Argentina e Irán: una historia sin final?

iranComo este martes volví a mencionar en el blog el memorándum argentino-iraní sobre la investigación del atentado a la AMIA, esta vez a propósito del levantamiento de (otras) sanciones por la Unión Europea a, justamente, uno de los acusados por el asunto – esto fue antes que CFK tuiteara, pero estoy seguro que ella no me leyó – y el miércoles dije que el tema estaba dentro de lo que podemos llamar las RR.PP. Exteriores, la imagen argentina en el exterior, bueno, me siento obligado a actualizarlo.

Algo anticipa Página 12, pero, hasta que la Secretaría de Estado yanqui o su equivalente de la Unión Europea contesten la nota de la Cancillería argentina, lo que hay es lo que informa el Wall Street Journal, normalmente bien enterado de estos temas y nada amigo del kirchnerismo:

Autoridades estadounidenses y de la U.E. confirmaron el jueves que las sanciones europeas al Sr. Vahidi se levantarían en 2023 bajo el acuerdo con Irán. Pero dijeron que esto no supone un perjuicio para el caso de Argentina contra el militar retirado o su voluntad de hacer cumplir la solicitud de Interpol de 2007 para la detención del Sr. Vahidi y otros cuatro funcionarios iraníes actuales y anteriores.

“La U.E. sigue apoyando a la Argentina en su afán por aclarar totalmente el ataque de 1994 y llevar a los responsables del ataque a la AMIA a la justicia”, dijo un portavoz de Federica Mogherini, Alta Representante de la U.E. para Asuntos Exteriores y Seguridad, quien visitó Teherán esta semana.

Funcionarios estadounidenses dijeron que nada en el acuerdo afectaría a la solicitud de la Interpol. “Y seguimos instando a la comunidad internacional y las autoridades argentinas para hacer todo lo necesario para llevar a la justicia a los responsables de esa atrocidad (la bomba en la AMIA)”, dijo John Kirby, portavoz del Departamento de Estado“.

Mi lectura es, entonces, que la ¿búsqueda? de los responsables – la necesidad de una historia oficial definitiva, como la llamé hace casi nueve años – sigue siendo un tema pendiente. Por supuesto, el contexto cambia. Y mucho, después de la firma del acuerdo entre Irán y las Potencias. Uno supone que la “pista iraní” ha perdido algunos – no todos – de sus impulsores, y la “pista siria” deberá esperar al desenlace de la guerra civil en ese país.

Pero, más allá de la investigación judicial – ¿el inminente juicio contra Menem y Galeano aportará datos? – el tema forma parte inescapable de la imagen argentina en el exterior. Nuestro gobierno deberá pensar cuidadosamente su manejo. Y dejar de lado voluntarismos y afanes de protagonismo. Sólo profesionalismo, por favor.

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7 respuestas a Argentina e Irán: una historia sin final?

  1. Ave Magister: descontado que si uno o ambos atentados fueron un armado iraní, a los responsables del lado persa los juzgará sólo Allah a la velocidad que le es propia.

    Esos ñatos morirán en sus camas y a los 100 años de edad. Con o sin Interpol, aunque la maliciosa insinuación que percibo subyace a tus palabras, a saber, que éste organismo podría perder parte de su “élan” justiciero en el actual entibiamiento de las relaciones UE-USA-Irán… es indiscutible.

    Si hubo responsabilidad siria, sólo habrá que esperar que en ese equivalente islámico de los Balcanes en 1914 se decante la polvareda y surjan uno, dos o tres estados viables. Sí, puede congelarse antes el infierno.

    Y por supuesto, en algún momento tendremos que dejarnos de hacernos los opas con la monarquía saudita. ¿Qué pasó, que les regalamos una mezquita casi del tamaño de la Rural en lo mejor de Palermo, y se terminaron los atentados? ¿Con quién estábamos fumando la pipa de la paz? ¿Por qué?

    Muchas preguntas, una sola respuesta posible: no lo sabremos durante décadas. Si los propios EEUU de W. Bush, cuando todavía eran dependientes del crudo saudí, se negaron sistemáticamente a investigar las FLAGRANTES conexiones de ese reino arenoso y esclavista con atentados como los del 11-09 y decenas más, definitivamente a nosotros hacernos justicia en ese lugar nos queda fuera de escala.

