¿Dónde estamos?

mapa geopolitico(cliquear encima para ampliar)

Ahí no, eh. En el territorio abarcado por ese “mapa geopolítico” – las zonas de conflicto e inestabilidad – que me hizo llegar un viejo amigo del nacionalismo peronista (es una redundancia: todos mis amigos del nacionalismo peronista son viejos), no estamos nosotros. Afortunadamente.

Abarca desde Gibraltar y las islas británicas hasta Nueva Guinea y el Mar del Japón. Y no es que la América del Sur no tenga sus propias inestabilidades y sus conflictos, por Dios! Pero no afectan críticamente los intereses vitales de las Grandes Potencias, incluida la que está justo al norte. No requieren su atención, en el grado que lo hacen los que sí están en ese mapa.

Quiero ser preciso en lo que estoy diciendo. Las luchas por el poder, por la identidad o por la supervivencia, que se están dando en el escenario global, tienen que ver con nosotros. Nos afectan. En el posteo anterior, por ejemplo, que me puso a pensar en éste, se habla del plebiscito que se hizo en Crimea para separarse de Ucrania e integrarse con Rusia, y se sugiere que ese hecho, y la reacción de las potencias occidentales a él, afectará la situación de las Islas Malvinas. Una eventual “república Falklands”, miembro del Commonwealth, está hoy más lejos, simplemente porque a los EE.UU. le incomodaría el precedente.

Mi planteo tiene que ver con un concepto que desarrollé en el blog hace unos cuantos años ya: En el 2001 se abrió un espacio con mayores posibilidades de autonomía para las naciones de Suramérica, aún para el resto de América Latina en general, porque la atención y muy pronto los compromisos militares de la Potencia Hegemónica de nuestro hemisferio se volcaron hacia el Arco Islámico: Afganistán, Irak, Irán, Siria…

No quiero decir que EE.UU. dejó de ocuparse de su “patio trasero”. Por supuesto que no. El Área de Libre Comercio de las Américas era todavía un proyecto vigente en 2005, aunque impulsado sin demasiado vigor (La pérdida de puestos de trabajo en los EE.UU. que por esos años atribuían al NAFTA había creado una oposición interna bastante fuerte entre sus propios ciudadanos).

Sobre todo, sus nutridos aparatos burocráticos diplomáticas, militares y de seguridad continuaron ocupándose, y la Triple Frontera en particular y los carteles colombianos y mexicanos les dieron material para algunas fantasías paranoicas (que pueden tener algo de verdad, por todo lo que no sé). El punto clave es que las urgencias principales estaban en otro lado, y los mecanismos de decisión política tenían otros temas en su agenda.

La decisión de Obama de retirar paulatinamente sus tropas – forzada por la evidente imposibilidad de consolidar estados clientes razonablemente confiables, más allá de Israel – y el principio de acuerdo con Irán, hacían pensar que la atención estadounidense podía volver a enfocarse en nuestro hemisferio. Tal vez debamos agradecer a dos hermanos eslavos, Brzezinski y Putin, porque este revival de una moderada Guerra Fría ¿una Cool War?, los obligue a concentrarse en temas más apremiantes del gran tablero mundial. No es por nada, será de tímido que uno es, pero prefiero que el grandote del barrio mire para otro lado.

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