Lavagna, el macrismo y Pirandello – 2da. parte

enriqueIVLas diversas militancias políticas de la C.A.B.A. ya se están moviendo, por supuesto. Sin ir más lejos, ayer viernes, después que subí la primera parte de este posteo, esforzados impulsores – Gerardo Codina, Echeandía, el tano Caporale – de la Mesa Político Sindical a la que adhiero me recordaban que el martes 5 expone Alfredo Zaiat. Y la Scalabrini Ortiz me invitaba al 1° encuentro del seminario de Enrique Martínez, para el mismo día a la misma hora. Muchachos ¿tienen claro que todavía los porteños de a pie no están pensando en las elecciones? Bah, supongo que sí, y por eso se mueven.

Es cierto que – como dije en esa 1ra. parte, tanto el kirchnerismo como sus opositores han buscado la polarización, que el «tema» fundamental será el apoyo o la bronca con el gobierno nacional. Me pregunto si esa es la estrategia más sabia, para todos los que están en ambos lados de esa línea divisoria. Pero no importa: ya está instalada. Y con el clima «crispado» que vivimos, sería muy difícil, casi imposible, revertirla. Otro «tema», menos decisivo pero importante, será la evaluación del gobierno de la Ciudad. Y ahí también las actitudes son binarias: a favor o en contra. Tolerancia o bronca (adhesión entusiasta no encuentro en nadie por debajo de la categoría de Director; y no mucha allí).

Pero de todas maneras – siempre insisto – las voluntades y las pasiones políticas sólo pueden expresarse en un sistema electoral a través de personas reales, los candidatos. Y ni Cristina Fernández ni Mauricio Macri estarán en las boletas. La lista de candidatos «expectables» expuesta que dí en el posteo es recibida – quizás injustamente en algunos casos – con falta de entusiasmo por la militancia y con indiferencia, mezclada con hastío, por los posibles votantes.

No es que no surjan liderazgos políticos con atractivo electoral para los porteños. En los últimos 30 años el peronismo lo tuvo en Carlos Grosso, el radicalismo en Fernando De la Rúa, el progresismo en Aníbal Ibarra (Ninguno terminó bien, ahora que lo pienso ¿habrá una maldición local, más fatídica que la que afirma que un gobernador de Buenos Aires no puede ser elegido Presidente?).

El hecho relevante es que ahora – nos guste o no nos guste (a mí no me gusta) – ese rol lo ocupa Mauricio Macri. Si recordamos que en 2003 ganó en la 1° vuelta con el 37,6 % de los votos y en la 2° obtuvo 46,5 %; que en 2007 ganó en ambas con el 45,8 y el 60,9 respectivamente; y que en 2011 repitió con el 46,1 y el 64,2 … es difícil discutirlo. (Cifras cortesía de Andy Tow).

Vale la pena recordar la naturaleza del espacio político que hoy encarna Macri: una derecha light, que trata de parecer moderna – no tiene el estilo envarado y catolicón de la vieja derecha argentina – y que rehuye la discusión ideológica, rechazando, eso sí, lo que la abuela Mirta Legrand llama el «zurdaje»; su bandera es la eficiencia, y su ícono es el éxito personal. Al mismo tiempo, no es incompatible con el populismo; tuvo muchos votos, sobre todo en 2003 y 2007, en el Sur de la ciudad, y aún conserva parte del viejo aparato peronista que cooptó entonces, administrado por Cristián Ritondo y Diego Santilli.

Es cierto que suma votos antikirchneristas que no son propios, y no sólo en los balotajes. Pero ese es un fenómeno habitual en nuestra política; también sucedía con el radicalismo, cuando era el Otro del peronismo. Todos los analistas que he leído o escuchado están de acuerdo, en líneas generales, que ese borrador que acabo de escribir es una descripción del macrismo.

Y como los porteños no somos extraterrestres, es obvio que esos votantes existen también en toda la Argentina urbana, en porcentajes distintos que aquí, claro. El hecho que el macrismo siga siendo un partido vecinal – del municipio que es la segunda provincia, eso sí – y que tenga que cooptar figuras o parientes… muestra que la construcción de una fuerza política en serio es un trabajo constante, que requiere años de esfuerzos, y que parece estar más allá de las capacidades de Macri.

