¿Qué hacemos con Brasil?

octubre 27, 2014

Joaquin Torres Garcia 04

Pueden decir que soy un plomo, y es probable que tengan razón. Pero quiero invitar a los argentinos que festejan la victoria de Dilma Rousseff en las elecciones brasileñas – yo soy uno de ellos, aclaro – a hacer una pausa para reflexionar: ¿Cómo sigue?

Este planteo no es uno de los que abundan hoy a la mañana en los medios, que analizan – o torturan – los números de ese triunfo para hacerles decir lo que esos voceros ya venían diciendo antes – en algún caso, basados en un pronóstico distinto. No. Más que una moraleja, les propongo una pregunta, con un enfoque diferente.

Y me apuro a hacerla porque estos cuatro años más de gobierno del P.T. – seguramente la más cercana al oficialismo argentino de las opciones posibles en nuestro vecino – inclinarán a muchos militantes “nac&pop” a esperar – a no pocos, a seguir reclamando – que Brasil se ponga a la cabeza del proceso de integración suramericana, dándole un contenido bien populista, además.

Les adelanto mi opinión, compañeros: No lo va a hacer. No más, tal vez un poco menos, de lo que ya ha estado haciendo en esa dirección. Que es mucho más, seguro, de las expectativas “realistas” de quince años atrás. Pero mucho menos de lo que se necesita para transformar en irreversible el proceso de construcción de una unión política y económica sólida en la América del Sur.

El análisis, y la argumentación, de este planteo lo tengo que desarrollar en varios posteos, si ustedes y yo tenemos paciencia. Lo que voy a decir ahora es simplemente que el nuevo gobierno del P.T. y, sobre todo, Brasil mismo, tienen menos capacidad para ejercer ese liderazgo de la que tenía cuatro, seis años atrás. Lo que no significa negar, ojo, que Brasil es el Estado nacional más poderoso del subcontinente, y un socio necesario, fundamental, en cualquier política de conjunto.

Esto último me pareció muy necesario decirlo porque dos inteligentes comentaristas, que hacen sesudos aportes al blog, Marcelo Arndt y Daniel Arias, y no sólo ellos, han insistido en los últimos días que con Brasil, y también con Uruguay, falta el “affectio societatis” necesario para construir esa unión.

Amigos, en las uniones de naciones, aún dentro de las naciones, no es un factor decisivo la existencia previa de afecto. Al menos, yo no detecto una afección profunda y sincera de los franceses en general por los alemanes en general. Ni siquiera de los cordobeses en general por los porteños en general. O de los santiagueños por los tucumanos.

El elemento decisivo más frecuente, la historia nos lo dice, es un enemigo peligroso común. A mí se me ocurren algunos candidatos en el caso de la América del Sur, pero al no haber ejércitos invadiéndola es difícil que todos nos pongamos de acuerdo en enfrentarlos. Ni siquiera existe hoy ese acuerdo dentro de nuestros países…

La historia también nos muestra otro factor muy común en la construcción de una unidad sólida, aún de una Patria: un Estado victorioso en la guerra y con voluntad de unificación: Prusia para Alemania y Saboya para Italia en el siglo XIX, Castilla para España en el siglo XV, el reino de Qin para China algo más de dos mil años atrás… Eso tampoco está entre las opciones realistas en el presente de Suramérica, y es mejor así.

Al mismo tiempo, los acuerdos son necesarios, o “nos devoran los de afuera”. Entonces compatriotas me parece que la pregunta del título sólo se puede responder si la dividimos en dos, estrechamente vinculadas: ¿Qué podemos hacer con Brasil? ¿Qué podemos hacer sin Brasil? Y tengamos claro que responder a la segunda pregunta depende de nuestra iniciativa, y también de que podamos convencer a la otra mitad de la América del Sur, la que habla castellano, que tenemos sus intereses y su destino en cuenta. No será fácil.

