Chomsky y los medios argentinos

En un post muy reciente Ana (mamushca) cita a Chomsky ¨Cuando se critica (acusándolos de servir a intereses patronales) a los medios y se dice, mirad, esto es lo que escribe Anthony Lewis o cualquier otro, se enfadan mucho. Dicen, con mucha razón, “Nadie me dice qué tengo que escribir. Escribo lo que quiero. Todo ese rollo sobre presiones y limitaciones es una tontería, yo nunca tengo ninguna presión”. Lo cual es completamente cierto, pero el tema es que no estarían ahí si no hubieran demostrado previamente que nadie tiene que decirles qué escribir porque ya dirán lo correcto [por] ellos mismos. (….) Lo mismo ocurre con la mayoría de profesores de universidad en las disciplinas más ideológicas. Han pasado por el sistema de socialización¨. Y me dejó con ganas de comentar en voz alta algunas ideas que he tenido desde hace tiempo sobre el tipo. No tienen la rigurosidad que merece Chomsky, pero para qué es un blog si no?

Noam Chomsky, como lingüista y estudioso de las ciencias del conocimiento es posiblemente el nombre más importante de los últimos cien años. Sus ideas sobre una gramática universal, inserta en la estructura mental de los seres humanos, han sido decisivas para reformular esas disciplinas… y para echar una luz nueva sobre la naturaleza humana. Cuando sus aportes sean superados – en ciencia todos lo son – sus críticas al empirismo y al conductismo lo conservarán – probablemente – en ese plano de la historia de las ciencias donde están los que redefinieron los conceptos básicos de alguna de ellas: Einstein, Faraday, Lobachevsky…

Ahora, en el pensamiento político al que le ha dedicado una porción de su vida tan importante como la que le dió a la ciencia, siempre encontré un contraste curioso: Él se define como socialista libertario y anarcosindicalista, declara su deuda con pensadores socialistas no bolcheviques y, si bien valora los aportes de Marx, cuestiona a los que tratan el marxismo como una religión. Pero leo sus artículos sobre cualquier tema concreto, y los encuentro tan rígidos y predecibles como los del troskismo más ortodoxo.

Esto no quiere decir que no tenga un pensamiento matizado: en esta nota, Chomsky – judío antisionista laico si los hay – cuestiona la tesis que atribuye al «Lobby Israelí» una importancia decisiva en las políticas de U.S.A., y argumenta que su influencia es menor que la de las corporaciones de la energía y de las armas, y en todo caso subordinada al «interés nacional» yanqui, que para Chomsky es el nombre del Mal.

Tampoco es cierto que haya apoyado las atrocidades «de izquierda»; simplemente, se limita a condenar públicamente aquellas en que tienen que ver los Estados Unidos, que es su país. Tengo que reconocer también que ha sido consistente en su apoyo a los nacionalismos antiimperialistas ¿Por qué entonces yo, argentino y latinoamericano, siento que Chomsky no me sirve mucho para entender y cambiar la realidad?

La cita que hace Ana da una idea de las limitaciones de su crítica:  es parte de la discusión intelectual en la sociedad yanqui (o noratlántica, a lo sumo). Una voz cuestionadora, es cierto, y bienvenida en tanto desafía el consenso que apoya las  políticas imperiales como «lógicas y necesarias». Pero que no me dice nada sobre las políticas que nosotros tenemos que aplicar. Y muy poco, salvo descripciones emotivas, de las fuerzas que debemos entender y enfrentar.

Puede decirse, y es cierto, que lo primero no es su tarea. Él habla para su sociedad. El problema es que al escucharlo aquí, sin una mirada crítica, refuerza la visión que ve la realidad como una lucha entre una minoría mala – egoísta – y mayorías buenas, solidarias y progres. Una visión simplista, me siento obligado a decir.

Lo que él dice arriba sobre los medios es un ejemplo válido. Lo que llama el sistema de socialización tiene sentido en la sociedad norteamericana, donde el patriotismo y los valores culturales «anglo» pueden unirse a los intereses de los sectores dominantes para elaborar, con contradicciones, y en una forma sutil imponer un discurso común (siempre flexible para los cambios cosméticos, o pregunténle a Obama). La clave es muy simple: la clase dirigente (uso esta expresión en el sentido más amplio) yanqui es tan patriótica como los ciudadanos comunes.

En Argentina no tenemos – lamentablemente – un sector intelectual rentado generosamente y con estabilidad, como tienen ellos en sus universidades, para sus «intelectuales orgánicos» y sus contradictores (necesarios para la vitalidad del pensamiento). Tampoco tenemos una clase dirigente patriótica, y eso es más lamentable aún. Lo que todavía puede llamarse el establishment (por su poder económico, exclusivamente) tiene algunos intelectuales orgánicos, cada vez menos y cada vez menos intelectuales.

