Antonio Cafiero dice algo importante

febrero 17, 2010

No quiero interrumpir los debates en los dos posts anteriores, donde subí algunas observaciones mías recientemente, pero el venerable patriarca del PJ había publicado en Perfil una nota que hoy mi amigo Jorge Zaccagnini me alcanzó. Y siento la necesidad, no frecuente, de repetir algo que dijo otro.

Como corresponde a un político en funciones, Don Antonio escribe un texto ortodoxamente nac&pop – posición que en general comparto (¿lo mío sería un nacional populismo reflexivo?). Pueden verlo completo acá, o mejor, en el blog de Mario Abait. Pero quise resumirlo en  tres  párrafos, que me parecen válidos como consigna para todos los argentinos.

“El autolesionismo es una desviación del instinto agresivo que genera en algunas personas una disposición a provocarse a sí mismas lesiones o enfermedades. Pero … los italianos usan esa palabra “para referirse a ese hábito o esa vocación de algunos de sus habitantes de criticar casi todo lo que sucede en Italia”. No es algo que nos resulte ajeno a los argentinos. En particular, muchos medios y políticos ven en nuestros vecinos o en otros países del planeta una manifestación absoluta de la sabiduría y la prudencia que a nosotros nos andarían escaseando.

Este Bicentenario podría servir para revisar las etapas de la historia en que sectores importantes de la población eligieron denigrar lo propio y ensalzar lo ajeno, casi siempre por pésimos motivos de política interna. También, al igual que en otros países latinoamericanos, existieron sectores económicamente poderosos que buscaron diferenciarse racialmente del resto de la población. Adjudicaron a ésta un sinnúmero de prejuicios y se lamentaron porque supuestamente estos recelos explicaban que nuestro país careciera de usos y costumbres propios de las principales potencias mundiales. Algunos de los héroes de la historia oficial fueron maestros en el arte del autolesionismo.

El filósofo norteamericano Richard Rorty afirmaba que “el orgullo nacional es para los países lo que la autoestima para los individuos: una condición necesaria para su autorrealización”. La transformación que la política puede impulsar no se apoya sobre una pormenorizada descripción de la realidad, sino sobre el proyecto de nación que se quiere construir. Es a este proyecto que la política le debe lealtad, y no al conjunto de datos negativos que se puedan tener sobre nuestra actualidad. Los argentinos sabemos que hemos hecho cosas mal, e incluso que en algunas cosas no hemos mejorado, pero este conocimiento no debe ser tomado como la última palabra sobre lo que podemos llegar a ser, ni sobre las posibilidades que tenemos de ser felices en los próximos 200 años


Si el peronismo pierde en 2011

febrero 15, 2010

(Este post se armó entre perucas. Pero creo que puede interesar al resto, también) Desde hace algún tiempo, mantengo una discusión… sesgada con quien es, creo, el más doctrinario y uno de los más leídos de los blogueros peronistas, el sabio y prolífico Manolo Barge. Debatimos sobre muchas cosas, pero hay un planteo básico, presente desde hace tiempo en sus posts y comentarios, que… me chirría. Manolo asume una derrota del peronismo en las elecciones presidenciales del 2011, sostiene que posiblemente pierda también la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, y que la tarea fundamental de la hora actual es que  nos replanteemos qué es el peronismo y actualicemos la doctrina.

Entiéndanme: considerar que el peronismo será probablemente derrotado en el 2011, en la Nación y aún en la provincia de Buenos Aires, es una previsión razonable (alguien dijo “merecida”?), que es compartida, en privado, por muchos dirigentes importantes del P.J. Y estoy seguro que es necesario que desarrollemos un pensamiento propio. No sólo los peronistas, los argentinos. Si algo no me convence en el planteo, es un par de cosas que omite.

Como ya escribí antes, para la sociedad política, P y no P, en las elecciones del año que viene se juega todo lo que importa. La Presidencia, claro, y los miles de cargos políticos que directa e indirectamente dependen de allí; todas las gobernaciones, excepto las de Corrientes; todas las intendencias importantes… Y las legislaturas nacional, provinciales, municipales… En todas las fuerzas políticas, los que vayan en sus listas querrán tener un candidato a presidente – que gane o no – pero que les sume votos. O al menos, que no se los reste. ¿Es creíble que el proceso de selección de un candidato presidencial para el PJ no obligue a definiciones fundamentales para su futuro? Aunque ese candidato luego sea derrotado y se diluya en el olvido, la lucha interna habrá marcado al peronismo.

El otro punto que me interesa señalar es que el planteo es, hasta ahora, … teórico. Estoy convencido que hay un rol, una necesidad, para la discusión doctrinaria entre militantes de muy diversas edades e historias. En realidad, para eso sirven los blogs (Creo que son mucho más interesantes así que como herramientas de campaña). Pero esa discusión no se transformará en hechos, proyectos, sueños colectivos, lo que se quiera… si no se encarna en luchas políticas concretas por el poder. Puede ser lamentado por las almas buenas, pero la realidad insiste con eso.

Bueno, uno de los blogueros jóvenes del Conurbano, que enarbola en su nic su legendaria patria chica, Omixmoron, subió un post donde encuadra muy bien este debate. Y le da encarnadura concreta (como Feuerbach hizo con Hegel?) al planteo de Manolo. Lo hace a partir de un viejo post mío, lo que además estimula mi ego.

Omixmoron comienza su post con alguno de los párrafos que golpean más preciso a los que nos decimos peronistas que he leído en mucho tiempo: “En 2010, pocas personas de menos de 70 años pueden haber compartido la experiencia que unió a generaciones de peronistas: socialismo de tercera posición (por que el socialismo no es propiedad de ciertas izquierdas) sumado a un patriotismo (que no debe ser dejado en manos de ciertas derechas) durante la década… de 1943 a 1955

Muy pocos argentinos con vida pueden haber formado parte de la “Resistencia Peronista”. Hoy tienen alrededor de 70 años, aquellos que tomaron partido en aquellos tumultuosos días, y muy cerca en edad están los que se fueron arrimando al son de la consigna “luche y vuelve” en los 18 años de exilio del líder hasta su retorno en 1972/73 … para la inmensa mayoría de los argentinos este principio legitimador no es más que retórica de cincuentones o anécdotas de gerontes

Luego, después de elaborar, y precisar, algunos conceptos míos, va a los bifes: “Supongamos que … el próximo turno es no peronista, mezclado con una buena proporción de anti- peronismo explícito. Trabajemos esta hipótesis… Lo que nos espera …(es) una transición en el orden interno justicialista … volverá a las fuentes. Los que siempre se ofrecieron a llenar con ideas o equipos de gestión oportunistas volarán, por que se acabaron las oportunidades. El peronista político estará entretenido definiendo su conducción, pero en la calle, en la calle no hay espacio para las sombras, no se duda.

