Malvinas y la cuestión nacional

En un post reciente decía que el documento de los 17 ¿intelectuales? ¿figuras conocidas? Una visión alternativa sólo me parecía de interés “como un ejemplo más de la especial relación – incómoda, diría yo – que tienen muchos de nuestros intelectuales, y una parte no pequeña de nuestros compatriotas, con la cuestión nacional”.

Ahora, la cuestión nacional es un tema profundo y riquísimo. Sobre él, si lo buscan en Google, encontrarán que han escrito cosas muy diversas autores muy distintos. Para mencionar dos ejemplos extremos, el lamentado Iván Heyn aquí, y el no tan lamentado pero recordado Josif Stalin aquí  Es claro que yo me siento impulsado a hacer también mi muy modesto aporte. Pero – como en otros casos – la misma envergadura del tema me detiene ¿Puede decirse algo interesante y sensato en el espacio de un post? ¿Puedo hacerlo yo? No es el único desafío que tengo pendiente, los visitantes habituales recordarán.

Esta coyuntura, el replanteo – hacia afuera y hacia adentro – que quiere hacer el gobierno nacional sobre la cuestión Malvinas, y la reacción de …  desconfianza y recelo que despierta en algunos sectores de nuestra sociedad (de la que el documento de los 17 es una muestra), me hacen pensar que algunos aspectos de cómo se piensa en ella desde nosotros, vale la pena tratar de reexaminarlos. En este caso, eso que yo llamo la relación incómoda de algunos argentinos con la cuestión nacional, y los nacionalismos.

Me términó de convencer este post que publicó ayer Artemio López con un texto de Julio Burdman que lleva el provocador título El peronismo no es necionalista. Burdman es uno de los pensadores modernos más interesantes sobre temas politicos, que además ha tenido la lucidez de suscribirse a mi blog. Su trabajo es extenso y bien argumentado – y los dos comentaristas que opinaron en Ramble agregan visiones interesantes – pero me parece que, desde una óptica que se asume “nacional y popular”, sienten necesario combatir los prejuicios “liberales y republicanos”. Y, al aceptar los términos de sus adversarios ideológicos, terminan enredados en sus supuestos. Lo que me parece muy equivocado.

Burdman dice, en un punto central de su alegato: “El nacionalismo, una idea europea, define a una comunidad nacional en términos culturales, idiomáticos y étnicos, y luego defiende el derecho de esta Nación a tener un Estado propio y diferenciado de otras naciones“. Y afirma: “El peronismo representó, a través de sus políticas, una crítica profunda de estos conceptos fundacionales argentinos. En primer lugar, porque … puso fin al mito de la Argentina blanca. El peronismo es esencialmente diferente del nacionalismo porque es populista latinoamericano. Y el populismo, por definición, no es nacionalista. La diferencia es sociológica: el nacionalismo defiende a un determinado grupo social, “la nación”, se basa en él, y excluye a todos los demás, mientras que el populismo, construye un grupo social indeterminado,“el pueblo”, e incluye a todos los que se quieran subir a él …“.

Nando Bonatto comenta en ese post “El peronismo no se puede analizar fuera del contexto latinoamericano … Como el PRI mexicano, el Trabalhismo brasileño, el APRA peruano y el MNR boliviano, en el que influyó el peronismo con singular fuerza además de haberlo apoyado logisticamente, el peronismo digo es un nacionalismo populista y modernizador...”.

No me interesa entrar en esa discusión, aunque señale que estoy muy de acuerdo con lo que dice ahí Bonatto. Es más, creo que Burdman está en lo cierto cuando apunta a los elementos negativos de un nacionalismo “esencialista”, que ve a las naciones como entidades contenidas en sí mismas e incambiables (idea absurda a la luz de la historia). Y cuando la pretendida “esencia” es racial o étnica … la política se degrada a la genética animal y las matanzas están a la orden del día. La culta Europa ha dado muchos ejemplos de esto, los más recientes en los Balcanes.

