Música para el fin de semana – Viyan Peyman

Viyan Peyman. No conocía ese nombre. Lo leí por primera vez cuando me enteré de su muerte en un combate contras las fuerzas del Estado Islámico, este 6 de abril. Por esas conexiones extrañas de los blogs, fue en el del Comité de Amistad Chileno con el Pueblo Saharaui, independentistas del norte de África. Me llevó a uno de su pueblo y su causa, Actualidad Kurda, y de ahí a escuchar su voz. Y quise compartirla con ustedes. Porque cantaba y combatía, y era hermosa. Resuena con historias que uno conoció.

Por mi parte, conozco poco de los kurdos y sus luchas. Sé que son una de las naciones musulmanas del Medio Oriente, con identidad étnica y cultural de siglos – a ella pertenecía Saladino – que vivían en el “Estado Universal” (clasificación de Toynbee) que era el Imperio Otomano. Que no estaba dividido en territorios exclusivos para cada nacionalidad. Por eso mis conocimientos históricos sobre ellos empiezan con la desintegración de ese imperio, al final de la Primera Guerra mundial. Un tratado les reconoció fronteras. Otro lo anuló. Crónica de una tragedia anunciada, cuando se quiere construir un Estado Nación homogéneo – el concepto europeo – en una región donde la idea tiene algo menos de cien años de antigüedad. A los reyes en Europa le costó mucho más tiempo.

Encontré también un homenaje argentino, y casualmente, la traducción de esta canción, Kobanê, en un suplemento feminista de Página 12. Pueden leerlo ahí. Me limito a copiar las estrofas “Hoy otra vez nuestras chicas y nuestros chicos kurdos han convertido sus pechos en escudos frente a los tanques y bombas / Ay madre, ¡pobre de mí! / Hoy imagino a las madres de Kobanê en las calles llorando, imagino a los niños, las niñas, los ancianos y las ancianas gritando de dolor y rabia”. Y a agradecer que los pequeños conflictos nuestros que se dirimen este fin de semana en Santa Fe y Mendoza son mucho menos trágicos. Ventajas de la democracia.

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4 Responses to Música para el fin de semana – Viyan Peyman