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Dilma: 4 años más

octubre 27, 2014

LULA-Y-DILMA

Dilma Rousseff fue reelecta en Brasil. El amigo Otto Rock acertó en su pronóstico, y también este humilde blog, aunque lo anticipó con más cautela y menos confianza. Con buen motivo, porque la victoria, con el 51,64 % de los votos válidos, fue la más ajustada de las que logró el P.T. en elecciones presidenciales. Muy ajustada.

Es cierto que, como me señaló enseguida mi socia Flor Benson “se gana o no se gana“. Y Dilma, Lula, el P.T., y también los que optamos por una estrategia de desarrollo apoyada en el mercado interno y en la construcción de un bloque suramericano, ganamos.

Igual, necesitamos tener en cuenta esos resultados, que nos muestran que los pueblos no han dado, ni darán, un cheque en blanco a esos nobles ideales. Quieren realidades concretas, y lo bien que hacen. Entonces, el apoyo popular a esa estrategia – la única ventaja intrínseca que tiene sobre otras – es algo que debe ser ganado y conservado día a día.

Esta advertencia, obvio, no es solamente para Brasil.


Los “Tea Party” argentinos

octubre 26, 2014

tea partyQuiero aclarar de entrada de qué estoy hablando. En Estados Unidos el Tea Party es hoy la expresión política que suma a un sector, heterógeneo, sí, pero que tiene una identidad con profundas raíces en la historia y en la política norteamericana. Y esas raíces (el horror, el horror) están muy empapadas de populismo. Lo que no es contradictorio, ojo, conque lo financien los multimillonarios.

Su planteo es anti elitista, anti intelectual, y muy nacionalista (“americano” lo llaman, porque no se interesan en otras naciones y mucho menos en el resto de “las Américas”). Sienten un profundo rechazo y desprecio hacia los círculos de poder tradicionales de Washington, New York, y la Costa Este en general. A los que los ven como ricos, sofisticados, intelectuales, progresistas, poco patrióticos y algo putos.

Hago este resumen, superficial, para que ustedes tengan una idea de las profundas diferencias entre un “red neck” típico, votante de los republicanos (si llevan un candidato bien antizurdo y en contra del control de las armas de fuego) y el lector medio de La Nación. Y también de en qué se parecen.

Sobre esto último me hizo pensar un comentario reciente de mi amigo Eddie, argentino, judío, que ha vivido 25 años en California y que ahora reside en Georgia (donde los blancos pobres eran del Tea Party mucho antes que existiera). Dice Eddie:

Supongo que aludís (se refería a un comentario mío, al pasar, sobre el coloquio de IDEA) a ese abogaducho que “exigió” ver el diploma profesional de la doctora Fernández de Kirchner. Quizás lo hizo para no ser menos que nuestros republicanos aquí en USA, que siguen pregonando que el Presidente Obama es un musulmán marxista nacido en Kenia y “exigen” ver su certificado de nacimiento en Hawaii (ya lo vieron pero no les gusta). En todas partes se cuecen habas, como quien dice“.

Eddie tiene razón. Y, en un blog con inclinación al análisis político como éste, tengo que decir que me parece que las “habas” locales, el sector visceralmente anti K, está cumpliendo un rol similar en la política argentina al que cumplen allá: son un núcleo duro, y numeroso, de la oposición, que le da empuje y la obliga a definirse. Como hace el Tea Party con el Partido Republicano. Y en la misma forma, aseguran que no pueda ser una opción de gobierno, por más errores que cometa el oficialismo.

Lo que no quiere decir que los republicanos no ganen las elecciones legislativas ahora en noviembre, eh. Pero eso lo vemos en otro posteo.

ACLARANDO MÁS: Los comentarios de Daio y Andrés (anti K y K, respectivamente) me hacen pensar que no me expliqué bien. O que algunos (discúlpenme) leen solamente los títulos.

