El futuro previsible

hari seldon

Como el blog y yo mismo estamos un poco saturados de política, les acerco algo en la línea de los tradicionales pronósticos de fin de año (un poco más serio). Lo tenía preparado el domingo, pero aconteció la curiosa fuga de los hermanos Lanatta y Schillaci (un hecho no imprevisible pero inesperado).

El título de este posteo es engañoso (No falso, eh). El futuro es previsible, hasta en tiempos muy largos, si estamos hablando de cuerpos físicos lo bastante grandes para que no aparezca la incertidumbre cuántica. La trayectoria de los planetas, la vida de las estrellas, la evolución de las galaxias…

En cambio, el futuro de los asuntos humanos no lo es. Los intentos de hacerlo usando la versión de Feuerbach y Marx de la dialéctica de Hegel, tanto como las rígidas “leyes” de Spengler de la evolución de las culturas, se vieron frustrados.

La razón es simple y no tiene nada de místico. La teoría matemática del caos lo explica, pero en una versión sin ecuaciones podemos decir que cada acontecimiento, cada hecho personal, por mínimo que sea, influye sobre otros. Y esas variaciones no se anulan mutuamente en una regularidad estadística, sino que se acumulan conforme transcurre el tiempo. En la jerga técnica, tienen feedback positiva.

(Lo siento por Asimov, pero Hari Seldon no descubrirá las leyes de la psicohistoria en el año 12.000 de la Era Galáctica).

Esto es válido también para los desarrollos tecnológicos. En el curso de mi vida ya vi proclamar, y desvanecerse, la Era Atómica y la Era del Espacio. Seguimos usando energía nuclear, claro, y también satélites y pruebas espaciales, pero no ocupan el lugar central que se prometía.  En cambio, nadie anticipó Internet diez años antes que empezara.

A pesar de eso, creo que en Informática -un tema que nos importa a nosotros en particular- se puede predecir el futuro cercano con bastante precisión. Toco madera al decirlo, pero su vertiginoso desarrollo ha sido bastante regular. Por eso, aporto estos diez pronósticos de Ariel Torres, que aparecieron dentro de un texto mucho más largo en La Nación y en el blog El Ojo con Dientes. Y acepto apuestas.

1. Más poder de cómputo. Algo que no va a ocurrir en las próximas décadas es que la industria comunique públicamente que ya está, ya no hacen falta chips más potentes. El poder de hacer más operaciones aritméticas y lógicas por segundo es la clave del mundo en el que vivimos y en el que vamos a vivir durante mucho tiempo todavía. Traducido a lo cotidiano, ese poder de cómputo es lo que hace que tu teléfono sea más ágil, que interprete comandos verbales y que use una pantalla de altísima resolución. Los coches autónomos existen porque la PlayStation es más potente que las supercomputadoras de hace 30 años. Lo que me lleva al siguiente punto.

2. Más pequeño. No vamos a tener poder de cómputo a cualquier costo. Es menester que los dispositivos sean cada vez más pequeños (o, para ser más exacto, que tengan mayor densidad de componentes). De momento, la naturaleza le impone un límite a la industria del silicio, pero más tarde o más temprano le encontraremos la forma de continuar miniaturizando. Mi sintetizador Yamaha CS-5, que compré en 1979, pesa 7 kilogramos; mi smartphone pesa 130 gramos y puede emular con la más absoluta fidelidad los sonidos de esa querida reliquia que todavía conservo. En rigor, el componente que emula al CS-5 tiene el tamaño de un grano de arroz. Puede que algún dispositivo disruptivo nazca voluminoso, pero tenderá a achicarse muy rápidamente. Salvo, como me apuntaban estos días, las pantallas; pero sólo en apariencia. Las pantallas tienen cada vez mayor densidad de pixeles, por lo que cumplen con el principio mencionado al principio.

3. Más económico. Si los precios de una tecnología más avanzada fueran más altos, nos parecería normal. Si se mantuvieran constantes, diríamos que estamos OK. Lo extravagante es que los precios en realidad bajan de forma sistemática. El nuevo iPhone cuesta más o menos lo mismo que el primero, de abril de 2007, que ni siquiera tenía 3G. Esta regla se mantendrá.

