Encuestas, efecto Alfonsín e identidades partidarias

abril 20, 2009

Se me ocurre que ustedes pueden estar un poco cansados de especulaciones sobre esta campaña electoral. Yo lo estoy. Y me habría volcado, por mi propia salud mental, a buscar nuevos temas o a reflexionar sobre algunos que he dejado pendientes, si un post reciente de Artemio López no me hubiera hecho repensar algunas cosas que yo asumía y preguntarme sobre desarrollos que van a seguir siendo importantes cuando los mandatos que se eligen el 28 de junio ya estén terminados.

Lo que él dice aquí es que el supuesto «Efecto Alfonsín», que «impulsaría de manera decisiva la fórmula con presencia radical y sentaría las bases de una elección de tres tercios más o menos simétricos» es una «conjetura periodística …. Por lo que se ve en los números, hasta hoy tal efecto no se verifica«. Esto ya lo ha dicho otras veces en su blog. Ahora, Artemio, como cualquiera puede equivocarse. Pero aquí no está diciendo que el efecto es más o menos importante. Dice que él no puede detectarlo. Y él vive (bien) de detectar esas cosas. Los malpensados de siempre no pueden atribuirlo a un interés partidario, porque la ausencia de un «Efecto Alfonsín» perjudica las chances de Kirchner de sacarle una buena diferencia a la fórmula de Narváez-Solá.

Doris Capurro, de Ibarómetro, dice que sus encuestas muestran que ese Efecto existe. Más importante – para mí, claro – la afirmación de Artemio choca con lo que yo escribí hace muy poco «Porque el mapa electoral de la Provincia ha sido bastante constante en el tiempo desde 1946: hay un polo peronista y un polo antiperonista. Los dos se reparten la torta. Uno gana (las más de las veces, pero no siempre, el peronista) y el otro pierde. Pero no avanzan mucho en la porción del otro«.

Esta no es solamente una reflexión mía. Dirigentes que conocen muy bien la Provincia y que tienen responsabilidades en el armado actual, están convencidos que hay un voto de tradición y de convicciones no peronistas (para ponerlo suavemente) al que el armado de Macri, Narváez y Solá no expresa. Me recuerdan que en el 2005, cuando nadie daba nada por la UCR y Margarita Stolbizer era aún menos conocida que hoy, su boleta superó a la del PRO. No por un inexistente «efecto Alfonsín», sino por el efecto arrastre – aseguran – de los intendentes radicales.

¿Por qué pienso que esto es importante? Creo que necesitamos saber cómo los argentinos de a pie, los  que generalmente no leen los blogs políticos, y tampoco las noticias políticas de los diarios (son las menos leídas de todas, muy por detrás de las deportivas y las policiales) van a interpretar esta elección, en la que pondrán los votos. Más allá de los titulares de los diarios, aún de los comentarios en la cola del colectivo del 29 de junio, sentirán que ganó/perdió Kirchner, Scioli, Reutemann, Alperovich,…? ¿O el peronismo?

No lo veo como una cuestión fácil de resolver. No hay, ciertamente, liderazgos personales que – a favor o en contra – construyan nuevas identidades partidarias. La dicotomía «centro izquierda/centro derecha» que imaginó Torcuato Di Tella aparece tan irreal como la trasversalidad con que fantaseó Kirchner. Pero tampoco las identidades partidarias aparecen sólidas. Muchísimos peronistas dicen que «lo de Kirchner no es peronismo». Y la realidad política se resiste a cualquier descripción sintética. Pensemos en Buenos Aires: el confuso armado de tres ofertas: un peronismo de «centro izquierda» que puede estar encabezado por Néstor Kirchner y Daniel Scioli; un peronismo de «centro derecha»  encabezado por Narvaéz y Solá + el macrismo (que en las encuestas actuales aparece como la 2da. fuerza), y una oposición «centro + derecha» cuyo identidad básica es un pan radicalismo (intendentes radicales + Carrió + el fantasma de Alfonsín + neogorilismo). Quizás, con porcentajes muy diferentes (aquí el kirchnerismo estaría tercero, en el mejor de los casos) el esquema se reproduce en la Capital.

Ahora, ¿es muy convincente un peronismo de «centro izquierda» cuya columna vertebral a su vez son los intendentes del 2do. cordón, los «barones del conurbano»? Los peronistas, claro, porque la dinastía Posse en San Isidro y el impresentable Japonés García de Vicente López nunca son llamados «barones». Supongo que al no ser peronistas, les corresponde un título superior ¿Marqueses, tal vez?

¿Es convincente, excepto para sus adversarios, un peronismo de «centro derecha» cuyo armador más importante fue el hombre que derrotó a Menem, antes de ser derrotado a su vez por una Alianza que afirmaba ser garante de la convertibilidad? ¿Que inició las políticas económicas que continuó Kirchner? Fuera de Buenos Aires, la ambigüedad se acentúa. ¿Qué expresa cabalmente Luis Juez, adalid antiK? Fue una figura de la trasversalidad pro K hace no mucho. No hablemos de los roles de Carlos Reutemann y de Juan Schiaretti, cuyas buenas elecciones en Santa Fe y en Córdoba son esenciales para que el peronismo, con o sin Kirchner, siga siendo el factor decisivo en la política nacional con vistas al 2011. Y toda la dirigencia peronista lo sabe.

Les dejo mis dudas. Buenas noches.


Página 12 está interesante

abril 20, 2009

En otras entradas de este blog rescaté notas en Clarín, LaNación y aún en Ámbito Financiero que confirmaban – como excepciones – la vieja regla que dice que los diarios sirven para que la gente no se entere de las noticias. Esta vez le toca al oficialista Página, que ha conseguido evitar, es justo reconocerlo, el aburrimiento intenso que siempre provocan los medios que están a favor del gobierno (de cualquier gobierno).

Estoy pensando en el análisis que hizo ayer Mario Wainfeld. Será porque está de acuerdo conmigo en la evaluación de los hechos que menciona, pero – teniendo como tiene una posición definida de apoyo al kirchnerismo – me parece una descripción muy lúcida de la situación del oficialismo y de la oposición. Sobre todo, estoy pensando en el editorial dominical de Horacio Verbitsky sobre el tráfico de precursores químicos para la fabricación de estupefacientes. Verbitsky claramente tiene acceso a fuentes de información que otros periodistas, mortales comunes, no tienen. Pero una cosa es tener información, y la otra es saber integrarla con la política. El Horacio sabe.