No estoy diciendo que los Tea Party estadounidenses se parecen a los argentinos que se caracterizan por llenar las redes sociales y los foros de los diarios con ataques a la Yegua Korrupta. Ni en la ideología ni en el origen social. Solamente como un pequeño ejemplo: los de allí son, sin excepción, nacionalistas y patrioteros. Los de aquí, no.

La similitud funcional que encuentro es su rol dentro de las respectivas opciones políticas en las que se mueven: la oposición republicana a Obama, la oposición cualunquista al kirchnerismo. Su activismo enconado – estimulado además por determinados comunicadores sociales – condiciona el discurso y hasta las estrategias de los candidatos de esos sectores. Y, por eso mismo, hacen muy difícil que esos sectores elaboren una propuesta electoral que convenza a las mayorías indiferentes o aún descontentas “Mejor nos quedamos con estos. Fíjate si estos locos llegan a tener la manija…”


Eligiendo: Brasil, Mercosur y después…

octubre 25, 2014

corcovado

En este blog se discutió sobre la elección de este domingo en Brasil. Bueno, todos los argentinos politizados, y unos cuantos que no lo están, también lo hicieron, y han tomado partido. En los últimos días, traté de decir que una gran parte de ese debate tomaba posturas ideológicas y temores nuestros, que no son exactamente los mismos que los que mueven y sacuden a Brasil. Y que no terminarán con los resultados de mañana.

Me interesa marcar, en particular, una crítica que algunos economistas heterodoxos “nac&pop” como Claudio Scaletta y Mariano Kestelboim hacen a las políticas que ha seguido Dilma Rousseff y que distinguidos blogueros – Oscar Cuervo, Artemio López tomaron con fuerza. El título fue Una política más conservadora que la que Brasil tuvo en estos años es difícil de imaginar

El punto básico (no el único) es la política antiinflacionaria que ha seguido consistentemente Dilma (y antes que ella, Lula). En particular, las “metas de inflación”, que todo buen nac&pop, entre nosotros, parece que debe considerar un invento del demonio neoliberal.

Por mi parte, confieso que no considero a la inflación beneficiosa siempre y en todo momento, y me preocupo cuando llega a los dos dígitos por año. Supongo que soy un conservador. Al menos de la coherencia. Porque me asombra que esos mismos economistas y comunicadores nos advierten, con razón, de los males que traen las devaluaciones. Sucede que no son ni causa ni efecto de la inflación: son parte de ella. ¿O si el combustible, los alimentos y el transporte aumentan, el dólar y el peso uruguayo, por ejemplo, van a seguir con el mismo precio indefinidamente?

De todos modos, esa no es la discusión en Brasil. Ni el P.T. ni sus oponentes tienen la más remota intención de abandonar esas políticas. Ni es creíble que el gobierno de una reelegida Dilma Rousseff, lo que aparece hoy como lo más probable, abandone su alianza explícita con sectores del empresariado brasileño. Esos empresarios no tienen la cobardía civil de los nuestros: participan abiertamente en política para defender sus intereses, y no tienen que desahogarse aplaudiendo figuritas que hacen ataques mezquinos y un tanto ridículos.

Entonces ¿cuál sería la pelea real por la dirección que va a tomar Brasil? La pelea que, repito, no concluye mañana, sea cual sea el resultado. Se me ocurre que la mejor descripción la encontré hace algunos días, en un reportaje de (no es sorpresa) Marcelo Falak. Copio los párrafos que me parecen claves.

“… La decisión más trascendente: A punto de agotarse un modelo de acumulación basado en tasas de interés internacionales muy bajas, abundancia de capitales, un dólar débil y precios de las materias por las nubes, ¿cuál será el que se imponga?