4. Más fácil. Cualquier veterano se los dirá: manejar una computadora en 1981 era bastante más complicado que aterrizar el transbordador espacial en medio de una tormenta, con varias copas encima y los ojos vendados. Si una tendencia parece mantenerse constante en la imprevisible carambola del futuro es la cada vez mayor facilidad de uso; o, mejor dicho, que tareas cada vez más complejas son cada vez más fáciles de realizar. Es muy improbable que un dispositivo gane un espacio entre el público con el argumento de que usarlo resulta fatigoso.

5. Más inteligente. Lo que llamamos inteligencia en estas tecnologías suele ser malinterpretado, inflado y exagerado. En la práctica, significa dos cosas. Por un lado, añadir poder de cómputo y conectividad a los equipos (es la diferencia entre un celular y un smartphone). Por otro, una tendencia hacia un número cada vez mayor de funciones de las que nuestros dispositivos nos relevan. No importa aquí si esto es bueno o malo, pero es poco probable que en el futuro una tecnología nos subyugue gracias a su falta de inteligencia. Y parece bastante seguro que las cosas que antes eran bobas dejarán de serlo. Nuestros autos son un ejemplo de la integración cada vez mayor de poder de cómputo a las máquinas que por definición no son computadoras. En el extremo están, claro, los coches autónomos (que ya son una realidad).

6. Más ecológico. Si seguimos consumiendo energía como si no hubiera un mañana, entonces no habrá un mañana, y en tal caso de poco sirve hablar del futuro. La tendencia ha sido hacia un menor consumo de energía, no tanto por la ecología, sino más bien para extender la autonomía de las baterías. Creo que hay un paso revolucionario allá adelante: incorporar la protección del medio ambiente como norma a estas tecnologías. No es sólo gastar menos electricidad. Es también abandonar los materiales contaminantes e instaurar políticas de reciclado de los residuos electrónicos consistentes, sustentables y, sobre todo, que sean algo más que palabrería. Hemos avanzado en este sentido; necesitamos hacerlo mucho más.

7. Más conectado. Esta es obvia, pero importante. La tendencia es hacia más ancho de banda en más lugares y con menos complicaciones (por lo que se apunta en 4), sean cables o procesos de configuración. La conectividad irá haciéndose cada vez más universal, ubicua y transparente, y con tasas de transferencia que hoy no podemos ni soñar.

8. Menos resistencia. La información encuentra cada vez menos resistencia para transmitirse. Por ejemplo, lo que alguna vez estuvo en las salas de concierto (usualmente, salones de la nobleza) pasó luego al gramófono, al vinilo, al CD y al MP3. Ahora está en un smartphone vía streaming. Hay muchas otras zonas de roce todavía, pero creo que no puede ya revertirse la tendencia de que la información y la cultura encuentran cada vez menos resistencia en su propagación. Es una buena noticia.

9. Más inseguro, menos privado y con mayor concentración.Lamentablemente, hay también tendencias preocupantes. El futuro, todo indica, tendrá cada vez menos seguridad informática, por mucho esfuerzo que hagan compañías y gobiernos para contrarrestar los ataques. La forma en que construimos software es una de las razones. La incipiente Internet de las Cosas -que podría ser de una enorme ayuda para reducir el consumo de energía- no mejorará el panorama. La privacidad está siendo atacada desde todos los frentes, incluso el interno. Dudo que esto cambie pronto. La concentración es particularmente dañina para la innovación y, vaya paradoja, ha sido una constante en esta innovadora industria. Hasta ahora no hay signos que muestren una reducción de la concentración en el corto y mediano plazo.

10. Saltos cuánticos. Ha ocurrido y seguirá ocurriendo: cada tanto surgen ideas (que todo el mundo tenga una computadora), programas (el e-mail, la planilla de cálculo), servicios (la Web, Twitter, Facebook, Wikipedia, Uber) y dispositivos (la PC, el iPhone, el GPS, los coches autónomos, la impresión 3D) que nos dejan en off side con nuestras predicciones y reconfiguran la realidad y, por supuesto, el futuro. Y eso, en serio, me encanta“.

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13 respuestas a El futuro previsible

  1. David (idu) dice:

    Hay algo en lo que fallaron la mayor parte de los futurólogos tecnológicos: la Inteligencia Artificial.