No será Néstor de Calafate, ni Lole de Santa Fe, ni Feli(pillo). No será un político el que conducirá la transición y es hora que el sindicalismo provea uno de sus cuadros para la tarea sucia. Será esa otra cabeza de la hidra la protagonista de la etapa. La respuesta obrera y socialista (de tercera posición) es una necesidad en un mundo en el que se desarrolló un modo de dominación capitalista sobre el mundo, tal vez nunca tan elaborado como en la actual etapa del sistema…

Con el amigo Manolo Barge abrigamos la esperanza de que en tiempo más o tiempo menos el movimiento obrero organizado se sacuda la bosta y trabaje el buen barro que tiene en sus estructuras y se prepare para “fabricar” el Lula argentino que ponga a la sociedad en el brete de elegir a un obrero como conducción y no como hasta ahora, trabajosamente integrado a la conducción a través del peronismo. Pero no es el caso de la etapa que se avecina. Manolo señaló correctamente que Ratzinger saludó (y bendijo) en el Vaticano al futuro jefe de la Oposición en la Argentina, el evangelista Moyano. El movimiento obrero organizado supo ser piloto de tormentas en varias oportunidades

Lo que plantea el compañero Omix  impacta fuerte, y ya se lo estoy mandando a algunos amigos en la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista (yo había subido en octubre su primer documento) Es cierto, ellos pueden ser la “división Las Heras”, el núcleo sólido en torno al cual se rearme un peronismo derrotado electoralmente. Son peronistas, tienen poder y recursos, y hay algunos cerebros muy buenos allí, además del Hugo.

Me quedan dos cosas a pensar: ¿Podrán los muchachos, con la cultura de la victoria que el peronismo desarrolló en los últimos 20 años, bancarse las derrotas que el PT brasileño y Lula se bancaron? Lorenzo Miguel decía que los votantes no estaban dispuestos a aceptar un sindicalista a la cabeza de la lista, y no parece que la situación haya cambiado mucho. En su respuesta a mi comentario, Omix decía: “No, el peronismo en su conjunto no está preparado para perder siquiera una elección. La parte política está enferma de poder… hay que empezar a pensar que esa es la prueba de fuego de las clases medias filo peronistas, la prueba de amor que le deben al peronismo… habría que ver si votarían un sindicalista o un cabecita negra. Al menos el sindicalismo debe preparar sus cuadros para el desafío, y perder cuanta interna tenga que perder…  el peronismo puede votar abogados millonarios (o coroneles) que gobiernan en nombre de los humildes y en algunos casos para los humildes.

Pero no han demostrado lo contrario, un obrero en el poder es tabú. Falta la prueba de fuego del no clasismo, bancarse un Lula, un Evo, como candidato y como conductor. El político peronista solo piensa en ganar la próxima elección y eso es parte de su ADN, pero de vez en cuando se pierde, eso es inevitable y de vez en cuando hay que ponerse a prueba y dar pasos adelante. Animemonos, al menos en plantearlo” Vale, Omix, aunque cuando yo escribí “¿podrán los muchachos bancarse las derrotas?” estaba pensando en los dirigentes sindicales.

La otra duda, más importante: Aunque el sindicalismo cumpla su asignatura pendiente y, por sí mismo o en alianza con movimientos sociales, defienda también a los que trabajan en negro, no le alcanza para ganar. Más aún, no le alcanza para ser el peronismo, que siempre fue algo más que un laborismo.

Esto va más allá de las alianzas y los frentes. Después de todo, las alianzas originales de Perón incluyeron al Ejército, la Iglesia, los nacionalistas, radicales irigoyenistas y antipersonalistas. Y no incluyó al radicalismo porque Sabattini no aceptó. Cuando esas alianzas se rompen, cae.

Cuando vuelve en el ´73, tenía el Frejuli, los acuerdos laxos de La Hora del Pueblo y, sobre todo, la juventud de los sectores medios que se habían “nacionalizado” después de Onganía.

Eso ya está en el ADN peronista. Menem hizo el acuerdo, hasta entonces increíble, con el establishment y la Ucedé. Y no han quedado pocos nostálgicos de esa ilusión de prosperidad y progreso que dominó los ´90. O de dónde salen parte de los votos a De Narváez?

Kirchner logró el otro frente posible: con el progresismo (por lo menos, parte de él), los sectores que se fueron con el Frepaso. Es más que probable que un peronismo en la oposición pueda reconstruirlo, frente a la posible alternativa. Pero hay algo más decisivo: lo que debe permanecer adentro del peronismo.

En especial, el peronismo debe conservar un anclaje sólido en el interior, en las provincias pobres que desde 1946 han sido bastiones del peronismo. Y, la tarea que apunta como la más difícil, encontrar intereses y códigos comunes de la CGT y los suburbios pobres con la otra Argentina, la de la pampa gringa, el interior de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos… No podemos olvidar que hemos perdido en Santa Fe, que se conservó peronista en 1983, cuando el radicalismo con Alfonsín ganó hasta en Buenos Aires. Pero esa Argentina cambió mucho: No es accidental que Moyano se pelee con el dirigente más representativo de ese peronismo.

(Ahora, por qué resuena en mi oído la frase burlona de Perón “los peronistas somos como los gatos. Cuando parece que nos peleamos, nos estamos reproduciendo“?)


Seguimos con la inflación, y con la política

febrero 14, 2010

Mi amigo EduA, alguien que aporta en sus comentarios a este blog tanto solvencia técnica como el punto de vista radical, me hizo llegar este artículo de Nicolás Salvatore, de Buenos Aires City y del CEDES, con un título… inquietante: Estamos a las puertas del descontrol inflacionario. No estoy en condiciones de juzgar a Salvatore como economista, pero tengo una buena opinión de él desde que fue uno de los peritos que reveló las maniobras que se hacían con los fondos de los aportantes en la AFJP Siembra.

De cualquier modo, vale la pena leerlo. Es corto y está bien argumentado. El núcleo de su análisis… es discutible, pero da para pensar: “A la salida del escenario de “estanflación” (estancamiento con inflación) de los últimos dos años, una incipiente recuperación del PBI ha disparado en los últimos meses un veloz proceso de aceleración inflacionaria“.