La primera vuelta brasileña permitió registrar dos visiones contrastantes en torno a esta cuestión. La del Gobierno de Dilma Rousseff, donde hay conciencia de que es necesario reformular el “modelo”, pero sin renunciar a su base: la preeminencia de un mercado interno fuerte. Enfrente, el alto empresariado, expresado de modo inmejorable por el candidato “socialdemócrata” Aécio Neves, apuesta a una apertura comercial amplia. Las dos posturas, en plena pugna, no parecen dejar demasiado lugar a posiciones intermedias

Una definición de Carlos Eduardo Abijaodi, director de Desarrollo Industrial de la Confederación Nacional de la Industria, resultó particularmente ilustrativa al respecto. “Si no hay reformas, ni el mercado doméstico se va a mantener. El propio Gobierno sabe que no se puede mirar sólo a él”, le dijo a este periodista en una entrevista reciente, realizada en la sede empresarial en Brasilia, en el Sector Bancario Norte. El empresario de Minas Gerais, el terruño de Neves, agregó que el mercado interno, “sobre todo si se pierde el de la Argentina, que se está reduciendo, no sustenta nuestra industria, ni trae innovación, ni tecnología, ni inversión, ni agrega nada”. Es una postura fuerte para un país que supera los doscientos millones de habitantes.

Si pensamos entonces, sin abusar demasiado del concepto, en el actual Mercosur como un mercado interno ampliado, relativamente abierto y relativamente protegido por un arancel externo (más o menos) común, es fácil suponer que a esos sectores del gran empresariado brasileño que aspiran a jugar en las grandes ligas, el bloque ya los convenza poco. Su pálido rostro actual, sus múltiples perforaciones, la debilidad de la demanda interna en momentos en que sus tres principales economías se encuentran estancadas o directamente en recesión (Brasil en primer caso; la Argentina y Venezuela en el segundo) son factores que no ayudan, precisamente. Tampoco colabora el descrédito que le provoca a la “marca Mercosur” una Argentina inmersa en una crisis de escasez de divisas ya demasiado prolongada, que la lleva a pisar importaciones, a diferir pagos y a bloquear la repatriación de remesas de las empresas extranjeras.

Por todo esto, Neves, fiel exponente de ese modo de pensar, propone “flexibilizar” el Mercosur. “Su Brasil” debería imponer su agenda de apertura fuerte hacia otros bloques y países, y si los socios se oponen, tendría que terminar con la unión aduanera y revertirlo a una simple zona de libre comercio. Con empresas menos competitivas que las de los nuevos socios eventuales (europeos, asiáticos, estadounidenses), ese Mercosur bonsái tendría definitivamente gusto a poco.

En la Plaza de los Tres Poderes, en el palacio presidencial del Planalto, Marco Aurélio García explicaba, poco después, cuál debe ser la estrategia para relanzar el Mercosur, entendido como una suerte de mercado interno ampliado que es necesario seguir estimulando desde los Estados.

Dentro de un replanteo del bloque que tampoco el Partido de los Trabajadores quiere eludir, el asesor especial de política internacional de Dilma, virtual “canciller” para la región, insistía en que hay que definir “si vamos a llevar adelante un proceso de sustitución de importaciones regional. La Argentina plantea mucho eso, sobre todo en el sector de autopartes (…) El reto para toda la región es restaurar la idea de un crecimiento acelerado”.

El funcionario ve a Brasil, claro, como eje de esa estrategia. Para él, se viene una era de “complementación industrial” y pone como ejemplo lo que puede generar la explotación a gran escala de los yacimientos petroleros del lecho marino a partir de 2016, oportunidades de negocios inmensas para empresas regionales capaces de ofrecer obras de infraestructura y de proveer servicios, equipos, barcos. “Todo eso impactará en el desarrollo industrial del país y de la región. Ésta debería ser, por ejemplo, una de las cuestiones a negociar en el Mercosur”.

Corresponde que aclare que ninguna de esas dos posturas me parecen completas y definitivas, ni mucho menos. El sector empresario brasileño, penetrado por las multinacionales pero menos que en Argentina, no va a regalar su mercado gratuitamente. Porque ni la Unión Europea ni los EE.UU. están dispuestos a abrir, en la práctica, sus sectores sensibles. Y el descenso del precio del petróleo hace que los costos que requiere explotar los yacimientos submarinos de Brasil, como los nuestros de “shale” en Vaca Muerta, alejan, al menos por un tiempo, la posibilidad de un boom.

