Despidiendo el 2013, con algo de preocupación

máscaras

Pensé que tal vez era mejor terminar el año en el blog con buena música, o con un video que encontré en la página de Fb de mi amigo Roberto Roitman, sobre lo que hace el maestro Luis Szarán con su proyecto Sonidos de la Tierra, educación musical para más de 3.000 niños y jóvenes, en 72 comunidades del interior del Paraguay.

Pero uno debe asumirse como es. Mi vocación es la política, y eso se refleja en el blog. Entonces, voy a volcarles aquí la preocupación que – además de la familia, esfuerzos en marcha, proyectos nuevos y frustraciones viejas – me acompaña en este fin de año.

Los últimos meses no han sido buenos para el gobierno nacional. Eso no es lo que me preocupa;  a nadie le salen bien todas. Las gestiones K tuvieron un contexto global favorable – buenos precios para nuestros productos exportables, que en Argentina y en todos los países «emergentes» es un factor muy importante – y, sobre todo, una gravísima Crisis anterior – la desordenada salida de la Convertibilidad – que hizo que, comparando con la situación inmediata previa, fueran Gardel (En Argentina tenemos la desgracia que demasiados gobiernos han tenido esa «suerte»: Alfonsín, la dictadura; Menem, el desastre económico de Alfonsín).

Tampoco el problema son sus respuestas, o la demora en implementarlas, en muchos casos, frente a las adversidades. Algunas de ellas no me convencen. Y? Mis amigos anti kirchneristas son críticos mucho más duros, y los cumpas kirchneristas mucho más benévolos, pero ni ellos ni yo tenemos la legendaria bola de cristal. El gobierno tampoco. Lo fundamental, el contrato básico que tenemos con nuestros gobernantes, es que gobiernen.

Alfonsín bajó los brazos, después de 1987 y de desvanecerse la (en mi opinión, tonta) ilusión del 3° Movimiento Histórico; Menem, después de perder su chance de (no tengo dudas, estúpida) re reeleccion; Duhalde, después de la muerte de Kosteky y Santillán; De la Rúa… creo que nunca tuvo idea de cómo era gobernar.

Cristina Fernández, descansando en Calafate o no, sigue gobernando. Algunos pensaron (se ilusionaron) que con Capitanich venía otro presidente. Pero no es así. Las decisiones particulares pueden ser «idea de», y eso no importa mucho. La clave es quien tiene la responsabilidad final, y resulta bastante evidente que si no se cambian ministros y si no se empieza a hablar de la «herencia que es necesario corregir» (la forma más fácil de crear expectativa), el compañero Coqui no es el presidente. Quiere serlo en 2015, pero eso es otra cosa (Tal vez sería bueno cambiar unos cuantos funcionarios, pero ese también es otro tema). Además, sobre el kirchnerismo como fenómeno político, ya debatí con comentaristas el fin de año anterior.

Al punto: El problema que yo veo – y que he planteado muchas veces en el blog – tiene su origen en que la realidad económica que este gobierno enfrenta, modifica y administra es una que he llamado, por nuestra historia, «ochentista». Una forma abreviada de decir que hay sectores, importantes pero que no incorporan mucha mano de obra, competitivos internacionalmente, pero muchos otros que no lo son; donde no hay un mercado de capitales local fuerte; donde la mayoría de los grandes grupos económicos son transnacionales y obedecen a una lógica empresaria que trasciende las fronteras de nuestro país.

También en la que los sindicatos no son correa de transmisión de las decisiones gubernamentales, donde hay pobreza y marginalidad, … En particular, donde la capacidad del Estado para influir en la actividad es considerable, pero en la que es un actor más donde hay otros agentes poderosos, y, sobre todo, sectores sociales diversos con ambiciones y expectativas muy distintas.

Es decir, la realidad económica de la inmensa mayoría de los países medianos como Argentina, incluyendo algunos que por su PBI por cápita son considerados «desarrollados», y que también abarca a bastantes países muy grandes. Como por ejemplo, tres de los BRICS: Brasil, India y Sudáfrica. Una economía normal en el siglo XXI, bah.

Ahora, el gobierno enfrenta esta realidad con lo que estimo una ventaja muy valiosa: no está supeditado por completo al favor de los mercados financieros – el elemento decisivo, todavía, en la economía global. Que condiciona, otro ejemplo, a los países europeos, y no sólo a ellos. Y una desventaja no muy obvia: hasta hace pocos años, le resultó fácil ignorarlos, y mostrar que le iba bien.

Bueno, ahora ya no le va tan bien. Y debe encontrar la forma de manejarse en este nuevo marco. No voy a discutir ahora cómo lo está haciendo. Asumo que tomó y tomará decisiones buenas y malas. Lo que me preocupa es que esa historia previa de éxito – éxito en la visión de sus partidarios y de él mismo, justificada por el ascenso de nivel de vida de las mayorías en estos años, que lo llevó a ser reelegido hace dos años con el 54 % de los votos – lo condiciona, inevitablemente.