    De modo que por descarte, el partido importante es el que se juega aquí con Menem y Galeano en el banquillo de los acusados. Perdón por prejuzgar, pero yo sé que no fueron autores de los atentados pero sí encubridores de ambos, y eso en un presidente y un juez federal es gravísimo. La condena de ambos, y la investigación de las cadenas locales de encubrimiento en nuestros organismos y fuerzas de seguridad podrían, si este “cold case” resucita en serio, dejar una ringla bastante larga de presos, y la sensación -por cierto, muy liberadora para todo el país- de que el que aquí las hace, aquí las paga.

    ¿Eso no nos pondría a salvo de futuros atentados? No. Los volvería un poco más difíciles, nada más. La “pata argentina” tendría que multiplicar sus cuidados.

    Podemos decir con orgullo que mientras en el mundo sucedían las guerras árabe-israelíes de 1948, 1956, 1967 y 1973, amén de miles de episodios de barbarie en los períodos de “paz”, en la Argentina coexistieron pacíficamente una comunidad judía que llegó a 500.000 habitantes (hoy queda la mitad) y una árabe que hoy cuenta con 3,5 millones de descendientes de sirios, libaneses, egipcios, marroquíes y palestinos, de los cuales al menos 600.000 son musulmanes practicantes.

    El crimen real del menemismo fue destruir una tradicional pero laboriosa y difícil política de neutralidad en este conflicto, así como en otros mucho peores (la 1ra y 2da guerras). Nuestra política exterior nos vino salvando de tener enfrentamientos armados hijos de ingleses, franceses e italianos contra alemanes entre 1914 y 1918. Quienes se salían de la vaina por pelear, se tomaron un barco y se dieron el gusto o se murieron de gusto en Europa. Lo mismo volvió a pasar en la 2da Guerra.

    La neutralidad externa hizo imposible el estallido interno. Eso en un país de inmigración tan múltiple como el nuestro fue una tarea de gigantes, y la llevaron a cabo, hombro con hombro, personajes de la política argentina tan compatibles como el agua y el aceite, conservadores fascistas confesos, radicales y socialistas aliadófilos pero que no comían vidrio, y dos gigantes muy complejos: Irigoyen y Perón.

    De esa política exterior al enanismo intelectual y político de Menem y Di Tella hay una caída inmensa del sentido de nación. ¿Y para qué? La participación argentina en la 1ra Guerra del Golfo fue decorativa: mandamos al grupo de tareas 88.0, formado por el destructor ARA Alte. Brown y la corbeta ARA Spiro, la cual terminó perdiendo un helicóptero; y el grupo 88.1, formado por la corbeta ARA Rosales y el transporte ARA Bahía San Blas, básicamente a “hacer intercepciones” (parar barcos civiles, revisar su carga).

    El presupuesto de la Armada Argentina, aquel año, estaba en mínimos incompatibles con el mantenimiento de sus funciones normales en el Mar Argentino, y con el mantenimiento del equipo mismo, que se iba pudriendo. Aquel año se quedaron sin fuel-oil los avisos que recorrían el Beagle para hacer mensajerías en las estancias a lo largo del Canal y rotar y suministrar agua y comida al personal destacado en la Isla de los Estados, así como “marcar soberanía” con Chile.

    No quiero pensar en el festín de sobrepesca y contrabando que se dieron las pesqueras españolas en Santa Cruz y Chubut, con sólo la Prefectura Naval para atajarlas. No quiero pensar, porque lo vi desde primera fila. Para ponerle números de aquellos años, las dos grandes pesquerías de la Plataforma Continental estaban en condiciones de facturar de U$ 400 a 600 milllones/año sin caídas de productividad o calidad. Anduvieron en U$ 1600 millones, y eso sin contar el contrabando (traspaso off-shore, de pesquero a buque factoría, y la Aduana, como pintada).

    El trabajo de “patovicas navales” voluntarios de la OTAN a 9 años de haber perdido una guerra contra la OTAN (sí, Malvinas), nos costó los dos mayores atentados terroristas contra la población civil argentina DE TODO EL SIGLO.

    Nuevamente, me remito a la urgencia de Abel por construir una política exterior. En más de una ocasión, en general para bien y a veces para mal, eso determinó nuestra política interna. La Argentina a veces se arma desde afuera para adentro.

    Perpetua para Menem y Galeano.

  2. Añado un dato chico olvidado bajo el polvo, pero que me hace creer que los iraníes no fueron los responsables de lo de la Embajada ni los de la AMIA. Cuando fue lo de la embajada, todavía eran clientes nucleares de la Argentina. Los podríamos haber castigado feo.

    La historia es sencilla: en 1967 el Shah Reza Pahlevi había comprado un reactor experimental yanki que, típicamente -como todos los aparatos de los ’50 y ’60- tenía un núcleo de uranio enriquecido al 90%. Es decir con un 90% de U235 y sólo un 10% de U238.