Lo que me parece equivocado es la solución que propone: “Un buen primer paso sería reconocer el problema… segundo… retirar la patota del INDEC… y sincerar de una vez el severo problema inflacionario, recuperando algo de la reputación perdida. Luego el Gobierno, ya más creíble… estableciera objetivos de desaceleración inflacionaria para los próximos tres años, hasta converger, por ejemplo, hacia un ritmo inflacionario de 10% hacia fines de 2012… sería la señal de coordinación de expectativas para todos los formadores de precios y salarios“. Equivocada no en términos económicos, en términos políticos.

Entiéndanme, podría ser funcional a otro gobierno, uno nuevo. No serviría para éste, que es el que debería llevarlo adelante. Porque considero que hay un error básico conceptual en qué quiere decir creíble, un error – perdoname, EduA – al que los radicales se muestran proclives, por lo menos en el discurso. Creíble, para este gobierno y para cualquiera, no significa principalmente, que el pueblo piense que es patriota, tiene buenas intenciones y que está dispuesto a ayudar a las ancianas a cruzar la calle.

“Creìble”, aplicado a un gobierno significa, en primer lugar, que el pueblo y los diversos intereses que forman la realidad, crean que tiene el poder y la voluntad para llevar adelante las medidas que se propone.

La intervención al INDEC, es evidente, fue un grave error del gobierno. Le costó el desprestigio de un instrumento, que no era perfecto, desde luego. Pero que ya no le sirve, a él o al país, porque perdió credibilidad. Se me ocurre que aún las cabezas del gobierno hoy se dan cuenta de esto. No estoy diciendo que una reforma que le permitiese recuperar la credibilidad perdida no sería útil para el país. Quizás, hasta para el gobierno. Lo que digo es que no lo haría más creíble, porque sus adversarios lo verían como un cambio impuesto por una relación desfavorable de fuerzas. Y en la cruel lógica de la política, tendrían razón.

¿Deja esto al gobierno sin herramientas? Su credibilidad debe estar basada en hechos, no en anuncios ni en cambios de personas. El hecho más importante que maneja es su acumulacíón de divisas, las reservas que tiene y las que las retenciones sobre las exportaciones ya en marcha le brindarán. Lo lamento por mis amigos de la UIA, pero el control de la devaluación del peso – peligroso como es este mecanismo, como Martínez de Hoz y Cavallo podrían atestiguar – será una herramienta insustituíble en el corto plazo. ¿Una “tablita” no expresada formalmente?

Necesariamente, aranceles y – por los acuerdos del Mercosur y la OMC – medidas paraarancelarias tendrán que compensar el relativo atraso cambiario. Tengo muy claro que estas medidas tienen consecuencias negativas, y que son una herejía para economistas que han apoyado las políticas de Kirchner de 2003/2006. A mí no me gustan, pero no veo otra herramienta más eficaz, en el corto plazo – además de los acuerdos con los sindicatos grandes, que tienen un límite muy preciso en el humor de sus afiliados – para contener la inflación, por lo menos la parte que se alimenta de expectativas, y que es la más peligrosa por la historia económica de los argentinos.

Por supuesto, todo esto tiene sentido si la inflación es realmente un peligro claro y presente. Yo, quizás con menos alarma que Salvatore, creo que sí lo es. Los voceros kirchneristas, formales e informales, insisten en que no. Si conservo algo de optimismo, es porque creo que Kirchner es demasiado realista para creer lo que dicen sus partidarios.


POSTDATA: Ceteris paribus

febrero 12, 2010

No, no es lo que dijo la presidente de Ucrania cuando le dijeron los resultados electorales. Es una expresión que usan los matemáticos cuando analizan una variable, y quiere decir que todos los otros datos de la ecuación permanecen constantes.

Me explico: En el post anterior, tomé la pregunta que hizo un coherente bloguero K, Martín (Latino): “Nosotros los kirchneristas tenemos diferencias entre nosotros, pero sabemos y propagandizamos qué Argentina queremos (economía, sociedad) ¿Cuál es la que quiere la oposición?” (en mis palabras, simplificando. Pero creo que sin injusticia). Me pareció interesante, aún dejando a un lado lo “partisano”, legítimo en un blog de pelea. Y tanteé una respuesta: la Oposición todavía no existe – por razones que expuse – a pesar que haya muchos opositores. Y no existirá hasta que no dirima, en lucha política tradicional, una propuesta –  acompañada por una parte considerable de la sociedad – alternativa a la que planteó Néstor Kirchner.

Esperaba iniciar una discusión estimulante. Y vaya si lo fue – lo sigue siendo – aunque, o tal vez porque, una buena parte de los comentaristas NO dejó de lado lo “partisano”. No quería interrumpirla, aunque desde que terminé de subir ese post me quedó una inquietud muy precisa: Martín (L), mis comentaristas y yo mismo estabámos asumiendo, sin decirlo, un escenario político que se desarrollaba, linealmente, a partir de los datos de la realidad presente. Pero los datos a veces cambian bruscamente.

Mi amigo Ezequiel Meler escribió algo sobre el catastrofismo de la Derecha, del cual son expresión, por ejemplo, los columnistas económicos de LaNación y la Dra. Carrió. En la izquierda, Altamira, entre otros, viene anunciando hace 50 años el derrumbe inminente del capitalismo. Pero las catástrofes a veces ocurren.

En un reciente post de Artemio, defensor racional de los K si los hay, daba la estimación de Consultora Equis para la inflación de enero, 2,23 % (anualizado: inflación anual cercana al 27%; más prudente, proyectando lo registrado por esa consultora en los últimos tres meses, alcanza el 21%). Por supuesto, esta no es verdad revelada. Cualquier economista, o estadígrafo, serio sabe que no existe un índice de inflación absolutamente válido para el conjunto de la economía. Pero esa cifra está en el ball park, como dicen los yanquis, o, para traducirla a términos futboleros, en el área penal.

Comenté allí: “Creo que Ud., que lo expone sin tremendismo, tiene clara la gravedad de estos números. Hace poco tomé en un post su estimación del 20 % anual, que coincidía con mi “sensación térmica” y la de muchos otros, y decía que estábamos en peligro de una espiral inflacionaria tradicional en nuestro país: cuando los precios suben, no por exceso de demanda ni por falta de oferta, sino porque otros precios han subido.