Naturalmente, aprovecha el acceso a listados de llamadas telefónicas para «pegar» a Francisco de Narváez con el presunto traficante de efedrina Mario Roberto Segovia. No estoy en condiciones de evaluar indicios, pero se me ocurre que si uno nació en Colombia, tiene algunos cientos de millones de dólares y se mete en política en la Provincia de Buenos Aires, debe estar preparado para encajar golpes de ese tipo. Lo interesante de la nota no es ésto, que al ser lanzado en medio de la campaña, inevitablemente será recibido por amigos y enemigos como parte de ella (aunque Verbitsky sea de chequear sus datos). La parte que evita el aburrimiento es cuando HV pasa a golpear duro en la interna del gobierno «El titular de la Secretaría de la Lucha contra el Narcotráfico, Sedronar, es el odontólogo patagónico José Granero, quien fue subinterventor del PAMI hasta que Graciela Ocaña solicitó a Kirchner que lo relevara porque obstruía su lucha contra los proveedores vinculados con Luis Barrionuevo que comercializaban medicamentos adulterados. Uno de ellos era el luego célebre Sebastián Forza. De allí, Granero pasó a la Sedronar, que entonces quedó a cargo del registro. Así lo dispuso una ley impulsada por la senadora salteña Sonia Escudero. Junto con Rosario y con la ciudad y la provincia de Buenos Aires, Salta tiene la mayor cantidad de inscriptos en ese registro y autorizados para importar y exportar las sustancias químicas que se usan para cortar la cocaína. Allí se estableció la primera delegación del registro fuera de la Capital»

No tengo formación o experiencia en la represión del narcotráfico (ni del otro lado del mostrador tampoco). Y sé que de la gestión de José Granero no habla bien gente más experimentada en el tema y menos… politizada que Verbistky. Pero puedo reconocer un trabajo de hacha cuando lo leo. Y me llama la atención que el filo más agudo no está dirigido contra Narváez.


Temas de campaña: Macri y la Provincia

abril 16, 2009

Antes de ayer me metí con la campaña electoral en marcha, a pesar de toda mi propaganda en contra de los enfoques de coyuntura y la superstición de creer que lo que ocurre hoy es más importante que lo que está ocurriendo desde hace veinte años.

Noté dos cosas: Que la coyuntura nos tiene muy politizados; unos cuantos comentaron, y muchísimos más visitaron. Y que si uno quiere pensar en serio a partir de los comentarios – además de dar respuestas rápidas – tiene que tratar de definir con claridad de qué está hablando, y entender de qué habla el otro. Por eso creo que vale la pena seguir con posts breves (bueno, lo más breves que soy capaz de escribir con coherencia) sobre temas de la campaña. Ayudan a precisar los pensamientos con definiciones concretas.

Al que le interesa el asunto del título, recomiendo leer esto de Ezequiel, que elabora sobre mi planteo, esto de Luciano – que apunta a la batalla mediática en el conurbano – y el breve opus de Manolo sobre la contradicción entre Macri y Duhalde. Eso sí, les anticipo que yo tomo un enfoque diferente.

A los amigos kirchneristas que acudieron al post, y también a algunos veteranos guerreros anti K como Harry y Yukio, quiero precisarles algo: En ésta, no estoy evaluando a Kirchner. No es soberbia, ni indiferencia. El Pingüino es un episodio del peronismo (como el peronismo es un episodio de la Argentina). Estoy seguro que no será menos importante que el de Menem, ni más importante que el de Perón (Tengo semiescrito un artículo «Kirchner, sin lágrimas»; pero es para más adelante). La batalla que se da en la Provincia de Buenos Aires tiene que ver con la lucha por el poder político nacional y también con la evolución del peronismo. A mediano plazo – 3 a 10 años – me parece que lo segundo pesa más.

La otra precisión ya está incluida: estoy hablando de la elección en la Provincia, que es una parte muy importante, pero menos de la mitad del país.

Primero, quiero discutir lo que me parece una subestimación de Macri presente en muchos comentarios blogueros (no los que recomendé). Yo estoy de acuerdo que el tipo no es un intelectual. Peor aún para su proyecto, no es un buen político, un buen comunicador, en el sentido que lo era Reagan. Y su gestión en la Ciudad no muestra logros importantes, y algunos fracasos serios (el de los subtes, por ejemplo).

Y? Berlusconi ha gobernado Italia por más tiempo que Macri la ciudad. Italia está cada vez peor (contando desde donde estaba; hace no muchos años su economía crecía con dinamismo y superaba a Gran Bretaña). Y el Berlusca ha sido reelegido tres veces. El ladriprogresismo (Artemio López dixit) italiano no parece más eficaz que el local para elaborar alternativas.

Como porteño, puedo asegurarles algo: Macri ha tenido, pienso que aún tiene, votos del peronismo (como Yukio recuerda, ganó en Lugano y en Soldati): los votantes peronistas que no aguantan al K ni al discurso progre. No son pocos, créanme. En el proyecto Macri hay una buena cantidad de dirigentes formados en el PJ. (Alguien dijo que el macrismo era la única forma que el peronismo podía entrar a la city sin tener que atar los caballos en la Pirámide).

(En mi opinión, creo que el peronismo necesita encontrar para tener vigencia en el siglo XXI, una propuesta propia – y mejor – que el macrismo para la Ciudad, y el primer cordón del Conurbano. Pero eso es para el futuro) En lo inmediato, hay un hecho decisivo – y no demasiado destacado – que convierte al macrismo en un rival peligroso en la Provincia: es una expresión política que convoca votantes peronistas y antiperonistas.

Porque el mapa electoral de la Provincia ha sido bastante constante en el tiempo desde 1946: hay un polo peronista y un polo antiperonista. Los dos se reparten la torta. Uno gana (las más de las veces el peronista) y el otro pierde. Pero no avanzan mucho en la porción del otro.

