La equivocación de David Rockefeller

El discurso de ayer de la Presidente en el renovado hangar de Aerolíneas Argentinas (versión La Nación, versión Página 12. Curioso, son parecidas) dió pie a que se volviera a hablar del “estilo confrontativo” de Cristina Fernández. Sobre el tema de Aerolíneas escribí recién, aquí y aquí, y quiero reflexionar un poco sobre esto de la confrontación.

Dejo de lado analizar si los políticos que defienden a los Demócratas aparecen, o no, más confrontativos que los que defienden a los Oligarcas (los términos son los de Tucídides, no míos). Justamente, desde que él escribió “La historia de la Guerra del Peloponeso“, hace 2500 años, el asunto está ya muy conversado.

Tampoco me meto en el fascinante tema de si una mujer “suena” más confrontativa que un hombre en posiciones de poder, o si la mujer necesita serlo, para hacerse un lugar en un mundo donde todavía imperan, en parte, códigos masculinos tradicionales. Y, finalmente, no hablaré, por ahora, de un aspecto que preocupa a buena parte de la militancia K (y entusiasma a otra parte): que este enfrentamiento es con sindicatos. Francamente, no me angustia demasiado. Si de algo sabe el sindicalismo, y está acostumbrado, es a confrontar. Y hoy Hugo Moyano tiene más espacio político en el mundo sindical del que tenía hace dos meses (aunque, si no hay nuevos acontecimientos imprevisibles, probablemente no sea reelecto como Secretario General de la CGT).

Lo que me interesa ahora es escribir sobre la confrontación y la política. Es cierto que es un poderoso y convocante instrumento. Es también cierto que es peligroso que sea el único instrumento, porque cuando fracasa, como suele suceder, o se desgasta, como siempre sucede, nos deja sin nada. Esto es obvio, salvo para troskistas, y el gobierno y los sindicalistas lo saben perfectamente. Por eso, insisto, no me preocupa demasiado.

Cabe explorar un poco más, me parece, sobre entender la política en términos de confrontación (No. No voy a citar a Carl Schmitt; ya es plomo). Significa, en principio, que todos los hechos de la política, y hasta de la economía, pueden ser considerados en términos del enfrentamiento entre proyectos distintos, que luchan por imponerse. Es el enfoque, quizás subconsciente, más común entre los políticos y hasta entre la gente de a pie. Que puede estar “harta de las peleas de los políticos“, pero tiende a asumir que todo lo que pasa es causado por la acción deliberada de alguien.

Tengo que señalar que – aunque sea una visión un poco ingenua, que ignora que es más frecuente la estupidez que la maldad inteligente – sin embargo, es más realista que la que asume consensos tácitos unánimes, “dos o tres cosas en las que estamos todos de acuerdo“. Y más racional, porque cuándo no se dan esos acuerdos tan “simples”, los de “estamos todos de acuerdo” encuentran fácil creer que hay una conspiración astutísima, poderosa y malvada, inspirada por Gramsci, Rotschild y/o la CIA que lo impide.

Todo esto me vino a la mente cuando leía el último post de Telechea, en Estructura Desequilibrada, donde transcribe el célebre editorial de José Claudio Escribano de 15 de mayo de 2003, en el que el Subdirector de La Nación se pronunciaba sobre “el pésimo discurso pronunciado por el ahora presidente electo. Menem se ha ido de la peor de las maneras; Kirchner, llega. La primera medida de gobierno del doctor Kirchner deberá ser la cesantía de quien ha escrito ese discurso, y, si fue él mismo quien acometió su redacción, convendrá que ya mismo derive en otro la delicada tarea de escribir si es que aspira a ser un verdadero jefe de Estado.

… Ante una sociedad ansiosa por su destino, Kirchner … se permitió la temeridad de sembrar dudas sobre cuál será el tono de su relación con el empresariado y con las Fuerzas Armadas“.

El post de Telechea se llama El origen del conflicto, y en muchos sentidos el bloguero Best Seller tiene razón. Y vale la pena tenerlo presente, especialmente en estos momentos. Si bien en términos de poder económico empresario, La Nación es poco más que – como dice un amigo – el Suplemento Recoleta de Clarín, ha expresado desde que la fundara Bartolomé Mitre con envidiable coherencia un proyecto de país, y se mantiene como el vocero más consistente de un sector social influyente.

