Comisarías en las villas

Ayer a última hora subí una entrada sobre «Inseguridad y política«. No era sobre el problema de la seguridad interior – grave y pesado. Tengo algunas ideas, pero no estoy en condiciones de pontificar. Tampoco hablaba de la política en general, actividad noble aunque un tanto devaluada. El impulso que me llevó a escribirla es la bronca que me da cuando un tema importante, que tiene que ver con la vida y la muerte, sirve solamente como un argumento – una chicana – político a usar para pegar al «otro lado». Hubo tres comentarios al hilo, desde enfoques diferentes, y tengo ganas de contestarles y de paso, agregar un planteo que me parece que sirve para ver mejor el problema que enfrentamos, y que no es de un experto en seguridad ni mío tampoco.

Artemio López mostró lucidez y clarividencia: está de acuerdo conmigo. Y agrega lo que es, me parece, la clave del tema y la debilidad del enfoque de moda en el gobierno – no de los pingüinos, ciertamente, sino de buena parte del funcionariado medio y del Poder Judicial: «(es un) atajo común de nuestra progresía (para no cumplir con sus funciones), Jugar a ser la mega buena conciencia social«.

Guille lo defiende a Marcelo Saín «es un estudioso y uno de los pocos entendidos en seguridad que no proviene de las cloacas del estado«. Guille, yo fui cuidadoso en señalar que – pese al cargo que Saín ocupó y al que ocupa – yo no conocía de ninguna acusación seria contra su desempeño, en el aspecto ético. No es poco. Pero no me parece serio – ni correcto, si vamos a ser exigentes – que un responsable en el área de Seguridad no diga nada sobre seguridad, y hable de la falta de solidaridad de intendentes y hacedores de opinión. Creo que debemos estar hartos de policías, jueces y funcionarios que hablan de lo que está mal con la sociedad… en las áreas donde ellos no tienen responsabilidades. Hablen primero de lo que deben hacer.

Te agrego algo: lo de «las cloacas del estado»  … entiendo a lo que te referís. Allí hay algunos personajes que son peores que cualquier delincuente del conurbano. Pero también hay un prejuicio inconsciente: las cloacas son una parte sucia pero necesaria de la infraestructura de la vida social. ¿Por qué no te fijás en la vida de Eugenio Vidocq, el primer jefe de la Sureté y padre de la investigación criminal científica? Hay una película de Depardieu sobre su vida. Tal vez deberíamos poner al Gordo Valor al frente de la Bonaerense.

Harry… bueno, tuvo responsabilidades en Seguridad, hasta que el invalorable Mathov decidió prescindir de sus servicios. Y sabe de que está hablando, aunque es demasiado intelectual para manejarse bien en las cloacas. Pero, aunque estoy de acuerdo con la mayor parte de lo que dice, también es un discurso principista. Y, desde un enfoque opuesto al de los progresistas, también saltea el necesario vínculo entre las políticas sociales y las de seguridad. Por eso quiero copiar de su página en Internet, este artículo de otro amigo – que usa a veces el seudónimo Acab y que está enojadísimo conmigo porque le dije que tenía una imaginación más literaria que política. Pero en esta nota habla de cosas concretas:

Conocí las villas viendo los pechos de Susana Campos, en la película «Detrás de un largo muro», allá por el 57. Eran tiempos donde se mezclaban el liberalismo cultural y la feroz represión gorila. Ignoro si Perón o los gorilas habían construido un muro que separaba una villa capitalina cercana al Matanza, solo para que no se viera. Cuando ella se subió el pullover y mostró esos pechos me estremecí. Fueron los primeros del cine nacional.

Pasó medio siglo. Las villas albergan hoy -según se las defina- a millones de habitantes en todo el país.

Políticos importantes como Daniel Scioli y Mauricio Macri han tenido expresiones públicas que, a falta de las debidas aclaraciones, deben ser tomadas como contrarias a su existencia.

Debemos pensar, pues, en ellas: ¿Cómo nacieron, crecieron y proliferaron?

Los cientistas sociales coinciden en que se trata de un fenómeno inmigratorio.

Inmigran poblaciones rurales nacionales, bolivianos, paraguayos, peruanos.

Cuanto mas grande la ciudad, mas inmigración.

En la ciudad de Buenos Aires se produjo, desde Susana Campos a hoy, un fenómeno muy especial, único, de altísima inmigración, por las ventajas que la ciudad ofrece al recién venido. Trabajo marginal mejor pago, escuelas, hospitales, planes sociales gubernamentales, clientela política, menores costos de transporte, etc.