Para darles una idea, recurrí al invalorable blog de Andy Tow, y les resumo los siguientes:

Resultados de las elecciones de diputados nacionales en la provincia de Bs. Aires: PORCENTAJES DEL TOTAL DE VOTOS (tomé solamente los partidos que alcanzaron el mínimo para meter aunque sea uno)

2007

FRENTE PARA LA VICTORIA…..46,02

COALICION CÍVICA…..20,48

UNION – PRO…..9,27

UNION CIVICA RADICAL…..6,17

2005

FRENTE PARA LA VICTORIA…..43,04

JUSTICIALISTA (Duhalde)…..15,17

A.R.I……8,77

UNIÓN CÍVICA RADICAL….7,92

PRO…..6,99

UNIDAD FEDERALISTA (Patti)…..6,00

y en 1983 (cuando realmente existía el efecto Alfonsín)

UNION CIVICA RADICAL….49,38

JUSTICIALISTA…..40,32

INTRANSIGENTE….3,77

Evidentemente, el oficialismo ha cometido graves errores políticos, que se reflejan en las encuestas. El FpV aparece lejos de las cifras que obtuvo hace menos de dos años. Pero esta realidad parece indicar que le va a resultar difícil a una expresión peronista (por más disidente, de derecha, o republicana que quiera aparecer) reunir los votos suficientes para amenazar seriamente la hegemonía kirchnerista en Provincia. (A menos, claro, que pueda reemplazarla en las preferencias de la mayoría de los votantes peronistas. Pero, a pesar de sus errores, Kirchner no es Herminio, y De Narváez-Solá no son Cafiero).

Entonces, me parece que la indicación que les hace Macri «Los peronistas que los van a votar ya los tienen. Busquen los otros votos» es inteligente. Y muestra que escucha a sus asesores, y tiene la imprescindible voluntad de ganar.

También es cierto lo que apunta Manolo: el aparato, la perrada, es necesario. Pero, compañero, el aparato también necesita a los dirigentes, a las «figuras», como diría Lorenzo. Porque – Ud. sabe – el puntero no es, en el peronismo, el dueño de los votos de la gente que mueve. Influye, sí. Vaya si influye. Pero no puede hacerle votar por cualquiera. El tipo de a pie los ve en la TV, y elige.

Y hay algo que discrepo con nuestro conurbanólogo mayor: no veo a los Rodríguez Sáa disputando las franjas del 2° y 3° cordón que descuide el macrismo. Y no me refiero a roscas como ésta. Como apuntaba ya al comenzar con este blog, los puntanos no han podido o querido convocar nada mejor que el Potrero de los Funes. Los que se han sumado allí no tienen más arrastre, me parece, que Herminio en el ´86.

Resumiendo: en la elección de la Provincia de Buenos Aires se decide la cuota de poder que le quedará al kirchnerismo en la discusión nacional del peronismo de cara al 2011. Esa me parece una discusión «cargada de futuro», y a eso me refería.

Pero también se decide entre proyectos que, para darle un nombre muy impreciso, podemos llamar «de derecha» (solamente porque es más difícil llamarlos «de izquierda»). No creo, Luciano, Ezequiel, que hoy la Derecha tenga un proyecto (si fuera capaz de elaborarlo como lo hizo en el siglo XIX, la historia de Argentina en el siglo XX habría sido otra). Pero sí pienso que se decide como siempre se hace en la Historia: en el juego de los ambiciones y los delirios (bueno, también de esa forma se decidirá el del peronismo, si permanece unido).

Y un éxito (no necesariamente la victoria) de Macri en Provincia sería el principal peligro a esa unidad. Porque mostraría que una parte del peronismo puede ser incorporada a un proyecto ganador.


la Pascua, Sócrates y Andrés el Viejo (secuela)

abril 16, 2009

Una comparación de Caparrós entre Cristo y Sócrates (que ha sido hecha por autores más serios, desde que empezó Justino en el siglo II) me motivó a escribir esto. Provocó un comentario agudo del compañero Andrés («Sócrates vendría a ser una especie de posmoderno y Jesús un moderno. Jesús era un propalador de un gran relato que, por las razones que fuera, se apoderó de las masas… Sócrates era un relativista gnoseológico, cuyo discurso se dirigía a una minoría intelectual«). Yo me permití una discreta ironía en respuesta («es una crítica típicamente posmoderna: una descripción lúcida y aguda, que deja afuera lo importante: … las razones que fuera”).

Andrés sacó la artillería y me respondió con el siguiente ensayo, que yo no creo que deba permanecer sepultado en las columnas de comentarios, que son poco visitadas, una vez pasados algunos días de la fecha del post. Así que, sin autorización previa, y avisándoles que deben prepararse para una larga nota sobre la historia de la Cristiandad y el Imperio (o, como decía Bernard Shaw, la imperialización del cristianismo) la copio abajo. Va, por supuesto, un comentario mío al final.

«Cuando leí su entrada, me surgió de manera prerracional, intuitiva, la idea de comparar al Jesús “moderno” con el Sócrates “posmoderno”, y quise dejar esa “noesis” por escrito, sin más pretensiones. Así fue como reduje tres o cuatro siglos de desarrollo histórico a un escueto “por las razones que fuera”.
Por eso, no estoy seguro de que su reproche sea justificado. Pero, en cualquier caso, es una invitación estimulante a ir más lejos.
Aclaro, aunque no sea necesario, que mi visión de Jesús (que, como usted habrá notado, me es más cercano que el ateniense) es estrictamente no religiosa. Abandoné la religión de mis mayores, en la que fui bautizado y confirmado, en la adolescencia y nunca sentí la necesidad de reemplazarla con otra.
Opino que la discusión sobre la historicidad de Jesús es cuestión saldada. Los primeros testimonios escritos son demasiado cercanos a la época de los acontecimientos como para poder desecharlos como pura y simple invención. Marcos, según los estudiosos, fue compuesto en poco más de veinte años después de la fecha probable de la crucifixión, y del mismo tiempo dataría el perdido documento Q. Siempre según los estudiosos, Marcos y Q son las fuentes utilizadas para la escritura de Mateo y (Lucas). Parece que algunos de los Apócrifos también son de venerable antigüedad. Por lo demás, esos textos están confirmados por expresiones breves pero concordantes de autores contemporáneos no cristianos, valga el ejemplo de Flavio Josefo.
Otra cuestión es la exactitud histórica de los textos. Los evangelistas no pretendían ser historiadores. Su función era la de propaladores (propagandistas en el sentido etimológico). Así y todo, si nos atenemos a los sinópticos, lo que cuentan de la vida, hechos y dichos de Jesús no contiene mucho de lo que, a partir del siglo V, constituye el patrimonio más o menos común de las confesiones cristianas actuales (excluidas las “herejías” monofisitas, nestorianas y otras que se conservan en alguna iglesias orientales no ortodoxas).
Lo que nos lleva al clima social y espiritual del Imperio Romano entre los siglos I y IV. Cuando alcanza su mayor expansión y poder, Roma ya se encontraba en una situación de crisis social, agravada por esa misma expansión. El ciudadano agricultor, y soldado cuando hacía falta, ya no existía. La producción se hacía con mano de obra esclava, las legiones agrupaban a mercenarios (más tarde, directamente, “bárbaros” reclutados para proteger las fronteras que ellos mismos amenazaban) y la mayor parte de la población libre vivía malamente de lo que los poderosos distribuían del tributo de las provincias y estados vasallos. La situación social era insatisfactoria para los esclavos, desde luego, para los elementos más inquietos de la población libre, para los provinciales e incluso para los miembros más conscientes de las clases dominantes. Esta situación se fue agravando en forma creciente hasta llegar a la llamada “crisis del siglo III”, crisis verdaderamente terminal de la sociedad antigua y su expresión política, el Imperio. En este período extenso y convulsivo, proliferaron escuelas filosóficas inconformistas (como los estoicos, pero no sólo ellos) y los cultos clandestinos (mitraísmo, orfismo, culto de Isis). El cristianismo fue parte de este amplio movimiento de renovación social y espiritual, que implicó la aparición de nuevos valores, para los cuales el mensaje evangélico era particularmente apropiado. Está claro que en ese camino, el cristianismo fue incorporando elementos tanto de los otros cultos, que no están presentes en los sinópticos, como de las escuelas filosóficas (esto último, entre los sectores más educados y ricos de la grey cristiana). Hasta comienzos del siglo IV, la vida intelectual y espiritual del cristianismo fue de grandes batallas de ideas (y no pocas veces, de argumentos más contundentes), con interpretaciones diferentes. Esta síntesis poderosa es la que permitió, a mi juicio, que el cristianismo se presentara como la alternativa a la vieja ideología en ruinas. A comienzos del siglo IV, la adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio conduce a una creciente dogmatización de los contenidos (y aún de las formas) de la religión, a la exclusión de las llamadas herejías y a la constitución de aparatos profesionales de gobierno y administración de las iglesias contendientes. Definida la ortodoxia en Nicea y Calcedonia, la parte oriental y la occidental de la Iglesia comenzaron a su vez un proceso de separación que se completará en cinco o seis siglos, pero esa es otra historia»

