Peronismo y Pro, desde un costado

grieta1

De cuando en cuando, me copo con un posteo en otro blog y lo reproduzco aquí. Pocas veces, porque me parece, es, repetir lo que pueden leer en otro sitio y aprovecharse del trabajo de un colega. Pero puedo sentir, como en este caso, que lo estoy mirando desde otro sitio que el autor. Y aprovecho, claro, para discutirle.

Martín Rodríguez es un poeta talentoso y un bloguero no convencional, entre los politizados. Estrella joven del kirchnerismo, tomó distancia intelectual y miró con simpatía, hasta donde yo sé, al Frente Renovador. Pero mantuvo su independencia y no hizo contorsiones, hasta donde yo sé, para apoyar las del massismo realmente existente. Hace pocas horas subió un texto que – como lo que escribió sobre generaciones políticas – echa una luz interesante sobre la política de las últimas décadas. Y la realidad actual. Comparto, y cuestiono al final:

El violín hermoso y nostálgico de los partidos políticos durante los 80 era el de la orquesta del Titanic. Los partidos funcionaban bárbaro, iban a elecciones internas, hacían congresos, tenían líneas competitivas, pero el país se iba al tacho. Y se fue nomás. En los 90, la corteza partidaria se mantuvo lo más sólida que pudo, pero sin gente. La gente se empezó a ir. Billetera del 1 a 1 mató galán militante. Menem y Alfonsín sellaron la última Moncloa, el pacto de Olivos, para darse dos cosas: una constitución más moderna y liberal, y una reelección presidencial. El cielo y la tierra. Un pacto celebrado a espaldas del alivio social que aún mantenía la convertibilidad en los bolsillos dañados por la híperinflación.

Algo de este viento ha vuelto, aunque sea como tendencia, en la estructuración electoral de este año: peronismo versus republicanos, en resumen. La solución de la crisis de representación (que era hija de la crisis económica) que en 2001 explotó, se dio pero con políticos, no con un “sólido sistema de partidos”, y con políticos que gobiernan. Políticos y Estado. Ganan los locales. Ganan los que gobiernan. “Gritaron que se vayan todos y se fueron los partidos”, dijo Ricardo Sidicaro.

Hoy los radicales, los más adeptos al rito partidario, comen en su manzana la arena amarilla del Pro. Escenificaron en su Convención su propio vacío. Sin embargo, el problema está diagnosticado por ley: las PASO jugaron a favor de construir una tendencia de unidad y estabilidad partidaria, y uno de los hijos más preciados de esa ley es, paradójicamente, el FIT, el Frente de izquierda trotskista que hace ya varios años comienza a concentrar la existencia de una izquierda electoral clasista.

Pero la disputa de dos candidaturas moderadas (Scioli y Macri), quienes descolocaron al no tan moderado Massa, en representación de bases sociales distintas, organiza este escenario de un modo inédito: porque Scioli y Macri aparecen como las versiones moderados de sus espacios. La “ancha avenida” existía, existe, y ahora la caminan Scioli y Macri. Caminan en puntas de pie mientras Cristina manda. Y Cristina se va sin “fin de ciclo”, más bien en un desenlace, porque: 1) el lugar común de los analistas liberales: porque “se va”; 2) porque enfrió la política, y se va sin rizos trágicos; 3) porque contuvo lo más que pudo la recesión económica generada en su tercer gobierno, para que los problemas los solucionen los que siguen (con fórmulas de ajuste o endeudamiento lejanas a su teología ¿que quiso y no pudo aplicar o que pudo y no quiso aplicar?); 4) conduciendo el peronismo y dejando las PASO entre dos moderados. Su mano sobre la lapicera hasta el último minuto. Y es notable: ahora se habla de FPV como nunca antes, el posicionamiento de Scioli y la aceptación paulatina de quienes lo rechazaban (¿recuerdan los zócalos 678istas sobre sus pactos con Magnetto?) ha logrado un efecto en la lengua: todos efepevianos, todos frentistas. Scioli es el nombre de lo maldito para el kirchnerismo: es lo que necesitó, lo que no pudo sacarse de encima. El poder tira más que una yunta de bueyes.

En definitiva: ni FR, ni Faunen, ni Unidos y Organizados. Vuelta a los partidos. Peronismo y Pro. ¡Ataque ochentoso! Se acabaron las “terceras posiciones”, parece. El laboratorio político nacido tras el 54% tocó fondo: ni los ideológicos sin carrera política, ni los intendentes dolidos, ni los socialdemócratas. ¿Qué somos? Tiburones. Tiburones peronistas. Tiburones republicanos. Y afuera hay sangre“.

Escribe bien. Y su mirada es filosa. Pero… deja algunas cosas afuera, creo. Primero, la más obvia: Analiza como si Scioli ya hubiera ganado las PASO de agosto. Y todavía estamos en junio.

