Argentina y el multiculturalismo

avenida-Avellaneda

Bastantes posteos atrás, mi amigo Daniel Arias hacía una apasionada defensa del neutralismo argentina “La neutralidad externa hizo imposible el estallido interno. Eso en un país de inmigración tan múltiple como el nuestro fue una tarea de gigantes, y la llevaron a cabo, hombro con hombro, personajes de la política argentina tan compatibles como el agua y el aceite, conservadores fascistas confesos, radicales y socialistas aliadófilos pero que no comían vidrio, y dos gigantes muy complejos: Yrigoyen y Perón“.

Maquiavelo no valoraba mucho la neutralidad, pero aún él estaría de acuerdo que para abandonarla se necesita pensarlo muy bien y medir los riesgos. Por mi parte, comparto el cuestionamiento de Daniel a la irresponsable aventura de Menem al disponer una presencia militar simbólica en la 1° Guerra del Golfo, entre EE.UU. e Irak. Una tontería tan patética como la de Aznar en España. Con costos similares. Y tengo presente que un sector de la Cancillería y algunos “expertos en relaciones internaciones” siguen fantaseando conque un seguidismo a cualquier expedición de la Gran Potencia nos permitirá “insertarnos” en el mundo exitosamente y con poco costo. Como la inserción que lograron entonces Menem y a la Argentina, que terminó con el Turco en arresto domiciliario y la Argentina en default.

Sí encuentro necesario señalar que para ser exitoso como neutral no basta con la decisión propia; requiere condiciones: que sea útil para los poderosos: Suiza; Uruguay, durante la mayor parte de su historia; Portugal, durante la 2° Guerra; y/o ser lo bastante fuerte como para que violar esa neutralidad tenga un costo alto: Suiza, otra vez; Suecia;… En estos tiempos, la neutralidad argentina es posible en el marco de sus acuerdos con Brasil y de la “Zona de Paz” suramericana. Debemos esforzarnos por conservarlos.

No estoy seguro, en cambio, que la neutralidad sea necesaria para impedir un “estallido interno”. Argentina incorporó desde que existe como nación independiente etnias y culturas muy diferentes, y en forma masiva: las distintas de Europa, a menudo enfrentadas entre sí, la inmigración judía, que enfrentaba además viejos prejuicios, la siriolibanesa, tanto cristiana como musulmán, la armenia, japoneses, chinos y coreanos… Actualmente lo está haciendo, también en gran escala, con los herederos de las culturas del Altiplano y de la etnia guaraní, y un poco menos, con peruanos y colombianos (la de los uruguayos no la cuento como “incorporación”; es cambio de domicilio). Su asimilación y mestizaje transcurrió y transcurre a un ritmo mucho más rápido que en EE.UU. y algo más que en Brasil, los otros dos países de inmigración que conozco razonablemente bien.

Lo más significativo, en este caso, es que las tensiones y enfrentamientos entre las distintas colectividades han sido mínimos. Que los hubo, y graves, por supuesto, pero siempre fueron, son, entre los que habían llegado un poco antes (unos milenios antes, para la primera tanda) y odian y desprecian a los recién venidos que vienen a quitarles el trabajo (que no tienen la menor intención de hacer, claro. Andá a conseguir un albañil argentino).

Estas reflexiones de noche de viernes me surgieron a partir de los comentarios en el posteo anterior sobre la tragedia siria. Pero me llamó la atención que me las confirmara nada menos que El País, de España. Que si no lo siguen, no se dan cuenta de lo sorprendente del testimonio. En los últimos tiempos, ha tratado a la Argentina más o menos como el Financial Times, pero sin el humor inglés.

Y aquí dice:

Argentina como ejemplo para el conflicto arabe-israelí

Argentina, uno de los países más pacíficamente multiculturales del planeta, vivió un encuentro particular en la noche del sábado, protagonizado por el músico argentino-israeli Daniel Barenboim, el ex presidente español Felipe González y tres representantes de las tres religiones monoteístas más importantes. La cita, en el Teatro Colón, pretendía ser un ejemplo para el conflicto árabe-israelí, que pese a estar en el otro lado del mundo preocupa mucho a un país en el que la cultura judía y la musulmana tienen una fuerte presencia.

“No he conocido otro país donde sea tan perfectamente natural tener múltiples identidades como Argentina”, explicó Barenboim, que nació y vivió en Buenos Aires hasta los 10 años. “No es así en EEUU o en Europa. Estamos acostumbrados al lado autodestructivo de este país, a veces con razón, pero tiene cosas positivas. En Argentina se puede ser judío o árabe y por eso no menos patriota argentino. No hay otro país donde eso sea tan natural” insistió el músico, que estos días precisamente toca en su tierra con la orquesta de árabes y judíos que creó con Edward Said.

