Brasil y sus dos dramas: El “Petrolão”

julio 27, 2015

antonio das mortes

Son dos dramas, bien diferentes, los que hoy se representan en el escenario de nuestro vecino del norte. Con consecuencias mucho más allá de sus fronteras. En especial, para nosotros. Uno es político, mediático y penal: un escándalo de corrupción que sacude al gobierno, a su clase política y a la empresarial. El otro es económico: una crisis con síntomas que se agravan mes a mes: déficit, desempleo, devaluación… Por primera vez desde la Gran Depresión de los ´30 en el siglo pasado, la economía de Brasil se achicará durante dos años seguidos.

No soy un experto en Brasil, aunque lo he visitado mucho y les tengo afecto. Eso sí, me parece evidente que los dos dramas están relacionados. Pero antes de acercarles mis reflexiones, quiero que repasemos los hechos. Sobre el “petrolão”, copio este informe de Marcelo Falak. Es de hace diez días, pero me parece una buena síntesis de lo que está pasando ahora. Luego agrego una observación

Primero fue una saga interminable de denuncias cotidianas contra varios de los empresarios más poderosos de Brasil y funcionarios del oficialismo sospechados de haber hecho negociados multimillonarios a expensas de Petrobras. Varios acusados, actuando como “arrepentidos” para obtener rebajas en sus seguras condenas, alimentaron las investigaciones y ampliaron su onda expansiva. El 14/7 todo escaló con una serie de allanamientos a fincas y oficinas de tres senadores, entre ellos un abonado a los escándalos: el inefable Fernando Collor de Mello. No por nada Luiz Inácio Lula da Silva viajó ese día de urgencia a Brasilia para entrevistarse con Dilma Rousseff y advertirle: “Preparate, porque las cosas van a empeorar”.

No se equivocó. El 16 el golpe fue doble: la noticia que el Ministerio Público investiga por “tráfico de influencias” en un caso conexo al propio Lula y la denuncia de otro delator contra el poderoso presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo CunhaLa clase política entró en un estado de pánico total en Brasilia ante un tsunami político-judicial que amenaza con barrer todo a su paso.

Los reflejos de los senadores ante los allanamientos fueron de defensa corporativa. Denunciaron abusos de la Policía Federal, embistieron contra el Supremo Tribunal Federal (la corte suprema) que le había dado mandato y amenazaron con escalar hacia un conflicto de poderes. La “honra” de Collor no es el único motivo para la alarma: la lista de sospechosos en el cuerpo excede a los tres allanados y se sabe que se siguen los pasos del presidente de la casa, Renan Calheiros, aliado del ya dos veces caído en desgracia exmandatario.

Correligionario de Calheiros y competidor de él dentro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), Cunha apuntó en otra dirección: el Gobierno y la propia Dilma Rousseff. Sin mucho disimulo, la amenazó con calculada ambigüedad con dar vía libre a un posible juicio político y mencionó sus deseos de sacar al PMDB de la alianza de Gobierno. No parecen exagerar los que sugieren que presiona en busca de protección política.

La gran pregunta es si Dilma quiere o incluso puede hacerlo. Hasta Lula da Silva la maltrató hace poco al filtrar a la prensa su impresión de que la Presidenta está “inerte” ante las acusaciones que la acorralan tanto como a él y sus intenciones de volver al poder en 2018.

Leonardo Attuch, editor responsable del sitio Brasil 247, mencionó en una interesante columna un hecho importante: tras el receso legislativo que está comenzando, Dilma tiene que decidir si ratifica en su cargo al procurador general de la República, Rodrigo Janot. Para Cunha, eso equivaldría a una declaración de guerra que podría desatar la concreción de todas sus amenazas. Pero hay que advertir que no es mucho el margen tiene la presidenta para hacer lo contrario e intervenir de ese modo contra la acción de los fiscales que sorprenden día a día al país con sus denuncias.

El ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, declaró el miércoles ante la Comisión Parlamentaria de Investigación del caso Petrobras. “Un ministro no puede controlar las investigaciones judiciales”. Y confesó: “Los cargos públicos producen fatiga de material”.

El problema es el descrédito general, el fango que todo lo ensucia. Mucho se habló de una encuesta reciente de Datafolha según la cual Dilma es aprobada sólo por el 10% de los brasileños. Menos se reparó en que el aval popular a la actuación del Congreso arroja en distintos sondeos niveles muy similares.

Los políticos brasileños se alarman, se pelean, se amenazan. La duda es quién quedará en pie para juzgar a otros cuando se agote el combustible del “Petrolão”.

Para los que tenemos experiencia en la política latinoamericana – o al menos en la argentina – el cuadro es familiar. La corporación judicial, vinculada tradicionalmente al “establishment” y a los sectores más conservadores de la sociedad. arremete contra un gobierno populista, más o menos de izquierda, y contra los “hombres nuevos” en el poder económico. Y los memoriosos recordarán el “Mani pulite”, la ofensiva de los fiscales que en los ´90, en Italia, destruyó a la Democracia Cristiana, al Socialismo de Craxi y a sus aliados.

