El Padre de una Patria que no llegó a nacer

Hace no muchos posts, uno de los visitantes al blog se despachó furiosamente contra Simón Bolívar con viejas acusaciones, como la de querer crear un “Imperio Andino”. Tengo que decir que – ya que no tenía nada que ver con el tema en debate – no contesté. Sólo pensé para mí como los antiguos odios y temores de los porteños, viejos de 180 años, seguían vivos, aún en aquellos que cuestionan – o creen hacerlo – las políticas de Buenos Aires.

Por supuesto, yo – que no soy historiador – no podría afirmar que Bolívar jamás soñó con ser Emperador. Era un hijo de su siglo, y su siglo había nacido con el deslumbrante ejemplo del militar corso al servicio de Francia, cuando tomó la corona de manos del Papa y se la puso él mismo. En esos años, Agustín de Iturbide se hizo Emperador de México. Dessalines hizo lo mismo en Haití y Santo Domingo.

Y dos generaciones después, ya en una nación moderna con banqueros, industriales y periodistas, el sobrino de Napoleón iba a hacerse también Emperador de los franceses por un plebiscito. Más o menos por ese tiempo, cruzando el canal, el elocuente y sutil Disraeli fundaría el Imperio Británico, ofreciéndoselo a su reina Victoria. Hasta el austríaco Maximiliano fue tentado a repetir la historia, en México. Finalmente, Bismarck dió a su rey de Prusia el Reich alemán.

No, no se puede culpar a Bolívar si él alguna vez aspiró. Pero el hecho es que Venezuela y Nueva Granada, la Gran Colombia, no podía ser el núcleo de un imperio. Ni siquiera de una hegemonía duradera. A pesar de haber sido la rica Tierra Firme del Imperio Español, que las plantaciones de cacao dieron a sus dueños riqueza, poder y cultura… la guerra de clases la destruyó. Se quedó con muchos soldados valientes y crueles, dispuestos a matar y a morir, pero no tenía la clase dirigente ni los recursos para gobernar.

Fue en otro lugar de la América del Sur donde existió, un poco antes y por breve tiempo, la posibilidad de fundar un Imperio, equivalente al que la Casa de Braganza conservó para el Brasil. Y ahora que se acerca otro aniversario del General San Martín, a quien con perversidad argenta recordamos su muerte y trasladamos la fecha para beneficio del turismo interno, tengo ganas de recordar esa ocasión.

En el Alto y Bajo Perú existían la riqueza, la población y, entonces, el hábito de obediencia. En 1820 y 1821, San Martín negocia con los Virreyes, primero Pezuela y luego De la Serna, para conseguir un acuerdo. Una de las propuestas era la coronación de un príncipe de la Casa Real española – don Francisco de Paula de Borbón y Borbón-Parma, el hijo menor de Carlos IV (abominablemente parecido a Godoy, decían las malas lenguas) – el niño que había sido la chispa del levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid contra los franceses – en el Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile.

¿Por qué podríamos reprochar a San Martín un proyecto que prometía dar fin a la guerra con España y formar una nación poderosa en la América del Sur? Hombres tan diferentes como Manuel Belgrano, Bernardino Rivadavia, Manuel de Sarratea y el mismo Carlos IV habían andado detrás de lo mismo seis años antes. Pero las dos Españas, la liberal y la absolutista, se opusieron. Y terminamos haciendo repúblicas con los restos del Imperio Español.

No creo que San Martín se haya sentido demasiado frustrado. El también era un hombre de su siglo, y que además conocía bien la historia clásica. Íbamos a ser libres, aunque envueltos en el desorden y las guerras civiles. Por eso legó su sable al Sila que previó que sería necesario, y que defendió su Patria defendiendo su autoridad, Don Juan Manuel de Rosas.

11 Responses to El Padre de una Patria que no llegó a nacer

  1. Hablando de los aniversarios, ¿no sería mejor recordar el día de nacimiento de los próceres en vez del de su muerte? Aquí hacen eso y me parece más coherente: se festeja que el tipo nació y no que estiró la pata.
    Eddie

  2. Cine Braille dice:

    El reconocimiento de un prócer en su día de muerte es una herencia católica: a los mártires cristianos se los recuerda el día que dieron testimonio con su muerte, no el de nacimiento. Igual, es algo tan arraigado que me parece difícil de cambiar.
    Siguiendo con el tema de los aniversarios, a mí me hace ruido que el 24 de marzo o el 2 de abril sean feriados, con la gente aprovechando para hacer un asado o mandarse una escapada a la costa. Sería mejor disponer que esos días se icen las banderas a media asta, o que a mediodía se haga un minuto de silencio y reflexión, pero feriado…
    Otros días así, más de reflexión que de festejo, podrían ser el aniversario de alguna batalla de las guerras civiles (Caseros, Pavón) y el Día de los Muertos por la Patria, 2 de noviembre, que está injustamente sepultado en el olvido.