    En el uranio natural, tal cual sale de la mina y se refina en planta industrial como dióxido en una arena llamada “Yellow cake”, la proporción de U235 es bajísima, el 0,7%. Eso es lo que se llama uranio natural, y hacer una reacción nuclear con un combustible tan pobre es un milagro, pero uno que aquí dominamos bien.

    Enriquecer uranio es una tarea titánica en gasto de energía, que desde fines de los años ’70 tiene tres estadíos importantes: el primero es un enriquecimiento de entre un 3 y un 5% de U235, “grado central núcleoeléctrica”, el 2do es un enriquecimiento del 20%, “grado reactor de investigación, reactor de producción de nucleídos, o reactor multipropósito”. El tercer estadío es 90%, hoy considerado “grado bomba”.

    La “pendiente energética” del 20 al 90% se transita con facilidad. Pero del uranio natural al grado reactor, no hay pendiente: hay acantilado; allí ocurre el gasto más brutal de energía.

    En épocas de Carter, la Atomic Energy Commission de los EEUU cayó en la cuenta de que había en el mundo más de 160 reactores de los llamados “de investigación” con un núcleo formado por centenares de kilos de uranio enriquecido “grado bomba”. La mayor parte, vendidos por los propios EEUU, Inglaterra y Francia. Es decir, se vieron en un megombo armado por ellos mismos.

    Con los bandazos geopolíticos del mundo entre los ’50 y los ’70, muchos de estos aparatos habían quedado “en territorio comanche”; es el caso del TTR 5 de Teherán, un aparato yanki de tipo pileta abierta y 5 megavatios de potencia térmica suplido por EEUU a la monarquía persa bajo salvaguardas de OIEA. Ahora el lugar quedaba custodiado por la Guardia Islámica.

    Salvaguardas o no, la constatación hizo correr un escalofrío por toda la OTAN extensivo a la parte soviética y china del Consejo de Seguridad de la ONU, que son tan refractarios como Inglaterra o Francia a que la fabricación de armas se vuelva una tecnología de países de segunda. El Club Nuclear para tener palanca debe ser chico.

    El resultado fue que el Organismo Internaciona de Energía Atómica, perteneciente a la ONU y con base en Viena, dio mandato para rescatar a velocidad warp todo núcleo de uranio grado militar que hubiera quedado en países antipáticos y sospechosos o capaces de iniciar programas nucleares bélicos. Si eran armamentistas pero no tan antipáticos (Israel, Sudáfrica pre-Mandela), el OIEA podía fingir distracción.

    En el apuro, el OIEA contrató a la entonces desconocida INVAP para reemplazar el núcleo del TTR 5 de Teherán. Los iraníes, contentísimos, se prepararon para ver un poco de ingeniería en acción, algo bastante más excitante que una compra llave en mano.

    Corría 1987 y el recién inaugurado RA-6 de Bariloche, construido por INVAP en 5 años, daba pruebas al mundo de que la empresita rionegrina sabía construir buenos reactores con núcleos mucho menos “picantes”. No era una habilidad desarrollada por las empresas nucleares yankis, porque nadie jamás las apretó a ello. Así todavía hoy en cualquier universidad yanki con un reactorcito, te encontrás con uranio grado bomba no muy lejos de las aulas. Y si le sugerís a la universidad un recambio, el “board” te va a mirar parpadeando, como el dueño de una Ferrari al que le ofrecés un conversor de GNC.

    INVAP tuvo que rediseñar todo el TTR 5, porque un núcleo enriquecido al 20% es mucho más voluminoso y mucho menos reactivo. El trabajo llevó hasta 1993, cuando el reactor se puso de nuevo crítico, y antes de retirarse, la Argentina dejó suficiente combustible como para operarlo a potencia máxima hasta 2011.

    Es sabido que Irán más tarde usó el TTR 5 ilegalmente, fuera de salvaguardias, para trazar los palotes iniciales de un programa de investigación secreto: irradió dióxido de uranio natural en ínfimas cantidades, para luego ensayar a escala de laboratio los procesos radioquímicos de separación unos pocos gramos del plutonio 239 resultante, por ejemplo. Cuantitativamente, muy lejos de los 6,2 kg. de plutonio que necesitás para una bomba de implosión tipo “Fat Man” como la de Nagasaki, y de los 3 kg. que usa una implosiva “tuneada” con tritio como la aerodinámica W54 yanki, tan de moda en los 60.