La otra deficiencia interesante, porque la comparte con la experiencia kirchnerista, y porque es la clave de la situación actual, es que no ha sido capaz – o no ha estado interesado – en construir liderazgos aparte de quien lo encabeza. De ahí el problema que enfrenta en estas elecciones – igual al de las legislativas del 2009, cuando su porcentaje bajó al 31,2 – al que se añade el desgaste de la gestión. De ahí también las conversaciones con Lavagna.

Roberto Lavagna es una de esas figuras en la política argentina cuya imagen, real o supuesta, entre los votantes los convierte en candidatos aptos para diversas fuerzas, con cuya construcción no han tenido nada que ver. La expresión popular es «frutillas». No es nuevo; las viejas 62 Organizaciones de Lorenzo Miguel recurrían a Raúl Matera, por ejemplo, pero eso era dentro del peronismo. El ex ministro de Economía de Duhalde y de Kirchner, que se define como peronista, fue el candidato presidencial del radicalismo en 2007, y no hizo una mala elección (obtuvo el 16,9 %).

Su candidatura a senador por la capital fue una propuesta de sectores peronistas no kirchneristas. No el peronismo anti K residual, derrotado en 2005 con Duhalde, sino dirigentes sindicales y algunos dirigentes políticos que prefieren … limar la hegemonía de Cristina Fernández, con vistas a una redistribución de poder en el peronismo. Aún lo es; en ella militan peronistas tradicionales como Alberto Iribarne y Carlos Campolongo.

Ahora, la alta opinión que tiene de sí mismo Don Roberto hace difícil que pueda ser un dócil instrumento. Él ya ha anunciado su intención de contribuir a la formación de una Gran Alianza de todas las fuerzas democráticas que se oponen a una eventual reelección de Cristina, de la que, modestamente, se considera el candidato natural. En ese proyecto, aparentemente, coinciden las necesidades tácticas de Mauricio Macri.

Este acercamiento, todavía en pañales, ha alejado de Lavagna a algunos peronistas que se habían acercado por reservas con el verticalismo cristinista; pero seguramente acercará a muchos de diversas orientaciones, atraídos por una posibilidad real de triunfo, y, quizás, de cargos en el gobierno de la Ciudad.

De todos modos, la formación de esta alianza no depende de cuántos dirigentes, partidos y sellos se sumen, sino si un sector considerable de los porteños llega a ver en la candidatura de Lavagna la opción adecuada para castigar al gobierno nacional. Si eso no sucede, el asunto quedará en notas periodísticas. O posteos en blogs.

¿Es posible? Hasta hoy, es una cuestión abierta. El ex ministro ha cometido algunos errores graves, como la tontería de lanzar acusaciones vagas de fraude. Pero acierta al procurar identificarse con la lucha contra la inflación, que empieza a ser, finalmente, una de las preocupaciones de los argentinos.

Veo un lado positivo en esto: hay una buena posibilidad que el oficialismo nacional se vea forzado a buscar soluciones más originales, y más participativas, para encontrar su oferta política para Buenos Aires. Pero también tiene su lado negativo.

Si el asunto me preocupa, no es por los resultados de la Capital (importantes como son, por el peso de sus números en el resultado nacional). Sino porque – por más que no vea ni en Lavagna ni en Macri la madera de los grandes constructores políticos – percibo al macrismo – entendido como una realidad sociopolítica, no como el aparato local que es – una tentación para una parte del peronismo. Las ficciones – nos dice Pirandello en Enrique IV, se hacen reales si se sostienen por mucho tiempo. Una opción peronista domesticada – aburguesada, se decía antes – no alcanzaría, por cierto, para expresar y contener todo lo que hoy expresa y contiene esa difuso y diverso conjunto que es el peronismo. Pero lo debilitaría al dividirlo.

Algunos amigos que, sin ser admiradores de Lavagna miran con benevolencia la propuesta, me dicen que no me preocupa. Que la experiencia kirchnerista, a la que no ahorran críticas, ha producido al mismo tiempo avances irreversibles en la sociedad argentina. De la Asignación Universal por Hijo a una mayor ingerencia del Estado en la actividad económica. Es posible que así sea. Pero, francamente, considero que esos avances todavía son muy limitados, y no han alcanzado a cambiar la sociedad y la economía. No creo que los argentinos debamos contentarnos con los logros que se hayan obtenido, y para lo que falta, se necesitarán fuerzas políticas con sabiduría y garra. El peronismo como lo conocemos podrá carecer de lo primero en muchas ocasiones, pero le sobra lo segundo.