Con ellos, la East-Western Divan, y con la pianista Martha Argerich, también argentina como él y estrella mundial, Barenboim ha triunfado estos días en el Teatro Colón, con un público que los ha aclamado como representantes de lo mejor de este país.

“Lo que pasó en Argentina fue un aporte de la escuela pública, donde convivían con normalidad italianos, turcos, rusos, que no discutían por la religión sino por el fútbol” explicó el cura católico Guillermo Marcó, amigo del papa Francisco. “Muchos periodistas internacionales me preguntan por él y yo les digo que no se puede entender al Papa sin comprender la cultura de convivencia religiosa en Argentina y en especial en Buenos Aires”. Marcó, el rabino Daniel Goldman y el dirigente islámico Omar Abboud, que dirigen el Instituto para el Diálogo Interreligioso en Argentina, dieron una lección de cercanía en el escenario, en un acto moderado por el empresario Hugo Sigman, y mostraron su rechazo absoluto a la violencia en el conflicto arabe-israelí. Por si hubiera dudas, fue el rabino quien leyó una carta de condena expresa en nombre de los tres por el asesínato de un niño palestino en Gaza esta misma semana Abboud, también amigo del Papa Francisco -lo acompañó en su viaje a Israel y Palestina- pidió utilizar el ejemplo de Argentina para tratar de encontrar una solución al conflicto entre judíos y musulmanes...”

Una sola observación. No creo que de Argentina pueda decirse con acierto que es multicultural. Excepto en la medida, todavía incipiente, que lo va siendo toda la sociedad moderna. Nuestro país asimila con mucha rapidez – ¿demasiada? – las modas y costumbres que imponen las usinas transnacionales del Atlántico Norte, pero lo hace desde un espíritu propio, descontracturado – afectivo y familiero, dicen algunos; chanta e irresponsable, agregan otros – que la mayoría de los que migran aquí encuentran atractivo. O si no ellos, sus hijos.

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18 Responses to Argentina y el multiculturalismo

  1. Lita Argirio dice:

    “…que la mayoría de los que migran aquí encuentran atractivo. O si no ellos, sus hijos.”

    los inmigrantes no son el problema, el problema son los emigrantes, los que emigran de la nacionalidad argentina y pretenden llevarse puesto el territorio http://www.infobae.com/2014/11/13/1608502-grupo-mapuche-se-adjudico-incendios-bariloche-y-declaro-la-guerra-chile-y-argentina o como ellos dicen “recuperarlo”.

    El estado esta alimentando un proceso de etnogenesis de multiples maneras. Desde financiamiento a academico que elaboran letra hasta subsidiando medios de comunicacion y discriminando positivamente a cualquiera que se diga aborigen.

    Ser pobre y argentino es una maldicion. Ser pobre y “pueblo originario” un negoción.

  2. el carlo dice:

    El progresismo argentino, en especial ese que defiende los rerechos de las mujeres, se merece un buen influjo musulman a nuestras tierras.
    Despues si quieren hablamos romanticamente de multiculturalismo.

  3. Teodorico dice:

    Me quedé con el último párrafo. Me dió ganas de hacer un comentario chauvinista sobre un tema tangencial (¡el que avisa no traiciona!).

    Algo que me reconforta de la sociedad actual, fue el haber recuperado la capacidad de resignificar los mensajes que se reciban de las usinas. Esto es una ventaja que creo que siempre tuvimos frente a otros países latinoamericanos, pero que corrimos serio riesgo de perderlo con la uniformización cultural “latina” impuesta desde arriba en esa década que todos sabemos. Curioso: los centros de poder sabotean nuestra unidad política, pero al mismo tiempo niegan nuestra diversidad cultural y tratan de uniformizarla vía Miami…

    El rock fue invento yanki enriquecido en Inglaterra. Sin embargo llegó a América Latina, y acá fue uno de los lugares donde se le dió mayor desarrollo al rock en español (mal que le pese a los mexicanos) en base a la readaptación a nuestros códigos, nuestras problemáticas, el estado cultural en los ’60, etc.

    Otro ejemplo es la cumbia: música colombiana que se puso de moda ocasionalmente, y que empezó a ser asimiliada y fusionada con una diversidad de ritmos populares de distintos lugares de la Argentina. Labor llevada a cabo por las clases bajas, pero que ahora se está expandiendo a nuestra totalidad cultural.

    El mismo camino de la cumbia lo está recorriendo desde hace 10 años el reggaeton: ver como se puede resignificar aquí. Darle carácter propio, en lugar de tercerizar Caribe-Miami-Acá.

    Me agrada cuando las modas globales, impuestas por el auge de las redes sociales (donde si te oponías al matrimonio igualitario en la Argentina, ahora tenés Facebook para celebrar si se establece en EEUU), o por influencia de la reciente inmigración estadounidense en ciudades como Buenos Aires y Córdoba, son ironizadas cuando se traducen a nuestros códigos y registros.