El discurso «liberal» – que tiene muy poco de tal desde que la derecha argentina fue colonizada por Alsogaray – de uso común en, por ejemplo, LaNación, tiene que ver con las modas globales de los últimos 30 años, con los prejuicios «europeístas» de sectores medios que siempre han querido ser otra cosa que latinoamericanos, pero, sobre todo, con los intereses económicos y políticos de los dueños del medio. Esto es mucho más claro, valga la redundancia, en Clarín, donde el discurso es vagamente progre y conserva un eco nacionaloide del desarrollismo original, pero es, sobre todo, un instrumento político de primer orden. Paradojas de la democracia latinoamericana (porque en Brasil pasa lo mismo): los grandes medios tienen un poder político relativo a sus sociedades mucho mayor que en el «Primer Mundo».

En mi opinión, hay varios sistemas de socialización – en el sentido que usa la expresión Chomsky – en nuestro país. Los nac&pop hemos tenido un modesto éxito, al imponer mayoritariamente la versión revisionista de la historia. Pero el más potente, de lejos, desde los ´80 hasta hoy, es el que elaboró un pensamiento hegemónico progre en todo lo que tiene que ver con la cultura, especialmente la cultura popular. Hoy la imagen del Che Guevara está en las canchas de fútbol. Y para un artista masivo, es prácticamente obligatorio ser de izquierda (en el rock y en el folklore queda una pequeña minoría reaccionaria, gracias a Dios).

Igual que en el caso anterior, esto  está influido decisivamente por modas globales. También con el hecho que muchas banderas progres, feminismo, acceso al aborto, matrimonio gay, etc., son menos preocupantes para intereses establecidos que, por ejemplo, los viejos reclamos sindicales. Pero cualquiera que conoce la realidad cultural local sabe que tiene que ver mucho con los códigos de las camarillas que controlan sus pequeños mundos.

Mi discrepancia básica, entonces, con los análisis de Don Noam surgen del hecho que yo veo a nuestras sociedades y a sus problemas como mucho más complejos que lo que sus parámetros sirven para entender. Pero afirmo también que su valoración de las luchas nacionales, su enfoque – que encuentra en ellas la única alternativa a un poder inhumano – merece nuestro reconocimiento.

7 Responses to Chomsky y los medios argentinos

  1. Anahi dice:

    Todavía no me decido si me alegro o me entristezco de que hayas posteado sobre Chomsky. :O
    Está claro que lo que no te suena bien, sigue siendo emotivo.
    Saludos.

  2. Abel B. dice:

    Estimada Anahí: Para ser preciso: «Emotivo» no es para mí una descalificación. Es una descripción (que puede ser acertada o no, eso es otra cosa).
    Una palabra que uso con frecuencia cuando algo no me convence, es «simplista».
    Saludos

  3. Andrés dice:

    Buenas Abel,

    Yo no veo al enfoque de Chomsky como simplista. Según mi experiencia personal, el «sistema de socialización» de la sociedad yanqui no difiere mucho del argentino: Los «jefes» registran los comentarios que revelan tus intereses, tus ambiciones, tus escalas de valores, etc, y en base a eso te dan acceso a oportunidades de contratación, de efectivización o de ascenso.

    No creo que tenga nada que ver con el patriotismo.

    Saludos,

    Andrés

  4. Abel B. dice:

    Andrés:
    Me parece que nuestra diferencia no es sobre Chomsky (por lo menos en ésto) sino en cómo vemos la realidad de los medios argentinos. Puedo equivocarme (no soy periodista ni, por desgracia, dueño de un medio masivo), pero lo que Ud. indica «Los jefes registran los comentarios que revelan tus intereses… y en base a eso te dan acceso a oportunidades…», me parece un caso ideal, que sin duda se dará alguna vez.
    En nuestro mundo, la «línea» del medio se decide en una forma tan vertical como el estilo de conducción K. El viejo Timermann, Julio Ramos, H.R.García, lo hacían valer a cara limpia. En los monstruos como Clarín o LNación, es un poco más indirecto, pero los periodistas saben muy bien cuál es la «línea» y si hay cambios – como sucedió en años cercanos en Clarín y en P12 – se adaptan o se van del medio. Generalmente se adaptan, porque es un laburo.
    Ojo: No creo que en NYTimes o en el Washington Post la cosa sea taaan diferente, con la perrada. Chomsky se refiere (lo hace claro el ejemplo que elige) a los columnistas con firma. que en USA a menudo vienen de o se incorporan al mundo académico.
    Es esa clase intelectual – manipuladores de símbolos, en el sentido que le daba Schumpeter – a la que Ch. reprocha que no sean socialistas revolucionarios. De ahí mi mención al patriotismo: Ese consenso cuestionado por Ch. está apoyado en los intereses del sistema (con el mecanismo que él describe) Y los valores tradicionales de la sociedad Y TAMBIÉN por los sentimientos nacionales (otro nombre del patriotismo).
    Todo eso ¿qué tiene que ver con la realidad de nuestra «clase» intelectual? ¿Y con sus equivalentes en Latinoamérica, con la excepción de Brasil y, quizás, México?
    Saludos,