En cuanto a lo primero, no cabe duda que hay algo de eso. Y probablemente sea el factor decisivo. Pero a esta altura, la cosa ha ido mucho más lejos. Collor de Melho y Eduardo Cunha están a la derecha de López Murphy, Y en cuanto a los empresarios acusados… Como les decía hace un mes en el blogPara que los argentinos tengamos claro la dimensión del asunto, pensemos que no es como si en Argentina hubieran detenido a Lázaro Báez y a Nicolás Caputo, y, de paso, a Franco Macri, Vila y Manzano. No. Es como si estuvieran en cana, además, Aldo Roggio y Paolo Rocca“.

No conozco lo bastante de las relaciones de poder en Brasil para determinar cómo viene la ofensiva. Pero me parece claro que la dinámica de este “golpe judicial” tiene que ver, sobre todo, con la debilidad del gobierno y del PT. Y la causa es la crisis económica que no han podido solucionar. Por eso, en el próximo posteo quiero enfocar ese tema. Les adelanto que parto de este resumen angustiado de Contradicto.


Eva, otra vez

julio 26, 2015

eva-peron

(Este posteo lo subí hace dos años. No se me ocurre nada mejor para decir)

Hoy estuve pensando acerca de Evita. Supongo que impulsado en parte porque este 26 de julio – después del aluvión de las necrológicas casi obligatorias del 60° aniversario de hace un año – su nombre y su figura han aparecido mucho menos en los medios, y en los blogs politizados.

Creo que es mejor así. La repetición trivializa, y convierte – para los que no los conocieron – a quienes eran bandera de lucha en imágenes de libro de texto. Están bien los homenajes, el reconocimiento del símbolo que representan. No rechazo esas dos imágenes suyas ahí en la Avenida 9 de Julio, aunque – que me disculpen Marmo, Santoro – me parecen feas; y me gusta que el movimiento social con mayor activismo político hoy lleve su nombre. Es apropiado.

Pero sería inútil – hasta patético, o, peor, falso – tratar de apropiarla para la lucha política actual. No es que no la amen y la odien a la Eva, todavía. Es que esos sentimientos ya no se enarbolan para expresar una identidad política. Porque el amor de ella por los humildes ¿quién se anima a cuestionarlo hoy? Muy pocos. Su fanatismo incondicional por Perón ¿quién se anima a hacerlo suyo? Algunos más, pero no muchos. Y, la gran mayoría de estos, sospecho, de los labios para afuera.

Esto no quiere decir que no esté vigente. Porque la política – entendida como la lucha por el poder y su administración – es una parte de la realidad. Quizás la más superficial. Hace cuatro años, en una de las muy pocas veces que mencioné a Evita en el blog, cité una frase de Alberto Amato “Los seis años que abarca el breve paso de Eva Perón por la vida política argentina … generaron un amor irrenunciable y un odio irracional“.  Y agregué que no puede decir que entiende la política el que deja afuera el amor y el odio.

Y por todo lo que se ha escrito sobre ella, pienso que todavía no hemos prestado bastante atención a esa identificación profunda que el odio que despertó hizo entre ella, Perón y el peronismo. Un Tomás Eloy Martínez escribió un largo libro “Santa Evita” donde pinta toda la iconografía, entre entrañable y grotesca, del amor popular. Pero me parece mucho más importante, y revelador, el cuento corto de Rodolfo Walsh “Esa mujer“, sobre el coronel que tenía escondido su cadáver.

Porque estamos hablando de un país moderno, con altos índices de alfabetismo, con una numerosa, mayoritaria clase media, y una pátina europea que hace seis décadas era mayor que la actual. Y un ejército formalmente, convencionalmente católico, que secuestra un cadáver y lo oculta por casi veinte años. Un temor supersticioso, como el que – puede imaginarse – los lleva a prohibir por un decreto, el 4161, la mención de los nombres de Evita y de Perón.

Quiero ser claro. El odio de clases, las represiones sangrientas, las locuras y las masacres de las guerras civiles no son nada extraño en la historia. Un pesimista diría que son la materia principal de la Historia humana. El odio no es nuevo, por cierto, ni en Argentina ni en el mundo. Pero ese grado de irracionalidad debe llamarnos la atención.

La historia de los países latinoamericanos – entre ellos, claro, Argentina – tiene tantas guerras como la de cualquier otra región del mundo. Pero nuestro estilo de civilización tiene determinadas características, que apuntan a reglas de conducta bastante observadas. No recuerdo un sólo caso en que un ejército latinoamericano haya bombardeado las ciudades de un país enemigo, por ejemplo. Puede haberlo – no soy historiador – pero ciertamente no está entre nuestras costumbres ese crimen tan típico del siglo XX. Tan practicado por los países que se consideran “al frente de la civilización moderna”.