Ahora Escribano no se limitó a expresar su indignación. Hizo una profecía, y para ello se apoyó en criterios de autoridad:

El Consejo para las Américas estaba reunido en Washington cuando el lunes 28 se hacían los últimos cómputos provisionales de las elecciones. Es un cuerpo que congrega a cuantos tienen en los Estados Unidos una opinión de peso que elaborar, tanto en el campo político como empresarial, sobre los temas continentales. Desde Colin Powell a David Rockefeller.

¿Qué pudieron esos hombres haberse dicho sobre la Argentina, después de conocer los resultados del escrutinio y, sobre todo, los ecos de la infortunada noche de Menem en el hotel Presidente?

Primero, se dijeron que Kirchner sería el próximo presidente. Segundo, que los argentinos habían resuelto darse un gobierno débil.

Podríamos pasar por alto una tercera conclusión, porque las fuentes consultadas en los Estados Unidos por quien esto escribe difieren de si se trata de la opinión personal de uno de los asistentes o de un juicio suficientemente compartido por el resto. Sin embargo, la situación es tal que vale la pena registrarla: la Argentina ha resuelto darse gobierno por un año“.

Todo el kirchnerismo, y no sólo él, ha tendido a verlo como un ultimátum a Kirchner. Y seguramente esa fue la intención de Escribano. Pero me parece interesante tener claro que fue también una profecía fallida. Han pasado más de ocho años de aquel momento, y la experiencia kirchnerista goza de buena salud. La experiencia menemista, la única comparable en duración desde 1955, a esta altura evidenciaba problemas inocultables: recesión, desempleo…

Ante todo, me parece importante señalar que Escribano no estaba “mandando fruta” cuando hablaba de esa reunión del Consejo para las Américas. Eso de “gobierno débil” y “por un año” no expresaba (solamente) la hostilidad de sus autores. Era, me parece, la considerada opinión de ellos, y también la de Escribano. No creían que una administración que no aceptara el “sentido común” (común a ellos) podía ser estable y gobernar.

Digo esto porque dos años después, y ante el repunte de la economía argentina, Kristin Forbes, una integrante del Consejo de Asesores Económicos del presidente George W. Bush, todavía decía en Davos (la Roma, la Jerusalén, la Meca de la globalización) que “esa recuperación era “el rebote de un gato muerto”, el tradicional rebote que se produce tras una crisis“. Y aclaró que hablaba “en nombre de la Casa Blanca” y no en forma personal. Han pasado casi siete años de esa reunión en Davos, y el gato sigue rebotando. Parece vivo.

Estamos acostumbrados – tal vez demasiado confiados – a las profecías ridículas de la Dra. Carrió, columnistas de medios opositores y hasta algún comentarista del blog. Eso no debe hacernos ignorar una pregunta clave  ¿por qué gente bien informada como los asesores del presidente de EE.UU., Colin Powell (el hombre que no quiso ser Obama) y hasta alguien tan experimentado y conectado como David Rockefeller fallaron tan espectacularmente en evaluar la política y la economía de un país mediano y que no gozaba (ni goza) de un margen especial de maniobra?

En mi modesta opinión, se trata de un problema de paradigmas. Toda esa gente estaba – ¿está? – convencida de la racionalidad e inevitabilidad del paradigma bajo el cual se desarrolló esta última fase del capitalismo financiero. Incluído Don David, que – nació en 1915 – había conocido “de naranjos” otros paradigmas. El histórico e imprevisto derrumbe del “socialismo real” los afirmó por completo en esas convicciones.

Tal vez – dejo la pregunta para comentaristas como Eddie, Casiopea y Lemmy Caution – eso también explica fallos más importantes: los errores de cálculo de Obama, la insensata rigidez de la actual dirigencia europea…

Lo que nos importa a nosotros es, reconociendo la resolución y la muñeca que mostró en su momento Néstor Kirchner, apreciar que Argentina acertó, un poco casualmente, con una estrategia acertada (Digo casualmente porque todavía nadie elaboró una explicación teórica adecuada de la Crisis ni de los caminos para enfrentarla. Keynes hablaba de la del ´30, que era de otra naturaleza).

La firmeza en las convicciones y la buena gestión de las políticas económicas son ingredientes necesarios. Pero la clave, creo, es tener claro y ser coherente con la estrategia que se sigue. Y estar alerta a los barquinazos que suele pegar la Historia.

6 Responses to La equivocación de David Rockefeller

  1. Best Seller dice:

    Abel, como siempre gracias por la mención. Ando con poco tiempo así que aproveché para subir ese editorial*, con el cual me topé hace pocos años (en el 2003 entendía y leía poco y nada de política) y que me impactó mucho por la vehemencia y el veneno con el que se notaba que fue escrita.
    Después llegó lo de Clarín, y ahí quedé curado de espanto.
    Saludos.

