Algo sobre el argendólar

mayo 26, 2012

Pablo Tonelli, que es economista pero buena persona, acercó nuevamente uno de sus artículos. Éste encara un tema que hoy forma parte de las preocupaciones de los que tienen motivos para preocuparse: el desdoblamiento del mercado cambiario, los tipos de cambio múltiples. Si estará presente que la Presidente ha considerado necesario decir que no se está preparando “nada raro”. Y tiene razón: ya tenemos tipos de cambio diferentes. El mercado cambiario no es el mismo, por ejemplo para el que exporta soja que para el que importa maquinaria: el primero recibe menos pesos por dólar que los que tiene que poner el segundo.

Esta realidad está oscurecida por un fenómeno que no es tan importante en términos económicos pero muy pesado en la realidad política: El gobierno consideró necesario limitar la compra de dólares por particulares, y eso disparó el precio que está dispuesto a pagar el que los compra “en negro”, o, como se dice ahora, “blue”. Nada nuevo. Sobre el asunto, escribía en el blog en octubre, en enero, … Y se puede sintetizar muy fácil: los argentinos no tienen (todavía) otro instrumento para ahorrar, que conserve – más o menos – su valor y lo puedan convertir fácilmente en efectivo cuando lo necesiten. Entonces, todos van a comprarlo, desde el evasor que quiere llevar su dinero afuera, hasta el trabajador que va a enterrar una lata con u$s 200 para una emergencia.

La nota de Tonelli abarca todos estos aspectos, y también propuestas, como la atribuída a Kicillof, que encaran algunos de ellos. Y se juega con sugerencias concretas. Es técnica, aunque evita las ecuaciones, y su lectura requiere algo de atención. Pero yo siempre digo que el que se interesa en la política no puede “no entender nada” de economía. Así que, en un fin de semana largo, se los dejo para que lo lean. Al final, esta vez no agrego una observación mía, sino un cuadro: Para recordarnos que no somos los únicos jugadores en el tablero.

TIPOS DE CAMBIO MÚLTIPLES Y DESDOBLAMIENTO CAMBIARIO.  APUNTES PARA EL DEBATE.

Por Pablo Tonelli, economista.

Al ritmo del recalentamiento del dólar marginal, que ostenta el colorido nombre de “blue”, azul, en lugar de “black”, negro, que le haría más justicia, volvieron a ocupar el centro de la escena las diversas interpretaciones existentes sobre la política económica oficial y sus instrumentos, en particular el tipo de cambio. La propia Presidenta intervino en el debate afirmando que no se pensaba en desdoblar el mismo en dos o más mercados, iniciativa que la City bancaria y algunos medios financieros afines atribuían a Axel Kicillof, el influyente viceministro de economía, de sólido prestigio académico.

El precio del dólar contra el peso, su cotización, que de eso se trata el tipo de cambio,  genera tanta pasión sectorial en la Argentina porque nuestra economía es bimonetaria, es decir que el dólar constituye la reserva de valor, y el peso sirve para registrar las transacciones (unidad de cuenta) o para la realización de las transacciones (medio de cambio). Este hecho, desgraciado a mi gusto, es consecuencia de sus ciclos económicos pasados y de la vigencia ilusoria de la paridad uno a uno durante la Convertibilidad.

La teoría económica convencional de matriz ortodoxa sostiene la existencia de “tipos de cambio de equilibrio” en los que se iguala la oferta y la demanda de divisas, cuyos fundamentos encuentra en la llamada paridad del poder adquisitivo (ppa) y la denominada paridad descubierta de intereses (pdi).

La paridad del poder adquisitivo compara los precios en cada moneda de una canasta de bienes y su evolución medida por los indicadores que registran la inflación (índices de precios al consumidor) bajo el supuesto de que bienes idénticos deberían tener el mismo precio, o oscilar en torno al mismo precio en todos los países. Como el tipo de cambio compara precios del mismo bien expresado en diferentes monedas, el cociente entre estos precios determina el tipo de cambio y la mayor o menor inflación que hace crecer o decrecer dicha relación indica si un bien está “barato” o “caro” en relación con su precio teórico, la paridad del poder adquisitivo. La revista The Economist publica un índice del BIG MAC, la popular hamburguesa de Mc Donald´s en todo el mundo, tomándola como un indicador aproximado de si los tipos de cambio están atrasados o revaluados.

La paridad de intereses, en cambio basa su análisis en considerar que el movimiento internacional libre de capitales “arbitra” entre las tasas de interés vigentes en el mundo, buscando colocarse y obtener un rendimiento mayor allí donde un país o región paga una mayor tasa de interés por sus colocaciones. El tipo de cambio se mueve en dirección opuesta a la tasa de interés, donde un enorme flujo de capitales ingresa a un país el precio de su moneda tiende a bajar y caso contrario a subir si los capitales egresan.

El tipo de cambio de equilibrio para la concepción ortodoxa combina entonces los equilibrios que se derivan de la paridad del poder adquisitivo y de la paridad de intereses, en un rango que a su vez garantice  el equilibrio de la balanza comercial, es decir sea neutro, no genere déficits ni superávits en la compra y venta de bienes y servicios transables internacionalmente y que también sea neutra la balanza de pagos, con lo que el Banco Central no gana ni pierde reservas internacionales.

Esta concepción llevada a nuestro país  (y con salvedades a todos los países periféricos) lleva a un tipo de cambio cercano a la ppa (paridad del poder adquisitivo) del dólar, en tanto moneda internacional, sometida a su vez a los movimientos de capitales para aprovechar los diferenciales de tasa de interés, que tienden a profundizar la subvaloración de la moneda local en términos de dólar en los procesos de auge y tienen el efecto contrario en cuanto los capitales huyen, dado que el BCRA no atesora divisas ni incrementa sus reservas con intervenciones directas.

Sosteniendo otro enfoque sobre los determinantes del tipo de cambio podemos afirmar que el tipo de cambio  relaciona países y espacios con muy diferentes productividades, sobre todo en el sector industrial, clave del desarrollo y el empleo. Una hora de trabajo en GM (General Motors) en EEUU genera mucho más valor que una hora trabajada en GM en la Argentina, por ejemplo, dada su superior infraestructura, su dotación de capital  y su más elevada tecnología, lo que también genera notorias diferencias salariales. Una estructura productiva desequilibrada como la Argentina, con un sector agrícola que produce a niveles próximos a la productividad internacional y un sector industrial rezagado necesita compensar esa diferencia local e internacional con un tipo de cambio diferenciado para permitir su desarrollo, un tipo de cambio alto.

La política económica llevada adelante desde el año 2003 ha permitido sostener el tipo de cambio en un nivel fijado por las intervenciones del BCRA para permitir reconstruir el entramado industrial y acumular reservas para evitar el endeudamiento externo crónico. La política de retenciones al sector primario permitió un sistema de tipos de cambio múltiples, o tipo de cambio diferenciados, ya que el tipo de cambio efectivo del sector agroexportador se obtiene restando al tipo de cambio nominal el valor de las retenciones a la exportación. El tipo de cambio nominal permitió a su vez la protección del sector industrial de la competencia externa y alentó el proceso de sustitución de importaciones. La administración del comercio exterior a partir de este año persigue sostener estos objetivos.

Como correctamente sostiene el periodista de página 12 Christian Carrillo en CASH “es un error conceptual confundir el esquema de tipos de cambio diferenciados, cuyos distintos valores se dan a partir de incentivos fiscales por sector o tipo de actividad, con el hecho de que el Gobierno Nacional decida convalidar un mercado paralelo que canalice la demanda de ahorristas…”

En concreto, tipo de cambios diferenciales tenemos a partir de las retenciones, el desdoblamiento del mercado de cambios es otra cosa, implica que ciertas actividades comerciales se negocien en un mercado, llamémoslo “comercial” y otras se deriven a otro, más alto, llamado “libre o financiero”, por ejemplo.

La prensa reflotó por estos días un artículo de septiembre del 2011 escrito por el CENDA, el centro de estudios que alienta Axel Kicillof, el actual viceministro de Economía, que en el fragor de la corrida cambiaria de aquel momento advertía contra dos soluciones alternativas posibles, la primera “abrazar el endeudamiento externo como forma de continuar con la paulatina apreciación cambiaria..”, lo que implica solucionar la ausencia de divisas recurriendo al crédito internacional. Eso permitiría tranquilizar el mercado de cambios… a costa de la actividad industrial y del empleo, ya que el tipo de cambio resultante no haría posible la sustitución de importaciones y tornaría inviables a las industrias renacidas estos años, con sus consecuencias negativas en la actividad económica, el salario y el empleo.

La otra alternativa, llamémosla “heterodoxa” consiste en la devaluación lisa  y llana, es decir llevar el originalmente denominado Tipo de Cambio Real Competitivo y Estable (TCRCE) a un nivel (supongamos el del actual mercado paralelo, esto lo digo yo no CENDA) que “permitiera recuperar la competitividad rápidamente…..es decir lisa y llanamente reducir los salarios, tanto en dólares como en poder de compra…” acompañado por un conjunto de medidas contractivas que neutralizaran el impulso inflacionario de la devaluación. Es decir, la receta para recuperar competitividad combina ajuste fiscal y ajuste salarial…”Este ajuste fiscal sería necesario para deprimir la demanda ante la existencia de una clase obrera que ha recuperado buena parte de su poder de negociación”.

El artículo defiende el rol que representaron los tipos de cambio múltiples en nuestra experiencia de crecimiento reciente, que se explica no sólo por las retenciones, sino por el manejo de las tarifas, los acuerdos de precios y los subsidios. Su propuesta es “la modificación del actual sistema de cambios múltiples...” sobre  “la base de dos ejes: un tipo de cambio “bajo” para los bienes de capital y los bienes que componen la canasta de consumo de la clase trabajadora y un tipo de cambio “alto” para proteger la industria sustitutiva e incentivar las exportaciones no tradicionales…” Es decir, repensar el esquema de retenciones.

Ahora bien, la lectura de los medios en el sentido de que se busca desdoblar el tipo de cambio no es antojadiza. Se podría interpretar eso del texto, lo que, a fin de ser veraces, el documento del CENDA no afirma directamente. Se podría también reforzar el esquema de tipo de cambios múltiples aplicando retenciones móviles a la soja en ascenso, pero luego de la 125 no resulta políticamente viable en la Argentina. Se podría reforzar el tipo de cambio de la industria con reintegros a las exportaciones, que tiene costo fiscal en un año con ciertos apremios y rigideces, lo que obliga a centrarse en sectores y mercados puntuales, es decir sintonía muy fina.