Pero la ciudad de Buenos Aires fue bombardeada en junio de 1955 por su propia Aviación Naval, en un ataque que apuntaba a matar a Perón. Pero que su frustración los llevó a asesinar civiles. La misma fuerza – tengo que decirlo – que 27 años después se portó con un coraje y profesionalismo que despertó la admiración de sus enemigos en la Guerra de Malvinas.

Sí. El odio es una fuerza muy poderosa; y los argentinos debemos cuidarnos, porque por toda nuestra bonhomía chanta, tenemos muy profunda la capacidad de odiar. Puede ser cierto, creo que es cierto, que el amor puede vencerlo, pero no es una victoria fácil como la de una elección. Nos pide mucho esfuerzo.

Bueno, como les dije, empecé pensando en Evita y me fui bastante lejos. O no. Les recomiendo escucharla a ella. Subí un discurso suyo, el año pasado, aquí.


El P.J. para la Victoria

julio 26, 2015

intendentes

La reunión del Partido Justicialista de este viernes 24 en Parque Norte en apoyo a la fórmula Scioli-Zannini tuvo menos repercusión en la blogosfera politizada de la que a mi entender merece.

Catorce gobernadores peronistas: el mismo Daniel Scioli, claro, Jorge Capitanich (Chaco), Sergio Urribarri (Entre Ríos), Luis Beder Herrera (La Rioja), Lucía Corpacci (Catamarca), Oscar Jorge (La Pampa), Gildo Insfrán (Formosa), Francisco Pérez (Mendoza), Maurice Closs (Misiones), José Luis Gioja (San Juan), Juan Manuel Urtubey (Salta), Eduardo Fellner (Jujuy), José Alperovich (Tucumán) y Martín Buzzi (Chubut), más decenas de intendentes, cientos de legisladores, funcionarios y dirigentes de todo el país y miles de militantes, sino son todo el peronismo, son al menos su “superestructura”.

Con una excepción: faltó la dirigencia de La Cámpora – la segunda y tercera filas estaban representadas en abundancia – pero es la excepción que confirma la regla: se trata de una agrupación interna del peronismo, con una identidad suficientemente instalada como para que no le interese confundirse en el montón. Como la agrupación que responde directamente a CFK tiene bastante poder como para no ser una más, pero no el suficiente para conducir el conjunto. Su decisión de no sumarse a esta reunión puede ser acertada o no, pero no es irrazonable.

De cualquier modo, uno de sus máximos dirigentes, el diputado nacional Andrés Larroque, se preocupó en remarcar, a continuación de la reunión, que “Scioli se viene moviendo muy bien y la fórmula que integra junto a Zannini contiene a todo el espacio del FpV“.

Creo que no es necesario aclarar que no hay tensiones con la Presidente Cristina Kirchner. Varios de esos gobernadores están muy cerca de ella y la consultaron antes de decidir asistir. Además, entre los presentes estaban sus funcionarios de primer nivel: el jefe de Gabinete Aníbal Fernández; el ministro de Trabajo Carlos Tomada, la ministra de Producción Débora Giorgi. Y la realidad es que esta situación es la que las decisiones de Cristina de los últimos meses han preparado cuidadosamente (no sé si con entusiasmo).

El hecho es que el Frente para la Victoria enfrenta las PASO dentro de dos semanas, y la elección presidencial de octubre, con la presencia hegemónica del Partido Justicialista. Por supuesto, al candidato presidencial, Scioli, le interesa – ahora y también después de su triunfo, si lo logra – la adhesión de los sectores que apoyan las políticas kirchneristas pero no se identifican como peronistas. Y también la de los militantes (numerosos sobre todo en los grandes centros urbanos) que son peronistas apasionados pero cuestionan el etos del PJ. Ningún político inteligente quiere perder votantes y apoyos.

Pero el poder se discutirá en el seno del Partido Justicialista. Le falta mucho para ser un partido político donde se debaten las políticas de gobierno, y es dudoso que llegue a serlo (¿Cuánto se conforma a ese esquema teórico el Partido Demócrata de los EE.UU., por ejemplo?). Pero es la expresión más orgánica del peronismo territorial. Los que quieren pelear el poder político futuro en el peronismo, harán bien en hacerlo desde ahí. Es lo que hace La Cámpora, también por ejemplo.


Industria: Las oportunidades perdidas, las ganadas, las que tenemos

julio 25, 2015

pulqui II

Los comentaristas son, para el bloguero, colaboradores gratuitos. Es cierto que algunos de ellos sólo sirven como ejemplos de las neurosis en la sociedad actual y hay que podarlos (el fenómeno de los trolls – en mi opinión – está sobredimensionado. Si uno contiene la respiración y se sumerge en las cloacas que son los foros online de los grandes medios, puede ver que los insultos venenosos que se dirigen a las figuras de la política son muy parecidos a los que se lanzan a las del espectáculo. Especialmente si estas últimas son mujeres jóvenes).

El hecho es que este blog es muy afortunado en los aportes que hacen comentaristas que no pertenecen al Batallón Sicópata. En el posteo anterior – uno más sobre el eterno tema de la “burguesía nacional” – visitantes habituales, Daniel E. Arias, que hizo como de costumbre una larga e informada crónica, Raúl C., Guido y David (idu), acercaron material sobre uno íntimamente vinculado: la industria.