La cifra que Ud. da para enero hace inevitable una política antiinflacionaria. Evidentemente, no la de Moreno, porque ya – además de cualquier otro argumento – está en marcha y no funciona ¿Alcanzará con dejar atrasar el tipo de cambio, como le sirvió a Kirchner en otro momento? No creo que sea suficiente, y además es peligroso porque ahora el dólar se está revalorizando.

Ningún gobierno democrático, y muy, muy pocos autoritarios sobrellevan indemnes una inflación prolongada de más del 25 % anual … Las posibles consecuencias trascienden por mucho una derrota del gobierno … Pueden desprestigiarse con él todas las políticas que incluyan medidas de estímulo a la industria, al consumo y a la defensa de las leyes sociales

(Por supuesto, Hugo Moyano, blogueros K y algún ministro – en orden de importancia – salieron a decir que un poco de inflación no es tan importante, en un involuntario homenaje a Raúl Alfonsín. Espero – y confío en el caso del Hugo – que sea para alentar a la tropa) Pero en mi opinión, un brusco y generalizado aumento de precios puede provocar algo más que un alejamiento de los sectores de menos ingresos del oficialismo (lo que ya ocurre en parte: ver los resultados en el Gran Buenos Aires) y una irritación de los sectores medios (eso ya ocurrió: escuchar las conversaciones). Puede acentuar el descrédito generalizado de todas las fuerzas políticas en el escenario, y convertir una coyuntura similar en algunos aspectos a la de 1999, en un escenario más parecido a 1989, o 2003.

Hay algo en la irresponsabilidad política argentina que se fascina con estas situaciones, lo confieso. Pero esa imprevisibilidad es la que nos ha dejado donde estamos: mucho más atrás de donde nos gustaría estar.


El proyecto opositor (la falta de)

febrero 10, 2010

Martín (Latino) de Encuentro Latinoamericano, uno de los más consistentes blogs K, publica hoy un post muy bien argumentado. Me tenté en contestarle, y cuando me di cuenta que me estaba estirando demasiado largo, decidí subirlo como entrada aquí. Después de todo, las respuestas que recibí sobre el tema del Continentalismo me hacen claro que debo explicarme mejor, y aunque ese asunto sea más estratégico, éste es decisivo, en el corto plazo.

Por el propósito del debate, copio aquí dos párrafos de Martín (L): “Una de las cosas que nos preocupan a muchos oficialistas es la incertidumbre sobre el país que quiere la oposición. Digamos que los oficialistas tenemos bastante claro lo que queremos para el país, mas allá de los matices porque no todos pensamos igual, incluso dentro del oficialismo, por supuesto. El problema es que no estamos debatiendo el tema de la oposición, o, al menos, que la oposición no deja muy claro que es lo que realmente quiere.

Claro que, ante todo, habría que definir que es “la oposición”. Actualmente la oposición no es un bloque homogéneo sinó mas bien todo lo contrario. Y deslumbrada por la política 2.0 de los medios y por la coyuntura del negocio de ser anti kirchnerista, empieza a crear un Frankestein (para simplificar, porque todos sabemos que Frankestein no es el monstruo) que podría revelárseles cuándo ya no haya mas kirchnerismo que putear

Interesante y válido el planteo. Uno escucha demasiados “cantitos de hinchada”, K y anti K, pero aquí hay una pregunta legítima que los K pueden hacer: ¿cuál es el proyecto de la oposición?

Les doy mi respuesta, por lo que vale: Todavía no hay Oposición, precisamente porque no hay un proyecto alternativo claramente hegemónico (aún si consideramos que “proyecto”, antes de ser gobierno, no es muy diferente de “promesa”). Hay muchos opositores, que no es lo mismo.

Para hacer más claro, lo comparo con la última etapa de Menem: la Alianza planteó abiertamente, a través de DelaRúa, Chacho, Machinea y ainda mais, su proyecto: Mantener el 1 a 1 con el dólar y las reformas “modernizantes” de Menem, eliminando la corrupción y los aspectos “farandulescos” que lo hacían insoportable para un sector grande de la población. Este proyecto se impuso claramente al que ofrecía Duhalde (en 1999), que dejó ver sus intenciones de abandonar la Convertibilidad.

¿Podría desarrollarse hoy un proyecto que ofreciese mantener el estímulo al consumo y las reformas “sociales” de ambos Kirchner: paritarias libres, tolerancia con las protestas sociales, moderado proteccionismo industrial, moderada política internacional autónoma, eliminando la corrupción y los aspectos “autoritarios” que lo hacen insoportable para un sector grande de la población? En teoría, por supuesto que sí. Muchos votantes radicales del Acuerdo Cívico, muchos votantes peronistas o “independientes” de De Narváez suscribirían un planteo así.

¿Por qué no aparece claramente expresado? Bueno, dejaría afuera a elementos claves del armado opositor actual: Una parte considerable del poder económico, ¿la más tradicional?, cuyo vocero es LaNación, los nostálgicos del 1 a 1 (que son más de los que lo dicen en público), y un factor decisivo, por su número pero sobre todo por su organización, los productores rurales. A los que el esquema “productivista”, irónicamente, no ha sabido ofrecer alternativas convincentes desde al menos 2006, a pesar de los esfuerzos (¿tardíos?) de Julián Domínguez, la Negra Alarcón y algunos otros. El bloque opositor, en todo caso, no puede prescindir de ellos, como tampoco el oficialismo puede prescindir de la CGT.

Contemplemos también otro factor que complica las definiciones: sectores económicos muy influyentes – el más notorio, pero no el único, el Grupo Clarín – que no tendrian problemas de fondo con una política “kirchnerista”, pero sí tienen conflictos de poder con Kirchner.

¿Cómo se sale de este laberinto? En la forma tradicional. La campaña y las internas, que, en el estilo argento de impaciencia, ya han comenzado, irán definiendo, al mismo tiempo que candidaturas, proyectos. Tal vez más interesante – más que la suerte de los K y aún la del PJ – excepto para nosotros los políticos, claro está, será ver si el proyecto “pro industrialista” y sus apoyos sociales, logra establecer alianzas con algunos de los muchos sectores vinculados al agro (con poder real. Los que dependen de los subsidios…, ya están). O si un proyecto “pro exportador” logra unificar apoyos y consolidar alianzas sólidas – al menos en el imaginario popular, que es lo que cuenta para las elecciones – con sectores urbanos importantes. Va a ser un año no aburrido.