Brillante y lúcido, Andrés. Queda un hueco: la relación entre esa «síntesis poderosa» que fue la armazón intelectual de la Roma tardía y de Bizancio – y que terminó siendo la crisálida de Occidente – y el mensaje de Cristo. Toda la filosofía católica – y la protestante – puede verse como un preguntarse por esta relación. Para un resumen inteligente de la posición católica ortodoxa, adecuado para un lector moderno, insisto en recomendar los capítulos finales de «El hombre eterno», de Chesterton.


la campaña electoral, hasta ahora

abril 14, 2009

Les debo a mis fieles lectores (suponiendo que los haya) la continuación de mi entrada sobre la relación de los políticos con el Proceso y con la memoria del Proceso. También tengo pendiente actualizar, y profundizar, un análisis que hice hace 3 años!, sobre ese animal fabuloso, la Oposición. Y ordenar mis reflexiones sobre el bloque rural. Siempre digo que las cosas importantes trascurren en décadas, por lo menos, pero los tiempos del hombre – especialmente si es un animal político – son más breves, y uno vive hoy. Por eso me pongo a dar mi posición a esta altura de la campaña; después de todo, algunas guerras son una laaarga sucesión de escaramuzas.

Eso sí, hay un «relato» en esta campaña, con dos versiones opuestas, (eso es lo que llaman polarización) y no me siento en absoluto incluido en ninguna:

Néstor Kirchner es – según el lado en que se ubica el que cuenta – el conductor de un proceso de industrialización con inclusión social / un delincuente sin escrúpulos que está destruyendo deliberadamente Argentina. Éste hecho – cualquiera de los dos – es totalmente obvio. El pueblo argentino tiene – una de las dos cosas – perfectamente clara, y lo demostrará el 28 de junio. Eso sería seguro, si no fuera por las desesperadas maniobras de un pequeño puñado de oligarcas / delincuentes, que tienen engañada a una parte – la más estúpida – del pueblo con su aparato mediático / clientelista.

Lo que antecede es una descripción, un poquito exagerada, pero no mucho, del supuesto básico de la mayor parte de los discursos políticos en esta campaña electoral. Bueno, la propaganda es propaganda, pero lo peor son los analistas que se la creen. Porque un blog no es un afiche: lo ve menos gente, que le dedica algo más de tiempo. Me sorprende de mis amigos antikirchneristas, en particular los peronistas, que tradicionalmente solían pensar que los pobres se equivocaban menos que los ricos. Me sorprende especialmente de mis amigos kirchneristas, que son los que plantean – correctamente – que la política incluye, debe incluir, los conflictos sociales. Y que deberían tener claro que normalmente esos conflictos no dividen a la sociedad entre una inmensa mayoría de Buenos y una minúscula conspiración de Malos.

Como no pretendo sonar como el tipo que se las sabe todas (no las sé) en un mar de opas, empiezo por señalar que he aprendido de análisis lúcidos: en Manolo´s y en Luciano´s, en el de Ezequiel´s y en el del Ingeniero; los invito a leerlos. Como soy un cuestionador incorregible, paso a señalar mis diferencias:

De Manolo y Luciano, comparto su reivindicación de lo territorial, su rescate weberiano de los hombres y mujeres que hacen la política entre la gente, no desde los medios. Pero – como ya discutí otras veces – tengo las reservas de alguien con experiencia de los aparatos: sólos no ganan. No los votan, si no han logrado simbolizar en alguien su propuesta: la política siempre es personal. Algo así dijo Evita «Nadie dará su vida gritando «Viva el justicialismo. Lo harán gritando «Viva Perón».  El problema de Kirchner, como también el problema de Cristina, es que hoy son mejores para convocar la bronca de sus opositores que el afecto de sus posibles votantes. Pienso que Manolo y Luciano también lo ven así, pero para evitar la justa cólera de mis amigos kirchneristas aclaro que esta es una generalidad (avalada por muchas encuestas). Hoy hay kirchneristas fervientes, que no son pocos. Pero no son mayoría en ningun distrito importante.

A Ezequiel tengo que reconocerle que percibió antes que otros, que yo por ejemplo, que Kirchner terminaba resignado a basar su poder político en el peronismo bonaerense. Y Néstor S., además del resumen que linkeé, aporta una visión interesante del «vandorismo rural y la nueva derecha bonaerense«. Pero no estoy de acuerdo con su visión «plebiscitaria» del enfrentamiento. Estas elecciones son muy importantes, pero – salvo los imponderables y las locuras personales – no son decisivas para Argentina, aún en el corto plazo.