También reconozco que la distinción entre nacionalismos “buenos” y “malos” tiene antecedentes en pensadores peronistas, empezando por Jauretche. Los países que han sido colonias, o dependientes como el nuestro, piensan su nacionalismo en términos de anti imperialismo. (El artículo de Heyn que linkeo es una versión moderna y más sofisticada de este enfoque).

Pero creo que es un error, muy intelectual, tratar de establecer una clasificación teórica de algo tan básico como el patriotismo. El estadounidense, por ejemplo, se piensa a sí mismo como “constitucional”. Sus presidentes, sus soldados, no juran defender un territorio, ni siquiera un pueblo, sino la Constitución de los Estados Unidos de América. En la defensa de esa Constitución – un sabio y valiente documento para fines del siglo XVIII, dicho sea de paso – y de sus libertades, hacen todo lo que históricamente han hecho, y encuentran buenos argumentos, o que por lo menos los satisfacen a ellos.

Para el caso, el nacionalismo francés, chauvinista si los hay (allí inventaron la palabra), también asumió tradicionalmente, desde la Revolución, que ser francés era equivalente a ser ciudadano de la República Francesa, no importando la raza o religión. En la práctica, claro, era un poco diferente.

Yo estoy profundamente a favor – lo he dicho otras veces – a favor de la idea, y de la realidad, nacional. Mi concepción la escribí en otro post ““Los pueblos necesitan una estructura que exprese una identidad, un nosotros.

Grupos menores en cualquier sociedad pueden – en sus vidas personales – prescindir de ella: los muy ricos pueden ser internacionalistas (en este tiempo, generalmente lo son).

Y en las clases medias, algunos sectores pueden reemplazar el patriotismo por una idea abstracta: el “proletariado”, los “mercados”, el “mundo libre” o fantasías por el estilo.

Los pobres, lo decía Disraeli, no pueden darse ese lujo. Necesitan una patria, un colectivo del que formar parte y sentir propio“.

También, más allá de este compromiso emocional – que puede ser incomprensible para el que no lo siente – pienso que los Estados nacionales son la construcción humana donde los seres humanos comunes tienen, a pesar de su burocracia y, a menudo, arbitrariedad, alguna posibilidad de interactuar,  una herramienta y un refugio, en un mundo moderno donde han surgido estructuras impersonales e irresponsables. Y donde existen además otros Estados nacionales, algunos de ellos Grandes Potencias.

Y aquí llegamos al punto sobre el que me interesa reflexionar aquí. Yo no considero que a la mayoría de los que cuestionan algunas manifestaciones del nacionalismo argentino, o que miran con desconfiaza la “malvinización” del discurso, necesariamente les falte patriotismo. Sí que les falta realismo.

Algunos de ellos, los más ideologizados, podrán repetirse  la desafortunada frase de Esteban Echeverría “La Patria no se vincula a la tierra natal sino en el libre ejercicio de los derechos Ciudadanos!”. Otros, creo que la mayoría, siente desconfianza y rechazo por los usos que se han dado a un sentimiento noble como el patriotismo (Desconfianza que, debo reconocerlo, en muchos casos está justificada).

Pero, el grave error que cometen – que ese estilo de pensamiento lo repitió una y otra vez en la historia argentina – es tratar al nacionalismo, al patriotismo argentino como si fuera algo aislado en el mundo -que debe cumplir con ciertos principios y reglas morales, que no se les ocurre ni por las tapas aplicar a los actos de los países que admiran, o que los medios que leen alaban y defienden.

Hay una famosa frase de Stephen Decatur, un héroe de las primeras guerras navales de EE.UU., primero en el Norte de África y luego, en 1812, contra Gran Bretaña, que expuso con brutal franqueza: “In her intercourse with foreign nations may she always be in the right. But right or wrong, our country!”. “En las relaciones con las naciones extranjeras, que nuestro país esté siempre en lo justo. Pero justo o injusto, nuestro país!”

Todo ser humano tiene justificado derecho a rechazar esta filosofía. Pero no lo tiene – salvo que sea un imbécil o un agente – a no saber que es la filosofía que aplican en la realidad todos los países. Especialmente las Grandes Potencias, que tienen el poder suficiente para ignorar la hipocresía, o para convertirla en el discurso de los medios afines.