(Para tratar de evitar discusiones inútiles: Cuando en este post puse una palabra entre comillas, es porque la estoy usando como un “código” para denominar un fenómeno o una caracteristica que mucha gente denomina así. No quiero decir que sea “realmente” eso)


¿Alguien dijo “Continentalismo”?

febrero 8, 2010

Aunque la política internacional y la geopolítica son fascinantes – y, por supuesto, tienen que ver con nuestro destino como Nación – tengo algo de reluctancia a zambullirme en ellos. Es tan fácil “mandar verdura” en esos temas, y los argentinos tenemos mucha facilidad para ello.

Ahora, en los dos penúltimos posts toqué asuntos de economía, y los comentaristas, en particular EduA, hicieron aportes muy valiosos, en especial sobre la situación de España. (En el último post, los aportes terminaron siendo sobre medicina…) Bueno, la economía y la política internacional están íntimamente ligadas, y, como dije en “El hijo de Reco”, bien al comienzo, el destino de los países medianos como el nuestro tiene que ver más con la sabiduría o no de sus políticas económicas que con cualquier otro factor…

Harold James, profesor de historia y relaciones internacionales en la Universidad de Princeton, publicó el 3 de enero de este año un artículo en el Financial Times. Lo traduje, porque encara a la vez los hechos de la economía y de la geopolítica, algo que no es muy frecuente encontrar analizados con realismo y en forma conjunta. Enfocando justamente estas últimas etapas de la crisis, desde la perspectiva de Gran Bretaña, que en la realidad económica global es apenas un jugador mediano grande…

Creo que nos sirve para el debate pendiente que tenemos los argentinos, y toda la América del Sur, sobre el lugar que tendremos en este siglo.

Las lecciones no aprendidas de la Gran Depresión

Estamos desconcertados por la duración y la gravedad de la crisis financiera y sus efectos sobre la economía real. También estamos cautivados por la posibilidad de paralelismos con la Gran Depresión. Pero, al mismo tiempo, estamos seguros de que hemos aprendido sus lecciones. Suponemos que podemos evitar una repetición de los desastres de la desglobalización que ocurrió en la década de 1930.

El problema es que hay diferentes lecciones que dejó la Gran Depresión. Ellas son confusas cuando las confundimos. Especialmente en los EE.UU., la Gran Depresión suele identificarse con el crack bursátil de 1929. Los economistas han aprendido dos simples respuestas a ese tipo de colapso. La primera es la lección que John Maynard Keynes ya enseñaba en la década de 1930 – ante un colapso de la demanda privada, hay una necesidad de nueva demanda del sector público o de activismo fiscal.

La segunda es la lección elaborada por Milton Friedman y Anna Schwartz en la década de los ´60. En su opinión, la depresión fue la consecuencia de la incapacidad política de la Reserva Federal en las postrimerías de 1929. Hubo una contracción monetaria masiva, que fue responsable de la gravedad de la recesión. En el futuro, los bancos centrales deben comprometerse a proporcionar liquidez adicional en estos casos.

Ambas lecciones han sido aplicadas de manera coherente y con bastante éxito, no sólo para hacer frente a la crisis de 2007-08. El pánico del mercado de valores en 1987, o 1998, o de 2000-01, fueron tratados con la inyección de liquidez. El hecho que estas medidas contra la crisis se han aplicado en muchos países después de 2007 también explica por qué la tormenta es más leve de lo que podría haber sido.

Los años 2007-08, y especialmente las consecuencias dramáticas de la caída de Lehman Brothers, trajeron un nuevo reto, ya que se repite uno de los aspectos de la historia de la Gran Depresión que es diferente de lo que pasó en 1929. Ese tipo de crisis requiere un conjunto diferente de políticas.

En el verano de 1931, una serie de pánicos bancarios en Europa central extendió el contagio financiero a Gran Bretaña y luego a los EE.UU., Francia y el mundo entero. Dicha crisis fue decisiva para convertir una recesión grave (de la que los EE.UU. ya se estaba recuperando en la primavera de 1931) en la Gran Depresión.

Pero encontrar una manera de evitar los daños fue muy duro en la década de 1930, y también es muy difícil ahora. Al contrario que en el caso de un desafío tipo “1929”, no hay obvias respuestas macro-económicas a los problemas financieros. Las respuestas se encuentran en la lenta y dolorosa limpieza de los balances, y en el diseño de un sistema de incentivos que obligue a los bancos a operar con más prudencia.

Una depresión como la que sucedió a partir de 1930 requiere de reestructuraciones micro, no estímulos macro-económicos y provisión de liquidez. No puede ser impuesta desde arriba por un sabio planificador, y en cambio exige un cambio de comportamiento  de muchas empresas y particulares. La mejora de la regulación, mientras que es una buena idea, es más adecuada para evitar crisis futuras que para ocuparse de una catástrofe que ya ocurrió.

Hay otra razón que las secuelas de Lehman nos recuerdan el mundo de la depresión. La economía internacional extiende los problemas con rapidez. Los colapsos de los bancos austriacos y alemanes no habrían golpeado al mundo si hubieran ocurrido en economías aisladas o autónomas. Pero estas economías habían sido construidas con dinero prestado en la segunda mitad de la década de 1920, con las principales fuentes de los fondos en Estados Unidos. La analogía de esa dependencia es la forma en que el dinero de las economías emergentes, principalmente de Asia, corría a los EE.UU. en la década de 2000, y un aparente milagro económico se basó en la disposición de China a prestar. Los colapsos en 1931 y en 2008 sacudieron la confianza de los acreedores internacionales: antes en EE.UU., y ahora en China.

Como en la Gran Depresión, la atención se centra en los grandes estados y en sus respuestas políticas. Este es el problema de las respuestas clásicas. A los países más pequeños les resulta más difícil aplicar medidas keynesianas, o el ejercicio de una política monetaria autónoma. Algunos países, como Grecia o Irlanda, han alcanzado o superado los límites para el activismo fiscal, y aparece – como en los ´30 – una amenaza de los países cayendo en bancarrota.

Desde la perspectiva de los EE.UU., el debate ha sido distorsionado por el temor de que algo como esto puede afectar a América. Eso no es realista. Pero incluso el default de un número de países medianos y pequeños pondría fin a cualquier posibilidad de una economía internacional abierta e inauguraría una etapa de nacionalismo financiero.