No señalo triunfalismo en los kirchneristas, ciertamente. Los argentinos somos ciclotímicos en política, y a pesar de los esfuerzos de mi amigo Artemio, lo que noto es desconcierto y, en muchos, desaliento. Dejo de lado a los que veían en los gobiernos K una versión argentina del chavismo (lo mismo que lo acusaban sus enemigos). El chavismo, como el primer peronismo, tuvo su origen en un ejército dispuesto al menos en parte a apoyarlo, y además – condición imprescindible – tiene mucho petróleo, explotado por el Estado. Nunca fue una opción realista para el kirchnerismo, y si algo han sido Néstor y Cristina es realistas en política.

Lo que si me parece que se había incorporado en muchas conciencias K la convicción – como dije hace poco en el blog – que la experiencia iniciada en 2003 había descubierto, en una variante improvisada de un keynesianismo a la argentina, el estímulo al consumo, la fórmula de la Prosperidad Eterna. Los gobernantes – se ve siempre en política – tienden a aferrarse a las recetas que les dieron resultado. Y es inevitable, además, que estén influidos, aunque sea sutilmente, por las convicciones de sus partidarios.

No digo que esté enceguecido por sus propios discursos. Evidentemente, no. Está esforzándose en devaluar el peso y reducir la brecha entre el dólar legal y el ilegal, después de haber declarado que eran propuestas malvadas o delirantes de los opositores. Y – es necesario reconocerlo – trata de hacerlo sin caer en una devaluación brusca – el peor de los errores de los que perciben tarde un problema.

Por eso no es una alarma. Es sólo una preocupación, y a largo plazo. Tengo una razonable confianza en el manejo del gobierno de esa realidad económica que he descripto. Siempre dije del gobierno K que no come vidrio. Agrego que es así de los argentinos en general: acumulan bronca, por los cortes de luz, el aumento de los precios,… Tienen bastantes motivos. Pero saben que alguien tiene que gobernar, que éste es el que hay hasta el 2015. Y ahí verán si alguien les convence que lo hará mejor.

El peligro, para mí, es que los que apoyan a este gobierno, y los que lo cuestionan desde buenas intenciones – suman una inmensa mayoría, me parece – se desilusionen de la política. No es negativo que se ilusionen con lo que el tucumano Ricardo llama «alvearismo», o con lo que el marplatense Guido «conservadorismo popular»: son variantes que enfrentarán también esta economía «ochentista».

Lo grave sería que abandonen la idea de un cambio deliberado para mejor. Este gobierno tiene la responsabilidad histórica, entonces, de no chocar el barco. El experimento irresponsable de Menem fue hecho políticamente posible por el desastre económico de Alfonsín.

Volcada mi preocupación, me voy a seguir volcando los vasos. Termino el año dejándoles dos frases: una de Shakespeare y otra de autor anónimo:

El pasado es prólogo

Feliz Año Nuevo

9 Responses to Despidiendo el 2013, con algo de preocupación

  1. Andrés dice:

    Buenas Abel,

    «El problema que yo veo – y que he planteado muchas veces en el blog – tiene su origen en que la realidad económica que este gobierno enfrenta, modifica y administra es una que he llamado, por nuestra historia, “ochentista”. Una forma abreviada de decir que hay sectores, importantes pero que no incorporan mucha mano de obra, competitivos internacionalmente, pero muchos otros que no lo son; donde no hay un mercado de capitales local fuerte; donde la mayoría de los grandes grupos económicos son transnacionales y obedecen a una lógica empresaria que trasciende las fronteras de nuestro país.»

    Esa realidad tardará décadas en transformarse. Según mi punto de vista, la solución pasará por varias evoluciones paralelas tanto nacionales como internacionales:

    – Abandono del patrón dólar para el comercio internacional ante una megacrisis mayor que la de 2008 (con «weimarización» del USD), estableciéndose acuerdos binacionales por swap de divisas. Eso hiere profundamente la lógica de las multinacionales.

    – Establecimiento de una «pequeña burguesía» nacional que pueda tomar en sus manos los mercados de alto impacto inflacionario (alimentos, indumentaria, salud, etc.) y que sean socios menores del estado a la hora de grandes proyectos. Esa pequeña burguesía puede provenir de sindicalistas inteligentes, líderes de movimientos sociales como Tupac Amaru, pequeños empresarios actuales, etc.

    – Impulso del ahorro a través de la popularización de la operatoria en los mercados de valores.

    – Reevaluación de la relación ciudadano-trabajo: Los avances tecnológicos hacen que cada vez se necesite menos gente para producir lo mismo. A eso se suma que ciertos mercados que generan mano de obra (automotor, construcción) se saturarán y no podrán seguir creciendo como lo hacen. Creo que no será posible darle trabajo a todo el mundo de la manera que queremos, sólo empleos de baja y mediana remuneración en el sector servicios. Lo que digo es discutible, pero es hora de enfrentar una realidad que no nos gusta pero que está ahí.

