El «latinoamericanismo mitológico», la integración real

Ayer, motivado por las declaraciones del presidente de Uruguay en un acto por el 25 de Mayo, subí un post artiguista. En realidad, el que hizo artiguismo fue Mujica.

Un frecuente visitante y colaborador del blog, Rogelio Galliano, comentó aquí de una «enorme hipoteca» que se habría propuesto levantar el Presidente José Mujica, y dió algunos ejemplos. Yo le contesté «Rogelio, creo que tu enfoque está profundamente equivocado. No hay “hipotecas” – es decir, deudas con garantía de inmuebles – que esté obligado a levantar Uruguay. O Chile. O Brasil. Ni tampoco Argentina«.

Él contestó a su vez, aquí, aclarando que su referencia a «hipoteca», o mejor «lastre» era con los propios uruguayos, que en algunos medios se mostraban muy hostiles a Argentina. Yo, como «administrador» del blog, estimo que es mejor no meterme a discutir en las columnas de comentarios (aunque muchas veces no resista la tentación). Igual que los jueces, que hablen por sus sentencias. los blogueros deberíamos hablar sólo por nuestros posts. Además, y sobre todo, nadie ganó nunca una discusión, según lo ve el que discutía con él.

Pero Rogelio es un tipo inteligente con el que además compartimos algunos ideales. Y su crítica, que encuentro desacertada, pienso que sirve para obligarme a precisar algunos conceptos, muy importantes.

Porque él dice, como resumen: «La actitud más apropiada para armonizar nuestros intereses comunes es reconocer con realismo cuál es la situación en cada momento y no deformarla con un latinoamericanismo mitológico e irreal” ¡Totalmente de acuerdo! Pero creo que es necesario tomar en cuenta que cada uno verá «la situación» desde un determinado punto de vista, desde su país, cuya identidad, historia y prejuicios se han formado a la larga de bastantes generaciones. La matriz cultural desde la que se hace la política, como apunta muy acertadamente ahí mismo el Canilla.

Por caso, ejemplos de ese latinoamericanismo mitológico e irreal están incluídos en su primer comentario en el post. Creer que un uruguayo, desde un patriotismo localista, va a sentir como una «hipoteca enorme» el refugio en 1955 a los aviadores que habían bombardeado Plaza de Mayo. Para un uruguayo, probablemente, si lo recuerda, sería como un ejemplo del tradicional asilo político a los derrotados de una contienda civil argentina. Es más fácil que registre – los medios locales le refrescarán – que Perón hostilizó al Uruguay en su primer gobierno. Para un argentino, especialmente para un argentino peronista, el hecho abre una herida en su memoria, pero no especialmente con el Uruguay. Al menos, no noto que haya afectado nuestro turismo hacia sus playas.

Y es probable que ni el argentino ni el uruguayo del común tengan presente que Perón – con un latinoamericanismo concreto y realista – normalizó definitivamente la situación de límites con el Uruguay con un tratado generoso. Especialmente si nosotros y los uruguayos que se sienten argentinos orientales no nos esforzamos en marcar la vigencia de esa actitud. Los herederos de esos aviadores no lo van a hacer.

Otro ejemplo de latinoamericanismo mitológico e irreal, es asumir que los otros países latinoamericanos deben asumir como propia la causa de Malvinas. No la han aprendido en la escuela primaria ni derramaron sangre por ellas. Su solidaridad no es automática, es el fruto de esfuerzos diplomáticos conscientes y laboriosos, de tomar en cuenta causas caras a cada uno de ellos. Facilitados, tal vez, por una memoria de la Patria Grande.

En este tema, otra «irrealidad» sería suponer que Chile no iba a ayudar, bajo cuerda, a Gran Bretaña en la guerra de las Malvinas en 1982. Menos de 4 años antes, Argentina y Chile estaban listos para ir a la guerra … entre ellas. Y en abril del ´82, había manifestantes pelotudos en nuestras plazas que coreaban «Tero. tero, tero Hoy le toca a los ingleses y mañana a los chilenos«.

Actualmente el Presidente de Chile, Sebastián Piñera, no sentimental él, repite en todos los foros internacionales el apoyo de Chile a los reclamos de Argentina, y hay fuerzas militares conjuntas de Chile y Argentina en algunos escenarios. No habría nada más mitológico e irreal que pensar que eso es «natural», y se da de casualidad y no por un cuidadoso trabajo en reforzar intereses comunes.

De todos modos, el plano más conflictivo es, siempre, el económico. Rogelio menciona un tema clave «es muy dificultoso cerrar el acuerdo de intercambio de información tributaria que impida que sean el paraíso de los evasores fiscales y principal canal de la fuga de capitales de Argentina«. Uruguay, seguramente, no limitará la actividad financiera, que le da buenos dividendos, sin obligar a ningún argentino a llevar dinero allí, ni tampoco desalentará a las pasteras en su territorio, si el Mercosur, es decir, Argentina y Brasil no le ofrecen alternativas satisfactorias.

En realidad, tampoco Brasil, ni Argentina, harán nada que perjudique sus intereses… salvo que su integración les brinde mejores posibilidades. Pensar lo contrario… eso sí sería irreal.

El comentario de Rogelio rescata, con razón, un hecho bien real: la hostilidad muy presente en muchos uruguayos hacia Argentina. Aparte de la bronca con el «estilo porteño» que muchos en Latinoamérica identifican con los argentinos en general ¿qué creíamos que iba a pasar, después del bloqueo en Gualeguaychú? (Yo pienso que el bloqueo fue una estupidez insigne, pero no importa. Aunque hubiera sido una medida inteligente ¿cómo la iba a tomar el uruguayo medio?).

En resumen: el romanticismo tiene su lugar en política, como en la vida, pero trato de no incluirlo en mis análisis. Por eso, lo que encuentro «mitológico e irreal», para seguir usando esa frase, es pensar que Argentina, su seguridad y sus intereses, no necesitan de alianzas sólidas con el resto de la América del Sur. Que su futuro no requiere, sí o sí, la construcción de estructuras políticas, militares, culturales y económicas comunes en la región.

Como esta convicción no es todavía compartida por muchos niveles de decisión en los gobiernos sudamericanos, ni por una parte significativa de nuestros pueblos – y es posible que lo que está pasando con la Unión Europea desaliente el respaldo a procesos de integración – creo que una tarea política importante es difundirla. Y analizar los pasos prácticos para construir esa realidad.

2 Responses to El «latinoamericanismo mitológico», la integración real

  1. Rogelio dice:

    Estimado Abel:

    He leído atentamente el post.

    Comparto la idea de que es importante, como tarea política, analizar los pasos prácticos que respalden los procesos de integración en nuestra región.

    También es bueno que te agradezca la disposición y “el aguante” con los que siempre autorizas mis comentarios.

    Un abrazo

  2. Mariano T. dice:

    Uruguay es un país bárbaro para trabajar. Hay un perjuicio antiargentino,. o antiporteño, que se disipa si lo ven arremangarse a uno (cosa que los patrones de allá hacen poco).
    No tiene retenciones, si uno pide le pagan en dólares, los impuestos son bajos, las reglamentaciones son las mínimas necesarias para que todo fluya. El único problema es el gas oil más caro, pero es solo un costo más, hay otros costos que estan más bajos para compensar.
    Y es gente bastante querible. A todo nivel, salvo los garcas ociosos.

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