Como Argentina es un país mediano, y militarmente débil, debe usar todas las dosis de hipocresía necesarias. Además le conviene, para sí misma y para su política internacional, mostrar lo que esa Cosntitución norteamerican llama “un decente respeto por la opinión de la humanidad” (Más del que ellos están mostrando ahora, ciertamente).

Pero hay algo perverso, que sólo el odio político o la estupidez, explican, en usar la hipocresía contra los intereses de su propio país. Por supuesto que los isleños nacidos en las Malvinas son sujetos de derecho. Y si quieren ser ingleses, e Inglaterra los reconoce como tales, Argentina no puede ni debe negar esa elección. A nadie se le puede ocurrir que deberían abandonar las islas, salvo por su voluntad, si pasan a soberanía argentina. En nuestro territorio continental ya viven – siempre han vivido, desde 1810 en adelante – muchos más ingleses que los que habitan las islas.

En una eventual negociación, no existe ningún motivo para que Argentina no admita que las islas conserven su propio gobierno, sus leyes y costumbres y hasta el control de la inmigración. China lo ha admitido con Hong Kong, donde la diferencia de sistemas era mucho más aguda. Y sospecho que la oportunidad de visitar una sociedad de tradiciones británicas tan cercana las convertiría en una atracción turística para el cholulismo argentino.

Todo esto es especulación, razonable, eso sí. El punto es señalar que exigirle a Argentina que tome en cuenta los deseos de 2000 a 3000 personas para decidir la soberanía de ese territorio, es algo que a Gran Bretaña, nuestro adversario en el asunto, jamás se le ocurriría tomar en serio, por toda la hipocresía diplomática. Ni en 1833, ni ahora. Y no recuerdo muchos casos en que un país militarmente poderoso haya tomado en cuenta los deseos de una porción minúscula de la población para resolver una disputa territorial con otro.

Los habitantes de Diego García pueden dar testimonio de esto que digo. (En 1966, Inglaterra expulsó forzosamente a toda la población nativa (unos 1.800 habitantes) con objeto de alquilar esa isla a Estados Unidos para que instale una base. A pesar que el Tribunal Supremo británico sentenció que la expulsión fue ilegal y que la población tiene derecho a regresar, los distintos gobiernos británicos se han negado a cumplir la sentencia).

El post ya se ha hecho muy largo, a pesar que he dicho muy poco sobre la cuestión Malvinas (aquí lo trato un poco mejor). Y apenas rocé la superficie de la cuestión nacional. Pero, como dije, lo que me interesaba era mostrar la forma irreal en que muchos compatriotas piensan el tema de los intereses nacionales. En un mundo donde hay conflictos mucho más graves y peligrosos que el de las Malvinas, y donde ni las instituciones republicanas, ni los derechos humanos, ni la voluntad popular sirven de mucho en ausencia de prudencia, sabiduría y algo de poder militar.

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12 Responses to Malvinas y la cuestión nacional

  1. Capitan Medibacha dice:

    Prefiero, como concepto, defender los “intereses nacionales” antes que la idea de “patria”.- En nombre de “Dios” y de la “Patria” se han mandado a matar y a morir a demasiada gente en la historia de la humanidad.- En nombre de “Dios” se mantienen multitudes sometidas en la pobreza en esta vida, convenciéndolas de que en otra vida tendrán todos los placeres que les son negados en ésta.- En nombre de la “Patria” unos pocos convencen a los muchos que deben armarse, matar y morir a las órdenes y por los intereses de esos pocos.- Dejemos por eso de lado conceptos tan peligrosos y hablemos de la defensa de los “intereses nacionales”, que en el tema Malvinas no tengo dudas de que pasan por mantener vivo el reclamo por vías diplomáticas hasta que las actuales circunstancias de debilidad relativa respecto de Inglaterra se modifiquen.- Nunca una aventura militar perdedora desde el inicio, ni tampoco la directa “abdicación” o rendición a los argumentos ingleses de Sarlo, Lanata y Cia.- Un abrazo, Capitán Medibacha.-

  2. Andres dice:

    Buenas Abel,

    La incomodidad de intelectuales y de una parte de la población con la cuestión nacional tiene sus raíces en el doble discurso del Proceso, cuando el gobierno decía una cosa (mucha apelación al “ser nacional” y a los “trascendentales valores de nuestra nacionalidad”) y hacía otra (endeudamiento creciente, deterioro del nivel de vida, cierre masivo de empresas generadoras de empleo, etc.)