    Sería bueno que el gobierno primeree en este debate y que empiece a educar al ciudadano en esa realidad. Por ejemplo, mostrar cómo y por qué se industrializaron países como Japón, Israel y Corea del Sur, qué ganaron y qué perdieron, de dónde salió el dinero para solventar su crecimiento, cuáles fueron los patrones de consumo durante las épocas de gran crecimiento, etc. Hubo grandes privaciones en esas naciones durante décadas, y ese fue uno de los precios a pagar para acceder al desarrollo.

    Saludos y feliz 2014,

    Andrés

  2. Mariano T. dice:

    Y de donde salió el dinero para solventar el crecimiento de esos países?

  3. Gerardo josé González dice:

    Buena nota de fin de año, Abel.
    El gobierno encara lo que le queda sin proyectos que presentar.
    Se está produciendo una renovación total en los trenes del AMBA, logro que en este año será realidad en marcha.
    En lo económico habrá estancamiento, que no es en sí malo.
    Mi gran temor es que se ponga en marcha lo que antes se llamó «la espiral inflacionaria». La principal responsabilidad y tarea del gobierno es evitarla. Lo está intentando.
    El Gran Acuerdo de Precios y Salarios es imprescindible.
    Si llegamos al 50%, todo control será imposible.
    Hay que ajustar reduciendo drásticamente las tarifas subsidiadas, una ocurrencia loca de Néstor.
    La tablita del dólar es inflacionaria, en un país que importa mucho.
    En fin, un año sin catástrofes pero con varios problemas.

  4. guido dice:

    Felicidades Abel y parroquianos!

  5. Flics dice:

    Sorrisos espontâneos, escrachados, apaixonados,engraçados, contagiantes, aqueles de orelha a orelha,distribuídos no dia a dia.

    Em 2013, sorrir fez muito bem.

    E queremos continuar assim em 2014.

    Gracias por el blog Abel!

    Flics

  6. Norberto dice:

    Al igual que en los setenta y ochenta del crédito internacional barato, que luego se convirtió en crisis tras crisis al aumentar la tasa de interés cuando no se pudo pagar los servicios, que es básicamente lo que ya paso en ’13 en Turquía, India e Indonesia por poner algunos,ademas y en particular para algunos países de la región, Perú, Chile, Bolivia y Venezuela, por el aumento de los productos fundamentales de sus expos, es decir productos de actividades extractivas altamente apreciados en las dos últimas décadas, tal como sucedió también con Canadá y Australia.
    Pero he aquí una casualidad, que podemos ver a través de la evolución del Gini, y es que a pesar de la apreciación de las respectivas monedas, caso Perú y Chile, que permitieron una baja de la pobreza por ingresos, su estructura de desigualdad del mismo ha permanecido intacta. aunque esto a vos no te interese dado que tu objetivo es uno solo, la baja de las retenciones porque a través de ella lograremos el «derrame».
    Nunca menos y abrazos

  7. Andrés dice:

    Buenas Mariano,

    En el caso de Israel, la ayuda de la comunidad judía mundial y de USA. En el caso de Japón y Corea del Sur, del acceso libre al mercado norteamericano.

    En los 3 casos, el despegue económico de cada país se concordaba bien con los lineamientos geopolíticos de USA. No se aplica para el caso del desplieque económico argentino, que siempre fue considerado un potencial competidor natural de USA, sobre todo en el rubro agropecuario.

    Saludos,

    Andrés

  8. Habría que ver si realmente el chavismo nunca fue una opción realista para el kirchnerismo. Hay que darle un poco de tiempo al análisis histórico para comprobarlo, aunque podemos poner sobre la mesa un par de cuestiones. Primero: Chavez consiguió el control de la justicia por medio de la colonización de la Corte. Aquí cuando Néstor necesito cambiar la integración no tenía los votos necesarios para integrar el tribunal a piacere y ofreció una nómina de jueces formados e independientes. Cuando tuvo los votos necesarios y quiso reformar la justicia, esa Corte le puso un límite. Las intenciones de la «democratización» de la justicia tenían un sesgo que se podía calificar de chavista. Segundo: Todo régimen con tendencias a perpetuarse en el poder -cada uno encontrará en la Ciencia Política su denominación- necesita el apoyo de las fuerzas armadas. La extraña obstinación de la Presidenta con Milani, y las declaraciones del general, que apoya el proyecto de este gobierno, presumiéndose que no apoyará otro distinto a partir del 2015, tienen un cierto tinte chavista. Milani ha dicho recientemente que el «Ejército nació con la Patria», lo que históricamente es cierto si uno se remonta a las invasiones inglesas y la revolución de Mayo, pero el ejército no es la Patria, y esa frase ha sido muy utilizado en nuestro pasado para fines para nada santos, tanto por las fuerzas armadas, como por quienes han ido a golpear las puertas de los cuarteles. Invocar los fantasmas del pasado no es para nada recomendable.

  9. […] Por eso creo que vale la pena empezar repitiendo algo que dije, despidiendo al 2013: […]

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