¿Se romperá el peronismo?

agosto 23, 2013

ruptura

Guido – peronista, marplatense, antropólogo – es además uno de los comentaristas más inteligentes que este blog tiene la suerte de tener. No escribe muy a menudo – lástima – pero en esta semana se trenzó en una polémica con Manolo Barge. Cosa nada difícil, si uno se anima.

Cuando tenga tiempo, tengo ganas de intervenir en la discusión(es) que plantearon. Porque decían cosas muy distintas, a partir de concepciones diferentes – que no estaban explicitadas – de qué es el peronismo.

Pero eso es para otro momento. Lo que quiero tomar ahora de Guido es una pregunta que él hizo antes, en el posteo Una sugerencia para Cristina, donde yo propuse “la institucionalización del peronismo, en serio: reafiliación, elecciones fiscalizadas para la elección de autoridades, participación de las minorías en los órganos de conducción,…”.

Hice esa sugestión consciente que el mejor argumento – en el mundo real – es que está en los intereses del sector que hoy está en condiciones de llevarla a cabo: Favorece la vigencia del kirchnerismo, una expresión política con vigor y militancia pero que no está afirmada en un territorio, si en 2015 pierde el control del Estado nacional.

Guido descubrió el punto débil, el que no estaba contemplado en mi propuesta: Si se implementa ¿porqué va a ser respetada por aquellos a los que no les convenga en un momento dado? y comentó:

Mi pregunta es si es viable, y creo que no.

Las PASO permitiría implícitamente, en teoría, cierta institucionalización al implicar la realización de internas mucho más controladas y transparentes de lo que, probablemente, pueda garantizar cualquier partido político (además las paga el estado).

Sin embargo, la participación o no en ellas parece ser siempre el resultado de un cálculo específico de probabilidades, por ejemplo: posibilidad o no de entrar en la lista resultante, entre otros que no cabe detallar…

¿Cómo se impediría que el perdedor de una interna no se presente con un sello de goma a una elección, si puede bancarla? ¿Y si eso no se impide, para qué podría llegar a servir una institucionalización partidaria?¿Que incentivos podría ofrecer una institucionalización para “cerrar” el peronismo dentro de una estructura burocrática?

Ojo, no estoy haciendo una valoración “movimientista”. Sencillamente me parece difícil que se sostengan en el tiempo las estructuras partidarias del siglo pasado. Y más cuando parece crecer un consenso que reduce a la más relevante de este país – el peronismo – a una maquinaria de juntar votos sin un mínimo común denominador aglutinante fuera de esa capacidad”.

Un cuestionamiento muy weberiano, dirían los que están familiarizados con los escritos del maestro. Sin ser un estudioso de Max Weber, me inclino a contestarla en esos términos.

(Otros compañeros, tal vez más ortodoxos que yo, como el mismo Manolo, dirían que la cooperación y la incorporación de los adversarios internos es lo que hacen los peronistas. Ha sido bastante así, en la práctica de estos 30 años de democracia, pero yo desconfío de las apelaciones a una “naturaleza” del peronismo, o de cualquier otra cosa. Debo ser weberiano, nomás).

Voy a tratar de contestarle a Guido, entonces, desde los “incentivos” por los que pregunta:

Uno es lo que un publicista llamaría “la marca”. Es cierto que desde hace bastantes años los símbolos partidarios tradicionales, aún los del peronismo, con tanta historia emocional detrás de ellos, ya no despiertan lealtades automáticas en la gran mayoría de los argentinos. Pero siguen siendo una identificación poderosa. Massa puede usar la etiqueta “Frente Renovador”, como Cafiero lo hizo mucho tiempo atrás, o como el oficialismo usa “Frente para la Victoria”. O la multiplicidad de nombres que encontramos en otras provincias. Pero nadie duda que son peronistas. Y eso define votos a favor. Y en contra.

Si hay una institucionalización exitosa – es decir, que es percibida como legítima por la mayoría de los argentinos – del peronismo, y sus candidaturas aparecen como resultado de un procedimiento participativo y no de un dedo, el pueblo argentino tiene bastante arraigados prejuicios democráticos al respecto. El asunto llevará tiempo; no lo deja firme un sólo turno electoral. Pero a medida que se haga costumbre, será mucho menos fácil, es decir, tendrá más costo político, “ir por afuera”.

El otro incentivo, muy poderoso en la cultura política del peronismo, es que la pugna política se da para conseguir espacios de poder, no de representación. Esto no quiere decir que alguien deje de aspirar a ser diputado, o al menos concejal. Pero el proyecto colectivo, con los ingredientes idealistas y egoístas de siempre, se concentra en ganar una intendencia, una provincia, la Presidencia.

En otras fuerzas políticas, es habitual resignarse, en la práctica, a luchar por posiciones legislativas. En el peronismo… con eso no se juntan voluntades.

Y esa vocación de poder tiene una consecuencia muy práctica: el peronismo, si se desune, pierde la chance de llegar o conservar el gobierno. Ojo: esto no lo ofrezco como un argumento teórico. Creo que será, que ya es, un factor decisivo en los cálculos de la dirigencia peronista, incluido la Presidente, de aquí al 2015.


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