El problema del oficialismo sobrio

sirvén

Un posteo de Sebastián LacunzaEditor-in-Chief del Buenos Aires Herald y colega bloguero, ha tenido ecos en las redes sociales. Además, el esforzado corresponsal cordobés, Víctor Arreguine, me la acercó. Igual, la razón fundamental que lo suba aquí es que se defiende de la terrible acusación que le hace La Nación: “oficialismo sobrio“. Entiendo que L. N. prefiera oficialistas borrachos. Quizás hasta los encuentre humanamente más simpáticos. Pero es que me siento incluído en la primera categoría. Un breve comentario al final.

Por tercera vez en el año, uno de los secretarios de redacción del diario La Nación, Pablo Sirvén, se refirió ayer al Buenos Aires Herald en su columna de la página 2. En todos los casos, Sirvén acusó al diario que dirijo en su versión impresa de practicar “oficialismo”, aunque matizó, “de baja intensidad” o “sobrio”.

No deja de ser reconfortante que el diario más influyente de la Argentina se ocupe con inusitada frecuencia de otro periódico que busca transitar un camino digno pero con pretensiones modestas.

El último ataque de Sirvén al Herald puso el foco en la entrevista realizada al ex comandante de la Fuerza Aérea Omar Graffigna. Según el columnista de La Nación, se trató de una “gauchada” a Horacio Verbitsky, dado que Graffigna negó que el columnista de Página 12 le hubiera escrito sus discursos durante la dictadura, extremo que sostiene una versión periodística. Sirvén expresó sospechas por el hecho de que a la periodista Luciana Bertoia se le hubiera “ocurrido” llamar a Graffigna para realizar una entrevista que, tal como fue jerarquizada, empezó por Malvinas, siguió por la represión y terminó en Verbitsky.

Nada extraño. La periodista del Herald, parte de cuyo trabajo cotidiano es la sistematización de información sobre el terrorismo de Estado, con testimonios y verificación de fuentes, realizó la tarea elemental de consultar a un represor con el fin de escuchar su versión, algo no tan frecuente en el periodismo de hoy.

Bertoia es una de las periodistas argentinas con más altos conocimiento de las causas judiciales de la represión y formación en derechos humanos, motivos por los que fue convocada a trabajar a un diario cuya línea editorial incluye, entre sus prioridades, la búsqueda de memoria, verdad y justicia, en contraposición a la prédica a favor del olvido, tergiversaciones e impunidad de otros medios. Así las cosas, es entendible la suspicacia expresada por Sirvén.

El Herald se ha transformado en un medio incómodo en tiempos de clasificaciones someras de oficialistas y opositores. Por caso, al día siguiente de la entrevista a Graffigna que molestó a La Nación, salió publicada en contratapa otra a Santiago O’Donnell, coautor junto a Mariano Melamed de un libro crítico de Verbitsky y del Centro de Estudios Legales y Sociales. Quizás, el especialista en medios de La Nación no tiene oportunidad de leer el Herald a diario, por lo que se ve forzado a echarle una mirada cuando este periódico publica alguna primicia o es objeto de debate en redes sociales. Se sabe, a veces Twitter conduce a mal puerto.

Más desconcertante aún para los periodistas partidizados que se dedican a disparar conclusiones sobre algún indicio suelto es un repaso por los columnistas habituales del diario, algunos de los cuales llevan más de tres décadas encabezando la sección Opinión. Casi todos se ubican en una línea crítica del oficialismo. Para incrementar el desconcierto, un mínimo seguimiento de la agenda informativa del Herald, que exhibe temas incómodos para todos los gobiernos, desbarata todo intento precipitado de etiquetar.

Un ejemplo. El Herald fue uno de los primeros medios que percibió la notable debilidad de la denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) y otros funcionarios, algo que, por cierto, hoy es una postura que muchos más suscriben. Ello no impidió que este diario pusiera tempranamente la mirada sobre el turbio manejo de los organismos de Inteligencia por parte del Gobierno, o sobre la complicidad con un fiscal cuyo currículum recién ahora es descubierto como oscuro por la Casa Rosada. La Presidenta elogió una tapa del Herald sobre Nisman (no la del día anterior, tampoco la del día siguiente). Tras cartón, Sirvén se lanzó a hilvanar conclusiones sobre el comentario de CFK. El análisis sobre el discurso presidencial de enero que aludió al Herald se titulo, en tapa, “Commentator-in-Chief”.

