si, como en nuestro pais, en realidad eran “ganadores” que fueron manipulados para convencerlos que eran perdedores, es decir, gente que recibio grandes beneficios estos años pero a los que lograron convencer de que “era por esfuerzo propio” o de que otros “se beneficiaron mas sin merecerlo” (verbigracia, negros planeros), y variantes indignatorias similares.

      Podra pensarse que es una diferencia irrelevante, porque lo importante es lo que crean, y si se creen perdedores, sea cierto o no, actuaran en consecuencia (y es cierto, fue lo que vimos en las elecciones). Pero la clave es que de esa diferenciacion depende si su enojo, y las decisiones politicas que tienen asociadas, perduran en el tiempo o no, es decir, si el impacto es de corto o mediano o largo plazo.
      Los que son perdedores, y por el motivo que sea no lo habian percibido, una vez lo perciben es muy dificil que los vuelvas a convencer de que estaban ganando.
      Los que eran ganadores pero se autopercibieron como perdedores, y asi favorecieron opciones politicas que los perjudicarán, eventualmente se volveran realmente perdedores en funcion de esas medidas, y NOTARAN IRREMEDIABLEMENTE la diferencia entre ser y creer ser. Y se daran cuenta que fueron engañado para que elijan mal. Y ahi es cuando el pueblo hace tronar el escarmiento.

      El que viva lo vera, dice siempre usted…

      • Capitán Yáñez dice:

        No sos vos, soy yo…
        Ehhhh… quiero decir… el de “el que viva lo verá” es Abel, no yo. Yo a veces lo repito per jodere, nomás.

      • Leandro dice:

        Ja perdon, mi comentario no era originalmente en respuesta al suyo, sino al post de abel, pero evidentemente dormido aprete el boton de responder a usted en lugar de escribir un nuevo comentario, de ahi la confusión. Disculpe la torpeza!

      • Politico Aficionado dice:

        Muy buen post, Leandro.

  4. Cine Braille dice:

    Si el centro socialdemócrata-liberal-conservador es visto como un cancerbero bicéfalo de las ganancias de las corporaciones, me temo que no podemos experar otra cosa que lo que vemos. No creo que la elección norteamericana termine entre Trump y Sanders, pero tampoco es rematadamente imposible.
    Saludos

  5. victorlustig dice:

    Trump, Le Pen, Putin, los chinos con crisis y asi siguiendo, el 2018 va a ser divertido si sigue asi

  6. CV dice:

    Otros conservadores le están pegando lindo a Donald…


    “Los ideólogos republicanos se quejan de que Trump no es un verdadero conservador. Ése es precisamente el punto. Él es un populista.”

    No estoy muy seguro de esto. Puede que sí lo sea. Digo, tener una posición anti-inmigración (suponiendo que la tiene) no descalifica para ser “conservador”. Tampoco, llegado el caso, favorecer un “Estado de Bienestar” es conceptualmente incompatible con el conservadurismo. Bismarck (el creador del “Estado de Bienestar”) no era precisamente “progre”…

    Yo por ahora lo veo simplemente como un político pragmático (y astuto), que muchas veces busca deliberadamente escandalizar.

    No sé realmente si será capaz de reconstruir la coalición que llevó a Ronald Reagan al poder: los libertarios (en general, “racionalistas” y “principistas”) objetan por sus innumerables contradicciones y “falta de principios” y por sus maneras “populistas”. Los cristianos evangélicos le objetan sus innumerables errores en las citas bíblicas de su discurso (algo en lo que Ted Cruz se maneja con admirable habilidad).

  7. Claudiad dice:

    Un post clarividente, gracias por él. Barbas en remojo para hipsters varios, entonces. ¿Y por casa cómo andamos?
    Apoyo popular innegable, nuevo Manual de Procedimientos Anti-Piquetes, disciplinamiento económico ¡y energético! , posible intervención del Peronismo tras las internas, procesamientos judiciales seriales (incluso de un gobernador tucumano; la intervención posterior de la provincia, a un pasito).
    ¿Todavía creemos que esto es meramente una resurrección neoliberal? ¿Sería gratuito recordar que la casualidad es madre de muchos procesos históricos impensados?
    Como bien dice Leandro, la clave estuvo en presentar como perdedores a quienes nunca lo habían sido. Pero insisto en que convocar, desde la rabia, a inconscientes colectivos cuyo ADN es la irracionalidad misma, es peligroso; porque no se puede “conducir” cabalmente al inconsciente, éste tiene dinámica propia. Lo que no significa necesariamente futuras puebladas de esos falsos perdedores en las calles (menos con el Protocolo encima), sino tal vez, reacciones difíciles de imaginar con las herramientas mentales del siglo XX que aún conservamos.
    Quizás haya que abandonar esta práctica de discutir pertenencias y conceptos grandilocuentes como “pueblo” (algo que revela más dubitaciones personales que certezas) porque no está en juego la destrucción de la subjetividad ideológica… sino la física. Porque la destrucción laboral es un impacto pleno en el soporte de supervivencia mismo.Y conste que no he considerado los impactos de la represión, que eso, es otro cantar.
    Urge entonces abordar este escenario desde lo observable, lo guaso, y eso implica abandonar el recuento de paja en ojo ajeno a la hora de establecer alianzas.
    Y en sintonía con esto último… ¿por qué damos por sentado que Cristina (cuyo destino judicial es complicado, dada la ferocidad gubernamental observable) hará algo diferente que dedicarse a armados desde la lejanía? ¿No será que, en nuestra orfandad, imaginamos cercana su mano para solucionar, sin contemplar sus propios intereses urgentes? ¿Y si no pudiera reintegrarse a cargo político visible porque la prudencia personal le aconseja perfil ultra bajo y menos que menos, futuros senatoriales? ¿Estamos preparados para instancias tales?
    Hay veces que me surge en mente la cañonera Humaitá… Y tras ella, diecisiete años de páramo. Quede claro que la vida tras ello es posible, lo demostraron miles de compañeros de los cuales somos tributarios. Pero lo cierto es que me quedó picando la frase del compañero mendocino: “Están los que están, y los de abajo de la burocracia -que huyó como en las guerras- están atendiendo a los heridos y a los niños.
    En fin, disquisiciones siempre heréticas las mías, sabrán disculpar.

  8. Claudiad dice:

    Fe de erratas: Cañonera Paraguay por Humaitá (disculpen los memoriosos el lapsus).

  9. Mariano T. dice:

    Los republicanos, incluyendo a Trump, son gente muy peligrosa para todo el planeta, en paz y en guerra.
    Lo malo de Sanders es que puede perder la presidencial.

  10. […] sí, sobre la campaña de Donald Trump para la presidencia de EE.UU. acerqué información aquí y aquí. Mi evaluación se mantiene: el Partido Republicano no tiene, ni ahora ni en la elección pasada, […]

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