  3. jorge dice:

    Criticar los paradigmas del pasado según los paradigmas actuales es un error frecuente. Rosas en cierto modo se comportó como un emperador.

  4. PARCASS dice:

    Estimado Abel:
    Vamos desde el final:

    Lima, 29 de agosto de 1822
    Excmo. Señor Libertador de Colombia, Simón Bolívar.
    Querido General.
    Dije a usted en mi última, de 23 del corriente, que habiendo reasumido el mando supremo de esta república con el fin de separar de él al débil e inepto Torre Tagle, las atenciones que me rodeaban en aquel momento no me permitían escribirle con la extensión que deseaba; ahora al verificarlo, no sólo lo haré con la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los grandes intereses de América.
    Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso, de que su delicadez no le permitiría jamás mandarme, y que, aún en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba seguro que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la República, permítame general, le diga no me han parecido plausibles. La primera se refuta por sí misma. En cuanto a la segunda, estoy muy persuadido, que la menor manifestación suya al Congreso sería acogida con unánime aprobación cuando se trata de finalizar la lucha en que estamos empeñados, con la cooperación de usted y la del ejército de su mando; y que el alto honor de ponerle término refluirá tanto sobre usted como sobre la república que preside.
    No se haga ilusión, General. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas; ellas montan en el Alto y Bajo Perú a más de 19 000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses. El ejército patriota, diezmando por las enfermedades, no podrá poner en línea de batalla sino 8500 hombres, y de éstos, una gran parte reclutas. La división del general Santa Cruz (cuyas bajas según me escribe este general, no han sido reemplazadas a pesar de sus reclamaciones) en su dilatada marcha por tierra, debe experimentar una pérdida considerable, y nada podrá emprender en la presente campaña. La división de 1400 colombianos que usted envía será necesaria para mantener la guarnición del Callao y del orden de Lima. Por consiguiente, sin el apoyo del ejército de su mando, la operación que se prepara por puertos intermedios no podrá conseguir las ventajas que debían esperarse si fuerzas poderosas no llamaran la atención del enemigo por otra parte, y así la lucha se prolongará por un tiempo indefinido. Digo indefinido porque estoy íntimamente convencido, que sea cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de América es irrevocable; pero también lo estoy, de que su prolongación causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado para los hombres a quienes están confiados sus destinos, evitar la continuación de tamaños males.
    En fin, general; mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse.
    No dudando que después de mi salida del Perú, el gobierno que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia, y que usted no podrá negarse a tan justa exigencia, remitiré a usted una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada puede ser a usted de alguna utilidad su conocimiento.
    El general Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas argentinas. Su honradez, coraje y conocimientos, estoy seguro lo harán acreedor a que usted le dispense toda consideración.
    Nada diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia. Permítame, general, que le diga, que creí que no era a nosotros a quienes correspondía decidir este importante asunto. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estado de Sud América.
    He hablado a usted, general, con franqueza, pero los sentimientos que exprime esta carta, quedarán sepultados en el más profundo silencio; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia.
    Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito a usted una escopeta y un par de pistolas juntamente con un caballo de paso que le ofrecí en Guayaquil. Admita usted, general, esta memoria del primero de sus admiradores.
    Con estos sentimientos y con la de desearle únicamente sea usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de América del Sud, se repite su afectísimo servidor.
    José de San Martín”

    Fuente: Lecuna, V. “Cartas del Libertador”; tomo II, p. 380.

    Cordiales Saluos
    ramon c

  5. parcass dice:

    Estimado Abel:

    Si encuentra una copla por el estilo dirigida a San Martin tiene un bono:

    El Fusilico

    Cuando de España las trabas
    en Ayacucho rompimos,
    otra cosa más no hicimos
    que cambiar mocos por babas,
    Nuestras provincias esclavas
    quedaron de otra nacion.
    Mudamos de condicion;
    pero solo fue pasando
    del poder de Don Fernando
    al poder de Don Simon

    José Joaquin de Larriva

    Cordiales Saludos
    ramon c
    Continuara…

  6. parcass dice:

    Estimado Abel:

    Constitucion Vilicia: estando en Peru,en diciembre del 26 dicto la Constitucion (donde el tenia el titulo de “libertador” vitalicio y el elegia a su sucesor)incluia a Venezuela,Colombia -con Panama-,Ecuador,peru y Bolivia.
    Al sur Argentina y Brasil(Uruguay para Brasil),Paraguay en blanco.Duro hasta enero/26,cincuenta dias.

    No lo queria nadie:ni en Venezuela,ni en Colombia,bueno nadie.Ni sus propios subordinados y las oligarquias de cada lugar.

    Con todos sus defectos y las observaciones que podamos hacer, Rosas fue un hombre netamente superior.Un hombre de estado.