Lo que la política económica no debe ignorar es que un dólar marginal sensiblemente por encima del oficial genera muchas dificultades. En palabras del amigo y economista Miguel Bein “hay tres canales de trasmisión de la brecha a la economía local. Canales de trasmisión que dependen no sólo de la magnitud, sino fundamentalmente de la velocidad de deterioro” (en esto estamos agrego yo). El primer canal, señala Bein, es que el ensanchamiento de la brecha reduce la efectividad del ancla cambiaria para contener la inflación; en segundo lugar puede impactar sobre los depósitos en dólares, que debido a que su encaje se deposita en el BCRA, puede implicar como en 2011 pérdida de reservas. En tercer lugar el impacto es sobre la construcción y el mercado inmobiliario privado.

En este punto Bein afirma “que la posibilidad de acceder a fideicomisos de construcción en pesos en un contexto de restricciones de acceso al mercado de cambios generó incluso un estímulo a la construcción”, pero la brecha pone en dudas la renta de los alquileres en dólares y podría afectar el precio en dólares de las propiedades, ya que al tomar como referencia el dólar paralelo estas se depreciarían, y la construcción privada perdería incentivos.

Otro efecto es sobre la inversión, agrego, que hasta ahora se basó en el autofinanciamiento de un importante sector pyme ligado al mercado interno, que si debe vender al dólar oficial para hacerse de pesos e invertir no se sentirá tentado a hacerlo si luego no consigue comprar dólares para realizar parte de sus ganancias o debe hacerlo al valor del dólar paralelo. Economía bimonetaria decía al inicio.

Sería sensato que la AFIP aclarara taxativamente que monto permite convertir en  dólares de las cuentas salario y fijarlo en una cuota razonable, para intentar por ese lado descomprimir la tendencia alcista del dólar marginal. Se perderán divisas, pero los logros macroeconómicos serán mayores. De todas las alternativas posibles en juego este es sin duda el primer camino a seguir en la actual coyuntura antes que otros indicadores se vean afectados.”

Este gráfico (cliquear encima para agrandar), que tomé de IKN, representa la evolución del Real brasileño frente al dólar en los últimos 12 meses. Empezando desde un Real muy sobrevaluado, hoy ya lo es mucho menos. Otto dice que son buenas noticias para el que quiere asistir al Mundial de 2014, pero no son tan buenas para nosotros.


La detención de Enrique Graci Susini

mayo 25, 2012

Me enteré que el Mono Graci había sido detenido por mails que recibí. La noticia solamente la habían tomado algún diario sanjuanino y un sitio peruano. Pero su nombre y su figura es muy conocida por todos los que tienen alguna antigüedad en el peronismo. Y, como en el caso del “teco” García Moreno, uno – sin conocer la causa; apenas conociendo algunos jueces – de entrada ya le cae mal.

Fue jefe de campaña de Italo Luder en el ´83, supongo que por su entrañable vinculación con Eloy Camus, un hombre muy importante en el peronismo del interior. Discutí mucho con él a mediados de los ´80; teníamos un amigo común en Carlos Guglialmelli. Y, como él, podría haber ocupado altos cargos en los ´90: estuvo muy cerca de Carlos Menem. Pero su estómago no le permitió aguantar ese gobierno y, como muchos, se alejó del Partido Justicialista. Claro, no eligió la opción progre del Frente Grande. Su peronismo venía de la historia nacionalista y fierrera del Sindicato Universitario de Derecho, en los ´60; entonces se vinculó a otros que habían apoyado a Menem y se desilusionaron, como Seineldín y los carapintadas que no se sumaron a la lucrativa opción de Rico.

Un grave error político, pero, como el personaje de Soriano, el Mono podría decir “Yo nunca me metí en política: siempre fui peronista“. Lo que sí es indiscutible en su caso es que nunca procuró acomodarse en la vereda del sol. No son muchos en el peronismo, en la política, de los que puede decirse eso.

De todos modos, parece que la detención tiene que ver con el hecho que en 1973, el gobernador de San Juan, Don Eloy Camus, lo nombró jefe de policía de la provincia. Al menos, de denuncias de ese tiempo surgen las causas que maneja el juez que la ordenó, Leopoldo Rago Gallo, el juez federal que, a pedido del grupo Vila, había suspendido seis artículos de la Ley de Medios, entre ellos el 45 y el 161, hasta que se resolviera el tema de fondo.

Por supuesto, Graci fue detenido el 24 de marzo de 1976. Y en el peronismo se cuenta que estando en la cárcel en la celda pegada a la de Dardo Cabo, escuchó cuando éste le anunció cuando lo sacaron de la celda: “Mono, me van a fusilar“. Viejas historias, pero me pareció que debía contarlas, en memoria de historias compartidas. Sus amigos verán como ayudarlo. Aquí, termino con una frase suya “Ánimo! Ya vendrán tiempos peores“.


Sobre el patriotismo, en el día de la Patria

mayo 25, 2012

Hace pocos días leí este post, una crónica de viaje que escribió María Esperanza Casullo. Ahora, Artepolítica es un blog muy visitado; además, el texto le gustó tanto al Pájaro Salinas que lo subió en su blog. Sin embargo, quiero compartirlo con Uds., hoy 25 de mayo.

Aclaro que no lo veo como una batalla por la independencia, o la denuncia de planes siniestros del colonialismo. Es simplemente una crónica amena, que cuenta algunos incidentes molestos cuando se viven (sobre Homeland Security ya subí algo en este blog aquí) y, sobre todo, de algunos tipos humanos que reconocemos muy bien. No es que todos los argentinos pensemos así, pero son bastantes. Como casi siempre, mis observaciones al final.

Es un problema cultural

Hace unos días volvía a Argentina desde Estados Unidos, con una escala en el Aeropuerto de Atlanta. Por esas cosas de ese horror infinito que es todo lo relacionado con el viaje en avión, tenía seis horas de escala en el aeropuerto. Pero, me dije, el aeropuerto de Atlanta es bastante amable (no como ese agujero del infierno que es Miami) y con mi computadora y wi-fi (pago, eso sí) no ofendo ni temo. Paso seguridad, esta vez no me hacen el Full Body Scan en donde podés elegir entre que te vean desnuda por rayos X o te hagan una palpación de todo el cuerpo (“full body pat down”) y me recuesto en un par de sillones.

Estaba yo entonces viendo una película en mi computadora, con los auriculares puestos, cuando empiezo a ver que la gente se para y mira alrededor con nerviosismo. De repente, el concourse se empieza a llenar de agentes de seguridad y milicos, que empiezan a encintar todos los pasillos, dejando a la gente sin moverse. A los que preguntaban, sólo contestaban “It’s a security emergency, ma’am. Please go back to where you where.” Holy shit, me dije, debe ser una amenaza de bomba o algo así.

Esta situación duró tres horas. Nadie se movía, con los pasillos encintados y custodiados por agentes de seguridad. Terminado ese tiempo, una voz comenzó a decir por el altavoz “Emergency finished. All clear now. Emergency finished. All clear now.” Nadie explicó qué había pasado. Al rato, aparecieron otra vez los de seguridad y policías, los altavoces comenzaron a decir “The concourse is closed again. It is a security situation. Please go back to your gate. It’s a security situation.” Otra horita más de custodia, sin una palabra de qué estaba pasando.

Cuando empezó la voz de “All clear, all clear” y comenzó a llegar la gente, se armó, por supuesto, un pandemonio. Los aviones que tenían que partir se retrasaron todos, y los que partieron lo hicieron dejando en el suelo a más de una docena de pasajeros, que no pudieron llegar a su puerta a tiempo porque la policía no los dejaba entrar. A todas las quejas, la única respuesta era “It’s a security situation, ma’am. It’s Homeland Security, ma’am, not the airline. It’s Homeland Security, there is nothing we can do.”

En el medio de todo este lío, en la puerta E-1 se empezó a juntar la gente que esperaba para tomar el vuelo DL101 a a Buenos Aires. Como el avión saldría seguramente más de una hora retrasado, la gente (siendo argentina) empieza a charlar.

Hay una chica al lado mío. Rubia, tipo 20 años, ropa cara y lleva unas botas de ski en la mano. Habla con la mamá por skype en su computadora Mac nueva: “Si mamá. No sé, estoy acá en el aeropuerto y tipo que está todo retrasado. No sé, son estos IDIOTAS de la aerolínea que seguro son argentinos. Todo lo argentino funciona mal. La Argentina me estresa, no quiero volver.” “No, ma. No sé cuando salimos. Ay, por qué no puedo quedarme acá en EEUU, ya me estoy acercando a Argentina y TODO funciona mal. En cambio Miami es tan lindo.” (La aerolínea era Delta, cuyo agente de puerta ni siquiera hablaba castellano.)

Me pongo a charlar con un hombre de mediana edad. Alto, bien vestido: pantalón kaki, campera de carpincho, zapatos tractor. Es “del campo.” Está con su secretaria, en viaje de negocios. Se acaba de comprar, en el shop del aeropuerto, un IPAD nueva. Les ayudo a configurar el wi-fi.

Me pregunta, “¿A qué te dedicás?”.s

Yo: Como estoy cansada y llevo 12 horas en aeropuertos cometo el error de contestar “Soy politóloga” en vez de ama de casa o bailarina exótica.

“¿Politóloga? ¿Con lo corrupta que es la política?. En Argentina funciona muy mal la política. Es una cuestión cultural, es una cuestión de valores. Es una decadencia muy grande la que tenemos en el país.”

Yo: “¿Le parece? A mí me parece que tenemos problemas, pero estamos mucho mejor políticamente que hace treinta años.”

“No, pero el tema es la cultura, los valores. En Argentina nadie se preocupa por progresar, es una decadencia todo. No como acá que todo anda bien.”

Yo: “Sí, puede ser.”

“Mi hijo estudia ciencia política. Por ahí lo tenés de alumno. En la UBA. Es muy buena la UBA eh. Te digo más, yo soy ingeniero de la UTN y ahora que estuvimos acá recorriendo plantas industriales me doy cuenta de que la formación de la UTN es mejor que la de los ingenieros de acá. Acá es muy estrecha la formación, saben hacer una cosa y nada más. Nosotros somos más flexibles.”

Yo: “Si, puede ser.”

“Es más, ahora nosotros estuvimos recorriendo plantas frigoríficas acá en EEUU y la verdad que lo que vi me dio asco. Salí del primer frigorífico y decidí no comer carne nunca más en Estados Unidos. La falta de higiene y los químicos que le metían a la carne era una cosa tremenda; en Argentina no existe ningún frigorífico así, te lo cierran enseguida.”

Yo: “Ah mirá, que interesante.”