Porque los que se enfrentan en esta batalla – a mi modo de ver – son Kirchner y Macri. No son los únicos con proyecto de poder, seguro – no voy a ofender a mis amigos reutemanistas – pero sí los que hoy tienen una estrategia, buena o mala, que trasciende su distrito. (No comparto el pesimismo de una amiga, que está llena de furia contra el Néstor porque está arriesgando una Presidencia Cobos. No lo creo – o no quiero creerlo). Hasta sus tácticas son similares: adelantamiento de las elecciones, alianzas en la Provincia que es el 40 % de la Argentina… Sólo que las del Mauricio no despiertan la indignación moral de los ubicuos sectores medios, que hoy está reservada para Néstor.

En un comentario reciente a mi post sobre Cafiero, Ezequiel remarca que la alianza con Macri caracteriza al peronismo disidente. Tiene razón, pero es al revés: el elemento dominante en esa alianza es Macri, porque es el que tiene un proyecto nacional.

Corrigiendo entonces ligeramente un pensamiento extendido en la blogosfera, pienso que esta batalla no es una interna peronista. Es un enfrentamiento de neoperonismos. El de Kirchner se puede caracterizar como «neoduhaldismo». Lo siento, Don Eduardo, pero es así. No sólo sus coroneles son los mismos que Ud. tuvo – o una camada más joven. Hay una continuidad con las políticas económicas fundamentales comenzadas en su gestión. O no tuvo durante dos años el mismo Ministro de Economía, hasta que decidió prescindir del cargo?

Y el esquema actual de Macri puede calificarse  como «neomenemismo». Aquí lo lamento por mis amigos que están con Solá, pero no creo que sea demasiado injusto. Si recordamos que Menem no fue votado por vampiros extraterrestres, si tomamos en cuenta que la coyuntura política y económica global es totalmente distinta de la que hizo que figuras tan diferentes entre sí como Yeltsin, Felipe González y Fernando Henrique Cardoso iniciaran políticas parecidas en sus países, tenemos como clave del menemismo la alianza entre votantes peronistas y sectores de la derecha económica.

Por supuesto, no me parecen siempre negativos los acuerdos con la derecha económica. Perón trató de lograrlos en el ´44, y no lo consiguió principalmente por la ceguera de los sectores a los que se lo propuso. Para el caso, Kirchner también los ha usado, conservando, por lo menos con los locales, una insistencia peronista en el manejo último del poder.

Lo que cuenta, para mí, es que en esta elección, la que se va a dar el 28 de junio, se enfrentan en la Provincia de Buenos Aires dos liderazgos personales. Ninguno de los dos, desde ya, me fascina por su capacidad de gestión. Pero la política es algo más que gestión, es futuro. Y creo que el de Kirchner, aún a pesar de él, está más abierto al futuro.


la Pascua y Sócrates

abril 13, 2009

No se me había ocurrido escribir sobre la Pascua. Deseos de felicidad, sinceros pero convencionales, para amigos y conocidos, sí; ese rito conservo. Y vengo de la misa de las 20 hs. en el Patrocinio de San José, con mi señora y mis hijos. Pero es la primera vez que voy a misa en este año, y tiene más que ver – en mi caso – con el cumplimiento de un rito familiar que con un fervor religioso. Después de todo, la mayor parte de estos cuatro días feriados lo dediqué al culto pagano del aire libre y el verde.

Pero hojeé, entre otras cosas, un Crítica… del viernes, creo. Tengo que decir que, con Lanata o sin él, ese diario tiene pocas cosas de interés aparte de tapas ingeniosas. Pero entre esas cosas están, a veces, algunas notas de Caparrós. La de ese día – en la que especula con una Pascua en la que conmemoraríamos la muerte de Sócrates – quedó en mi memoria, lo suficiente para buscarla ahora en Internet, y agregar una reflexión mía.

Tiene un planteo interesante, aunque lo presente en forma provocativa (después de todo, hoy Cristo es un blanco aceptable para un periodista con credenciales de izquierda. No es como si ironizara sobre el Che Guevara). Dice «entre dos hombres célebres condenados y ejecutados por sus Estados hace más de dos mil años recordamos mucho más a uno de ellos«. Habla, por supuesto, del ateniense Sócrates y del judío Jesús.

Para Caparrós la similitud entre ambos termina ahí: «dos hombres antiguos que murieron a manos del Estado porque hablaban y decían cosas raras«. Recoge también el concepto del sacrificio que ve en ambos «que es mejor morirse para sostener ciertas ideas que dejarlas de lado para seguir viviendo«. Pero su interés es marcar las diferencias:

«Jesús fue el profeta por excelencia, el que sabía todo, el que podía decir lo que nadie podía, el que hablaba del mañana y de los cielos, el que exigía que le creyeran sin razonamientos: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”  «Sócrates, en cambio, era la duda sistemática, el que no creía en sus dichos más que en los ajenos: “la forma más alta de la excelencia humana es cuestionarse a uno mismo y a los demás”» …  «Jesús dictaba reglas sobre cómo hay que vivir; Sócrates insistía en que cada cual se buscara sus reglas –mientras no rompiera las de la sociedad donde vivía» … Jesús, apunta Caparrós, hacía milagros, o dicen que los hacía. Sócrates dialogaba. «Uno, la institución de un poder sin crítica posible; la crítica constante del poder, el otro»

Uno puede aplicarle a Caparrós la sorna fácil, arma típica del periodismo fácil, y resumir lo que afirma: Sócrates sería democrático. Jesús, autoritario. Y recordarle que no están compitiendo en la misma categoría: Uno de los dos, se dice, resucitó. La afirmación básica del cristianismo – que puede ser creída o no, pero no tachada de trivial – es que Jesús es Dios, que Él y su Padre son uno y que por eso es el autor de Todo, de la ley de gravedad y de la selección darwiniana, de las leyes morales y la posibilidad de rebelarse contra ellas. Quizás si Sócrates, como Pericles, hubiera llegado a gobernar Atenas, hubiese permitido a sus ciudadanos rebelarse contra él. Ciertamente, Dios – si existe – lo permite (Aunque se afirma que las consecuencias son dolorosas, pero, salvo en la versión calvinista, son libremente elegidas).