  1. La palabra que denomina “soldado” en idioma kurdo es “peshmerga”, y su traducción literal es: “Aquel que camina con la muerte”.
    Era lógico que los kurdos vivieran mejor (no sé cuánto mejor) en un imperio gigante, como el 2do Otomano, donde se hablaba oficialmente en 18 idiomas y circulaban libremente los ciudadanos de todas las etnias sometidas al mismo. No me creo ni un segundo que la sumisión de tales etnias haya sido pacífica, o que la tolerancia religiosa y cultural posterior de los emperadores y pashás turcos sobre los sometidos haya sido totalmente benevolente.
    Por su alineamiento con las Potencias Centrales y sin haber perdido jamás una batalla (la mayor, la del intento inglés de desembarco en Gallipoli, la ganó por goleada), el Imperio Otomano perdió casi todo sus territorios satélites en manos de los Aliados, que crearon repúblicas y reinos a su antojo, tomando a veces en cuenta los intereses de las mayorías étnicas regionales, pero mayormente los suyos propios como imperios triunfantes.
    Ante el desguace, el Estado Otomano implotó: los Jóvenes Turcos, altos y medios oficiales seguidores de Kemal Attatürk, derrocaron al emperador por inepto y corrupto, y desde el Cáucaso hacia el Oeste, trataron de mantener bajo control turco siquiera una parte, la central de la meseta de Anatolia y terrenos costeros colindantes. Lo lograron a medias.
    Para garantizar plena libertad religiosa a quienes quisieran seguir siendo ciudadanos de la república turca, abolieron el control de las mezquitas sobre la población, y hicieron del ejército un bastión de laicismo militante, abolieron la vieja grafía árabe (que se lleva mal con la fonética turca) para poder impartir educación primaria obligatoria más fácilmente, y hasta le impusieron a su propio pueblo el uso de apellido, en tierras donde la gente se trataba entre sí por el nombre propio más otra palabra que designara el parentesco o el grado social. Pero los kemalistas fueron tan implacables y crueles como lo habían sido los sultanes con quienes quisieran tener cierto grado de autogobierno en territorio “propio”: la masacre de 1,5 millones de armenios está ahí para recordarlo. Habrá empezado en tiempos del sultán, pero la pepetraron los mismos oficiales que lo derribaron, y jamás se arrepintieron de lo actuado.
    Viví un mes entero en Turquía a fines de los ’80, cuando ésta salía de un gobierno militar cuya ferocidad no fue mucho menor que la de nuestro Proceso, y la nueva democracia emergente (tan limitada por los milicos como aquí la de Alfonsín) hacía tratados de agua por petróleo con los saudíes.
    Bajo el paraguas de estas negociaciones, los saudíes invertían toneladas de dinero en construir miles de mezquitas nuevas en las aldeas de la meseta de Anatolia, y empezaban a mover los hilos de los partidos islamistas locales, residuales e inoperantes desde épocas de Attatürk.
    En consecuencia, se reavivaban conflictos culturalmente declarados extintos: algunas mujeres entablaban juicios contra el estado para garantizar su derecho a concurrir a las universidades usando velo sobre la cara, por las calles de Istambul (aunque no así de Ánkara) se empezaba a ver grupetes de mujeres trajeadas como pingüinos, chador a la usanza iraní desde la punta de la cabeza hasta los pies, con sólo los ojos a la vista, y diarios equivalentes a Clarín, como el Hürriyet, discutían ampliamente en dobles páginas centrales si un nadador debía o no tragar agua de la pileta que ingresara involuntariamente a su boca si estaba practicando crawl en medio del Ramadán.
    La gente de los partidos laicos de izquierda y de derecha, así como la del ejército, que era otro partido más pero sin representación oficial parlamentaria aunque con muchos fierros e influencia, se agarraba la cabeza de desesperación ante este rebrote de la Edad Media. El Partido del Justo Sendero (obviamente el islámico) se relamía. La gente de los servicios secretos, bien engrasados con guita saudí, también, y se preparaba para el regreso de la Sharia cuando se pudiera.
    En cuanto a la numerosa población rural, repartida en decenas de miles de viejísimas aldeas, no sé si se habían enterado siquiera del laicismo de Attatürk, aunque ya habían pasado tres generaciones por la escuelita laica estatal, y seguían sin usar apellido, aunque legalmente se los hubieran impuesto.
    El dilema kurdo, esa otra gran minoría islámica con idioma y cultura propios, fue heredado también por los Jóvenes Turcos y tratado del mismo bestial modo que el conflicto con los armenios. De sentarse a negociar un territorio propio y ciertos grados de autonomía en cultura y religión, minga. Les mandamos el ejército, y a otra cosa. Y así siguió Turquía todo el siglo hasta bien entrados los años ’80.
    Pero también sucedió lo propio con las regiones kurdas de los estados en que se desgajó el viejo Imperio Otomano: Saddam Hussein rociaba las ciudades kurdas de su Irak con iperita y luego con gases nerviosos. Y muy motivado, en su caso, por la riqueza petrolera que el norte kurdo tenía bajo los pies. Assad, en Siria, no los trató mejor.
    Y ahora son los del ISIS quienes tratan de eliminar a los kurdos del mapa. ¿Hay alguna minoría étnica más perseguida que los kurdos en Medio Oriente y Asia Central, luego de la de los judíos en Europa? Lo dudo.
    Abel apunta bien con el dedo cuando dice que fue el reparto del mundo entre los ganadores de la Primera Guerra Mundial lo que precipitó tantos posteriores espantos sobre esta zona del planeta. A sus aforismos sobre enemigos de ayer que se vuelven aliados mañana, añadiría el de que a veces, incluso subsumido como minoría dentro de las tripas de un imperio relativamente tolerante, como lo fue por momentos el Otomano, podés estar mejor que cuando ese marco de referencia explota y empezás a ser el blanco del odio de cuatro o cinco estados nuevos y decididos a ensayar el filo de sus bayonetas con tu gente, de parla y costumbres extrañas para la mayoría, y que súbitamente pasó a ser considerada “una pesada herencia étnica del gobierno anterior”.
    Qué linda y desgarrada voz, la de esta peshmerga de Kobané.

    • Abel B. dice:

      Muy bueno lo tuyo, Daniel, como de costumbre. Una sola corrección te quiero hacer: los “Jóvenes Turcos” NO eran ” seguidores de Kemal Atatürk”.

      Fueron una logia militar que tomó el poder – al estilo de las “Juntas” latinoamericanas – en un Imperio corrupto y desmoralizado bastante antes de la 1° Guerra. Sin derrocar al Sultán.

      Tenían un programa modernizante, pero también las debilidades de un gobierno militar: aventurerismo y brutalidad. Ellos fueron los responsables de las deportaciones y matanzas de armenios.

      Kemal Pachá, era un oficial más, eclipsado por delirantes carismáticos como Enver Pachá. Pero fue el héroe de Gallipoli.

      Frente al desguace del imperio, que vos describís, surge para organizar la resistencia de los turcos étnicos (bah, culturales y linguísticos). Y derrota a los griegos y a las Potencias aliadas.

      Toma el poder – represivo, pero sin genocidios – y conduce un proceso de modernización laico. Impresionante. El más exitoso del mundo musulmán, a la fecha. Un dictador militar cuya herencia es la Turquía moderna. Una Potencia mediana en crecimiento. Pero … que está reforzando su identidad islámica. Dirían ellos “Dios es grande. Más que Kemal”.

      Abrazo

  2. CV dice:

    Buen post. Muchos kurdos son yasidíes.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Yazidismo

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