“Si, y te digo más. La gente que ví trabajando era miserable. Había ancianos de 80 años, mujeres embarazadas, y niños. Sí, había una chica mexicana que era tan chiquita que le pregunté cuántos años tenía. Al principio no me quiso contestar, tenía miedo de que fuera de migraciones. Pero como le hablé en español me contestó, me dijo que tenía 15. ¿A vos te parece, chicas de 15 años trabajando de obreras en un matadero? Yo soy de la provincia de Buenos Aires, nosotros tenemos un frigorífico y viste, y nunca ví una cosa así.”

Yo: “Y la verdad que no.”

“Es así. Igual, te digo, en Argentina falta mucho. El problema es la cultura. Yo le digo a mis hijos: vayan a estudiar afuera, es otra cosa. Tienen que cambiar su cabeza. Pero mi hijo, viste como son los jóvenes, me dice que no, que él sí o sí quiere ir a la universidad pública, que ni loco se va al ITBA. Y estudia ciencia política, viste, no sé de qué va a trabajar cuando se reciba.”

Yo: “Bueno, de algo se trabaja. Eso sí, mucha guita no va a hacer. Pero vivir se vive.”

“Y además, viste, ahora se metió a militar. En La Cámpora, se metió. Viste como son los chicos. Buah. Ahí están llamando a embarcar. Nos vemos, suerte.”

Leyendo el diario por Internet antes de salir, me entero que la “amenaza de seguridad de Homeland Security” fue que un avión de Delta parado en el aeropuerto de Atlanta con dos mecánicos a bordo salió andando solo, recorrió 100 metros sin que lo pudieran frenar, y se cayó finalmente a una zanja, destruyéndose. Los mecánicos sólo salieron heridos.

En el vuelo de Delta, los baños de atrás de clase turística no funcionan, por lo que durante toda la noche hay cola en los dos únicos baños del medio.

En Ezeiza, hago la cola de migraciones. La rubia me toca, obviamente, al lado. Está a punto de llorar de tener que volver a Argentina. Nos ponemos a charlar con un muchacho afroamericano que decide entrar con pasaporte haitiano y no americano para no pagar la tasa. La chica dice “vas a ver que acá funciona todo mal, este país es un desastre, yo me quiero volver a Estados Unidos.” El: “¿De verdad? Estados Unidos está bien, pero Argentina también está bien. Yo hace dos años que vivo acá, trabajo en finanzas. Yo vivo en Palermo, es muy lindo, la gente es amable, la paso bien. Espero poder quedarme a vivir acá unos años.”

Me tomo un avión de Aerolíneas hasta la ciudad del interior donde me están esperando. El vuelo sale a horario, es un Embraer nuevo, con pantallitas y auriculares individuales. Miro una película, me tomo el café con juguito y  guardo, por supuesto, los alfajores para mis nenes, porque sé que me los van a reclamar cuando llegue a casa“.

Como dije, no es más que una crónica, no un trabajo de campo. Pero hay frases y actitudes que funcionan casi como una contraseña masónica. No sólo las autodenigratorias, ojo: Si escucha alguien decir que en EE.UU. “es muy estrecha la formación, saben hacer una cosa y nada más. Nosotros somos más flexibles”, no necesita pedirle el pasaporte. Es argentino. Y, como dirían los interlocutores de María, es un problema cultural: un cierto provincianismo mental. Ignoran los elementos aristocráticos que existen en la constitución real de los Estados Unidos, como en, por ejemplo, la de Brasil. Hay allí unas veinte universidades que están, lejos, entre las mejores del mundo. Y varios centenares que son escuelas de Artes y Oficios con título.

En cuanto a Homeland Security, tengamos en cuenta que después de setiembre de 2011 no hubo un acto de terrorismo masivo exitoso en su territorio. Y muchos les tienen ganas. Tan inútiles no deben ser.

De todas maneras, el punto clave que me interesa destacar un 25 de mayo es el elemento autodenigratorio, muy instalado en parte de nuestra sociedad. En algún sentido, en parte de nuestras almas. No es exclusivo de los argentinos, ciertamente. Puede ser que nosotros seamos más gritones cuando estamos en el extranjero, y por eso se nota más. Pero ese complejo de inferioridad está en las sociedades que han sido colonizadas, o que han sufrido grandes derrotas.

¿Cómo lo enfrentamos? Los pueblos, como los individuos, necesitan de autoestima, de afirmar su identidad. El patriotismo es un sentimiento natural en el ser humano, pero, como todos los impulsos naturales, puede ser reprimido, encauzado o sublimado por la educación y el ambiente ¿Cómo se estimula un patriotismo racional y consciente?

Este post de María suscitó, como es habitual en Artepolítica, una gran cantidad de comentarios (incluso el mío). Lamentablemente, la mayoría quedó enganchada en la monótona discusión entre oficialistas y opositores. Por mi parte, tengo que señalar que los festejos del Bicentenario y, por lo menos los primeros meses, Tecnopolis fueron pasos muy buenos en la dirección correcta.

Pero vincular los sentimientos nacionales con la adhesión al gobierno sería un error fatal. El peronismo, todo el oficialismo es una minoría. Muy numerosa, es cierto, pero minoría. No nos dejemos confundir con el 54 % que votó a CFK. Basta reflexionar que, necesariamente, una parte de los que la votaron en la Capital habían votado a Macri semanas antes. O que una parte de los que la votaron en la provincia de Buenos Aires también votaron a Narváez en el 2009, para tener claro que los gobiernos y las mayorías pasan. Las naciones tampoco son eternas, pero están entre las pocas posibilidades de trascendencia, la familia, las religiones para los que creen, el arte o la ciencia para los que alcanzan a sus cimas, que tenemos los humanos en este mundo.


La economía peronista, por un opositor (lúcido) – 2da. parte

mayo 24, 2012

Como era de esperar, en los comentarios de la primera parte de este post, a Juan José Llach, el autor del artículo que subí y analicé, le dieron para que tenga. No voy a decir que han sido injustos; es difícil, en 1.433 palabras, dar una visión razonablemente completa del tema con que se metió: la gestión económica en los 32 años de gobiernos de origen peronista, desde 1946 hasta hoy. Yo mismo, en esa primera parte, señalé los tres errores – u omisiones – fundamentales que encontraba en su enfoque.

No menciono el prejuicio ideológico con que está escrito. Todos tenemos alguno, y el de Llach expresa, con lucidez y buen nivel técnico, el de un sector muy influyente en la política y la economía argentina desde hace casi 40 años; uno de los comentaristas hace referencia a ello. Lo que me parece interesante extenderme ahora, ténganme paciencia, es por qué yo, alguien vinculado al peronismo desde siempre y que apoyo la gestión actual, elegí este artículo de un economista opositor para echar luz sobre ella.

Los motivos son dos: Uno, que al concentrarse en una visión técnica, aunque inevitablemente superficial, de las políticas económicas de los gobiernos de origen peronista, permite ver que, a pesar de los cambios dentro de una misma gestión, forzados por la misma dinámica interna y el contexto internacional – además de luchas por el poder y errores cometidos, reconozcámoslo – puede verse una coherencia básica en ellas, con una sola y signficativa excepción. Diferentes como eran el liderazgo, la Argentina y el mundo de 1946 al actual, se han privilegiado el pleno empleo y el mercado interno, utilizando, como dice Llach, “crecientes regulaciones”. La excepción no fueron los cuestionados y débiles gobiernos de Isabel Perón y de Eduardo Duhalde, o los confusos dos años iniciales de Menem, tratando de encontrar una “burguesía más o menos nacional” a la que tercerizar la gestión económica; fue el período que se abre en 1991, con Cavallo y la Convertibilidad.

Algunos dirán, con justicia, “¡Chocolate por la noticia!”. Es cierto que esta conclusión es obvia, pero como muchas cosas obvias puede pasar desapercibida en un fárrago de datos. Es también obvio que Menem fue un gobierno de origen peronista; más, que ninguna otra fuerza política que no fuera el peronismo podría haber impuesto ese gobierno. Y son tambíén evidentes las profundas diferencias de etos, y de valores, entre el peronismo original y su versión kirchnerista ¿Es necesario señalar las profundas diferencias de etos, y de valores, entre el mundo de 1946 y el de 2012? Tomando una realidad más local: Néstor Kirchner, lo mismo que Carlos Menem o, para el caso, Eduardo Duhalde han conducido el peronismo después de la Dictadura del ´76/83, y de Alfonsín. Recordemos también que Menem fue uno de los jefes de la Renovación peronista en los ´80…

Entonces, el punto que me interesa señalar es que hay … parámetros peronistas de gestión de la economía que pueden encontrarse a lo largo de su trayectoria. Y que el menemismo fue una excepción. Una excepción acompañada por procesos similares en todas partes del mundo en ese momento, es cierto: las reformas de Felipe González no estaban exactamente en la tradición del Partido Socialista Obrero Español. Para no hablar de las privatizaciones de Boris Yeltsin, el apparatchik soviético…

El otro motivo para subir ese artículo es menos obvio. En realidad, es especulativo. Se trata de una hipótesis que quiero ofrecer para la discusión y el debate, y que puede ser muy importante… si es correcta.

Tengo que aclarar que mi visión de la gestión económica actual dista de ser la de sus más entusiastas defensores, algunos de los cuales escriben en este blog. Exponen buenos argumentos, que no voy a desvalorizar. Pero… sin ser economista, conozco lo bastante de economía para saber que la realidad es tan compleja y cambiante, incluye tantos factores diversos, que uno puede encontrar argumentos y datos en qué apoyarlos para defender cualquier cosa. Puedo recordar – sin ánimo de comparación – como algo más de 10 años atrás, a fines de los ´90, encontraba sesudos análisis que demostraban que el tipo de cambio no estaba realmente atrasado… Es decir, tomo en cuenta las críticas de Llach, más allá de desde dónde las hace.

Mi visión, tentativa y sujeta a corrección, entonces, es que en la mayor parte de las políticas económicas que se están aplicando hay un muy alto nivel de improvisación y cortoplacismo (subrayo lo de “mayor parte” y “que se están aplicando”, porque hay planes generales, y trayectorias coherentes en algunas áreas; pero las medidas decisivas, las que tienen que ver con la recaudación y el gasto, no parecen estar pensadas con más de seis meses de anticipación, calculando generosamente). Ojo: Este cortoplacismo, que un joven bloguero señala que es una tendencia inevitable de todos los gobiernos, puede ser también una ventaja en muchos aspectos del gobierno de un país tan desordenado y anómico como el nuestro, donde el ni siquiera el sector empresario, para poner un ejemplo, ha construído instituciones gremiales poderosas.