Salvando la ironía con que uno puede tratar las especulaciones políticamente correctas de Caparrós – y resistiendo ahora la tentación de explorar por qué Nietzche estaba en contra de los dos, el griego y el judío – tengo que reconocer que en ellas hay algo que resuena en la sensibilidad moderna, y que me dejó pensando, porque uno es un hijo de la Modernidad. No es la tontería de comparar al filósofo y al Mesías. Es pensar en dos formas de vincularse con la idea de Dios, la del ateniense y la de los cristianos. Es un pensador profundamente católico como Chesterton el que nos recuerda («El hombre eterno«) que las cristianos se arrodillan ante Dios, mientras que los helenos se dirigían a sus dioses de pie. Tiene que ver – me parece evidente – con la intensidad y la profundidad del fervor religioso. Y también con el orgullo en lo humano.

Pero… pensando en el tema, me dije que Caparrós y nosotros vivimos después de Cristo, lo que claramente no era el caso de Sócrates. Esto no habla bien necesariamente de nosotros; es algo que no podemos evitar, creamos en lo que creamos. Para la mayoría de los modernos, inclusive muchos cristianos bautizados, Jesús fue un hombre, un gran hombre, cuyas enseñanzas de amor y perdón resuenan como el eco de aquello que nos gustaría ser… pero no ahora. Y Dios es una idea, que no nos atrevemos a negar pero que está muy lejana de nosotros. Es cierto, vivimos mucho después de Cristo.

Sin embargo, los planteos morales que proclamamos – aunque no los cumplamos – también de la mayoría de nosotros – seguramente los de Caparrós, como de todo buen progre – le deben mucho más a Cristo que a Sócrates. Al griego, hombre justo y equilibrado, en esa ciudad que ha quedado en la memoria de los hombres como un momento glorioso de la humanidad, jamás se le habría ocurrido cuestionar la institución de la esclavitud, por ejemplo. Amaba a su prójimo, pero su prójimo era aquel cuyo pensamiento podía volar a la altura del suyo. Nunca le dijo a sus discípulos, a Alcibíades, por ejemplo, «Anda, y vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y sígueme«. Entiéndanme, tengo claro que la inmensa mayoría de nosotros está aún más lejos de cumplir con este mandato que con el equilibrio que Sócrates guardaba entre los deberes del ciudadano y los del espíritu individual. Pero sigue resonando en algún rincón de nuestras conciencias, como dicho por alguien que tenía autoridad.


Felices Pascuas, con Alfonsín, Luder, Artemio y Manolo

abril 8, 2009

(Esta entrada la empecé a escribir hace varios días, pero su contenido se hizo largo y complicado (no les pasa a veces con un tema?) y no he tenido tiempo y tranquilidad para terminarla. Se las subo así, incompleta. Y quedo en deuda por el resto. Porque hace mucho que quería repasar mis reflexiones sobre la relación de la militancia política de nuestra generación con el Proceso. El título sería «¿Qué hiciste en la guerra, papá?»)

En ocasión de la muerte del Dr. Alfonsín ha habido emociones sinceras, y creo que ese fue el mejor homenaje (hasta cuando la emoción era una vieja bronca, porque eso también cabe a alguien que peleaba). Por supuesto – somos argentinos – hubo muchísima palabrería, de la cual el habitual 10 %, calculo, decía algo inteligente.

Está claro que entre ese 10 % está lo que escribió Artemio López y lo que escribió Manuel Barge. Y como era previsible, en un punto de sus relatos surgió una diferencia: en la evaluación, no de lo que Alfonsín hizo con los jerarcas del Proceso, sino lo que podía haber pasado si Luder, si el peronismo triunfaba en las elecciones del ´83.

Así, dice Artemio: «(Alfonsín) construyó con el «Juicio a las Juntas», la bisagra institucional más importante con la dictadura asesina y a los carniceros aquellos los juzgó y los metió presos. Y lo hizo en un país que minutos antes había visto surgir la Triple A (bisnietos de puta, antecesores de los «grupos de tareas» de los milicos), sino en la cabeza, al menos en las narices de Perón y, para colmo, se había partido en mitades (siendo optimistas) para apoyar el golpe militar de 1976. Ojo con esto compañeros y compañeras, no pasemos por alto este datazo al valorar el «Juicio a las Juntas» del señor que ayer murió, Don Alfonsín!

Hay que decirlo. Si como muchos deseábamos (equivocadamente ), Luder y su «peronismo suizo» ganaban en 1983, nada de esto hubiera sucedido , porque hubiera habido pacto de impunidad con los militares. No cabe ninguna duda«

Y Manolo retruca: «El Juicio a las Juntas, que originalmente seguía el modelo griego, terminó estallando en una impugnación global contra los Autores Materiales del Proceso. Por supuesto los Autores Intelectuales aprovecharon para mimetizarse como los «Capitanes de la Industria».

Hago un alto para contradecir al Compañero Menchevique Artemio; él, como muchos Progresistas hablan livianamente de Pacto de Impunidad en el 83.

Están firmemente convencidos que los peronistas nos habríamos comportado como los Chilenos , Uruguayos , Brasileños y Sudafricanos. Que caeríamos en el mismo Horror que la Concertación , el Frente Amplio, el PT y Mandela con su CNA.

Demonizarnos, cuando se hablan maravillas de quienes mantuvieron los «Pactos de Reconciliación» (en otros países, claro), solo demuestra los prejuicios pequeñoburgueses. Ya somos grandes, y nos conocemos de memoria; como dijo ese gran compatriota y gaucho judío, Chacho Jaroslasky: «no hay problema en contarnos los pelos del culo«.

Es con prudencia que me meto en un debate entre estos dos referentes de la blogosfera. Pero siento necesario señalar que ambos pensadores dicen verdades, pero, apasionados, no toman en cuenta que están hablando – los dos – de cosas que tienen el mismo nombre pero pertenecen a generaciones y tiempos diferentes. Y la verdad, como la traición, también tiene fechas.

Para poner sobre la mesa lo que yo pienso – haciendo más fácil que se entienda lo que digo – voy a reiterar algo que escribí en otros posts: el rechazo explícito a la dictadura militar del ´76/83 y a los crímenes que cometió es el consenso básico que asume la política argentina desde la retirada del último gobierno militar. Como el antifascismo es el consenso básico de la política europea desde 1945. En ambos casos, con una fuerte dosis de hipocresía y trasvestismo. Pero eso mismo es lo que indica la fuerza del consenso: nadie que aspire en serio al poder político puede faltar a él. Pregúntenle al compagno Fini.