Es tiempo de obediencia debida. Algunos, incluso, se lo toman como un asunto religioso (la primera nota de Sirvén contra este periódico proclamó “La maldición del Herald”). Quienes pasan lista para comprobar lealtades aspiran a un seguimiento acrítico de cuanta versión resulte útil para perjudicar al adversario. No esperen que el diario que dirijo abandone el periodismo“.

El tema tiene varios aspectos. La posición de La Nación es hasta comprensible: que un diario fundado en 1876 y editado en idioma inglés, que por muchas décadas fue el órgano de la comunidad anglo argentina, no denuncie al kirchnerismo y todas sus obras como inspiradas por el demonio, debe sentirlo como una “traición de clase”. Qué diría don Bartolo…

También, es obvio que en la sociedad moderna, donde es muy difícil, casi imposible, que un medio periodístico gráfico se mantenga por sí mismo, la línea editorial de un diario no puede estar opuesta al grupo económico al que pertenece. En este caso, debe observarse que sus actuales dueños han mantenido la tradicional del Herald: un “centro izquierda” en el estilo de The Guardian. Tengamos presente que fue el único medio de circulación comercial que denunció en forma persistente las violaciones a los derechos humanos durante la Dictadura.

Lo más interesante, estimo, es otra cosa; que el “oficialismo sobrio” provoca un rechazo más enconado que la propaganda abierta. Me atrevo a ilusionarme, modestamente, que es porque resulta más eficaz.

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33 Responses to El problema del oficialismo sobrio

  1. Raúl C. dice:

    Continuamente me hacen recordar a los aparatos propagandísticos de la Guerra Fría y al senador McCarthy.
    Pintaban la cosa de tal manera que quien no fuera fiel a ellos en un 100% era sospechoso de ser comunista.

    • Raúl C. dice:

      Interpretando a La Nación (vía Sirvén):
      El oficialismo sacado y militante es horrible.
      Pero el oficialismo sobrio también lo sería, porque engaña, porque en el fondo… (ver McCarthy).
      Conclusión: el oficialismo actual debería ser censurado, sea militante o sea sobrio. Y si no se lo censura, por lo menos se lo debe ‘acusar’.
      Además, el Herald *no debería haber llamado a Graffigna*, porque desmiente cosas que dijeron otros. ¿Prensa libre sin censura? ¿Qué es eso?

      • Mariano T. dice:

        Digamos que lo que diga el represor Graffigna es tomado siempre con pinzas, o no es tomado en cuenta, salvo que diga algo que quiere escuchar Verbitzky, o que le sirva a su defensa como traidor a sus compañeros.
        Cualquiera que repita una opinión de un represor sin ponerla en cuestión es normalmente tratado como Videlista, o algo así. Esta fue la única excepción.

      • Raúl C. dice:

        No me entendió (qué raro)…
        Aquí NO se discute si es verdad lo que se dice de Verbitsky o si es verdad lo que dice Graffigna.
        De lo que se habla es de que Sirvén PROTESTA porque el llamado a Graffigna se hizo.
        Es decir, ***desea que se censure o no se haga un acto periodístico***. ¿Quizá porque el resultado de ese acto desmorona algún relato?
        De eso se trata.
        Creo que La Nación se acostumbró mal de tantos años de ser una de las pocas voces permitidas -y premiadas por el poder- como en 1976-1983.
        Y sigue pensando que las cosas que no le gustan no deberían ser publicadas. Para eso no le interesa la ‘libertad de prensa’.

        Y respecto a la ‘traición a los compañeros’, estamos esperando que los compañeros hablen. Porque hasta ahora los únicos que hablan de esa traición son precisamente los adictos a la dictadura. Y no dan prueba alguna.