Al menos, es indiscutible que este estilo de gestión le ha permitido, durante los nueve años que se cumplirán mañana, “no chocar el barco”. O, en los términos de J. J. Llach “la continuidad de una década sin graves crisis económicas por primera vez en casi 40 años“. Al mismo tiempo, mi juicio es que no ha favorecido ni la construcción de un capitalismo en condiciones de invertir, ni la renacionalización de la economía – que sigue en su mayor parte en manos extranjeras -, ni siquiera la formación de empresas estatales fuertes (Debemos mirar con esperanza a Y.P.F., para que pueda ser lo que no fue Enarsa…)  Y enfrenta un desafío difícil de orden estructural: Controlar la puja entre diferentes sectores económicos que alimenta la inflación, e impedir un retraso insostenible del tipo de cambio.

Los yanquis tienen una frase vulgar “If you´re so smart, why ain´t you rich?”. Vendría a ser “Si sos tan piola, porque no sos rico?”. La pregunta aquí sería la inversa, y ha sido por varios años la desesperación no confesada de economistas opositores: Si la gestión K es tan pobre, por qué no ha llegado, en nueve años, la crisis – ni siquiera la estanflación – siempre anunciada? ¿Por qué – si bien es cierto que casi todos los países emergentes están pasando por una década propicia – la performance de la Argentina ha sido de las mejores, frente a otros países cuyos productos de exportación se han revalorizado más?

Bueno, no creo que sea tan pobre. Como señalé, aquí y muchas otras veces en el blog, percibí tanto en Néstor como en Cristina una clara capacidad de ver el obstáculo enfrente del vehículo y frenar, aunque sea muy cerca de la pared. La gran épica del conflicto con las patronales rurales, que definió a buena parte de la militancia kirchnerista, no impidió que el ministro de Agricultura en los años siguientes fuera Julián Domínguez. Y que los lineamientos de su gestión se mantengan hasta hoy. Por supuesto, esto no quiere decir que sean perfectos. Pero evidentemente no están planteados como un enfrentamiento de vida o muerte con los diversos intereses del sector agrario.

Esta lucidez, que también parece obvia, no es tan común en los gobernantes, como tenemos bastantes ejemplos en el mundo desarrollado. Igual, “no chocar” no es una garantía de éxito ¿Cuál es la receta?

La respuesta que propongo, con alguna vacilación, porque no la puedo encontrar en las papers actuales de los economistas serios, es que un mercado interno protegido, apoyado en la promoción del trabajo local, más allá de su grado de eficiencia y competitividad teóricos, y en los estímulos al consumo, parece tener un efecto muy positivo sobre la marcha de la economía en su conjunto. Mucho mayor que el reconocido en la teoría económica actual. Si esto es así, también explicaría el crecimiento y la modernización de la Argentina durante el primer peronismo. Cuyas políticas económicas – digámoslo entre nosotros – tampoco fueron un milagro de sofisticación.

Creo entonces que los compañeros economistas deben dedicar algo de tiempo a examinar en detalle este posible efecto positivo. Aunque sea para precisar sus límites. Porque si esta gestión fracasa – es decir, pierde el control de las variables económicas -, inevitablemente lo que vendrá después no priorizará ni el consumo ni el empleo. De eso también tenemos experiencia.


La economía peronista, por un opositor (lúcido)

mayo 23, 2012

Creo que es tiempo de volver, en el blog, a la actualidad económica argentina. Después de todo, vivimos dentro de ella. Eso sí, me pareció interesante empezar la exploración de la situación actual por un camino que quizás desconcierte a los defensores del gobierno… y a algunos de sus opositores: Un encuadre histórico de las políticas económicas que llevó a cabo el peronismo, hecho por uno de sus críticos.

Esto puede parecer hasta algo perverso, cuando se han incorporado a la blogosfera económica nuevos y articulados defensores de las de este gobierno: Telechea, Leonetti, … En este blog, las colaboraciones de Pablo Tonelli, los comentarios del incansable Norberto … Quiero citar también, porque lo merece, la elocuente apología de la gestión de Néstor Kirchner que en melodioso portugués subió el brasileño Saul Leblon en este post en el Blog das Frases. Nuestro amigo Contradicto la tradujo en el legendario blog Cartoneros de San Telmo.

Pero sucede que encuentro más estimulante la visión de un crítico, qué quieren que les diga. Desafía mis propios prejuicios a favor de esta experiencia, y creo que encuentra una continuidad en políticas económicas, miradas desde otro ángulo, que probablemente yo no percibiría. Y, francamente, no veo que tenga algún sentido “defender” a la política económica oficial de sus adversarios en este blog. No creo que lo lean en la Asociación Empresaria Argentina, y si lo hicieran, no se me ocurre que haría cambiar su posición.

Entonces, subo este artículo de Juan J. Llach. Siempre lo leo con interés, aún – o especialmente – cuando no estoy de acuerdo, porque es uno de los pocos economistas de su formación ¿”católica liberal”? que escribe en forma inteligible, con datos concretos y con una visión de conjunto, sistémica la llamaría otro amigo opositor. Claro, no puedo menos de recordar, al leerlo, que fue Secretario de Programación y Viceministro de Economía con Cavallo, y Ministro de Educación con De la Rúa. No porque piense que el que cometió errores no puede hablar; si fuera así, la Argentina estaría llena de mudos. Ni porque él no sea consciente de y reconozca las graves consecuencias que tuvieron para el país esas gestiones.

No, el problema, para mí, es que J. J. Llach no puede apreciar que su enfoque tecnocrático, que asume que los “expertos” pueden deducir políticas correctas que deben ser aplicadas por los políticos; ese enfoque que ignora la importancia de una claridad estratégica en los fines de la política y de un oportunismo táctico en los medios, está en la raíz de los desastres cometidos por quienes gobernaron los otros 34 años del período que él elige, y también los incluídos en el mandato de un presidente de origen peronista pero que delegó a los “técnicos” el manejo de la economía.

Pero bueno, le dejo a Llach que historie las gestiones peronistas. Algunas observaciones al final.

“El peronismo ha gobernado el país 32 años, casi la mitad de los 66 transcurridos desde 1946. La evocación comparada de sus gestiones económicas tan diversas y hasta opuestas puede echar luz sobre un presente muy complejo.

La primera presidencia de Perón (1946-55) privilegió el mercado interno, la economía cerrada y la sustitución de importaciones con crecientes regulaciones, un minucioso control de cambios y la estatización de muchas empresas de servicios públicos y otros rubros. En ese marco, y con precios muy altos de las exportaciones argentinas, tuvieron lugar mejoras sin precedentes del nivel de vida de los sectores populares y de la equidad en la distribución del ingreso. A comienzos de los años 50, hubo dos sequías en tres años, cayeron los precios del agro y, por el castigo a las exportaciones y las crecientes importaciones petroleras, escasearon las divisas, tal como ocurriría en los siguientes 50 años y, según el relato oficial, de nuevo hoy.

La recesión fue acompañada por un aumento de la inflación de 25 % en 1950 a 39 % en 1952. Se acentuaba así una tendencia iniciada y tolerada desde 1945, pero modificada en 1952 por un Perón estabilizador que, con la dirección del ministro de Asuntos Económicos Alfredo Gómez Morales, puso en marcha un plan de estabilización. Los controles de precios y las campañas “contra el agio y la especulación” se acompañaron con políticas monetarias y fiscales adecuadas al objetivo principal. También se impulsó el aumento de la productividad (Congreso de la productividad y del bienestar social), los convenios fueron válidos por dos años, hubo un acercamiento a los EE.UU., se votó una ley pro inversiones extranjeras, se aumentaron los precios del agro y, en pos del autoabastecimiento petrolero antes que Frondizi, se hizo un acuerdo con la California, no ratificado por el Congreso y anulado luego por la Revolución de 1955. Estas políticas tuvieron logros notables: un crecimiento económico del 5,5% anual hasta 1955, mejora del balance de pagos y caída de la inflación del 39 al 4 por ciento.

Pese a su brevedad, la segunda gestión económica peronista (1973-76) mostró dos facetas muy diversas. Con términos de intercambio favorables la economía creció 12 % hasta 1974, pero, pese al pacto social y – otra vez – a convenios colectivos por dos años, las políticas monetarias y fiscales muy expansivas impidieron que pudiera domarse de modo permanente una inflación heredada del 60 %. La crisis petrolera de 1973, la caída de precios de las exportaciones y la muerte de Perón complicaron sustancialmente a la economía y también a la notoria mejora social que había logrado hacer de 1974 el año con mejor distribución del ingreso de la historia argentina.

(En la segunda etapa) el déficit fiscal aumentó del 4 al 12 %, sobre todo por las empresas públicas. Celestino Rodrigo, ministro de Economía de Isabel Perón, decidió corregir distorsiones de un solo golpe, devaluando y aumentando las tarifas un 150 % en la ingenua y fallida creencia de que los sindicatos lo aceptarían sin reclamos. Fue así como la Argentina, que con el primer peronismo había visto nacer la inflación “latina” de 20 a 30 % anual, inauguró en 1975 una “megainflación” cercana al 200 %, que duró 14 años, fue obviamente “obra” de varios otros gobiernos y culminó con la hiperinflación de 1989-90. Esta inflación creciente fue una de las causas del nacimiento de una Argentina con mayor pobreza y más desigualdad. No hace falta ser “gorila” para registrar que el peronismo no se ha hecho cargo de su aporte a este legado.

La tercera gestión peronista (1989-1999) tuvo sus matices, pero una orientación común, muy diferente a las demás. Se optó por una economía de mercado con privatizaciones, apertura, desregulaciones y cierta flexibilización del mercado laboral. La convertibilidad se adoptó recién en 1991 – demora a la larga fatal – y logró derrotar a la hiperinflación, sin la cual no habría existido. No es anacrónico recordar que el FMI se opuso a esta ley porque impedía el uso de las reservas para pagos de la deuda. Con precios internacionales muy desfavorables y pese al fuerte aumento de la productividad originado en una mayor inversión, visible hasta hoy, no logró compensarse un atraso cambiario creciente y acentuado por la devaluación de Brasil en enero de 1999. En consonancia con la vocación argentina por la demasía se pasó una vez más de un extremo al otro. La política fiscal no fue coherente con la convertibilidad y dio lugar a una insostenible duplicación de la deuda pública instrumentada. Todo ello resultó en dramáticos aumentos del desempleo, la pobreza y la indigencia, que habían bajado al comienzo junto con la inflación.

Al inicio del cuarto período de gobiernos peronistas la inevitable salida de la convertibilidad se hizo sin un programa integral que redujera sus costos sociales.