Es cierto que Scioli va primero en intención de voto para las primarias del FpV. Los números bonaerenses que tengo no son muy distintos de los de Aresco que sube hoy J.R.Sentis. Y en Buenos Aires es donde está mejor Randazzo. Pero las encuestas, aún las mejores, son fotos del momento. Le daban muy bien a Massa, en diciembre 2013… El gobernador tiene que ganar todavía la primaria. Y lo sabe.

Porque – segunda omisión – ya el crecimiento en intención de voto del ministro, además de su gestión en documentos y en trenes, muestra que una parte importante del electorado “efepeviano”, no está reclamando “moderación” (Que Randazzo sea o no “moderado”, es otra cosa. Su discurso electoral no lo es). De que otra parte, muy numerosa, la pide, no me caben dudas. Pero no es unánime, como la opinión publicada haría creer. El que equilibre esos reclamos – gestión y moderación – buen equilibrador será.

Creo que mi discrepancia clave con Martín es con un sesgo no tan obvio de su texto. Tiene mucha razón en que Scioli y Macri aparecen como las versiones moderados de sus espacios (como Luis D´Elía y Lilita Carrió aparecen como versiones desaforadas). Pero la diferencia entre esos espacios no es moderada; es, estimo, la mayor posible entre dos posibilidades realistas de ejercer el gobierno de los argentinos en el futuro cercano.

Esta diferencia no es semántica. Este texto de M.R. ubica a Cristina como una versión “extrema”, distinguiéndola de dos “moderados”. A mí me parece que la gestión de la Presidente ha sido, en los hechos, muy moderada. Pero ese no es el punto; como en el caso anterior, entraríamos a discutir sobre lo que es posible y lo que no, el valor relativo del discurso…

El punto es que CFK seguirá siendo, casi seguramente, una parte sustancial de la realidad política. Aún en un gobierno de Scioli. Aún en uno de Randazzo. (En uno de Macri me resulta más difícil prever lo que pueda pasar, porque me es más díficil prever las circunstancias que llevarían en octubre a un triunfo de Macri).

Ella representará, para una parte numerosa de los argentinos, la memoria de los tiempos en que mejoró su situación económica, su bienestar. Y eso influirá en el escenario político, en las acciones del futuro presidente. No necesito marcar, por ejemplo, las ventajas de un liderazgo establecido para todos aquellos que se encuentren descontentos con el nuevo régimen.

Como creo que este blog fue el primero en señalar, es una situación cuyo antecedente más cercano entre nosotros fue hace 93 años. 1922, cuando Marcelo T. de Alvear sucedía a Hipólito Irigoyen. Uno se puede imaginar fácilmente a los futuros “personalistas” y “antipersonalistas” (los intendentes que volvieron al FpV, en primera fila…). Pero ya son especulaciones. Como dijo el gran ciego “El camino es fatal como la flecha   Pero en las grietas está Dios, que acecha“.

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18 respuestas a Peronismo y Pro, desde un costado

  1. Norberto dice:

    Como analista es muy buen poeta, hoy su comentario sobre el peronismo en el programa de Wainfeld fue lamentable, por suerte estaba Quevedo y puso las cosas en su lugar, nunca entendí como un tipo inteligente aunque tibio como Wainfeld esté entusiasmado con semejante pedante.
    Nunca menos y abrazos

  2. Raúl C. dice:

    Abel:
    Respecto a la moderación y el extremismo: no solo la distancia entre los dos proyectos de país no es moderada.
    Desde hace varias décadas tengo la impresión de que en este país, en contra de las denominaciones convencionales mediáticas, el poder económico y su manifestación política, la derecha (o gorilismo), son quienes no tienen moderación alguna.
    Salvo que alguien me recuerde alguna situación en la que ese poder haya negociado algo (con alguna fuerza política de signo más popular o no comprometida con ellos) y cedido algo. Yo no las recuerdo.
    El punto extremo fue el Proceso, pero de allí en adelante hay múltiples ejemplos de la actitud de ‘no negociamos nada’.

    En lo económico, no hay más que observar quiénes llevan la voz cantante como comunicadores. Son de lo más extremista que se puede encontrar en esa disciplina: Consenso de Washington, Chicago, Austria, anarcocapitalismo…
    Un caracterizado miembro de esa cofradía era el que decía ‘los keynesianos son buena gente, yo tengo un amigo keynesiano…’.

    Dicho esto, es interesante la caracterización de CFK (y de Néstor). También pienso que fueron gobiernos muy moderados, salvo…
    salvo en la puesta de límites, las declaraciones principistas y sobre todo- la NO transacción con algunos de los que nunca transan.
    Eso fue muy novedoso y transgresor.
    Alguien cambió la costumbre de que fueran siempre ellos los que avanzaban.
    Al ‘no retrocedo un paso’ se le respondió de manera acorde. O se tomaron caminos alternativos para hacer el aguante sin dejarles poner el pie adelante a esos sectores.
    Fue una ‘moderación dentro del principismo’, diría yo.