Pero…, y este es el punto que me interesa destacar, el antifascismo es una cosa muy diferente antes y después de 1945. Antes de la derrota de los ejércitos del Eje, ser antifascista era una toma de posición que llevaba un riesgo, por lo menos político. Con mucha frecuencia, significaba un riesgo de muerte. Individual, en los países fascistas. Colectivo, en los países que se les enfrentaban. En este caso, el riesgo era de bombardeos e invasiones. Y la obligación de tomar decisiones difíciles. Significaba, por ejemplo, aceptar la ayuda y la hegemonía norteamericana, y (no o) la alianza con la Unión Soviética. Excepto en el período entre 1939 y 1941, cuando significaba enfrentar también a la URSS.

Después de 1945, claro, el antifascismo consistió, consiste, en hablar muy mal del fascismo y de los fascistas. Bueno, estaba el riesgo que los muchachos de Ordine Nero le pusieran una bomba, pero en la práctica las ponían en estaciones de tren y otros sitios públicos, por el efecto propagandístico.

Creo que se entiende mi punto. El último gobierno militar no fue derrotado en una guerra, excepto la que sostuvo por algo más de dos meses contra Inglaterra y la NATO. En mi opinión, se derrotó a sí mismo, como le ha sucedido a menudo a gobiernos argentinos muy diferentes entre sí. Pero sí – después que la guerrilla fuera exterminada, junto con muchos otros que no habían tomado las armas pero se los consideró peligrosos – hubo argentinos: sindicalistas, familiares de las víctimas, políticos y gente decente de a pie que se opusieron a la dictadura en diversas formas: hacer una huelga, buscar a un desaparecido, presentar un habeas corpus, firmar una declaración… Con eso corrían un riesgo muy real de muerte y de tortura.

Como aquí no hubo ejércitos derrotados en una guerra, el corte no fue tan brusco. Las rebeliones carapintadas de 1987 mostraron que la política en Argentina seguía siendo una actividad con algunas emociones. Pero quienes tenían oídos para oír también podían comprender que la discusión política estaba terminada. Los rebeldes se resistían a que sus compañeros fueran juzgados, y contaban con el apoyo de la mayoría de los entonces cuadros jóvenes del Ejército. Pero ninguno de ellos reivindicó la dictadura ni los generales que habían dado las órdenes. Y en sus proclamas no estaban ninguna de las consignas tradicionales del partido militar, que desde 1955 había sido el partido de la Derecha en el patólogico esquema político argentino.

Sigo luego, porque debo llevar a mi familia afuera. Pero para que aprecien el punto que quiero destacar: lo que cambia en el pensamiento político – y lo que no cambia -, les invito a leer este artículo sobre los movimientos por los derechos humanos y la crisis del peronismo (natural!) que Artemio Lopez y Claudio Lozano escribieron en Agosto de 1987, en la revista Unidos, que el invalorable Javier Fevre me envía (si encuentran el estilo un poco plomo, es culpa de Lozano, seguramente). Y felices pascuas, en serio

continuará


El hackeo a Consultora Equis

abril 8, 2009

Ayer fue hackeada la página de la consultora que dirije Artemio López. Y hasta ahora (miércoles al medio día), si uno quiere entrar, encuentra el mensaje «Ancho de banda excedido». Teóricamente, es posible que haya sido producido por una avalancha de visitantes, ansiosos por la precisa. En la práctica, y dado que esa página no colapsó ni siquiera en vísperas electorales, la evidencia indica un hackeo. Que es relativamente fácil de hacer: diseñar virus que se multipliquen y cuya única función sea inundar una página determinada, es bastante simple para alguien con conocimientos técnicos. Friedman apuntaría que es una de los costos inevitables de la libertad de Internet. Yo pefiero la reflexión de un científico social anterior, Alonso Quijano, reformulada en aras de una lógica más estricta: «Ladran, Sancho. Señal que son perros«


Sobre la fábrica de hijos

abril 7, 2009

Este domingo Clarín publicó esta nota. Para los que no han tenido la desagradable experiencia de leerla, y prefieren no hacerlo, el título y subtítulo (puestos por el diario) que copio aquí es un adecuado resumen: «La fábrica de hijos: conciben en serie y obtienen una mejor pensión del Estado. Desde 2003 se cuadruplicó el padrón de madres con 7 hijos. Es un formato familiar arraigado en el Norte argentino, pero ahora también funciona como forma de supervivencia: asegura $ 747 al mes«.

Por supuesto, esto ya fue tomado en la blogosfera, la nac&pop y la progre, donde le dieron a Clarín para que tenga. Y, saben una cosa, creo que en esto tienen razón y justicia de su parte. Esta nota deja un mal gusto en la boca, por lo que cuenta – que contar cosas desgraciadas es parte del trabajo del periodista – y, sobre todo, por la forma en que lo cuenta. El tono de desprecio indiferente por las costumbres de una tribu extraña, que los antropólogos dejaron de usar en el siglo pasado… Como dijo alguien en algún blog, ayuda a redefinir el sentido de «gorila».

El mal sabor se acentúa pensando que esta es la segunda nota de un enviado especial a La Paz, Entre Ríos, donde evidentemente tienen noticias de esas tribus. El título de la primera era, justamente, Una ciudad de Entre Ríos no quiere recibir a los pobres de Buenos Aires. Me preocupan dos cosas: 1) Que han sido de las notas más leídas en sus respectivas ediciones. 2) Que los diarios no SON la oposición, pero algunos de ellos – en particular, Clarín – expresan y contribuyen a articular los (numerosos) sectores sociales que no aguantan a los K. No es una buena ideología la que aquí se estimula.

Pero todo esto ya ha sido dicho en la blogosfera. Tomo como punto de partida, y recomiendo leer, este post de Finanzas Públicas; por su enfoque de social demócrata a la europea (ortodoxa en economía) y ciertamente no kirchnerista, ayuda a apreciar la enormidad de la mirada de la nota de Clarín. Y porque los comentarios dan una variedad de puntos de vista – hasta uno que recuerda que lo escrito en la nota no es demasiado diferente de lo que dicen en privado asistentes sociales y médicos – y algunos hechos relevantes. Como el incremento en el otorgamiento de Pensiones Asistenciales en los últimos años, lo que explica mejor que una repentina fertilidad de las mujeres pobres el aumento en los subsidios. Lo que indica que el de Clarín es adémás un mal periodista, porque omite o ignora datos importantes.

Como anticipé, mi intención es agregar dos cosas a las opiniones blogueras del tema. Esta nota de Clarín es lamentable. Pero hay algo distinto, que es más lamentable aún, la realidad que describe (mal). Que el Estado reemplace los servicios que no les presta a los excluídos – salud, educación, seguridad (sí, también ellos lo necesitan) – con esta limosna, $ 747 (u$s 200) al mes para una familia de siete hijos o más, no habla bien de un gobierno que lleva 6 años, entre esta versión y la anterior. No habla bien de los argentinos que aceptamos esta situación desde hace bastantes más años.