Luego, las gestiones económicas desde 2002 optaron por la baja inflación, un peso depreciado o tipo de cambio alto, la continuidad de la apertura de la economía, una creciente pero moderada intervención estatal y un equilibrio entre el consumo, las exportaciones y la inversión, con la notoria excepción de la energía y los servicios públicos. Debido a estas políticas, a un salto cualitativo de los precios de las exportaciones y a una gran capacidad ociosa, la economía creció más rápidamente que en casi ningún otro momento de la historia nacional y cayeron los índices de desempleo, pobreza e indigencia. Más adelante, a partir del gravísimo error de intervenir al Indec y falsificar muchas estadísticas, la política económica viró primero gradualmente y muy rápido en el último año. Se reemplazó la baja por la alta inflación; el tipo de cambio alto por una moneda apreciada; los superávit gemelos por el déficit fiscal y un (lógico) equilibrio del balance de pagos y la armonía entre consumo, exportaciones e inversión por un predominio del primero, la sustitución de importaciones y el cierre de la economía. Además, se acentuaron el intervencionismo, el estatismo y su discrecionalidad.

La comparación de tan disímiles políticas muestra indicios que, si se aceptaran, podrían ayudar en las actuales circunstancias. El primero es que no se sostuvieron en el tiempo las grandes mejoras sociales, ni las de 1946-50 ni las de 1973-74, en buena hora inscriptas en el código genético del peronismo. Pero ellas fueron más preservadas cuando se reconocieron y corrigieron a tiempo los errores, como en 1952, que cuando se los postergó arriesgando un final explosivo como el ocurrido en 1975, incubado desde 1973. Las señales de alerta dadas por las presiones inflacionarias y las distorsiones de los precios relativos se leyeron de modo distinto en uno y otro caso. La política de los años 90, tan diferente de las otras dos, tuvo, sin embargo, el fallo común de no leer a tiempo la distorsión del tipo de cambio. Una tercera y casi siempre olvidada lección es que las mejoras sociales iniciadas en 1946, 1973 y 2003 pudieron hacerse por la gran mejora de los precios de los exportables.

No da la impresión de que indicios de este tipo inspiren hoy a la política económica. Así lo muestran el retorno a la “inflación latina”, el cierre de la economía y la utilización discrecional de los recursos del Banco Central. Es una apuesta de alto riesgo porque si bien tales políticas podrían “durar”, dado que los precios de los granos pueden mantenerse firmes otros diez años, es temerario atar las mejoras del nivel de vida de millones de argentinos al precio de la soja. Se arriesga también romper una continuidad de una década sin graves crisis económicas por primera vez en casi 40 años. Además de una eventual caída de los precios de los granos, siquiera transitoria, los riesgos surgen por disfrutar de las mieles de una inflación que es estable, por apoyarse en atrasos crecientes del tipo de cambio y las tarifas públicas.

Además, la reciente opción por un modelo de aislamiento internacional parecido al de 1946-52 desconoce las abismales diferencias entre el mundo de la posguerra y el de hoy. La política económica se apoya también en el supuesto de que las divisas escasean “porque sí”, cuando en verdad ella resulta de sus propios errores.

En fin, las tres gestiones peronistas anteriores tuvieron planes quinquenales o trienales, que, aun con muchas imperfecciones, bosquejaban horizontes futuros. Nada semejante existe hoy y esto preocupa porque, junto a lo dicho hasta aquí y a la discrecionalidad reinante, contribuye a tal incertidumbre y temor sobre el futuro que será muy difícil lograr la inversión y aun el consumo necesarios para crear empleo y no arriesgar, sino mejorar el nivel de vida de quienes más lo necesitan.”

Este análisis – que, repito, me parece interesante y con lineamientos válidos, o si no no lo hubiera subido – padece de graves errores que hacen, a mi modo de ver, que no se puedan tomar sus conclusiones como punto de partida. Los visitantes señalarán, estoy seguro, los que ellos encuentren (sólo, sugiero que no se incluya entre ellos su cercanía con Cavallo; no forma parte del artículo y, si lo tomáramos como criterio, habría pocos dirigentes en Argentina mayores de 30 años que pudiesen opinar).

Quiero indicar los puntos que yo encuentro engañosos: Uno, fundamental, es tratar las gestiones peronistas como si hubieran transcurrido en un vacío, donde los únicos factores son las medidas que el gobierno decidió tomar (y los precios de los bienes exportables, claro). Cuando, como todo gobierno, inclusive el actual, estuvieron condicionadas por las gestiones anteriores y la economía que legaron, los reclamos de los sectores sociales en que se apoyan, y, necesariamente también, las presiones y maniobras de los grupos económicos que se le oponen.

Como ejemplos muy elementales, podemos decir que el primer peronismo contó con la tradición intervencionista y muchos de los instrumentos que fueron el legado de los gobiernos conservadores que lo precedieron. Herramientas que usó con un sentido opuesto al de ellos, para favorecer a las mayorías populares que con él – como el mismo Llach reconoce – se incorporaban a la política y al bienestar. En la “nueva política” iniciada en el ´51/52 tuvo que ver, además de la oposición al peronismo de “el campo” – muy diferente al actual, pero igualmente celoso de sus rentas – la guerra de Corea, que marcó el punto más alto del encuadre en dos campos enfrentados a que obligaba la Guerra Fría.

En el análisis histórico que hace, un elemento importantísimo, que marcó a fuego la vida económica argentina, es tratado con ligereza política: “una “megainflación” cercana al 200 %, que duró 14 años, fue obviamente “obra” de varios otros gobiernos y culminó con la hiperinflación de 1989-90 … fue una de las causas del nacimiento de una Argentina con mayor pobreza y más desigualdad. No hace falta ser “gorila” para registrar que el peronismo no se ha hecho cargo de su aporte a este legado”  Llach, ¿Ud. cree que el peronismo, no los aparatos, los votantes, hubieran aceptado mansamente y refrendado las políticas de Menem-Cavallo si no hubieran sido vistas como la única forma de frenar esa “megainflación”? La actual es alta, pero nada que ver con aquella.

No basta con reconocer el hecho obvio que fue “obra” de varios otros gobiernos. El hecho clave es que los economistas en funciones de gobierno, colocados allí por gobiernos militares o legítimamente electos, fueron incapaces de frenarla hasta 1991, con la receta brutal de la convertibilidad (Creo, además, que la “demora fatal” no fue en adoptarla, sino en abandonarla. Pero este es un juicio técnico que no hace al argumento central: que las soluciones técnicas no funcionan si no hay una propuesta política válida detrás).

El tercer error central que encuentro es de la misma naturaleza que los anteriores, pero mucho más cercano a nuestro tiempo: Al elogiar parámetros de la primera etapa de esta gestión peronista “la baja inflación, un peso depreciado o tipo de cambio alto …” pasa por alto el hecho que fueron resultado de la Gran Devaluación del 2002, del desempleo y la capacidad ociosa que menciona y, por lo tanto, insostenibles en el largo plazo.

Cuando señala “se arriesga también romper una continuidad de una década sin graves crisis económicas por primera vez en casi 40 años” está ignorando que esa ausencia de graves crisis es un mérito de estas gestiones peronistas, y se ha dado en el marco de cambios tan grandes como los que provoca la revalorización del peso frente al dólar. Revalorización que, frente al aumento del empleo y del uso de la capacidad instalada, era inevitable (como otro Llach, Lucas ha señalado en su blog).

(Continuará)


¿Dónde está el Clarín K?

mayo 22, 2012

La Corte Suprema de Justicia resolvió hoy por voto unánime destrabar el artículo 161 de la Ley de Medios, que establece la obligatoriedad de desinvertir – es decir, vender algunos de los medios que poseen – para aquellos grupos que superen los topes de la regulación. Es decir, sobre todo, el Grupo Clarín. Julio Ramos festeja desde donde esté.

La decisión va a resonar con fuerza y elocuencia en la blogosfera: Una gran parte de los blogueros son gente de los medios. Y una gran parte de esa gran parte le tiene viejas broncas al Grupo. O son progres y K, y Magnetto es el hombre que aman odiar. Igual, me parece percibir en las primeras reacciones – lo estoy mirando a Lucas Carrasco – una cierta falta de entusiasmo. No me extraña, esta es una etapa en el que la pelea la dan abogados y contadores, inevitable y necesaria después de toda medida revolucionaria. Pero es difícil mantener la pasión en una etapa así, si no se cuenta con la G.P.U. para mandar a Siberia a todo el que no se muestre apasionado.

De todos modos, en este tema no puedo aportar mucho. No soy periodista. No soy abogado, y dudo que me pidan auditar las transacciones del Grupo Clarín. Por eso quiero volcarles una reflexión breve, que esta noticia me vuelve a la mente: ¿Dónde está el Clarín K?

Reflexiono desde la política, entiéndanme. No estoy pensando en el Grupo Szpolski. Es una estructura editorial importante, subvencionada por el gobierno y cuya lógica empresaria depende de eso. En esas condiciones, ha producido algunos experimentos interesantes, como ContraEditorial – que aparentemente ya no sale -, revistas de calidad aceptable, como la versión local de Newsweek, y algunas berretadas. Sobre todo, sostiene Página 12, el órgano del progresismo pro kirchnerista, que además ejerce influencia en el espacio progre en general. Un sector importante – aunque minoritario – de la coalición que sostiene al gobierno. Pero no es el diario masivo que es Clarín, ni pretende serlo.

Tampoco pienso en operaciones comerciales, como la compra que Cristóbal López habría hecho de las acciones de Daniel Hadad. No me parece que el cambio de propietario cambie mucho en esos medios. Algo cambiará, o no se habría hecho la compra. Pero, francamente, no los veo como formadores de opinión, salvo que consigan a un Bernardo Neustadt o un Chiche Gelblung joven y K, y el clima de época que les dió a ellos su espacio. Insisto, no lo veo.

Hay un desarrollo pendiente, que es la esperanza real, y la mejor, de muchos que lucharon por la Ley de Medios: la eclosión de muchas voces diferentes, más auténticas y más cercanas a la sociedad. Algo de eso puede estar pasando, y las limitaciones a las absorciones que el Grupo Clarín irresistiblemente hacía de medios locales ayuda. Pero… los medios locales son eso, locales. Un diario o una estación o un cable de Famatina, o de la Villa 31, o de Recoleta si vamos al caso, puede ser una ráfaga de aire fresco, y hasta cumplir un rol social importante. Pero no es, por definición, un medio masivo.

