Y por casa como andamos? La interna en la Capital Federal

Las internas son fascinantes, para los que participan en ellas. Y, desde el punto de vista práctico, no hay mejor forma de renovar una fuerza política y motivar a los militantes que una pelea interna. Competir con el de al lado estimula, y genera odios sinceros, que la lucha contra un adversario impersonal no logra. Pero es cierto también que puede ser aburridas, hasta deprimentes, para el que no forma parte de ellas.

Sin embargo, las internas de la coalición que respalda al gobierno de Cristina Fernández, las tradicionales del peronismo, las menos conocidas de sus aliados progresistas, y el hit del verano, la que enfrenta a peronistas con progresistas, han sido noticia e insidia en todos los diarios, aún los oficialistas, y motivo de reflexiones y delirios en la blogosfera.

Es evidente que la falta de dinamismo de las oposiciones, y las buenas encuestas del gobierno nacional, justifican hasta cierto punto esta atención. Y que, pienso yo, conocer sus internas muestra mucho más de la naturaleza del peronismo y de la política, que docenas de libros sobre populismo o derecho constitucional.

Eso sí, ¿se han fijado en que la mayor parte del palabrerío se refiere a las internas en la Provincia de Buenos Aires? Sin duda, es el campo de batalla principal. Pero no se puede entender ni siquiera la dinámica de las fuerzas que allí se enfrentan, si no se conocen otras realidades, que permitan ver cómo influye el terreno.

Por eso me siento obligado a contarles de lo que está pasando en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No tengo tiempo ni energía para hacer el trabajo que, por ejemplo, Néstor Sbariggi hace con la Provincia, pero un vistazo, por esta vez…

Empiezo con la historia, y con algunos números que saco de un documento interno del Consejo de Técnicos y Profesionales de las 62-Capital, y del invalorable blog de Andy Tow: La Capital Federal tiene un padrón de 2.508.353 votantes (la última elección, 2009). Es el segundo del país, después del de la Provincia de Buenos Aires. Es casi el 10 % del electorado argentino, y eso le da un peso muy importante en los resultados nacionales.

Otros números, para dar una idea de la relación entre el peronismo y los votantes porteños: En las últimas seis elecciones de diputados nacionales, la boleta, generalmente de un frente que el PJ avaló, obtuvo en 1999 el 9,18 %; en 2001, el 11,68 %; en 2003, el 13,43 %; en 2005, el 20,49 %; en 2007, el 12,73 %. En 2009, el 11,61 %.

¿Suena informativo, verdad? Lo es, pero también es engañoso. Hay un votante peronista, sobre todo en el Sur. Hay muchísimos pobres y también indigentes – en realidad, la mayor concentración geográfica – que no se han hecho troskos, ni fervorosos partidarios de Pino o de Macri, pero tampoco se expresan consistentemente a través de una boleta que dice, a menudo en letra chica, «Partido Justicialista».

Y los que en 1999 pusieron la lista de diputados de la fórmula Duhalde-Ortega no son los que diez años después votaron la boleta encabezada por Heller, aunque el % de votos sea parecido.

Porque en la Capital los famosos «aparatos» del justicialismo (como los también célebres del radicalismo), ese entramado de lealtades, ambiciones y pequeños rebusques del que Manolo Barge escribe su epopeya en el conurbano, siguen existiendo, muuuy disminuidos, pero hace décadas que ya no sirven como nexo con un Estado distante o ineficaz, como todavía funcionan en buena parte de Argentina.

Hasta cierto punto inevitable: Es difícil forjar una identidad común en un barrio si no se sabe quién vive en el departamento de al lado. Por eso la actividad política al viejo estilo se mantiene en las villas. Que ya no son en el imaginario de quienes viven allí domicilios provisorios, como aún lo eran en los ´70.

Pero la militancia no es el único problema, pese a Manolo :-). Hay que tener presente que tampoco el peronismo como fuerza política se ha presentado a los porteños a lo largo del tiempo con algo de continuidad. Es cierto que en esos 10 años, como en los anteriores, el peronismo y el país han cambiado mucho. Pero en otros distritos ha habido liderazgos locales y dirigencias que han sabido mantenerse – o han sido renovadas – ante los pueblos de esas provincias. Eso no pasó aquí. La dirigencia del Partido Justicialista porteño se ha habituado a lo largo de veinte años a que sus listas de candidatos y sus estrategias políticas sean decididas desde arriba, desde las necesidades del gobierno nacional.

(El último jefe político que tuvo el peronismo de la Capital fue el chaqueño Carlos Grosso, y es discutible cuánto influyeron en su caída la política nacional y un elemento de auto destrucción, impulsado por una idea del peronismo que fue derrotada).