    En mi caso, nunca trato de usar el término “nacional” sin que se relacione con algo positivo. En 1976-78 el concepto de nacionalismo estaba ligado a “erradicar la amenaza comunista internacional” o a “matar un chileno”, o sea siempre para destruir y nunca para construir, salvo alguna que otra obra pública de envergadura. Hoy por suerte es diferente.

    Los 17 “cráneos” que firmaron el documento tienen 45 años o más. Probablemente hayan vivido esos tiempos traumáticos y la palabra nacional les dé escozor por las razones que mencioné.

    Saludos,

    Andrés

    • victorlustig dice:

      Andres, si la palabra nacional les da escozor, deberian ir de vuelta al jardin de infantes y no autotitularse intelectuales, merecen la frase de Millan de Astray, y, por cierto, no son Unamuno

  3. Alejandro dice:

    Yo entiendo que la situación geopolítica ha cambiado, que el Atlántico Norte ( y mucho menos Gran Bretaña ) ya no decide todo casi unilateralmente, y que por lo tanto es una buena ocasión para que Argentina haga avanzar sus reclamos ante una opinión pública global en la que se empiezan a hacer sentir voces que no se escuchaban en los 80, o eran entonces muy débiles. Pero que desagradables recuerdos nos trae a muchos, 30 años despues, volver a escuchar términos como “piratas”, “kelpers”, “cipayos” , etc. Pocos de entre esos 17 merecen ( por lo menos hoy ) demasiado respeto intelectual; pero entiendo que sientan cierta revulsión al oír palabritas con tanto olor a Galtieri.

  4. guido dice:

    Al menos en el caso de una de las firmantes (fue profesora mía), me consta una rigurosa y fundada reflexión sobre la formación de las naciones, y la diversidad de formas de vincularse con la cuestión nacional que existen y han existido. La crítica de los 17, entonces, dirigida centralmente a lo que sería un nacionalismo esencialista (que figura en la entrada “cosas feas” del manual de liberalismo para principiantes), se funda en la mala fe (al menos en ese caso, los otros 16 probablemente sean solo estúpidos).

    La mala fe se hace aún mas manifiesta cuando en los criterios sustentarían el “derecho de autodeterminación” se recurre argumentos…esencialistas! Es decir, quienes hablan de nación argentina serían creyentes en mitos indemostrables, quienes hablan de “nación kelper”, vaya uno a saber porqué, estaría pensando en una esencia objetiva, presumiblemente no extensible a chilenos y santaelenenses que viven en las isla.

  5. Mariano T. dice:

    El peronismo siempre fue nacionalista, en varias vertientes de la palabra.
    Hay una diferencia en el concepto de nación en Argentina con respecto a otras latitudes. Acá el concepto es básicamente territorial, la nación es nuestro territorio. No hay etnia, ni pueblo (en el sentido de “volk”), ni alma, ni raza, ni religión, que pueda asimilarse a la Nación. Solo es nuestra tierra. Consideramos compatriotas a los nacidos acá que quieran serlo, eso no es habitual en el mundo. De ahí viene el “Jus soli” que tenemos incorporado.
    Sin nuestro territorio no somos, los nietos de los argentinos emigrados no tendrán ningun lazo emocional con Argentina. Una Diáspora como la de los judíos nos disolvería en la nada en 2 generaciones.
    En cuanto a la autodeterminación de los kelpers, reitero que es un buen punto para los ingleses, pero lo último que tenemos que hacer es darle entidad, por más que a alguien le seduzca su lógica.
    Lo mismo pensaría si se promoviera una autodeterminación araucana. Puede seducir algun alma sensible, pero yo la enfocaría igual que lo hacen los chilenos, o incluso más drásticamente, si llegara a prender de nuestro lado de la frontera.