En la era que acaba de finalizar de la globalización financiera, en el período de 20 años desde el colapso del comunismo soviético, los estados más dinámicos y más exitosos fueron generalmente economías pequeñas y abiertas: Singapur, Taiwán, Chile, Nueva Zelanda, y en Europa, los Estados ex comunistas de Europa central, Irlanda, Austria y Suiza. En el mundo después de la crisis, el centro de gravedad económico se ha desplazado a las aglomeraciones muy grandes de poder. Ha habido una obsesión con los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) como los nuevos gigantes. La continuación de la crisis los convierte en los grandes actores.


Néstor Kirchner

febrero 8, 2010

Como dice Otto, las evaluaciones políticas son una cosa, y la vida es otra. Desde aquí, un deseo que se mejore, sin inconvenientes.


Entre la devaluación y los consejos del FMI

febrero 6, 2010

El tercer capítulo de la Crisis global, ya en su tercer año, que se está desarrollando en el Mediterráneo – aquí estarían escuchando a Serrat, si Mauri me hubiera enseñado, como dijo, a subir audios 🙂 – se ha tocado en los blogs. La bengala perdida y, por supuesto, Manolo trataron el tema. Pero encontré poco en la blogosfera económica. Lo que, después de la repercusión de la entrada anterior sobre economía y algunos comentarios sesudos, en particular de EduA, me impulsan a escribir sobre el asunto. Ojo: no van a tener aquí análisis matemáticos para economistas. No estoy para eso. Pero a  lo mejor puedo aportar algunas ideas, para el remojo de barbas, como quien dice…

En LaNación, hace una semana, salió una nota de Emilio Ocampo, historiador y ex banquero en Morgan Stanley, que me parece una buena introducción – para los no especialistas – al ùltimo episodio Tragedia griega siglo XXI. Se las recomiendo.

Para empezar, parto de estos párrafos “su situación financiera y fiscal (la de Grecia) es reminiscente en ciertos aspectos de la de la Argentina de 2001: un déficit fiscal insostenible y una deuda externa impagable con recursos corrientes y que, además, está denominada en una moneda que no puede emitir…En opinión de Desmond Lachman, ex economista del FMI, dentro de los próximos dos o tres años, el gobierno griego se verá forzado a abandonar el euro. Su recomendación: no luchar contra lo inevitable y tomar esta medida lo antes posible“.

Por supuesto, el asunto no se limita a Grecia. Alcanza a todos los PIGS, como cariñosamente los llaman. Portugal, Italia, España (lo de la madrepatria lo debatimos hace 3 meses, y recuerdo que EduA consideraba una locura la salida del euro. Sin duda lo sigue siendo, pero…). Y también, por supuesto, aparece nuestra vieja amiga, la comunidad financiera internacional, hablando a través de su vocero habitual: El FMI recomendó a España, Grecia y Portugal que rebajen los salarios.

Clarín, como es un diario progre – en todo lo que no tenga que ver con la política local, claro – hace una larga crónica sobre la perversidad histórica del FMI, que exige cosas como éstas de puro malo que es. Más concreto, y en español, está en MDZ: “El economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, reconoció que la situación financiera de estos tres países es delicada y que al compartir la moneda -el euro- con otras naciones no pueden devaluar. Por eso deberán asumir otro tipo de sacrificios, como la baja salarial

Estas declaraciones ponen sobre la mesa un asunto muy simple: las devaluaciones no son “estímulos a la producción local”, ni tampoco ataques espantosos a la propiedad privada que sólo monstruos de perversidad como Duhalde pueden contemplar. Son formas eficaces, y menos dolorosas que otras, de bajar los costos de un país, en el corto plazo. En particular, los salarios. Esto lo apuntó Keynes hace unos 80 años. Por supuesto, es menos dolorosa, para los de abajo, cuando la devaluación no se traslada a los costos de la consumos del trabajador, como pudo evitarse en Argentina… por lo menos hasta el 2006.

Dos reflexiones: 1) No es realista pedir al gobierno lo que no hizo del 2003 hasta ahora: un proyecto de desarrollo. Pero sí podemos y debemos pedir que siga manejando con prudencia la herramienta económica básica que la salida de la convertibilidad nos devolvió: el manejo del tipo de cambio. Esto requiere sintonía fina y prudencia, que, es necesario reconocerlo, mostraron hasta ahora los que tuvieron que ver con el asunto: Kirchner, sobre todo, Lavagna, y hasta su última semana, Redrado.

(El estilo de la política argentina requiere recordar un hecho obvio: La idea de Kirchner o Cristina “dejando trampas” o manejándose con imprudencia, total, en 2011 ganará “la Oposición”, es una fantasía paranoica, basada en nuestra historia, es cierto. Pero cualquiera que lo intente, corre un riesgo altìsimo que la bomba le explote en las manos, en meses o en semanas. Si en algo son buenos los “mercados”, es en anticipar).

2) El primer impacto de la Crisis se dió en el centro del mundo globalizado: las hipotecas subprime, los bancos ingleses, Lehman Brothers, son elementos emblemáticos. Los emergentes, encabezados por China y de los cuales Argentina es actor en una tercera línea, quedaron relativamente al margen. Luego le tocó el turno a los países que se habían convertido en modelos aplaudidos por la comunidad financiera internacional: Irlanda, los paìses bálticos, Islandia (puede pensarse que la Argentina menemista fue una víctima precursora de esta fase). Nuevamente, los emergentes zafaron. Ahora está golpeando a países medianos, con una base industrial más o menos desarrollada pero que han perdido competitividad, y con extendidas clases medias y obreros sindicalizados que no aceptarán fácilmente la disminución en sus condiciones de vida. El identikit ahora se parece más al argentino.

Por las dudas, les recomiendo que estudiemos detenidamente estas declaraciones del presidente francés Sarkozy no quiere que el FMI se meta en la Unión Europea. No tiene que ver con nosotros, pero ahora que seguimos empeñados, con Boudou, en volver a los mercados internacionales… veamos que está pasando allí.


A Mercedes, con buena onda

febrero 4, 2010

La nueva presidente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, ha asumido una misión. En las palabras del proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA que ella misma presentó (y que está parado en el Congreso desde 2007, dicho sea de paso):

Es misión primaria y fundamental del BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA preservar el valor de la moneda, de un modo consistente con las políticas orientadas a sostener un alto nivel de actividad y asegurar el máximo empleo de los recursos humanos y materiales disponibles, en un contexto de expansión sustentable de la economía.