    Juntarlo con San Martin o ponerlo de algun modo a su nivel es directamente una herejia.

    De las ideas monarquicas de San Martin le adelanto que esta totalmente equivocado.Si encuentro algo sobre en quien pensaba San Martin le aviso.
    Por otra parte no era para nada una idea peregrina.

    Otro tema:recordar la muerte es lo logico.Cuando nacio era un bebe,una promesa(como lo somos todos).
    Recordar su muerte no es necrofilia:es rendir tributo a un grande benefactor que ya no esta entre nosotros.Educativo.

    Es decirnos,recordar las cosas que perdimos si hubiera permanecido algunos anos mas.

    Al unico que le festejamos el nacimiento es a Jesus y su muerte tambien en recordada para Pascuas,pero no es un tema religioso.

    Cordiales saludos
    ramon c

  7. parcass dice:

    Estimado Abel:

    San Martin queria una monarquia para el Peru.Trato de negociar con Dela Serna(virrey en la montana)a cambio que la corona de Espana reconociera la independencia del Peru.
    Fracaso.

    En el 21 mando a Europa a J Garcia del Rio y al Cnel.Diego Pairoissien a tratar de negociar con la Casa Saxe-Coburgo – de la cual salio Leopoldo de Belgica-.Tampoco le dieron bola.

    Ud dice que San martin era un hombre de su epoca.Bueno todos lo somos.
    Sin embargo creo que fue un tipo que se adelanto a su epoca:fue un revolucionario.Digamos que queria vivir en un pais distinto,de avanzada.
    Era un liberal de su epoca.Fracaso.

    Alberdi cuenta bien su historia en sus Escritos postumos.Y justifica plenamente su monarquismo,tambien a Rosas.

    Bueno lo dejo.

    Cordiales Saludos
    ramon c

  8. Abel B. dice:

    Estimados:
    Agradezco sus reflexiones, y el aporte de AyJ. Nuestra historia – herencia romántica, que abarca a revisionistas y marxistas – se ocupa más de batallas que de diplomacia y negociaciones (el mito es “siempre perdemos”. Como si las batallas las ganáramos todas).

    Un más y un menos para Parcass: Lo felicito por la transcripción – con perfecta sintaxis y sin errores ortográficos – de esa larga y enjundiosa carta de San Martín. Es un lujo para el blog.
    Lo que debo señalarle es que se puede encontrar tantos y tan sangrientos ataques contra San Martín como contra Bolívar. Fíjese por ej. en la caricatura que lo dibuja con zarpas de tigre y lo acusa del asesinato de Carreras… Como diría Gracián, “Desgraciado del hombre que no tiene enemigos…”

    Abrazos

  9. PARCASS dice:

    Estimado Abel:

    Solo copy/paste:la carta esta en la web.Ya sabe que mi escritura es pesima.
    Esta pasada al castellano moderno,tengo la original en un libro,pero no se cual.

    Un tema que dejamos de lado son la influencia de las logias:San Martin acato fielmente las ordenes que recibio.En BsAs creo que el capo supremo era Rodriguez Pena( el de la plaza de Cordoba y Libertad)ahi tenia su casa.

    Bolivar tambien era mason( no se en que grado) pero despues cambio de idea y prohibio las logias.
    Complicado.

    Por esta razon se daban (creo) las idas y vueltas que hace rato relato ayj en su blog.

    Otro tema importante en Bolivar es que su ejercito (y sobre todo sus oficiales) eran ingleses desocupados luego de Waterloo.

    Cordiales Saludos
    ramon c
    Cordiales Saludos.

  10. Desde Mompracem dice:

    Caigo en la tentación de romper un poco con tanta oleografía de Billiken. La América hispana es una ecúmene de contradicciones que deben reconocese para entendernos y situarnos adecuadamente en su dialéctica, y así enriquecernos con ella. La conquista española se realizó encuadrando a las naciones sojuzgadas por los grandes imperios, los aztecas y el Tawantinsuyu. Los verdaderos conquistadores de los imperios fueron los indios -los otros- y los verdaderos libertadores fueron españoles americanos, más lo primero que lo segundo, como Bolívar, San Martín y Sucre. Sólo la décima parte de la tropa española en Ayacucho era española peninsular: las nueve décimas eran indios y mestizos (como nos había pasado en Huaqui). En cuanto al ejército de Sucre -leer las Memorias de O’Connor o de Miller- sobresalía de ingleses e irlandeses-Batallón Rifles, Lanceros de la Legión Irlandesa, Granaderos de Pichincha- y alemanes: Miller, O´Connor, Brown, Wright, Ferguson, Harris, Hallowes, Gilmore Gregg, Braun, etc. Inglaterra debía tener el fiel de la balanza, decía el Libertador Bolívar. No está mal, así era el mundo. Pero los relatos infantiles, para Chávez.

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