    Lo que te da la pauta de lo sensibles que son los sistemas de detección y contabilidad nuclear del OIEA es que a los iraníes los agarraron perreando gramos de plutonio, nomás, y las alarmas saltaron. Por suerte, para aquel entonces las ranadas que hiciera Irán con su chiche nuevo ya no eran asunto de la Argentina. La OIEA nos había contratado, hicimos el trabajo, nos fuimos, chau.

    Las que hicieron los iraníes después, el desarrollo de ultracentrífugas para enriquecimiento masivo de grandes cantidades uranio, son un asunto más reciente, más caliente y “no matter of our concern”.

    Si los EEUU y la UE ahora pactan con Irán que la mayor parte de estos aparatos salga de servicio y a Israel le salta la térmica y dice que los persas van a perrear el acuerdo, es cosa de Israel. Para el caso, si Israel tiene un arsenal atómico secreto de al menos 300 armas, desarrollado a vista y paciencia del OIEA, EEUU y la UE, tampoco es asunto nuestro.

    No damos el pinet para policía nuclear del mundo, si alguien nos ofrece el trabajo. Lo único que la Argentina debe hacer es desarrollar su programa pacífico propio, y decir: “Snifff, snifff, qué bélicos que andan todos, che”, en los foros internacionales correspondientes.

    Aquí tenemos dominados los 3 métodos de enriquecimiento. El día que tengamos 5 o 6 centrales nucleares, y con tan poco uranio en nuestra geología, va a haber que darle escala industrial al que califique como más eficiente (a elegir entre “la Moulinex”, como llaman aquí en la CNEA a las centrífugas, o “la lamparita”, para el láser). Y si a alguien en el hemisferio erróneo no le gusta, paciencia, pan criollo y frente diplomático con Brasil, país experto en torear al OIEA y hacerle pito catalán sin ligarse encima al US Marine Corps.

    Pero lo que quiero destacar aquí, Sherlocks de este blog, es que el atentado de la embajada de Israel ocurrió el 17 de marzo de 1992, cuando todavía INVAP le daba los últimos toques al reactor TRR 5 de Teherán. Todavía eran clientes.

    Si la Argentina hubiera tenido certeza absoluta y total -como sí parecía tenerla su energúmeno de presidente- de que el ataque venía de ese lado, a INVAP le bastaba irse de Teherán sin dar el final de obra, y a la CNEA dejar a al TRR 5 sin stock de combustible para su vida operativa futura, en lugar de generosamente munido.

    Habría sido una sanción instantánea y dura, habida cuenta de que en 1992 los persas andaban todavía estrenando sus pañales atómicos. ¿Tan seguros estábamos de “la pista iraní” que no aplicamos el castigo más potente a nuestro alcance?

    Porque ojo, lector@s de este blog, no es que el mundo nuclear haga fila para ofrecerle combustible enriquecido grado reactor a Teherán. Últimamente, los iraníes han estado operando su TRR 5 a sólo 3 megavatios de potencia, lo que podría leerse como indicación de que no les anda sobrando stock.

    Por lo demás, uno se pregunta cómo Irán, habiendo alcanzado y sobrepasado largamente la capacidad de enriquecer al 20% e incluso al 90%, como dijo el energúmeno que tenían por presidente en 2010 (Ahmadinejahd), les anduvo faltando combustible en el TRR 5. Alguien macanea.

    Preguntas que uno se hace, nomás. Tienen la mala suerte de que estoy en casa fondeado por una neumonía, de modo que se arriesgan a que los aburra. Joróbense por sanos.

    • Juan el Bautismo dice:

      Dave the menace todavia no entiende si los ayatollas entregaron kilos y kilos de dulce para bombas de puro ignorantes que son, o solo por cumplir lineamientos ad-hoc de OIEA en funcion de su responsabilidad como jefes de estado y de acuerdos firmados incluso por regimenes anteriores.
      Profetizo que Dave explicaria cualquier cosa segun la primera opcion.

  3. Juan el Bautismo dice:

    ya que hablamos de patovicas, no se descartaria tampoco algun escenario tipo Timothy McVeigh, a lo sumo quizas con alguna pizca de trabajo de inteligencia/facilitacion (privada incluso, si atendemos el asunto Monser al Kassar) detras tipo Alí Agca

  4. […] que el amigo Daniel Arias, periodista científico y frecuente colaborador del blog, comentando en un reciente posteo acercó hechos que hacen dudoso que Irán haya participado en el atentado a la embajada de Israel […]

  5. […] posteos atrás, mi amigo Daniel Arias hacía una apasionada defensa del neutralismo argentina “La neutralidad externa hizo imposible el estallido interno. Eso en […]

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