Las atribuciones del Banco para estos efectos, serán la regulación de la cantidad de dinero y de crédito en la economía y el dictado de normas en materia monetaria, financiera y cambiaria, conforme a la legislación vigente.

… En la formulación y ejecución de las políticas monetaria, financiera y cambiaria el Banco coordinará su cometido con el PODER EJECUTIVO NACIONAL, sin estar sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones de este último respecto del manejo de los instrumentos de su competencia

Me parece necesario aclarar algunas cosas. La misión no tiene que ver con la aprobación o no de esta reforma, o de alguna otra versión. Por supuesto, las leyes son necesarias para encauzar la vida social – y para que los abogados se ganen la vida. Puede decirse también que a veces tienen un valor simbólico importante: anuncian una intención que la mayoría de la sociedad ha aprobado, antes que plantear medidas concretas. Las leyes de ese tipo habitualmente tienen expresiones abiertas, como “… conforme a la legislación vigente “.

Tampoco la misión será, como dicen mis amigos anti K, “obedecer las instrucciones de Kirchner“. En ningún país más o menos serio las autoridades del Banco Central ignoran y menos se oponen a las políticas del Ejecutivo. Ciertamente no lo hizo Redrado… hasta esta última oportunidad (Recuerdo que Horacio Verbitsky, cuando el golden boy asumió, dijo que la diferencia con Prat Gay es que tenía muy claro que la autonomía del BCRA era una ficción legal).

Por supuesto, ningún jefe o jefa de Estado más o menos serio cree que su presidente del Banco Central es un empleado que está para ejecutar sin pensar (Salvo, aparentemente, aquí en Argentina, esta última oportunidad). Bueno, este aspecto ha sido discutido en el blog en estas semanas. Nuestro bifronte jefe del Ejecutivo, Crístor, hoy tiene menos poder arbitrario que antes. Martín Redrado, sin ningún respaldo político, les complicó la vida. Pampuro! se la pasa mandando señales de independencia. El Congreso… no hablemos. Marcó del Pont, ciertamente, no será la única responsable de las políticas que se implementen. Pero tendrá más posibilidades de decir sí o no que las que tuvo Felisa Miceli en su cargo, o, quizás, hoy mismo, Boudou.

Si menciono el texto del proyecto que ella misma elaborara es porque allí describe en forma clara y comprensible la misión que debe tratar de cumplir, la que le imponen la realidad y la naturaleza de su cargo: “preservar el valor de la moneda y sostener un alto nivel de actividad y empleo de los recursos humanos…” ¿Es una misión imposible? Creo que no.

Hay una combinación favorable, poco usual por lo menos en la literatura económica. Como presidente del Banco Central, una economista – en las palabras de Larry – que conoce la industria, que no subestima el poder de la política monetaria para el crecimiento del empleo y del desarrollo del país, e inclinada a usarla para esos objetivos. Como Ministro de Economía de facto, un dirigente político profundamente conservador (en una oportunidad comenté, creo que con Charlie Boyle, que para mí no era una mala palabra) que si bien ha cometido imprudencias y graves errores políticos, ha mostrado una cautela extraordinaria (sin muchos antecedentes en Argentina, donde los dirigentes políticos no se han caracterizado por entender de Economía) en cuidar y administrar los recursos que la devaluación de Duhalde, las condiciones favorables del mercado mundial y la agroindustria le brindaron en su momento.

(Los que duden de esto, que comparen la tasa inflacionaria – la estimada por estudios privados – y el ritmo de endeudamiento del Estado desde 2003 hasta ahora, con el promedio de los últimos 50 años).

Agrego también, como circunstancia política favorable, una presidente y un bloque oficialista en el Congreso que parecen percibir que una figura como la de Marcó del Pont, de centro izquierda, desarrollista, les da un margen mejor que otras opciones, al menos por ahora.

¿Es una misión muy difícil? Seguro que sí. El modelo (no pongo entre comillas esta palabra, y pronto insistiré con mis motivos para pensarlo como tal) que empieza a desarrollarse a partir del 2002, y cuyos pilares (simplificando) son el tipo de cambio alto y el superávit fiscal, – que insisto, Kirchner administró cuidadosamente por años – está cerca de sus límites. El esquema de precios relativos que produjo la Gran Devaluación del 2002 ha ido, necesariamente, modificándose; el superávit fiscal… fue; y el aire que nos dió la larga devaluación del dólar frente al euro y el real… parece estar agotándose.

Esto no se contradice con el hecho que todos los indicadores apuntan a una reactivación para este año. El problema – como es habitual en Argentina – es la inflación. En los comienzos de este blog, cuando era más arrogante que ahora vis-a-vis la blogosfera económica, solía decir que economistas ortodoxos eran los que no conocían la palabra recesión, y keynesianos los que no conocían la palabra inflación.

Bueno, recesión no hay, pero los de abajo siguen mal (como dice Barcelona, “La redistribución se hizo, pero no alcanzó para los pobres“) y los del medio, a la vuelta de sus vacaciones, volverán a reclamar. No hay margen para ajustes (mejor así: serían muy peligrosos para la reactivación). Y la inflación… no hay cifras exactas (y aunque el INDEC fuera una catedral impoluta, tampoco puede reducirse a un índice único, como cualquier especialista lo sabe). Pero la estimación de Artemio, que nos acercamos a un 20 % anual, nos indica que estamos muy cerca de ese proceso, tan conocido históricamente en Argentina, cuando los precios suben no por “exceso de demanda” o “escasez de oferta”, sino porque los otros precios han subido.

Espero que no queden – o hayan vuelto a reaparecer – imbéciles que digan que una inflación alta no es tan mala, si no afecta la producción. Nada afecta tanto la producción como la incapacidad de hacer planes que provoca la ausencia de precios ciertos; nada estimula una redistribución perversa de la riqueza, en favor de los especuladores, como una inflación alta (> 20 % anual). Y nada tampoco perjudica tan directamente a los más pobres, salvo el desempleo, erosionando cualquier apoyo político a un gobierno.

¿Podrá la Dra. Marcó del Pont contribuir a moderar la inflación, sin deprimir la actividad económica? ¿Podrá ajustar el valor del dólar, sin que la devaluación sea parte del impulso inflacionario? Tengan en cuenta que no estoy pidiendo una nueva política industrial o un plan de desarrollo. No las veo como metas posibles para un gobierno acosado. (Eso no impide medidas puntuales audaces; recuperar una empresa petrolera argentina; intervenir, con realismo, en la explotación de los recursos mineros, aumentaría el poder de decisión del Estado argentino, para este gobierno y los siguientes).

