el juicio a von Wernich

No siento que un comentario, hoy, en mi blog sea el lugar para hablar en serio sobre la represión, la guerrilla, los crímenes, la locura y el heroísmo de hace 30 años en Argentina. Hace algún tiempo, en «El hijo de Reco» escribí algo a propósito de la Triple A, hablando de justicia, política y memoria; mantengo lo que dije allí, pero lo veo incompleto, como que quedó mucho por decir… Lo tengo como una deuda pendiente, relatar lo que (algunos) vivimos y sentimos en esos años, y no es más que la crónica de alguien que no mató ni murió, y no por mérito propio…

Pero tampoco me parece jugar limpio conmigo mismo quedarme callado hoy. Por eso, algunas reflexiones:

Wernich se quedó callado. Él y sus abogados, en diferentes formas, hicieron su defensa legal. Cuestionó a los testigos, reivindicó su catolicismo, pero no habló de lo que hizo, acompañó o vió en ese tiempo. No habló de lo que los hombres a los que dió auxilio espiritual – su tarea – hicieron, ni  porqué lo hicieron; en qué creían, qué odiaban… Los jueces dictaron sentencia, y es la historia oficial. Yo, veo a su silencio como una confesión, peor, como una ausencia: no puede defenderlos a ellos, tampoco puede arrepentirse él. Algo me queda claro: no soy de requerir a menudo auxilio espiritual, pero si lo necesito, no se lo pediría a él.

Los que fueron víctimas, los que sufrieron, merecen respeto. No comparto el clima cultural que hace que cuestionarlos sea un pecado, pero no culpo a las familias de los que cayeron, ni a sus abogados, por buscar castigos, y reparación legal. Una sóla observación me nace:  No necesitan, no tienen por qué, presentar como mártires impolutos a sus caídos. Ya sé que la teoría de los demonios está vetada, pero hablemos en serio: la represión fue cruel, inhumana, pero no totalmente estúpida, o habría perdido: muchos de los que mató habían elegido el camino de las armas; no pocos habían matado a su vez ¿Eso libra de culpa a quienes picaneaban, a quienes decidían que las tumbas no tuvieran nombres?

Esto es pasado, que – seguro – está presente. Los argentinos tardamos en cerrar las cuentas. Pero hay algo que es muy de ahora: los medios – no todos, claro; una importante mayoría, especialmente los comentarios de la radio y la TV, que son los que más llegan – han aprovechado esto para pegarle a la Iglesia Católica. No digo Página 12, coherente con su historia y que siente que debe hacerse disculpar su oficialismo con un discurso comecuras y un poquito paranoico de León Ferrari. Digo los que hablan a Doña Rosa.  Decían poco de Wernich, menos de la represión en general. El asunto era con los curas. No digo que la Santa Madre no se haya ganado algunos azotes, y los periodistas tienden a ser progres, pero este coro en las radios sonaba… curioso. Si hasta el gran diario argentino, que por supuesto dió mucho espacio al tema, agrega hoy en una página de noticias internacionales, que traía el último atentado de ETA, un comentario – a propósito de nada – donde denuncia que el Vaticano – en su beatificación de los sacerdotes inmolados en la Guerra Civil española – ignoraba deliberadamente a los asesinados por el franquismo – que, señalaba, había tenido la bendición de los obispos.

También es cierto que la Jerarquía católica no ha hablado con demasiada elocuencia. No me uno a los que reclaman que se unan al coro de moda; la política y el periodismo viven al día; la Iglesia no. Pero a mí me parece – una arrogancia de mi parte, seguro – que sus palabras – convencionales, lavadas – salen así porque tiene un problema no resuelto no con su presente sino con su historia. Es cierto: una parte de la jerarquía bendijo a los militares y calló la represión. Pero antes, años antes, una parte de la iglesia – y de la jerarquía – incubó la guerrilla y bendijo – metafóricamente o no – sus armas. En Argentina, el origen de Montoneros fueron grupos católicos, y en Iberoamérica la historia es parecida.  Nada en el dogma católico garantiza que los sacerdotes no pueden cometer errores, o crímenes. Pero me parece que la Iglesia también se debe su propia historia.

Más largo de lo que pensaba escribir, veo que repartí palos en todas direcciones. Para mí, entonces, cierro con una vieja expresión inglesa que usaban los que veían pasar al condenado a la horca en Newgate «Allí, pero por la gracia de Dios, voy yo».

One Response to el juicio a von Wernich

  1. Gracias por decir alto y claro lo que algunos pocos no sabemos exponer. Aquí cada cual lleva sus pecados a cuestas y no es el menor no saber entrar al fondo de las realidades sean del signo que sean. Vivo en España y conozco el tema y el manifiesto «¿analfabetismo»? de esos periodistas que apenas saben aplicar el nombre a aquello de lo que van a hablar.
    El caso de los fusilados y los beatificados, sin entrar en polémica que no es el momento no tiene en cuenta que los sacerdotes a los que fusiló el régimen franquista lo fueron por su militancia nacionalista/separatista…??? o por motivos diversos; pero no por solo hecho de ser sacerdotes y católicos. Ese matiz hace de unos, Mártires y de los otros, Víctimas, cosa horrible la una y la otra, siendo que a todos se les aplicó la pena capital; dato que señala a unos y a otros.
    Mártir es el que da testimonio de su fe. El mártir es víctima, pero no el resto que solo son victimas.
    Un saludo cordial

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