    Y eso es lo que parece que va a faltar. Ojalá me equivoque muchísimo.

  3. Silenoz dice:

    Ja ja…

    Ud. es my benévolo con un kernerista desencantado vuelto a desencantar por que le coparon “la avenida del medio” que fundara un “no tan moderado (¿¿??) Massa”..

    No se por qué me hizo acordar ayer al “Adolfo” en lo del gato Sylvestre repartiéndoles con el peronómetro a todo el mundo… tanto es así que el Gato le mandó que era el último peronista… ja ja..

    Saludos

  4. Qué buenos que son tus posteos, precisos y fundamentados.

  5. guido dice:

    Donde coincido mucho con ese texto es en algo que de tan evidente, es muy notable que la analistología insista en negarlo sin convicción: la afirmación convencional sobre la “crisis de los partidos” está bastante fuera de lugar.
    Cada vez más, parece un lamento plañidero de quienes, por distintos motivos, no encuentran un espacio que los pueda representar.
    Pero el peronismo está mostrando (y no desde ayer, eh) una articulación y solidez que desmiente claramente la idea de que “la gente solo vota candidatos” (no estoy diciendo que no sean importantes, por supuesto. Lo son, y mucho).
    Argentina tiene partidos y coaliciones fuertes, divididos en base a líneas ideológicas claras, o al menos todo lo claras que pueden sera aquellas que aspiren a gobernar mayorías, es decir a contener diferencias internas fuertes mediante denominadores comunes. No tenemos un sistema político en crisis, tenemos uno extremadamente sólido y felizmente competitivo.

    O sea, no se como, pero la democracia nos salió muy bien.

    • No se.
      Aquí en Entre Ríos recientemente se reformó la ley electoral y se establecieron las PASO, para las elecciones provinciales. En el FPV se presentaron una media docena de candidatos a la gobernación, que iniciaron la campaña de discursos y pegatinas de práctica. A las pocas semanas, el gobernador ordenó que se bajaran todos los candidatos, salvo su delfín, y todos obedientemente lo hicieron. Algo parecido al baño de “humildad” obligatorio del orden nacional. Puede que exista un partido fuerte, pero para nada democrático, que poco tiene que ver con los fines que deben cumplir tal clase de organización, así la fortaleza se convierte en su debilidad y el mandato constitucional (art. 38) de la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, se convierte en letra muerta..

      • guido dice:

        ¿Que fines debe cumplir tal clase de organización? Yo entiendo que debe canalizar la representación política de los ciudadanos para resolver los conflictos propios de cualquier formación social por los medios pacíficos estipulados en la constitución. ¿No lo hacen?

      • Guido:
        Pueden que lo hagan, pero no es desde la cúpula, sin debate entre los miembros de la organización política, la forma como deben solucionarse los conflictos en una sociedad democrática. El dedazo también es una forma de violencia política.

      • guido dice:

        No me animaría a opinar sobre la interna política del peronismo entrerriano, sería demasiado audaz. Conozco la bonaerense, y ahí hay MUCHA vida política.

      • Silenoz dice:

        No creo que sea más violento que las regurgitaciones carriotistas de los burócratas de escritorio y adláteres del voto calificado -republicanistas hipócritas- que se disfrazan de demócratas consensualistas vía una interna entre un tunante y 2 cuatro de copas…

      • Bueno, algunos son partidarios del voto calificado, otros más bien parecer serlo del voto descalificado. Ninguna sorpresa. Hay que renovarse muchacho.

      • Guido:
        Aquí en Entre Ríos hay mucha vida política, vida y avivados. La semana pasada se cerró una alianza muy grande con toda la oposición, salvo un sector del socialismo, que asustó a los dueños del “proyecto”.
        Como los dueños del proyecto, son también de la legislatura provincial, ya se está buscando una solución, volviendo a cambiar las reglas del juego electoral:
        http://analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=220504

  6. Capitán Yáñez dice:

    Tiburones… moderados… no tan moderado… sangre.
    Meu Deus… qué ensalada.

  7. Peruca que cita a Borges, es gomía.

  8. El cínico cancherito este, ex Cámpora devenido en Lucas Carrasco con linda prosa, me tiene los huevos llenos. Critica la “sobreactuación” porque él es tan capo que no se come ninguna vistess

    Pero que lindo escribe e ironiza, eso sí.

  9. Carlos G. dice:

    Coincido con el Comandante Cansado.
    Me fastidié con la superficialidad del “análisis” y lo sesgado de la mirada de MR y me encontré muy representado por los cuestionamientos posteriores de Abel.

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