    *error corregido y aprendido.

  2. Capitanmedibacha dice:

    Estimado Abel.- En realidad quería dejar un comentario sobre su post anterior, respecto de la “tontería” del renunciamiento voluntario a los subsidios, pero llegó su nuevo post y me parece que también se relaciona con lo que quería decir.- Aclaro de entrada mi adhesión al gobierno “K”, sin que ello implique obsecuencia.- Creo que estos 8 años han sido los de mejor gobierno desde que tengo uso de razón (tengo 60 años).- Ello no impide que en muchas ocasiones haya pensado que los K se habían equivocado.- Ocurre que muchas veces tuve que admitirme que el equivocado había sido yo y no los K.- Así me ocurrió en el 2005 cuando se pelearon con los Duhalde.- Yo pensaba que no era momento para generarse un conflicto más y que era un riesgo que no era necesario correr.- Néstor tuvo razón. Tampoco entendí por qué adelantaron las elecciones del 2009.- Hasta me pareció poco democrático.- Cuando se perdieron esas elecciones y hubo tiempo para la ley de medios, A.A., la AFJP, entendí que ellos habían tenido mil veces razón.- Tal como le ocurriera a Escribano y a Rockefeller en las crcunstancias a que Ud. se refiere en su post.- Por ello, a esta altura del partido me cuido mucho antes de animarme a afirmar que alguna medida del gobierno es una “tontería”.- Puede ser que en realidad lo que ocurre es que yo no la haya comprendido bien.- En lo que hace a las últimas medidas del Gobierno, inversamente a Ud., tengo enormes dudas respecto del manejo que hicieron del dólar, pero comparto solo parcialmente su opinión respecto de la renuncia voluntaria a los subsidios.- La comparto en cuanto la considera una cuestión de escasa relevancia.- Inversamente no pienso en absoluto que sea una tontería haber ideado un esquema de renuncia voluntaria.- No por su significación económica, sino por la cultural.- Es muy probable que la cuestión de los subsidios termine con una tarifa general de los servicios, con la carga de los que pretendan subsidiarse de tramitar burocráticamente su excepción.- ¿Qué problema hay en permitir previamente -y hasta teatralmente- que quienes quieran, renuncien voluntariamente? Aunque sean cuantitativa y económicamente poco significativos, pueden llegar a ejercer algún efecto ejemplificador, lo que no hay razón alguna para desdeñar.- Además, ¿cuál sería el perjuicio que podría generar esa iniciativa? Si algo puede dar beneficios, pero no perjuicios, nunca puede ser una tontería.- Saludos, Capitán Medibacha.-

  3. guaio dice:

    Como se resuelva la crisis europea, determinará la historia de este siglo XXI, asi como las grandes guerras determinaron el XX. La resolución depende otra vez de Alemania.
    Para donde enfile la nave Merkel será crucial. Creo que si dejan caer el estado de bienestar la cosa no tendrá viabilidad política. La alternativa es buscar las balas de plata -como las que fue encontrando kirchner- y que los estados se apropien de rentas que en este momento parecen imposibles de tocar para ir saliendo de la crisis tratando de que sus pueblos sufran menos que es la unica manera que el gato caiga parado y salga, aunque sea rengueando pero salga adelante.

  4. Gerardo González dice:

    El que dio a conocer su diferendo fue Claudio Escribano, no Kirchner.
    Escribano terminó renunciando y Kirchner muriéndose, por lo que la confrontación debiera cambiar de actores, y cambió.
    Para que haya una verdadera pelea se necesitan dos.
    “Confrontar” es bueno si hay pelea, de lo contrario queda en mero desafío o mojada de oreja.
    A Cirielli se le fue la mano y ahora le toca decirle a los muchachos que tienen que trabajar, como les pide Cristina. Enhorabuena, para beneficio de los pasajeros.

  5. Sergio Robles dice:

    Buen párrafo de Pablo Adreani en el suplemento Campo, de La Nación:

    “Alguien le tiene que avisar al Capitán que el crucero ya no está en las Bahamas y que estamos viendo la punta del iceberg… “

  6. […] mi parte, me siento inclinado a hacer algo que rara vez hago: aclarar una entrada anterior La equivocación de David Rockefeller, e insistir en uno de sus aspectos. Me motivó el comentario de Sergio Robles, nic de un viejo […]

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