7 Responses to Lavagna, el macrismo y Pirandello – 2da. parte

  1. CineBraille dice:

    «Ahora, la alta opinión que tiene de sí mismo Don Roberto hace difícil que pueda ser un dócil instrumento. Él ya ha anunciado su intención de contribuir a la formación de una Gran Alianza de todas las fuerzas democráticas que se oponen a una eventual reelección de Cristina, de la que, modestamente, se considera el candidato natural». (Me hizo reír). Un buen ejemplo de cómo se puede deslizar una opinión con elegancia y sin abundar en adjetivos sonoros. Para que aprendan varios comentaristas de blogs.

  2. Silenoz dice:

    » la experiencia kirchnerista, a la que no ahorran críticas, ha producido al mismo tiempo avances irreversibles en la sociedad argentina (…) Pero, francamente, considero que esos avances todavía son muy limitados, y no han alcanzado a cambiar la sociedad y la economía.»
    Exactamente, comparto las mismas dudas que vos Abel, por eso no propicio la re re de CFK. Y un buen punto para medir lo que nos preocupa es ponernos a prueba con otro candidato y ver entonces cuán internalizados están los cambios y así, entonces, machacar lo flojo si lo hay para poder pisar en firme y seguir avanzando o profundizando

  3. ANA dice:

    Podríamos ponernos todo de acuerdo por ejemplo sobre lo que es un SANO SOCIALISMO ,ya que eso del egoismo de los gorilones de la clase media está de moda.
    Bueno ,la parte productiva del país que tiene FORZOSAMENTE POR EL GOBIERNO PSEUDO SOCIALISTA que ceder sus justas ganancias las cede.
    Es justo que cediéndolas en este país LOS EMPRESARIOS DEL JUEGO tengan que ser los grandes NACIONALIZADORES DEL PETROLEO.?
    Es justo que llevándose la plusvalía de sus limitadas propiedades EXISTAN villas MISERIAS al lado de las vías y éstas NO TENGAN MANTENSIÓN para que por lo menos a MAR DEL PLATA la gente menos pudiente llegue segura-
    Además la plata de la plusvalía que el gobierno se queda LA GASTEN EN ARRUMBAR vagones de segunta y tercera mano que ni sabían que tipo de trocha usaban y no tengan dinero ni para la corrección.
    Total sean éstos que se dicen peronistas y luego otros que se denominen de otra forma TODOS VAN A SEGUIR CON LA MISMA CANTINELA.
    Vamos hacia un mundo de justicia todos descocados y con gente que bien se aprovecha de la confusión Y LUEGO EL AJUSTE PROGRAMADO SE HACE POR ACUERDO CERRADO.
    Ese relato no acaba más.

  4. Abel B. dice:

    Estimados:

    Este posteo, con muy pocos comentarios hasta ahora, resulta sin embargo una muestra válida.

    2 filo kirchneristas moderados. Y 2 opositores no rábidos. Digo que muestra válida porque se me ocurre que expresa al público que apunta el blog.

    Pero quería señalar algo: Sergio R es un definido y consistente anti K. No le interesa tanto el tema en sí, aunque es articulado, sino pegarle al gobierno. Son muchos.

    Pero ANA es un caso especial. Radical veterana, con mucho tiempo disponible, me bombardea con multitud de comentarios, y de letras mayúsculas, que normalmente van a Spam.
    No es representativa de algún sector politizado numeroso. Pero, ojo, en este coment. que le subí recién, expresa un sentimiento de muchísimos argentinos:
    No les gusta que «en un país tan rico» (vieja frase) existan villas miseria. Pero tiene también otro planteo concreto: Si existen, que eviten que desde ahí asalten o incomoden a los que van en auto a Mar del Plata. (Ojo: no a Pinamar o Cariló, y, por supuesto, no a Punta del Este).

    Creo que son muchos los que sienten así. Pueden ser importantes en, por ejemplo, las elecciones en Provincia de Buenos Aires. Y en la Capital, es un tema q explica muchos de los votos.

    Abrazos

  5. ANA dice:

    No señor ,le dije concretamente que no hagan rodar el TREN A MAR DEL PLATA que lleva gente de menos ingreso que todos nosotros y tiene derecho a ir a refrescarse SOBRE VIAS SIN MANTENCIÓN Y CON TRENES DETERIORADOS.
    Ni con letra de imprenta entiende ,o se hace el que no entiende.

  6. […] se suma, el viejo trabajo de debatir y convencer. Y Alfredo Zaiat es bueno para eso, como ya avisé aquí. Quedan […]

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