Pero la misión que tiene la nueva presidente del Central es, precisamente por sus ideas económicas, tal vez más estratégica. Mantener la actividad económica, aumentar el empleo, sin provocar escaladas inflacionarias, probablemente no alcance para que este gobierno recupere su popularidad. Lo que, francamente, no me parece muy importante. Pero sí pienso que es decisivo que, si los Kirchner son derrotados electoralmente, no se desprestigien con ellos las políticas que incluyan medidas de estímulo a la industria, al consumo y a la defensa de las leyes sociales. Los argentinos perderíamos mucho, si fuese así.


“La compra de dólares de Kirchner fue para una inversión productiva”

febrero 3, 2010

Este fue hoy el título de tapa del diario “El Argentino“, el de distribución gratuita en el multimedio del Rudy (BAE, Veintitrés, Newsweek, 7 Días, Miradas al Sur, etc., etc.). Por un momento, confieso que pensé que era una tapa de Barcelona… Me pregunto: ¿Quién necesita a Clarín, TN, LaNación si este gobierno muestra esta maravillosa habilidad para cavar pozos con su propia boca?

Es cierto que el tema no me moviliza demasiado. Nunca fuí kirchnerista, y sé que, lamentablemente, el poder político ha sido un camino para aumentar la riqueza en Argentina – y en muchos otros países – desde hace mucho, mucho tiempo. Con excepciones que surgieron de una moralidad personal férrea (Ilía, Onganía, …) o porque la meta de su ambición no era el dinero (Perón, Agustín Justo, …). Como se darán cuenta, estoy poniendo ejemplos “buenos” y “malos” para indicar que la honestidad personal no es, también lamentablemente, un índice válido de la calidad de un gobernante.

En todo caso, este episodio muestra a Kirchner como el típico argentino rico, que acumula dólares, terrenos y edificios. Las fortunas realmente grandes se manejan con fideicomisos, fundaciones y estudios de abogados en Liechtenstein (No pongo las manos en el fuego que no la tenga, pero si es así, ¿por qué compraría personalmente los dos millones de dólares?).

Ya oigo “Porque es un almacenero bruto!“, la voz del antikirchnerismo visceral. Me parece que es un error. Creo, sí, y lo que pasó me lo refirma, que Kirchner nunca dejó en su mente de ser el gobernador de una provincia chica, donde el poder político y el económico no están separados y la riqueza es personal.

En cuanto a las consecuencias políticas… no serán buenas para los K. Todos los argentinos que no tienen dos palitos verdes para comprar un hotel (mi caso, por ejemplo) se sentirán … por lo menos, fastidiados con el tema. Como decía un amigo que cité en otro post “Si tienen que orinar en la pileta, por lo menos que no lo hagan desde el trampolín”.

Esto no alcanza a los sectores ideologizados: para los anti K, será simplemente otra muestra de la maldad y la corrupción kichnerista. Para los kirchneristas… su reacción es la que vale la pena analizar. La primera, automática, fue gritar “¡No hablan de la guita de De Narváez!” Bueno, algo dijeron los medios, y un conocido juez, Faggionato Márquez, en la campaña electoral. También algo de repercusión tuvo lo que dijo un broker arrepentido, Arbizu, sobre fondos depositados en el exterior del Grupo Clarín (no fue tapa de ese diario, es cierto). Pero es un mala táctica: lo que puede conseguir es confirmarle al pueblo que “todos son iguales“.

Luego, hubo un aferrarse a una “explicación”. Muchisimos blogs K, por ejemplo, reprodujeron íntegro el mail que Kirchner envió a Víctor Hugo Morales (lo mismo que hace “El Argentino“), sin agregar nada que no fuera denuestos contra la Derecha. Detecto cierta incomodidad en intelectuales de escasos recursos? Rescato a mi amiga Eva Row – ultrakirchnerista a mucha honra – que salió a ofrecer una defensa razonada aquí y aquí. Pero Eva, te puedo decir que el segundo me recordó un poco a la defensa que Franklin Roosevelt hacía de Somoza “Es un hijo de puta. Pero es nuestro hijo de puta“?

Por lo que vale mi opinión, me gustó – como la reacción de alguien que apoya a Cristina y Néstor Kirchner – lo que decía el bloguero de Homoeconomicus, un economista joven. Como dice Artemio, leemos:

Mi post anterior fue un ataque de bronca … compartido por mucha gente que ve con buenos ojos ciertos rasgos de este gobierno. Será que soy un joven idealista, será que soy un ingenuo, o simplemente un pelotudo. Sin embargo, hay veces que sueño con un presidente “honesto”.

Pero paremos la bola acá. No me va el discurso “moralista” del que se valió la Alianza para ganar en el 2001, o con el que en un principio te corría Carrió. No. Definitivamente. Todavía hay gente que cree que la Convertibilidad no funcionó por la “corrupción menemista”. No quiero caer en chiquitajes.

Quiero discutir la política económica de este gobierno. Quiero discutir si el Estado tiene que tener un rol activo en la economía. Quiero discutir si la inflación se combate subiendo la tasa de interés y apreciando la moneda o con un enfoque gradualista, negociando precios y salarios, etc. Quiero discutir el uso de reservas para pagar deuda y liberar plata del presupuesto para gastar en asignación por hijos y obras de infraestructura.

No es un “roban pero hacen” porque no me trago todos los sapos del kirchnerismo. Creo que la honradez es un valor muy importante para un político. Pero eso no me transforma en un opositor recalcitrante. Sigo apoyando varias cosas de este gobierno, y en el 2011 voy a votar al Kirchnerismo antes que a muchos candidatos (Carrió, Macri, De Narvaez, Cobos).

Pero quiero que me entiendan, mi post anterior fue un ataque de bronca, un grito de dolor de un joven idealista, un baño de realidad“.

Se me ocurre que el nombramiento de Mercedes Marcó del Pont en el Banco Central indica que el gobierno tiene mejores reflejos políticos que los que este episodio mostró. Su figura, justamente, pone sobre la mesa lo que el post que copié quiere que se discuta. Pero eso es la coyuntura. Blejer y Marcó del Pont no son instrumentos alternativos para una misma política. Lo que me parece valioso del texto de Homoeconomicus son los valores que expresa y que trascienden a la coyuntura.


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