Esto ha tenido la inevitable consecuencia de debilitar a esos dirigentes, y desgastar a ese Partido Justicialista, muy cerca de convertirse en una cáscara vacía. Un síntoma muy visible: a comienzos del año anterior, muy pocos locales del PJ seguían abiertos en toda la Ciudad y ninguno en la zona Sur. Ahí militaban solamente el Movimiento Evita y algunos grupos de juventud.

Por eso, para entender el escenario político de la Ciudad, quiero repasar los números de las elecciones a Jefe de Gobierno. Sostengo que eso nos va a ayudar a entender la parte más fascinante de la Historia: el futuro.

El 30 de junio de 1996, la fórmula de la UCR, De la Rúa-Olivera, con algunos aliados muy menores, incluyendo una pequeña fracción peronista/cristianuchi, le ganaba con casi el 40 % de los votos a la del Frepaso, La Porta-Ibarra, con el 26,5 %. Tercera quedaba la del peronismo menemista (era el que había), Domínguez-Kessler, con el 18,6 %.

El 7 de mayo del 2000, Ibarra-Felgueras, enarbolando las banderas de la inolvidable Alianza, con algunos aliados, como la Ucedé, que hicieron un aporte muy menor, derrotan con el 49,3 % a Cavallo-Béliz, que obtuvieron el 33,2 %, a pesar de contar ellos con la asistencia de conocidos cuadros del peronismo, ya con el libro de pases abierto.

El 24 de agosto de 2003, esa promisoria pareja Macri-Rodríguez Larreta, ganan con el 37,5 % al dúo Ibarra-Telerman (Felgueras se desvaneció junto al Grupo Sushi) que consiguen el 33,5, pero éstos, con el apoyo del ya presidente Néstor Kirchner, que se jugó a su favor – triunfan en la segunda vuelta juntando el 53,5 % de los votos definitivos.

Esta elección resultó ser significativa, no tanto porque en ella el Partido Justicialista directamente no participó (bueno, la UCR sacó el 1,9 %), sino porque aquí con la candidatura de Ibarra se desplegó en todo su esplendor el mecanismo de las colectoras: No un frente tradicional de partidos, sino tres boletas, con siglas creadas para la ocasión, que llevaban listas de legisladores diferentes y un sólo candidato a Jefe de Gobierno. Las tres sacaron porcentajes parecidos.

(El lunes pasado Alejandro Amor, secretario general de las 62-Capital, recordaba que todos los legisladores de dos de esas listas le votaron en contra a Ibarra en el juicio político que lo destituyó. Pero no sé si corresponde que relate esta anécdota, que le daría pie a Artemio para uno de sus posts sarcásticos).

De todos modos, las colectoras hicieron escuela en el sector más o menos nacional y algo popular de la política porteña (No sé porque arman tanto lío en la Provincia). Como todos recordamos, el 3 de junio del 2007 los votantes porteños decidieron dar una oportunidad a Macri-Michetti: sacó el 45,8 % en la 1° vuelta, y el 60,9 % en la 2° (fíjense que fue un año antes de la pelea con el «campo»). Pero las dos principales fórmulas que se le oponían,  la de Filmus – Heller, que logró el 23,7 % de los votos y entró en la 2° vuelta, llevó dos colectoras,  ALIANZA DIÁLOGO POR BUENOS AIRES, que le sumó el 12,5, y ALIANZA FRENTE PARA LA VICTORIA, que le dió el 11,2.  Telerman – Olivera reunió el 20,7 %, sumando la ALIANZA FRENTE MÁS BUENOS AIRES con el 11,1 y la ALIANZA COALICIÓN CÍVICA con el 9,6.

Continuará (con menos números)

3 Responses to Y por casa como andamos? La interna en la Capital Federal

  1. Jorge dice:

    Por qué el PJ apoya a Filmus?

  2. Abel B. dice:

    Más preciso es decir «el PJ residual» (No es una crítica a Juan Manuel Olmos, al que le deseo que llegue a presidir el Consejo de la Magistratura). El PJ está cerrado, con llave, unos 360 días por año. Y no hay masa crítica para abrirlo más días. Se está juntando.
    Pero el detalle de los apoyos a cada uno de los tres precandidatos voy a hacerlo en la 2° parte del post. Un adelanto: están bien repartidos.
    Un abrazo

  3. […] de situación” histórico del peronismo – y de las colectoras – en la Capital, aquí, y prometí actualizarlo. Cosa que no he cumplido todavía, un mes después, por una razón que me […]

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