      • Mariano T. dice:

        A ver. Los del herald estan actuando en tandem con Verbitzky, haciendo cosas que quedaría mal que el perro haga.
        Si Verbitzky quería que Graffigna lo defendiera, lo hubiera entrevistado el mismo en vez de mandar a otro.
        Y las pruebas de que hizo el libro, y mandó copia a las 3 armas, son irrefutables.
        Lo que critican es la opereta de lavado de imagen. Los perros se lavan en la veterinaria, No es justo que el Herald les haga competencia.

      • Raúl C. dice:

        Sigue con lo suyo, yo no estaba hablando de eso.

  2. Mariano T. dice:

    Al hablar de oficialismo sobrio, Sirven los mete en un problema, se pueden quedar sin el oxígeno cotidiano que les llega de la Rosada.
    El Buenos Aires Herald es del grupo Olmos, el mismo de Cronica. Asi que sobrios o ebrios, tienen que ser oficialistas, con la amplitud que les permitan tener.

    • Abel B. dice:

      Confío en que no se haya informado sobre la propiedad del Herald en La Nación, Mariano. Pertenece a Orlando Vignatti, el Murdoch rosarino.

      • Gilbert Hèrail dice:

        Abel, creo que hay que ajustar información:
        http://www.ambito.com/noticia.asp?id=779278
        “Indalo Media ha cerrado el 13 de febrero de 2015 la operación de adquisición del 60% del Grupo Ámbito -Editorial AmFin S.A.-,titular del Diario Ámbito Financiero, Buenos Aires Herald y El Ciudadano de Rosario.

        La adquisición incluye sus plantas impresoras de Chaco, Córdoba y Rosario.

        Las nuevas autoridades para el Grupo Ámbito son Fabián De Sousa, como Presidente; Mariano Frutos, como Vicepresidente, y Orlando Vignatti, como Director y Gerente General”.
        Saludos.

      • Mariano T. dice:

        Cristobal Lopez

      • Mariano T. dice:

        O sea el mismo de Radio 10, canal 9, C5N, etc

      • Abel B. dice:

        Lo noto un poco obsesionado, Mariano. G.H., mi información coincide con la suya; la única observación que le hago es que Orlando Vignatti no trabaja para nadie más que Orlando Vignatti. De ahí que lo menciono como el Murdoch rosarino (esto no quiere decir, claro, que hoy no tenga buenos negocios con el gobierno nacional).

    • MARIANO: ¿Y vos querrías que le cortaran el oxígeno? ¿Para qué? Mirá, leyéndolos desde aquí, los diarios argentinos son de una uniformidad espantosa: todos opositores y repitiéndose los unos a los otros. Y hasta han perdido la coherencia: hoy acusan al gobierno por tal cosa y la semana que viene por exactamente lo contrario (sin contar su repugnante táctica de usar sus secciones de supuestos contactos de los lectores para publicar insultos de una suciedad increíble). El Herald es, en cambio, legible: su inglés es excelente y su tono es moderado. ¿Que es un chirris oficialista? Yo no me puedo dar cuenta pero bueno, en todo caso proporciona una alternativa al griterío de enfrente y también al oficialismo rígido y sin ideas de esa cosa llamada “Tiempo Argentino”.
      Tiene razón Abel: estás como obsesionado, Mariano. Calmate y seguí haciendo honor al prestigio que te has ganado en este foro como opositor reflexivo y abierto.
      Eddie

  3. Diego dice:

    El oficialismo sobrio tiene la ventaja que entre sus coordenadas está la de debatir y la de argumentar tratando de no caer en chicanas ni en rápidas alusiones a alguna tradición. No es poco. Si sólo hubiese habido oficialismo sobrio defendiendo al gobierno kirchnerista, mucho mejor hubiese sido este país durante la última década.

  4. Daniel E. Arias dice:

    You are bloody well right, Master Abel.

    Love the Herald. Have made contributions there too, back in 1998. Lovely work atmosphere, not a dime. They are just an underfinanced a skeleton crew, driven only by their own tradition, enthusiasm and proffesionalism.

    Political operators don’t understand jurnalist proffesionalism. They don’t even bloody suspect such a thing may exist at all.