El otro punto que me interesa destacar es que aún en un blog ortodoxo como el de Ana C. varios comentaristas creen que sintetizan la situación que la nota describe diciendo «Es el capitalismo» (aún algunos tipos inteligentes como Andrés el Viejo). Entiéndanme, no me interesa discutir aquí las virtudes y defectos del capitalismo, ni de su eventual sucesor (o predecesor) el socialismo. Por lo que hace a mi opinión personal, estimo inevitable que en algunas generaciones la raza humana vivirá bajo alguna forma de socialismo (a menos que los sueños de una expansión hacia los planetas se realicen y eso permita variedad y espacio para el espíritu de aventura). Eso sí, no tengo ningún motivo para estar seguro que será – o no será – un sistema más justo y compasivo que el actual. La Rusia de Stalin, la Rumania de Ceasescu, la Cambodia de Pol Pot demostraron con creces que el socialismo puede ser más inhumano que el capitalismo más salvaje. Y la Argentina de Perón, como los países escandinavos – con procedimientos y estilos muy diferentes – mostraron que bajo el capitalismo se puede mejorar en serio la vida de los más humildes.

Si planteo esto, no es para discutir ideologías. Es para marcar una de las pocas cosas en las que estoy completamente de acuerdo con Jorge Rulli y, en sus mejores momentos, con Artemio López: La facilidad con que la «sociedad justa» que vamos a construir «cuando tomemos el poder» (o aprobemos la 125, agrego yo) sirve para excusarnos de cumplir con nuestras obligaciones de argentinos.


Algo más sobre la inseguridad

abril 6, 2009

Bah, sobre la delincuencia violenta. Sobre eso ya escribí, aquí, aquí y aquí. Creo que en esas entradas – que se referencian con otras anteriores – y en los comentarios que aportaron algunos de los visitantes, pueden encontrarse ideas válidas. O, por lo menos, lo que yo puedo aportar.

Pero el asunto es importante, le preocupa a muchísima gente y – para peor – va a ser uno de los temas de esta campaña. Digo para peor porque no creo que de allí salgan ideas, aunque sea. Pero vuelvo otra vez por dos notas periodísticas: Una es de Zaffaroni, que – otra vez – defendió su postura:  «Es una manipulación política” que hacen los medios, claro; «depende de política general de nivel de vida«, que es responsabilidad del gobierno; y la «prevención, de carácter secundario, debe ser asumida por la Policía«. Los jueces no tienen nada que ver.

Para mejor, se le ocurre establecer un ranking de peligros «como causa de muerte violenta aparecen en primer lugar los accidentes de tránsito, en segundo término el suicidio; en tercer lugar aparecen los homicidios dolosos que en su mayoría son episodios protagonizados por familiares y/o conocidos, mientras que por último se encuentran los homicidios entre desconocidos» Es una buena noticia saber que si alguien me mata probablemente sea un conocido.

Zaffaroni – es justo reconocer – también dice algo relevante: denuncia como falso un informe que atribuía “la mayor parte de los homicidios a niños con 14 y 15 años de edad”. Ahora, ¿cuál parte de las declaraciones creen que reproduce Infobae? Si su señoría considera que hay una campaña en muchos medios – la hay – por qué insiste en brindarle material? En convencer al argentino de a pie que un tema que a él le preocupa, el Estado no se lo soluciona ni siquiera le parece que merece la pena tratar de solucionarlo. O quizás un juez de la Corte Suprema considera que no es parte del Estado.

Me preocupa lo que dice Zaffaroni por una razón práctica: las políticas opuestas a su posición, las de «mano dura», han fracasado. Pero si él y el progresismo insisten que no hay nada que hacer, me temo que habrá una tendencia a probarlas de nuevo.

Pero éste no fue el motivo principal que me puso a escribir. Esta falencia del progresismo ya ha sido discutida a muerte en otros blogs. El impulso brotó de una nota de Crítica digital, que firma Eduardo Blaustein, donde no usa la ironía ni la falsa indignación. Me gustó mucho la forma que encontró para explicar qué significa para él – como para mucha gente decente, que no está asustada ni es histérica – el problema de la inseguridad. Y al mismo tiempo, lo acompañó con un análisis político sensato de las voces interesadas que – de ambos lados – nos bombardean con frases hechas.

Fíjense que iba a linkearlo tal como está, y dejar que él hablara por mí. Pero me puse a pensar (una costumbre que tengo) y debo asumir que tampoco plantear lo que se quiere, por humano que sea, es suficiente. Copio lo que me llamó la atención y agrego luego lo mío:

«Aquí va mi modo pequeñoburgués y bucólico de clamar contra la inseguridad. De chico, en algunas noches de primavera y verano, quizá después de ver Telecataplúm o El show de Dick Van Dyke, a la orden de “vamos a dar una vuelta”, mis viejos salían a caminar por el barrio con nosotros. Olía a naranjos y jazmines chinos, a pasto fresco en los jardines. No existían garitas ni 45.000 vigiladores en provincia. Todo era presuntamente manso, dulce, tranquilo.

Luego fui padre, volví al barrio. A la hora de replicar el paseo nocturno con mis hijas –los padres pretendemos reproducir los ritos felices de la infancia– me di cuenta con tristeza de que ya no se podía caminar con la misma dulcidumbre. Fin de la historia: el tema de la inseguridad pega por el lado de los miedos y las muertes, pero también por el lado de una ciudad triste, hostil, una ciudad de derrotas colectivas, de país degradado»

Tiene razón. Ese es el verdadero rostro de la «inseguridad». Pero así como pienso que el Estado debe enfrentar el problema, también la realidad me fuerza a evaluar que la única forma en que ese padre pueda recuperar una confianza razonable en las caminatas nocturnas es mudarse a un barrio con buena seguridad (Puerto Madero está todavía bastante tranquilo) o – mejor – elegir cuidadosamente una ciudad de menos de 20.000 habitantes. Demasiadas fuerzas en nuestra sociedad – y en el resto del mundo – trabajan en contra de ese ideal en las grandes urbes. Económicas, sociales, demográficas… Mi planteo es que, precisamente porque no podremos, en un futuro previsible, recuperar esa tranquilidad perdida, debemos encarar con seriedad la tarea de proteger en lo posible a nuestro pueblo, en especial a aquellos que no pueden mudarse, de la criminalidad violenta que esas fuerzas estimulan.


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