la crisis, el capitalismo y nosotros (2ª parte)

¿Qué está pasando?

Antes critiqué la cerrazón de los economistas y comunicadores convencionales. Pero debo decir que percibo en los economistas «heterodoxos» una tendencia a festejar la derrota de un impreciso «neoliberalismo», como si eso legitimara una economía «nacional y popular» que dejan aún menos definida. El triunfo del equipo de Keynes el Bueno sobre el de Friedman el Malo. No quiero ser injusto; en el mundo académico internacional, todavía siguen con las «expectativas racionales». Paul Krugman, el crítico de la ortodoxia con más repercusión mediática, en los últimos tiempos ha aportado en el plano teórico poco más que una insistencia en la necesidad de controles. Como auditor veterano, estoy completamente de acuerdo, pero queda muuuy lejos de los aportes de un Keynes, o aún de un Friedman. Fuera de la academia, Éric Toussaint, Francois Chesnais y Alfredo Jalife-Rahme son mucho más elocuentes en criticar la globalización financiera que precisos en analizar qué la reemplazará…

Entre los locales, los artículos periodísticos de Zaiat son serios y consistentes y, por ejemplo, Eduardo Curia ha sido riguroso en señalar las condiciones que requiere sostener el modelo de tipo de cambio alto que él defiende. Pero la cuestión permanece: falta un tratamiento en profundidad de la realidad económica que se abre a partir de esta crisis, que hoy domina los titulares pero comenzó hace más de un año, y fue anunciada por esos críticos mucho antes.

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En Argentina hay muy buenos blogs sobre economía: Elemaco, La ciencia maldita, Abuelo económico, Los 3 chiflados, Finanzas Públicas, e ainda mais. Pero lo que encuentro en ellos son críticas a la gestión kirchnerista en la economía – que son fáciles de hacer – o críticas a los que critican a la gestión económica K – que tampoco son difíciles. Miguel Olivera, que el año pasado había iniciado un blog para esta crisis, lo dejó de lado. Hoy describe, en una dura nota sobre los Estados Hundidos (H.S.A.), una «crisis financiera típica que combina: liquidez abundante que tiene que reciclarse, innovación financiera, regulación permisiva y el fracaso de la autorregulación» a la Krugman. Ciertamente es eso ¿Sólo es eso?

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No me siento en condiciones de responder yo al desafío. Sólo me veo en condiciones de plantear preguntas. Releyendo mi propio blog – una costumbre que recomiendo, para tener presente las pavadas que uno dice y aprender humildad – veo que también en agosto del año pasado me jugué con una opinión parecida, que hoy quiero… repensar: «Esta crisis es una típica burbuja provocada por la sobreliquidez (exceso de capitales con relación a la inversión genuina) internacional, no demasiado diferente de las originadas en las empresas puntocom, o en las deudas de los países emergentes – los casos de México, el sudeste asiático, la Argentina… Como tal, sus efectos en la economía real están acotados en el tiempo, y se reflejarán sobre todo en el encarecimiento del capital (dependiendo de cuán resuelta esté la Reserva Federal a rescatar a los especuladores). Es cierto que, con el modelo actual, nuestro país es menos vulnerable a los temblores. Igual, no será gratis: al gobierno argentino y a las grandes empresas el acceso al financiamiento externo les saldrá más difícil de lo que preveían hace un mes»


Pero dejé planteada una pregunta que es la que ahora me inquieta «¿esas crisis recurrentes indican una debilidad estructural en la situación actual? Hay un indicio inquietante: la caída del mercado de hipotecas pedorras en U.S.A. ha tenido en el mundo una repercusión más grave que sucesos comparables como el derrumbe de las puntocom, para no hablar de la quiebra del L.T.C.M. o de Enron» Y esto, en agosto de 2007, sin ninguna dote profética…

En enero pontifiqué sobre La crisis y los Estados Unidos, y planteé algo similar: «Una típica burbuja financiera, muy similar – hasta en su origen: los préstamos a particulares – a otra que vivieron los Estados Unidos en la década pasada (Savings & Loans), y no demasiado diferente de una media docena que vivió la Rusia postsoviética en ese mismo tiempo. El inevitable desenlace puede convertirse, por debilidades estructurales de la economía norteamericana y de la globalización financiera, en una recesión grave.