  6. Abel. disculpa que me meta, pero casi que UD me invita cuando cita a Stalin, con el cuàl no tenemos nada que ver. Acá le dejo un post que subì hace unos dìas sobre la cuestiòn nacional desde el marxismo revolucionario, no el que construyò el stalinismo.
    http://apuntesdefrontera.blogspot.com/2012/02/malvinas-el-marxismo-y-la-cuestion.html
    Por otra parte, creo que tiene razón uno de los comentaristas. Lo que hay son “intereses nacionales”. Y creo, que lo que menos hace la clase dominante en este país es defender los intereses nacionales. Evidentemente, la carta de los “17” es una muestra de “cipayismo crónico” (aunque le duela a Beatriz S) pero la declamación de soberaní por parte del gobierno nacional es pura chàchara

  7. Rogelio dice:

    Estimado Abel:

    Además de Iván Heyn, Josif Stalin, Julio Burdman, Stephen Decatur, usted mismo y sus comentaristas, también escribió y actuó sobre el tema Juancito Perón Sosa.
    Habida cuenta que muchos de nosotros, los argentinos, nos alineamos en la tradición política que él impulsó quizás convenga recordar cuál es su concepción en este punto.

    La concepción de “nación” en Juan Perón

    Perón siempre sostuvo que su concepción era “humanista y cristiana”: definición categórica que de movida nomás se da “de patadas” con cualquier “nacionalismo” a la europea, a la “Videla-Galtieri” o con su homóloga, paradoja aparente, la idea de nacionalismo “a la Sarlo”.

    Alcanzará apenas con un par de referencias para confirmarlo.

    “Es indudable que la evolución humana en sus diversos aspectos vitales, nacionales e internacionales, se dirige, como ha sucedido a lo largo de la historia de nuestra tierra, hacia integraciones mayores. Del hombre aislado pasamos a la familia; de ésta a la tribu; luego al estado primitivo; la ciudad; el estado medieval; la nacionalidad; y ahora avanzamos en el continentalismo (…)” hacia el universalismo.
    [Mensaje leído en Argel, septiembre de 1973]

    “La Argentina opera dentro de la sociedad mundial, y esto no es incompatible con su independencia esencial. Veo con claridad que la sociedad mundial se orienta hacia su universalismo, que en un futuro relativamente cercano nos puede conducir hacia formas integradas en el orden político, tanto como en el económico, como en el social”
    Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Tercera parte, 1. Argentina en la comunidad mundial, página 112 (29)

    El hombre es el único ser de la Creación que necesita “habitar” para realizar acabadamente su esencia. El animal construye una guarida transitoria, pero aquél instaura una morada en la tierra: ésa es la Patria.
    Es mi deseo que nadie bastardee la palabra “Patria”, convirtiéndola en un rótulo vacío. Nuestros heroicos próceres no necesitaron desgastarla para comprender que alude a esa profunda morada que, recíprocamente, habita en el corazón de cada uno de los hombres.
    El universalismo constituye un horizonte que ya se vislumbra, y no hay contradicción alguna en afirmar que la posibilidad de sumarnos a esta etapa naciente descansa en la exigencia de ser más argentinos que nunca. El desarraigo anula al hombre y lo convierte en indefinido habitante de un universo ajeno.

    Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Tercera parte, 1. Argentina en la comunidad mundial, página 114 (30)

    De modo, Abel, que para el Senex, la nación no es una “cosa, objeto o tribu” sino una fase en el curso de una evolución histórica prolongada, cósmica: es el momento del movimiento en el que el “yo” se reconcilia una y otra vez con el “nosotros”.