Voy a tomar una definición, arbitraria, pero para entender de qué estamos hablando. Porque Clarín no es un “diario popular”. En realidad, los laburantes y los jóvenes cada vez leen menos un diario, en promedio. Y TN, omnipresente como es, tiene menos rating que cualquier canal de aire, salvo la TV Pública. Voy a decir entonces que Clarín es el Página 12 para los sectores medios que no son psicólogos ni sociólogos ni militantes políticos, es decir la inmensa mayoria. Por eso al gobierno, a cualquier gobierno, le vendría muy bien un Clarín propio, porque esos sectores medios son los que definen las elecciones en Argentina.

Se podría decir – y ésta es la clave de mi argumento – que Néstor Kirchner tuvo un Clarín de su lado en los primeros años, cuando Alberto Fernández era Jefe de Gabinete (algunos dicen que por eso era Jefe de Gabinete). Digo que esa es la clave, porque un diario masivo puede favorecer a un gobierno, pero en forma sutil, o deja de ser interesante salvo como papel para envolver. Entonces, si estoy en lo cierto, la pregunta del título puede reformularse así: ¿Está dispuesto el gobierno de Cristina Fernández a aceptar que un diario masivo que lo apoye debe criticar alguna de sus políticas, las que irritan a su público? ¿Revelar, de vez en cuando, algunos platos sucios? Si no es capaz de entender eso, y no ha mostrado mucha predisposición a hacerlo, no va a tener un medio masivo de su lado.


No sólo de finanzas vive el mundo…

mayo 22, 2012

Bueno, los muchachos de J.P.Morgan dirían que esto no es vida (Hace unas horas CNN informó que las pérdidas de la casa que fundó John Pierpont Morgan – no Henry; ese era el pirata, y sus negocios eran más claros – llegarían a 8 mil millones de dólares). Algo conozco de finanzas, y todavía no tengo claro cómo lo consiguieron. Y Dostoievsky, en El Jugador, exploró algo del alma humana, pero estos fenómenos colectivos no los tocó.

Pero, estimados y estimadas, este breve post no versará sobre finanzas. El desinfle de la Gran Burbuja financiera es el tema central de estos años. Sus consecuencias amargan la vida de muchos millones de personas – generalmente sin culpa, o con mucha menos que banqueros y gobernantes – en muchos países; están destruyendo el en su momento inspirador proyecto de Unión Europea; y son legítima preocupación en el resto del mundo. Pero sería un grave error creer que eso es todo lo que pasa, o lo más importante.

Especialmente, es un error y una tentación para nosotros, los “nac&pop”, para llamarnos de alguna manera. Como tenemos un prejuicio ideológico contra la actividad puramente financiera, que no sirve a la producción, y Argentina tiene la extraordinaria suerte – que algo hemos hecho por ganarla, eso sí – que nadie nos preste un dólar, nos resulta fácil elaborar, y creernos, un relato donde el mundo desarrollado se va por el desagüe mientras nosotros seguimos un camino virtuoso. No voy a discutirlo; simplemente, subo algunas noticias, y un cuadro, que tienen que ver con otras cosas que están pasando en la economía global, muy cerca de nosotros, y a las que debemos prestar atención.

Una, el dato que nos interesa está en los títulos, de esta nota reciente del Financial Times: “Las fábricas comienzan a volver a EE.UU. Dos tercios de los grandes fabricantes estadounidenses han trasladado sus fábricas en los últimos dos años, y el destino más popular son los mismos EE.UU., …”.

Otra, que puede o no tener que ver con la anterior, es esta otra nota del FT, donde Roger Altman, un ex subsecretario del Tesoro de EE.UU. anuncia que pronto asistiremos al final de la OPEC, la legendaria asociación de países exportadores de petróleo. Sí, Saudi Arabia seguirá siendo clave, pero el descubrimiento de gigantescas reservas de “shale” en el Hemisferio Occidental – menciona USA, Canadá, Brasil y posiblemente México (Kicillof, Galucccio, los están ninguneando) – hace que el Medio Oriente pase a ser una preocupación principalmente de China, que compra allí su petróleo…

Otra más, que es una adecuada muestra de cómo es la cosa con los Tratados de Libre Comercio bilaterales, la carnada con la que los EE.UU. desvía del seno familiar a nuestros países hermanos de la América del Sur. Una tentación ayudada por el descuido en que los tenemos los mayores de la familia, Brasil y Argentina.

Este cuadro – con cifras del gobierno de los EE.UU. que puede verse en el blog gringo IKN, muestra la evolución del balance comercial entre Perú y los Estados Unidos desde el 2002 hasta hoy, y en especial desde febrero de 2009, cuando se firmó el tratado. Que, dijeron al pueblo peruano, abriría nuevos mercados a sus exportaciones. Ah, debajo de la línea horizontal es el saldo favorable a Perú. Por encima, más importaciones desde los EEUU que exportaciones hacia allí.

Más detalles, en el blog peruano Memorias de Gregorio Samsa

(cliquear encima para agrandar)

Finalmente, esta otra noticia de Expansión, Oleoducto Venezuela-Colombia tendrá a China como “socio estratégico”. Parece que el comandante Hugo Chávez, cuyo accionar nos recuerda mucho al primer peronismo, y el compañero Juan Manuel Santos, que nos recuerda mucho a algunos gobernadores peronistas, han descubierto que hablar de ideología es hablar en fenicio, como nos recordaba el General, y han decidido hacer buenos negocios entre sus países y con el Sr. Hu Jintao, que no será peronista pero le noto un aire a Lord Palmerston.

A fines de noviembre pasado, el presidente de Venezuela y el de Colombia suscribieron varios acuerdos de cooperación entre los que se encuentra el Oleoducto. Se comprometieron a realizar de forma conjunta el diseño, ejecución y puesta en marcha de un proyecto de transporte de crudo desde la Faja Petrolífera del Orinoco hasta el Puerto de Tumaco en el Pacífico occidental de Colombia.

El ministro de Petróleo y Minería de Venezuela, Rafael Ramírez, dijo a los periodistas tras la celebración del III Consejo Energético de la Unasur “Estamos hablando de transportar por este oleoducto más de 500.000 barriles días de petróleo, petróleo proveniente de la Faja Petrolífera del Orinoco y de las áreas en desarrollo de Colombia que podamos exportar hacia el Pacífico“.

El proyecto será financiado por el China Development Bank, y construído a medias por Sinochem, la principal empresa petrolera china, y Ecopetrol, la compañía estatal colombiana. Lo divertido del caso es que estos anuncios se hacen casi el mismo día que entra en vigor el acuerdo de libre comercio entre EE.UU. y Colombia, que estuvo seis años en discusión en el congreso yanqui.

Qué quieren que les diga, uno de los motivos por los que percibo a Santos como peronista es una cuestión de estilo. Eso sí, tenemos que preocuparnos, después de las décadas en que Brasil nos dejó muy atrás, que no lo haga Colombia. En población ya nos pasó…


“YPF y las provincias” se suspende

mayo 22, 2012

La exposición que preparaba el Foro para la Planificación Estratégica de Políticas de Estado con Martín Buzzi, Gobernador de Chubut, Gildo Insfrán, Gobernador de Formosa, José Luis Gioja, Gobernador de San Juan, y Carlos Ciurca, Vicegobernador de Mendoza, sobre el tema “Argentina y la Soberanía Energética”, para mañana miércoles 23 a las 10 hs. en la Biblioteca Nacional, ha sido suspendida, y que anuncié aquí, ha sido suspendida. Tras conversar con todos los interesados, se ha visto que la letra chica del “Acuerdo de San Nicolás” todavía no está termnada, y es preferible demorarla hasta que lo esté.


La guerra de Troya sigue suspendida

mayo 22, 2012

Como decía aquí, empezar con la puja política – fascinante como es para militantes, periodistas y blogueros – sería demasiado apresurado. Hoy la puja distributiva es la que importa. Según Infobae, las elecciones internas se harían en marzo del próximo año, y, necesariamente los mandatos partidarios se prorrogan hasta entonces. La paz sea con vosotros.


La crisis internacional y la perspectiva nacional

mayo 20, 2012

Llevo cuatro años subiendo posts sobre la Crisis global, y es sólo una muy pequeña parte de lo que se ha escrito en la blogosfera politizada – sobre todo en los últimos tiempos – y, por supuesto, en la blogosfera económica. Que a su vez es una pequeña parte – aunque la más informal y, quizás, la más original – de lo que se ha escrito en los medios y en papers académicos.

Pero no dejé de señalar que, a mi juicio, todavía no hay un encuadre teórico satisfactorio, como el que se logró – a pesar de las controversias todavía vigentes – sobre la Gran Depresión de los ´30, por ejemplo. Y son muchos los estudiosos que piensan así. Está bien, no es imprescindible. Uno puede escapar de un incendio sin comprender a fondo el fenómeno químico de la combustión. Pero si uno quiere construir una casa razonablemente segura, es mejor que lo entienda.

Tuve la ocasión de releer hoy este trabajo de Rubén Guillén, con quien colaboro en el Foro San Martín, que lo había divulgado hace año y medio en la Agenda de Reflexión y por comunicaciones privadas. Y decidí suspender algunos posts que tenía sobre nuestra situación local, y subirlo. Es bastante largo, pero vale mucho la pena. Rubén analiza la Crisis con herramientas teóricas muy tradicionales – hasta convencionales – en el análisis económico, pero no tiene miedo a las conclusiones. Y, lo que personalmente valoro mucho, no comete el error de creer que esas conclusiones determinan una situación inevitable. Sabe lo que le cuesta entender muchas veces a los teóricos, que el futuro no está escrito.

Tengo algunas observaciones a su trabajo, pero las dejo para otro post. Sólo adelanto aquí, al comienzo, tres párrafos que, para mí, nos dicen de qué se trata:

Una definición económica: “Si no hay creación real de valor, que sólo tiene lugar en la producción, el sistema capitalista no puede funcionar. Los rendimientos que obtiene el capital en las finanzas no son tales en tanto no hay una creación real de riqueza que respalde el valor incremental de los activos financieros”.

Una previsión geopolítica: “Junto con todos esos cambios también se transforman las relaciones de poder mundiales. Cada época es una organización del mundo, en la que hay una potencia dominante que le da su impronta y a la cual algunos tratan de emular y otros de parodiar. Por lo tanto, cuando termina una época es porque ha entrado en crisis el sistema, pero con él también ha entrado en crisis la vieja potencia dominante y el orden internacional construido a su imagen y semejanza. En su lugar vendrá otra u otras, y un orden internacional de otro tipo”.

Y un llamado a la acción: “Las naciones y los Estados pueden ingresar en el nuevo orden de manera pasiva, librados a la voluntad de las nuevas potencias; o bien pueden ser activos y tratar no sólo de encontrar un lugar en el mundo que no sea el que le quieren asignar otros, sino además cambiar su propia realidad de acuerdo con los intereses de sus pueblos.