Pero no importa. Más allá de los proyectos, es y seguirá siendo la defensa del mercado interno, que es la defensa del trabajo nacional, frente a la lógica globalizadora en busca de los menores salarios y la menor protección al medio ambiente, el enfrentamiento real en Brasil. Y también en Argentina.


Música para el fin de semana: El vuelo del moscardón

octubre 25, 2014

Rimsky Korsakov: El vuelo del moscardón, dirigido por Zubin Mehta. Un interludio que escribió el ruso, supongo, casi jugando. Doscientos segundos de puro virtuosismo. Para los que lo aprecian. Entre ellos, yo. Por lo general, no me atraen mucho este tipo de proezas, pero aquí hay belleza también.


¿Sabían que el domingo también hay elecciones en Uruguay?

octubre 24, 2014

Daniel Scioli Tabaré Vázquez

El sarcasmo en el título se dirige también a mí, eh. Aquí y en el resto de la blogosfera – y en otros lugares menos serios, como los medios – se ha hablado mucho de las elecciones en Brasil, y muy poco de la que este domingo tenemos en la orilla de enfrente.

No tiene que ver con el tamaño de ambos países. Uruguay es sólo un poco más pequeño que Siria, que aparece bastante en los medios internacionales. Sucede que su política y su sociedad es más tranquila que la nuestra y aún que la brasileña, y por eso nadie espera cambios dramáticos.

Sobre Argentina y Uruguay, ya me pronuncié aquí, en un momento de la relación entre nosotros, hace justo un año, más conflictivo que el presente. Ahí también subí un texto emotivo y elocuente del Dr. Miguel Ángel Barrios. Por mi parte, me limito a suscribir lo que nos decía en sus charlas el gran Alberto Methol Ferré “Yo soy un argentino oriental. Ustedes son argentinos occidentales“.

Claro, en el plano de la política, no podemos olvidar que son dos Estados, con responsabilidades directas hacia sus respectivos ciudadanos. Algunos argentinos, por ejemplo, están fastidiados por las facilidades que ofrece Uruguay a otros argentinos para la fuga de capitales (ahora menos, desde que entró en vigencia el pacto sobre información tributaria entre Argentina y Uruguay).

De todos modos, tengo la impresión que no es el influjo diabólico de los orientales el que hace que haya (muchos) argentinos que prefieren no pagar impuestos. Eso existe hasta en la culta Europa, como podrían contar esos dos amigos del alma, Depardieu y Putin. Y entre nosotros es una historia antigua: Punta del Este la construyeron en los ´50 compatriotas que refugiaban allí de la tiranía peronista los capitales que habían ganado… durante el peronismo.

También hay un problema hidrográfico: Montevideo es un puerto natural de aguas profundas, mientras que el de Buenos Aires debe ser dragado constantemente. Pero eso ya creaba rivalidades cuando gobernaba el Virrey Ceballos. Además, la contaminación previsible de las pasteras provoca tensiones, en un país tan cuidadoso del medio ambiente como el nuestro.

Hoy estoy un poco sarcástico, lo reconozco. Pero hace tiempo que pienso que si Argentina no tiene una política exterior firme en la defensa de sus intereses pero también comprensiva, y encaminada a fortalecer lazos con el Uruguay… no tiene política exterior. Punto.

Y me alegra realmente – aunque corra el riesgo que Artemio López me acuse de desviacionismo consensualista – que el gobernador de la provincia de Buenos Aires y una de las figuras … espectables del oficialismo argentino, se haya tomado el trabajo de hacer un gesto en dirección a las buenas relaciones en el vecindario. De ahí la foto.