Pero (la explosión de la burbuja) no es un evento tan terrible (excepto para los directamente perjudicados). Es un hecho lamentable pero frecuente – algunos dicen necesario – en el capitalismo, y sólo los troskistas muy ingenuos creerán que esta vez sí el sistema se derrumba. Los estados modernos cuentan con las herramientas para controlar sus efectos, y – desde la Depresión de 1929 – la voluntad política de usarlas. Como no reciben los consejos que reputados economistas brindan – por ejemplo – a gobiernos latinoamericanos, y si los reciben no les dan bolilla, entre la recesión y la inflación tienen muy claro cuál elegir. Eso sí, yo no ahorraría en dólares por lo menos por los próximos dos años» Luego continué hablando sobre la desindustrialización en U.S.A., pero aclarando que era un proceso estructural muy diferente de la crisis.

Ahora, como se imaginan, me pregunto si minimicé demasiado el impacto de la crisis en el sistema internacional. (Es posible que lo haya sobreestimado. Un amigo me señala que están sufriendo principalmente los bancos de inversión: el refugio del dinero negro – el del tráfico de armas, de drogas, los sobornos… Hmmm, no lo creo. A.I.G., la candidatura de McCain, no son daños colaterales). Hoy no me convencen el catastrofismo de Roubini, pero tampoco me quedo tranquilo. La preocupación que dejo a gente más sabia que yo es ¿La globalización financiera, específicamente la que se produce a partir de la década de los ´70 del siglo pasado, que ha creado muchísima más riqueza nominal que la representada por los bienes materiales, puede ser en sí misma una burbuja? Si fuera así, vamos a tiempos interesantes.

Creo que ya se puede prever, de todas formas, una consecuencia de estos derrumbes. No por la locura de esta última semana en sí, sino porque es la culminación de un largo proceso. Frente al rescate estatal de Fannie Mae y Freddie Mac, hace ya un mes el amigo Manolo planteó el Regreso del Estado y recordó que los argumentos neoliberales estaban haciendo agua en los países centrales. Vale, pero pienso que hay que ir un poco más lejos. Porque más que a un debate sobre economía – porque los axiomas del Consenso de Washington han quedado relegados para el consumo de plumíferos subdesarrollados en países ídem, y hoy el énfasis teórico es en la necesidad de instituciones sólidas – estamos asistiendo a un cambio en las relaciones de poder en la economía mundial: el cuestionamiento de la fase de la globalización financiera que coincidió con la revolución conservadora abierto en los ´70 por Margaret Thatcher.

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Quiero matizar bien esto que digo: En el plano de la realidad económica, las raíces de la actual realidad financiera fueron puestas – como correctamente dice Zaiat – cuando Richard Nixon dispuso la inconvertibilidad del dólar, allá en el ´71. En el plano político, el pensamiento que expresaron y llevaron al triunfo electoral en sus sociedades Thatcher y luego Reagan tuvo, tiene, que ver con la variante «anglosajona» de la cultura occidental, su énfasis en el individualismo y su desconfianza en el Estado. Sus imitaciones, especialmente en América Latina y en el Este de Europa, fueron copias burdas, sin un sustrato cultural válido; el medio pelo de derecha lee allí a Ayn Rand, una Nietzche para ejecutivos junior. Aún en el mundo noratlántico, Clinton, Tony Blair, introdujeron variantes importantes. La Unión Europea nunca renunció a sus mecanismos de contención social. Y en el mundo intelectual, fuera de los Estados Unidos, el neoconservadurismo pasó rápidamente a ser patrimonio de los «outsiders». Si hubo un pensamiento único, desde la segunda mitad de la década de los ´90, ha sido el progresismo.