En San Pablo pasó lo mismo, multiplicado por cinco.

Las villas conforman un fenómeno socio-cultural especial, con una fuerte identidad.

Tomo un caso que conozco, el de la 21 de Barracas, habitada hoy por más de 30.000 personas. La mayoría es paraguaya. Sus hombres trabajan en las diversas ramas de la construcción, oficios muy bien pagados en momentos de alta demanda.

Honrando su cultura paraguaya, sincrética entre la guaraní y la jesuita, son gente profundamente tradicional, vital, alegre, humilde. Es gente de trabajo, honrada y honesta.

Pero se les engendró un epifenómeno delictivo, ligado a la droga y las bandas juveniles, adentro de la villa.

La pregunta clave que hay que hacerle a Macri y Scioli es si los honestos paraguayos son culpables del fenómeno.

Si los gobiernos, de Perón y los del ´55 a la fecha, nada hicieron para trazar un gigantesco plan integral de urbanización, como hizo Francia con París, los paraguayos no son los «culpables».

Si Cavallo, que seguía un pensamiento y Menem, que no seguía ninguno, enviaron a generaciones de jóvenes y adultos a la exclusión social, juzguémoslos.

Estoy estupefacto por las recientes expresiones de Néstor Kirchner y Daniel Scioli.

Tardaron quince años en darse cuenta lo que se engendraba?

Careta de cemento hay que tener para, ahora, culpar a los jueces !!

Basta una ley sencilla, que impida la excarcelación del reincidente, que reintroduzca la figura de la peligrosidad, que separe al delincuente precoz de su hábitat, que cree  establecimientos de resocialización en serio, que separe de inmediato al juez venal, que persiga a la droga.

Si los Kirchner hubieran asumido el tema a fondo, debieron haber construido dos millones de viviendas y darle trabajo a los marginales. No hicieron nada.

Por eso las villas están y crecerán con la crisis mundial.

Respeten los políticos a la población villera y dedíquense a combatir la delincuencia.

Urbanicen, den servicios, atiendan a los villeros, respétenlos.

Intégrenlos, en serio, a la conducción política, eliminando a los intermediarios.

Si hacen algo de eso, podrán poner comisarías en las villas, que es lo necesario.

2 Responses to Comisarías en las villas

  1. Anahí dice:

    Yo conoci villas de chica por dentro, crecí al lado de una dividida con otra por un terraplén en Bernal, jugué con los pibes, tomé la merienda en el clubcito del barrio, iba a andar en bici por el terraplén, la cruzaba para llegar a don Bosco. Y cuando me levantaba a la mañana para ir a la escuela, caminaba las 4 cuadras hasta el colectivo con los hombres que con su bolsito al hombro iban a laburar a un taller, a la Bernalesa, o a la Cervecería. Muchos tenían nombre y apellido en el barrio, no sé si me explico…
    Hoy, el barrio tiembla, porque según dicen los antiguos vecinos del barrio, se perdieron los códigos. Tampoco es la misma gente. El famoso clientelismo favorece a algunos, que se convierten en «el patrón de la vereda». Los pibes están al cuete, aspirando, da miedo. Y las villas crecen. En los corredores donde dejó de funcionar el ferrocarril al interior, se forman nuevas.
    El problema es de seguridad, pero básicamente de «seguridad social». Los planes trabajar son un chiste, una burla, una aspirina para que no te duela la extracción de una muela. Y la clase política, los K incluidos, están demasiado ocupados en «planes electorales» como para «mirar la patria». Eso es, no ya cloaca, sino lo que lleva adentro. Hay una nueva teoría del derrame, hija del menemato, con visos «populistas» en el mal sentido: que «a medida que se crezca…»
    Me quedo con esto que decía Silvia Bleichmar hablando de «subjetividad en riesgo» : » … el incremento de la violencia no es el efecto del incremento de la pobreza, sino del resentimiento por las promesas y los proyectos incumplidos de un país que tuvo un proyecto igualitario distributivo, y en el cual hoy se encuentran marginados grandes sectores…»
    Como yo lo veo, esto no cambió.
    Abrazo.

  2. […] no tienen un Estado que los proteja. No hay comisarías en las villas, y hasta que las haya – como insistía mi amigo Gerardo González – estarán a merced del crimen desorganizado, que es más peligroso que […]

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