  5. Juan el Bautismo dice:

    tiempo atras diseñé un pequeño experimento mental que permitia reconocer oficialismo sobrio de otros puntos de vista. Consistia en responderse uno un par de preguntas. La primera era
    1) cuando nos bombardeen la plaza ¿que actitud asumirá Abel?
    la segunda, mas importante
    2) ¿estas de acuerdo con la actitud de Abel?

    es un chiiste che

  6. Leer el B A Herald durante los años de la dictadura era como un soplo de racionalidad y sensatez. Me ayudó a no perder contacto con la realidad.

  7. Mario dice:

    Abel si va a refugiarse que sea en la lìnea B que està a màs bajo nivel…Chau

  8. Escribir que:
    “Se sabe, a veces Twitter conduce a mal puerto.”
    no solo puede ser atribuido a la pluma de Corbacho, sino que incluso puede ser considerado un crimen de lesa majestad.

  9. Rodrigo dice:

    Coincido con el posteo. Recuerdo que en La Nación salieron a responder a lo que un escritor estadounidense formado en letras escribió sobre Mitre en “La Invención de la Argentina”. Si no lo recuerdan, el autor es Nicolás Shumway, un tipo que francamente me cae muy bien. Como además de yanqui se proclama liberal, les dolió en el alma lo que un autor que se supone debería ser “de ellos” dijo sobre Don Bartolo.
    A mí el maniqueísmo, el fanatismo acrítico y la pereza mental, provengan de donde provengan, me parecen una cagada.

    • Raúl C. dice:

      Si analizamos un poco, la visión de medios como Clarín y La Nación sobre lo que llaman ‘libertad de prensa’ consiste en un ‘libertarianismo autoritario’.
      Ellos deben tener la libertad más absoluta e ilimitada.
      Pero además debe ser exclusiva (aquí está la gracia).
      Según ellos, ni la Presidenta ni ningún funcionario debería osar refutarles o discutirles algo con argumentos.
      Si lo hacen, a eso lo catalogan como ‘afrentas a la libertad de prensa’.
      Es decir: lo que publican no debe ser refutado.
      Su voz debe ser LA voz. Y no debe haber otras que les respondan ni que se le enfrenten.
      Si las hay, las catalogan de oficialistas como insulto (en estos 12 años) o de disolventes, subversivas, populistas, enemigas de la libertad, etc.
      Es una curiosa defensa de la libertad. Una hiper-libertad que, lógicamente, por su hipertrofia tiende a reducir la libertad de otros.

      • Raúl C;
        Y cómo llama la presidenta a los que la refutan: “burros”.
        La libertad de prensa, en si, es independiente de la idea que sobre ella tengan, tanto los oficialistas como el periodismo crítico. Ahí está el meollo de la cuestión.
        Dentro del ámbito de los Derechos Humanos existe el derecho a la información, a la comunicación y similares, englobados tradicionalmente dentro del concepto de “libertad de prensa”.-
        Esas garantías de todos los habitantes nunca fueron del agrado de los que sustentan una concepción hegemónica del poder, de aquellos que entienden que su visión ostenta la presunción de veracidad y autoridad moral, autodesignándose como portadores de la verdad, por lo que no sólo descalifican la opinión contraria, sino que también les irrita la diaria crítica que le demuestra que esa verdad es cuestionable.-
        No hay que olvidar que el periodismo nació para enfrentar al poder, no para complacerlo. No estaría mal una lectura de “Las voces de la libertad” de Michel Winock, que probablemente Rodrigo ya haya leído.
        No creo que la prensa crítica de la actuación del poder político, a diferencia del gobierno, entienda que su libertad deba ser exclusiva, absoluta e ilimitada, y si hay algunos que así lo entienden se equivocan.

