Un poema, para un sábado

tapa (1)

El amigo Marcelo Padilla, cuyano, sociólogo, periodista, militante, me regaló su libro de poemas. Le doy las gracias, y comparto con ustedes uno. El que, por algún motivo, más me llegó.

Dos pendejitos

Dos pendejitos de 11 años

calculo

me piden un pucho y se los niego

en la parada del micro

les niego a los pendejitos un pucho

y pienso mientras me fumo uno

“el 33 demora como siempre”

mientras les niego a dos pendejitos en la parada del micro

un pucho

fue una reacción inmediata

negarles un pucho

pensé en mi hijos

y como mis hijos a esos dos pendejitos

sentados en el cordón de la calle

esperando algún micro cualquiera

que los llevara a ningún lado

al pedo

en una tarde gris de mayo

haciéndoles dedo a los autos

esos dos pendejitos

disfrutaban la nada gris de ese mayo

caraduras

se le animaban a todo

se subieron conmigo al 33

y le pidieron a la gente que les bancara el pasaje

yo les pasé la tarjeta y pudimos viajar los tres

en los asientos del fondo

fumando

con esos dos pendejitos.

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4 Responses to Un poema, para un sábado

  1. Juan Salinas dice:

    Va directo al corazón. Y llega haciendo estropicios en momentos en que el mundo quedño absorto mirando la foto de un pibito muerto. Sigue habiendo tantos pibes a la intemperie…

  2. pablo etchevehere dice:

    COLORADOS DE BOLIVIA
    Allí están los colorados
    de plantón en una puerta
    sobre el Palacio Quemado
    a veces dan una vuelta

    Las caras de estos muchachos
    son duras como la piedra
    sus rostros del altiplano,
    duro viento y duras penas

    Hace muchos, muchos años
    cuando flameó la bandera
    en el Alto de la Alianza
    fueron leones de veras

    Cuando el corneta Mamani
    hizo tronar la trompeta
    con el sargento Paredes
    y un escuadrón de fieras

    Los chilenos con sus brines,
    sus cañones de cureña
    -no pudieron con Mamani
    sus mil inventos de guerra

    Los pobres, los indiecitos
    esclavos de las haciendas
    se hicieron bravos leones
    y defendieron la tierra

    Por cada indio en la lucha
    por cada Quispe o Coquena
    dejó su vida a montones
    la soldadesca chilena
    Los indios sobrevivientes
    se volvieron a sus peñas
    para que algunos mandones
    borrachos, los ofendiera

    -Mamani, indio pulgoso
    tu hijo no irá a la escuela
    -señor yo fui colorado
    y salí vivo en la guerra

    Rendidos, el padre y el hijo
    rumbearon para su aldea
    -Bolivia para nosotros,
    es una patria ajena

    Allí junto al mar pacífico
    aún flamean banderas
    tricolor y la peruana
    unidas por la pelea

    Desde el Alto de la Alianza
    vuela gaviota viajera
    a la Paz, y grita fuerte,
    para que escuchen y vean

    -Cuando pases por Murillo
    saluda al niño en la puerta
    es un indio colorado,
    colorado de Bolivia
    con la patria en la bandolera. –

    • Abel B. dice:

      A P.E., con algunas ideas que no me interesa promover en mi blog, le he autorizado algún coment. A título de ejemplo de ese pensamiento, nomás.

      Aquí dejó una de esas, y decidí borrarla. Hay tantos lugares donde se pueden decir tonterías, que prefiero reservar éste para las mías y las que tolero. Pero también dejó este poema.

      Fácil, dirán los snobs. A mi me gusta su sentimiento, qué quieren que les diga

  3. […] sensaciones que se trae de ese viaje. Hay lugar para mirar lo absurdo de nuestra propia paranoia en Dos Pendejitos, o para soñar que nos convertimos en el ídolo popular y coleccionar amuletos, como cuando éramos […]

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