    Un abrazo

  8. Alcides Acevedo dice:

    Magnífica frase del “pensador” Burdman (deber ser un nombre quechua):

    El peronismo representó, a través de sus políticas, una crítica profunda de estos conceptos fundacionales argentinos. En primer lugar, porque … puso fin al mito de la Argentina blanca. El peronismo es esencialmente diferente del nacionalismo porque es populista latinoamericano.

    Típico delirio trotskista latinoamericanista de base racial.

    Si uno utiliza esos conceptos y categorías lo acusan de racista…. pero bueno, se entiende entonces el odio a figuras consulares como la de Sarmiento.

    El peronismo no se puede analizar fuera del contexto latinoamericano … Como el PRI mexicano, el Trabalhismo brasileño, el APRA peruano y el MNR boliviano, en el que influyó el peronismo con singular fuerza además de haberlo apoyado logisticamente, el peronismo digo es un nacionalismo populista y modernizador..

    Esta reflexión es correcta aunque falla en la adjetivación, el peronismo no es un movimiento político singular, es el típico polulismo, no modernizador, sino tercermundista al estilo Kadafi o Idi Amin Dada.
    El populismo y la modernidad son conceptos mutuamente excluyentes por otra parte.

    Pero bueno, con respecto al “nacionalismo”, los peronistas no son dados a la reflexión, no es su naturaleza, prefieren la mitología y las apelaciones a los sentimientos.

    Voy a poner un ejemplo (para no hacelo largo): el otro día un pueblo chileno pidió en masa que Argentina los adopte, no era una broma, lo decían muy en serio.
    Es así, la economía manda, millones de personas renunciaron voluntariamente a su nación a lo largo de la historia para sobrevivir con dignidad, emigraron en masa incluso a la Argentina.

    Pero bueno, simpre lo mismo…. el concepto de nación es una “costrucción”…. no lo olviden….

  9. Gerardo González dice:

    No me referiré a Malvinas, tema que me tiene un poco cansado porque es absolutamente inconducente, ni a Beatriz Sarlo & Co., donde comparto la opinión del dueño del blog.
    Hay dos conceptos de Nación argentina: el liberal y el revisionista. Hay ciertos hombres, como Manuel Ugarte, José Ingenieros, Ricardo Rojas, que cerraron la época liberal, abriendo horizontes de pensamiento nuevos.
    Resulta curioso que la generación que construyó la Argentina moderna, la de Roca, fuese tan internacionalista, hasta de modo exagerado.
    Agustín Justo, que dominó la política nacional más de diez años, fue nacionalista a la fuerza, porque Inglaterra nos había pateado afuera del “libre comercio” y del comercio a secas.
    Es en la atmósfera mundial y nacional de los años 30 que aparece con gran vigor y creatividad intelectual el revisionismo histórico, del cual Arturo Jauretche no es el mejor representante. Obligado a ser antiinglés por el abandono en que quedamos, fue nacionalista en el mal sentido, el de “arreglarnos con lo nuestro”. Negó bien, pero lo que propuso, el autoabastecimiento, no era posible en un país mediano como el nuestro y, en aquella época, tampoco en Brasil. Tan de la época fue que tuvo alas de izquierda, como Abelardo Ramos y otros y de “derecha”, coimo los hermanos Ibarguren y otros.
    Otro tema importante es el del sentimiento patriótico.
    Vendepatrias !!, clamó el peronismo, cuando nadie quería comprarnos ni una tonelada de carme.
    Alberto Methol Ferré vivió para decir que nuestras naciones iberoamericanas divididas serían proyectos eternos de naciones si no se unían.
    Bueno, vean como andamos en este tema: se proclama la Gran Patria y andamos a las patadas con todos, incluso Venezuela y Uruguay. Pero esto me llevaría a hablar del gobierno, que es tema de mal gusto.

  10. Abel B. dice:

    Estimados:

    Hace tiempo abandoné mi costumbre de contestar individualmente los comentarios. Entiendo que es mejor plantear mi pensamiento en el post, y dejar que el debate se desarrolle por los caminos que Uds. elijan. Sólo intervengo para precisar algún punto que me interesa.

