¿Quién le teme a la devaluación feroz?

Artemio López, que cuando se enoja es de temer, está embarcado desde hace algunos meses en una cruzada contra los oscuros intereses que promueven devaluar, con el nefando propósito de minar los avances que este gobierno ha realizado en lograr el bienestar popular y la distribución de ingresos. Hace poco le pegó duro a Maximiliano Montenegro – lo que quizás no me angustiaría mucho – pero hoy dice “se argumenta en favor de una devaluación cualquiera, el aumento del desempleo que acontecería de no ocurrir la corrección” y equipara ese planteo al genocidio de los pueblos originarios, más o menos. Como yo fui el que dije eso en su columna de comentarios, me siento aludido. Además, una de sus visitantes desafía a blogueros a reproducir el post de Artemio – ya lo ha hecho Olivera, dicho sea de paso – y voy a hacerlo yo también. No porque necesite divulgación el blog más visitado, sino porque lo que dice vale la pena escuchar (aunque baje línea dogmáticamente).

Quiero aclarar desde dónde hablo. Mis conocimientos de economía y las herramientas de análisis a mi disposición no alcanzan para determinar si el ritmo de la devaluación que está llevando adelante ahora el B.C.R.A. es el más adecuado, si debe ser acelerado… o reducido. Sí estoy razonablemente convencido que alcanzan para darme cuenta si el peso está groseramente sobrevaluado (hoy no lo está), de las consecuencias de una devaluación brusca, y también del abandono de la herramienta de la devaluación. En realidad, cualquiera con un conocimiento básico de economía puede darse cuenta de esto. Y si me siento justificado en hablar del asunto, es porque me parece que vale la pena tratar de acercar la economía a los tipos de a pie, como yo mismo.

Artemio dixit: “debiera observarse qué implica devaluar -a $4 o, peor aún, a $4,50 por dólar según se demanda- en términos de caída de consumo interno, el gran motor del empleo formal y en particular el informal -modalidad ocupacional dominante de los segmentos vulnerables.

Devaluar hoy un 20% supone, en términos de ingresos, el desplazamiento a la pobreza de no menos de un 10% adicional de la población que supera la línea de pobreza pero por menos de un 25% de su valor. Para completar el cuadro, debe computarse que otro tanto de población, ya pobre antes de devaluar pero no indigente, se desplazará a la indigencia, circunstancia penosa pero inexorable tras una devaluación abrupta, sin corrección de ingresos del hogar.

Devaluar hoy, en un contexto de al menos 15 % anualizado de inflación general y salarios, en especial los informales, literalmente ” ongelados” por la crisis, es duplicar la indigencia y aumentar un 30% la pobreza existente.

Devaluar hoy es colocar en situación de infraconsumo y sin ninguna contención social (hablemos de lo que sucederá efectivamente, no deliremos con planes universales y otras bellas ideas que somos grandecitos) a -al menos- el 40% de la población y al 50% de los niños menores de 15 años, debacle social que sucederá tras la devaluación abrupta y sin corrección de ingresos. Debe agregarse, por supuesto, la caída de consumo y la pérdida de empleo que esta circunstancia comporta y que no podemos estimar con precisión, pero que sin duda habrá de suceder.

Este empobrecimiento galopante que impactaría de manera plena sobre el consumo y los niveles de empleo formal e informal, al mismo tiempo y más allá del intolerable daño social -y esta es la clave institucional de la impertinencia de una devaluación abrupta sin corrección de ingresos-, elevaría notablemente la conflictividad social a niveles hoy difícilmente administrables.

Se quebraría luego, muy rápidamente, la base de sustentación gremial y social de la administración política y se asistiría al debilitamiento acelerado de un gobierno ya bastante debilitado.

No parece ser esa la meta de la mayoría de quienes promueven devaluar, por supuesto, pero que las hay, las hay“.

¿Saben qué? Artemio tiene razón en las consecuencias sociales de una devaluación brusca. Se puede argumentar que ese escenario catástrofico depende que se traslade de inmediato a los precios del consumo popular y que bla, bla,… Pero seamos realistas: hay un descenso del consumo, pero no es demasiado significativo. La Crisis no nos ha golpeado tanto. Dada la cultura inflacionaria que tenemos, un salto importante en el dólar se trasladará a los precios, a todos los precios.

Eso sí, también es cierto que el ministro de Economía y el presidente del Banco Central están llevando adelante una lenta pero constante devaluación del peso argentino en relación al dólar ¿Significa eso que Kirchner y Redrado forman parte de la siniestra conspiración destituyente, sólo que como son sádicos la hacen durar más?

En un comentario a un post anterior de la misma línea, yo decía: “Empiezo por decirle que me parece bien que Ud. insista en el costo para los tipos de a pie de una devaluación. Demasiados economistas la examinan desde las alturas de la macro, tan alto que no ven un carajo.

Ahora ¿notó que cada vez hay más economistas con dudas sobre el tema? También tienen razón. Las devaluaciones bajan el salario, es cierto. ESE ES UNO DE SUS OBJETIVOS. Se devalúa para bajar los precios de los bienes no transables en relación con los transables. Esa es la definición más precisa de los objetivos de una devaluación.

Y el salario es un bien no transable. Ahora ¿hubiera sido un error y un perjuicio a los intereses de los trabajadores devaluar el peso en 1999, cuando Brasil devaluó el real en un 100 %? Si pensamos que en ese momento el error fue no devaluar, no podemos decir que toda devaluación es mala. Hay que mirar muchos números con mucho cuidado, y seguirlos. Su “dólar peronístico” no alcanza, aunque es un aporte.