Uso mi acostumbrada excusa – que muchos visitantes no leen los comentarios – y armo un nuevo posteo editando esos cuatro. Por supuesto, al editarlos introduzco sesgos que quizás no estaban en sus mentes. Pero, si es así, ya comentarán para corregir, y aparecerán otras opiniones. Lo que quizás me dé material para hacer uno nuevo, sin trabajar mucho. Es un buen curro esto de los blogs.

Dice Daniel Arias:

En la mejor oportunidad histórica (Europa y EEUU enfrascados en la 2da. Guerra Mundial y luego en una Guerra Fría que podía tornarse caliente, Inglaterra endeudada en un momento con nosotros) estuvimos cerca de desarrollar una aeronáutica tecnológicamente innovadora y comercialmente agresiva. El golpe del ’55 ayudó a desmantelar casi totalmente ese proyecto.

Pero, mirando con lupa, los errores que llevaron a no fabricar masivamente el Pulqui II, nuestro “se vende como pan caliente” de los ’50, con capacidad de crear un nuevo oferente disruptivo en el mercado mundial, se hicieron antes del ´55. Hubo mucho dilettantismo, dispersión de fondos y cerebros en demasiados proyectos. Cuanto más se sabe de los detalles de la historia de la aeronáutica cordobesa previa a la “Libertadora”, más difícil es echarle la culpa a alguien o a algún sector. Querer colgar al brigadier Teodoro Hartung, el vendepatria a cargo de la Fuerza Aérea post-peronista que decidió comprar viejos Sabres F-86 hechos crema en lugar de producir los primeros 100 IA-36 Pulquis, es un lugar común, y además, un castigo inefectivo: el tipo murió hace mucho y su traición fue demasiada repetida por sus continuadores, e incluso por sus oponentes. ¿O alguna vez se volvió a construir un avión “de bandera”, aunque no fuera un plato volador, sino algo lo suficientemente bueno y barato para exportarse y “hacer marca”?

Los brasileños, lenta y tenazmente, fueron haciendo eso con el Bandeirante, y luego con el Tucano, y cuando los imperios aeronáuticos del Hemisferio Norte quisieron reaccionar, EMBRAER les estaba vendiendo jets de cabotaje en sus propios mercados internos. Y hoy es a veces el 4to. y a veces el 3er. constructor aeronáutico del planeta.

A fines de los ’70 – pocos lo recuerdan, y los no suficientemente viejos lo ignoran – la computadora de escritorio se desarrolló aquí, en Fate Electrónica, mientras IBM hacía la suya, carísima, MIcrosoft no existía y Steve Jobs y su amigo Wozniak vendían su Apple I sin pantalla ni mouse desde un garage. La ayuda del Estado habría sido decisiva, pero en la segunda mitad de los ’70 las prioridades eran otras.

Con la llegada del Proceso se murió de golpe toda una industria electrónica de alta calidad (¿se acuerdan de AudiNac?) que podría haber hecho masa crítica con Fate y nuestros excelentes recursos humanos en software para crear un polo electrónico-informático. Creo que los Madanes y Gelbard vislumbraron esta posible Tierra Prometida que había que crear, pero no llegaron a formularla en un proyecto claro, como los pedía Jorge Sábato, y no lograron interesar al Estado, cuya prioridad en aquel momento era matar a tipos como quien firma.

También teníamos en esos tiempos una inmensa y variada oferta de rifles, pistolas, revólveres y escopetas nacionales mayormente para uso civil (según legislación de entonces, esa categoría englobaba todo lo existente entre los calibres .22 y .38 incluso en armas semiautomáticas). Algunas marcas excelentes: Rubí, Mahely, Tala, Bersa, Saurio, Marcati Hnos. (los que fabricaban desde el rifle de aire comprimido Churrinche a la metra 9 mm. “Halcón” de nuestros milicos y canas), y toda esta oferta privada ganaba plata en un país de entre 20 y 26 millones de habitantes, paradójicamente menos violento que el actual (con mejores índices de educación y empleo, ningún misterio). Y estaba Fabricaciones Militares, que fuera de su complacencia por fabricar diseños externos bajo patente, tenía capacidad generalmente poco usada de desarrollos propios.

Por esa misma época, nuestra industria de máquinas herramienta estaba fabricando tornos con control numérico. Ahora, cuando uno comprende que a fines de los ’70 estábamos a punto de fabricar computadoras personales, teníamos electrónica y armas, y une todo en un paquete único… ¿no da que estuvimos a punto de generar un complejo industrial militar con capacidad de fabricar tecnología dual? ¿En qué estábamos distraídos que no lo vimos? ¿Por qué nadie formuló la idea? Capital había, know-how había, el Estado tenía que tomar la batuta e integrar dos o tres proyectos fácilmente vendibles en el exterior, digamos algún símil argento muy mejorado del AK-47 en calibre .223, una pistola semiautomática militar muy avanzada por diseño pero robusta, barata, a prueba de encasquillamientos y capaz de escupir hasta la munición más berreta, como lo es hoy la Bersa Thunder, y cañones como los que fabricábamos en Zapla bajo licencia, pero mejorados con sistemas de puntería computados y algún radarcito importado, tipo RASIT. ¿Teníamos tres patas y una tabla y no supimos armar un banquito?

