viejas fotos

Un amigo de muchos años, Ramón Vázquez, periodista, filósofo y nostálgico, me envió ayer una nota de Beltrán Mena, médico y columnista, que apareció en El Mercurio de Chile. Me pareció bueno compartirla:

«En los ochenta acostumbraba leer revistas de fotografía. Estaban dedicadas a la comparación de lentes y emulsiones, control de perspectiva, filtros, técnicas de revelado… Esas revistas profesionales transmitían un tácito desprecio por la fotografía de las Kodak Instamatic, del álbum magnético, del rollo gratis, de manera que fue refrescante leer un día la opinión entusiasta de un articulista acerca de la fotografía cotidiana y popular.

El autor del artículo afirmaba que esas miles de cámaras de plástico eran las verdaderas responsables de registrar la vida. Bautizos, paseos de curso, amores de verano y de invierno, el auto nuevo… Los humanistas del futuro volverían a esas fotos cuando quisieran asomarse a la verdadera vida del siglo XX. Porque no serían los paisajes metafísicos los que les dirían qué deseaban, qué buscaban los perdidos ciudadanos de nuestro tiempo.
La idea me asalta cada vez que alguien saca del bolsillo una cámara digital y registra el momento. Nunca se han tomado tantas fotos, nunca se han podido ver más rápido ni enviar con más prontitud.
Y nunca ha sido tan grande el engaño. La misma sobreabundancia hace que nada se conserve. Con ponerle un nombre al archivo damos por resuelto el asunto. Pero se van, se las lleva el viento binario. Las fotos se multiplican, pero no están en ninguna parte. Desaparecen con un cambio de computador o con un cambio de formato. El DVD de hoy será tan difícil de leer para el antropólogo del siglo XXII como para nosotros las cintas magnéticas de los 70.
La borrosa foto de la Kodak Instamatic nunca se tiraba. Y un día, ordenando un closet, uno encontraba una caja de zapatos. Una hora más tarde, alguien nos sorprendía, el closet aún sin ordenar, quizá riendo, quizá suspirando, pero habitantes del tiempo»

Me gustó. Pero también tengo ganas de copiar aquí la respuesta a mi amigo:

«Querido Ramón, por una vez estoy de acuerdo con vos. No tengo que esperar la inevitable degradación de los CDs, ni que Linux provoque la merecida quiebra de Microsoft. No. YA HOY ME RESULTA IMPOSIBLE ENCONTRAR EN EL FORMATO DIGITAL FOTOS ORIGINALES MÍAS CON PELO!, mientras que están disponibles – es cierto, un poco ajadas – fotos tradicionales en que aparezco con la cabellera completa.

Pero, mi querido amigo y compañero, la solución no está en renunciar a la tecnología, como pretendería, por ejemplo, Jorge Rulli. Al contrario, es necesaria una nueva invención. Como miembros del viejo Club Argentino de Ficción Científica, ambos sabemos que está, curiosamente, muy demorada: el viaje por el tiempo»

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