Nostalgias: el Retorno que no fue

 

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Hoy se cumplen 51 años del día en que Perón, que había anunciado su propósito de regresar a la Argentina, fue retenido en Río de Janeiro y lo forzaron a regresar a España.

No me intereso mucho en las efemérides, pero un compañero me hizo llegar esta crónica que hace un año publicó Clarín (Adecuada; no desperdicia operaciones en temas que no tengan que ver  con sus intereses actuales), y me pareció interesante compartirla con ustedes. Una reflexión corta al final.

A media mañana del miércoles 2 de diciembre de 1964, Juan Perón se asomó por la portezuela del avión de Iberia y comenzó a bajar la escalerilla hasta pisar la pista de aterrizaje del aeropuerto de El Galeão, en Río de Janeiro. El Boeing había aterrizado más de dos horas antes, rodeado de un impresionante operativo de seguridad, y en ese lapso el jefe de protocolo de Itamaratí, Jorge Lampreia, le había comunicado al ex presidente que no iba a poder seguir viaje. Accediendo al pedido expreso del gobierno del radical Arturo Illia, la dictadura militar brasileña había aceptado detenerlo y enviarlo de vuelta a España.

Perón intentó discutir que estar a bordo de un avión de Iberia era como estar en territorio español, hasta que advirtió que la decisión ya estaba tomada y accedió a salir. Vestía traje color crema, camisa blanca, corbata roja y un portafolio en su mano derecha. Lo acompañaba una comitiva que incluía, entre otros, al empresario Jorge Antonio, a los sindicalistas Augusto Vandor y Andrés Framini, y a la histórica dirigente de la rama femenina Delia Parodi. Todos quedaron detenidos en la base militar del aeropuerto carioca. Así, en la primera escala del vuelo quedó abortada la primera Operación Retorno, que tuvo en vilo a la Argentina durante todo ese año.

En verdad, Perón había confiado en la buena fe del presidente Illia, quien, tras asumir la presidencia en octubre de 1963 con el 25% de los votos, en elecciones en las que el peronismo estuvo proscripto, le hizo saber que era libre de volver al país aunque, eso sí, debía hacer frente a las causas judiciales que tuviera pendientes. Quizás, consciente de que su liderazgo estaba en riesgo, ya que el voto en blanco del peronismo había sacado seis puntos menos que los radicales, el líder aceptó el reto y anunció su retorno para antes del fin de 1964 y, después de muchas dudas y contramarchas, se subió al avión.

Lo cierto es que la Operación Retorno adolecía de una pésima organización. En Madrid, tuvo que tomar las riendas Jorge Antonio, quien reservó toda la primera clase del avión para la comitiva. En Buenos Aires, Antonio Cafiero, encargado de organizar las movilizaciones en todo el país, se enteró de la partida de la nave por la radio mientras cenaba en un restorán del centro la misma noche del 1° de diciembre. A esto se sumó el mazazo de la noticia de que Perón había sido frenado en Río.

“Era en vano que aquí las bases anduvieran a la pesca de algún jerarca que les diese alguna orientación. Todo indicaba una sola cosa: el pueblo no tenía nada que hacer, sino escuchar la radio y ver cómo se desarrollaban los acontecimientos”, le escribió a Perón su ex delegado personal John William Cooke, eterno crítico de la burocracia partidaria.

El movimiento obrero tampoco tomó la posta. La conducción de la CGT no alteró su orden del día a causa del viaje de Perón. De modo que la jornada estuvo bien lejos de parecerse a la epopeya del 17 de Octubre de 1945, la mayor movilización de masas hasta ese momento de la historia argentina. Entre tanto, el muy antiperonista canciller de Illia, Miguel Angel Zavala Ortiz, que había hecho todas las gestiones para conseguir la detención del ex presidente, se limitó a agradecer la decisión del gobierno brasileño, encabezado por el mariscal Humberto Castelo Branco.