Ahora con China “fábrica del mundo” y un excedente de población inubicable de alrededor de 400 millones de chinos, es todo nuevo y más difícil“.

Dice Raúl C.:

Fate Electrónica era algo poderoso. Para los electrónicos era un lugar de trabajo de ensueño. Se hacían cosas grosas, se pertenecía a un equipo de élite y se ganaba muy bien. Uno de los cerebros técnicos era el Ing. Bilotti, que era casi mítico. Para entrar, claro, había que ser bueno y también había que estar bien conectado.

Fate Electrónica también llegó a diseñar *circuitos integrados* en USA para sus calculadoras y computadoras. Y el proyecto era fabricarlos en el país.

En esa época escuché que, además de la voluntad ‘de arriba’ de terminar con la industria a como diera lugar, hubo problemas políticos internos. Decían que los montoneros tallaban fuerte, incluso a nivel gerencial, no sé si sería cierto. Lo cierto fue que los Madanes decidieron cortar con el tema.

En la época de la dictadura, los metros cuadrados de lo que había sido I+D de Fate Electrónica eran naves llenas de neumáticos, del piso al techo. Por ese tiempo, el mismísimo Diamand se había puesto a importar…

Se puede rescatar algo positivo. Yo escuché allá por 1979 a gente del grupo de Diamand decir que con Martínez de Hoz se había hecho un cambio tan grande, que era irreversible. Que aunque en algún momento desde el poder se quisiera retomar un sendero desarrollista, eso sería imposible… Lo positivo es que, aunque sea en una pequeña parte, se pudo evitar lo inevitable, revertir lo irreversible y posibilitar lo imposible“.

Dice David (idu):

También estaba CITEFA, que investigaba, Fapesa, Texas y Philips fabricaban aquí componentes electrónicos, el grupo Coasin hacía de todo, y un servidor patentaba desarrollos superiores a los similares que se producían en pocos países desarrollados.

Efectivamente Bilotti era un genio, y Diamand mi referente, aunque intuía que Tonomac no tenia futuro.

Nuestro Estado siempre distraído. Hasta recuerdo haberle entregado en mano a Terragno (ministro de Alfonsin, tipo inteligente si los hay) una carpeta y ahí quedó.

La Cámara que nos nucleaba – CADIE – tenía por entonces 120 asociados. Hoy ni sé si existe, pero la última vez que escuché de ella tenía 20… Parte de la “casi” burguesía que no fue…“.

Continúa Daniel:

Una historia que podría haber sido parecida es cómo con la ayuda de Alfonsín, Menem 1.0 y 2.0, De la Ruina, y Duhalde pulverizamos nuestro mejor desarrollo propio, el Programa Nuclear. Pero éste sin embargo va renaciendo con ayuda de los gobiernos Kirchner. INVAP ya es la marca mundial de referencia en reactores chicos. Ahora que la Argentina le vende su propio invento (el reactor nuclear de pileta abierta) a los EEUU, empieza a ser tarde para bolearnos las patas. Si logramos completar el prototipo y luego el primer modelo comercial del CAREM en diez años, habremos llegado a otra Argentina. Incluso si no nos damos cuenta.

Y mucha atención a los fierros y química que están inventado los muchachos de Y-TEC, es decir YPF-Tecnología. No sólo en el área de exploración, explotación, refino y remediación de hidrocarburos, sino en cosas más audaces donde podemos primerear al mundo, como turbinas mareomotrices sumergidas.

Es probable que incluso hoy estemos en una situación de “can be”, y que si no la vemos, la pensamos, la creamos y la construimos, volvamos a perder el tren.

Abel pone énfasis (como posibles protagonistas de una nueva “burguesía industrial”) en dos comunidades implantadas: la boliviana y la coreana. Yo añadiría la taiwanesa también. Él las elige por características que supieron tener nuestros abuelos y/o padres: capacidad de trabajo y ahorro.

Yo añado otra igualmente importante: esta gente sabe apropiarse a manos llenas de lo poco que queda de bueno en la oferta educativa estatal, en un momento en que por primera vez ésta goza por ley del 6% del PBI, aunque ande medio desabastecida de ideas. He sido profesor y los pibes bolivianos, coreanos y taiwaneses me dejaban asombrado: hundidos de nariz en alguna pantalla, ellos son los que hacen los deberes, incluso los de informática, mientras los argentinos de varias generaciones suelen pelotudear con la Play Station o chateando. Y en un medio famililar más anómico, caen con mayor frecuencia y severidad en la falopa y el alcohol. El soporte tecnológico de lo que hacen será parecido, pero el espíritu es otro y el “outcome” es muy diferente.