    Pero esta noche estoy con tiempo. Y sus planteos son tan diversos que obligan a tomarlos por separado: Brevemente, eso sí:

    Cap. Medib::En la estrategia práctica, parecemos estar de acuerdo. Sólo… Ud. encuentra peligrosos los conceptos de “Dios” y de “Patria”, y prefiere “intereses nacionales”. Pero tenga en cuenta que, en el plano práctico, eso tiene el mismo problema que le preocupa ¿Quién y cómo define los intereses nacionales”? ¿A quién le aprovechan?
    Y desde lo emocional, muchísima más gente estuvo y está dispuesta a morir, o a vivir, por un Dios o una Patria que por unos abstractos “intereses nacionales”. Entiendo que eso es lo que le preocupa. Pero piense que, sin compromiso emocional, no hay nación que dure.

    Andrés, y Alejandro:Tengo que concordar con Víctor (AyJ). Si la justificación de esa declaración son malas experiencias hace 35 años, los firmantes deberían consultar a un buen psicólogo.
    Debo decir además que la reacción de piel contra el lenguaje patriótico y populista es MUY anterior al Proceso. Consultar biografías de Gino Germani y de Julio Cortázar.

    Guido: Un comentario lúcido e informado, como siempre.

    Mariano T.: Sus observaciones son sensatas y, como con C, Medib., coincidimos en la estrategia general.
    Sólo… aunque el Jus Soli – es argentino el que nace aquí – es un elemento importante, no estoy de acuerdo conque lo argentino sea solamente el territorio. Pero no me siento capaz de discutirlo brevemente.

    Eduardo C.: Lo suyo es un planteo doctrinario, y eso sí es imposible discutir brevemente.
    Igual, me tienta una observación. Uds. afirman que todo gobierno es expresión de una clase dominante, y “la clase dominante argentina vuelve a evidenciar sus límites para luchar por una verdadera emancipación nacional”
    Yo no acepto ese postulado (como buen bonapartista que soy), pero, aunque fuera cierto, menos confianza me inspiraría un gobierno dirigido por el troskismo. Uds. perdonen, pero…

    Rogelio!: Como le digo a Eduardo C., los planteos doctrinarios no pueden ser comentados con justicia en pocas líneas.
    Pero tengo que decir que hiciste una excelente labor de síntesis, y voy a subirla como post a continuación de éste.
    Soy un hombre convencido que los caminos se hacen paso a paso, y la meta más luminosa no te da ninguna garantía que no te tropieces. Por eso mi insistencia en los temas prácticos.
    Pero es necesario saber dónde se quiere ir. Por eso es importante lo que traes aquí, y lo que insiste el amigo Manolo.

    AlcidesA: Ud. tiene 2 cualidades que disminuyen el valor de sus comentarios: 1) Tiene un odio cerril por el peronismo. 2) Es un imbécil de escasa cultura.
    De todos modos, como dije en otra oportunidad, son útiles. Lamentablemente, un sector de los argentinos conserva odio cerril por el peronismo. E imbéciles incultos hay muchos. Así que sus coments. son representativos.
    Además, siempre hay algo útil. Nos recuerda el fenómeno de la inmigración. Un elemento importante que no debemos olvidar cuando hablamos de patria y de nacionalidad.

    Gerardo: Lo que has hecho es una descripción breve, y con la que coincido en general, de la historia del revisionismo.
    Pero te has quedado atrasado algunas décadas. Creo que, a pesar de cierta nostalgia que detecto en Cristina – no muy lejos de vos generacionalmente, aunque te pese – el revisionismo que conocimos ya no existe. Porque su lucha triunfó. Hoy es el antecesor de varias corrientes historiográficas, alguna de las cuales está representada en el Instituto de O´Donnell. Pero ese Instituto no es “el revisionismo”.

    Abrazos y saludos

  11. […] En el post del cual éste es un breve “update”, señalé que 1) las naciones son construcciones humanas, y por eso no son eternas; 2) que no debemos pensar en el patriotismo, el nacionalismo argentino como algo necesariamente distinto en su naturaleza, y su conducta, de los otros. […]

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