      • Raúl C. dice:

        “… aquellos que entienden que su visión ostenta la presunción de veracidad y autoridad moral, autodesignándose como portadores de la verdad, por lo que no sólo descalifican la opinión contraria, sino que también les irrita la diaria crítica que le demuestra que esa verdad es cuestionable.”
        Eso es precisamente lo que le señalo a La Nación en mi comentario.
        No es de ahora, tanto La Nación como Clarín hacían eso en la época de Alfonsín (yo compraba Clarín).
        Por algo Jaroslavsky decía que “atacan como un partido político, y si se les contesta retrucan con la libertad de prensa”.
        Eso de que el periodismo siempre enfrenta al poder… ¿dónde vivió usted entre 1976 y 1983?
        Los medios a que me refiero no solo no enfrentaron: aplaudieron, y fueron premiados por la Junta nada menos que con el monopolio de la fabricación de papel de diario.
        También aplaudieron al poder entre 1966 y 1973.
        Macri es el niño mimado de Clarín y La Nación desde que es alcalde, siempre cuidado y protegido. ¿Hay alguna duda de que si él ganara las elecciones La Nación y Clarín serían el Boletín Oficial?
        ¿Alguna vez vio a esos medios cuestionar algo del poder de sus grandes anunciantes?
        Periodismo contra el poder… en fin… Otro relatito.

      • Raúl C:
        Pocas dudas existen que en los años 1976-1983 el periodismo, salvo limitadas excepciones, no cumplió con su misión crítica del poder, pero ello no cambia para nada la concepción de la libertad de prensa. Eso ya lo había advertido tempranamente Enrique Vázquez en la revista “Humor (junio 1981):
        “Los periodistas somos culpables porque en un momento nos faltaron agallas…No dijimos ni una sola palabra de la Argentina secreta…Nunca pensamos que nuestro silencio nos transformaría en cómplices de lo que pasó y de lo que pasa, Que Dios nos perdone y que el infierno tenga la calefacción rota”. (Citado por Eduardo Blaustein-Martín Zubieta. Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso. Colihue. Bs. As.1998. Página 21.) En ese “periodismo hubo de todos, cómplices, colaboradores, cobardes, temerosos. El estudio de los años previos al llamado Proceso, explica muchas conductas posteriores. Hoy como ayer, gran parte de los medios no son críticos del poder político, un poder político que es dueño y/o asociado de grandes sectores del poder económico, como nunca lo fue. Las responsabilidades pasadas, si corresponde, deben dilucidarse en la justicia, como también deben serlo las presentes.

      • Mariano T. dice:

        El Proceso solo fue mas eficiente y despiadado en la faena de disciplinar a la prensa que comparte con el régimen actual.
        Y también tuvo sus Spolszky, Electroingenierias o Indalos

  10. ABEL: El Buenos Aires Herald fue desde mi infancia una presencia importante en mi casa. Nos llegaba todas las mañanas y gracias a él aprendí a leer en inglés mucho tiempo antes de aprender a hablarlo. (En realidad no fue sino hasta que vine a USA que comencé a hablar inglés sino correctamente, por lo menos con soltura). Aún recuerdo ese eslogan maravilloso que usó en una época: “el diario que dice en inglés lo que los demás callan en español”. ¿No era genial?
    Eddie

  11. ricardo j.m. dice:

    hay poblemas en tilingolandia por lo que veo

  12. Hay un estudio interesante sobre el Buenos Aires Herald durante los años del llamado “proceso”, que se inicia con una cita del editorial del 24 de marzo de l976: “El gobierno escribió su propio certificado de defunción. No hubo un golpe en el sentido clásico de la palabra. Cómo? lo tomará ahora la señora de Perón. Desde que asumió estuvo mal asesorada pues le han ocultado la verdad. La renuncia era la única contribución realmente significativa que podría haber hecho. Ha estado al margen de la realidad, por ello los acontecimientos del último año y medio se parecen a un drama griego. Los actores se han aferrado a su inexorable destino. Solo los espectadores se daban cuenta de cómo iba a terminar todo”.
    Díaz, César L. La cuenta regresiva. La construcción periodística del golpe de Estado de 1976. La Crujía ediciones. Buenos Aires. 2002. páginas 215 y siguientes.

  13. Juan Peres dice:

    Señor Abel, podría por favor explicar, a qué se refiere, cuando ubica al periódico Herald, con de “centro izquierda”.

    • Abel B. dice:

      Disculpe la demora, Juan Peres. Es que no le dedico mucho tiempo a las columnas de coments.

      Y la pregunta no tiene una respuesta precisa. “Centro izquierda” sería todo lo que está a la izquierda de La Nación y a la derecha de La Izquierda Diario. Es un espacio muy amplio.

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