No vote en blanco, si es peronista o troskista

material tóxico

La reciente discusión en el FpV porteño sobre votar en blanco o a Lousteau en el balotaje me hizo pensar que sería conveniente explicar al respetable público politizado que votar en blanco en las PASO no es lo mismo que hacerlo en una elección común. Por suerte, para mis pocas ganas de trabajar, encuentro que Pablo Ibáñez ya lo hizo,

Copio sus argumentos, y sólo agrego una mínima corrección al final:

El voto blanco, que en otras elecciones beneficia al ganador, este domingo puede ser un factor tóxico. En la primaria, los votos en blanco de desencantados o antisistema valen, pesan en la estadística real. Como el 9-A no se distribuyen bancas y no se aplica el D’Hondt, el blanco juega y al jugar aleja los umbrales deseados que se fijaron los candidatos.

Sencillo: matemáticamente, es más difícil juntar el 40% de los votos este domingo que el 25 de octubre. La razón es operativa pero tiene impacto político y marketinero. Si en una general el voto blanco entra en el reparto, varios escaños quedarían vacíos. Para que eso no ocurra, se computan los votos emitidos, se descuentan blancos y nulos, y se llega a los llamados votos “positivos”, cifra sobre la que se calculan los porcentajes finales.

Pero en las primarias, los cálculos se hacen sobre una base más ancha: los votos válidos, que surgen de la suma de los positivos más los blancos. En las PASO, para llegar al 1,5% que la ley impone como mínimo para participar en la elección general, el cálculo se hace sobre los válidos: es decir, se cuenta el voto en blanco.

Un ejemplo: en las PASO de 2011, el FpV sacó 50,24% de los positivos y el 47,98% de los válidos. Cuatro años antes, en 2007, sin primarias, Cristina -con el radical mendocino Julio Cobos como vice- fue electa con 45,3% de los positivos. Si el porcentaje se hubiese tomado sobre los válidos, el resultado sería 42,33%.

No es una trampa ni un capricho. Pero igual serán tóxicos a la hora de leer los resultados el domingo a la medianoche cuando se armen titulares de diarios y zócalos de TV. Los números del 9-A mostrarán a los candidatos más lejos de los números mágicos que ellos se fijaron. A su vez, como las encuestas excluyen el voto en blanco de los repartos, eso potencia el margen de error para este turno.

En rigor, todos los partidos terminarán con un porcentaje menor que el que lograrían si repitiesen el resultado en la general. Será, en algún punto, una postal engañosa.

Un caso práctico. El peronismo K proyecta, como umbral luminoso, el 40%. Por encima de esa raya, el triunfo en primera vuelta de Daniel Scioli es considerado irreversible, sin necesidad de llegar a un incierto y temible balotaje. Si, en cambio, termina cerca del 35%, que implica estar 3 puntos arriba de los peores resultados – 2009 y 2013 -, la remontada hasta el 45%, se torna más escarpada y sinuosa.

En el PRO, dicen que no hablan de números, pero arriesgan una relación de cercanía entre el FpV y el PRO en el resultado. Mauricio Macri consideró imposible vencer, en la primaria, al FpV. Deslizan, cerca suyo, que el objetivo de Cambiemos es superar el 30%, con una diferencia importante sobre Sergio Massa para que ocurra, con el tigrense, lo que le pasó a Eduardo Duhalde en 2011: perdió 1,3 millón de votos entre la primaria y la general, cuando cayó del 12,1% al 5,9%. El fenómeno es recurrente -lo sufrió Francisco de Narváez en 2013-, la migración del voto opositor, con sentido utilitario, hacia la mejor oferta.

En el FpV y el PRO coinciden en un cálculo, referenciado como cuenta inversa, que consiste en hacer la sumatoria de menor a mayor, sobre las estimaciones de las encuestas. El dibujo es el siguiente: anticipa el 5% de voto en blanco, el 5% de Margarita Stolbizer, un 3,5 del FIT y un 2,5 del resto de los espacios -Rodríguez Saá, De Gennaro, la izquierda, y los silvestres-. Eso redondea un 16% mientras que a UNA, que reúne a Massa y José Manuel de la Sota, le otorgan entre 14 y 18 puntos. Sumados, todos esos espacios -con el blanco contado adentro- dan entre el 30 y el 34%, lo que deja entre 66 y 70 puntos para repartirse entre Scioli y Cambiemos.