Siempre me gustó (soy argento) compararme deportivamente con los brasileños. Ellos han aprovechado oportunidades y las han perdido, también. Pero a la hora de la pregunta del millón, cuando alguien quiere saber si ellos tienen o no tienen burguesía nacional, el 95% de los argentinos decimos que sí. Luego hacemos objeciones, pero importan menos.

Cuando se nos hace la misma pregunta a nosotros, salimos a enumerar próceres que laburaron en el estado, y que eran milicos y tecnócratas, o tecnócratas que sabían negociar con los milicos: Mosconi, Savio, Iraolagoytía, Sábato, el brigadier San Martín. Añado a Gelbard y a los primeros Madanes (los que hicieron Aluar y quisieron hacer Fate Electrónica), y agrego a Aldo Ferrer con su ley de “Compre Nacional” en épocas de Levingston… Puedo seguir dando nombres.

Veo individuos. Lo que no veo es una clase social. 

Por dar una “prueba con agua regia”: Brasil supo tener un Menem, y se llamaba Fernando Collor de Melo. Lo echaron enseguida, porque se dijeron “éste nos deja sin país”. Nosotros al Innombrable lo reelegimos. La UIA apoyó a Rodrigo, a Martínez de Hoz y a Cavallo“.

Acota Guido (corrigiendo el momentáneo desaliento de D. A.)

Sobre la burguesía nacional que no hemos tenido…no sé. La oligarquía ganadera tiró ferrocarriles sobre pastizales e hizo viable una revolución agrícola. Cuando tuvo el mercado suficiente contruyó molinos para su trigo, cuando fue negocio empezó a fabricar pintura para pintar sus silos, sus trenes y sus fábricas, y textiles para vestir a sus miles de empleados y, en la medida que en que el mercado lo requería, industrializó ese trigo de silos en forma de pastas secas. Hablo de Bunge & Born (Molinos Rio de la Plata, Alba, Alpargatas, Matarazzo), bestia negra de la oligarquía malévola. Cierto que todo eso se vendió en los ´90. Pero ahí falló el Estado y la estrategia del gobierno de este entonces, no una clase u otra abstracción.

La gente es igual en todos lados. Nuestra “burguesía” no es mejor ni peor que otras. La geopolítica y nuestra política interna, sin explicar todo, dan más puntas para entender nuestros límites que la idiosincrasia nacional y la psicología “de clase”.


El capitalismo que todavía no vino

julio 25, 2015

steampunk

La queja “Lo que nos falta a los argentinos es una burguesía nacional” es un lugar común del pensamiento político local desde hace por lo menos sesenta años. Está grabada en el escudo “nac&pop”, pero puede ser suscripta, con mayor o menor énfasis, por todos los sectores, con las mínimas excepciones de una minoría que desearía haber nacido en Europa Occidental o Norteamérica y rechaza el concepto “nacional”. Y del troskismo, que rechaza a la burguesía, y cree que las empresas pueden y deben ser conducidas por comités de trabajadores y usuarios.

Como todos los lugares comunes, tiene un núcleo de verdad. Pero puede ser engañoso, sino se entiende que “burguesía nacional” no es un grupo humano genéticamente dotado con: talento empresario; imaginación tecnológica; gran capacidad de trabajo; y las ideas políticas correctas. Ese animal no existe. Es una circunstancia histórica, que ha reunido en algunos países, en algunas épocas, a: un sector social que cuenta con capital disponible (obtenido, en la mayoría de los casos en la historia humana, mediante el saqueo) y, sí, una tradición empresaria, más un Estado dispuesto a alentarla, protegerla y exigirle servir a los intereses de ese Estado, más circunstancias geopolíticas favorables.

Entonces, queda claro que no hay ningún motivo por el cual Argentina deba tener una “burguesía nacional”. La buena noticia es que tampoco hay un motivo por el cual no debamos tenerla. Las circunstancias geopolíticas favorables están: tenemos recursos naturales abundantes con una relación población/territorio muy conveniente, y las Potencias que son hoy mucho más poderosas que nosotros tienen problemas más graves de los que ocuparse en otras regiones del mundo.

El grupo humano que podría ser protagonista… no ha aparecido todavía – los agricultores de la pampa gringa, que lograron competitividad global incorporando tecnología importada y desarrollos locales, demostraron a partir del 2008, en una coyuntura que les dio poder político, que no eran capaces de usarlo con inteligencia y realismo. Pero una frustración no es una derrota definitiva. Miro con expectativa a la inmigración coreana y a la boliviana, por su capacidad de ahorro y su voluntad de trabajo.

Queda referirnos al otro factor, el Estado, sobre el que hemos escrito mucho en el blog. Ahora quiero acercarles un artículo de Horacio Rovelli, que apareció en la revista La Tecl@ Eñe y me hizo llegar mi amigo Gerardo Codina. Tiene ese tono quejoso con lo que tenemos que parece inevitable en las discusiones sobre “burguesía nacional”, pero aquí les copio un fragmento que me parece un buen resumen de la formas en que en otros pueblos se encaró este desafío.