    No es la panacea, pero tampoco es algo fácil.

  4. Mariano T. dice:

    Es uno de los grandes logros históricos de nuestra sociedad. Entre 1880 y 1930. Fue fundamental también el laicismo impuesto desde arriba.
    A los nacionalistas post 30, solo les quedó refugiarse en la hispanidad utópica, algunos dudosos valores criollos pre-inmigración, y el catolicismo. Pero tenían la batalla perdida a largo plazo.

  5. José G. dice:

    Aparte de dar el ejemplo, deberíamos cuidarlo para nosotros, yo siento que cada vez se pone mas difícil en nuestro propio país o al menos en la patagonia. El primer comentario expresa una situación preocupante de la cual nadie se ha hecho cargo, ni el gobierno neuquino (una manga de inoperantes que da escalofríos) ni el nacional, y que en manos de gobiernos municipales y de gente “volatil” es peligroso. Creo yo que hay que reforzar nuestro sentir de nación de puertas abiertas, porque parece que el hecho de que este en la constitución no es suficiente para algunos. Pero al mismo tiempo hay que dejar claras las reglas de juego, y a los que no se atengan, bueno… atenerlos.

  6. guido dice:

    Diferenciaría dos acepciones de multiculturalismo. La primera haría referencia a un hecho más o menos objetivo y hasta medible: la presencia de una gran diversidad respecto de rasgos que podemos denominar “cultura”. En ese sentido el carácter multicultural del país es evidente y hasta diría que a sido mucho mayor en el pasado, antes de que se invente la palabra. Basta observar el peso que llegaron a tener las asociaciones de colectividades y comunitarias comparado con el actual, o realizar una rápida encuesta entre mayores de 60 años a ver que lengua se hablaba en sus hogares (españoles no vale, cuac!).

    La otra corresponde acepción corresponde a un proyecto político, a una ideología y/o a una postura teórica. Se trataría de que ese carácter diverso debería tener una expresión política más o menos reconocida institucionalmente. Esto no hace mucho ruido en los países anglosajones, en promedio bastante menos inclinados al mestizaje y la mezcla (o más inclinados a negar el mestizaje y la mezcla realmente existente) y con barreras interétnicas más sólidas. El principal problema, en países como el nuestro, donde las relaciones entre “las partes” son más fluidas y ambiguas, y donde el horizonte de integración suele pedir menos abandonos de la identidad de origen que en otros lados, es que el multiculturalismo ideológico supone entidades mucho más discretas y cerradas de lo que en realidad son aquí. De ahí que su extrapolación tienda a derivar en la captación de recursos por expertos y “líderes” (a lo que no me opongo, claro, si cuanta “comunidad” que anda por ahí luquea recursos públicos para sus sistemas educativo privados ¿porqué no podrían sumarse otros a la joda?) pero su efecto político tienda más bien a la irrelevancia.

    Igual, yo matizaría el tono optimista del artículo del País. La integración de Baremboim, Marcó y Abboud seguramente da cuenta de ese optimismo, pero notesé que los tres tienen algo en común: sus orígenes están del otro lado del mar. La integración, mestizaje, etc. parece haberse dado en dos niveles diferentes, el país abrió sus puertas a la inmigración y generó las condiciones para su ascenso social, procurando que otros quedaran bien abajo. Las ventajas relativas alentadas por el estado suelen ser negadas por los hijos de la inmigración (más dados en promedio a despotricar contra el país que les andaría debiendo vaya uno a saber que), pero son bien concretas y explican una correlación perceptible aún intuitivamente entre el color de la piel y el estrato social.

    abz

  7. Bueno ahora, la preexistencia de “los pueblos indígenas argentinos”, según el lenguaje del texto constitucional, ha sido recocida. Antes se los había reprimido y ocultados, aunque miles de sus integrantes se integraron a la sociedad (*). Ahora, aparecen mencionados en el relato oficial, pero gran parte de esos pueblos son víctimas de las políticas del modelo extractivista, que los expulsa de sus tierras ancestrales, especialmente en los feudos del Norte,
    (*) Entre ellos y el más famoso, el general Perón, hijo natural de una madre tehuelche, que logró ingresar en el Colegio Militar hace más de 100 años.

  8. Relativo, ya es un “progreso”.

  9. Lizardo Sánchez dice:

    Lo que dice de los uruguayos, que no son migrantes sino que cambian de domicilio, vale también para los paraguayos en el noreste, los chilenos en el sur y Cuyo y los bolivianos en el noroeste.

    Conviene ver a la Argentina en su integridad, no solo desde el Río de la Plata.

    Aprovecho para agradecerle su blog.

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