Lamentablemente, A UN NIVEL DADO DE INFRAESTRUCTURA Y DE TECNOLOGÍA PRODUCTIVA, hay una relación inversa entre la demanda de trabajo y el salario. Eso es cierto en el capitalismo, el capitalismo de estado y el socialismo (a menos que el socialismo sea universal, en todos los países).

Seguro, los industriales son codiciosos y van a tratar de ganar todo lo que puedan, al igual que los chacareros y los consultores (excepto los progres, claro). Hasta, me han dicho, algunos políticos también. Hay que poner límites (aún Obama, Brown y Sarkozy están de acuerdo). Pero no tiene nada que ver con la evaluación sobre la necesidad de devaluar en un momento dado”

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4 Responses to ¿Quién le teme a la devaluación feroz?

  1. El Tucu dice:

    De hecho un dolar alto es uno de los pilares de este modelo. López apuntaba más que a un tecnicismo económico, creo que en forma bastante explícita en el blog anterior al que Ud. hace referencia, a la movida de un gran bloque económico.
    ¿Se acuerda que hasta unos días antes del comienzo de la crisis global Carrió, es decir el sector financiero, pedía un dolar a $2 y algunos industriales a $4?
    Bueno ya nadie pide dolar bajo.
    Como en todo tema hasta el 28J tampoco es ajeno en esto la campaña electoral. Como en el 2007 ya hay catitas (compañeros de ofina digamos) parlotendo de MEGAdevaluación e impuestazos después de las elecciones.

  2. Andrés el Viejo dice:

    Estimado Abel:
    Como yo soy uno de los que han terciado en favor de Artemio en esta brega, y como usted me merece respeto, me dan ganas de explicarme. Ciertamente, las devaluaciones no son demonios, son instrumentos de política económica. Bien utilizadas, pueden dar beneficios, que siempre estarán matizados por perjuicios. Mal utilizadas, pueden causar perjucios, tal vez atenuados por beneficios.
    No son artificios terroríficos ni, como la cataplasmas del pasado, tratamientos aptos para todas las enfermedades y todos los momentos.
    Se ha producido una discusión concreta y me limito a ella. No hay un auténtico debate sobre si conviene o no conviene devaluar. Más aún, durante varios años se mantuvo una política de no dejar que el peso se sobrevaluara, muy criticada en su momento por varios de los que hoy se mesan los cabellos y rasgan sus vestiduras, clamando al cielo por la devaluación salvadora. Ya conocemos a estos Jeremías, cuyas lamentaciones merecen tanta confianza como la renguera de perro. Por lo demás, es notorio que, desde hace un año, se viene operando una devaluación gradual y constante.
    Ahora, los Jeremías han pasado al clamor contrario. Devaluemos, cuanto antes mejor, cuanto más mejor. Hacen algo parecido algunos, a quienes hay que reconocer que siempre abogaron por el dólar alto. Ninguno, repito, ninguno ofrece argumentos sólidos para explicar que el peso haya quedado realmente sobrevaluado en relación con las monedas de países que constituyen nuestros principales mercados (ni el euro ni el real ni el yuan).
    Tampoco aportan, fuera de generalidades aplicables a cualquier tiempo y lugar, las ventajas que aportaría a nuestro comercio exterior. ¿Bajarían las importaciones más de lo que han bajado, que no es poco? En medio de una contracción del comercio internacional, ¿es verdad que una simple baja de la divisa nacional aumentaría las exportaciones? Silencio. O, mejor dicho, respuestas de manual. Dice el manual que la baja del valor de la moneda nacional dificulta las importaciones y facilita las exportaciones. Fin. Falta el hic et nunc. Y seguirá faltando.
    No se discute devaluación sí o devaluación no. Se discute un ajuste constante para evitar la sobrevaluación del peso o una devaluación brusca y fuerte cuya necesidad nadie demuestra.
    Cuando el periodista que se lamenta tanto por la crítica de Artemio (“¿Qué hago? ¿No lo digo? Decime”) mecha su discurso devaluatorio con sus actitudes habitualmente hostiles al Gobierno y zalameras a la oposición (uno de cuyos referentes, dicho sea de paso, es su empleador), es más que legítimo poner sus dichos (y ademanes y mohines) entre paréntesis.
    Saludos

  3. Abel B. dice:

    Tucu:
    Es cierto. Hay expectativas de megadevaluación, ajustes y catástrofes varias fogoneadas por los mal intencionados pero sobre todo, por el catastrofismo argentino (formado en muchos años, no que viene de ahora).
    No es un argumento en favor de la devaluación ya (Andrés el Viejo hace un caso muy bueno) pero, que quiere que le diga, me parece positivo que nadie esté pidiendo un dólar bajo (y eso que a mí me gustaría viajar a Europa con mi señora)

    Andrés:
    Le estoy muy reconocido por su razonado y sólido comentario. Me compromete. Yo había redactado otro post sobre el tema antes de leer lo suyo, pero lo dejo como está porque no se contradice con su planteo. Una sola observación, de índole técnica: no estoy totalmente de acuerdo con que no hay motivos para un ritmo mayor al actual en la devaluación. No es un tema de comercio exterior. El objetivo (no confesado abiertamente) sería disminuir el costo salarial. Creo que coincidimos en que hoy esto no aparece necesario para la salud de la economía argentina. Es más, pienso que lo contrario es cierto.
    Abrazos

  4. […] (Este post y el anterior surgieron de una discusión en el blog de Artemio López. El comentario que hizo recién Andrés el Viejo, uno de los participantes, en mi blog, en ese post anterior, me […]

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