El general tenía pasaje hasta Montevideo y, según las versiones más confiables, planeaba establecer allí su campamento para negociar directamente con Illia las condiciones de su vuelta. Pero, frustrados todos los planes, durante su detención en El Galeão acusó por escrito al gobierno radical de haber tramado ese desenlace junto a la dictadura militar del país vecino y con la anuencia de Estados Unidos.

Casi a media noche, todos fueron embarcados de vuelta a España en el mismo avión. Una vez en Madrid, Perón se instaló nuevamente en su casa de Puerta de Hierro -de la que había salido la noche del 1º de diciembre escondido en el baúl de un auto- y desde allí retomó el mando a distancia de su movimiento“.

Horacio González me comentó, en una charla casual, cómo se aplicaba la sarcástica pregunta de Stalin “¿Cuántas divisiones tiene…?” a Perón. No tenía divisiones, ni una estructura jerárquica que le respondiera. Sólo contaba con su palabra, y con la lealtad de su pueblo, basada en la memoria de días más felices, y en una identidad cultural que la otra Argentina negaba rencorosamente.

Ni la dirigencia sindical ni la política del peronismo -eso incluye a Cooke- se mostró capaz de construir las estructuras y los acuerdos que contuvieran y ordenaran a ese conjunto.

Tampoco lo habían logrado para el retorno definitivo, 9 años después, los dos sectores del peronismo que en junio del ´73 se enfrentaron en los bosques de Ezeiza. Los dos al grito de “Viva Perón”.

La Argentina, el mundo y la política han cambiado mucho en los 42 años siguientes. En general, para mejor. Igual, pienso que alguna lección nos puede dejar esta historia.

9 respuestas a Nostalgias: el Retorno que no fue

  1. Marcelo Arndt dice:

    Miremos el futuro y tomemos seriamente a Perón para la historia y no solo para la política.

  2. Gerardo González. dice:

    Creo que si Illia hubiera permitido el regreso de Perón, los militares gorilas lo hubieran echado, tanto azules como colorados.
    Además, el ala gorila del radicalismo estaba en contra también.
    Solo habían pasado nueve años desde 1955.

  3. Silenoz dice:

    Don Abel… deje de tapar el bosque ¡oiga! Ja ja..

    Saludos

  4. Mariano T. dice:

    Así que era de sorpresa? No lo sabía. Me imaginaba que estaba arreglado y acá se armó el despelote y se tuvo que dar marcha atrás.
    Me acuerdo cuando era chico y hacían bromas sobre el avión negro.

  5. Capitán Medibacha dice:

    Qué increíble parece ahora nuestra historia, que hayan podido pasar las cosas que pasaron.- Un grupo de gente que, porque no le gusta un gobierno elegido por el pueblo, decide primero bombardear Plaza de Mayo asesinando cientos de civiles inocentes y unos meses más tarde hacer un cruento golpe de estado derrocando a ese mismo gobierno popular, proscribiéndolo durante 18 años en nombre de la “república” y de la “democracia”.-

    Siempre en nombre de la democracia hasta prohiben mencionar a Perón, cantar la marchita, e impiden al General retornar a su país en el 64.- Ponen y sacan a Frondizi y a Illia, quienes como muy democráticos que eran aceptaron competir en elecciones en las que el principal partido estaba proscripto.- Se matan un tiempo entre azules y colorados y luego los generales tiranuelos se hacen de nuevo con el gobierno de la Argentina inaugurando otro carnaval militar liderado por Onganía, luego Levingston y finalmente Lanusse.-

    Tanta violencia de arriba genera su obvia reacción y el ejercicio del derecho de resistencia a la opresión, lo que va convirtiendo a nuestro país en un polvorín.- Los uniformados se asustan y convocan a Perón para que vuelva y les saque las papas del fuego poniendo en caja a los “muchachos” que habían arriesgado sus vidas para que el General volviera, pero que además pensaban que lograrían imponerse al “viejo” y autoconsagrarse como sus “herederos”.- Se desata entonces una batalla campal y criminal entre la “patria peronista” y la “patria socialista”, entrematándose todos en nombre de Perón.- Este muere y nos deja en el Gobierno a Isabelita, López Rega y las 3 A.-