Eso sí, tengamos claro que ningún camino nacional – y menos que ninguno el “socialismo con características chinas” – es reproducible. Estamos condenados a encontrar nuestro propio camino. O a no encontrarlo.

La productividad del trabajo, esto es la capacidad técnica de producir con el menor costo y la mayor calidad posible, se obtiene de la combinación de la dotación de capital que se posee (en ese capital se deben incluir los recursos naturales), del conocimiento –tecnología-, y de la mano de obra educada y disciplinada para llevarla a cabo.
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Los países que crecen y soportan en su territorio la competencia externa y a su vez conquistan nuevos mercados, lo hacen en base a la productividad, que a la vez es apoyada por acuerdos comerciales y por los respectivos Estados, lo que en conjunto conforman la competitividad de esa sociedad.
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Obviamente que antes se debe pensar y planificar en base a un profundo conocimiento de lo que se puede producir, cómo, con qué medios, para qué mercados (internos y externos).
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La República Popular China es un claro ejemplo de lo que decimos. En 1976, tras la muerte de Mao Tse Tung, los que lo reemplazaron tomaron en cuenta que se debía utilizar el potencial chino, una abundante mano de obra con capacidad de adquirir conocimiento, y se prepararon para ser un país industrial, por supuesto a costa de hacer profundas concesiones al capital extranjero que ávido de ganancia no dudó en acordar con el Estado de ese país y en base a la súper explotación de su mano de obra y la “paz social”, que le aseguraba el Partido Comunista chino, lograron y logran estándares de productividad mayor que el promedio mundial, convirtiéndose en el principal exportador del mundo.
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Cuentan que en un almuerzo de la primera campaña a la presidencia de Barack Obama, éste comenzó a decir que había que repatriar capitales estadounidenses invertidos en el exterior. Steve Jobs que estaba presente tomó la palabra y le dijo que eso no era posible porque los ingenieros en sistemas de la India hablan mejor inglés que los de EEUU y cobran tres veces menos, y que los obreros chinos, donde se hace el armado de las computadoras Apple, no hablan inglés pero cobran seis veces menos que los trabajadores estadounidenses.
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La baratura de la mercancía perforó la Gran Muralla, pero al revés, de China al mundo industrializado, donde el país asiático tiene cada vez mayor superávit comercial con los EEUU, Alemania, Inglaterra, … China, si se quiere, es un ejemplo de un plan, un Estado y una clase dominante capaz de instrumentarlo.
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En verdad, si uno estudia la historia va a encontrar que ese patrón se cumplió siempre; fue el Estado de los reyes católicos el que descubrió América y la conquistó, expulso a los moros de España y unificó al país bajo una clase dominante guerrera y expansionista. Y la Inglaterra de las dos revoluciones industriales amalgamó el manejo de la técnica y un fuerte Estado representativo de su burguesía que llegó a armar un imperio donde no se ponía el sol
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Pero claro, esos Estados representan a sus sectores dominantes y fueron grandes mientras esos sectores tenían un paradigma a seguir, y dejaron de serlo cuando dejaron de tenerlo.
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Hoy lo vemos en los propios EE.UU con una burguesía creadora desde su independencia; basta ver quién era Benjamín Franklin y así podemos entender que de esa sociedad surgieran hombres como Thomas Alva Edison. El franco declive que vive hoy EE.UU se debe a la falta de capacidad creativa que supieron tener, aunque con presencia en el mundo de la informática con Billy Gates y Steve Jobs, pero ninguno de ellos hubiera podido desarrollar sus ideas y aplicarlas sin un costoso apoyo estatal. Es el Estado de los EEUU quién envió el hombre a la luna.
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La pregunta entonces es por qué somos el país que somos, y la respuesta es que no tenemos un sector dominante. inteligente y decidido a hacer pie en la Argentina y enfrentar al mundo. Lo que hace es utilizar la capacidad instalada que mal o bien se tiene, la mano de obra disponible y la expansión estatal, para que la mayor parte de la ganancia que se obtiene se fugue sistemáticamente al exterior“.


Música para el fin de semana – Andrés Calamaro “Crímenes perfectos”

julio 24, 2015

Surfeando temas, encontré este (de su álbum “Alta suciedad”). Es parte del rock nacional de hoy, y también resuena con una vieja sensibilidad tanguera “La moneda cayó para el lado de la soledad…“.


La leyenda del dólar y el fantasma de la Devaluación

julio 24, 2015

fantasma

Sobre el valor del dólar en la relación al peso, y sobre la especial relación que tenemos los argentinos con la moneda estadounidense – dos temas con algún vínculo pero bien diferenciados – se ha escrito mucho. También en este blog (pónganlo en el Buscador y verán), y seguramente volveré a hacerlo.

