Adiós a Juan Carlos Mazzón

J. C. Mazzon

No puedo dejar de sentir un significado en que el Chueco Mazzón se haya ido en las vísperas de una elección primaria del peronismo. Pero esa es la necesidad, muy humana, de buscar señales. El sentido de nuestras vidas se lo damos nosotros, en la tarea, en la vocación que elegimos y a la que nos dedicamos. Él lo encontró.

No fuimos amigos cercanos. Nos conocimos en la militancia en una organización del peronismo – Guardia de Hierro – hace bastante más de cuarenta años. Eso deja huellas muy profundas, pero fue una experiencia colectiva juvenil, en una Argentina y un mundo que han cambiado mucho. El “espíritu de la época” es muy otro. Creo que lo decisivo es la elección de lo que se quiere hacer con la vida, una vez que se experimentó la pasión, la gloria y las derrotas del que se ha enamorado de una causa. Hay otras opciones dignas, como criar una familia o “cultivar su jardín”, pero la que encuentro más admirable es la del que, despojado de ilusiones, decide seguir sirviendo a esa causa. Fue lo que el eligió.

En todos estos años nos encontramos, por supuesto, en la relación cordial y la capacidad de entendernos que expresa la palabra “compañero”, pero nuestras conversaciones fueron siempre sobre problemas y situaciones concretas. Aunque teníamos amigos muy cercanos en común, nunca tuvimos ocasión de hablar sobre nosotros mismos.

Se me ocurre entonces que la mejor forma de describir la elección del Chueco es la que escuché de labios de otro de nuestra generación, Eduardo Vaca. También cercano a Guardia, pero crítico de su sectarismo y, con Marcos Raijer, laborioso constructor de puentes con la JP Lealtad y con los que, desde una experiencia en la Tendencia, apostaban a la identidad peronista. Era a principios de los ’80, cuando el retorno de la política era ya inevitable. Eduardo me decía – frente a mi escepticismo sobre las posibilidades del fantasmal P.J. y el liderazgo de sus viejos políticos: “Mi intención es convertirme en un burócrata del partido. Quiero contribuir a que exista. Ahora, es la herramienta posible”.

No sé si Mazzón lo ponía en estos términos. Pero es lo que hizo: trabajó todos los años durante estas décadas en la estructura partidaria del peronismo. Armonizar ambiciones, equilibrar fuerzas, y debilidades – la tarea cotidiana de la política, bah – colaborando con los liderazgos que surgían de las relaciones de poder interno y eran aceptados por la mayoría de los peronistas. Teniendo claro lo que sólo los chupamedias y los que quieren engañarse a sí mismos niegan: los liderazgos pasan; los proyectos políticos populares duran más, si se los mantiene y los fortalece. O, como decía el fundador de éste, “Sólo la organización vence al tiempo“.

Quiero saludarlo al Chueco con unas frases de Max Weber, alguien que estudió la Política como profesión. En los dos sentidos que tiene el vocable alemán “Beruf”: profesión y vocación. Son de una famosa conferencia suya de 1919, que se las enlazo aquí entera para que la lean cuando tengan tiempo.

Es cierto que la política se hace con la cabeza, pero en modo alguno solamente con la cabeza. En esto tiene toda la razón quienes defienden la ética de la convicción. Nadie puede, sin embargo, prescribir si hay que obrar conforme a la ética de la responsabilidad o a la ética de la convicción, o cuándo conforme a una y cuándo a otra. Lo único que puedo decirles es que cuando en estos tiempos de excitación (la excitación no es ni esencialmente ni siempre una pasión auténtica) veo aparecer súbitamente a los políticos de convicción en medio del desorden gritando: “El mundo es estúpido y abyecto, pero yo no; la responsabilidad por las consecuencias no me corresponden a mí, sino a los otros…”, lo primero que hago es cuestionar la solidez interior que existe tras esta convicción. Tengo la impresión de que en nueve casos de cada diez me enfrento con globos llenos de viento que no sienten realmente lo que están haciendo, sino que se inflaman con sensaciones románticas. Esto no me interesa mucho humanamente y no me conmueve en absoluto.

Es, por el contrario, infinitamente conmovedora la actitud de un hombre maduro (de pocos o muchos años, eso no importa), que siente realmente y con toda su alma esta responsabilidad por las consecuencias y actúa conforme a una ética de responsabilidad, y que al llegar a cierto momento dice: “No puedo hacer otra cosa, aquí me detengo”. Esto sí es algo auténticamente humano y esto sí cala hondo. Esta situación puede, en efecto, presentársenos en cualquier momento a cualquiera de nosotros que no esté muerto interiormente. Desde este punto de vista la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción no son términos absolutamente opuestos, sino elementos complementarios que han de concurrir para formar al hombre auténtico, al hombre que puede tener “vocación política”.”

7 respuestas a Adiós a Juan Carlos Mazzón

  1. Politico Aficionado dice:

    Seguramente todos tenemos un lugar en los planes del Señor. Y alguien tenía que hacer las tareas de tejido que hacía el Chueco, aunque a veces no nos gustara demasiado el resultado final.

    Me alegró saber que se había vuelto a acercar al oficialismo en estos últimos tiempos, tras un temporario distanciamiento.

    La frase “No puedo hacer otra cosa, aquí me detengo”, es una no muy feliz traducción de la célebre declaración de Martín Lutero “Hier stehe ich und kann nicht anders! Gott helfe mir, Amen!”, cuyo verdadero sentido es: “Aquí me planto”.

  2. pablo etchevehere dice:

    Acabo de volver del velatorio de Juan Carlos Mazzon en la calle Cordoba y Thames… Pude ver además de la ingratitud de un gobierno al que el sirvió hasta marzo, la dureza de Corazón de Cristina Fernandez reflejada en las pocas coronas que allí estaban. Una del Gobernador de Córdoba De La Sota (un opositor) otra del gobernador de San Juan, Otra de la Cámara de Diputados firmada por Julián Dominguez y otra del Congreso el personal administrativo. Dos canales en la puerta uno de ellos C 5 N. Y en el recibidor vi a Curto, a un ex secretario de Menem Jorge Castro y algunas caras semi conocidas nada mas. No había corona de la Campora, ni del Jefe de Gabinete ni de Cristina ni de Boudu como presidente del Senado, esa gente tiene el alma fría como el hielo. Tuve un presentimiento al verlo a Juan Carlos solo, allí rodeado de poca gente, de decadencia y muerte de un grupo político dentro de otro grupo político. Nada más y nada menos…

  3. pablo etchevehere dice:

    Tampoco había Corona de Daniel Scioli ni de la gobernación de Buenos Aires, hecho que sí me dolió

  4. Politico Aficionado dice:

    Daniel Scioli asistió en persona al velatorio y, requerido por los medios, despidió con palabras muy emotivas y elogiosas a JCM.

  5. Capitán Yáñez dice:

    Seguramente, el Chueco no esperaba coronas ni homenajes. Fue un privilegiado: hizo de su vida lo que quiso.
    Ni más ni menos.
    ¿Qué pasa que hay tantas susceptibilidades?
    El Chueco vivió cómo se le dio la gana…
    No lo conocí… pero le mando un abrazo peronista.
    Seguro que eso le ha de gustar.
    No todo son “campañas” y “señales”, muchachos.
    ¿Qué carajo les pasa?

  6. Norberto dice:

    También un abrazo peronista para aquel que con pantaneras se dedicaba según su leal saber y entender a sacar del guadal las relaciones encajadas, aunque algunas veces la patinada lo haya rumbeado mal.
    Nunca menos y abrazos

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