    Caos total y nuevo golpe militar para preservar “la democracia”.- Nunca habían llegado a caer tan bajo, incurriendo planificada y metódicamente en el secuestro y asesinato masivo de su propio pueblo, violando las mujeres, robando bebés y todo lo que podían.- La noche más negra de nuestra historia.-

    Por ello pienso que la Historia Argentina en realidad comienza en 1983.- Lo anterior es nuestra triste prehistoria.- Desde 1983 hemos dejado los argentinos de bombardearnos, asesinarnos y torturarnos al menos en forma sistemática y para derrocar a los gobiernos elegidos por el pueblo.- Avanzamos extraordinariamente.-

    Ha habido gobiernos de distintos signos y todos atravesaron distintas crisis más o menos graves, pero no se quebró más el orden constitucional.- Quienes apoyamos al kirchnerismo vemos con orgullo estos últimos 12 años de Gobierno y agradecemos haber tenido, al menos una vez en la vida, un gobierno progresista que intentara llevar a cabo muchas de las cosas que siempre queríamos que se hicieran.- Ello en contraste con los gobiernos de cuño neoliberal que gobernaron casi siempre, ya sea con los militares, o con Menem.- Perdimos las elecciones, no las convicciones.-

    Ahora, por primera vez los neoliberales ganaron en elecciones libres y democráticas y sin dudas tienen derecho a su turno de gobierno.- Si no son tan angurrientos y mezquinos como otras veces, puede incluso que logren otros turnos.- Deseo de corazón que gobiernen bien, de manera inteligente y responsable, sin chocar el barco.- Pero es difícil que el chancho vuele … Saludos

    • Raúl C. dice:

      Realmente, en 1983 comenzó la historia, u otra historia. Por suerte.
      No tengo ninguna expectativa positiva sobre el período que comienza ahora, pero en el fondo conservo esa, no digamos esperanza, pero sí ‘curiosidad’ que hace que uno se pregunte: ¿podrán evitar desembocar en un nuevo 2001, a pesar de las figuras (del 2001) que han puesto a manejar la economía?
      Aunque no comemos vidrio, esa permanente ‘curiosidad’ nos impide caer en la total negatividad.
      Como bien dice usted ¿superarán la angurria y la mezquindad?¿Levantará vuelo el chancho, aunque sea rasante?
      Además ¿estará la oposición a la altura de las circunstancias: ni venta ni alquiler… pero tampoco quilombo porque sí?
      Todas estas preguntas nos ayudan a abrir el diario o la PC cada mañana para ver lo que pasa, y no perder la curiosidad nunca.
      Y seguir opinando mientras Abel esté de acuerdo en que lo hagamos.

  6. Esther dice:

    «Igual, pienso que alguna lección nos puede dejar esta historia.»

    Impecable, Abel.

  7. Arduo debate el referido a los motivos del retorno del General.
    Aporta lo suyo Joseph A. Page: “Así las cosas, es posible que Perón no haya hablado seriamente cuando por primera vez lanzó la idea de un retorno, o que hubiera cambiado de opinión y abandonado el proyecto a comienzo de 1964. Pero una vez que sus partidarios hubieron tomado sus palabras al pie de la letra, el plan puede haber tomado un impulso irreversible. No era la primera instancia en su carrera política en que iba a tener que dejarse arrastrar por los acontecimiento. Tal vez temía perder su control sobre el movimiento peronista y llegó a la conclusión de que el único antídoto para ello sería realizar un intento de volver, a pesar de que sabía de que el gobierno no iba a permitir su reingreso a la Argentina. El retorno se convertiría entonces en un gesto simbólico, para probar a los descamisados que todavía se preocupaba por ellos y que su exilio era involuntario”. Perón. Segunda parte. 1952-1974. Javier Vergara. Buenos Aires. 1984. Páginas 145/157.

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