  5. Andrés dice:

    Buenas Abel,

    No es un caso ideal, es la generalidad. Se da también en muchas empresas privadas industriales y de servicios. Dependiendo de dónde vivas, de cómo te vistas, de qué cosas te gusten (música, pasatiempos, etc), de los comentarios que hagas, etc, serán tus chances de avanzar o de permanecer en la empresa.

    Según tu cita de Chomsky, «lo mismo ocurre con la mayoría e profesores…»,lo cual da a entender que el ejemplo de los periodistas está disociado del de los académicos.

    Respecto al «patriotismo», no entiendo la mención.

    Finalmente, Chomsky describe la defensa de ciertos periodistas ante un ataque por defender los intereses patronales, pero de ahí a considerar que Chomsky les reprocha no ser «socialistas revolucionarios», me parece excesivo.

    Saludos,

    Andrés

  6. Abel B. dice:

    Andrés: No quiero dejar de contestarle, pero siento que estamos entrando en un diálogo de sordos (A lo mejor el hipoacúsico soy yo, vea). Cuando Ud. dice “Dependiendo de dónde vivas, de cómo te vistas, de qué cosas te gusten … serán tus chances de avanzar o de permanecer en la empresa” dice una verdad indiscutible. Eso es así en el periodismo, en todas las empresas privadas (como Ud. aclara), en el Estado y en las ONG. Es una verdad de Perogrullo, no de Chomsky.
    Lo que yo digo es que me parece que Chomsky en su análisis está pensando en una clase intelectual como la que existe en EE.UU. y en los países ricos de Europa. Ya lo indica el ejemplo que usa – Anthony Lewis, un intelectual de izquierda moderada que baja línea a menudo en las columnas del New York Times. Si Ud. lo desea, vaya al artículo original de Chomsky: está en castellano, linkeado en el comentario de Ana. Allí encontrará esta frase al comienzo:
    “Parte de las razones por las que escribo sobre los medios es porque estoy interesado en la cultura intelectual en general, y la parte más fácil de investigar son los medios”
    En el cuerpo del artículo están estas afirmaciones:
    “Mi impresión es que los medios no son muy diferentes de las universidades o de, por ejemplo, las revistas de opinión intelectuales; hay algunas limitaciones añadidas, pero no es radicalmente diferente. De hecho interactúan, lo cual explica porqué hay gente que va de un sitio a otro con bastante facilidad”
    “Hay otro sector de los medios, los medios de élite, a veces llamados los medios que marcan la agenda porque son los que tienen grandes recursos y establecen el marco en que opera el resto. El New York Times, CBS, ese tipo de cosa” No me parece que cosas como esas se puedan decir en la realidad argentina que conocemos.
    Vuelvo entonces a mi planteo básico: Chomsky está inmerso en una discusión intelectual (representaría uno de los extremos) que se da en una sociedad muy distinta de la nuestra (lamentablemente, EN ESTE ASPECTO). Sus análisis no nos sirven para entender nuestra realidad.
    En serio, no quiero ser descortés con alguien que tiene la amabilidad de visitarme y que además es inteligente y articulado. Lo que pasa es que cuando estoy en desacuerdo con alguien, quiero precisar en qué estoy en desacuerdo. A veces son más las cosas en que estamos de acuerdo.
    Saludos

  7. Anahi dice:

    Tal vez Ivonne Bordelois te pueda ayudar a analizar algunas diferencias sobre posiciones culturales norte / sur.
    En una entrevista la escuché contar una anécdota del curso de Chomsky (no me acuerdo en qué programa ni tengo el audio), en que participó. Trato de recordar y resumir: allí se vincula la lingüística (apunta a la capacidad de comunicación) con la lógica algebraica y la matemática, en tanto ella sostuvo que las lenguas naturales tienen otra lógica interna, con lo cual se implica una diferencia incluso epistemológica. Y cuenta que sus compañeros de curso tenía muchísima facilidad para recordar una gran cantidad de números teléfonicos, pero eran incapaces de recitar un poema de memoria incluso en inglés.
    Esto también me recuerda a que Popper llegó a confesar que «su ciencia modelo» era la econometría.
    Lo que me parece es que habría que ver cómo se imbrican en la realidad global, pero ese es otro tema.
    Saludos.

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