Ahora me voy a referir nada más que a un espectro que nace de esa extraña pareja, recorre las mesas del microcentro y se extiende, sembrando inquietud y temor en nuestras almas: la Devaluación. Tiene raíces en la historia de los últimos 60 años, que formaron una memoria más o menos inconsciente, la de Frondizi en 1958, la de Pinedo en 1962, la de Krieger Vasena en 1967 (quizás la mejor manejada; hubo retenciones), la de Duhalde en 2002,… por el “shock”. Pero en realidad durante muchas etapas de esas seis décadas – incluso una que tal vez no toman en cuenta – fueron una rutina semanal, o diaria.

Estos días ha empezado a agitarse de nuevo, alentado por la escalada del “blue”, y esta campaña electoral, claro – un candidato, que tal vez está inquieto pero por otros motivos, anunció “El Gobierno va a devaluar después del 9 de agosto“. En mi opinión, no es una táctica eficaz (aunque seguramente será tomada con entusiasmo esperanzado por los opositores enragé; algunos comentaristas del blog entre ellos). Resulta demasiado evidente que es parte de la campaña.

Pero la observación más importante que se le puede hacer a este anuncio es que es desubicado: El gobierno está devaluando, y lo hace desde hace mucho tiempo. No siempre al mismo ritmo, por cierto, y eso nos permite tener una idea más clara, y perder algo de temor. Como lo saben los directores de cine, el fantasma que se ve, no asusta tanto.

Procedo a informarles como ha ido variando el valor del dólar oficial – el que importa: con él se pagan todas las importaciones, y gracias a una benevolencia que algunos juzgan excesiva de las autoridades, ahora también los viajes al exterior. Tomo el primer día hábil del año: una fecha en que los divisas de las cosechas todavía están lejos, y se sienten las tensiones. Estos datos están en la página del Banco Central.

El 2 de enero de 2003 el dólar estaba a $ 3,36, poco antes de la llegada de Néstor Kirchner al gobierno. El 2/1/08, cinco años después, estaba a $ 3,15. Se suele decir que el paulatino incremento de su valor local empieza en octubre ´08; en todo caso, fue muy lentamente al principio: el 2/1/09 valía $3,45. El 4/1/10 estaba en $ 3,80. El 3/1/11, en $ 3,97. El 3/1/12, $ 4,31. El 3/1/13, $ 4,93. El 2/1/14 $ 6,54. El 2/1/15, $ 8,55. Hoy, pasada la mitad del año, $ 9,15.

Espero que nadie crea que Néstor Kirchner mantuvo inmóvil el valor del dólar hipnotizando a los operadores. Resulta evidente que la Gran Devaluación del 2002 – frente a la recesión y el desempleo que ya llevaban cinco años en ese entonces – provocó un valor del dólar “artificialmente” alto… en relación a los otros precios de la economía.

Pero esos otros precios siguieron aumentando. Muy lentamente, mientras había capacidad ociosa en la industria y escasez de demanda. Luego… el dólar dejó de estar “alto” y su precio empezó a subir, como cualquier otra mercadería. El gobierno procura moderar su aumento – porque, como cualquier otro insumo – influye en los precios de los otros bienes. Pero no puede eliminarlo, no más que puede eliminar los aumentos de los combustibles, otros que también influyen, y mucho. Eso se llama inflación, y es algo que los argentinos conocemos bastante.

Este hecho tan simple se oculta, a medias, por las discusiones técnicas entre los economistas opositores que impulsan su agenda, y de los del oficialismo, que defienden la suya. Por ejemplo, el debate sobre la relación entre la emisión monetaria, el deficit fiscal y la inflación. Es interesante, y a veces sofisticado. Pero es irrelevante. Sería más apropiado discutir sobre cómo se aminora la inflación. Pero eso se sabe, y a nadie – sobre todo en campaña – le gusta mencionarlo en voz alta.

En concreto: el gobierno ha conseguido mantener la inflación local – alta por el promedio mundial, baja para la historia argentina – en límites manejables: no se espiraliza. Y para ello no ha tenido que recurrir a medidas de ajuste que perjudicaran al consumo, ni a los sectores de menores ingresos. En cuanto al precio del dólar, ha aumentado menos que el de otros bienes, entre ellos algunos notorios en el consumo de los sectores medianos y altos, y eso crea la sensación de un dólar “barato”… para los que compran en el exterior.

Hay problemas estratégicos (y muy anteriores a este gobierno): la inversión privada está muy por debajo de la necesaria para el desarrollo, y (la otra cara) la fuga de capitales continúa. Igual, nadie serio cree que una devaluación acelerada solucionaría problemas. Las exportaciones argentinas no muestran, históricamente, que aumentan en proporción al valor de las monedas extranjeras. Se favorecerían los que tienen tenencias grandes en dólares y los exportadores de bienes transables, pero el efecto sobre la actividad económica sería recesivo. El ejemplo actual de Brasil muestra el costo de esa receta.

Me parece difícil que el próximo gobierno, frente a estos riesgos, modifique sustancialmente la estrategia de manejo del actual, en este campo. Para los problemas estratégicos… deberá desarrollar nuevas estrategias. Me da cosa repetir aquí El que viva lo verá.


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