Algo más sobre Rucci y el gremialismo

En la entrada anterior, además de un saludo a Rucci, quise – frente a mitologías berretas – dejar planteada una distinción ética entre dos instrumentos políticos de nuestra historia no tan lejana: la violencia y el asesinato. En la columna de comentarios – que yo suelo descuidar – Anahí y Harry introdujeron algunos temas interesantes. Por eso quiero subir, aunque sea sin permiso, de acuerdo a los usos de la Red, el comentario que un conocido bloguero local, Oti, hizo en otro lado. Rara vez estoy de acuerdo con él; tenemos lenguajes diferentes. Pero aquí me parece que su lenguaje le sirvió para un resumen político muy lúcido; así que le dejo la palabra:

«No hay ningún antagonismo «objetivo» entre la burocracia y los trabajadores, ni tampoco entre la burocracia y los dirigentes combativos.

El antagonismo que pudo haber habido es el que decidieron darle los protagonistas, no reside nada más que en la ideología y en la voluntad. Pero esto de «objetivo» poco y nada tiene. Creo que el enfrentamiento subyacente no era para nada «ideológico» ni de «clase».

El problema son los desfasajes y el fanatismo. Cuando los combativos señalan un enemigo interno en la clase trabajadora y cuando la burocracia señala un enemigo infiltrado. Pero esto procede de prácticas e ideas que se hacen los protagonistas, no quiere decir que tenga fundamento real eso, aunque las consecuencias de ellas luego sí sean realidad (la violencia, el antagonismo, etc.).

Creo que en el fondo, muchos lo odiaban a Rucci no porque sea burócrata sino porque era leal a la conducción del General, y cuando la izquierda se equivocaba él no se privaba de señalarlo con bastante claridad.

El problema era la ceguera en entender la práctica diferente de cada sector dentro de un sentido único. Creo que esto no se lo podía representar bien ningún sector. Sucedía algo así como el equipo donde cada uno tiene una camiseta diferente y nos fijamos en lo diferente de la camiseta y no para qué lado patean.

En la práctica política de aquel tiempo el color de la camiseta condicionaba la capacidad de entender para qué lado se estaba pateando (estrategia). Muy poca ayuda tenía el General en esta tarea.

Me parece que no podremos llegar a nada superador del pasado si en algún punto no rompemos lo que nos encadenaba en ese pasado y seguimos reproduciendo hoy, bajo otra modalidad más frívola y light, los mismos sentimientos subyacentes del pasado.

El asunto es que para liberarse de esos sentimientos es preciso haber cambiado la propia mente, para así ver el pasado (y el presente) de manera diferente.«

4 Responses to Algo más sobre Rucci y el gremialismo

  1. Andrés dice:

    Buenas, Abel

    Yo no viví como adulto la época del 70, solamente leí artículos y algunos libros. Lo aclaro porque se me pueden escapar algunos matices que sólo pueden ver los protagonistas directos.

    Creo que la crítica a la burocracia no es meramente por fanatismo o por camisetas. Es por la imposibilidad de llevar adelante propuestas desde la base que sean honestamente analizadas por la dirigencia sindical de más alto nivel, que la rendición de cuentas sobre el dinero asignado a obras sociales y el sindicato sea razonablemente transparente, que las bases establezcan las consignas para la dirigencia y no al revés.

    Si el tema pasase por meros puntos de vista, no habría razón para enfrentamientos salvajes entre sectores. La realidad es que muchos dirigentes sindicales se enriquecieron, algunos de manera escandalosa sea por la exposición obcena (Jorge Triaca) o por los métodos y las apetencias de poder desmedidas (Luis Barrionuevo). Ese enriquecimiento no podía darse con plena participación de corrientes sindicales opositoras que pudieran controlar las cuentas, y por ello la burocracia puso trabas para que las corrientes opositoras se volviesen reales alternativas (ejemplo, en la Union Ferroviaria), porque de hecho no se los llama burócratas por solamente sentarse en un sillón sino por trabar el acceso de opositores a puestos con poder de decisión.