    Muchos avances llevan el (falso) nombre de inteligencia artificial, pero aún no se logró (y no se si se llegará) a la computadora Hal 9000, la que tomaba decisiones de sabotaje en “2001 Odisea del Espacio”.

  2. Daniel Hugo Villanueva dice:

    Existe un cuento de la década del 70, no recuerdo el autor “Un lógico llamado Joe” que anticipaba Internet

  3. Cam Argen dice:

    A propósito del excelente post y los comentarios que me preceden

    Arthur Clarke, 1974:



  4. CV dice:

    Sobre el futuro de los asuntos humanos, algunos son audaces, eh.
    http://www.amazon.com/The-Next-100-Years-Forecast/dp/0767923057

  5. ricardo j.m. dice:

    si todo eso si el principe no decreta otra cosa como hicieron con el codigo procesal y la ley de educacion.

    fijate la resistencia a la informacion. como esta si encuentra mas resistencia para propagarse cuando te gobierna un principe bobo como pasa en argentina.

    lo de mas conectado o mas economico seria en potencial o en excusividad de clase, fijate los que en cordoba cobraron vales donde antes cobraban en dinero si se vana a comprar un telefono inteligente.

    los cientificologos o tecnologos son de asimov pero la realidad es PKD

  6. Cine Braille dice:

    Un problema de las nuevas tecnologías es que son, en general, dispositivos mucho más delicados que los anteriores. (Paul Virilio escribió algo sobre la naturaleza cambiante de los accidentes, creo).
    Se corta la luz un día entero y no hay smart TV ni tablet que valga: de hecho, en el terremoto de Chile de 2010, la única tecnología que quedó en pie fue la de la radio a transistores. No por nada Estados Unidos atacó primero la infraestructura eléctrica y de comunicaciones de Irak en 2003: dejó al país de rodillas en los primeros días de guerra. La misma tarea, en 1943, le hubiera demorado semanas.
    Antes se trababa la ventanilla del auto y se bajaba a la fuerza; ahora se jode el mecanismo electrónico y hay que romper el vidrio para que pase el aire.
    En el caso de los autos, se nota mucho, sobre todo en ciudades chicas de la pampa gringa, que las nuevas tecnologías dejan a los viejos mecánicos afuera y aún no han generado una oferta suficiente de nuevos técnicos. Dos por tres hay que esperar que venga alguien de una ciudad más grande a ver el desperfecto, o directamente irse allí, o pedir turno con el experto, como si fuera un médico, a veces con días de anticipación. (El caso extremo es la Fórmula Uno: a algún piloto le han pedido que resetee la computadora de a bordo en plena carrera; otros se han quedado a pie por meros errores de software). Recomiendo a cualquier adolescente que, si le gustan los autos, piense muy seriamente en dedicarse a esa tarea. Conozco un par de ciudades del sudeste de Buenos Aires donde, por empezar, casi ni tendría competencia.
    Obviamente no soy un luddita, salvo en casos de celulares vs. smartphones (un mal negocio para el que quiere conexión telefónica o vía SMS permanente y casi en cualquier lugar, y no le interesa más conectividad porque ya vive y trabaja entre computadoras y botebooks, como es mi caso). Simplemente destaco algunos problemas para completar la idea.
    Saludos

  7. ram dice:

    Sí, todo muy bonito con el avance científico tecnológico pero permítame predecir un problemita, vamos a ser más muchos, mucho más muchios que ahora y, con la tendencia actual serán menos los recursos y peor la distribución.
    Podría predecir también climas más calentitos cuando no belicosos (así bajamos tasas de sobrevivencia de muchedubres indeseables), sospecho que no hay nada bueno para predecir (o no hay a la vista las cosas buenas y necesarias para predecir y, si nos enfocamos en que por acá ganaron los peores, predigamos tiempos moviditos y complicados y acertaremos el horóscopo.