El ensayo matemático, vicio de obsesivos, obliga a estimar cómo se distribuirán esos votos. Puede arriesgarse que sería difícil imaginar al FpV por abajo del 32% que logró en sus peores elecciones. A la vez, la sumatoria de la UCR, Carrió y el PRO figura, por antecedentes y encuestas, arriba del 28%. Con 66 puntos, al repartir eso puede dar 32 a 34, o 38 a 28. Acá juega el blanco como voto tóxico para el cálculo, ya que más allá de las encuestas hace cuesta arriba que el oficialismo supere la barrera del 40%. El consultor Carlos Fara anudó antecedentes y resultados recientes y estimó, en un ejercicio interesante, que está al alcance real del FpV llegar a los 40 puntos el domingo. Y observa que si el 9-A lograse un 40% eso debería “anotarse” como un piso del 42% para la general de octubre en la que, como se explicó, los blancos se excluyen del reparto.

Un tercer juego aritmético tiene que ver con una decisión política pasada – cuya intención se entiende ahora. Detrás del aperturismo de la Casa Rosada para recibir, de vuelta, a caciques que aparecían como aliados de Massa, hubo un cálculo premeditado: tratar de capturar un millón de votos que el FpV perdió en el conurbano en 2013 en manos del tigrense. Esos caciques volvieron con la consigna de enfrentar primarias, más que por una defensa a los rivales que habían surgido en esos distritos, por una ecuación básica: en Merlo, en Almirante Brown o en Pilar, la interna del FpV entre dos espacios competitivos incrementa la colecta general de votos. “Porqué perder los votos de Othacehé o de Menéndez si podemos juntar los votos de los dos detrás de Scioli”, explican. Ocurre con Giustozzi y Cascallares, con Zúccaro y Molina, por citar tres casos puntuales y de peso, y se extiende a la decisión de habilitar internas en 64 de los 135 municipios bonaerenses. La primaria como colectora presidencial.

El último y más brumoso cálculo se refiere al peso de la estructura. Se arriesga, como promedio de encuestas, que hay una diferencia de 5 puntos de Aníbal Fernández sobre Julián Domínguez en las PASO del FpV por la gobernación. Eso implica unos 400 mil votos. El delivery de boletas – que un jefe territorial reparta una sola de las dos – puede incidir. También el escrutinio, facilitado por que las dos son iguales y, llegado el caso, mientras no modifique la cantidad de los demás partidos, lo que ocurra con el porcentaje del FpV, como se cuente o se anote esas cifras, será asunto del FpV“.

Tengo que decir que algunos no están de acuerdo con esto último. Según La Política Onlina, los fiscales massistas cuidarían la boleta de Aníbal. El que viva – cuatro días – lo verá.

5 respuestas a No vote en blanco, si es peronista o troskista

  1. ricardo j.m. dice:

    muy interesante ese juego de aritmeticas, no se que pasaria pero creo que pasaria lo mejor posible si el domingo el 30×100 vota en blanco, capaz hasta tendriamos una campaña politica real basada en las necedidades de todos y no de algunos dirigentes como nos hemos decidido dar como sociedad.

    pero bueno insisten con que los gobernemos toda la vida mientras ellos insisten con clivar filosoficamente en el individuo mientras se comportan como borregos y nosotros en la comunidad mientras desarrollamos a los individuos.

    yo como ya dije, si el sciolismo gana no necesita mi voto , si pierde y el peronismo tiene que salir a rescatarlo. en balotage los compañeros me van a tener ahi con mi voto.

    aunque sigan todavia negando la miserable conducta antiperonista de scioli de que si no voy solo a las paso me bajo.

    que se yo capaz disney me hizo una peli para mi solo y a bambi no se le murio la madre.

  2. Gerardo González dice:

    Hace muchos años que pienso que debiera ser voluntario votar, y que no debieran considerarse para elegir los votos en blanco y anulados.
    Una farsa silenciada desde 1983 es que al que no vota lo le pasa nada. Ningún sufragista fue multado, ni le impidieron salir del país.
    Técnicamente, un tiempo después de la elección, el PE emite un decreto admistiando a los ausentes. Siempre.
    El voto obligatorio es un engendro conservador de la época de Justo. “Vos ya votaste”.
    El voto en blanco o anulado debiera registrarse, pero no contarse para ningún efecto.

  3. Politico Aficionado dice:

    Y si se convenció de no votar en blanco, no deje de poner la boleta de Aníbal Fernandez, en la PBA.

  4. Capitán Yáñez dice:

    El peronista sabrá qué hacer.
    El trosco… seguirá discutiendo, por los siglos de los siglos, el “programa de transición”.
    Como los fiscales massistas.
    ¿O no?

  5. Jose dice:

    Parece que al PeJototista le cuesta poner en claro que el voto en blanco a presidente no influye en nada en su elección primaria (o interna)- Pioli ya ganó, así solo se vote el mismo porque no hay otro candidato del FPV en la misma categoría. Si es por marketing, sigan poniendo pintura naranja.

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