“La mayor amenaza a la economía global”

octubre 24, 2014

euro

Les dije hace pocos días que las opiniones argentinas sobre las elecciones brasileñas, en la blogosfera y en los medios, reflejan más expectativas y temores nuestros que la realidad de los vecinos. Eso vale para la oposición, que quiere una “derrota del populismo”, y para algunos oficialistas, que creen que Dilma no es lo bastante populista. Economistas K – ¿neo neo keynesianos de izquierda? – critican con dureza la política antiinflacionaria que en Brasil han mantenido tanto Lula como su sucesora.

Este es un tema, el de la inflación, sobre el que quiero hablar. Creo, aunque algunos encuestadores nos decían “a la gente no le importa tanto” (!?), que es un asunto serio. Pero, para poner las cosas en el marco debido – el del planeta en el que vivimos – primero quiero acercarles una alarma sobre un peligro muy distinto: analistas con las máximas credenciales liberales (económicas) advierten sobre la mayor amenaza, de lejos, que enfrenta la economía mundial. Que provocaría, en corto plazo, el derrumbe del Euro.

The Economist, la revista de información económica más prestigiosa del Atlántico Norte, que, recordarán, recién castigó con dureza a Dilma y dijo que Brasil debe cambiarla por Neves, ha publicado un editorial sobre el asunto. Nos lo acerca, como de costumbre, su lector consecuente, nuestro amigo Víctor Lustig (AyJ). Les traduzco los primeros párrafos:

La economía mundial no está bien. Las noticias de América y Gran Bretaña son razonablemente positivas, pero la economía de Japón atraviesa dificultades y el crecimiento de China es ahora más lento que en cualquier momento desde 2009. Peligros impredecibles abundan, sobre todo a partir de la epidemia de ébola, que ha matado a miles de personas en el África occidental y atemorizó a millones más allá. Pero la mayor amenaza económica, por el momento, viene de la Europa continental.

Ahora que el crecimiento alemán ha tropezado, la zona del euro está a punto de caer en su tercera recesión en seis años. Sus dirigentes han dilapidado dos años de respiro, otorgados por la promesa de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, de hacer “lo que sea necesario” para salvar la moneda única. Los franceses y los italianos han esquivado las reformas estructurales, mientras que los alemanes han insistido en demasiada austeridad. Los precios están bajando en ocho países europeos. La tasa de inflación general de la zona ha caído al 0,3% y puede entrar en franco descenso el próximo año. Una región que representa casi un quinto de la producción mundial está marchando hacia el estancamiento y la deflación.

Los optimistas, tanto dentro como fuera de Europa, a menudo citan el ejemplo de Japón. Cayó en la deflación a finales de la década de 1990, con consecuencias desagradables, pero no apocalípticas para sí mismo y para la economía mundial. Pero la zona del euro plantea riesgos mucho mayores. A diferencia de Japón, el de Europa no es un caso aislado: de China a los Estados Unidos la inflación es preocupantemente baja, y en descenso. Y, a diferencia de Japón, que tiene una sociedad homogénea y estoica, la Unión Europea no puede mantenerse unida a través de años de esclerosis económica y caída de precios. A medida que la carga de la deuda se dispara, desde Italia a Grecia, los inversores tendrán miedo, los políticos populistas ganarán terreno, y más temprano que tarde, el Euro se derrumbará“.  (completo aquí)

La legendaria flema británica está un poco deshilachada, parece (¿tendrá algo que ver su exposición a la deuda?). Como sea, quiero añadir otra noticia reciente que nos muestra que la dirigencia alemana tiene una opinión distinta y – como es tradicional – nervios de acero:

Merkel, inflexible: “Todos, e insisto en todos, los países deben cumplir”

La canciller lanza esta advertencia después que Francia confirmara que rebasará el déficit permitido por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento”  (completo aquí)

Ya les dije que no quiero hacer pronósticos fáciles. Sólo… me acuerdo de una tradición europea más antigua. Decía “A quienes los Dioses han decidido destruir, primero los vuelven locos“.


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