Sobre la base de sus propias fuerzas – productivas, culturales, políticas, … – su lugar y su desempeño en el futuro dependerán de su propia voluntad nacional y de su inteligencia. Nadie está obligado a sufrir la Historia. Nadie está obligado a padecerla”.

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La crisis internacional y la perspectiva nacional

La crisis actual que sufre el capitalismo es consecuencia de un proceso profundo y complejo propio de ese modo de organización de la economía y de la sociedad misma. Hablar de crisis “financiera”, como lo hacen los grandes medios de (in)comunicación, es intencional, porque contribuye a ocultar que el rey está irremisiblemente desnudo.

Toda crisis sistémica, como la actual, se resuelve mediante una redefinición del capitalismo mismo y de la estructura del poder mundial. Está en nosotros interesarnos por saber qué es lo que realmente pasa y actuar de manera tal que podamos construirnos un lugar en el mundo que preserve nuestro interés nacional.

El pensamiento económico siempre ha sido un terreno de disputa, porque la economía hace al poder y a la dominación de un sector de la sociedad sobre otro. Por eso quienes dominan siempre se han preocupado por tener el control de las usinas de pensamiento económico (desde los diarios y publicaciones “especializadas” hasta los centros de estudio y las universidades) tratando de que lo que emane de allí no sólo no vaya en contra de sus intereses, sino que además los afirmen y defiendan. Por eso se ocupan de financiar generosamente a los economistas del establishment y a sus instituciones.

Por el contrario, quienes adscriben a las distintas vertientes del pensamiento nacional no lo tuvieron suficientemente en claro y dejaron ese terreno mayoritariamente yermo. Sólo afloran algunas voces individuales y unos pocos núcleos, siempre débiles, que tratan de pensar lo económico desde la perspectiva nacional. En consecuencia, el establishment no sólo fija la agenda de la discusión económica, sino que además ha instalado como de sentido común cuestiones que sólo son axiomas y argumentos formulados para defender sus intereses; versiones contemporáneas de las zonceras de las que hablaba Jauretche.

En la problemática económica convergen algunas cuestiones sencillas y de fácil acceso para todos y otras que son extremadamente complejas y difíciles de comprender sin la ayuda de un aparato conceptual que no carece de aridez.

La cuestión económica clave en esta hora es la crisis que afecta al capitalismo en su conjunto y a nosotros con él. Y lo es porque no sólo involucra a la crisis misma, sino a la lógica de reproducción del capitalismo y a su talón de Aquiles. Si se entiende de qué se trata la crisis se entiende cuál es el nudo gordiano del capitalismo, lo que permite tener una base sólida para plantearse qué políticas son conducentes y cuáles no para alcanzar “la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación”.

Sobre la crisis, hay una primera cuestión a tener en cuenta para no comprar un verdadero caballo de Troya: la crisis que nos toca vivir en estos momentos no es “financiera”, sino estructural. La caracterización de “financiera” que han instalado es ideológica y su cometido fundamental es ocultar las verdaderas causas; si bien muchos se hacen eco de ese término, no por mala intención, sino por desconocimiento.

Es cierto que la primera manifestación de la crisis ha sido financiera. Pero eso es algo típico de las crisis estructurales del capitalismo. La crisis siempre estalla en el ámbito financiero, como sucedió con la gran crisis mundial que se iniciara en 1929 a partir del derrumbe de Wall Street, la bolsa de Nueva York. Pero su raíz no es financiera, sino económica Utilizando una frase trillada hay que decir que la rama no nos debe ocultar el bosque.

Producción capitalista y etiología de la crisis

La producción económica capitalista es producción de mercancías (bienes ó servicios) mediante la aplicación de máquinas y herramientas, materias primas, insumos, mano de obra y la organización y comercialización de la producción por los empresarios. Las máquinas, herramientas, materias primas e insumos necesariamente deben existir antes de la producción de una mercancía. Mientras lo nuevo, lo que se agrega en el proceso productivo, es el trabajo de los trabajadores y de los empresarios, conocido como valor agregado. De allí surgen los salarios y las ganancias capitalistas.

Pero los empresarios no perciben la ganancia por su actividad, sino por ser los dueños del capital, con el que adquieren todo lo necesario para producir, incluyendo el trabajo humano. Son ellos quienes deciden qué, cómo y cuándo se produce, y a quién, a cuánto y cómo se venden los productos. Más aún, por ser los dueños del capital, son quienes deciden si se ha de producir o no.

Los salarios y las ganancias son los ingresos fundamentales de la economía. Cuando se habla de distribuirlo se habla, precisamente, de distribuir el valor agregado entre los trabajadores, a través del salario, y los empresarios, a través de la ganancia. La distribución es el resultado de una puja entre ambos, en la que los empresarios llevan las de ganar porque poseen el capital y el poder de decisión que les otorga.

Los asalariados necesariamente deben trabajar; si no, no pueden adquirir lo necesario para vivir ellos y sus familias. Los capitalistas, en tanto, disponen del capital y no están urgidos para aplicarlo en la producción. Sólo lo harán si la magnitud de la ganancia que obtienen les parece conveniente. Si no, pueden abstenerse, lo que impediría que la economía se reproduzca normalmente.

En la reproducción normal los asalariados utilizan sus ingresos para sufragar sus consumos y los empresarios para invertir en la producción, además de consumir. Lo que no se consume, o lo que es lo mismo, lo que se ahorra, debe aplicarse a la producción; es decir: debe invertirse. Es lo que permite que la economía crezca de manera sostenida, garantizando una mayor producción de mercancías y mayores oportunidades de empleo. Así como también permite obtener mayores ganancias. En suma, si el ahorro se iguala a la inversión cada nuevo ciclo productivo insumirá más capital y más trabajo y será la fuente de mayores ganancias.

Las finanzas

Pero la economía no se reduce a la producción de mercancías. Hay otras actividades y otros actores económicos, como el Estado y los especuladores financieros. Los especuladores son quienes poseen un capital líquido que aplican en las finanzas, de acuerdo con la tasa de interés que se les ofrezca en cada caso. Cada uno actuará de acuerdo con su mayor o menor aversión al riesgo, seducido por los distintos rendimientos financieros que puede obtener (en general, los mayores rendimientos los ofrecen las operaciones más riesgosas).

Quien posee un capital líquido puede aplicarlo en la especulación. Incluso los empresarios, si deciden que les resulta más conveniente aplicar sus ganancias allí en lugar de destinarlas a ampliar la producción.

La actividad financiera fundamental es el crédito. En ella, quienes tienen capitales líquidos ociosos los prestan a quienes los necesitan, a cambio del pago de un interés y la entrega de garantías. Los préstamos se pueden efectuar mediante un contrato privado entre el dueño del dinero y quien lo toma, o a través del sistema bancario. En este caso la actividad está regulada por la banca central, que trata de minimizar el riesgo de incobrabilidad de los créditos para garantizar la salud del sistema. Por el contrario, en los contratos privados todo queda librado al buen tino de sus actores.

Por otra parte, hay que subrayar que en una economía capitalista la única fuente genuina para el interés es la masa de ganancias que genera la producción. De allí deben salir los recursos para pagar los intereses ¿Cómo se entiende esto? Vamos de a poco.

Si el ahorro debe igualar a la inversión para que cada nuevo ciclo productivo insuma más capital y más trabajo y sea la fuente de mayores salarios y mayores ganancias, el “mercado de capitales” debería estar abocado a financiar la inversión.

Cuando el capital líquido ahorrado, crédito mediante, se destina a la inversión, se genera el círculo virtuoso antedicho. La inversión permitirá incorporar más capital fijo a la economía y, con él, ampliar y/o mejorar la producción y, de suyo, incrementar la masa de salarios y la de ganancias. Si esto se reitera una y otra vez, ciclo tras ciclo, la rueda de la economía gira sin interrupciones, y en cada ciclo se obtiene una producción mayor, con los beneficios antedichos.

Pero además, la masa de intereses que se han de pagar por los créditos que se han utilizado para invertir no debe ser mayor que la masa de ganancia que se obtiene en la producción. De no ser así, para pagarlos habría que utilizar el capital de las empresas.

Producción y tasa de ganancia

Uno de los rasgos determinantes del capitalismo es la necesidad de que se puedan obtener ganancias. Sin ellas, el acto de la producción capitalista no tiene sentido: los empresarios producen para ganar, ese es su móvil.

Por otra parte, en cada época del capitalismo la producción y el consumo se organiza en torno de cierto conjunto de bienes y servicios conocido como patrón de consumo. El fin de una época y el comienzo de otra se debe a una crisis estructural, y de una a otra el patrón de consumo cambia. Pero no es lo único. También cambia la forma en que se organiza la producción, así como las características y la forma en que se determinan los salarios, las características y el papel del Estado, las características de la moneda, etc. En una palabra, se redefine todo el sistema.

Así, antes de la crisis iniciada en 1929 el consumo se centraba en los alimentos y la vestimenta y en muy pocos artefactos. La producción se organizaba en torno del acople entre el obrero y la máquina en jornadas de trabajo dilatadas, y el uso de la línea de producción era limitado. Los salarios eran bajos. Se pagaba por hora y salvo excepciones no existían beneficios como las vacaciones pagas. Los sindicatos eran combatidos. El mundo se regía por el patrón oro y el Estado no intervenía en la economía. Pero luego todo cambió. El consumo masivo incluyó los electrodomésticos y los automóviles, la producción se organizó en línea y se generó un círculo virtuoso por el cual los incrementos de productividad se trasladaban a los salarios, acompañado de un conjunto de beneficios, incluyendo la generalización de la jornada de 8 horas. Y esto se hizo negociando con los sindicatos, que de allí en más fueron considerados interlocutores válidos. Cesó el patrón oro y el dólar de los EE.UU. pasó a ser la moneda de reserva internacional, mientras surgía el Estado benefactor.

La difusión de un patrón de consumo tiene dos fases. En la primera, el patrón se difunde y mientras más y más consumidores lo adopta la producción se incrementa. Con ella, aumenta la demanda de trabajo, los salarios y las ganancias. Cuando el patrón de consumo se ha generalizado comienza la segunda fase, la de estancamiento (porque, por ejemplo, una vez que todos quienes pueden tener un automóvil lo tienen, se puede aumentar su venta reduciendo el tiempo en que se renuevan las unidades, pero eso tiene un límite). Cuando se estanca el consumo se estanca la producción, y con ella la demanda de trabajo, los salarios y las ganancias. Más aún, se incrementan los costos fijos y se erosionan las ganancias. Mucho más si los trabajadores pujan por mayores salarios.