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Sin embargo, en los países centrales – el Atlántico Norte – el Estado abandonó desde entonces su rol director en las finanzas. Por supuesto, esto también debe ser matizado: No es que antes de los ´70 los bancos no influían en las políticas de los países, propios y ajenos. Y, excepto en los países destruídos por la corrupción, el Estado fue en todas partes un socio vigilante y necesario, un equilibrador social y – en las grandes potencias – el señor de la guerra. Pero el elemento central de esta nueva realidad ha sido expuesto, hace pocos días, con su lucidez de siempre, por The Economist «Las finanzas (privadas) son el cerebro de la economía. Aún con todos sus excesos, asignan recursos … mejor que lo haría cualquier planificador central». Después del derrumbe del socialismo real, todos los cuestionamientos de izquierda y la furia de los globalifóbicos no sirvieron para cambiar esa convicción en los gobiernos de los países centrales, y en sus mayorías electorales.

(Aún las declaraciones de la canciller Merkel que cita Manolo en la nota que linkeo, reflejan su prevención ante determinados grandes inversores extracomunitarios. La Canciller no cuestiona los bancos… alemanes).

Me parece entonces que la crisis deja, ya, una cuestión planteada: El Estado, que ha tenido que intervenir otra vez para salvar a las entidades financieras (los asignadores de recursos, The Economist dixit), y que lo ha hecho, en U.S.A. y en Europa, en una escala sin precedentes, no tomará – aún más allá de la voluntad de los gobiernos – un rol cada vez más decisivo en sus políticas? Si es así, y a mí me parece inevitable, la Argentina y Brasil deberán tomar más en serio el proyecto del Banco del Sur, y nuestro país deberá prestar mucha más atención al Club de París – que reúne a los gobiernos – que a los holdouts.

Por supuesto, las repercusiones más importantes serán – como siempre – en el plano político. Se abren muchas especulaciones posibles ¿Quedará China en ventaja, como piensa Soros? O, si la crisis continúa, su relación simbiótica con la economía norteamericana la arrastrará? Su bolsa, como la rusa, ha sido muy afectada…

Comencé por Argentina y termino con una pregunta local: Desde los ´80, se registró un cambio no muy anunciado pero profundo en la Derecha (tal como sucedió en el peronismo y en la Izquierda; ambos pasaron a ser muy diferentes de lo que eran en los ´70). Una derecha conservadora, católica y nacionalista pasó a ser cada vez más minoritaria; ocupó su lugar en el esquema político un sector que se piensa a sí mismo como «centro» o «centro derecha», y cuyo ideal son, como dije antes, los países desarrollados (no como son en realidad, sino en una versión idealizada). El sacudón que la inestabilidad de los bancos en esos países centrales no tendrá influencia en su imaginario, y por lo tanto en sus políticas?

4 Responses to la crisis, el capitalismo y nosotros (2ª parte)

  1. Nahuel dice:

    Excelente los artículos sobre la crisis y el blog en general, a decir verdad es un análisis bastante claro para aquellos que no comprendimos muy bien lo que pasó en estos dias. (Más que nada por falta de información clara y distinta, en términos cartesianos).

  2. Abel B. dice:

    Gracias, Nahuel. Pero tengo que advertirle que como análisis es desordenado y muy incompleto; son pensamientos en voz alta. Igual, me parece que todavía no hay nada escrito sobre la crisis que profundice lo que estaba planteado hace un año. Lo más interesante que leí es lo de Julio Sevares en los weblogs de Clarín, que detalla a qué NO se parece esta crisis. Estamos esperando que la realidad nos amplíe los datos, con esa voz desagradable que tiene.

  3. […] Esto no quiere decir que la crisis se solucione en forma indolora, en mi opinión. Aunque se lograra que no afecte la economía real, ya es demasiado probable que la inmensa creación de riqueza financiera que esta etapa de la globalización produjo, se muestre como una megaburbuja, como temía aquí. […]

  4. […] con sentido sobre la Crisis en su conjunto y su significado para nosotros fué en setiembre pasado, aquí. Creo que la realidad no lo ha dejado por completo en ridículo, pero está claro que no vi con […]

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