  8. Mariano T. dice:

    Lo interesante de esto es que papel nos puede tocar a los argentinos en esta carrera, por un lado, y qué importante es que todos los actores de la actividad económica tengan acceso a buen precio a los dispositivos y otros bichos que se necesiten para aumentar la productividad.
    Y qué papel puede jugar (o dejar de jugar)Tierra de Fuego en todo esto

  9. Capitán Yáñez dice:

    Sinceramente, Abel, leí esto a la mañana en mi exilio laboral campestre -gracias a mi hijo menor tengo internet en el celular aún en el medio del campo, plena Cuenca del Salado… no me preguntes cómo, preguntale a él, en todo caso- y no le dí bola.
    Releo ahora… y como todo es Política… por un lado, y por “deformación profesional”, por el otro, me concentro en el punto 6, a saber “más ecológico”.
    Es un disparate de cabo a rabo.
    SIC: “Si seguimos consumiendo energía como si no hubiera un mañana, entonces no habrá un mañana, y en tal caso de poco sirve hablar del futuro. La tendencia ha sido hacia un menor consumo de energía, no tanto por la ecología, sino más bien para extender la autonomía de las baterías”.
    ¿En qué quedamos? ¿Consumimos energía “como si no hubiera un mañana”… o “la tendencia es a consumir menos energía para extender la autonomía de las baterías” (?).
    Siendo heredero de una ciencia alemana, sé de las dificultades en la traducción de asuntos técnicos… y a ellas atribuyo el despropósito.
    En suma: consumimos la energía que necesitamos. Y como especie animal que somos, nuestro primer instinto es la reproducción de la especie. Instintivamente, así, también tenemos en cuenta la energía que necesitarán nuestros descendientes. Lo demás es mero boludeo ecologista.
    El problema de la Humanidad no es, precisamente, el consumo de energía.
    Es la distribución del Ingreso, que es lo que asegura la “igualdad de oportunidades”. Los “saltos cuánticos” y exquisiteces semejantes vienen por añadidura.
    A otros perros con esos huesos. La Humanidad ha sabido abastecerse de energía por milenios. Y lo seguirá haciendo… hasta que una “lluvia de meteoritos” o lo que fuere la extinga.
    En cualquier caso… el problema no será la energía.

  10. Daniel E. Arias dice:

    You are wrong, Capitán Yáñez. La química de la atmósfera no es la misma que antes de la primera revolución industrial, y el cambio climático resultante del uso de carbono fósil está costando vidas, destruyendo cosechas, agravando migraciones y desatando o empeorando guerras. Progresamos mucho desde la máquina de vapor de James Watt, pero el planeta nos está pasando factura.

    Somos una especie crecientemente energívora, y andamos seriamente necesitados de una o dos tecnologías que sean “game changers” en materia de impacto energético.

    Ariel Torres tiene razón: el punto de convergencia de la tecnología, incluída la digital, es la electricidad. Y hay que generarla. Y en términos económicos y ambientales, es cada vez menos gratis.

    • victorlustig dice:

      alguien puede decir cual era en esa epoca?, nadie, al menos con las imprecisiones.
      pero bueno, seria comenzar una discusion eterna

    • Capitán Yáñez dice:

      I’m not wrong, Mr. Daniel E. Arias.
      Por empezar, nuestro conocimiento de “la química de la atmósfera” es más pretencioso que real. Y, menos que menos, podemos compararlo con el de “antes de la primera revolución industrial”, cuando no sólo se ignoraba todo al respecto, sino que, además, aún se suponía que los minerales se regeneraban “en el seno de la Tierra” y evolucionaban hacia el oro, el metal perfecto (laburo al dope de los alquimistas que duró varios siglos).
      Para concluir, lo de “crecientemente energívoras” suena altisonante… pero es un dislate que no resiste análisis alguno. Se equivocan usted y el tal Ariel Torres -ignoro por completo quién es- en cuanto a que “el punto de convergencia de la tecnología, incluida la digital, es la electricidad”. Se equivocan usted y Torres: la Humanidad generó tecnología -¡y vaya que lo hizo!- desde muchos siglos antes… de generar esa tecnología que es la electricidad.
      No hay “impacto energético” alguno… y los registros con los que contamos del clima son demasiado novedosos (la Tierra tenía vaya a saberse cuántos millones de años cuando apareció el Homo) como para hablar de “cambio climático” y organizar “cumbres” para tratar tal asunto.
      Mientras el Sol siga brillando… no nos faltará energía.
      Lo demás es todo verso (que da de comer… y algo más a vivillos varios).
      Quédese tranquilo, Mr. Daniel E. Arias.

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