    Todo eso termina generando tensión, y de allí a que la «pesada» decida con fierros e intimidación cuando las cosas no se deciden en el terreno de los sellos sino de la participación hay un solo paso. Cuando ello ocurre, el resentimiento hacia quienes bloquean consignas de lucha o vías de participación mientras ellos mismos mejoran sus condiciones de vida resulta natural y evidente.

    Sería muy simplista decir que la burocracia sindical NUNCA defendió a los trabajadores y a sus intereses (si no, difícilmente podría mantenerse como tal) pero sería también simplista decir que la burocracia necesariamente defiende más los intereses de los trabajadores que los de ella misma. Todo sistema capitalista necesita centrales sindicales controlables o que se avengan a negociar en términos razonablemente convenientes para la patronal, y si eso implica cooptar (al menos parcialmente) a la dirigencia sindical, pues los ermpresarios lo hacen. No veo que Argentina (y el sindicalismo peronista en particular) sea la excepción.

    Saludos,

    Andrés

  2. Abel B. dice:

    Andrés:
    Reproduje el análisis de Oti no porque crea que es TODA la verdad (comparto las dudas de Yukio sobre una idea así) si no porque que es una descripción cierta de una realidad importante – creo que decisiva – en la Argentina de HOY. Pienso que lo que dice también fue cierto en los ´70, pero eso no me importa tanto.
    En mis términos, que no son los de Oti: La dirigencia sindical argentina – al igual que la política – está inserta en un sistema que permite (estimula) que los que adquieren poder se enriquezcan. Porque el manejo de las «cajas» es una herramienta de poder, en el sindicalismo, la política y el Estado. Algunos no lo hacen, pero eso surge de una ética personal. Porque nuestra sociedad es profundamente hipócrita, y prefiere no asumir esa realidad para ponerle límites razonables, como lo hacen en Europa (a excepción de Italia) a través de sus fundaciones. Por eso lo que Ud. dice también es parte de la verdad.
    Donde estoy en desacuerdo con Ud. es cuando plantea «la burocracia», «la base» y «las corrientes opositoras» como 3 realidades diferentes y separadas. Los dirigentes sindicales surgen de las bases, a través de corrientes o agrupaciones; el mecanismo de ascenso – y caída – puede ser más o menos participativo y más o menos violento de acuerdo a la historia, la realidad social y las circunstancias del gremio, pero estructuralmente no es diferente desde ATE a la UOM.
    Pienso que merece un análisis más a fondo, pero es menos importante para Argentina hoy que el resumen que copié de Oti: «No hay ningún antagonismo “objetivo” entre la burocracia y los trabajadores, ni tampoco entre la burocracia y los dirigentes combativos».
    Esto no quiere decir que no haya estrategias – e intereses – muy diferentes, y que a veces se resuelvan a cadenazos (preferible que no, por la imagen del sindicalismo, vió?). Pero creo que Hugo Moyano – panzón impresentable como es – hoy está al frente de uno de los pocos reaseguros con que cuenta Argentina.

  3. sil dice:

    Chicos. Estamos hablando de cosas que paaron hace 35 años. Por favor, no nos hagamos cargo de lo que dice Clarin y adlateres. No se quien lo mato, pero 35 años despues….le sirve a alguien?. Entiendoque los hijos busquen justicia… Por que justicia es un reclamo de todos. Pero todos sabemos ue es un crimen que ya prescribió. Por que no se acordaron antes??? Llevamos 25 años de democracia, no estoy diciendo un disparate… ¿ahora se acuerdan?

  4. zarlanga dice:

    Cómo que no hay antagonismo objetivo??? La burocracia quiere mantener el estatus quo, o como se escriba, los dirigentes combativos auténticos quieren cambiar el sitema. Es por ello que tanto empeño se puso en masacrar a los anarcosindicalistas, verdaderos defensores intransigentes de los derechos del proletariado, mientras que la burocracia sindical siempre se acomodó al gobierno de turno.

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