Producción, especulación y crisis

Cuando se llega a una situación de estancamiento, la inversión en la producción cesa: si no hay posibilidad de vender más ¿qué sentido tiene aumentar la capacidad de producción? Lo que equivale a decir que perdió sentido aplicar las ganancias en la producción. Y cuando esto es así, el ahorro deja de ser igual a la inversión. ¿Pero qué hacen los empresarios con sus ganancias?

Si lo que les ingresa como ganancias lo conservaran como mero capital líquido sin aplicarlo en nada, sufrirían dos tipos de perjuicios. El primero, es la pérdida de la oportunidad de ganar algo, que es abstracta en tanto no exista un negocio en el que se pueda ganar. El segundo es concreto y se debe a la desvalorización del dinero por el mero aumento de los precios de una economía -la inflación-.

Por lo tanto, si hay activos financieros -incluyendo activos inmobiliarios que se adquieren con criterio especulativo- que ofrecen un rendimiento mayor que el que se obtiene en la producción, los empresarios colocarán sus capitales líquidos allí, asumiendo el papel de especuladores.

Una vez que se inicia este proceso comienza una bola de nieve. El capital líquido especulativo crece más y más y cuanto más crece más se distancia de las necesidades que tiene la producción. El capital especulativo se autonomiza y adquiere su propia lógica, por fuera de la inversión y de la producción.

Cuando esto sucede, los mercados financieros se convierten en una sala de apuestas (como decía Keynes) donde, de acuerdo con la información disponible, cada uno compra y vende según sus pálpitos. Así, los valores de los activos financieros -títulos, acciones, etc.- se desacoplan de aquello que hace a su naturaleza (por ejemplo, en el caso de una acción, de la rentabilidad de la empresa que la emitió) y comienzan a depender de esas apuestas.

Es lo que sucedió en el proceso que desembocó en el derrumbe de Wall Street, en octubre de 1929. En él contribuyeron dos causas. Una, fue que a lo largo de la década del 20, mientras la economía de los EE.UU. se expandía más y más su consumo crecía a un ritmo menor, dando lugar a lo que acabamos de describir: la porción del excedente de las empresas que no se podía aplicar en la inversión se destinaba a la compra de propiedades o de activos financieros. La otra causa fue que, con las economías europeas pauperizadas y la alemana, en particular, desvastada como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, los excedentes económicos generados allí, sin posibilidad de aplicación rentable, cruzaban el Atlántico e iban al corazón del mercado de capitales de los prósperos EE.UU.: la bolsa de Nueva York. Ambas causas dieron lugar a una enorme demanda de títulos y acciones estadounidenses, disparando sus precios a un punto tal que no guardaban correspondencia con el valor ni con los negocios de sus emisores. Y cuando los especuladores cayeron en cuenta de que el rey estaba desnudo, sobrevino el colapso de Wall Street, de la economía de los EE.UU. y de la del mundo capitalista.

El disparador de la crisis fue el estallido de la descomunal burbuja financiera a la que había dado lugar la especulación. Pero no fue una crisis financiera. Fue una crisis económica debida al desacople entre el ahorro y la inversión.

Las burbujas y la regulación del capitalismo

Normalmente, cuando la difusión del patrón de consumo ingresa en su fase de estancamiento la economía capitalista comienza a desarrollar diversas burbujas financieras, que van a ir in crescendo en la medida en que el estancamiento avanza, hasta que se conforma una burbuja totalizadora que dispara la crisis.

Esas burbujas van estallando una tras otra generando turbulencias pero sin precipitar la crisis económica. Con cada estallido se produce la devaluación de los valores de los activos que estaban “inflados” por la especulación y sus efectos pueden afectar a algún que otro banco, según el grado de exposición que tenga cada uno respecto de esos activos. Los grandes perdedores de estos estallidos localizados y restringidos (recordemos los que hace unos años se dieron en llamar Vodka o Tequila) son los tenedores de los activos financieros que se devalúan, que no son todos los activos financieros sino sólo los que están comprendidos por esa crisis. Asimismo, de ninguna manera se ve afectado el sistema en sí mismo, porque esos estallidos son crisis financieras, no crisis económicas.

Distinto es lo que sucede cuando estalla la gran burbuja, la final. En este caso se trata de una crisis económica, que siempre se debe al agotamiento del patrón de consumo. Aquí, además de las pérdidas de valor de los activos financieros, se produce la quiebra de aquellas empresas y aquellos sectores de la producción que están ligados a la oferta de los bienes y servicios más vinculados al estancamiento del patrón de consumo colapsado. Y esas quiebras lo son en todo el sentido del término, porque ya es imposible recrear la producción de esos bienes en niveles tales que tenga sentido invertir capital allí (y contribuir a que la inversión se corresponda con el ahorro). Lo que se requiere es fundar un nuevo patrón de consumo, con nuevos bienes sobre la base de nuevas cadenas de producción. Se trata de un cambio de época.

Los quebrantos -unos de activos financieros, otros de empresas- son la manera que tiene el sistema capitalista para desprenderse por sí mismo de aquello que ha dejado de cumplir un papel funcional; de lo que -recurriendo a una analogía biológica- en unos casos ha pasado a constituir una forma tumoral, o en otros directamente se ha necrosado. Las crisis no son anomalías del capitalismo. Son procesos regulares que hacen a su regulación y a su auto depuración. Si no sufriera crisis, este sistema se desorganizaría, porque el estancamiento sostenido de la difusión del patrón de consumo lo llevaría a un punto tal en que las posibilidades de extraer ganancias en la producción se extinguen y con ellas la lógica misma que es el quid del espíritu capitalista. Si no hay creación real de valor, que sólo tiene lugar en la producción, el sistema capitalista no puede funcionar. Los rendimientos que obtiene el capital en las finanzas no son tales en tanto no hay una creación real de riqueza que respalde el valor incremental de los activos financieros.

Cambio de época

Las crisis estructurales son bisagras entre épocas y de una época a otra todo cambia. Cambia el patrón de consumo y con él la forma en que se produce (con nuevas tecnologías, nuevas maneras de organizar la producción, nuevas relaciones entre el capital y el trabajo, etc.), la forma en que se consume (con nuevos bienes y servicios, nuevos tipos de consumo, etc.), el tipo de regulación que ejerce el Estado sobre la economía y la organización de las relaciones económicas internacionales, así como las instituciones internacionales y sus características funcionales. También cambia la organización monetario-financiera, en cada Estado nacional y en el mundo en su conjunto, y muchas cosas más.

Junto con todos esos cambios también se transforman las relaciones de poder mundiales. Cada época es una organización del mundo, en la que hay una potencia dominante que le da su impronta y a la cual algunos tratan de emular y otros de parodiar. Por lo tanto, cuando termina una época es porque ha entrado en crisis el sistema, pero con él también ha entrado en crisis la vieja potencia dominante y el orden internacional construido a su imagen y semejanza. En su lugar vendrá otra u otras, y un orden internacional de otro tipo.

Pero también cambia la vida cotidiana y, sobre todo, cambia el pensamiento y la ideología. Una nueva época implica un nuevo mundo, y un cambio tan radical hace que el género humano necesite explicarse qué pasó, por qué se desmoronó el mundo tal cual era, cómo es lo nuevo que emerge, por qué lo nuevo es bueno y lo otro era malo. Y se explicará ambas cosas. Pero no por sí mismo, sino por boca de las usinas que responden a los intereses que habrán de cambiar la configuración del mundo.

El sistema, como tal, jamás se cuestiona a sí mismo, o lo que es lo mismo, sus beneficiarios jamás se cuestionan a sí mismos ni cuestionan la lógica que los instala en ese lugar. Por ello, una vez que sucede el colapso todas las usinas políticas e ideológicas se abocan a buscar la falla, la anomalía, lo patológico en aquello que se desmoronó. De la misma manera en que se abocan a encontrar las bondades y la sanidad en lo nuevo que surge (si bien lo nuevo también cumplirá su ciclo y en su momento colapsará, como todo). No debe extrañar entonces que hoy escuchemos hablar de la necesidad de que el Estado no deje al capital librado a su propia voluntad, a los mismos que hace poco escuchábamos hablar de las bondades de la libertad irrestricta de mercado. Y en algún tiempo futuro, cuando se consolide un nuevo patrón de consumo y un nuevo orden internacional, esos mismos nos dirán qué bueno es el nuevo mundo y cómo todos -respetando sus intereses- caminamos rumbo al paraíso.

Un lugar en el mundo

Lo que acabamos de describir de ninguna manera implica que debemos sentarnos a un costado del camino esperando el desfile de los acontecimientos, sujetos a un destino inexorable. Las naciones y los Estados pueden ingresar en el nuevo orden de manera pasiva, librados a la voluntad de las nuevas potencias; o bien pueden ser activos y tratar no sólo de encontrar un lugar en el mundo que no sea el que le quieren asignar otros, sino además cambiar su propia realidad de acuerdo con los intereses de sus pueblos.

Sobre la base de sus propias fuerzas -productivas, culturales, políticas, etc.- su lugar y su desempeño en el futuro dependerán de su propia voluntad nacional y de su inteligencia. Nadie está obligado a sufrir la Historia. Nadie está obligado a padecerla.

Si durante la Segunda Guerra Mundial en la Argentina no hubiera sucedido nada y se hubiera mantenido el orden oligárquico de la Década Infame, muy probablemente hubiera terminado siendo un país paupérrimo sin una mínima chance de futuro. Pero la voluntad de los hombres del GOU y la inteligencia y la astucia de Perón hicieron que para nosotros la Historia haya sido otra.

La Argentina de Perón no se sometió al orden económico y político que por entonces imponían los EE.UU. desde Bretton Woods, para sujetar al dólar a lo que sería el campo capitalista durante la Guerra Fría que estaba por venir. Por el contrario, esa Argentina no adhirió al Fondo Monetario Internacional (FMI) ni se alineó detrás de los EE.UU. En su lugar defendió la independencia económica y la soberanía política, sobre la base de un proyecto industrial autónomo y la “tercera posición”, que incluía la unidad de América del Sur.

Después, en el 55, cayeron las bombas homicidas sobre la Plaza de Mayo y cambió la historia. Y entre tantas cosas vergonzantes que hicieron los golpistas que reinstalaron el orden oligárquico, estuvo la adhesión de la Argentina al FMI. Lo que vino después es historia conocida.

Sabemos que hoy el mundo se va a redefinir y que en ese cambio tenemos dos opciones excluyentes: o nos redefinimos de acuerdo con nuestros propios intereses, buscando garantizar la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra nación, o nos redefinen otros, de acuerdo con sus propios intereses.

Ojalá estemos a la altura de nuestros mayores.

Rubén L. Guillén

Economista especialista en Planificación


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